viernes, 2 de septiembre de 2022

Libro III. Episodio 160. Que Dios reparta suerte

   Pilar está ayudando a tranquilizar a Álvaro antes de las pruebas de ingreso en la Escuela Naval y, tras hacerle un estudio, concluye:

   -Si Descartes no falla, tienes que aprobar por bemoles -Más que el experimento en sí, lo que ayuda a Álvaro a templar los nervios es la seguridad que le transmite Pilar en sus posibilidades.

   Unos días después, el tío Luis informa a Álvaro de las últimas nuevas sobre la oposición que ya ha firmado el joven.

   -El reconocimiento médico lo vais a pasar en el Hospital Militar de Carabanchel y las demás pruebas se celebrarán en el cuartel del Infante Don Juan que acaba de inaugurarse; tiene la entrada por el Paseo de Moret, frente al Parque del Oeste. Ahora solo falta que se publique la composición del tribunal. ¿Cómo van esos nervios?

   -Estoy algo más tranquilo. Pilar me hizo una prueba según la cual tengo seis probabilidades sobre seis de aprobar –y Álvaro le cuenta a su tío el método cartesiano que le aplicó Pilar.

   -Esa hermana tuya es un fenómeno. Todo lo que tiene de descarada lo tiene de ingenio. Lástima que sea mujer, si fuera un macho llegaría donde quisiera.

   En Plasencia, todos los Carreño anda pendientes de la oposición del primogénito. Los padres se plantean si ir a Madrid unos días para prestar apoyo moral a su hijo, pero tras discutirlo optan por no ir, piensan que su presencia podría distraer al chico. De todas maneras, Julio dice que le pedirá consejo a don Enrique, por lo que por la tarde se dirige al casino con la seguridad de que allí encontrará al médico. Resulta que el doctor Lavilla no está, pero el resto de contertulios están debatiendo la última noticia que les ha facilitado el comandante Liaño. 

   -Los rifeños de Abd el-Krim han atacado zonas de Marruecos bajo protectorado francés y se han hecho con algunas posiciones de las que han desalojado a las guarniciones francesas.

   -A este paso el líder rifeño se va a apoderar de todo el norte de África –vaticina don Mauricio. 

   -Sin embargo, desde mi punto de vista –objeta Liaño-, Abd el-Krim ha cometido un burdo error estratégico.

   -¿Y por qué, comandante? –quiere saber Galiana.

   -Porque el gobierno francés se mostrará ahora más dispuesto a colaborar con el español para poner fin a la rebelión rifeña. Y por muchos hombres que tenga Abd el-Krim y de que la orografía del Rif no sea la más propicia para el despliegue de grandes contingentes de tropas, le va a resultar imposible aguantar la embestida conjunta de dos ejércitos.

   -Pero para eso antes tendrían que ponerse de acuerdo Francia y España –objeta don Mauricio.

   -Y no dudo que terminarán haciéndolo. No les queda otra. Además, tengo entendido que Primo de Rivera mantiene muy buena relación con el generalato francés.

   La Gaceta de Madrid ha publicado la resolución del Ministerio de Marina nombrando el tribunal que ha de juzgar la oposición. Lo presidirá el capitán de navío, D. Jorge Villavicencio de Cominges, al que acompañarán un vicepresidente,-capitán de corbeta-, y tres vocales -tenientes de navío-, el más joven de los cuales ejercerá de secretario. El tío Luis le comenta a Álvaro lo que sabe del tribunal.

   -No hemos tenido mucha suerte con su composición. Solamente conozco a Villavicencio. Está destinado en la base de Ferrol y pertenece a una familia de gran raigambre marinera. Uno de sus antepasados, Juan María Villavicencio y de la Serna, fue Capitán General de la Armada española y, si no recuerdo mal, sus restos están enterrados en el Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando. Jorge tiene fama de ser un comandante tan exigente como justo. Con él las recomendaciones van a tener escaso valor, por lo que creo que será más prudente no decirle nada.

