viernes, 21 de enero de 2022

Libro III. Episodio 128. Os vais a pillar los dedos


   Los socios de Interplás salen de la casa solariega de los del Pino entusiasmados, al fin parece que tienen un cliente. En medio del regocijo general, el tapicero les hace darse cuenta de un detalle por si se les ha pasado por alto.

   -¿Os habéis dado cuenta que la señora del Pino no ha puesto ningún pero a la previsión del presupuesto?, apenas si le ha echado un vistazo por encima para dar su aprobación. ¡Qué lástima!, si llegamos a saber que nos lo iba a poner tan fácil podríamos haber cargado el margen de beneficio tres o cuatro puntos más -Comentario que aprovecha Julia para valorar lo que puede suponer el encargo.

   -De ninguna manera, Felipe. Este encargo tenemos que llevarlo a cabo sin importarnos ganar más o menos. Puesto que es el primero, si lo hacemos bien y los clientes quedan contentos es el que nos puede abrir la puerta de futuras obras. Debe de quedar claro desde ahora que nada de recargos injustificados, ni en los materiales ni en la mano de obra. Tened en cuenta que vamos a trabajar para dos de las familias más conocidas y de más abolengo de la ciudad, los del Pino y los Quirós. Si somos capaces de convertir esa casona en un hogar moderno, estoy convencida que clientes no nos van a faltar.

   -Ahora que dices eso, acabo de recordar que hay algo de lo que nos hemos olvidado y es culpa mía pues pertenece a mi departamento –recuerda el aparejador-. No le preguntamos a la señora como le gustaría que fueran los baños. ¿Volvemos y se lo preguntamos?

   -Eso es un fallo y ahora que lo dices recuerdo que Maribel me comentó que quería cambiarlos. Ya se lo preguntaré yo. Le diré que se nos traspapeló el boceto. ¿En qué tipo de baños has pensado?

   -En los que ahora están de moda en París: bañeras con patas de hierro o de cerámica, suelos de baldosas y muebles de madera esmaltada.

   -En cuanto llegues a tu estudio diseña rápidamente unos bocetos y me los envías. Mañana sin falta se los llevaré.

   -Lo que no tendré para mañana es el presupuesto pues no sé los precios de las bañeras –se lamenta Rafael.

   -No te preocupes por el presupuesto, lo importante es reparar cuanto antes la omisión. En cuanto lleguéis a vuestros talleres poneos a trabajar. Esta obra hay que comenzarla antes que los del Pino regresen a Madrid, pero que las prisas no incidan en la calidad.

   Al día siguiente, Julia subsana el fallo de los baños llevando a Maribel los bocetos preparados por el aparejador.

   -Ya decía yo que me parecía que se nos olvidaba algo y eran los baños. Precisamente es algo que hay que cambiar sí o sí –afirma Maribel-. Ah, otra cuestión, también quiero que instaléis la luz eléctrica.

   La petición de Maribel deja descolocada a Julia. Sabe, pues su marido es un fan de la electricidad, que la aparición de la corriente alterna, a principios del siglo, ha abierto la posibilidad de transportar electricidad a gran distancia. Incluso se acaba de instalar en la ciudad el alumbrado público eléctrico, pero no recuerda que haya ninguna casa particular que aún tenga instalada la luz eléctrica pues de momento las instalaciones son bastante caras. Pero reacciona rápidamente.

   -Lo que son las cosas. Estuvimos hablándolo pues el aparejador es muy partidario de la electricidad, pero lo desechamos y, si te digo la verdad, todavía no sé por qué. Pero no hay ningún problema, Rafael se encargará de eso y seréis la primera familia de la ciudad que tendrá luz eléctrica en su casa. En cuanto a los baños, se nos traspapelaron los bocetos –se disculpa Julia-. Mira, este baño es similar a uno de los que había en el Titanic.

