viernes, 8 de julio de 2022

Libro III. Episodio 152. Seré…

 

   A la pregunta de sus padres de qué piensa hacer tras abandonar los estudios de Exactas, Álvaro tiene la respuesta pronta, como si la tuviese pensada.

   -¿Qué pienso hacer? Lo primero, si no tenéis inconveniente, es no matricularme de segundo de Mates. Después tomarme un tiempo breve, un mes o algo así, para decidir una nueva carrera a elegir. Porque eso sí, no pienso desperdiciar el dinero que habéis invertido en mí, alguna carrera haré y os prometo que la voy a terminar.

   Este año, los Carreño han optado por no salir de casa en el mes de julio, pues el doctor Lavilla le ha aconsejado a Julia no hacer viajes largos por su embarazo. Pese al consejo del médico, y dada la proximidad de la finca, a mediados de agosto los Carreño se van a Pinkety donde piensan pasar lo que resta del verano. Álvaro ha pedido permiso a sus padres para pasar una semana en Los Caños de Meca, población costera del término municipal de Barbate, donde tiene un chalé uno de sus compañeros de facultad que le ha invitado a pasar unos días. Permiso que le conceden gustosos, pues el primogénito no es de muchas amistades. Cuando Álvaro vuelve les cuenta que se lo ha pasado chachi.

   -No os podéis imaginar cómo se ponen Los Caños de veraneantes y turistas, hasta el techo. Por cierto, no sé si sabéis que está situado junto al cabo de Trafalgar, donde tuvo lugar la batalla del mismo nombre entre la Marina española y la francesa contra la Royal Navy. La Armada española peleó bravamente, pero el almirante francés se rajó y los británicos, mandados por el almirante Nelson, nos barrieron.

   -Vaya, que puesto estás en historia naval de España –comenta con sorna Pilar.

   -Y más que lo voy a estar –es la críptica respuesta de su hermano.

   En cuanto Álvaro se queda a solas con sus padres, les da la gran noticia: tras mucho pensarlo ya sabe la carrera que va a estudiar.  

   -Nos alegra mucho, hijo, que lo hayas pensado y que al fin te hayas decidido. ¿Y qué quieres hacer?

   -Seré… marino de guerra, por lo que voy a preparar el ingreso en la Escuela Naval Militar -El pasmo de los padres es indescriptible pues recuerdan al tío-abuelo Luis y sus infumables peroratas sobre esa cuestión, y lo poco que le gustaban al primogénito. Julio es el primero que interroga a su hijo sobre las causas para elegir una opción de futuro tan inesperada.

   -Mamá y yo –y Julio mira de reojo a su esposa- vamos a estar de acuerdo con lo que decidas, sea lo que fuere, pero no puedo por menos que expresarte lo mucho que nos sorprende tu elección.

   -¿Acaso os parece mal? –pregunta, incomodado, Álvaro.

   -En absoluto, hijo –se apresura a negar el padre -. He comenzado diciendo que estaremos de acuerdo con lo que decidas. Es que lo de ser marino de guerra creíamos que lo habías desechado. ¿O es que has vuelto a hablar con el tío Luis?

   -No, desde que estuvo aquí no he vuelto a verle. Dejadme que os cuente mis razones para esa elección. En ella ha pesado, más que nada, el hecho de que sé lo mucho que tenéis que trabajar para sacar adelante una familia tan numerosa como la nuestra y quiero dejar de ser una carga cuanto antes.

   -Pero, hijo, tú no eres ninguna carga y has de saber que estamos sumamente orgullosos de ti –se adelanta la madre para borrar cualquier duda que al respecto pueda tener Álvaro.