   Como todo en la vida, llega el momento de la oposición. Unos días antes de la primera prueba -el reconocimiento médico-, Álvaro todavía mantiene pequeñas dudas, una de ellas es como ir vestido. Y una vez más recurre a quien tiene más cerca, su hermana.

   -Oye, Pilar, ¿cómo debería vestirme para las pruebas?, ¿de sport, de calle, o me pongo el traje cruzado que me compró mamá para la primera comunión de Concha?

   La joven se piensa la respuesta.

   -Creo que deberías ir vestido según la prueba. Para el reconocimiento médico de calle, pero con corbata por supuesto. Para las pruebas físicas, de sport pero llevando en una bolsa ropa deportiva y unas zapatillas de tenis; ah, y el bañador y una toalla. Para las demás pruebas traje y corbata, pero no te pongas el cruzado, resulta demasiado solemne.

   -Y si algún miembro del tribunal me pregunta algo, ¿cómo debo tratarlo?

   -Haces preguntas de bombero, tato. De usted y de señor, y con la mayor cortesía, pero sin achantarte, no vayan a tomarte por un mequetrefe. Tranquilo y, como dicen los toreros, que Dios reparta suerte.

   El día antes del reconocimiento médico, la dirección del CHA informa a sus alumnos que este año les realizarán una prueba que es la primera vez que se hace en la Armada española: un test psicológico que, según les explican, es un instrumento experimental que tiene por objeto evaluar los rasgos generales de la personalidad de cada aspirante. Como se desconocía que iban a efectuar dicha prueba en el CHA no los han preparado para afrontarla, por lo que el temor cunde entre las filas de los opositores. Álvaro, que se ha encerrado en casa dando el enésimo repaso a las materias del examen, se lo cuenta a Pilar. 

  -No estamos preparados para esa prueba, no sé qué puede pasar. Lo que me faltaba para que me pusiera más nervioso.

   -Tranquilo, tato, el test no es más que otro elemento del reconocimiento médico, y supongo que no se valorará individuamente sino en conjunto con las demás pruebas. Al final imagino que lo que valdrá es si estás sano o no, y tú tienes una salud de hierro.

   -A mí lo que me tiene mosca es que el test sirve para conocer la personalidad. Y si sale que tengo una personalidad que no encaja con lo que debe ser un oficial de la Armada, ¿qué pasa?

   -Mira, hermanito, si hay alguien que tenga una personalidad firme, un carácter prudente y buenas dotes para mandar, ese eres tú.

   -O sea, que soy un mandón.

   -No he querido decir eso, sino que eres una persona a la que por tu carácter y personalidad es fácil seguirte y obedecerte.

   -De todas formas, Pilar, estoy acojonado. ¿Qué me aconsejas?

   -No soy una experta en psicología, pero te aconsejo que seas tú mismo, el de siempre. No trates de engañar, contesta con sinceridad y cuando dudes en un ítem aplica el sentido común, que de eso andas sobrado.

   Por fin llega el 22 de junio de 1925, lunes. Los opositores a ingresar en la Marina española, han sido convocados por el tribunal a las 9 de la mañana para pasar el preceptivo reconocimiento médico en el Hospital Militar de Carabanchel. El padre de Santiago Andrade, uno de los compañeros de Álvaro en el CHA, se ha ofrecido a llevar en coche a su hijo y sus amigos al centro médico. Para entretenerles, en el viaje les cuenta que la creación del hospital se remonta a una Real Orden de 1887 que declaraba la necesidad de construir tres hospitales: uno situado al norte, otro al este de Madrid y el último en el pueblo de Carabanchel Bajo, cuyo ayuntamiento ofreció  gratuitamente un extenso solar en los alrededores de la localidad.