   -Hablando del Titanic, en Madrid tengo una amiga que conoce a una familia, los Pérez de Soto, que tenían una hija que iba en el buque en viaje de luna de miel; se salvó, pero su marido se ahogó –rememora Maribel-. ¿Cuándo empezaréis las obras?

   -Podemos comenzar en cuestión de una semana, quizá diez días como mucho. Solo nos falta que tu marido dé el visto bueno.

   -Julia, Manolo ha cambiado poco desde que iba tras tus faldas. Si esperamos que dé su aprobación aquí no cambiará nada, hará como su madre dejará que pasen los siglos. Por tanto, cuando estéis preparados me lo dices el día antes y os ponéis al tajo -Cuando se va de casa de los del Pino, Julia piensa que a Maribel no la ha cambiado el matrimonio, continúa siendo la mujer decidida, inteligente y directa como cuando era soltera. Y Manolo, por lo que parece, sigue siendo el mismo calzonazos de siempre.

   Los días siguientes son de una actividad febril para los socios de Interplás. Rafael ha tenido que desplazarse a Talavera de la Reina para contratar a una empresa que se dedica a instalar la red eléctrica de baja tensión en edificios particulares y, tras dejarles una copia del plano de la casona, les ha encargado que elaboren un proyecto de electrificación y el correspondiente presupuesto. En cuanto se ponen al tajo enseguida descubren que el hecho de no contar con un espacio común les retrasa mucho el trabajo. Todo son idas y venidas de un taller a otro y las puestas en común las hacen en la carpintería de Evaristo que es el local más amplio del que disponen.

   -Si obtenemos más encargos habrá que alquilar un local, lo de ir y venir de un sitio a otro nos está robando mucho tiempo –se queja el tapicero.

   -Cada cosa a su tiempo, ahora no hay más remedio que arar con estos bueyes –le consuela Julia.

    Cuando llevan una semana de preparación, un aviso de casa de los del Pino pone a los componentes de Interplás de los nervios. Maribel ha envíado una nota a Julia anunciándole que han de marchar urgentemente a Madrid pues ha de votarse una ley en las Cortes y la presencia de Manolo es necesaria. Le indica asimismo que en cuanto vuelvan podrán comenzar los trabajos en la casona. La suspensión, aunque sea provisional, suscita una viva discusión entre los socios pues se han dado cuenta de que han tenido otro lamentable fallo propio de empresarios novatos: no han pedido una provisión  de fondos a la clienta, al menos para pagar los primeros materiales.

   -¿Y ahora qué hacemos? –pregunta Julia.

   -La madera que he encargado hay que pagarla en efectivo en cuanto llegue, y estamos hablando de una buena pila de duros –explica el ebanista.

   -Yo puedo pedir un aplazamiento para el pago de las telas encargadas, pero solo de un par de semanas, más no creo que me fíen –comenta a su vez el tapicero.

   -De momento, yo no voy a tener problemas de pago, la cuadrilla de albañiles que tengo apalabrada cobran semanalmente por obra realizada. Ah, perdón, me olvidaba del electricista de Talavera, ese también querrá un adelanto para pagar los materiales que ha pedido a un distribuidor de Madrid –cuenta el aparejador.

   -Encontraremos soluciones para este contratiempo. Pasadme una nota indicando la cantidad que vais a necesitar y veré de conseguir el dinero. Dejadlo de mi cuenta.

   En cuanto sabe la cifra, Julia se plantea dos posibles soluciones para allegar fondos: solicitar un crédito a la Caja de Ahorros de Badajoz y, si se lo niegan, pedir un préstamo al tío Bronchales, piensa que a través de su suegra puede acceder fácilmente al usurero y quizá hasta conseguir una pequeña rebaja del interés. La gestión de los préstamos no resulta tan fácil como creía. La Caja no le concede crédito al ser mujer y el Bronchales, por mucho que Julia cita el nombre de su suegra, exige un rédito mucho mayor que el tipo de interés oficial. Solo le queda un recurso: que su marido pida y avale el crédito de la Caja, puesto que todas las posesiones de la familia están a su nombre, ya que la legislación establece que la mujer necesita el permiso y la autorización de su marido o, si es soltera de su padre o tutor, para firmar un contrato, tener una casa en propiedad o regentar un negocio; incluso, la normativa especifica que, para abrir una cuenta en un banco, hay que ser varón y mayor de dieciocho años. Y aunque Julia es la que regenta personalmente la tienda de regalos y la misma droguería cuando su marido está viajando, su nombre no aparece en ningún documento mercantil, todo está a nombre de Julio Carreño.

