viernes, 15 de abril de 2022

Libro III. Episodio 140. ¡¿Qué tu marido te pega?!

  A principios de abril, una especie de gripe tardía ha comenzado a hacer estragos entre la población. A diferencia de otras epidemias gripales, que afectan principalmente a ancianos, sus víctimas también son jóvenes y adultos con buena salud. El virus ya ha causado innumerables bajas en los campamentos militares de la Europa en guerra y, según se supo posteriormente, la transmisora inicial fue la tropa expedicionaria norteamericana, pero a causa de la censura militar el hecho no se hizo público, pese que a principios de agosto ya se contabilizaron miles de soldados estadounidenses enfermos entre los desplazados a Europa.

   Como España ha seguido siendo neutral y, por tanto, no hay censura militar, las autoridades sanitarias españolas son las primeras que dan la voz de alarma sobre la altísima tasa de mortalidad del virus –motivo por el que luego se le conocerá, erróneamente, como la gripe española-. En el país llega a haber cerca de ocho millones de personas infectadas y alrededor de 300000 fallecimientos -aunque las autoridades reducen la cifra de víctimas-. Extremadura, como el resto de regiones, no se libra de la pandemia y los Carreño tienen dos afectados: las dos Pilares, abuela y nieta. A la familia le preocupa, sobre todo, la abuela puesto que es persona de riesgo ya que tuvo una angina de pecho. Están menos preocupados por Pili pues la niña es dura como el granito de Gata.

   -Estoy preocupada por tu madre, cariño. Creo que no debería permanecer ni un día más sola en su casa. Le he dicho por activa y por pasiva que se venga con nosotros, que le arreglamos una habitación para ella, pero ya sabes lo tozuda que puede llegar a ser, se ha negado en redondo; dice que les puede contagiar la influenza a los niños. Le he replicado que ya tenemos una contagiada en casa, sin embargo no ha habido forma de convencerla.

   -Madre siempre ha sido así. De todas formas si empeora, aunque sea a las bravas, la traeré aquí.

   Como parece que tanto la abuela como la niña han mejorado, los Carreño se aprestan a preparar el veraneo de la familia que, como en el año anterior, lo harán en Punta Umbría, primero, y en Pinkety, después. En la localidad onubense han podido alquilar el mismo chalé que tuvieron el año anterior. Los placentinos vuelven a encontrarse con los González, la familia sevillana con la que trabaron amistad el pasado verano. Además de los sevillanos, los niños hacen otros amigos y Álvaro, que crece espigado y parece mayor de lo que es, comienza a concitar la atención de las adolescentes, aunque con quien más charla es con la sevillana Rocío. Las dos madres, mientras vigilan a los niños, charlan de lo divino y de lo humano, más de esto que de lo otro.

   -Quilla, y la calentorra aquella que caracoleaba con tu marío, ¿qué se hiso de ella? –pregunta la sevillana.

   -Sigue en la tienda, más humilde y recatada que una novicia.

   -Ya me gustaría tener el cuajo que tienes, así no tendría que tragarme las ruedas de molino que me he de tragar.

   -¿Qué ruedas? –pregunta, curiosona, Julia.

   La sevillana le confiesa que su marido tiene un lío con una de las dependientas de su tienda, una mozuela descarada que apenas tiene veinte años y que presume de palmito.

   -… y no he tenío el valor de echárselo en cara a ninguno de los dos.

   -¿Y por qué no se lo dices? Mi suegra me aconsejó que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo.

   -Lo he pensao, no creas, ¿pero y si Roque se enfada y me da un guantaso?

   -¡¿Qué tu marido te pega?! –pregunta, escandalizada, Julia.

   -Solo cuando se cabrea. ¿A ti no?

   -Como lo haga una sola vez será el último día que me vea.

   -¡Que cuajo tienes, quilla, y qué envidia me das! 