   En el hospital, previa identificación de cada uno de los opositores, les hacen quedarse en calzoncillos, y un equipo de médicos y sanitarios del Cuerpo de Sanidad Militar comienza a practicarles las pertinentes pruebas. Los tallan, los pesan y van pasando por distintos especialistas que les examinan y les hacen pruebas optométricas y audiológicas. Y no todos las pasan, un compañero de Álvaro es rechazado porque le detectan un soplo cardíaco, y otro opositor, al que no conoce, por padecer una hipoacusia de grado medio. Los demás, entre ellos el joven Carreño, son declarados aptos para presentarse a la oposición. Álvaro llega a casa resoplando, se ha quitado un peso de encima. Pilar le está esperando para conocer el resultado.

   -Te lo dije, tato, estás más que sano, sanísimo. Y ahora a por la siguiente prueba que, por lo que me contaste, es la de nadar, los saltos y todo lo demás.

   -Bueno, el primer peldaño lo he subido sin tropezar, veremos el resto. Voy a darme una ducha y me encierro en la habitación a seguir empollando.

   -Lo de la ducha es lo suyo, pero lo de encerrarte en tu cuarto no me parece buena idea. La siguiente prueba, la de los ejercicios físicos, ¿cuándo es?

   -Pasado mañana.

   -Pues lo que deberías hacer ahora, después de ducharte, es darte un paseo para estirar las piernas y mañana acercarte al gimnasio, practicar unas tablas sencillas de gimnasia y hacer unos largos en la piscina para estar en plena forma para el miércoles.

   -Pilar, eres la mejor asesora personal que uno puede tener. Como apruebe creo que tendré que hacerte un regalo de lo más pocholo. Te lo estás ganando.

   Llegado el miércoles, los opositores se concentran en el gimnasio del cuartel donde se realizarán las pruebas físicas. El salto del caballo le da un buen susto a Álvaro pues no lo ejecuta con total limpieza, ya que uno de sus muslos roza el aparato, pero se lo puntúan como válido. Compensa lo del caballo con la subida de la cuerda que ejecuta con gran rapidez y sin apenas ayudarse con los pies. En cuanto a los cien metros de natación, estilo libre, queda el segundo de su serie con un tiempo muy inferior al exigido. La calificación de la prueba es, como la del reconocimiento médico, apto o no apto. Al día siguiente, el secretario del tribunal pincha en el tablón de avisos del cuartel dos notificaciones: una, la relación de los aspirantes calificados como aptos, uno de ellos es Álvaro Carreño Manzano; la otra, la fecha de realización del examen de idiomas que será el próximo viernes, día 26, en el cuartel del Infante Don Juan. ¿Cómo me irá?, se pregunta Álvaro.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 161. Si quieren preguntar levanten la mano

 

viernes, 26 de agosto de 2022

Libro III. Episodio 159. Tienes que aprobar por bemoles

  Julio se ha topado hoy en el casino con que sus amigos debaten sobre un tema que ni conoce ni le interesa: la conversión del Imperio Otomano en la república turca por obra y gracia de un tal Mustafá Kemal Ataturk, un militar que se ha empeñado en occidentalizar un país musulmán como Turquía. Cuando el tema decae, el doctor Lavilla les da la noticia de que ha fallecido Lenin, al que le sucede Iósif Stalin. Les detalla que el fundador de la URSS ha muerto a los cincuenta y tres años y que en su funeral y subsiguiente cortejo fúnebre han participado millones de personas. Como el interés del galeno por lo que ocurre en la antigua Rusia no parece compartirlo nadie, el tema pronto se difumina. En cambio, cuando a fines de febrero Julio llega a la tertulia encuentra a sus amigos metidos en una animada discusión, el motivo es que el dictador, Primo de Rivera, ha clausurado el Ateneo de Madrid y, además, ha desterrado al famoso escritor Miguel de Unamuno a la lejana isla canaria de Fuerteventura, tras desposeerle de su cátedra en la Universidad de Salamanca.

   -¿Y por qué ha hecho esa cacicada? –pregunta don Romualdo.

