viernes, 17 de diciembre de 2021

Libro III. Episodio 123. ¿Hijos?, los que Dios quiera darnos

   Esa noche sabatina de octubre, la tertulia del casino está revolucionada y el motivo es poco frecuente pues a los tertulianos todo cuanto atañe a la política internacional se la trae al fresco. Lo que ocurre es que en este caso la noticia se refiere a los vecinos de la Raya. En Portugal se ha sublevado parte del ejército y la marina y los militares que no lo han hecho se han negado a combatir a los insurrectos. El levantamiento ha supuesto el fin de la monarquía con el derrocamiento del rey Manuel II y el establecimiento de la Primeira República lusa. Puesto que en España la primera experiencia republicana fue corta -duró menos de dos años- y se caracterizó por una gran inestabilidad, los tertulianos discuten acaloradamente si para sus vecinos el cambio de régimen supondrá una experiencia mejor que la española.

   -Particularmente creo que los portugueses han hecho muy bien en deshacerse de un régimen que, visto lo visto, no contaba con el apoyo del pueblo –opina uno de los liberales de la tertulia.

   -Pues como les vaya con la república como nos fue a nosotros que en once meses tuvimos cuatro presidentes, no les arriendo la ganancia –proclama el pesimista de turno.

   -Si en Portugal están así ya veremos cómo nos va a nosotros con el gobierno de Canalejas. Eso de que pretende acabar con el caciquismo y el fraude electoral no le va a resultar fácil. Si los regeneracionistas no lo consiguen, también aquí podemos acabar siendo republicanos –asegura uno que parece saber de qué habla.

   -Dios le oiga, don Enrique –Le jalea uno de los antimonárquicos.

   El coloquio cambia de rumbo cuando uno de los contertulios propone otra actividad.

   -En el piso de arriba hay una partida de monte en la que se están jugando buenos cuartos. Voy a ver si echo unas manos. ¿Te apuntas, Carreño?

   -No, gracias, lo que voy a hacer es irme a casa –Julio hace mucho que no juega con dinero por medio, exactamente desde que se prometió con Julia, ya que una de las condiciones que le puso para aceptarlo, la que hoy es su mujer, fue que tenía que prometerle que no volvería a recaer en la ludopatía. Lo prometió y lo cumple, aunque a veces tiene que hacer un esfuerzo de voluntad para no recaer en el vicio.

   De regreso a casa va recordando que esa no fue la única condición que le puso Julia para casarse con él. Que se acabara lo del contrabando; que no volvería a jugar por dinero; que la respetaría, lo que suponía entre otros aspectos que no tendría ninguna aventura fuera del matrimonio; que en la medida que sus hijos se lo permitieran seguiría trabajando; que a los críos es darían la mejor formación posible, aunque ello supusiera que pudiesen ahorrar menos, y esa condición valdría tanto para los dos sexos… ¡Menuda es su parienta, pues no los tiene bien puestos ni nada!, se dice, aunque que inmensa suerte tuve al conseguir que me aceptara, tengo la mujer más maravillosa y rompedora de la región, que digo de la región, de toda España.

   Como se acerca la época de la siembra del cereal de invierno, los Carreño andan muy atareados porque es momento en que las ventas repuntan, algo que el matrimonio espera como agua de mayo, pues 1911 no ha sido muy fructífero hasta ahora. Julio ha postergado los viajes y se ha puesto detrás del mostrador como un empleado más. Julia hace lo mismo, pero lo alterna con la ayuda a Paca en el cuidado de los niños, pues el más pequeño, Julián, todavía es lactante. A principios de noviembre se da cuenta de que tiene menos leche de la habitual, que los pechos se le han puesto muy sensibles y que las tomas han dejado de ser agradables pues nota muchas molestias cuando el crío se coge al pecho. Como ya tiene experiencia sabe lo que indican los síntomas: vuelve a estar embarazada. No necesita ir a ver al doctor Lavilla para que se lo confirme.

   -Julio, cariño, vuelvo a estar encinta.

   -Bueno, mi amor, donde comen tres también pueden comer cuatro –Evidentemente se refiere a los tres críos que ya tienen.

   -Con la de números que sabes y no has atinado en la cuenta. Cuatro críos, más los padres, más Paca suman siete.

