viernes, 3 de marzo de 2023

Libro IIII Episodio 185. Un patrón sin ética

    Al tiempo que Julia se pregunta si será posible que sus hijos prefieran vivir en la capital, como dejó caer el tío Luis, desde allende el Atlántico, comienzan a llegar las primeras postales de Álvaro de su segundo crucero en el Juan Sebastián de Elcano. Les cuenta que desde las islas Canarias navegaron hasta el archipiélago de Cabo Verde. Fondearon en la bahía de Porto Grande y poco más les puede contar. De Cabo Verde, tras navegar 1882 millas marinas y traspasar el ecuador, recalaron en Recife, la capital del estado brasileño de Pernambuco. En cambio Andrade, que sigue escribiendo a Pilar, le cuenta en una serie de cuatro postales la fiesta que hicieron a bordo al cambiar de hemisferio, lo que ocurrió el 27 de octubre.

   En la primera le explica cómo es la fiesta del paso del ecuador por primera vez:

Como es costumbre, la dotación y los guardiamarinas celebramos el paso al día siguiente con una ceremonia sui géneris. En el momento de cruzar la línea hubo un repique de campana que nos emocionó, pues se dice que un marino que no haya traspasado el ecuador es solo medio marino.

   En su segunda postal escribe: No fue una ceremonia oficial, sino la parodia humorística de una ceremonia que realiza la marinería de todo barco. Uno de los cabos veteranos se disfrazó de rey Neptuno poniéndose una barba postiza y llevando un tridente. Interpretó muy bien su papel, tomando el mando del barco, que le cedió el comandante, y llevando a cabo una “desorden” que sustituyó a la orden diaria y que llevó, entre otras cosas, al intercambio de galones: el contramaestre se convirtió en gaviero o un alférez de navío en cocinero.

   En la tercera postal de su serie, Andrade sigue contando a Pilar la fiesta:

La dotación se preparó para la llegada del rey de los mares disfrazándose y también se produjo el tradicional intercambio de palas entre oficiales, guardiamarinas, suboficiales y marineros. A las diez horas a.m. llegó el dios Neptuno, acompañado de su verdugo y de dos ninfas, dirigiéndose en procesión al puente de gobierno donde el comandante, el capitán de fragata don Claudio Lago, le “cedió” el mando del Elcano. A los que cruzábamos el Ecuador por primera vez nos bautizaron en unas aguas sospechosamente turbias. También nos gastaron bromas y nos exigieron tributo, a mí me cortaron unos mechones.

   Y en su cuarta y última postal, Andrade remata la explicación sobre la ceremonia:

A mediodía, terminados los bautizos, realizamos el campeonato de tira-soga y después se celebró una comida especial en cubierta con toda la dotación. Por la tarde, el dios Neptuno, junto con el comandante del buque, entregó los premios a los ganadores de los juegos. Tras ello, Neptuno devolvió el mando al comandante. Fue una fiesta en la que nos divertimos mucho y que nunca olvidaremos.

   Como el final de año se está echando encima, los Carreño han activado la sugerencia del tío Luis de que Julián, en lugar de hacer la mili cuando le toque a su quinta, que es en 1930, siente plaza de voluntario en Madrid. Le han explicado al chico las ventajas que conlleva el voluntariado y lo han convencido de que Madrid puede depararle muchas oportunidades. Inmediatamente mandan la solicitud al tío Luis para que efectúe los trámites oportunos. El resto de hermanos embroma a Julián cuando saben la noticia.

   -Cuando venga el tato tendrás que cuadrarte y saludarle porque es un oficial y tú solo un recluta.

   -¿Te van a pelar al cero como le hicieron a papá?

   -¿Y vendrás en verano a Pinkety?

   Mientras, desde Recife, Álvaro cuenta que han visitado la Escuela de Aprendices Marineros y los potreros de Parayba. En la siguiente tarjeta, fechada el 10 de noviembre, solo les dice que al día siguiente zarparán hacia Río de Janeiro donde esperan arribar el 25.