   -Porque es lo que hacen los caciques. Cierto es que Unamuno no se ha privado de atacar en la prensa tanto a Alfonso XIII como a Primo, pero eso no es motivo para quitarle la cátedra que ganó en una oposición –contesta Lavilla, acérrimo seguidor del pensador vasco.

   -O sea, que de Dictablanda, nada –puntualiza Liaño.

   En lo que respecta estrictamente a la familia Carreño, los últimos meses del curso van a ser decisivos para el futuro del primogénito, pues hacia su final se va a presentar al examen de ingreso en la Escuela Naval Militar, por lo que ha de echar el resto para no defraudar a su familia. Por su parte, Pilar, matriculada en la Facultad de Farmacia, lleva ya los meses suficientes para comprobar que hizo bien en empecinarse en estudiar esa carrera, pues se maneja en los estudios como pez en el agua.

   El primer trimestre de 1925 discurre rápido y llegan las vacaciones de Semana Santa. Este año ha caído tarde, pues el Domingo de Ramos es el 13 de abril. Unos días antes, el doctor Lavilla cuenta a sus contertulios que Adolf Hitler ha sido condenado a cinco años de cárcel por alta traición al intentar deponer por la fuerza al Gobierno bávaro. La noticia queda tapada por otra de la misma fecha: el 1 de abril en España se constituyen los ayuntamientos de todo el país según el nuevo estatuto de régimen local basado en un concepto organicista de la vida social. Y justo en medio de la Semana Santa, don Eduardo lleva a la tertulia una noticia que sorprende a todos, no por la información en sí, que no les dice gran cosa, sino porque es la primera vez que el terrateniente les ofrece una noticia.

   -¿Saben que anteayer se constituyó en Madrid la Compañía Telefónica Nacional de España?, de la que por cierto me ha aconsejado el director de la Caja de Badajoz que compre acciones pues en poco tiempo subirán como la espuma –Julio, que es de los pocos que tiene buenos ahorros, sí presta atención a la noticia.

   Terminada la Semana Santa, Pilar y Álvaro retornan a Madrid. Para la joven el último trimestre del curso se presenta cómodo pues hasta ahora ha aprobado cuantos exámenes parciales ha hecho. Para su hermano se presenta duro puesto que la Gaceta de Madrid ya ha publicado la convocatoria de la oposición para el ingreso en la Escuela Naval. El tío Luis le ha anticipado la noticia.

   -Sobrino, en unos días se va a publicar la convocatoria para San Fernando. Por lo que me han dicho, van a salir sesenta y tantas plazas. Confío que una de ellas sea para ti. Y para ello los próximos dos meses nada de salidas, enciérrate en casa y échale codos. Aunque conviene que de vez en cuando hagas unos largos de piscina; sería una broma pesada que te suspendieran en la prueba física.

   -Ah, ¿pero es que la prueba física también es eliminatoria?

   -Naturalmente, como las demás. Pero tampoco te preocupes demasiado, básicamente lo más importante de la prueba es la natación y me has dicho que sabes nadar muy bien. Aunque cada año suele haber dos o tres aspirantes que se tiran a la piscina, se hunden como plomos pues no saben nadar y tienen que sacarlos medio ahogados.

   La inminencia del ingreso coadyuva a que Álvaro esté cada vez más volcado en el mundo de la náutica y específicamente en el de la Armada. Y entre el variopinto mundo de cuestiones que desconocía descubre que la Marina española está frecuentemente en contacto con otras marinas de países europeos, sobre todo con la Royal Navy que en ese primer tercio del siglo es un referente para las demás marinas de guerra. Ahora comprende porque en la Armada le dan tanta importancia al conocimiento del inglés. Otro descubrimiento que hace es que la política internacional influye, directa e indirectamente, en el desarrollo de las flotas navales, por lo que comienza a interesarse por lo que ocurre más allá de las fronteras.