   -Ya lo sé, mamá, pero eso no quita lo que acabo de afirmar: el enorme esfuerzo que hacéis, tú y papá, para darnos estudios a todos los hermanos. Otra razón que ha pesado en mi decisión es que, puesto que soy el mayor, creo que tengo la obligación de dar ejemplo a los demás y ayudaros cuanto antes. Os lo voy a explicar con más detalle…-Y Álvaro justifica su elección explicando que, cualquier carrera universitaria que estudie supondrá cinco años fuera de casa, con los consabidos y onerosos gastos. En cambio, puesto que sus conocimientos matemáticos supone que deben de ser superiores a la mayoría de los aspirantes, se ve preparado para ingresar a la primera en la Escuela Naval Militar. Y si eso ocurre, desde el momento en que ingrese, toda su formación correrá a cargo de la Armada. Por lo que la familia, salvo algún dinerillo para gastos personales, no tendrá que preocuparse de él. Lo que tendrían que invertir en él lo pueden dedicar a los demás hermanos.

   A Julia un lagrimón gordo como un cañamón le resbala por la mejilla. Le dan ganas de abrazar a su chico y proclamar, a voz en grito, que tiene el mejor hijo del mundo y que es, y será, un ejemplo en el que podrán mirarse el resto de los hermanos. La madre se contiene pues es su marido quien se adelanta y estrecha entre sus brazos al primogénito.

   -Hijo, no tengo palabras para expresar lo orgullosos que estamos de ti. Pero déjame puntualizarte algo, que quieras ser marino para no ser una carga para la familia te honra y nos emociona, pero no tienes porqué hacerlo simplemente por eso.

   -Lo sé, papá, pero es que además he descubierto que lo de la Armada me va a gustar. Mi amigo Carlos, el de Los Caños, me llevó un día a la Escuela Naval de San Fernando donde está de alumno un primo suyo, y que es donde estudian los aspirantes a oficiales de la Armada española. El chico nos enseñó el edificio, y también nos llevó al Arsenal de La Carraca y lo que vi, tanto en un sitio como en otro me gustó.

   Y ya lanzado, el primogénito les cuenta que los estudios en San Fernando duran cinco cursos académicos, como las carreras universitarias. Una vez aprobados los cursos de aspirante, embarcan como guardiamarinas de segunda en un buque-escuela. Por cierto, el que se va a poner ahora en funcionamiento es una corbeta de tres palos llamada Galatea. Los alumnos de los Cuerpos General de la Armada y de Infantería de Marina, que son a los que aspira, tienen la denominación de aspirantes durante los dos primeros años, de guardiamarinas durante los cursos tercero y cuarto, y de alféreces de fragata-alumnos durante el quinto, o alféreces-alumnos si pertenecen a la Infantería de Marina.

   Tal es la cantidad de información que está dando Álvaro que sus padres no son capaces de procesarla debidamente, situación que cambia Julio preguntando algo muy concreto.

   -¿Y cómo se entra en la Escuela Naval?

   -Antes de ingresar hay que demostrar que el aspirante tiene todos los requisitos básicos para pertenecer a la Armada, que son: tener la nacionalidad española, estar sano, haber cumplido 18 años, carecer de antecedentes penales y acreditar buena conducta ciudadana. Cada año la Armada anuncia la convocatoria pública de una oposición o concurso-oposición libre, en la que hay que superar una serie de pruebas teórico-prácticas y pruebas de aptitud psicofísica. Si las apruebas ingresas en la Escuela.

   -¿Y qué pasa si no las apruebas? –pregunta Julio.

   -Pues que has de presentarte a la convocatoria del siguiente año, pero estoy convencido de que puedo aprobar a la primera. Los exámenes de ciencias, que son los más exigentes, los puedo aprobar fácilmente. Y en las demás pruebas me puedo bandear. En la que voy a tener más dificultades es en la prueba de inglés pues no lo he estudiado, pero tengo por delante todo un curso para trabajarlo.

   -El tío Luis podría recomendarte –se le ocurre a Julia.

   -No pienso decirle nada al tío, quiero ingresar por mi propio esfuerzo. Otra cosa, me dijo el primo de Carlos que donde mejor preparan para el ingreso es en el Colegio de Huérfanos de la Armada que está en Madrid, por lo que en septiembre sería aconsejable matricularme en él para prepararme lo mejor posible.