   En la farmacia Guerrero, donde Pilar continúa haciendo prácticas, la joven ha sido objeto de un desagradable incidente. Cristóbal lleva una temporada hablando con ella de cuestiones que no tienen nada que ver con los asuntos de la botica. Son charlas en las que, cada vez con más frecuencia, el titular desliza frases de doble sentido y comentarios rijosos. Pilar le sigue la corriente, pero dejando claro que allí está solo para aprender. Hasta que una mañana Cristóbal pasa de los dichos a los hechos. La joven está en la rebotica acompañada de Graciano que observa atentamente como la neófita boticaria está preparando una de sus primeras fórmulas magistrales. Pilar está manejando la mano del almirez con el mismo cuidado que si estuviera trabajando con un bisturí.

   -¿Lo hago bien, Graciano?

   -Lo haces de cine, Pilar. Continúa.

   En esas entra en la rebotica Cristóbal que se acerca a la pareja colocándose detrás de Pilar que sigue dándole a la maza. El farmacéutico se va arrimando más y más a Pilar hasta que se aprieta contra las nalgas de la joven. Cuando la novata boticaria nota la presión del sexo endurecido del hombre contra sus posaderas, no se lo piensa, se vuelve y estrella el mazo del almirez en el rostro del libidinoso Cristóbal, produciéndole una brecha en la frente de la que enseguida comienza a fluir sangre.

   -¿Pero qué haces, putón, estás loca? –protesta airadamente Cristóbal echándose mano a la frente. Cuando ve la sangre, el hombre se pone histérico y comienza a soltar tacos e injurias contra la joven, que no le pide perdón, sino que con el rostro rojo de ira le dice a voz en grito:

   -Eres un malnacido. ¿Acaso crees que también soy una de tus caras bonitas a las que obligas a que te la chupen? La próxima vez que te arrimes más de la cuenta te voy a dar un rodillazo en tus partes que te vas a quedar impotente, ¡cabrón!

   Graciano coge de la mano a Pilar, sin que esta proteste, y se la lleva de la rebotica.

   -Será mejor que te vayas y no vuelvas hasta que se le pase el cabreo al jefe –y bajando la voz le susurra-: Bien hecho.

   Esa misma tarde, una de las mancebas de la farmacia Guerrero lleva a casa de los Carreño un mensaje verbal para Pilar.

   -De parte de don Cristóbal que no es necesario que vuelva más a la farmacia. El periodo de prácticas ha terminado.

   Cuando sus padres preguntan a Pilar que por qué no sigue yendo a la botica, la joven, que no les ha contado lo sucedido, les dice simplemente que el periodo de prácticas ha concluido. Ya está preparada para regentar una farmacia.

   Al tiempo que ocurre la cesantía de Pilar, sus padres, tras darle muchas vueltas al problema de la deuda con la Bronchales, llegan a la conclusión de que no les queda otra salida que vender la casita de la abuela Pilar, pues la casa en la que viven y el local de la droguería son alquilados.

   -¿Tú crees que sacaremos lo suficiente para saldar el total de lo que debemos a Adelina? –Pregunta Julia, que agrega-: Es una casa muy chica, no sé si nos llegará.

   -Es pequeña, pero mi madre hizo obras y le quedó muy aseada. Sondearé al tío Orlando para ver cómo está el mercado de la vivienda de segunda mano. Qué bien nos vendría ser dueños de la casa o del local de la droguería, podríamos hipotecarlos y salir de este apuro.

   -Marido, no conduce a nada llorar por la leche derramada. Yo te apoyé cuando en vez de comprarnos una casa montamos la tienda de regalos, pero es agua pasada.

   La casita de la abuela Pilar consiguen venderla por el precio máximo, y es que Plasencia está creciendo y hay una fuerte demanda de viviendas. La alegría de los Carreño es para contarla. Inmediatamente negocian con la Bronchales para amortizar parte del principal de la deuda que tienen con la usurera. Ahora solo les falta saldar lo que resta. El día que lo consigan podrán dormir a gusto.

   Con tantos problemas a los que hacer frente, Julio no ha tenido tiempo ni humor de ir al casino. Ahora que ha saldado parte de su deuda y está más sosegado, decide una tarde pasarse a ver qué cuentan sus amigos. Los encuentra departiendo sobre Italia, al parecer el Gran Consejo del fascismo se ha convertido en el órgano supremo que coordinará todas las actividades del régimen bajo la dirección del jefe de gobierno, que no es otro que Benito Mussolini. Estará a cargo de presentarle al rey una lista de candidatos a la presidencia del consejo en caso de que el cargo quede vacante.