   El mes de junio está a la vuelta de la esquina, como quien dice, y los nervios de Álvaro, ante la inminencia de la oposición, están más tensos que la piel de un tambor. Para colmo de males, la primavera le ha ocasionado un brote alérgico que le provoca picores en la nariz y que los ojos le lagrimeen. Preocupado, le pregunta al tío Luis si eso puede influir en el resultado del reconocimiento médico.

   -Una simple alergia no presupone que no tengas una salud de hierro. De todos modos no pierdes nada yendo al médico y que te recete algo para eliminar el brote o, al menos, para que no estornudes tanto. Y aplaca los nervios que eso no te va a ayudar.

   Álvaro acata el consejo de su tío y va al médico quien le receta unas grageas que le ayudarán a paliar los efectos de la alergia. Pero para los nervios parece que no hay pastillas que los curen. Es Pilar quien le da los mejores consejos para calmar sus temores.

   -Mira, tato,  lo que debes hacer es algo que me enseñaron en la IlE. Haz un cuadro cartesiano, con dos columnas en las ordenadas, una que ponga a favor y otra que ponga en contra. Y en la abscisa vas anotando todas las cuestiones que creas necesarias para aprobar la oposición, y a cada una de ellas le pones una cruz en la columna vertical que estimes que tiene más probabilidades de que sea así. No te lo sé explicar mejor, pero creo que habrás entendido el sentido básico del método.

   -Pero si soy juez y parte, al mismo tiempo, lo más probable es que no sea objetivo –objeta Álvaro tan riguroso como siempre.

   -Vamos a hacer una cosa. Te voy a ayudar, tú serás la parte y yo seré la juez.

   Así lo hacen. Es Pilar quien hace el cuadro de doble entrada y luego debaten sobre las cuestiones que deben figurar en las ordenadas.

   -¿Cuál crees que debería ser la primera cuestión? –A la pregunta de Pilar, su hermano duda, por lo que es la joven quien toma la iniciativa-. Para aprobar una oposición, como para aprobar cualquier examen, lo fundamental es ir bien preparado. Entonces, la primera cuestión sería: ¿estoy bien preparado?, ¿cuál es tu respuesta? –Álvaro no lo duda.

   -Lo estoy –y Pilar marca una cruz en la columna de a favor y prosigue-. ¿Cómo son los exámenes, escritos u orales?

   -Son todos escritos, salvo la prueba física, naturalmente.

   -Entonces, ¿cómo andas de ortografía?, porque si la tienes mala te podría restar puntuación.

   -Ando bien, se me escapa alguna tilde, sobre todo en los pronombres relativos, y a veces me armo un lío con las comas, pero en general bien. Recordarás lo pesada que se ponía la abuela Pilar con lo de la ortografía y la de dictados que nos hacía –Pilar pone otra cruz en la columna de a favor.

    -No se me ocurren más cuestiones. Pero vamos a ver, ¿de qué partes consta la oposición?

   -Pues lo primero es un reconocimiento médico, luego…

   -No sigas, vamos por partes. Tú estás sano, el reconocimiento lo pasarás sin problemas, ¿verdad?, pues otra marca a favor. La prueba siguiente es…

   -La prueba física. Has de saltar el caballo, trepar por una cuerda de ocho metros en la que puedes apoyar los pies y nadar cien metros en menos de dos minutos.

   -¿Y todo eso crees que lo superaras?

   -Sin ningún problema, lo hemos entrenado en el CHA y recordarás, pues nos hemos bañado muchas veces juntos, que nado muy bien.

   -Bien, otra marca a tu favor. Las siguientes pruebas son…

   -El examen de un idioma extranjero que, según nos han contado, suele ser flojito y además no es eliminatorio. Y en el CHA nos han apretado mucho en inglés por lo que creo que lo voy a superar sin mayores problemas.

   -Estupendo, otra cruz a tu favor.

   -Luego viene la parte más difícil y donde suspende más gente: los exámenes de física, análisis  matemático, geometría y cálculo, que tienen una parte de teoría y otra de problemas, y que se puntúan globalmente. Si no apruebas la teoría quedas suspendido, si la apruebas pasas a los problemas.