  Transcurrido julio, los Carreño vuelven a Plasencia e inmediatamente se preparan para marcharse a Pinkety. En la finca se observan las mejoras que paulatinamente el mediero ha ido introduciendo con el apoyo económico de los nuevos dueños. En el cortijo, las paredes exteriores las han blanqueado, las fallebas que faltaban así como los cristales han sido repuestos, las habitaciones se han adecentado y se ha retejado la cubierta. En los campos, las ribas han sido reparadas, los árboles convenientemente podados y el heno lo han segado; incluso hay un conato de ganadería, pues una veintena de ovejas forman lo que puede llegar a ser un buen rebaño. Para los niños la finca es como su paraíso particular.

   -Cuando sea mayor, voy a vivir aquí –afirma Pili.

   -Eso será si los papás te dejan –replica Julián, que dirigiéndose al tato le pregunta-. ¿Y a ti dónde te gustaría vivir?

   -No lo sé, pero me gustaría ver mundo –responde Álvaro-. ¿Y a ti?

   -A mí me gustaría acompañar a papá en sus viajes por los pueblos.

  En el verano del 18 la Gran Guerra parece acelerar su pulso y el curso de los acontecimientos va en contra de las potencias centroeuropeas, aunque la noticia más impactante es el asesinato del último zar, Nicolás II, y de toda su familia. La derrota alemana en la batalla del Marne marca el comienzo del predominio de la Entente. Julio, siempre pendiente de su negocio, pregunta a Liaño:

   -Entonces, comandante, ¿cree usted que el fin de la guerra está próximo?

   -Mi estimado Carreño, siempre digo que las guerras se sabe cuándo comienzan, pero no cuando terminan. Y me mantengo en ello, pero me da en la nariz que el conflicto no puede durar mucho porque hay un factor que está decantando la balanza a favor de la Entente y es el alto grado de mecanización que han aportado los norteamericanos. No hay más que ver la cantidad de carros de combate que participaron en la batalla de Reims.

   A finales de agosto, Julio se traslada a Pinkety a pasar los últimos días con su familia y luego traerlos a casa. En cuanto ve a su marido, Julia lo nota pensativo, algo le ocurre a este hombre, se dice.

   -A ver, corazón, cuéntale a tu mujercita qué te pasa. Porque algo ronda por esa cabeza, si lo sabré yo.

   A Julio ni se le ocurre ocultar su preocupación, sabe que su esposa es capaz de leer su mente como si fuese un libro abierto.

   -Pues que, según Liaño, la guerra puede estar dando las últimas boqueadas y si acaba ya puedo ir diciendo adiós al negocio de los animales que tan buenos dividendos nos está dando.

   -¿Eso es lo qué te preocupa? Remonta ese ánimo, cariño, que no es para tanto. Al fin y al cabo solo se trata de dinero, y los cuartos tan pronto vienen como se van. Si se acaba lo del ganado nos quedan las tiendas e Interplás, no vamos a quedarnos desnudos.

   -Ya lo sé, Julia, pero era un dinero con el que pensaba emprender otros negocios, y si se seca ese pozo…

   -Otro habrá de donde sacar agua. Yo doy gracias a Dios todos los días por tener un marido como el que tengo y una familia como la nuestra. Con eso me doy por satisfecha, y tú debes hacer lo mismo. Y hablando de cosas verdaderamente importantes, ¿ya has pensado en si mandamos a Pili a Cáceres para que comience el bachillerato?

   -No, ¿pero crees que la niña debería estudiar?

   -Por supuesto, ¿sabes uno de los muchos consejos que me dio tu madre antes de casarnos? Lo recuerdo como si fuese ahora, y eso que han pasado catorce años. Estábamos hablando de que la mayoría de la gente pensaba como mi madre, los hombres a trabajar o a estudiar y las mujeres a cuidar la casa y a tener hijos. Y a raíz de eso me dijo, lo recuerdo casi literalmente, si algún día eres madre te encarezco que procedas con tus hijas de forma opuesta a como lo ha hecho tu madre, si puedes dales estudios, será el mejor regalo que podrás darles. Y no creo que debamos hurtarle ese regalo a nuestra hija mayor. Y otra cosa te digo, es muy traviesa y rebelde, pero tiene una cabeza muy bien ordenada y como le coja gusto a los libros será lo que quiera. Talento no le falta.