   -¿Y eso qué supone? –pregunta Julio.

   -Pues que el gobierno de Mussolini se parece cada día más a una dictadura que a una democracia –responde Lavilla.

   A su vez, Julia no ha parado de darle vueltas a la sugerencia del tío Luis de que la solución más viable que tienen es irse a vivir a Madrid. Con lo que consiguieran por el traspaso de la droguería lograrían el dinero suficiente para saldar de una vez la deuda con la Bronchales y probablemente hasta les sobraría dinero. También recuerda el reto de que pregunte a sus hijos si prefieren seguir viviendo en Plasencia o en Madrid. Cree que es una propuesta que debería compartir, pero como sabe lo que piensa su marido sobre la misma, resuelve de momento hablarlo solamente con Pilar que, en ausencia de Álvaro, es la mayor y posiblemente la más inteligente de sus hijos. ¿Qué me responderá?, se pregunta.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 186. Lo de irse a Madrid comienza a germinar.

viernes, 24 de febrero de 2023

Libro III, Episodio. 184. ¿Por qué no os vais a Madrid?

   La propuesta del tío Luis de irse a vivir a Madrid deja a Julia sin palabras pues le parece una solución descabellada, sin embargo le pregunta:

   -¿Y de qué vamos a vivir en Madrid?, en una ciudad en la que no conocemos a nadie, salvo a usted. Aquí hemos vivido siempre, aquí han nacido nuestros hijos, aquí tenemos nuestro modo de vida, aquí puedo ir a la compra sin llevar dinero porque todo el mundo sabe quién soy, aquí están nuestros amigos… -y vuelve a preguntarse-, ¿y qué haríamos en una ciudad en la que seríamos unos desconocidos, en la que no tenemos amigos, en la que la vida debe de ser mucho más cara que en Plasencia, y de qué íbamos a vivir?... Perdone, tío, pero esa idea me parece que no tiene ni pies ni cabeza.

   -Sobrina, no te obceques. Voy a contestar a alguna de tus preguntas. ¿De qué vais a vivir? Del trabajo de la familia… –Luis hace una pausa y especifica-: A  Álvaro ya no lo cuento, pero de los once e incluyo a Paca, cinco podéis trabajar, y si necesario fuera podrían ser seis, con lo que el problema de la subsistencia está resuelto. Y que los chicos hayan nacido aquí tampoco es problema; es más, pregúntales si prefieren seguir viviendo aquí o en Madrid, verás que sorpresa te vas a llevar.

   Antes de terminar la conversación, Luis da un giro inesperado a la misma pues pregunta a Julia por el tercero de sus hijos.

   -Por cierto, Julián el año que viene será quinto, ¿verdad?

   -Sí, tío. Cumplirá veinte años. Espero que tenga fortuna en el sorteo. Se me abren las carnes solo de pensar que se me lo lleven a África o le toquen las Baleares, como le pasó a su padre. Dios quiera que le envíen a un sitio cercano.

   -Para encontrar la suerte hay que buscarla. Y en este caso hay una forma sencilla de ir donde quiera, solo tiene que sentar plaza de voluntario.

   -¿Y si lo hiciera no tendría que ir a África ni a las islas?

   -Iría a la plaza en la que se alistase, incluso podría elegir arma, la contrapartida sería que tendría que firmar por tres años, pero eso es prácticamente lo que tendrá de mili si va por su quinta. Si queréis, yo puedo mover algún hilo y podría hacer la mili en Cáceres o Badajoz, aunque por muchas razones sería preferible que sentara plaza en Madrid. Allí tengo más mano y le buscaría un buen enchufe, de manera que después de los tres meses de campamento sería destinado a una unidad en que haría la mili hasta mediodía y tendría las tardes libres. Podría estudiar o sacarse algún título de los que no precisan ser bachiller, o podría trabajar. Y apenas si os costaría dinero, pues el rancho y el catre lo tendrá asegurado. Así no deberéis de estar pendientes del albur del sorteo. Pensadlo, pero pronto, la solicitud de voluntario tendría que hacerla antes del 31 de diciembre.