   -Cariño, tengo un problema y solo tú puedes arreglarlo –Y Julia le cuenta lo que les está ocurriendo en Interplás con motivo del encargo de los del Pino. La primera reacción de Julio es la de negarse, pero se lo piensa, sabe lo ilusionada que está su esposa con lo de la nueva empresa y no es cuestión de que se le ponga de morros, pero no pierde la ocasión de darle un tirón de orejas.

   -¿Lo de pedir una provisión de fondos por adelantado no te lo enseñé cuando te di clases de contabilidad? –pregunta, socarrón.

   -Ya sé que tendría que haberlo previsto, pero con las prisas y los nervios por ser el primer encargo se me olvidó. Es imperdonable, pero lo hecho, hecho está. Y al haberse ido los del Pino a Madrid no puedo negociarlo con Maribel.

   -¿Y esos artistas que tienes de socios tampoco lo previeron?

   -Tanto Rafael como Felipe, y creo que también Evaristo, es la primera vez que se meten en negocios y como no tienen ninguna experiencia empresarial no puedo culparles. Yo sí que no tengo disculpa alguna.

   -¿De qué cantidad estamos hablando? –quiere saber Julio.

   -Entre unas cosas y otras de unas dos mil quinientas pesetas.

   -Dame veinticuatro horas y veré qué se puede hacer.

   A día siguiente, Julio explica a su esposa que no quiere pedir un nuevo crédito a la Caja, con la que ya están endeudados, y descarta totalmente ponerse en manos del Bronchales pues, por su madre, conoce de sobra lo implacable que es el usurero.

   -He estado revisando nuestro calendario de pagos a los proveedores y podríamos disponer de unas ochocientas pesetas. Es todo lo que puedo dejaros –Julio ha utilizado el plural para hacer ver a su esposa que el préstamo no solo es para ella, también para personas ajenas a la familia-. En cuanto al interés sería el del tipo oficial. Y tened cuidado porque como continuéis con los descuidos de novatos os vais a pillar los dedos.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 129. Camas separadas

viernes, 14 de enero de 2022

Libro III. Episodio 127. Un acrónimo: Interplás

   Julia cuenta diariamente a su marido las reuniones que está manteniendo con Rafael Gil, el aparejador, y Felipe Reyes, el tapicero, con la finalidad de crear una empresilla que se dedique al interiorismo.

   -Aunque me lo explicaste sigue sin quedarme claro que es eso del interiorismo.

   -Podríamos decir que es el arte de acondicionar y decorar los espacios interiores de la arquitectura.

   A Julio le parece que es una pérdida de tiempo, está convencido de que no van a tener clientes, pero por no disgustar a su esposa le dice que por él adelante. El aparejador demuestra sus dotes de artista diseñando un anuncio que insertan en los periódicos locales y regionales. Al tiempo que hacen correr la noticia de la creación de Interplás -así han bautizado a la empresa, con el acrónimo de interiorismo y Plasencia- entre la burguesía local y regional. Julia ha tenido que vetar otro cartel que Rafael pretendía pegar en paredes y cristaleras de cafés y tabernas.

   -¿Y por qué no quieres que lo pongamos? –reclama Rafael.

   -Rafa, nuestros clientes, por decirlo en plata, han de ser los ricos de toda la vida y esos no van a los cafés, como mucho van al casino o al círculo, y desde luego no pisan las tabernas.