   -Un inciso, ¿exactamente qué es el análisis matemático?, es lo único que no he dado hasta ahora.

   -Es una rama de las matemáticas que estudia los conjuntos matemáticos, tanto desde el punto de vista algebraico como topológico, así como las funciones entre esos conjuntos y las construcciones derivadas.

   -¿Y cómo vas en esas materias?

   -Entre los que nos preparamos en el CHA soy de los mejores, ten en cuenta que hice un año de exactas y eso me ha ayudado mucho. Estaba algo pegado en geometría, pero después de dos cursos preparándome creo que la puedo aprobar sin mayores problemas.

   -Pues otra marca a tu favor. ¿Qué más pruebas hay?

   -Son las últimas, si las apruebas ingresas directamente en San Fernando.

   -Bien, veamos que dice el recuento, seis marcas en la columna de a favor y cero en la de en contra. O sea que, como diría el tío Luis, tienes que aprobar por bemoles, hermanito.

   -¿Estás segura?

   -No soy infalible augurando, pero el método cartesiano sí.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 160. Que Dios reparta suerte

viernes, 19 de agosto de 2022

Libro III. Episodio 158. Franco de ría

    Pilar, cuando se va de jarana, que es siempre que puede, suele hacerlo con compañeros de la facultad y con amigos, más o menos ocasionales, que conoce en los sitios más impensados: en los bares de otras facultades, en una sala de jazz, en un merendero que frecuenta en el Puente de los Franceses o simplemente en la calle. Sus diecisiete años y su fuerte temperamento la llevan a probar todos los placeres posibles y a experimentar emociones y sensaciones hasta ahora impensables para ella; solamente la religiosidad que sus padres le han inculcado la frenan para no trasgredir ciertos límites. Dado que la mayoría de amigas que conserva de su paso por la ILE son muy modernas, trata de imitarlas y un buen día, sin pensárselo dos veces, va a una peluquería que hay en Bravo Murillo y sale peinada a lo garçon. Cuando al llegar a casa su hermano la ve se monta la bronca.

   -¿Pilar, cómo te has atrevido a cortarte el pelo así?, ¿qué crees que va a decir mamá cuándo te vea? Pareces un chico.

   -Te prometo que no he cambiado de sexo, sigo siendo una chica, al menos eso dicen mis compañeros de la facu.

   -Sí, claro, ¿qué van a decir esos sinvergüenzas con los que te relacionas? A este paso vas a terminar mal. Y eso no es lo que más me preocupa, sino el broncazo que me voy a ganar a costa de tus excentricidades. Por ahora no se lo voy a contar a los papás, pero te doy de plazo de aquí a fin de curso para que recuperes el peinado que tenías.

   -¿Tú te has pensado bien lo de ser marino? A ti lo que te pegaría sería ser juez del Santo Oficio o, mejor aún, de la Inquisición si todavía existiera.

   -Déjate de coñas y hazme caso, modera tus salidas de tono y presta más atención a las amistades que haces o vas a terminar mal. Y como hermano mayor, y por el buen nombre de la familia, no estoy dispuesto a consentirlo.

     Las Navidades de 1924 discurren para los Carreño como siempre, aunque esta vez se han producido pequeñas novedades. Una es que Pilar se ha empeñado en ser ella la que lleve la batuta en la preparación de las principales comidas. Se ha traído un libro de cocina francesa con la intención de prepararles menús como los que ofrecen algunos de los más prestigiosos restoranes madrileños. Otra cosa que ha hecho la flamante universitaria es tratar de cambiar su peinado a lo garçon para no suscitar las reconvenciones de su madre e intentar contentar a su hermano, que no se ha chivado. Lo consigue solo a medias pues sigue teniendo el pelo muy corto. Ante su sorpresa, a su madre le gusta el nuevo peinado, pero en cuanto a su vestimenta…

   -Pilar, ¿qué le ha pasado a esa falda?, ha debido de encoger porque se te ven las rodillas. Ponla en la cesta de la ropa de zurcir y Paca te bajará el dobladillo –Pilar no se ha atrevido a decirle a su madre que fue ella la que la acortó.