   Julia sale frustrada de la conversación con su tío Luis, aunque no tenía muchas esperanzas de que se rascara el bolsillo. Con todo, le está agradecida pues le ha dado tres pistas que desconocía: la posibilidad de pedir a su madre el anticipo de su legítima, la peregrina idea de irse a vivir a Madrid y como eliminar el peligro de que Julián sea destinado a África. Julia, con la decisión que la caracteriza, no espera a que vuelva de viaje su marido; al día siguiente coge el autobús y se planta en su pueblo natal. Se lleva con ella a sus dos hijos más chicos con la esperanza de que a lo mejor su madre se ablanda al ver a sus nietos. La encuentra muy envejecida, pero la cabeza la sigue teniendo lúcida. Julia deja que su madre lleve a los niños al patio trasero de la casa donde tiene gallinas, conejos y dos pavos, cuyo macho cuando abre el vistoso abanico de su cola causa la admiración de los pequeños.

   Después del almuerzo, cuando los niños descabezan una ligera siesta, Julia le cuenta a su madre el problemón que tienen y le pide si le puede adelantar su herencia. No le pide dinero prestado porque sabe que, con su madre, eso es perder el tiempo.

   -No me extraña nada lo que me cuentas. Desde que pretendió a tu hermana siempre me produjo la impresión de que el que ahora es tu marido no tenía los pies en el suelo. Ha pretendido abarcar más de lo que podía y el resultao ha sido el que ha sido. Al menos, te ha hecho una montoná de críos y eso hay que agradecérselo. Lo de la legítima sí que no va a poder ser y de un cuarto de la herencia ni lo sueñes. Tengo pensao mejorar a tu hermano Andrés, al fin y al cabo es quien se ha quedao en el pueblo y el que lleva to el negocio de las fincas y los ganaos…, pero en cualquier caso no pienso hacer testamento hasta que me vea en las últimas -Julia está en un tris de dar por terminada la conversación cuando su madre hace una pregunta que no esperaba-. ¿Y que cantidá necesitarías pa pagar los intereses del préstamo de la Bronchales?

   Cuando Julia le da la cifra, Soledad menea la cabeza y vuelve a preguntar.

   -¿Y cuándo lo podríais devolver?

   -Calculo que a mediados de enero.

   Y ante el asombro de Julia, su madre dice que les va a dejar el dinero, en el bien entendido de que antes de que acabe el mes de enero del nuevo año se lo tienen que devolver. Todavía añade que no es necesario que le paguen intereses y dando por acabada la conversación se marcha a despertar a sus nietos.

   Julia se vuelve a Plasencia más contenta que si le hubiese tocado la lotería. Bien apretado entre el sujetador y su pecho izquierdo lleva enrollados los billetes que le ha prestado su madre. Jamás pensó que se aviniera tan fácilmente a dejarle el dinero. Debe haberse ablandado con el paso de los años, se dice. Durante el corto trayecto hasta Plasencia, piensa que no pueden seguir así, han llegado a un extremo en que parece que estén trabajando para la Bronchales. Y de rondón se cuela en sus reflexiones la sugerencia del tío Luis: ¿por qué no os vais a vivir a Madrid?

    Cuando dos días después regresa su marido, Julia puede darle la noticia, tan grata como inesperada, de que ha pagado a Adelina el plazo de los intereses. Tras dejar que Julio se desfogue celebrando el venturoso desenlace, le plantea lo que considera el mayor problema que siguen teniendo.

   -De esta hemos salido, pero no sabemos lo que pasará cuando venza el siguiente plazo. He hecho números, y no sé si te has dado cuenta, pero últimamente estamos trabajando para la dichosa Adelina. No podemos seguir así, nos está desangrando. Hay que acabar de pagarle la deuda o no saldremos del pozo en que nos hemos metido.