   -Rectifico, donde comen cuatro también pueden comer siete. Y hablando en serio, hacía días que me había fijado que cada día estás más guapa y ahora sé el motivo. Soy el hombre más afortunado del mundo por tener una mujer como la que tengo. ¿Qué prefieres que sea, niño o niña?

   -Que sea lo que Dios quiera, pero… para serte sincera preferiría darle a Pili una hermanita. No me gustaría que fuera la única mujer entre chicarrones.

   -Pues a ver si hay suerte y sale una niña.

   Las reacciones a la noticia en el resto de la familia son de todo tipo, desde los que la acogen con alegría a los que opinan –aunque se abstienen de decirlo- que la pareja está teniendo los hijos demasiado juntos. Entre estos últimos se cuenta la abuela materna que así lo comenta con su amiga Etelvina.

   -Llevan ocho años casados y van por el cuarto. Al paso de un crío cada dos años acabarán teniendo un regimiento.

   -Bueno, no hay mal que por bien no venga. Dicen que cada recién nacido viene al mundo con un pan bajo el brazo.

   -No sé yo si es así, pero en fin… ya son mayorcitos para saber lo que se hacen.

   -Si quieres, después del parto les podría dar algunos consejos sobre cómo evitar embarazos no deseados.

   -Ese es el problema, que de embarazos no deseados nada, sino todo lo contrario. Cuando les pregunté qué cuantos hijos pensaban tener la respuesta fue que todos los hijos que Dios quiera enviarles. Por lo que te adelanto que éste no será el último, ni mucho menos.

   El nuevo año de 1912 parece comenzar para los Carreño con mejores augurios que el anterior, al menos en los negocios. Los ingresos se han incrementado notablemente gracias a un nuevo hallazgo de la fértil imaginación de Julia. En un local que han alquilado, pegado a la droguería, han montado una nueva tienda dedicada a la venta de objetos de regalo y de complementos decorativos para el hogar. Es el primer establecimiento de ese tipo que existe en la ciudad y desde el primer día la acogida que ha tenido por parte del público ha sido espectacular. Julia ha dejado momentáneamente de atender en la droguería y se ha puesto al frente del nuevo negocio. Se ha llevado con ella a Lupe que estrena en la tienda su nueva condición de mujer casada.

   -¿Cómo se porta tu marido? –pregunta, curiosona, Julia.

   -Pse…, es buena persona, pero el matrimonio no es lo que yo creía.

   -Nunca lo es, pero dale tiempo al tiempo y verás cómo poco a poco os iréis acoplando.

   -No sé yo, pero en fin, tú tienes más experiencia…

   El diálogo se corta al entrar una clienta, se trata de Maribel Quirós.

   -Maribel, dichosos los ojos. Desde que os fuisteis a Madrid, no he vuelto a verte. ¿Qué tal por la capital del reino?

   -Si te digo la verdad, al principio era un aburrimiento, pero he hecho algunas amistades muy interesantes y además, aprovechando las relaciones de Manolo, asisto a algunas reuniones de damas de la alta sociedad que están muy metidas en política. Bueno, y algunas noches Manolo me saca a ver una obra de teatro, una zarzuela o vamos al cine.

   -¿Y qué tal le va a Manolo lo de diputado?

   -Pues quien lo iba a decir, le ha cogido afición a la política. Por lo que me cuentan, en el partido está siendo cada día mejor considerado. Moret parece que no le tenía en gran estima, pero el nuevo presidente de los liberales, Canalejas, le dispensa su amistad. También le ha pedido que forme parte del grupo de diputados jóvenes en los que piensa apoyarse para sacar adelante una ley de contratos colectivos de trabajo que mejorará las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera.

   -Vaya, quien podía esperar eso de Manolo.

   -Y además la facción más liberal del partido también cuenta con él para ir eliminando el problema del caciquismo y del fraude electoral que en nuestra tierra es un hecho sangrante. Cambiando de tema, veo que vuelves a estar embarazada.

   -Sí, hija, sí, es la consecuencia de tener un marido que se pasa la mitad de la semana fuera de casa y cuando llega, pues ya sabes, hay que cumplir con el vínculo. Y tú, ¿nada?

   -Pues no. Ni Manolo ni yo somos muy niñeros.

   -A este paso, señora del Pino, se le va a pasar el arroz –sentencia Lupe, metiendo baza en la conversación.

