viernes, 2 de diciembre de 2022

Libro III. Episodio 173. Pilar, Jesús, Eloísa y Concha en Madrid

   En su derrota por el Mediterráneo occidental, el Almirante Lobo, en el que va embarcado Álvaro, fondea en Cartagena. En la ciudad departamental visitan la base de submarinos, los servicios de la base y de la escuela para la instrucción y el adiestramiento de las dotaciones de sumergibles, así como el cuartel  y los alojamientos de marinería que están instalados en el antiguo edificio del Tinglado de la Maestranza y Sala de gálibos del arsenal. La flotilla de submarinos está compuesta por cuatro unidades: el Isaac Peral, el Narciso Monturiol y el Cosme García. Hay un cuarto, denominado A-3, que está fuera de servicio.

   -Yo no serviría en un cacharro de estos ni de coña –proclama Álvaro tras recorrer el Monturiol.

   -Pues los submarinistas cobran más que los que sirven en los buques de superficie –le informa un compañero.

   -Me da igual, ni aunque me doblaran el sueldo.

   El buque prosigue la navegación en dirección norte hasta llegar al puerto de Barcelona donde visitan la base naval y la Fábrica de Hidros. En la Ciudad Condal visitan diversos lugares típicos y las obras de lo que será la Exposición Internacional que debe celebrarse en 1929, al mismo tiempo que la de Sevilla. Después les dan dos tardes francos de ría, que los alumnos aprovechan para hacer turismo. La primera tarde se pierden por los callejones del Barrio Chino, también conocido por El Raval. Van buscando prostíbulos. Terminan callejeando por la Rambla del Raval y la calle de la Cera en la que abundan los gitanos. Mientras pasean los jóvenes aspirantes alardean de sus proezas amatorias con las putas del barrio.

   -Que buena estaba la que me he tirado.

   -Pues la mía tenía unas tetas que no me cabían en las manos.

   -Pechos que con manos no cubres, no son tetas, son ubres –sentencia otro.

   -O sea, Carranza, que lo que te has tirado ha sido una vaca –se burla un tercero.

    Álvaro calla, no quiere que los demás se enteren de que la tarde ha sido para él agridulce: el día que conoció mujer. La experiencia no ha sido tan placentera como cuentan.

   El transporte vuelve a virar hacia el sur en dirección a Valencia donde, 24 horas después, el Almirante Lobo amarra en el muelle de Poniente de El Grao. Luego los aspirantes visitan el acorazado Alfonso XIII, fondeado en la dársena de Levante. En la minuciosa visita, un capitán de corbeta les resume las principales características del acorazado.

   -Es un buque de cubierta corrida y mástiles en trípode. Solo dispone de una chimenea en la parte central, puente de mando a proa y puente auxiliar a popa. La coraza está formada por acero Krupp reforzado con una traca de planchas de 2,20 m de anchura que va disminuyendo de espesor por debajo de la línea de flotación. La dotación está compuesta por 850 hombres, a las órdenes del capitán de navío, D. Benito González Pelayo, y de 20 jefes y oficiales, incluyendo el páter y dos médicos. Y tiene una velocidad máxima de 19,5 nudos.

   -Mi comandante –se atreve a preguntar uno de los alumnos-, con su permiso, ¿podría contarnos el armamento de que dispone el buque?

   -Como no. El Alfonso XIII está equipado con ocho cañones Vickers de 305 mm, situados en cuatro torres dobles, dos situadas en la crujía, una a popa y otra a proa, y las otras dos más cerca del centro. Luego tiene piezas secundarias Vickers de 101,6 mm, 10 por banda por debajo de la cubierta principal. Posteriormente a su construcción se le han instalado 2 cañones antiaéreos de 76,2 mm ¿Otra pregunta?

   Del puerto de El Grao, el Almirante Lobo se dirige a Sagunto donde les enseñan los altos hornos. En la visita guiada, uno de los ingenieros explica a los alumnos que el primer alto horno comenzó a funcionar en 1922. Terminada la visita a Sagunto, parten para Ceuta, donde arriban el 11. De allí cruzan el Estrecho para Algeciras, y en 24 horas ponen rumbo a Cádiz donde el transporte fondea en la madrugada del 14, desembarcando a los aspirantes. Deberán volver a la Escuela el 1 de agosto para efectuar el tercer curso. Tienen 17 días de vacaciones.