   -Claro que me he dado cuenta, cariño. Pienso en ello las veinticuatro horas. Y estoy totalmente de acuerdo: o saldamos la deuda o esto continuará siendo un malvivir, pero por mucho que me estrujo las meninges, no se me ocurre el modo de saldarla. ¡Maldita sea la hora en que se me ocurrió meterme en lo de las minas y maldita sea cuando pensé que Adelina nos ayudaría a salir del bache! Soy un estúpido, Julia. Tengo que pedirte perdón porque nunca debí permitir que los hechos llegasen a donde han llegado.

   Los lagrimones que le resbalan a su marido por las ásperas mejillas, impresionan a Julia. Hacía muchos años, desde el día que murió doña Pilar, que no le veía llorar. Le coge entre sus brazos y le besa con la ternura que solo puede tener una madre o una mujer enamorada. Pasado el emotivo momento, le cuenta el diálogo que mantuvo con el tío Luis.

   -Pues habrá que agradecer al tío que te diera la idea de la legítima, pues has conseguido que tu madre abriera el bolsillo. ¡Para que luego hablen mal de las suegras! En cuanto a lo de que Julián se vaya a la mili de voluntario le veo más puntos positivos que negativos, pero tendremos que hablarlo con el chico a ver qué opina. Lo que es un puro disparate es lo de irse a vivir a Madrid. Aquí tenemos nuestra vida, el cocido y nuestros hijos que, como buenos placentinos, nunca querrán irse.

   Julia no osa llevar la contraria a su marido, pues tampoco tiene una idea clara de si irse a la capital no será un forma de no afrontar los problemas y acabar creando otro mayor o, por el contrario, podría ser la solución al rompecabezas en que se ha convertido la vida de los Carreño. Con todo, no deja de darle vueltas a lo último que dijo el tío Luis sobre los chicos: pregúntales si prefieren seguir viviendo aquí o en Madrid, verás que sorpresa te vas a llevar. ¿Será posible que sus hijos prefieran vivir en la capital? Descubre que no tiene respuesta pues ese es un tema que nunca se ha comentado en la familia. Y llega a una conclusión elemental: solo lo sabrá preguntándoselo, aunque bien pensado quizá no sea oportuno plantear la pregunta de manera general. Hará una prueba: lo comentará con Pilar, es la más madura e inteligente de todos y según cual sea su respuesta procederá con el resto.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 185. Un patrón sin ética

viernes, 17 de febrero de 2023

Libro III. Episodio 183. Los consejos del tío Luis

   Julio siente la curiosidad de saber el papel que juega el Rey respecto a la dictadura de Primo de Rivera. Su admirado doctor Lavilla le ofrece la respuesta.

   -Toda la combinación de los factores que antes he citado generan que el Rey comience a considerar que tal vez la Corona corre riesgos si sigue atada a la figura del Dictador, de ahí su actual desapego con Primo.

   La explicación del médico resulta ser profética. Ante la progresiva pérdida de apoyos sociales y políticos y ante el crecimiento de los sectores que se oponen a su régimen, Primo de Rivera pretende reforzar su posición ante la Corona y busca el apoyo directo del Ejército, pero la respuesta de los capitanes generales resulta tibia por lo que empieza a pensar en su dimisión.

   Mientras en España se agravan los problemas políticos y económicos que afectan a cientos de miles de familias, entre ellas a los Carreño, lo único que ocasionalmente hace olvidar las preocupaciones de ésta es la llegada de las primeras postales del primogénito embarcado en el Juan Sebastián de Elcano. Las primeras noticias llegan de las Canarias donde a fines de septiembre el buque fondeó en el puerto de Las Palmas. Días después partieron para Santa Cruz de Tenerife, visitando el valle de la Orotava y la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. De las islas, Álvaro solo da pinceladas aisladas: que fueron recibidos por una multitud, que los canarios hablan el castellano más cadencioso que ha oído y que se quedó con ganas de ascender al Teide. Las siguientes postales tardan mucho en recibirlas y llevan el matasello de la brasileña ciudad de Recife.