   Julio asiente. No tanto por no llevar la contraria a su mujer, sino porque es consciente de que las palabras de su madre eran y siguen siendo certeras, las mujeres también sirven para estudiar. Agosto finiquita y los Carreño recogen los bártulos y vuelven a Plasencia. Hay mucho que hacer, entre otras cosas hay que preparar la ropa que Álvaro y Pili se llevarán a la residencia de Cáceres. Precisamente, en septiembre es cuando alemanes y austro-húngaros solicitan el armisticio.

   La noticia impulsa a Julio a acelerar el negocio de los animales.

   -Julia, ve preparándome la maleta que mañana a primera hora me pongo de viaje. Liaño ha dicho en el casino que está convencido de que antes de Navidad terminará la guerra. Por si tuviera razón, y no suele equivocarse, solo quedan unos meses para seguir comprando ganado.

   -Me parece bien, marido. ¿Vas también a llevar artículos de droguería?

   -Ninguno, este va a ser solo un viaje de compraventa de bestias. Tengo que apurar las pocas opciones que quedan en los pueblos, porque casi todos los animales válidos desaparecieron hace tiempo, pero algo siempre quedará.

   El vaticinio de Liaño se cumple. El 7 de noviembre, una delegación alemana comienza a negociar el armisticio, pero antes de llegar a un acuerdo el Imperio Alemán deja de existir. El káiser Guillermo II es informado de que el ejército no luchará para mantenerle en el trono, motivo por el cual se exilia. Dos días después en Alemania se declara la república, y se forma un gobierno compuesto por socialdemócratas y socialistas. Por fin, el 11 de noviembre se firma el armisticio con la rendición de los imperios centroeuropeos. Para Carreño también se acabó el fructífero negocio de la compraventa de ganado, pero como le dice su esposa para consolarle.

   -La guerra se ha acabado, gracias a Dios, pero tenemos unos hijos que son un tesoro. En eso debemos volcarnos ahora, en formarles para que sean hombres y mujeres de provecho, para sí y para los demás. Y que sean temerosos de Dios, que eso importa más que los bienes terrenales.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 141. Pilar, víctima de la gripe española

 

viernes, 8 de abril de 2022

Libro III. Episodio 139. Mientras los Carreño veranean nace la URSS

 

   El novio, con el que Merche se ha quitado a Julio de encima, no existe, se lo ha inventado la joven como cortafuego contra los avances del jefe, y es que, además del chorreo que le echó Julia en su día, también cuenta el recordatorio que le susurró Lupe en cuanto la familia se marchó a Punta Umbría.

   -Merche, bonita, la jefa se va, pero para ti como si no. Ni se te ocurra hacerle la más mínima carantoña al jefe porque me chivaré, y en cuanto llegue Julia te va a poner de patitas en la calle. ¡Conque ojo al Cristo que es de plata!

   Al estar en plan de soltero de verano, Julio puede permitirse mayores licencias y una de ellas es que sus visitas al casino son más frecuentes. El doctor Lavilla, que se ha convertido en todo un experto en Rusia, tiene a sus contertulios al día de lo que la prensa internacional ha bautizado como la Revolución Rusa. Aunque lo que más interesa a los contertulios es el devenir del conflicto bélico. Así, en la segunda mitad de julio el comandante Liaño cuenta a sus amigos que el Reichstag alemán ha hecho una declaración de paz para detener la guerra.

   -Comandante –pregunta Julio que, por lo que le va en ello, se ha puesto alerta al oírlo-, lo que ha dicho sobre la paz, ¿quiere decir que los alemanes están rindiéndose?

   -Ni mucho menos, pero intuyo que comienzan a sentirse acorralados y la entrada en el conflicto de los Estados Unidos ha hecho que esa sensación se intensifique.

   Ajenos por completo a los vaivenes bélicos y a las disquisiciones sobre los mismos que llevan a cabo los contertulios del pater familia, el resto de los Carreño veranea plácidamente en Punta Umbría disfrutando de los últimos días de playa. Álvaro, bajo la supervisión de su madre, enseña a nadar a Julián y a Jesús y a la pareja de amigos sevillanos que tampoco saben. El hecho de ser el mayor parece que le confiere un especial status de liderazgo que los demás hermanos aceptan sin rechistar.