   -Felipe, ¿tú qué piensas? –pregunta Rafael dirigiéndose al tapicero.

   -Que no lo tengo claro –se escabulle Felipe.

   -Entonces, estamos empatados a votos –sigue insistiendo el aparejador.

   -Perdona, Rafa, y te lo digo cariñosamente, pero no hay empate que valga. Esta es una empresa en la que hay un socio mayoritario y en última instancia se hace lo que ese socio decide –El aparejador se calla, ahora sabe por qué Julia tuvo tanto interés en tener la mayoría de acciones.

   Han discurrido unas cuantas semanas y el tiempo parece darle la razón a Julio, Interplás no ha tenido un solo cliente. A pesar de que los socios han hecho llegar a los estamentos acomodados de la ciudad que es un buen momento para renovar y modernizar sus hogares, la mayoría de ellos más bien vetustos, la respuesta ha sido el silencio. Algo que ha dejado tocada a Julia pues confiaba que el negocio del interiorismo tendría una cierta salida, dado que en la ciudad y comarcas aledañas hay fortunas para redecorar sus mansiones y para más. Vista la ausencia de demandas y de que no se vislumbra que vaya a haberlas en un futuro próximo, los socios se dan un plazo para finiquitar su aventura empresarial: si cuando acabe mayo no han tenido ningún cliente disolverán la sociedad.

   Al mismo tiempo que el proyecto de Julia parece estar en trance de disolución, la familia del Pino está de luto; la vieja matriarca, doña Carlota, que nunca ha querido irse a Madrid con su hijo y su nuera, ha fallecido repentinamente. Manolo del Pino y su esposa regresan precipitadamente de la capital al conocer la noticia. Los Carreño han ido al entierro de la finada y asistido al funeral, actos en los que se han limitado, como exige la costumbre, a dar el pésame al matrimonio del Pino. Días después aprovechando que la joven señora del Pino ha encargado a la droguería un paquete de cirios, Julia va personalmente a llevárselos.

   -Gracias, Julia, no tendrías que haberte molestado, podías haberlos mandado con alguien de la tienda.

   -Es que tenía ganas de charlar un rato contigo sin tanta gente alrededor. ¿Qué tal lo está pasando Manolo?

   -Aunque siempre estuvo muy enmadrado, menos mal de lo que creía.

   -¿Os volvéis enseguida a Madrid?

   -Ojalá pudiéramos, pero antes Manolo tiene que ponerse al día en todo lo relativo a la testamentaría, hablar con el administrador, visitar los colonos, echar un vistazo a las fincas…; en fin, que tiene tarea para días. Y mientras, aquí me tienes metida en esta casona que es un horror, con unos muebles de estilo castellano del año de Maricastaña, paredes con cuadros que parecen de la escuela de Zurbarán y con unos cuartos de baño que mejor no te cuento… Lo que te digo, un horror, más tétrica y fúnebre no puede ser, tanto que estoy deprimida desde que llegué. Le insinué a Manolo si no sería mejor que nos alojásemos en casa de mis padres, mi habitación de soltera sigue libre, pero se negó en redondo. Dice que este ha sido siempre el hogar de los del Pino y que no podemos hacerle un feo al apellido yéndonos a vivir a otro sitio. Y menos mal que me ha dicho que si quiero cambiar algo de la decoración puedo hacer lo que me plazca.

   Es oír decoración y a Julia, que ha ido a visitar a su antigua amiga sin otras intenciones, se le enciende la máquina de pensar.

   -Verás, Maribel, quizá pueda echarte una mano en mejorar la decoración de la casa –Y le cuenta a su amiga lo de Interplás.

   -Una empresa así hacía falta en la ciudad, y solo a ti se te podía ocurrir. Me podríais echar una mano para alegrar este mausoleo.

   -Dime si tienes una idea preconcebida de como querrías decorar la casa, ¿o prefieres que te presentemos un proyecto de lo que podemos hacer con este caserón?