   -Lupe, a lo tuyo, esta es una conversación privada –la reconviene Julia, que se ha puesto seria, y volviéndose a la Quirós se disculpa-. Lo siento, Maribel, perdona la intromisión de Lupe, es buena gente pero más cotilla no puede ser. Y de que se te pase el arroz nada de nada, te veo más joven que nunca.

   Por la noche, cuando el matrimonio se acuesta, y antes de dormir, tienen la costumbre de contarse las incidencias del día. Julia explica lo que le ha contado Maribel sobre lo que puede ser una prometedora carrera política de su marido y de los proyectos en los que anda metido.

   -Eso de la ley de contratos colectivos de trabajo no está mal, pero habrá que ver en qué queda porque si se decanta excesivamente por los obreros, el otro plato de la balanza que somos los patronos podemos pagar el pato. Y sobre todo, para los modestos empresarios como nosotros podría ser la ruina. Me gustaría conocer la letra pequeña de esa ley, a ver qué dice.

   -¿Quieres que le pida a Maribel que te consiga una entrevista con Manolo para que te la explique?

   -¿Tú crees que ese paniaguado de Manolo querrá hablar conmigo ahora que es diputado?

   -Julio, amor, Manolo será diputado, pero quien manda en esa casa es Maribel. Lo que ella diga va a misa.

   -Vaya, en todas partes cuecen habas –apostilla, zumbón, Julio-. Y lo de que cuentan con él para ir eliminando el problema del caciquismo tiene guasa. ¿Quién le hizo diputado por esta circunscripción sino los principales caciques de la zona? Si no fuera por el dedazo de los Sotomayor, los Orellana y compañía, ¿crees que hubiera llegado a diputado? Amos, anda.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 124. Jesusito de mi vida...

 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Libo III. Episodio 122. La mujer honrada, en casa y…

 

   Ante la confesión de Julia de que tiene que contarle algo que solo sabe su marido, doña Pilar se le adelanta.

   -¿Me dejas que lo adivine?…, vuelves a estar encinta.

   -¿Cómo has lo has adivinado?

   -Porque lo llevas escrito en la frente, ¿no sabías que a la mayoría de mujeres se nos cambia la cara cuándo estamos esperando? ¡Enhorabuena! ¿Para cuándo?

   -Para abril del año que viene, justo poco después de que Pili cumpla dos años.

   -Tres hijos, ¿no son demasiado seguidos?

   -Posiblemente, pero es que tu hijo es muy fogoso.

   -Ya, pero… algo habrás ayudado tú, ¿no? –Es la clásica puya de suegra a nuera. Julia no contesta, pero sorprendentemente se ha ruborizado.

   En eso que aparece gateando Pili y tras ella, con una toalla en la mano, Paca.

   -Se niega que la seque, quiere que lo haga su madre.

   -Ven aquí, mi amor, que mamá te va a secar.

   -Nadie diría que son hermanos –comenta Pilar-, no pueden ser más diferentes.

   -¿Me lo dices o me lo cuentas? A veces le digo en broma a tu hijo que esta niña es como si la hubiésemos encontrado debajo de un puente, es la rebeldía personificada y todavía no ha cumplido los dos años. No quiero ni pensar cómo será cuando se haga mayor.

   -En un mundo de hombres en el que va a vivir, tendrá que pelear mucho para abrirse paso y eso se consigue mejor siendo rebelde que sumisa –sentencia Pilar. De sus dos nietos, quizá porque lleva su nombre o porque es tan rebelde como siempre lo fue ella, la niña es su predilecta y no lo esconde.

   -Ese es uno de los consejos que primero me metiste en la cabeza –recuerda Julia.

   En la barbería de Vicente el Cojo, Julio ojea una revista atrasada -como todas las que hay en el establecimiento- mientras espera su turno. Podría ir a otra donde quizá no tendría que esperar, pero las manos de seda de Vicente manejando la navaja barbera han hecho de él un cliente fijo. Se entretiene leyendo un reportaje sobre la primera llegada al Polo Norte. Los estadounidenses Robert Peary y Matthew Henson organizaron una expedición que partió de Nueva York en marzo de 1908 y un año después Peary y cinco de sus hombres llegaron al Polo. Relee el artículo para quedarse con el mayor número posible de datos porque piensa contarlo a sus compañeros de tertulia cuando esta noche vaya al casino. Para su desilusión, sus contertulios parecen estar mucho más interesados en una noticia, menos impactante pero de ámbito nacional, que trae el Nuevo Diario de Badajoz y que uno de ellos lee en voz alta.

