viernes, 22 de julio de 2022

Libro III. Episodio 154. El CHA

 

  El tío Luis continúa aconsejando a su sobrino-nieto sin darle oportunidad de intervenir.

   -Ah, una cosa, porque las apariencias hay que guardarlas. Cuando estemos a solas me puedes llamar tío; no tío-abuelo, simplemente tío, y me puedes tutear, pero en público me hablarás de usted y me llamarás don Luis… -Y el tío sigue y sigue perorando sin que el desconcertado Álvaro tenga la oportunidad de decir ni media palabra. Algo que le pone en guardia es una frase que don Luis ha repetido un par de veces sin darle mayor importancia, pues habla de dos años de preparación. En cuanto el tío vuelve del  baño pues sufre de la próstata, Álvaro no le da oportunidad de que retome su farragoso discurso.

   -Perdone, tío Luis, pero ¿por qué dos años de preparación? Creo que estoy listo para ingresar a la primera.

   -Por lo que veo ni siquiera te has molestado en leer los requisitos para ingresar en la Escuela.

   -Disculpe, tío Luis, pero si me los he leído.

   -¿Sí?, ¿entonces qué dice del requisito de edad?

   -Que hay que tener 18 años cumplidos…

   -¿Y tú los tienes? –le interrumpe el jurídico.

   -No, pero los cumpliré el 28 de agosto del año que viene.

   -Veo que no te has leído la letra pequeña. El reglamento de la Armada especifica que hay que tener 18 años cumplidos el día de la publicación de la convocatoria en la Gaceta de Madrid, y eso suele ocurrir en marzo o abril. Por consiguiente, en la próxima convocatoria, como naciste en agosto, solo tendrás 17 años. Suponiendo que aprueben a la primera, solo ingresan con 17 años los nacidos en el primer trimestre del año, los nacidos después lo más habitual es que lo hagan con 19. En consecuencia, te quedan dos años de preparación pues no podrás ingresar en la Escuela hasta la convocatoria de 1925.

   A Álvaro se le cae el mundo encima, ¡1925!, lo que supone que tendrá que estar en Madrid casi dos años y eso les va a costar a sus padres un pastizal.

   -¿Y no habrá alguna manera de solucionarlo?, usted que debe conocer a gente importante a buen seguro que me puede echar una cuerda.

   -¿Una cuerda?, la expresión correcta es ¿me puede echar un cable o una mano? Solo te lo podría echar su majestad el Rey, pero hace mucho que no me invita a palacio –Lo último lo ha dicho con evidente ironía-. Y ahora que es dictador, también podría hacerlo el golfo de Primo de Rivera, pero no soy santo de su devoción…

   -¿Entonces…?

   -Entonces, mañana te quiero aquí a las 09:00, aseado, peinado y hecho un cromo, y me acompañarás al Colegio de Huérfanos de la Armada. Ah, tráete el certificado del instituto que acredita que has aprobado todas las asignaturas del bachillerato, y también el de que has solicitado que se te expida el título de bachiller. Igualmente, copia de tu partida de nacimiento. Y ahora, tienes mi permiso para retirarte. Hasta mañana, aspirante.

   El muchacho dice adiós a su tío-abuelo y se va en busca de su madre hecho un mar de dudas. No está muy seguro de si ponerse en manos del intemperante tío Luis ha sido la mejor idea que han tenido sus progenitores. En cuanto llega a casa de los Casillas cuenta a su madre lo que el tío le ha explicado, y lo más duro: que debido a la barrera de la edad tendrá que estar en Madrid dos años.

   -Bueno, hijo, no te preocupes por eso. Suponiendo que te presentaras el año que viene y no aprobaras, también tendrías que estar dos años preparándote.

   -Pero es que estoy seguro de aprobar a la primera, mamá. El que esté dos años aquí no va a ser más que un desperdicio de tiempo y de dinero. ¡Mira, se me acaba de ocurrir! No es necesario que me quede, puedo volver el próximo septiembre y así nos ahorramos el dineral de un año fuera de casa.

   -Hijo, te lo agradezco en el alma, y tu padre seguro que también, pero no es necesario. Andamos bien de dinero y lo último que pensamos hacer es escatimarlo en vuestra formación. Por tanto, no te preocupes por eso y a ver que puede hacer mañana el tío en lo del colegio.