   Álvaro, en lugar de ir a Plasencia, como está más cerca de Cádiz, se dirige a Los Caños de Meca, donde están veraneando su madre y hermanos. Es recibido con la natural alegría. Todos quieren que les cuente hasta el más pequeño detalle del periplo en el que ha recorrido, salvo la costa cantábrica, la mayor parte del litoral español.

   -¿Qué ciudad te ha gustado más? –quiere saber Pilar.

   -Me ha gustado Cartagena, más que por la ciudad en sí, por las instalaciones que tiene allí la Marina. Son bastante modernas y muy completas, sobre todo la base de submarinos.

   -¿Y no te da miedo meterte en un barco que navega un montón de metros por debajo del agua? –pregunta Jesús.

   -A todo se acostumbra uno, pero la verdad es que impone.

   -¿Y os dan bien de comer? –La pregunta es de Julia quien, como todas las madres, se preocupa por las cosas prácticas.

   -Se come bastante bien, pero sin exquisiteces. De siete a ocho de la mañana nos dan café con galletas; al medio día una olla o cocido abundante, con ración de carne o bacalao con patatas, y a la caída del sol, se cena un guisado de carne o de pescado salado, también con patatas.

   -Desde luego no son comidas para gourmets –critica Pilar.

   -Pues, según cuentan los veteranos, ha mejorado mucho. Antes había tres clases de raciones en los buques. La primera se llamaba de carne salada o cecina y tocino; la segunda de bacalao, aceite y vinagre, y la tercera de queso y aceite. Con cada una de esas raciones se suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal.

   -Tato, ¿y qué tal Barcelona, te ha gustado? –pregunta Eloísa.

   -Es una ciudad muy europea y tiene edificios preciosos. Ahora están construyendo un templo que se denomina La Sagrada Familia, diseñado por Antonio Gaudí, un arquitecto que por cierto murió hace un año.

   -¿Y el Barrio Chino es tan chungo como cuentan? –quiere saber Pilar.

   -¿Hay un barrio de chinos? –interpela ingenuamente Concha antes de que Álvaro pueda responder.

   -Chino no vi ninguno, pero gitanos a montones –contesta Álvaro que prefiere no dar detalles sobre el barrio en cuestión.

   -Yo creía que gitanos solo había en Andalucía y aquí –se extraña Eloísa.

   -Pues allí vi muchos, sobre todo en un barrio llamado El Raval. Otra cosa que os gustará, y que si alguna vez vais a Barcelona tenéis que recorrer, son Las Ramblas. Es un paseo que discurre entre la plaza de Cataluña, que es lo que en Plasencia es la Plaza Mayor, y el puerto antiguo. Está lleno de gente hasta altas horas de la noche y plagado de kioscos de prensa, floristerías, puestos de pequeños animales, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios.

   -¿Y la gente, qué tal? –vuelve a preguntar Pilar, que se ha quedado con ganas de que su hermano les contara más detalles sobre el Barrio Chino.

   -Educada, bien vestida y con duros en el bolsillo para gastar. Lo único que no me ha gustado es que hablan un dialecto que no lo entiende ni Dios.

   El 31 de julio, Álvaro marcha a San Fernando para comenzar el tercer curso de la Escuela Naval, en el que ya será guardiamarina. El resto de los Carreño se vuelven a Plasencia puesto que el mes de agosto siguen pasándolo en Pinkety.

   En septiembre comienza el curso 27-28, con lo que los chicos Carreño que estudian fuera se marchan a sus centros. En esta ocasión hay una novedad importante: los padres, atendiendo a la sugerencia del tío Luis, han optado por enviar a Jesús a Madrid para que termine allí el bachillerato. Y, para abaratar costes, han decidido enviar también a la capital a Eloísa, que cursará cuarto de bachillerato, y a Concha que hará segundo. Los tres, junto con Pilar, vivirán en el piso de la calle Don Quijote. Pilar ha puesto el grito en el cielo al enterarse de la decisión paterna.

