viernes, 22 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 115. ¿Me los seguirás dando?

   Julia analiza concienzudamente el cuadro comparativo de los rasgos personales de Julio y Toni. La diferencia entre ambos es abrumadora a favor del mañego, ahora entiende porque Julio es un soltero tan codiciado; lástima, se dice, que sea tan viejo. Y es que los treinta y cuatro años de Julio le parecen muchísimos, sobre todo comparados con sus veintiuno.

   -¡Pero bueno! –exclama en voz alta-, ¿y qué me importan los años que tenga Julio?, como si fuera a casarme con él.

   Lo cierto es que Julia ve al mañego de otra manera a como lo veía antes. Ya no es solo su amigo, su colega y su compañero de salidas, comienza a ser algo más, aunque es incapaz de precisar qué es ese más. Y hace lo que solo hizo en otra ocasión, preguntar sobre Julio a las personas a las que tiene mayor confianza.

   -Lupe, hace mucho que no me cuentas trapisondas de nuestro amigo de la competencia, ¿es que no hay novedades?

   -Tú sabrás, si dicen que sois inseparables.

   -Bueno, no tan inseparables, se limita a acompañarme de aquí a casa y algunos domingos hemos salido, pero casi siempre en compañía de su madre y de la señora Etelvina. Y puedes imaginarte que no me cuenta nada de sus aventuras, sobre todo si son galantes.

   -Parece que esa clase de aventuras se han acabao pa el mañego. Lo único que se dice de él es que se ha vuelto un beato y eso bien lo sabrás tú que vais juntos a misa.

   A Pilar no se ha atrevido a preguntarle, pero si lo ha hecho a la comadrona.

   -Señora Etelvina, solo entro a saludarla y me voy, ¿qué me cuenta de nuevo? –La charla es corta y Julia la conduce en la dirección que le interesa.

   -¿… y usted cree que la diferencia de edad entre una pareja es un hecho que influye en una relación?

   -Como en tantas cuestiones, depende. Depende de lo enamorada que esté la pareja, de que además de amantes sean amigos, de que el que sea más joven no vea al otro como un viejo o una vieja…; en fin, que depende de muchos aspectos. Que se consolide la relación es cuestión de sentimientos, de voluntad y hasta del destino.

   -Acaba de decir algo que me llama la atención, lo de que además de amantes sean amigos. ¿Se puede ser ambas cosas a la vez?

   -Naturalmente que se puede, aunque no es frecuente. Lo más habitual es encontrar parejas de amantes, lo es menos encontrar parejas de amigos, y todavía son mucho más raras las parejas que son ambas cosas a la vez. Y por lo que sé, esas son las parejas que más suelen durar.

   -¿Y por qué duran más?

   -Porque cuando se apaga el fuego del amor, que en la mayoría de casos suele tener un acusado componente sexual, queda la ternura de la amistad que sirve de argamasa para mantener la relación.

   Lo de amantes y amigos le impacta a Julia. Nunca lo había pensado. Siempre creyó que el amor era un sentimiento excluyente, que cuando te enamoras se excluye cualquier otra clase de afecto. Y a sensu contrario, para ella la amistad no incluye de ninguna forma el amor. Tiene buena amistad con Julio, pero nada más. Y no tenía amistad con Toni ¿y le quiso? Después de lo ocurrido en casa de los Viqueira ya no está tan segura de haber estado enamorada del donjuán. No puede negar lo mucho que le atraía, lo mucho que la excitaba, pero ¿lo que sentía fue amor o algo inconfesable?, ¿fue amor o una suerte de pura atracción animal? En cambio, lo curioso es que no se siente atraída por Julio aunque sí valora, y mucho, a un hombre que tiene una personalidad y un carácter tan relevante como muestran las ordenadas.

   Mientras Julia sigue devanándose los sesos sobre sus sentimientos, el mañego no desfallece en su empeño de continuar haciendo un cadeau diario a la mujer de la que cada vez está más enamorado. De cuando en cuando tiene baches y se desmorona, pero se repone inmediatamente en cuanto Julia tiene un detalle cariñoso por nimio que sea. Como las salidas de la pareja son cada vez más numerosas, en la ciudad son muchos los que dan por consolidada la relación.

   -Chacho, no me habías contado que lo tuyo con la encargada de la droguería vieja va sobre ruedas. Que callado te lo tenías. ¡Menudo bombón te llevas! –comenta Pascual López, el amigo de Julio que trabaja en la Caja de Ahorros.