   Al día siguiente, a las 09 horas, Álvaro está llamando al timbre de la casa de don Luis, que vive en un quinto piso al que hay que subir andando, pues el flamante ascensor que ocupa el hueco central de la escalera está en reparación. El tío lo mira y remira hasta que da su visto bueno.

   -Bien, vámonos al CHA. No hables mientras no te lo indique. Si te preguntan debes contestar alto, claro y sin ninguna clase de florituras. Y recuerda, en público. don Luis y de usted.

    Cogen un tranvía y se dirigen a Ciudad Lineal. En el colegio reciben cortésmente a don Luis y su acompañante. Llevan al jurídico al despacho del director en el que el tío se encierra con el mandamás del centro. Sale una vez para demandar a Álvaro los documentos que le pidió que aportara. Está como una media hora, tras lo cual y sin haber dado ocasión al muchacho de que diga ni mu, el tío Luis se despide del director y salen del CHA. Cogen el tranvía y se vuelven a la calle Juan Bravo. A todo esto, el tío no ha dicho nada sobre si le han admitido en el centro. Hasta que a punto de llegar a su destino el chico no puede más y pregunta:

   -¿Me han admitido o no?

   -Estando tu tío por medio, ¿lo dudas? A partir de mañana serás alumno del CHA en la sección de preparación del ingreso en la Escuela Naval Militar de San Fernando. Y esto no es más que el principio. Por cierto, ¿dónde piensas alojarte mientras estés en Madrid?

   El joven le explica que de momento se alojará con la familia Casillas, a quienes conocen sus padres pues son oriundos de San Martín de Trevejo.

   -¿Y dónde vive esa familia?

   -En el barrio de Campamento, está…

   -Ya sé dónde está Campamento, y eso habrá que arreglarlo. Pero primero, lo primero. Vete a casa de esos Casillas y dile a tu señora madre que esta tarde, a las 16:30, la espero en casa. Que sea puntual. Mañana, aseado y trajeado, más o menos como hoy, te presentas en el CHA, en conserjería dices tu nombre y todo lo demás vendrá rodado. Estate atento a las instrucciones que te den y procura tener una conducta intachable, ten en cuenta que todos saben que eres un Manzano. A ver como haces quedar a la familia. Puedes retirarte.

   Álvaro llega al barrio de Campamento aliviado. Al menos su insoportable tío ha conseguido algo positivo, que lo admitan en el CHA. El muchacho cuenta a su madre lo sucedido y lo que es más importante: ya es alumno del colegio de la Armada.

   -Ya sabía yo que el tío haría cuanto estuviera en su mano. A veces es insoportable, pero en el fondo es un buenazo, y siempre mira por el bien de la familia –Álvaro piensa que lo de insoportable es una caritativa manera de motejar a su tío-abuelo.

   Por la tarde, Julia va a ver a don Luis. Ante su sorpresa, su tío apenas si le habla de Álvaro, solo le refiere lo que el chico ya le contó. El tema en el que se explaya es sobre el futuro de Pilar.

   -Vuestra hija mayor, ¿qué pensáis que haga?

   -Pues este próximo curso terminará el bachillerato y luego no tiene muy claro lo qué piensa hacer. Desde luego, hará una carrera universitaria. A ella le tentaba hacerse médico pero, tras hablarlo con don Enrique Lavilla, nuestro médico de cabecera, cambió de parecer. Ahora parece inclinarse por hacer farmacia.

   -Farmacia me parece una excelente elección para una mujer. ¿Y a qué universidad pensáis mandarla?

   -De momento no lo tenemos claro.

   -Yo sí, deberías mandarla a la Universidad Central para lo que tendrá que terminar el bachillerato en un centro del distrito universitario de Madrid.

   -Pero ya está matriculada en el instituto de enseñanza media de Cáceres que es donde ha estudiado hasta ahora.

   -Eso tiene fácil arreglo, se pide un cambio de matrícula y solucionado –Y el tío explica a su perpleja sobrina las ventajas que le reportaría estar inscrita en un centro del distrito universitario madrileño-. Podrá matricularse en farmacia sin mayor problema porque los alumnos que provienen de centros madrileños tienen prioridad para inscribirse en la Universidad Central. Pero lo más importante es que aquí puede recibir una formación integral que no le darán en Cáceres. Lo que necesita tu hija es un baño de laicismo. Por eso el mejor centro para que Pilar acabe el bachillerato es el colegio para señoritas que la Institución Libre de Enseñanza tiene en la calle Miguel Ángel.