   -Y una vez que acabes la carrera, ¿qué harás, dónde te mandarán?

   -En el quinto año de la Escuela, asciendes a alférez de fragata y te embarcas en un viaje de prácticas, y a la finalización del embarque vuelves a la Escuela para el examen final que es previo al ascenso de alférez de navío, que es el mismo rango que teniente en las demás armas. Y luego te destinan donde el mando estime oportuno, generalmente en uno de los buques de la Armada.

   -¿Y qué clase de barcos son?

   -La Armada cuenta con muchos tipos de buques: acorazados, cruceros, destructores, fragatas, corbetas, cañoneras, torpederos, dragaminas, submarinos, guardacostas, remolcadores…; en fin, tiene muchos tipos de buques y muy distintos. 

   -¿Y te ponen a mandar un barco de esos?

   -No, que va. Al principio, eres el último mono de la oficialidad del buque en el que vas enrolado. No llegas a comandante hasta que llevas bastantes años de servicio.

   -¿Y tú sabrás mandar bien?

   -Uno no sabe lo que puede hacer bien hasta que se prueba. De todos modos, voy a contar con la ventaja de tener la experiencia de ser el mayor de nueve hermanos.

   -Eso es cierto, hijo, y bien que te obedecen –asevera Julia.

   A todo eso, ha llegado el momento del parto del noveno hijo de los Carreño. El alumbramiento es rápido y sin problemas, de hecho el recién nacido sale tan limpio como si a la madre le hubiesen practicado la cesárea. El neonato es varón, con lo cual se deshace el empate de sexos en la familia. Llegado el momento de ponerle nombre al benjamín, Julio tira de su rama paterna y elige que su último hijo se llame Froilán, como uno de sus casi desconocidos primos de León en cuya catedral está enterrado el santo del mismo nombre.

   -¿Qué le esperará a este crío? –se pregunta Julio cuando tiene en brazos al neonato. 

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 153. La Dictablanda pilla a los Carreño en órsay.

 

jueves, 30 de junio de 2022

Libro III. Episodio 151. ¿Quieres ser médico?


   Como ocurre siempre que en el país hay una fuerte marejada sociopolítica, automáticamente las familias tienden a ahorrar pues temen lo que pueda pasar y, por consiguiente, las ventas se resienten.

   -Ya estamos en lo de siempre –se lamenta Julia-, en cuanto han empezado las huelgas y los atentados las ventas se han ido a pique. Asesinar a un hombre de Dios –en alusión al cardenal Soldevila de Zaragoza-, que ha promovido los regadíos, ha creado cajas de ahorro y apoyado la construcción de viviendas sociales no puede traer más que el retraimiento de la gente y eso acaba repercutiendo en los negocios.

   -No sabía que el cardenal fuese un hombre tan proclive a mejorar las condiciones de vida de las clases trabajadoras –se sorprende Julio.

   -Yo tampoco lo sabía, pero ayer nos lo contó el padre Galarza. Y también nos contó que su eminencia apoyaba entusiásticamente al sindicalismo católico. Por eso se convirtió, sin pretenderlo, en un objetivo del sindicalismo revolucionario –explica Julia.

   A todo esto, el curso 22-23 acaba y los estudiantes de la familia Carreño regresan al hogar. Todos han aprobado sus correspondientes estudios. Pilar, que el próximo curso 23-24 se graduará como bachiller, comienza a plantearse que estudios seguirá. La joven parece tenerlo claro, quiere hacer una carrera universitaria. Le tienta estudiar medicina y lo que comenta en casa.

   -¿Quieres ser médico?, ¿y tendrás trabajo?, hay muy pocas mujeres médicos.

   -Porque este es un país de mierda…

   -¡Niña, esa boquita! –le regaña su madre.

   -Perdón, mamá, pero es que esas diferencias de sexo me sacan de quicio.

   -A mí no me parece mal –opina Julio-. Se me ocurre una cosa, ¿por qué no lo hablas con el doctor Lavilla?, es la persona más indicada que conozco para aconsejarte sobre los estudios de medicina.