   Otra novedad de estas Navidades es que el tío Luis está en la ciudad y naturalmente el matrimonio Carreño se ha apresurado a invitarle. El día de Navidad, tras el copioso almuerzo, el tío Luis y Julio se quedan a solas fumando sendos vegueros que el jurídico paladea con fruición, pero que al cabeza de familia le sabe a rayos puesto que no está demasiado acostumbrado a fumar puros. Desde que su primogénito decidió ingresar en la Armada hay una cuestión que no ha dejado de inquietarle a Julio: el asunto de quien paga la formación en la Escuela Naval y, en un momento de la charla, cree que es la ocasión de preguntárselo a Luis.

   -Tío, en el supuesto de que el chico aprobara el ingreso, quisiera saber cuánto puede costarnos su estancia en la Escuela. Más que nada para calcular la liquidez que deberé tener para hacer frente a los correspondientes pagos.

   -No te preocupes por eso. Te costará muy poco. Desde el momento en que un chico ingresa en la Escuela pasa a ser un miembro más de la Armada y por tanto es ella la que cubre sus necesidades básicas. Vosotros solo tendréis que darle dinero de bolsillo para sus caprichos o para tomarse un vino cuando esté franco de ría.

   -Eso último no sé qué es, tío.

   -Es una frase propia de la jerga marinera. Significa tener permiso de paseo para los marineros, y se remonta a los tiempos en que la gente de abordo que disponían de permiso tenía que llegarse en bote a puerto, franqueando la ría, desde una embarcación fondeada en la costa. Y abundando en el coste de la Escuela, a partir del tercer curso pasará a ser guardiamarina y tendrá un pequeño sueldo del que se le descontarán ciertas cantidades para atender a sus necesidades. En otras palabras, no te preocupes por tu liquidez en lo que atañe a la vida del muchacho una vez que ingrese en San Fernando.

   -¿Y cree que podrá ingresar?

   -Seguro. La gente del CHA está muy contenta con él. No solo le tienen calificado como un buen chico, sino que además están muy satisfechos por su aplicación. A lo mejor no es el número uno de la promoción, pero probablemente estará entre los mejores. O sea, que tranquilo.

    Álvaro también ha mantenido una conversación a solas con su tío. Le cuenta sus temores desde que en San Fernando un guardiamarina le preguntó en que base estaba destinado su padre. Lo que, prudentemente, no le dice es la opinión que tenían sobre los jurídicos.

   -Y que mi padre no sea marino, ¿no puede ser un hándicap para mi ingreso?

   -Tranquilo, chico. No tienes un padre marino, pero sí un tío. Y no te negaré que los hijos del personal de la Armada gozan de ciertas facilidades para ingresar, por otra parte bastante lógicas. Si estás en el tribunal de ingreso y se presenta el hijo o el hermano de un compañero tuyo es natural que lo mires con simpatía y, sin forzar las ordenanzas por supuesto, si puedes echarle una mano discretamente, ¿quién no lo haría? Pero hay plazas para todos.

   -Pero si esos casos son numerosos, los que no pertenecemos a una familia con tradición marinera tenemos menos posibilidades –insiste el chico que añade-. Y hasta se cachondearon de mí por el hecho de ser de Plasencia, como si los que hemos nacido tierra adentro no pudiéramos ser marinos.

   -Ya te he dicho que no tienes que preocuparte por eso, y no me gusta repetir las cosas –El tío Luis ha sacado su vena de cascarrabias-. Tú lo que tienes que hacer es echar el resto en los meses que faltan para la oposición y lo demás déjalo de mi cuenta. Y no marees más la perdiz.