   -Huy, tío, eso de la Institución Libre me suena a escasamente religioso. Y sabe que tanto Julio como yo somos católicos practicantes y así estamos educando a nuestros hijos.

   -Y debéis seguir siéndolo, así como Pilar, pero ahora no estamos hablando de religiosidad sino de la formación integral de la persona. Y eso no abunda en nuestra patria. Verás… -Y don Luis, ante el desconcierto de su sobrina, se lanza a explicarle los principios educativos de la ILE: la enseñanza es cíclica, la intuición y la acción son principios prioritarios, interesa más la formación del carácter que de la instrucción, se huye del aprendizaje memorístico y se fomenta la capacidad de aprender por cuenta propia, se trabaja en grupos reducidos y se tiende a suprimir los exámenes, los libros de texto y los premios y castigos.

   Julia no es capaz de asimilar la farragosa explicación que le está dando don Luis; es más, algunos de los principios enumerados intuye que no merecerían la aprobación de su confesor, pero tiene una fe ilimitada en la experiencia de su tío y, sobre manera, en el interés que demuestra por sus hijos, como ha demostrado en su gestión para la admisión de Álvaro. Luis, tras su obligada visita al cuarto de baño, prosigue con sus explicaciones.

  -Y otra cuestión al margen de la pura enseñanza, pero que va a ser importante para tus dos hijos mayores. El que ambos estén en la misma ciudad, supondrá que no añorarán tanto a la familia, que se apoyarán mutuamente y, ¿por qué no decirlo?, que al mismo tiempo se vigilarán el uno al otro –Esto último le parece de perlas a Julia, pero no acaba de entenderlo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 155. El piso de la calle don Quijote

viernes, 15 de julio de 2022

Libro III. Episodio 153. La Dictablanda pilla a los Carreño en órsay

    El matrimonio Carreño comenta algo que Álvaro, con la ingenuidad de su juventud, ha desechado pero que ellos están dispuestos a no desaprovechar: lo que pueda hacer el tío Luis para que el primogénito ingrese en la Escuela Naval.

   -Eso de no querer que el tío le eche una mano, ¿cómo lo ves? –pregunta Julio.

   -Opino que debemos aprovechar lo que pueda hacer el tío Luis, que sé que lo hará. Recuerdo que mi madre solía decir que el que no tiene padrinos no lo bautizan. El chico está convencido de aprobar, pero a buen seguro que la mayoría de los que se presentan a esas pruebas irán recomendados. Y si el chico no lo va, podría no ingresar.

   -Creo lo mismo. No hay más que pensar en la cantidad de hijos, sobrinos y nietos de jefazos de la Marina que se presentarán al ingreso, ¿y no van a ir recomendados por sus padres, tíos y abuelos? Anda que si no.

   -Si te parece, habla con el tío, pero pídele que no le diga nada al chico, no vaya a molestarse, ya sabes que es muy mirado para sus cosas –sugiere Julia.

   -No tengo ningún inconveniente en hablar con Luis, pero creo que sería mejor que lo hicieras tú. No es por escurrir el bulto, pero al fin y al cabo la pariente eres tú. Por mi parte, se me acaba de ocurrir una cosa, le pediré al comandante Liaño que me cuente como va eso del ingreso en una escuela militar, también lo de las recomendaciones, y que me aconseje qué podemos hacer por nuestra parte para ayudar al chico.

   -Esta misma noche le escribo al tío para ponerle en antecedentes de lo que piensa hacer Álvaro.

   -Yo creo que no es cuestión de enviarle una carta, es mucho lo que nos jugamos en el envite. Creo que deberías hablarlo cara a cara con tu tío. Ya le conoces y sabes mejor que nadie lo especial que es. Se me ocurre que cuando el chico haya de irse a Madrid, con la excusa de que vas a acompañarle para ayudarle a encontrar un sitio donde alojarse, puede ser el momento de hablar con el tío.

   El matrimonio ha convenido con su primogénito que a mediados de septiembre marchará a Madrid en compañía de su madre. Unos días antes del viaje a la capital del reino, el día trece exactamente, se produce un suceso que trastoca por completo el panorama político español y hasta puede poner en un brete las aspiraciones del chico mayor de los Carreño.