   -¿Y quién te ha dicho eso?

   -Ahora no recuerdo, pero es un rumor que corre por la ciudad. ¿Es que no es así?

   -Pues efectivamente, no es así. Solo somos amigos, lo que ocurre es que como vive con mi madre salir con ambas se ha hecho algo natural.

   -Vaya, que equivocada está la gente. Pues, como amigo tuyo, tengo que decirte que siento que el rumor no sea cierto porque quien se calce a esa muchacha se va a llevar, además de a una real hembra, a una moza que tiene la cabeza sobre los hombros. Mi mujer, que es clienta suya, dice que es capaz de venderle una sartén requemada a un chamarilero.

   -Hombre, tanto como real hembra…, aunque admito que en conjunto no está nada mal, en lo que si estoy de acuerdo es que como vendedora vale un Potosí.

   Los vientos marceños han barrido las recias tierras cacereñas y las lluvias abrileñas las han irrigado generosamente. Lo que ha hecho real el conocido refrán: marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso. Un domingo de esa primavera, Julio ha preparado una sorpresa a la joven chinata. Ha alquilado una calesa y la lleva a dar un paseo por los alrededores de la ciudad. Se detiene en un prado en la margen del Jerte y saca una gran cesta que lleva en la parte de atrás.

   -Hoy vamos de merienda campestre. Según me contó Chimo Puig, de quien tantas veces te he hablado, los americanos lo llaman hacer un picnic.

   -Me hace ilusión lo de merendar en el campo. Esperemos que no llegue el propietario de la finca y tengamos que recoger los cacharros.

   -Eso va a ser difícil porque el propietario lo tienes delante.

   -¡No me digas que esta finca es tuya!

   -Y pagada hasta la última peseta.

   -Vaya, te has convertido en un terrateniente. Que callado te lo tenías. Cuéntame cómo ha sido.

   Y Julio le cuenta que siempre fue uno de sus sueños poseer un trozo de tierra, y ha comprado algo más que un trozo pues la finca tiene cinco hectáreas. Como los negocios le van bien, ha ahorrado lo suficiente para devolver a su madre el dinero que le dejó para abrir la tienda, más una cantidad adicional por aquello del lucro cesante. Y le ha quedado suficiente para comprar la finca que ha podido adquirir a buen precio gracias a una gestión de su amigo Pascual, pues el terreno era propiedad de la Caja de Ahorros que se la había quedado por un préstamo impagado. Su antiguo dueño era el constructor que erigió el teatro Alkázar y que tenía la manía de que los nombres de sus posesiones llevaran alguna k…

   -… y por eso la finca se llama El Karrascal.

   -¿Y qué piensas hacer con ella?, además de servirte de merendero.

   -Todavía no lo sé, la compré hace solo unas semanas.

   Tras la merienda, siguen charlando sentados en la manta que ha servido de mantel. Julia se siente como si estuviese flotando en una nube rosa, se lo está pasando estupendamente, se siente feliz y serena y le encanta como se desvive Julio hasta en los detalles más baladís. En un momento en que se produce una pausa en el diálogo, Julia la rompe formulando una pregunta que deja perplejo al hombre.

   -¿Te gustaría tener hijos?

   Julio duda, no sabe realmente qué contestar. Es algo que hasta ahora no se ha planteado. Se piensa la respuesta porque desconoce la intencionalidad de la joven al formular la pregunta.

   -Me gustaría, pero… siempre y cuando la madre fuese la mujer de la que estoy enamorado hasta las trancas.

   Julia parece que va a hablar, pero de pronto se pone colorada como un pimiento de la Vera. Otra vez hay una pausa, hasta que la joven vuelve a preguntar.

   -¿Y cuántos hijos te gustaría tener?

   Ahí sí que no vacila Julio, sabe lo hondamente católica que es la joven. Por lo que la respuesta la tiene fácil.

  -Todos los que nos diera Dios, y me da igual que fuesen chicos que chicas, todos serían bienvenidos. ¿Y a ti te gustaría ser madre?

   -Sí, aunque lo del parto me da un poco de miedo –y vuelve a preguntar-. ¿Crees que serás un buen padre?

   -Si me caso con la mujer que quiero seré el mejor padre del mundo, y antes de eso intentaré con todas mis fuerzas ser el mejor marido posible.