   Antes de volver a Madrid, Álvaro, que es muy deportista, se explaya contando a su familia como va a ser el desarrollo de uno de los eventos más estacados del próximo año: los Juegos Olímpicos que se desarrollarán en París.

   -Será la VIII Olimpiada y va a ser algo nunca visto. Se celebrará entre el 4 de mayo y el 27 de julio, y se estima que acudirán más de 3000 atletas, incluso competirán mujeres, posiblemente más de 100.

   -¿Qué habrá chicas que correrán, saltarán y todo eso? –pregunta Julián, asombrado.

   -¿Qué crees, Julianillo, que las mujeres no somos capaces de correr? ¿Ya te has olvidado que cuando echábamos carreras, después del tato, yo era la siguiente en llegar? –pregunta Pilar con sorna.

   -¿Y cuánto dinero se lleva de premio el que gana una carrera? –quiere saber Julio.

   -Ni un céntimo, papá. Solo la gloria de ser campeón y una medalla. Ten en cuenta que todos los participantes son amateurs.

   -¿Y eso de amateur qué es? –inquiere Concha.

   -Aficionado, tonta –le responde Jesús.

   -Tonto lo serás tú –se defiende la niña.

   Acabadas las vacaciones navideñas, Álvaro y Pilar retornan a Madrid. Ese segundo trimestre del curso lo aprovecha Pilar para poner su guardarropa al día. Busca una tienda de las que hacen composturas y les lleva dos de sus vestidos -más no se atreve-, para que amplíen los escotes, les corten las mangas dejando los brazos expuestos al aire libre y acorten la largura de las faldas. Y con sus ahorros se compra un conjunto que ha visto expuesto en una boutique de la calle Arenal; es un vestido hueco, de falda larga adornada con franjas de galón y volantes. Piensa que cuando lo vean sus amigas del pueblo se van a poner verdes de envidia.

   Unos compañeros de facultad, alguno de los cuales vive en la Residencia de Estudiantes de la ILE, invita al grupo de amigas de Pilar a una exposición de pintura que se va a celebrar en la propia Residencia. Por primera vez, se ve metida en un ambiente bohemio y oye hablar de los vanguardismos pictóricos como el orfismo, el cubismo y el surrealismo y, en general, la pintura abstracta. Cuando terminan la visita, la pregunta es obligada.

   -¿Os ha gustado? –Las respuestas son para todos los gustos. Pilar, como casi siempre, es sincera y no oculta sus impresiones.

   -Si os digo la verdad, no sé si me ha gustado; para empezar, no entiendo muy bien que a una señora se le pinte un cubo en vez de cabeza o que un caballo sea de color verde.

   -¿Pero tú conoces a Picasso?

  A Pilar que hayan puesto en duda sus conocimientos sobre pintura moderna le ha sentado como un tiro, aunque lo cierto es que no sabe casi nada. Y se apresura a ponerle remedio. Pasa varias tardes en la biblioteca de El Ateneo y cuando termina nombres como Picasso, Klee,  Mondrian o Chirico ya no le resultan unos desconocidos. Pero en esa búsqueda acaba descubriendo otro estilo pictórico que le impacta más: el impresionismo, y la deja tocada al enterarse de que esos pintores se dieron a conocer en 1874. ¡Y ella los acaba de descubrir medio siglo después! ¿Pero qué clase de formación me dieron?, se pregunta. Y en ese momento se promete a sí misma que eso no volverá a ocurrir.

   Ajenos a las vicisitudes de sus hijos mayores, en Plasencia la vida de los Carreño discurre como siempre: los chiquillos es sus respectivos colegios, los pequeños bajo el mando de Paca, y los padres en sus quehaceres habituales, Julia en las tiendas, y Julio, de trashumante por la región, solo suele estar en casa los fines de semana que son las fechas que aprovecha para asistir a la tertulia del casino y ponerse al día de lo que pasa por el mundo. ¡Y vaya si pasan cosas!

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 159. Tienes que aprobar por bemoles