   -¿Qué van a venir conmigo esos tres monicacos? ¿Entonces qué voy a hacer con mi compañera de piso, dónde va a dormir, en la cocina?

   -Lo sentimos, hija, pero tendrás que decirle a Fuensanta que busque donde quedarse porque, evidentemente, en el piso no va a poder ser.

   -Os recuerdo que solo hay tres habitaciones y vamos a ser cuatro.

   -Podéis arreglaros. Una habitación para ti, otra para Jesús y en la tercera pondremos dos camas para Eloísa y Concha. Lo hemos pensado mucho antes de tomar la decisión, pero en estos momentos no andamos muy boyantes y hemos de hacer los recortes necesarios para que todos podáis continuar estudiando.

   Pilar calla. Sabe que lo que dicen sus padres es razonable, pero el hecho de que tres de sus hermanos vayan a vivir con ella le va a quitar la maravillosa libertad que disfrutaba. Adiós a los guateques y reuniones con amigos y compañeros, adiós a no dar cuentas a nadie de sus idas y venidas, aunque es consciente de que para los Carreño la familia es lo primero. Pragmática como es, le escribe a su compañera murciana anunciándole lo que acaban de resolver sus padres y que, por tanto, no podrá acogerla en el piso en el nuevo curso.

   Los chicos marchan a Madrid y con ellos Paca, que es quien organizará durante unas semanas la vida en el piso. Han pensado que Paca puede dormir en el sofá que hay en el comedor-salón, pero Jesús dice que de ninguna manera, que Paca duerma en su habitación y el sofá para él hasta que Paca vuelva a Plasencia. A Jesús lo matriculan en el Colegio Salesiano de Don Juan Bautista, más conocido como Salesianos de Estrecho, por estar ubicado en dicho barrio madrileño. Eloísa y Concha irán al Colegio Divina Pastora perteneciente a la Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras del Divino Pastor, y que está emplazado en la calle de Santa Engracia. Los recién llegados, al amparo de la gobernanza de Paca y de la experiencia de Pilar se adaptan rápidamente a la vida madrileña, dado que ya están acostumbrados a vivir fuera de casa.

   Casi la mitad de la segunda generación de los Carreño vivirá en Madrid durante el curso escolar, ¿se sentirán a gusto en la capital del reino?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 174. ¿Quién será la tal Adelina?

 

viernes, 25 de noviembre de 2022

Post que completa el episodio 172

 

 Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 173. Pilar, Jesús, Eloísa y Concha estudian en Madrid

Libro III. Episodio 172. Un viaje a Murcia

   El tío Luis está atornillando a Jesús para saber qué piensa estudiar el chaval en cuanto acabe el bachillerato.

   -De todas formas –prosigue Luis dirigiéndose otra vez a los padres-, insisto en que lo mejor que podéis hacer con este irresoluto hijo vuestro es enviarlo a Madrid para que termine allí el bachillerato. Es bastante posible que al conocer más profesiones y oficios se le despierte alguna vocación. Además, mandarlo a la capital tendrá otro efecto beneficioso: estará al lado de Pilar, que le cuidará, y al tiempo se harán compañía. No es bueno que vuestra hija esté sola en el piso.

   -No está sola, tío, se ha buscado una compañera que le ayuda a sufragar los gastos.

   -Sí, pero no es lo mismo vivir con una desconocida que con un hermano y no me tiréis de la lengua –Y con esa críptica frase, Luis pone fin a la conversación.

   A Julia no le gustado nada lo que parece que ha dejado entender su tío sobre la vida de Pilar en el piso de don Quijote. Y puesto que siempre ha preferido hablar de los temas que no callarlos, tiene una charla con su hija mayor, pero entrándole de manera sinuosa.

   -Pilar, hija, ¿pasa algo con tu compañera de piso? Lo pregunto porque el tío Luis ha dejado caer que estarás mejor acompañada si enviamos a Jesús a Madrid que con tu actual compañera –A Pilar la posibilidad de que Jesús vaya a vivir con ella le sienta como un tiro, pero no da muestras de ello y responde a la pregunta de su madre.