   El diálogo está entrando en un terreno muy personal, quizá por eso Julia vuelve a callarse; lo que hace, ante la sorpresa de Julio, es recostarse y apoyar su cabeza en las piernas del hombre a la par que cierra los ojos. El leve peso de la cabeza de la joven provoca en el hombre un calambrazo que le obliga a morderse los labios; en cambio un amago de sonrisa recorre la boca de la muchacha.

   -Julio…

   -¿Qué? –El mañego no quiere hablar más de la cuenta para no romper la magia del momento.

   -No, nada…

   El silencio comienza a pesarle a Julio. No sabe cuál debe ser su comportamiento para no herir en lo más mínimo a la mujer que adora. Opta por seguir callado y que sea ella la que dé el siguiente paso. Y lo da.

   -¿Me das un beso?

    Julio cree estar viviendo un maravilloso sueño, pero lo que acaba de pedirle Julia es bien real. Se inclina sobre ella, su primera intención es darle un beso en la frente pero la joven le ofrece su boca entreabierta, aunque sigue con los ojos cerrados. Julio pone en el beso toda la pasión contenida en los últimos tiempos, a la par que hace esfuerzos titánicos para no propasarse, y cuando se despega para coger aire un dedo de Julia se pone ante su boca. La chinata abre los ojos, se sienta y en tono cariñoso le pregunta:

   -¿Sabías que las mujeres solteras somos de vidrio?

   El rostro de perplejidad del mañego es todo un poema.

   -No lo sabía –Y se ha de morder la lengua para no decir lo que piensa: ¿y a santo de qué esa pregunta?

   La muchacha, mirándole con ternura, le pide:

   -Ayúdame a levantarme y a recoger las cosas y en el viaje de regreso te cuento.

   El desconcierto de Julio se deshace como un azucarillo en una taza de café cuando la joven le susurra al oído como si temiera que alguien pudiese oírla:

  -Tus besos me han sabido a gloria, ¿me los seguirás dando cuándo sea tu mujer?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 116. Y es gurriato

 

PD.- Atención al post informativo que colgaré en el blog pasado mañana, 24.

 

viernes, 15 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 114. Abscisas y ordenadas

    Cuando Julio oye la petición de la joven de que no siga pateando a Toni, pues si le mata irá a la cárcel y ella donde quiere verle es a su lado, tarda unos segundos en asumir el mensaje, tal es su ira. En  tonces comienza a serenarse y  deja de golpear al maltrecho galán, lo que hace es tirar de él y ponerle en pie. Toni, la viva estampa de un eccehomo, tiene el rostro magullado, se queja del tórax como si tuviese alguna costilla rota, tiene una mano medio destrozada y sangra profusamente pues sufre varias heridas, aunque parecen superficiales. Julio lo apoya contra la pared para que pueda mantenerse en pie y, cogiéndole del cuello con la mano, le amenaza.

   -Escucha, rata de alcantarilla, como vuelva a verte, o me digan que te han visto a menos de cien metros de Julia, iré a por ti y te arrancaré los huevos –Y al decirlo su otra mano le agarra el escroto apretándolo lo que provoca un alarido del maltrecho donjuán-. ¿Te ha quedado claro, hijoputa? Como te acerques a ella te caparé, por Dios que lo haré, cacho cabrón –y cogiendo al malparado joven de las solapas lo arrastra hasta la puerta de la  trastienda que sigue cerrada-. Julia, abre la puerta.

   Julio, con una última patada, echa fuera del local al descompuesto casanova. Ya en la calle le grita:

   -¡Y no vuelvas a acercarte por aquí o acabaré contigo, gilipollas de mierda!

   Mientras tanto, Julia ha sacado un pequeño botiquín para restañar las heridas y contusiones que el malparado burlador le ha causado al mañego.

   -Ven, déjame que te ponga agua oxigenada, no se te vayan a infectar las heridas –y cuidadosamente va limpiando las magulladuras del hombre-. Nunca pude imaginar que fueras tan fuerte. Vaya paliza que le has dado a ese malnacido.

   -Se la buscó a pulso, ¿no?

   -Sí, se la ganó. Y nunca daré bastantes gracias a Dios de que llegaras a tiempo. No sé qué hubiese sido de mí si no apareces. Has salvado mi honra que para mí es el tesoro más preciado. Mil veces gracias, Julio, eres mi salvador, mi ángel de la guarda, mi leal escudero –Y por como lo dice da la impresión de que las palabras le salen del corazón.