   En tanto, los estertores del crac del 29 llegan a la ciudad. Las ventas caen en picado y los apuros económicos de los Carreño parecen alcanzar un punto de no retorno. Julio ha pasado un mal rato, pues los gorilas de Adelina la usurera han ido a recordarle que ha pasado el plazo bimestral del pago de intereses y le han dado cuarenta y ocho horas para cumplir. El droguero sabe por experiencia que los enviados de la Bronchales no hablan por hablar y, agobiado, piensa a quien recurrir para que le deje el dinero que necesita. Un préstamo para hacer frente a otro préstamo, hasta ese extremo he llegado, se dice. Cada vez le quedan menos clavos a los que agarrarse. Inesperadamente, el día anterior llega a la ciudad el tío Luis Manzano que, aunque ha vendido casi todo el patrimonio que tenía su difunta esposa en Plasencia, todavía le quedan un par de fincas por vender. A Julio se le ocurre pedirle el dinero al tío de su esposa, del que sabe que está forrado, pero que también es muy cicatero. Lo habla con Julia, a ver qué opina.

   -Hoy han venido los emisarios, por llamarles de alguna manera, de Adelina a recordarme que no hemos pagado el último plazo de los intereses y me han dado dos días para cumplir. Como está aquí tu tío, y aunque sé que no te gusta, he pensado que podías pedirle que nos prestara el dinero. En diciembre podríamos devolvérselo.

   -Tú sabes lo tacaño que es el tío. No presta dinero ni a sus hijos, ¿y crees que se lo va a dejar a una sobrina? –pregunta, irónicamente, Julia.

   -Te recuerdo que siempre dice que eres su sobrina favorita y además es tu padrino de pila. Y no es dinero lo que le falta, tú siempre me has contado que está forrado.

   Tras una larga discusión, Julio acaba convenciendo a su esposa de que no ve otra salida. Julia acepta. Para facilitarle la gestión, Julio le sugiere lo que puede hacer.

   -Mañana salgo de viaje a Herrera del Duque. Invita a comer al tío y que Paca haga uno de esos guisos caseros que tanto le gustan. En la sobremesa, cuando ya esté bien cebado, le planteas el problema y le cuentas que es nuestra última esperanza. Y como en la campaña navideña las ventas suelen repuntar, a finales de año podremos devolverle el anticipo. Solo será cuestión de dos o tres meses.

   Julia, tal y como le ha sugerido su marido, lleva a cabo la encomienda y como preveía su tío habla, habla y habla, pero no dice nada de prestarles la guita. Lo primero que pregunta es cómo han llegado a una situación tan desesperada. Julia le explica como los negocios se han ido enredando, que los gastos se han ido disparando por el firme deseo de que todos los hijos estudien y, al final, una inversión fracasada como la de la Bergwerk  Spanisch les llevó a pedir un préstamo a una usurera local que, con sus intereses desorbitados, les tiene acogotados.

   -¿Y cómo se le ocurrió al cabeza de chorlito de tu marido invertir tanto dinero en un negocio como el minero del que no sabe nada?

   -Fue cosa de los dos, tío –Julia quiere compartir las cargas-. Y tiene razón, no sabemos nada, pero todos a quienes preguntamos nos aseguraron que era un negocio tan bueno como seguro.

   -No sé si sois tontos, ingenuos o qué, pero lo vuestro es para mirárselo.

   Después de regañarla y repetirle una y otra vez que no se puede andar por el mundo siendo tan cándido, el tío Luis no suelta ni un céntimo, pero le da tres consejos: uno que abre un portillo a la esperanza, otro que siembra un mar de dudas y un tercero que podría dar resultado . El consejo que destapa la posibilidad de que su apuro puede tener solución es cuando el jurídico formula una pregunta que Julia hace tiempo que desechó.

   -¿Y por qué no le pides el dinero a mi cuñada?

   -¿Su cuñada, a cuál se refiere? –pregunta Julia bastante desconcertada.

   -¿A qué cuñada me voy a referir?, a tu señora madre. Con la de fincas y ganados que le dejó tu padre y lo que heredó de su segundo marido la buena de Soledad tiene el riñón bien cubierto. Dejarte un par de miles para ella no supondrá ningún problema.

   -Madre se ha hecho dura y egoísta a medida que ha ido envejeciendo. Mi hermana Luisa tuvo un apuro de dinero hace unos años, acudió a ella y no le prestó ni un real. Tuvimos que ayudarla nosotros.

   -Entonces, pídele tu herencia por adelantado.