   -Algunas ideas sueltas sí tengo, pero lo que me falta es la idea global de cómo quedaría el conjunto. Eso es lo que no acabo de tener claro.

   -Estoy pensando que quizá lo mejor sería que viniera a verte con mis socios, que nos contaras las ideas que tienes y nosotros trataríamos de engarzarlas en un proyecto global. ¿Qué te parece?

   -De acuerdo. Y gracias, Julia, me acabas de dar un motivo para que mi estancia de estos días no se convierta en un tedio insoportable. Veo que ni los años, ni los niños te han quitado la chispa que ya tenías cuando viniste a casa de mis padres, hace ya… ¿cuántos años?

   -Casi once, lo recuerdo como si fuese ahora porque era la primera vez que asistía a una merienda en un hogar como el de tu familia.

   Aquella misma tarde, Julia llama a sus socios para contarles la noticia de que es posible que vayan a tener un primer cliente. Al día siguiente los tres responsables de Interplás visitan a la señora del Pino. Maribel les describe las vagas ideas que tiene para redecorar la añeja mansión familiar. Mientras va desgranando su explicación, Rafael y Felipe van tomando notas, entretanto Julia está más pendiente de las sensaciones que parece sentir su amiga al describir sus planes. Quedan que en unos días le presentarán unos bocetos y un proyecto provisional de la redecoración global, así como una previsión del presupuesto.

   Las siguientes noventa y seis horas son para Julia el periodo de tiempo en el que ha estado más ocupada y con más nervios desde hace mucho. Intuye que si consiguen acertar en lo que Maribel piensa sobre cómo convertir la vieja casona de los del Pino en un hogar moderno, el futuro de Interplás puede ser viable. Sabe muy bien que uno de los mayores estímulos para la gente acaudalada es intentar epatar a sus afines. Le ha contado a su marido la petición de Maribel y le ha pedido -siempre lo hace- que si no tiene inconveniente en que Lupe se quede sola durante los próximos días atendiendo la tienda de regalos, pues ella va a dedicarse en cuerpo y alma a ayudar a sus socios.

   -Cariño, ya sabes que lo que tú hagas siempre me parece bien. Y de antemano te anuncio que si consigues el encargo de la Quirós –Julio suele llamar a Maribel por su apellido de soltera- es posible que tenga que comerme mi pronóstico de que lo del interiorismo sea una pérdida de tiempo.

   Los casi cuatro días que los socios emplean para elaborar el proyecto de transformación del interior de la casona de los del Pino ponen a prueba el temple de Julia, pues se pasa buena parte del tiempo limando las diferencias entre Rafael y Felipe. El aparejador ve el proyecto pensando en combinar la solidez y la estilización de líneas, mientras el tapicero lo ve imaginándoselo cargado de ornatos entelados y tapizados. Julia, echando mano de paciencia y mano izquierda, logra que al fin no triunfe una tendencia sobre otra sino que haya una mixtura. Recordando la decoración del Titanic les convence que lo mejor es inclinarse por el modernismo, lo que le encanta a Felipe, pero a lo que se opone Rafael. Al final llegan a un acuerdo: las zonas de tránsito de la casona las tratarán con una decoración estilizada, en cambio las habitaciones privadas las decorarán al estilo art nouveau. Al final del segundo día descubren que les falta otro punto de vista, el de un ebanista, pues uno de los elementos fundamentales, en lo que se han puesto de acuerdo para hacer la casona más acogedora, es que las paredes deberían estas paneladas con maderas nobles, lisas en unas dependencias y talladas en otras. Ahí es Felipe quien aporta la solución.

   -Conozco a un ebanista, Evaristo Mercader, que es un artista de la madera. Creo que su experiencia y su saber hacer nos podrían venir de primera –Ni lo discuten, encargan a Felipe que se ponga en contacto con el ebanista para que se una a ellos.