   -Mamá, con mi compañera de piso no pasa nada. Fuensanta es una buena muchacha, seria, juiciosa y, por las notas que saca, buena estudiante. Y nos llevamos de maravilla. Solo te diré que para el próximo día 24, me ha invitado a su casa de Murcia a presenciar los actos que se celebrarán con motivo de la Coronación de la Virgen de la Fuensanta, patrona de la ciudad. Y no hagas caso de lo que diga el tío Luis, ya sabes que es un metete. Alguna vez que he ido a verle me ha reñido porque, en su opinión, iba vestida muy descocada. Y de eso nada, vestía de manera parecida a las de mis amigas. Lo que ocurre es que el tío quisiera verme como van las ursulinas y ni tengo edad ni ganas de vestirme como una monja.

   El 22 de abril, Pilar viaja a Murcia en compañía de su compañera de piso. El domingo siguiente se celebra la Coronación canónica de la Virgen de la Fuensanta, como Patrona de Murcia. En las aceras del Puente de los Milagros se han instalado varias tribunas y una especial para el Infante Fernando de Baviera, que asiste a la ceremonia en representación del Rey. En el centro del puente se ha colocado el altar con la Virgen. Primero, se procede a leer el decreto papal de la coronación, después el Alcalde da las coronas al Nuncio, el cual coloca primero la del Niño y después la de la Virgen. Todas las campanas de la ciudad suenan al unísono señalando el inicio de las fiestas.

   Pilar se lo pasa en grande, no se pierde ningún acto, ningún baile, ningún festejo. Su carácter desenvuelto y su atrevimiento tienen mucho éxito entre la juventud local. Uno de los jóvenes que ha intentado monopolizarla ha sido un primo de Fuensanta que, según le ha contado, está terminando Derecho en la Universidad de Valencia pues quiere opositar a notarías. Puesto que ha acabado mostrándose un tanto posesivo, Pilar ha terminado cansándose y se lo ha quitado de en medio. Cuando vuelve a Madrid solo le ha quedado como recuerdo del futuro notario su nombre, Luis Verdú; en cambio, al murciano la futura boticaria le ha hecho algo más que un arañazo en el hondón de los sentimientos, pero piensa que antes de todo ha de terminar la carrera y aprobar la oposición. Luego, el tiempo dirá.

   Metidos de lleno en la primavera, en la tertulia se comenta la noticia de que un aviador norteamericano, un tal Charles Lindbergh, acaba de realizar el primer vuelo transoceánico sin escalas de la historia, volando entre Nueva York y París. Don Romualdo que es quien cuenta la noticia la adorna con más detalles.

   -Lindbergh ha hecho el vuelo en un monoplano de un solo motor, bautizado como Spirit of St. Louis. Despegó de Long Island y, tras un vuelo de unas 33 horas, aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget de París.

   -Hay que ver como adelanta la ciencia –es todo el comentario que merece la proeza.

   En casa de los Carreño a finales de mayo llega carta de Álvaro avisándoles de que no le esperen hasta mediados de julio pues tiene que efectuar el viaje de prácticas correspondiente al segundo curso. También incluye las notas de la segunda parte del curso. En las asignaturas principales tiene: en electricidad II, 8,4; en torpedos y minas con prácticas de fondeo y lanzamiento, 10; en máquinas de vapor, 8,4. En cuanto a las materias accesorias, que se puntúan de 0 a 3, tiene: inglés 3 y prácticas de taller 2,4. Las demás también las ha aprobado: ejercicios militares y marineros, gimnasia y esgrima. Finalmente, la nota de conducta es de 7,8. Y les adelanta que el 1 de junio embarcará para el viaje de prácticas y que ya les irá contando.