    Las madres siguen en sus tumbonas charlando y contándose confidencias que quizá no se atreverían a hacerlo en otro entorno.

   -¿Así que tenéis una dependienta que le ponía ojitos a tu marío? ¿Y cómo ha terminao er asunto? –Julia cuenta a la sevillana la charla que tuvo con Merche y como desde entonces se han terminado los coqueteos de la joven.

   -¿Y no te preocupa que ahora que tu mario se ha quedao solo sea él quien la busque?, mira que los hombres solo piensan con la bragueta y en cuanto pueden la meten en caliente.

   -Creo que Julio ya está mayor para andar detrás de las faldas de una veinteañera y, además, la chica está advertida, como tenga el menor desliz la pongo en la calle.

   -Yo no estaría tan tranquila. Los hombres, por mu mayores que sean, lo del triquitriqui lo tienen siempre metio entre seja y seja y a la que te descuidas ya s´an liao.

   La charla se ve alterada porque los chiquillos se han peleado y la niña sevillana busca el apoyo de su madre acusando a Pili de haberle tirado de las trenzas. Las madres ponen paz y dada la hora que es recogen los bártulos y cada familia regresa a casa.

   -Pili, eres imposible, ¿por qué has tenido que pegarle a la pobre Rocío, qué te ha hecho?

   -No le ha hecho na, mamá. Se ha puesto furiosa porque el tato le hace más caso a Rocío que a ella –se chivatea Julián, y luego, en voz baja para que no le oiga su madre, agrega-. Es que el tato y la Rocío son novios.

   El mes de julio ha concluido y los Carreño regresan a Plasencia. La estancia en la ciudad es corta porque en unos días se desplazarán a Pinkety donde pasarán agosto. El padre lleva a la familia con la Fiat y los deja en la finca, donde los reciben los medieros y sus tres niños, que cuando estuvieron la vez anterior no llegaron a conocerlos. Los hijos del tío Venancio tienen entre dos y siete años y al principio tratan con desconfianza a los recién llegados, pero en unos días ya están todos formando una piña bajo el mando de Álvaro. Los chavales creían que no se lo pasarían tan bien como en la playa, pero pronto descubren que los campos, las arboledas, las praderas y los arroyos pueden ofrecerles esparcimientos que acaban gustándoles más que la repetitiva vida del mar y la arena.

   -¿Y por qué dices que habéis estao en el océano?, si dónde habéis estao es en el mar, ¿no? –pregunta el mayor del mediero, al que llaman Chapi sin saber si es su nombre o un apodo familiar.

   -Porque en Punta Umbría, donde hemos veraneado, está el océano Atlántico y no el mar. Te gustaría verlo –le explica Álvaro.

  -Me valdría con un mar aunque fuera pequeñino, nunca he visto ninguno.

   Pese a vivir en una ciudad en la que el campo está a un tiro de piedra del centro urbano, es en Pinkety donde los pequeños Carreño descubren la naturaleza y sus innumerables bellezas y misterios. Los chicos del mediero les enseñan los mejores árboles para trepar, a buscar nidos, a cazar pajarillos y ranas, a distinguir entre un conejo de monte y una liebre, qué comidas son las que más gustan a los cerdos, las gallinas y los conejos. Descubren que los caracoles se comen, lo mismo que las ranas. Aprenden a montar en burro y en la balsa completan el aprendizaje de la natación con un estilo nada ortodoxo pero que les vale. Y Julia encuentra el remanso de paz y sosiego que tanta falta le hacía. Durante cuatro semanas se olvida de las tiendas, de Interplás y de cuantos proyectos bullen en su mente. El verano termina y los Carreño abandonan Pinkety con la firme resolución de volver porque para los niños es un paraíso.

   En tanto la Gran Guerra sigue su trágico curso, pero es en noviembre cuando los acontecimientos se desarrollan por cauces inesperados en la lejana Rusia.

   -Ya sé que siguen poco interesados de lo que ocurre en Rusia, pero aun así no me resisto a contárselo –se excusa Lavilla-. Ha caído el gobierno provisional y los líderes bolcheviques, Lenin y Trotsky, se han hecho con los puestos de mando. Y tras el segundo congreso de los Sóviets, Lenin ha sido nombrado Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Ah, y una curiosidad, el país ha dejado de llamarse Rusia, desde ahora su nombre es la URSS.  