   Al día siguiente los socios de Interplás, con la inestimable ayuda del ebanista que se revela como un artista -tal como lo había calificado Felipe-, consiguen finalizar el proyecto de interiorismo que presentarán a la señora del Pino. Donde no han tenido tantos problemas ha sido en el cálculo del presupuesto, en eso la estrecha colaboración entre Julia y Rafael ha sido decisiva para calcular el coste de los materiales, la mano de obra y el margen de beneficios.

   Al quinto día los socios de Interplás, al que acompaña el ebanista, se presentan en casa de los del Pino y le muestran y desmenuzan a Maribel el proyecto global de interiorismo para transformar la rancia casona familiar en un hogar acogedor, cálido y moderno. A la señora de la casa le seduce el proyecto desde el primer momento, aunque discute alguno de los bocetos. Rafael y los dos artesanos toman nota de las modificaciones que le gustarían a la señora del Pino y le prometen que en veinticuatro horas harán los cambios oportunos y que Julia volverá a presentarle el proyecto adaptado a los deseos de la señora.

   -Julia, ¿crees de verdad que el proyecto le ha gustado? –pregunta el aparejador al salir.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 128. Os vais a pillar los dedos

 

viernes, 7 de enero de 2022

Libro III. Episodio 126. Nueva aventura empresarial

   En cuanto Julio llega a casa cuenta a su esposa lo que le ha comentado el comandante Liaño sobre un cierto miedo en la sociedad, lo que provoca que la gente compre menos.

   -Si es así, y parece que el comandante coincide conmigo, habrá que apretarse el cinturón –deduce Julia.

   -Estoy de acuerdo. Si no podemos aumentar los ingresos habrá que reducir los gastos. ¡Y yo que había pedido al concesionario de la Ford que me enviara el nuevo catálogo que acaban de editar para comprarme una furgoneta nueva!…Tendré que seguir con la Fiat –se lamenta Julio.

   -Todos tendremos que renunciar a algo. Por mi parte voy a dejar de buscar otra dependienta para la tienda de regalos pues pensaba dedicar más tiempo a los niños. A la pobre Paca comienzan a desbordarla.

   -Pero las dos renuncias que acabamos de comentar no supondrán una reducción real de los gastos. Tendremos que meter la tijera en otras partes –puntualiza Julio.

   -¿En qué estás pensando?

   -De entrada, este año no deberíamos veranear en Punta Umbría. El año pasado la temporada que pasasteis allí nos costó un pico.

   -Los niños lo van a sentir mucho, con lo bien que se lo pasan en la playa.

   -Podemos arreglar la casita que tenemos en El Karrascal y que se bañen en la balsa de la noria. Y tendríamos que pensar en prescindir de algún empleado –sugiere Julio.

   -Lo del empleado no sé si es buena idea… ¿Por qué no pensamos algo para aumentar las ventas?

   -¿Y cómo vamos a aumentarlas si hemos quedado que la gente tiene miedo y solo compra lo imprescindible? –responde Julio echando mano de la lógica.

   -No se te olvide, cariño, que hay un sector de gente que no siente ese miedo. Los ricos no están preocupados por lo que pueda pasar o lo están mucho menos. Si encontráramos el medio para incrementar las ventas dirigidas a las clases pudientes quizá no tendríamos que hacer recortes.

   -Es una buena idea, cariño, como todas las tuyas, ¿puedes concretarla más?

   -No, al menos por el momento, tengo que pensarlo más a fondo.

   El primogénito de los Carreño, Álvaro, ha cumplido los siete años y está cursando segundo de primaria. Su abuela materna se entrevista con don Cayetano, el maestro en cuya clase está escolarizado, y le pregunta por la marcha de su nieto.

   -Va muy bien, Pilar. Es buen chico, no da guerra ninguna y es muy aplicado. Buen chaval.

   -¿Sobresale en alguna materia?

   -Va muy parejo en todas, pero si hubiese que elegir una diría que la aritmética, no se le da nada mal.