   Los partidos tradicionales de la Restauración han ido debilitándose, mientras ha ido creciendo la implantación de los partidos republicanos como el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), y de las organizaciones obreras como la CNT (Confederación Nacional del Trabajo, anarcosindicalista) o la UGT (Unión General de Trabajadores, socialista). La Gran Guerra trajo un periodo de pujanza económica gracias al auge de exportaciones a los países combatientes, pero también supuso el desabastecimiento interno y la inflación del coste de vida, por lo que buena parte de la población empeoró su situación. Y junto a ello está la guerra de Marruecos que es altamente impopular y que ningún gobierno parece capaz de acabar. Todas esas circunstancias provocan que el general Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, dé un golpe de estado e instaure la primera dictadura en la España del siglo XX.

   Al día siguiente del golpe, el gobierno legítimo pide al Rey la destitución inmediata de los generales sublevados y la convocatoria de las Cortes Generales, pero el monarca no apoya la medida y el gobierno legítimo tiene que dimitir. Poco después, Alfonso XIII nombra a Primo de Rivera presidente del gobierno.  Se crea un directorio militar que asume todas las funciones del poder ejecutivo, se suspende la Constitución, se disuelven los ayuntamientos, se prohíben los partidos políticos y se declara el estado de guerra. A partir de la aceptación del golpe de estado, el Rey ya no actúa como monarca constitucional, sino como jefe de estado de una nueva fórmula política de dictadura con rey.

   Las primeras decisiones del dictador marcan el rumbo de cómo va a gobernar. A la disolución de las Cortes se añade que se restringen las libertades políticas, se anula el sistema de representación y se censura la prensa. Además, el directorio militar destituye a las autoridades provinciales y locales que son sustituidas por militares, cuya primera misión es el restablecimiento del orden público por el expeditivo método de declarar el estado de guerra, lo que supone la suspensión de las garantías constitucionales y la atribución a la jurisdicción militar de los delitos políticos. Algunas de las medidas tomadas resultan positivas, como la declaración del estado de guerra que conduce a que se restablezca la paz social; desaparece prácticamente el pistolerismo y se reduce el número de huelgas, a lo que contribuye también el crecimiento económico. Todo ese batiburrillo de medidas, que son claramente dictatoriales por un lado y  beneficiosas para la paz social por otro, provocan un maremoto en la tertulia del casino de Plasencia. Los contertulios no acaban de tener claro si lo que está haciendo Primo de Rivera va a ser bueno para la nación o el general va a terminar siendo otro implacable dictador como Mussolini y Hitler.

   A los Carreño, el golpe de estado los ha pillado en órsay. Cuando estaban a punto de irse a Madrid a dejar a su primogénito para que comience la preparación de ingreso en la Escuela Naval Militar, es cuando Primo de Rivera se ha sublevado. Tras la asonada, los primeros días son caóticos y los Carreño optan por no viajar a la capital pues no se sabe qué va a pasar. En cuanto la situación parece tranquilizarse, madre e hijo emprenden camino a Madrid. Primero se dirigen a casa de la familia Casillas, oriundos de San Martín de Trevejo pero que viven hace años en la capital. Los Casillas disponen de una habitación en la que Álvaro podrá quedarse el tiempo que resida en Madrid. Al día siguiente, el primogénito se dirige al Colegio Nuestra Señora del Carmen, nombre oficial del centro conocido como el Colegio de Huérfanos de la Armada y denominado coloquialmente CHA, sito en los altos de Ciudad Lineal.

A su vez, la madre aprovecha la ocasión para visitar a su tío y explicarle el motivo por el que está en Madrid.

   -Ya predije que tu chico mayor sería marino de guerra. Y no te preocupes, naturalmente que le echaré una mano para el ingreso, una y todas las que hagan falta. Todavía me quedan amigos que están en activo en la Armada y algunos de ellos buenos favores me deben. Y desde luego, hará mucha más carrera en la Marina que de licenciado en exactas, eso no tiene ningún porvenir. ¿Y por qué no lo has traído?

   -Es que ha ido a matricularse al Colegio de Huérfanos de la Armada porque según le han dicho es donde mejor preparan para el ingreso.

   -¿Y ha ido sin decirme nada?, este hijo tuyo, y perdona que te lo diga, es un zoquete. Ya verás cómo vuelve del CHA, con el rabo entre las piernas porque no lo van a admitir.