   -La URSS, ¡lo que faltaba!, ¿y eso significa algo o solo es otro capricho de esos comunistas? –La pregunta de don Mauricio no se sabe bien si es en serio o se está chanceando.

   -La URSS es el acrónimo de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, así se llamará Rusia desde ahora.

   -Para mí sigue siendo Rusia, la de toda la vida. Eso de la URSS durará cuatro días –sentencia el letrado.

  Galiana el ferretero susurra a Julio que está a su lado:

   -¿Qué coño es un acrónimo?

   -Luego te lo cuento.

   El último trimestre del año transcurre rápido y, casi sin darse cuenta, la Navidad se echa encima. Los Carreño andan atareados en su preparación, de la del fin de año y de los Reyes Magos, el día mágico de los pequeños. El seis de enero de 1918 será una fecha difícil de olvidar para los cuatro hermanos más pequeños del clan: Julián, Jesús, Eloísa y Concha. Tanto Álvaro como Pili no cuentan porque ellos ya están en el secreto. Un año más, los Reyes Magos han visitado el hogar de los Carreño y han dejado un montón de regalos para la chiquillería, pero lo que más ha impactado a los críos es que esta vez los soberanos han debido hacer una parada en la casa, las huellas dejadas son incuestionables pues se bebieron la sidra que les habían dejado, el balde de agua para los camellos aparece seco y de la alfalfa tan solo quedan unas briznas.

   -Mamá, papá, los Reyes han estado aquí. Se han bebido la sidra y los camellos se han comido la alfalfa –Los pequeños están atónitos, ante la sonrisa cómplice de sus hermanos mayores.

   En cuanto pasan Reyes, la vida familiar de los Carreño retorna a su ritmo habitual. Los niños al colegio, Julia a dirigir las tiendas y Julio reinicia sus correrías por la región y provincias aledañas, hasta que llega la Semana Santa, que este año discurre del 24 al 31 de marzo. El droguero no viaja durante esa semana y puede disfrutar de la familia y de sus amigos tertulianos que se apresuran a ponerle al día. En el pasado diciembre comenzaron a sucederse acciones encaminadas al fin de la sangrienta contienda. Una ha sido la firma de un armisticio en el frente oriental entre Rusia, Alemania y Austria-Hungría. Otras noticias destacadas han sido que la URSS se ha convertido en una república democrática federal, que Turquía ha solicitado el armisticio a la Entente y, que tras el armisticio, se ha firmado un tratado de paz entre el Imperio Alemán, el Austrohúngaro, el Imperio Turco y la URSS. Con dicho tratado, Alemania refuerza su frente occidental con los efectivos del  oriental que ya no necesita.

   -Entonces, si Alemania sale reforzada en su frente occidental, ¿eso quiere decir que los alemanes están ganando la guerra? –pregunta Julio.

   -Más bien quiere decir que al desaparecer en la práctica el frente oriental, todo el esfuerzo bélico se trasladará al frente occidental –resume Lavilla.

   -¿Y eso que supone, don Enrique? –quiere saber Galiana.

   -Pues que franceses, británicos, y ahora también los yanquis, necesitarán más que nunca de animales de tiro y carne como los que les vende Carreño –Los contertulios, incluido el buenazo de Lavilla, no desperdician la ocasión de soltarle alguna pulla al droguero sobre sus nuevas actividades mercantiles. En el fondo muestran un poco de envidia pues saben que su compañero de tertulia se está haciendo rico con dicha actividad.

   La mayor parte de la primavera, Julio ha estado sin aparecer por la tertulia porque, como anticipó el doctor Lavilla, los contendientes necesitan más que nunca de víveres y animales de tiro y carga, ya que las batallas, que se llevan a cabo en territorio francés y belga, son interminables. Cuando a fines de mayo Julio vuelve al casino, sus amigos solo pueden contarle que la Entente y los Aliados se han enfrentado, y va por cuarta vez, en Ypres con resultado de momento incierto.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 140. ¡¿Qué tu marido te pega?!