   -Vigílamelo de cerca. Me gustaría que, cuando llegue el día, cursara una carrera universitaria. A ver si puedo conseguir con mi nieto mayor lo que no logré con su padre.

   Aprovechando que está en la escuela, Pilar se acerca a la clase de doña Vicenta, que es la maestra de su nieta Pili.

   -Vaya, Pilar, cuanto tiempo sin verte, ¿qué es de tu vida?

   -Ya ves, Vicenta, aguantando el tipo. ¿Qué tal se porta mi nieta?

   -Es maja la cría, pero… -la maestra no acaba la frase.

   -Anda, Vicenta, no me vengas con paños calientes que estás hablando con una colega y sé cómo se las gasta mi nieta.

   -Es maja, pero también un trasto. Me da más guerra que el resto de la clase. Es traviesa y respondona, en cambio cuando algo le interesa se convierte en la alumna más brillante.

   -No me extraña, y solo puedo aconsejarte que eches mano de la santa paciencia. Te ayudaré en lo que pueda, a ver si entre las dos la domamos.

   A mediados de mayo, doña Pilar da un susto a la familia. Hace varios días que siente dolor en el pecho, pero no le ha dado mayor importancia, son cosas de la edad piensa. Hasta que una mañana cuando coge el cántaro para verter agua en la jofaina siente como un latigazo en el pecho y tiene que sentarse pues ha comenzado a sudar y hasta se ha mareado un poco. Tras estar un buen rato sentada el mareo se le va pasando, pero el dolor crece en intensidad y llega un momento en que se asusta. Decide enviar, con una vecina a la que ha llamado, recado a la escuela diciendo que no va a poder dar clase y se va a la consulta del doctor Lavilla que es su médico de cabecera y con el que tiene la iguala.

   -Además del pecho, ¿te duele en más partes?

   -En los brazos y en el cuello.

   -¿Qué más sensaciones sientes?

   -Me falta el aire y estoy como cansada y sudorosa. Ah, y también me ha dado un pequeño vahído y como un calambrazo en el pecho.

   En cuanto Lavilla le toma la tensión y la ausculta, su diagnóstico es inmediato.

   -Pilar, no te asustes, pero has sufrido una angina de pecho. Afortunadamente, creo que la hemos cogido a tiempo porque parece que es una angina del tipo estable. Si fuese inestable sería más preocupante.

   -¿Angina de pecho?

   -Es una cardiopatía isquémica –Lavilla se pone en plan profesoral- provocada por el deterioro y la obstrucción de las arterias del corazón. Se produce debido a la acumulación de placas de colesterol, lípidos y células inflamatorias en las paredes de estas arterias, provocando que el corazón no reciba sangre.

   -¿Tiene cura?, Enrique.

   -Sí, Pilar, tiene cura. Lo primero y más importante es que debes reposar. El dolor que sientes se te pasará con el descanso. Y luego te explicaré el resto del tratamiento. Te voy a dar de baja hasta que te recuperes…

   -Pero les hago falta a mis alumnos –protesta Pilar.

   -Tus alumnos pueden pasar sin ti porque si empeoras tendrán que hacerlo a la fuerza. Recuerda que no hay personas imprescindibles y que todas las que creyeron que lo eran han terminado igualmente en el cementerio.

   -Y las cuentas del señor Dimas, ¿podré seguir llevándolas?

   -Bueno, no creo que llevar unas cuentas pueda hacerte mucho daño pero, y escúchame con atención, prohibido terminantemente hacer esfuerzos físicos ni realizar nada que pueda provocarte impresiones fuertes. Evita los disgustos y tómatelo todo con la mayor tranquilidad posible. Te recetaré nitroglicerina, un vasodilatador para que abra los vasos sanguíneos y mejore el flujo de la sangre, pero ahora lo más eficaz es el reposo. Y tómatelo en serio, Pilar, esto no ha sido más que un aviso, pero si se repite puede ocurrir de todo.