   -En un pueblo de Valencia, Paterna, se ha llevado a cabo el primer vuelo en España de un biplano. El avión recorrió en el aire unos cuarenta metros a la velocidad de sesenta kilómetros hora.

   -¡Qué barbaridad, cuarenta metros y sin apoyarse en nada!

   -Y qué me dices de la velocidad, sesenta kilómetros, eso más o menos es lo que corre tu camioneta, Carreño.

   -Al hombre solo le faltaba eso, poder volar. ¡A dónde hemos llegado! –sentencia otro.

   Poco después de entrar la primavera de 1910, Julia da felizmente a luz al tercero de sus hijos, otro varón, al que en la pila bautismal cristianan con el nombre de Julián, en recuerdo de un primo lejano de Julio.

   -Bueno, ya habéis cumplido, tres críos es un buen número –comenta la abuela materna que ha venido desde Malpartida para el bautizo.

   -Suegra, no hay que poner coto a los designios del Señor –afirma el padre del neófito, no se sabe muy bien si en serio o en broma. Estos van a por la media docena, piensa la otra abuela, que se compadece de su nuera.

   El tercer crío no ha supuesto grandes cambios en el día a día de la familia Carreño-Manzano, aunque sí han debido hacer algunas adaptaciones. Una ha sido que definitivamente Paca se dedique exclusivamente a los niños, pues tres críos de tan corta edad dan mucha guerra. Otra cuestión es que el cabeza de familia debe redoblar sus viajes pues necesita bastantes más ingresos para mantener una familia cada vez más numerosa. Al tener Julio que viajar más a menudo, a Julia no le ha quedado más remedio que ponerse al frente de la tienda casi de forma exclusiva, algo que le resulta agridulce pues se siente como pez en el agua en la droguería, pero le entristece el poco tiempo que puede estar con sus hijos. Cuando sale por la mañana los críos todavía están durmiendo y cuando llega por la tarde están a punto de acostarse.

   Los dos mayores, Álvaro y Pili –lo de Pilarín resultaba demasiado largo-, a pesar de su corta edad, cuatro y dos años, comienzan a dar muestras de su carácter y no se parecen en nada. Álvaro es un niño tranquilo, obediente y cariñoso. Pili es un rabo de lagartija, rebelde y desapegada. El mayor es el predilecto de su padre, la niña la preferida por su madre y su abuela materna. El tercero, Julián, como solo es un bebé, todavía no ha conseguido el favor de ningún adulto, con excepción del de Paca.

   Como Álvaro ya cumplió los cuatro años, y por sugerencia de su abuela materna, los padres han decidido escolarizarlo. Se inclinan por enviarlo a un modesto kindergarten de las

Hermanas Josefinas Trinitarias y al que en el pueblo llaman la escuela de los cagones, en la que los críos no aprenden casi nada, salvo algún que otro rezo y algunas cancioncillas. Le han hecho un babero con rayas azules y el niño acepta con semblante serio lo que para él será estar unas horas -solo hay clase por la mañana- fuera del seno familiar. La que se coge un berrinche de cuidado es su hermanita porque ella también quiere irse con su tato. Es necesario que Julia y Paca desplieguen todo su tacto y paciencia para calmar a la pequeña.

   -Señora –dice Paca-, o mucho me equivoco o esta nos va a salir con el mismo genio que su suegra.

   Tras una serie de reducciones de las condenas de convictos, llevadas a cabo por los sucesivos e inestables gobiernos que caracterizan el reinado de Alfonso XIII, sale de la cárcel de Cáceres el tío Lorenzo el Hurón. Una de sus primeras visitas es para Julio. El droguero no puede ocultar el impacto que le produce ver al antiguo contrabandista con el que llegó a tener un par de negocios al alimón: los alijos de medicinas y tabaco a Portugal. El Hurón ha envejecido malamente, está en los huesos, le faltan la mitad de los dientes y ya no tiene el talante bravucón y zorruno que le caracterizaba.