   -Entonces, tío Luis, si no lo admiten, ¿qué vamos a hacer? –pregunta, angustiada, Julia.

   -Déjalo de mi cuenta, a no ser que esos colegas de la Dictablanda, con la de gilipolleces que están haciendo, lo echen todo a perder.

   ¿Qué será eso de la Dictablanda que puede perjudicar al chico?, se pregunta Julia mientras vuelve a casa de los Casillas donde encuentra a Álvaro tremendamente disgustado ya que acaba de tener el primer tropiezo en su camino para ser oficial de la Armada. En el colegio le han dicho que solo admiten a los huérfanos y parientes del personal de la Marina.

   -… y por mucho que he insistido no ha habido forma. Me han explicado que el reglamento del colegio así lo establece y que no pueden hacer más. Para quitarme de en medio me han dado un par de direcciones de academias particulares donde también preparan el ingreso en la Escuela Naval. Así que no voy a tener otra que inscribirme en una de esas academias.

   -Igual no es necesario, hijo. He ido a saludar al tío Luis y, como ha preguntado por ti, le he contado lo de que quieres ingresar en la Marina. Tu decisión le ha gustado mucho y ha puesto un gran interés en que hables con él cuanto antes. Por tanto, antes de apuntarte a una de esas academias, lo mejor es que vayas a verle. Esta misma tarde, sobre las siete, te espera en su casa. Vive en la calle Juan Bravo, en pleno barrio de Salamanca. Y no se te ocurra contestarle ni ponerte gallito con él, ya sabes cómo es el tío –de pronto Julia se acuerda de lo que dijo el tío sobre que la dictadura podría echarlo todo a perder-. Hijo, ¿qué es la Dictablanda?

   -No sé…, supongo que será una dictadura poco rigurosa. Creo que así han empezado a llamar a la de Primo de Rivera.

   Por la tarde, Álvaro marcha a la calle Juan Bravo. No las tiene todas consigo porque la última vez que don Luis estuvo en Plasencia le trató con arrogancia y un punto de displicencia. De todos modos, va debidamente aleccionado por su madre y no piensa salirse del guion que le ha marcado: escuchar, mostrarse humilde y no enfadarle. Pese a sus temores, la acogida del jurídico no puede ser más cordial, aunque como siempre solo habla él.

    -Hombre, muchachote, ven a mis brazos. No recordaba que eras tan buen mozo, cuando lleves el uniforme vas a ser o terror dos meninas como dicen los portugueses. Así que al final te has decidido y quieres hacer carrera en la Armada, ya te dije que era lo mejor para ti –y cambiando de tema entra en la cuestión de la preparación-. En el CHA se han deshecho de ti, ¿verdad?, ¿pero, alma de cántaro, a quien se le ocurre ir al colegio sin llevar un padrino a tu lado? Los jóvenes de hoy sois unos cabezas locas que solo pensáis en divertiros y follaros a todas las jovencitas que se pongan a tiro. Desde hoy eso se acabó. Si quieres ser marino a partir de ahora harás únicamente lo que te diga. Tú solamente tendrás que preocuparte de estudiar, que de lo demás ya se encargará tu tío.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 154. El CHA

viernes, 8 de julio de 2022

Libro III. Episodio 152. Seré…

 

   A la pregunta de sus padres de qué piensa hacer tras abandonar los estudios de Exactas, Álvaro tiene la respuesta pronta, como si la tuviese pensada.

   -¿Qué pienso hacer? Lo primero, si no tenéis inconveniente, es no matricularme de segundo de Mates. Después tomarme un tiempo breve, un mes o algo así, para decidir una nueva carrera a elegir. Porque eso sí, no pienso desperdiciar el dinero que habéis invertido en mí, alguna carrera haré y os prometo que la voy a terminar.

   Este año, los Carreño han optado por no salir de casa en el mes de julio, pues el doctor Lavilla le ha aconsejado a Julia no hacer viajes largos por su embarazo. Pese al consejo del médico, y dada la proximidad de la finca, a mediados de agosto los Carreño se van a Pinkety donde piensan pasar lo que resta del verano. Álvaro ha pedido permiso a sus padres para pasar una semana en Los Caños de Meca, población costera del término municipal de Barbate, donde tiene un chalé uno de sus compañeros de facultad que le ha invitado a pasar unos días. Permiso que le conceden gustosos, pues el primogénito no es de muchas amistades. Cuando Álvaro vuelve les cuenta que se lo ha pasado chachi.