   -Me parece una buena idea, papá. ¿Cuándo crees que podría ir a verle?

   -Esta tarde seguramente le veré en el casino. Le preguntaré.

   Cuando el matrimonio Carreño queda solo no puede por menos que comentar la diferencia entre el remango de Pilar y la duda personificada que es Álvaro.

   -Una, tanto, y otro tan poco –se lamenta Julio.

   -Bueno, cada uno es como es –defiende Julia a su primogénito-. Y de todos modos, está estudiando matemáticas, por tanto ha dejado de dudar.

   Don Enrique Lavilla recibe encantado la petición de Carreño y responde que al día siguiente hará un hueco en su agenda para departir con Pilar sobre su intención de cursar medicina.

   -¿Así qué quieres estudiar medicina? –pregunta Lavilla a la chica en cuanto se reúnen.

   -Tengo que serle sincera, don Enrique, no es que tenga una vocación rotunda, pero de las profesiones científicas que conozco es la que más me atrae. Y por decirlo todo, usted tiene buena culpa de ello. Desde niña he podido ver que cuando usted entraba en casa parecía que, sin haber hecho nada, ya nos había curado. No se me olvida lo que siempre nos decía Paca: tranquilos que ya ha llegado don Enrique, como si su sola presencia fuera suficiente para que el mal desapareciese –El médico ríe abiertamente al oír la explicación de la jovencita. No puede evitarlo, la chica mayor de los Carreño le cae decididamente bien, por eso está dispuesto a contarle la verdad de los pros y contras que supone ser mujer y médico en la atrasada y machista sociedad española de 1922. Lavilla comienza haciendo algo de historia.

   -En España la incorporación de la mujer a la profesión de médico se produjo en las dos últimas décadas del siglo pasado. En los primeros momentos, las médicas desempeñaban en España un puesto numéricamente insignificante, aunque socialmente destacado. Y actualmente, nuestro país sigue teniendo menos mujeres médicos que los países avanzados. Esto se debe a la consideración social de la mujer vigente en nuestro país, reflejada en la pulsión sexista de la sociedad, el sistema educativo y la Iglesia Católica, tres de los grandes pilares sobre los que se asienta nuestra sociedad.

   -No me extraña lo que me cuenta, don Enrique, yo pienso que el nuestro es un país de mierda.

   -No sé si de mierda, pero muy atrasado sin duda. Prosigo. Desde 1898 hasta la fecha no se ha inscrito ninguna mujer en los Colegios de Médicos de Extremadura. Dato que me hace suponer que no deben existir mujeres ejerciendo la profesión en nuestra región. Y para ir terminando este repaso histórico, solo apuntar que hasta 1910, ayer como quien dice, las mujeres que deseaban matricularse en una Facultad de Medicina precisaban un permiso académico especial, requisito que no afectaba a sus compañeros varones.

   -Que esta es una sociedad puramente machista no me lo tiene que explicar, don Enrique, lo sufro desde pequeñina –afirma, rotundamente, Pilar.

   -Pero es que los propios profesionales de la medicina tienen una opinión desfavorable sobre las mujeres médicos, incluso libros de texto de Ginecología y Psiquiatría tienen un fuerte contenido sexista. Mis colegas aceptan que podéis ser enfermeras o auxiliares, pero solo a regañadientes admiten que podéis ejercer la medicina. Pero concretemos, dentro de las especialidades médicas, ¿cuál te gustaría ejercer?

   -Más que ninguna, la cirugía. Eso de tener el bisturí en la mano y decidir por donde cortas tiene que ser la repera.

   -Me lo temía. Es posible que haya alguna mujer cirujana, pero yo no conozco a ninguna. Si estudias medicina tendrás muchos problemas y, si encima, quieres especializarte en cirugía los obstáculos se te acumularán. Yo tengo, como sabes, cuatro hijas de las que dos se licenciaron, pero ninguna hizo medicina. Y no lo hicieron porque se lo desaconsejé. Te hablo como si fueses hija mía, olvídate de la medicina en general y de la cirugía en particular. Si tu vocación no es rotunda, como has dicho, elige otra profesión, pero no la medicina.