  En la primera carta que la familia recibe de Álvaro les cuenta que va embarcado en el Almirante Lobo, un transporte militar encargado de trasladar pertrechos, provisiones, ganado vivo, hombres, armamento, municiones y cuanto puedan necesitar los demás buques de la Armada. Luego se extiende en detalles técnicos: el buque fue construido en Inglaterra y, en el arsenal de La Carraca, fue artillado con dos ametralladoras Nordenfelt de 42 mm, un arma multi-cañón. Puede llegar a dar 11 nudos, y lleva una dotación de 70 hombres

   La siguiente noticia que reciben los Carreño del primogénito es una tarjeta postal, con fecha 4 de junio, desde Corcubión, en La Coruña, donde han visitado la fábrica de Ferromanganeso,  la Ballenera y el salto de agua de Monte Pindo. Días después reciben otra postal, esta vez desde Gijón, ciudad en la que les han llevado a ver los astilleros y los Altos Hornos de Moreda. En el gijonés puerto de El Musel estarán fondeados varios días pues también han de visitar otras ciudades asturianas. La tercera postal está matasellada en la capital de Asturias, que apenas si pudieron ver porque adonde les llevaron fue a Trubia, visitando durante todo el día la Fábrica Nacional de Armas. Luego salen para Ferrol y de allí ponen rumbo a Cádiz, una vez completada la primera parte del viaje de prácticas. Que suerte tiene el tato, piensa Pilar, viajando por esos mares y yo aquí, muerta de asco.

   En junio, los chicos Carreño que estudian fuera vuelven a casa al terminar el curso. Todos han aprobado por lo que padres y hermanos los reciben alegremente. Solo hay una sombra de inquietud para la familia que los padres se guardan de extenderla a los hijos: la economía familiar está entrando en números rojos. La competencia de la nueva droguería de Galiana hijo está resultando ser más fuerte de lo que preveían y por consiguiente los ingresos han decaído. Julio ha de esforzarse en multiplicar sus viajes por la región para compensar las menores ventas que tienen en la ciudad. En esos viajes cuenta con la inestimable ayuda de su hijo Julián, quien a sus 17 años está comenzando a hacer pinitos en la conducción del Ford.

   En el mismo mes, la Dictablanda de Primo de Rivera promulga la Ley del Monopolio de Petróleos cuya función es administrar la concesión del monopolio estatal de petróleos, promovido por el ministro de Hacienda, Calvo Sotelo. Dicha ley sienta las bases para la creación de la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, que enseguida es conocida por su acrónimo CAMPSA.

  En julio, como en años anteriores, los Carreño se van a veranear a Los Caños de Meca. Pilar se ha resistido a ir porque se aburre en la playa gaditana, pero su madre le ha recordado que, en ausencia de Álvaro, es la mayor de los hijos y debe ayudarla a cuidar al resto. Pilar acepta el encargo pues, como todos los hermanos, tiene grabado a fuego que la familia es lo primero.

  A lo largo del mes de julio, los Carreño continúan recibiendo noticias de Álvaro, que sigue embarcado en el transporte militar Almirante Lobo. Pero después de la primera carta lo que les llegan son tarjetas postales, generalmente con vistas de los lugares en los que el buque recala, y en los que en su cara posterior el primogénito aprovecha hasta el más mínimo espacio para contarles las visitas que están llevando a cabo. El 12 el Almirante Lobo parte de Cádiz llevando embarcados a los alumnos de segundo de la Escuela Naval. Su primer destino es otra vez el puerto de Ferrol, donde el grupo de aspirantes visita los astilleros. Días después los llevan a la base naval de La Graña, donde está la Estación Torpedista y una Escuela de Aprendices de Marineros a bordo de la corbeta Villa de Bilbao. El mismo día salen para Marín donde visitan el Polígono Janer destinado al adiestramiento de las dotaciones artilleras y el asesoramiento e información del tiro de la artillería naval. El buque, tras salir de la ría de Pontevedra, vira al sur. Recorre toda la costa portuguesa hasta sobrepasar el cabo San Vicente, al que los portugueses llaman o fim da terra, donde pone rumbo sureste en demanda del estrecho de Gibraltar, si bien antes de cruzarlo se adentra en el río Guadalquivir camino del puerto fluvial de Sevilla. En la capital hispalense los aspirantes visitan las obras de la Exposición Ibero-Americana que se inaugurará en 1929, y cuya finalidad es dar muestra del hermanamiento entre España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Portugal y Brasil. Después salen para Málaga donde visitan varias instalaciones fabriles y por la tarde el buque pone rumbo a levante. Les han dicho que visitarán Barcelona que tiene fama de ser la ciudad más europeizada de España. ¿Será verdad?