   -No os podéis imaginar cómo se ponen Los Caños de veraneantes y turistas, hasta el techo. Por cierto, no sé si sabéis que está situado junto al cabo de Trafalgar, donde tuvo lugar la batalla del mismo nombre entre la Marina española y la francesa contra la Royal Navy. La Armada española peleó bravamente, pero el almirante francés se rajó y los británicos, mandados por el almirante Nelson, nos barrieron.

   -Vaya, que puesto estás en historia naval de España –comenta con sorna Pilar.

   -Y más que lo voy a estar –es la críptica respuesta de su hermano.

   En cuanto Álvaro se queda a solas con sus padres, les da la gran noticia: tras mucho pensarlo ya sabe la carrera que va a estudiar.  

   -Nos alegra mucho, hijo, que lo hayas pensado y que al fin te hayas decidido. ¿Y qué quieres hacer?

   -Seré… marino de guerra, por lo que voy a preparar el ingreso en la Escuela Naval Militar -El pasmo de los padres es indescriptible pues recuerdan al tío-abuelo Luis y sus infumables peroratas sobre esa cuestión, y lo poco que le gustaban al primogénito. Julio es el primero que interroga a su hijo sobre las causas para elegir una opción de futuro tan inesperada.

   -Mamá y yo –y Julio mira de reojo a su esposa- vamos a estar de acuerdo con lo que decidas, sea lo que fuere, pero no puedo por menos que expresarte lo mucho que nos sorprende tu elección.

   -¿Acaso os parece mal? –pregunta, incomodado, Álvaro.

   -En absoluto, hijo –se apresura a negar el padre -. He comenzado diciendo que estaremos de acuerdo con lo que decidas. Es que lo de ser marino de guerra creíamos que lo habías desechado. ¿O es que has vuelto a hablar con el tío Luis?

   -No, desde que estuvo aquí no he vuelto a verle. Dejadme que os cuente mis razones para esa elección. En ella ha pesado, más que nada, el hecho de que sé lo mucho que tenéis que trabajar para sacar adelante una familia tan numerosa como la nuestra y quiero dejar de ser una carga cuanto antes.

   -Pero, hijo, tú no eres ninguna carga y has de saber que estamos sumamente orgullosos de ti –se adelanta la madre para borrar cualquier duda que al respecto pueda tener Álvaro.

   -Ya lo sé, mamá, pero eso no quita lo que acabo de afirmar: el enorme esfuerzo que hacéis, tú y papá, para darnos estudios a todos los hermanos. Otra razón que ha pesado en mi decisión es que, puesto que soy el mayor, creo que tengo la obligación de dar ejemplo a los demás y ayudaros cuanto antes. Os lo voy a explicar con más detalle…-Y Álvaro justifica su elección explicando que, cualquier carrera universitaria que estudie supondrá cinco años fuera de casa, con los consabidos y onerosos gastos. En cambio, puesto que sus conocimientos matemáticos supone que deben de ser superiores a la mayoría de los aspirantes, se ve preparado para ingresar a la primera en la Escuela Naval Militar. Y si eso ocurre, desde el momento en que ingrese, toda su formación correrá a cargo de la Armada. Por lo que la familia, salvo algún dinerillo para gastos personales, no tendrá que preocuparse de él. Lo que tendrían que invertir en él lo pueden dedicar a los demás hermanos.

   A Julia un lagrimón gordo como un cañamón le resbala por la mejilla. Le dan ganas de abrazar a su chico y proclamar, a voz en grito, que tiene el mejor hijo del mundo y que es, y será, un ejemplo en el que podrán mirarse el resto de los hermanos. La madre se contiene pues es su marido quien se adelanta y estrecha entre sus brazos al primogénito.

   -Hijo, no tengo palabras para expresar lo orgullosos que estamos de ti. Pero déjame puntualizarte algo, que quieras ser marino para no ser una carga para la familia te honra y nos emociona, pero no tienes porqué hacerlo simplemente por eso.

   -Lo sé, papá, pero es que además he descubierto que lo de la Armada me va a gustar. Mi amigo Carlos, el de Los Caños, me llevó un día a la Escuela Naval de San Fernando donde está de alumno un primo suyo, y que es donde estudian los aspirantes a oficiales de la Armada española. El chico nos enseñó el edificio, y también nos llevó al Arsenal de La Carraca y lo que vi, tanto en un sitio como en otro me gustó.