   La enfermedad de Pilar ha consternado a la familia, sobre todo a Julio quien no recuerda que su madre haya faltado un solo día a clase por estar enferma.

   -Tranquilízate, cariño. Don Enrique dice que solo ha sido un susto pasajero, que lo peor ya ha pasado –Julia intenta serenar a su marido que se ha puesto de los nervios.

   -Pero si es una mujer de acero. Nunca la he visto enferma…; miento, estuvo en cama cuando de niño le contagié el sarampión, pero fuera de eso, nada. Ha tenido algún catarro, pero que no le impidió abrir la escuela. Y ahora resulta que tiene el corazón delicado.

   -No exageres, cariño. Ha sido una angina de pecho, pero de la clase menos peligrosa, al menos es lo que dice don Enrique. Lo único que tiene que hacer es no realizar esfuerzos físicos, pero por lo demás puede llevar una vida normal.

   Pasado el susto los Carreño siguen tratando de encontrar un medio encaminado a fidelizar como clientes a la gente acaudalada para incrementar las ventas. Todo lo que se les ocurre no tiene el calado suficiente para conseguir ventas que sean rentables. Hasta que un día, ojeando Julia la revista La Ilustración Española y Americana que se presenta como periódico de ciencias, artes, literatura, industria y conocimientos útiles, lee un artículo que le da que pensar. Tras la tragedia del Titanic, la revista está reproduciendo la lujosa decoración del transatlántico basada en el estilo art nouveau, llamado modernismo en español, y que se caracteriza por la presencia de elementos de la naturaleza, enfatizando líneas rebeldes como una analogía de lo natural frente a la industrialización, siendo altamente decorativo. Usa y abusa del mobiliario estilo Luis XV, del entelado y del tapizado, así como del enmarcado y la moldura. Y casi finalizando el reportaje hay una breve coda en la que se relata que son legión los decoradores más afamados que están introduciendo el estilo ornamental del Titanic en las mansiones de la nobleza y de la alta burguesía, tanto en Norteamérica como en Europa. ¿Y por qué no lograr que los ricos de aquí quieran que sus casonas tengan un decorado interior que se parezca al del Titanic?, se dice Julia.

   Lo comenta con su marido que de entrada opina que le parece una idea peregrina…

   -… porque no creo que ninguna familia placentina sea tan esnob y se atreva a gastarse el dinero en chorradas como esa. Eso podrá ocurrir en Madrid o en Barcelona, ¿pero aquí?

   En la ciudad no hay decoradores propiamente dichos, lo más parecido son los maestros de obras y algún que otro aparejador que aconsejan como decorar el edificio al propietario que se construye una nueva casa. Julia establece contacto con un joven aparejador, que también estudió Bellas Artes, y con un tapicero que tiene fama de tener buen gusto. Les convence para que formen con ella una nueva empresa que se dedicará al ornamento interiorista de mansiones. Uno de los factores que ha ayudado a convencer a ambos profesionales es que la aventura apenas les supone riesgos económicos; solo han tenido que invertir unos cientos de pesetas publicitándose en la prensa local y regional y la sede la han ubicado en la tienda de regalos de los Carreño. Luego hacen correr la especie de que solo aceptarán encargos de aquellos propietarios que vivan en mansiones o bien vayan a construirse casas suntuosas. Hasta lograr el acuerdo final, los tres socios han tenido que reunirse varias veces para ir limando las diferencias de criterio. En ese acercamiento de posturas ha tenido mucho que ver la claridad de ideas, el buen talante y la mano izquierda de Julia, amén de que es la que más ha invertido. Hasta ha conseguido que, en más de una reunión, hayan acabado riéndose repitiendo lo de las casas suntuosas. Como dice el tapicero: igual no conseguimos clientes, pero que nos quiten lo bailao de lo mucho que nos hemos reído.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 127. Un acrónimo: Interplás