   -¿Y qué carrera podría hacer que estuviera en el campo de las ciencias?

   -Te sugiero dos opciones. Una es estudiar biología, pero por ahora la mayor parte de las salidas de esa especialidad conducen a la docencia. La otra es farmacia, que es la que tiene más contacto con la medicina, y si montas una oficina de farmacia, que es el nombre oficial de las boticas, puedes tener una vida muy independiente –Lo de la independencia le hace tilín a Pilar, ya que para la joven ser independiente es un sueño, aunque no oculta su opinión sobre los farmacéuticos.

   -A mí los boticarios siempre me han parecido unos tenderos distinguidos que, en vez de vender disolventes como papá, despachan pastillas.

   -No es lo mismo. Para regentar una botica has de tener un título universitario, y lo que vendes son productos farmacéuticos, dispositivos médicos y artículos sanitarios, y tienes que realizar los preparados que recetamos los médicos, pero que son los boticarios los que los elaboran. Y algo muy importante en el contexto de lo que estamos hablando, así como en la carrera de medicina todo son problemas para vosotras, en la de farmacia es todo lo contrario.

   -Y si me hiciera farmacéutica, ¿dónde podría ejercer?

   -Donde quieras. Mejor dicho, donde montes una botica –Es oírlo y los ojos de Pilar brillan como luceros.

    Al tiempo que Pilar está conversando con don Enrique, Álvaro llega desde Sevilla. El primogénito, pese a haber aprobado todas las asignaturas de primero de Ciencias Exactas, incluso varias con nota, sigue mostrando un semblante serio y preocupado. En esta ocasión es él quien confiesa a los padres su problema.

   -Papás, siento en el alma lo que voy a contaros pero, sabiendo el sacrificio que estáis haciendo para que pueda estudiar, tengo el deber y la obligación de sincerarme con vosotros. Lo diré sin rodeos: no pienso cursar el segundo de exactas. Ya en el primer trimestre me di cuenta de que las matemáticas que explicaban los profesores no me decían nada. Eran unas mates que no tenían nada que ver con las que se enseñan en los países más adelantados de Europa y América. En Navidad no os quise decir nada, tiré de prudencia y esperé a ver si en los trimestres posteriores se modificaba la enseñanza, pero no ha habido cambio alguno. Y no voy a aguantar cuatro años más a unos señores que parece que no han oído hablar de por dónde van las mates en nuestros días.

   Cuando Álvaro se calla, tras un párrafo tan largo en un joven más bien poco hablador, el matrimonio  Carreño no sabe qué responder. Visto el silencio de sus padres, el chico opta por explayarse, añadiendo más razones a su negativa de proseguir los estudios de matemáticas.

   -Veréis, en cualquier revista científica se puede leer cuales son los nuevos enfoques de la matemática moderna. Hay nuevas áreas como la lógica matemática, la topología, la teoría de la complejidad o la teoría de juegos que están cambiando el tipo de preguntas que podrían ser respondidas por métodos matemáticos. Pues bien, los carcamales de la facultad parecen no haberse enterado. Para ellos Pitágoras, Euclides y Tales de Mileto siguen vigentes. Y los matemáticos más recientes que citan son Newton o Gauss. Y eso no estoy dispuesto a soportarlo. Sé que os doy un disgusto tremendo, pero espero que me comprendáis y me deis la oportunidad de rehacer mi metedura de pata.

  Aunque por lo que les contó Pilar en la pasada Navidad, los padres ya están al tanto de que los estudios de su primogénito no van bien, la declaración de Álvaro no deja de preocuparles, el futuro del chico sigue estando en el alero. Por tanto, la pregunta es obligada.

   -¿Y qué piensas hacer?

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 152. Seré marino de guerra