   Y ya lanzado, el primogénito les cuenta que los estudios en San Fernando duran cinco cursos académicos, como las carreras universitarias. Una vez aprobados los cursos de aspirante, embarcan como guardiamarinas de segunda en un buque-escuela. Por cierto, el que se va a poner ahora en funcionamiento es una corbeta de tres palos llamada Galatea. Los alumnos de los Cuerpos General de la Armada y de Infantería de Marina, que son a los que aspira, tienen la denominación de aspirantes durante los dos primeros años, de guardiamarinas durante los cursos tercero y cuarto, y de alféreces de fragata-alumnos durante el quinto, o alféreces-alumnos si pertenecen a la Infantería de Marina.

   Tal es la cantidad de información que está dando Álvaro que sus padres no son capaces de procesarla debidamente, situación que cambia Julio preguntando algo muy concreto.

   -¿Y cómo se entra en la Escuela Naval?

   -Antes de ingresar hay que demostrar que el aspirante tiene todos los requisitos básicos para pertenecer a la Armada, que son: tener la nacionalidad española, estar sano, haber cumplido 18 años, carecer de antecedentes penales y acreditar buena conducta ciudadana. Cada año la Armada anuncia la convocatoria pública de una oposición o concurso-oposición libre, en la que hay que superar una serie de pruebas teórico-prácticas y pruebas de aptitud psicofísica. Si las apruebas ingresas en la Escuela.

   -¿Y qué pasa si no las apruebas? –pregunta Julio.

   -Pues que has de presentarte a la convocatoria del siguiente año, pero estoy convencido de que puedo aprobar a la primera. Los exámenes de ciencias, que son los más exigentes, los puedo aprobar fácilmente. Y en las demás pruebas me puedo bandear. En la que voy a tener más dificultades es en la prueba de inglés pues no lo he estudiado, pero tengo por delante todo un curso para trabajarlo.

   -El tío Luis podría recomendarte –se le ocurre a Julia.

   -No pienso decirle nada al tío, quiero ingresar por mi propio esfuerzo. Otra cosa, me dijo el primo de Carlos que donde mejor preparan para el ingreso es en el Colegio de Huérfanos de la Armada que está en Madrid, por lo que en septiembre sería aconsejable matricularme en él para prepararme lo mejor posible.

   -Y una vez que acabes la carrera, ¿qué harás, dónde te mandarán?

   -En el quinto año de la Escuela, asciendes a alférez de fragata y te embarcas en un viaje de prácticas, y a la finalización del embarque vuelves a la Escuela para el examen final que es previo al ascenso de alférez de navío, que es el mismo rango que teniente en las demás armas. Y luego te destinan donde el mando estime oportuno, generalmente en uno de los buques de la Armada.

   -¿Y qué clase de barcos son?

   -La Armada cuenta con muchos tipos de buques: acorazados, cruceros, destructores, fragatas, corbetas, cañoneras, torpederos, dragaminas, submarinos, guardacostas, remolcadores…; en fin, tiene muchos tipos de buques y muy distintos. 

   -¿Y te ponen a mandar un barco de esos?

   -No, que va. Al principio, eres el último mono de la oficialidad del buque en el que vas enrolado. No llegas a comandante hasta que llevas bastantes años de servicio.

   -¿Y tú sabrás mandar bien?

   -Uno no sabe lo que puede hacer bien hasta que se prueba. De todos modos, voy a contar con la ventaja de tener la experiencia de ser el mayor de nueve hermanos.

   -Eso es cierto, hijo, y bien que te obedecen –asevera Julia.

   A todo eso, ha llegado el momento del parto del noveno hijo de los Carreño. El alumbramiento es rápido y sin problemas, de hecho el recién nacido sale tan limpio como si a la madre le hubiesen practicado la cesárea. El neonato es varón, con lo cual se deshace el empate de sexos en la familia. Llegado el momento de ponerle nombre al benjamín, Julio tira de su rama paterna y elige que su último hijo se llame Froilán, como uno de sus casi desconocidos primos de León en cuya catedral está enterrado el santo del mismo nombre.

   -¿Qué le esperará a este crío? –se pregunta Julio cuando tiene en brazos al neonato. 

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 153. La Dictablanda pilla a los Carreño en órsay.