   -Hombre, tío Lorenzo, un abrazo y que sepa la gran alegría que me produce verle por fin libre. Ya era hora.

   -Gracias, Julino. Sé que lo dices de corazón. Estoy de paso a Valverde y no he querio pasar por Plasencia sin saludarte. Pero, ya ves, estoy hecho una ruina y en la ruina. ¿Podrías prestarme unos cuantos duros, como veinte o treinta? Tengo unos nietecillos a los que no conozco y quería comprarles alguna chuchería pa que tengan buen recuerdo de su abuelo.

   -Cuente con ellos, Lorenzo y si en algo más puedo ayudarle, no tiene más que decirlo.

   -Me contaron en el talego que no has vuelto a pisar la Raya, que te has convertio en un industrial honrao…, y que ties una camioneta, una de las contás de la provincia. ¿Te interesaría hacer algún porte hasta Valverde?

   -Pero, tío Lorenzo, ¡¿va a volver a los alijos?! ¿No ha tenido bastante con los años que ha estado encerrado?

   -¿Y qué voy a hacer si no? Ya soy perro viejo y no tengó edá pa cambiar de oficio. Si no paso la Raya, ¿con qué me voy a ganar el pan? Lo dicho, ¿te interesa hacer algún porte? Me cuentan que en la Raya ahora se ganan más duros que nunca. Y también me han dicho que ya tienes tres criaturas, pa alimentar tres bocas hacen falta muchos cuartos.

   -No, tío Lorenzo, no. La mujer con la que me casé me hizo prometer, poniendo la mano sobre el Evangelio, que jamás volvería a alijar. Y si incumpliera la promesa, y con el genio que se gasta, sería muy capaz de arramblar con los críos y dejarme más solo que el Cristo del Viernes Santo. Lo de la Raya se acabó para mí –Y está a punto de añadir: y debería acabarse para usted, pero se muerde la lengua, no quiere importunar al Hurón.

   Cuando el tío Lorenzo se marcha, Julio le ve partir con una mezcla de lástima y sosiego, va cerrando capítulos de su pasado, algunos de los cuales, como el que representa el Hurón, mejor es olvidarlos. Esa misma tarde, los Carreño tienen otra novedad en la tienda: Lupe, a la que contrataron cuando cerró el Bisojo, cuenta a sus patrones que se va a casar. Casi se había hecho a la idea de quedarse soltera, pero un viudo sin hijos le ha propuesto matrimonio. Se trata de un dependiente de la mercería más antigua de la ciudad, conocida como Casa Boliches. Si en Plasencia necesitas productos de costura, de punto, manualidades, etcétera, tienes que ir donde Boliches.

   -Lupe, no sabes cuánto me alegro. Te deseo lo mejor. ¿Y para cuándo la boda? –quiere saber Julia.

   -En un par de meses. Va a ser una boda discretita con pocos invitados, pero entre los que espero veros. Como Gervasio es viudo, nos casaremos a primera hora, a ver si así nos ahorramos la cencerrada como es costumbre hacérsela a los viudos.

   -Entonces, ¿tendremos que decirte adiós? –pregunta Julio, de quien Lupe nunca fue santo de su devoción.

   -No, no. La primera condición que le puse a Gervasio es que quiero continuar trabajando y me dijo que por él lo que yo quiera.

   -¡Qué suerte tienes, Lupe, te ha tocado un hombre cabal y no el merluzo que tengo por marido! –se lamenta Antonina que no ha perdido ripio de la declaración de su compañera.

   -Pero el Lucilio me prometió que no iba a darte más la lata con lo de que deberías dejar de trabajar. Así quedamos cuando hablé con él –mete baza Julio.

   -Sí, jefe, eso es lo que te dijo, pero desde que estoy embarazada me da la murga la mitad de los días de que, en una familia como Dios manda, el dinero lo debe traer el marido y la mujer donde debe estar es en casa.

   -¿Si quieres que le dé otro toque…? –se ofrece Julio.

   -Gracias, jefe, pero no hace falta. Te dirá que faltaría más, pero en cuanto te des media vuelta volverá con la matraca de siempre.

   -Que anticuado es este país: la mujer honrada, en casa y con la pierna quebrada –sentencia Julia, que añade-. Así nos va.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 123. Hijos, los que Dios quiera darnos