   -¿Eso es posible? –Julia desconoce tal posibilidad.

   El tío Luis saca a relucir su formación de abogado.

   -Heredar una propiedad en vida es legalmente posible mediante un procedimiento denominado anticipo de la legítima o herencia anticipada. Dicho acto debe ejecutarse por escritura pública, con indicación individual del bien o bienes, y detallando el valor individualizado de los mismos.

   -Explíquemelo mejor para que lo entienda, tío. Ya sabe que no sé de leyes.

   -Te vas a ver a tu madre, le explicas lo que me has contado y que necesitáis un anticipo para cumplir con la prestamista. Si no te lo da, entonces le pides que te anticipe tu legítima. Es decir, la parte que te corresponderá de la herencia cuando ella fallezca. Que te adelante el dinero antes de escriturar, porque eso lleva su tiempo. Como sois cuatro hermanos te deberá corresponder, aproximadamente, entre un veinte y un veinticinco por ciento del patrimonio familiar, y eso supone un montón de miles de duros. Todos vuestros apuros resueltos de un plumazo.

   -¿Y cree que, con lo agarrada que es, accederá a ello?

   -Mañana mismo, coge el autobús, te plantas en Malpartida y se lo preguntas. Y así saldrás de dudas –resume, tajante, el jurista.

   Y el consejo que acabará sembrando un mar de dudas se produce cuándo, antes de terminar la dilatada charla, el tío Luis deja caer, como el que no quiere la cosa, otra idea.

   -Puesto que el roto en vuestra economía lo ha causado el hecho de que estáis empeñados en que toda vuestra camada acabe siendo universitaria, creo que habéis cometido un error de principio. En lugar de enviar a vuestros hijos a una ciudad con universidad y gastaros la hijuela en pensiones y demás dispendios, tendríais que hacerlo al revés. Ser vosotros, y me refiero a ti y a ese botarate de marido tuyo, los que os fuerais a la ciudad y vuestros hijos que os siguieran. No se puede avanzar si se ponen los carros delante de los bueyes.

   La explicación deja perpleja a Julia. No ha entendido de la misa la mitad.

   -Tío, por favor, hoy debo estar espesa porque no acabo de entenderle.

   -Te lo explicaré con bolas de colores. Para que me entiendas bien, vayamos hijo a hijo. Álvaro, gracias a que por una jodida vez me hicisteis caso, tiene la vida resuelta. Ya es alférez de fragata y tiene un sueldo, aunque mientras no termine los estudios es la Escuela la que se queda la mayoría de lo que gana, pero como digo ya no representa ningún problema; es más, a partir del año que viene podrá comenzar a ayudaros. Pilar, en cuanto se lo proponga, encontrará trabajo, bien en una farmacia o en un laboratorio. Y al igual que Álvaro podrá aportar dinero al fondo familiar. Julián, como se sacó el carné de conducir, con las escasez de chóferes que hay encontrará empleo en cuanto termine la mili. Otro apoyo más a la causa. Jesús, por lo que me contaste, quiere opositar a vista de aduanas y debería ir a Madrid para preparar la oposición, este es el primer factor problemático. Concha…

   -Perdone, tío, después de Jesús va Eloísa.

   -Ah, sí, Eloísa, la que está estudiando Magisterio, ¿verdad? En cuanto acabe querrá opositar al Cuerpo de Maestros y tendrá que ir a una ciudad a preparar la oposición. Otro factor problemático. Concha…, por cierto, ¿qué coño hace esa niña?, le he perdido la pista.

   -No le gusta estudiar. Me ayuda en las tareas de la casa.

   -Entonces Concha no sé si es un problema o parte de la solución porque alguien debe atender la casa. Los tres restantes: Andrés, Ángela y Froilán también son parte del problema. Querréis que estudien, lo que supondrá más gastos. Ergo, si para vosotros lo primordial es que todos los hijos puedan estudiar y estáis invirtiendo en ellos el dinero que tenéis y hasta el que debéis, entonces ¿por qué, la familia al completo, no os vais a vivir a Madrid? Allí podrán estudiar todos por la décima parte de lo que terminaréis gastando en mantenerles fuera de casa.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 184. ¿Por qué no os vais a Madrid?