  Desde el día de la pelea entre Toni y Julio, la chinata ha cambiado radicalmente su manera de tratar al mañego. Ya no le ve como a un hermano mayor, sino como su defensor, como alguien en quien puede confiar plenamente, como alguien con quien se siente segura, valorada y respetada. Ahora, Julio va muchas noches a casa de su madre a cenar y la pareja tiene la ocasión de hablar más a menudo. En esas charlas, Julia ha podido constatar que el droguero tiene una formación superior a la suya y, por supuesto, mucha más experiencia de la vida. Conversan a menudo del negocio, en el que cada vez son más colaboradores que competidores, ante el disgusto del Bisojo quien, sabiendo lo que opina su encargada sobre la vida privada, no le queda otra que callarse.

   Las partidas de parchís de los domingos han dado paso a otras actividades. Como en el teatro Alkázar, el único de la ciudad, se represente una obra teatral o actúe una compañía de zarzuela o de varietés, Julio saca entradas y se lleva a sus tres mujeres, como designa a Julia, Pilar y Etelvina, a ver la función de turno. Las dos mujeres mayores se han puesto de acuerdo y cuando tienen ocasión se inventan cualquier excusa para que sea la pareja de jóvenes los que asistan solos al teatro. Hoy es uno de esos domingos en el que la pareja saldrá sola, pero en esta ocasión a un baile en el casino mercantil. Cuando Julio se lo propuso, la joven accedió encantada y, aunque él le ha dicho que puede bailar con quien quiera, la joven ha rechazado a cuantos se han acercado a pedirle un baile, solo ha querido hacerlo con Julio.

   -Veo que te saluda mucha gente. No imaginaba que fueras tan popular.

   -No es que sea popular, es que estoy acompañado por la señorita más bonita del sarao y la que tiene más clase y estilo. Vamos, la más chic como dices a tus clientas.

   -No te burles de una pobre chica de pueblo. Guapas las hay mucho más que yo, y en cuanto a lo de clase y estilo, supongo que habrá opiniones para todos los gustos.

   -Lo de la chica de pueblo no cuela. Te recuerdo que yo también soy un chico de pueblo y bastante más pequeño que el tuyo, por cierto. Y sobre la guapeza y todo lo demás, si digo que eres la más bonita y estilosa es que para mí lo eres. Por lo que discusión finita, como diría un italiano. Vamos a bailar –En la pista siguen charlando.

   -Hablando de tu pueblo, no sé si sabes que no lo conozco. Tu madre me prometió que me llevaría un día, pero hasta hoy. ¿Por qué no lo haces tú?

   A Julio le brillan los ojos de alegría.

   -¿Vendrías conmigo a San Martín?, ¿a ver cómo son los mañegos en su salsa?

   -Por supuesto que sí, me encantaría. Mira, de este verano no ha de pasar sin que me lleves. Claro que también tendrá que venir Pilar o Etelvina, no estaría bien que fuéramos solos.

   -Naturalmente, Julia. Sabes que para mí tu honra es lo más valioso del mundo. Y pienso que quizá podríamos acercarnos a alguno de los pueblos de la Raya cercanos a San Martín, pero ya dentro de Portugal.

   -Me gustaría. A pesar de lo cerca que está nunca he estado en Portugal y no entiendo bien su lengua. ¿Tú comprendes el portugués?

   -Comprenderlo sí, hablarlo es otra cuestión, aunque me hago entender. Ten en cuenta que, como buen mañego, hablo la fala, que es medio gallego medio portugués.

   Cuando la charla decae, Julia apoya su cabeza en el hueco que forma el hombro y el cuello del mañego y cierra los ojos. Se encuentra bien, se siente segura, es feliz. Julio lo es mucho más, pero ha de andarse con cuidado porque el contacto con la muchacha dispara su instinto viril lo que puede gastarle una mala pasada. Hace un titánico esfuerzo para controlarse, por nada del mundo quisiera estropear la maravillosa tarde que está pasando. ¡Ojalá, se dice, Julia lo esté pasando igual de bien!

   Tardes como la discurrida en el casino se repiten cada vez más a menudo, ante la complacencia de Pilar y Etelvina que multiplican sus excusas para que la pareja goce de mayor intimidad. La mayor relación de la pareja ha terminado modificando sus costumbres. Julia casi ha dejado de salir a pasear con sus amigas y no ha vuelto a aceptar ninguna invitación de sus amistades burguesas. Julio ha morigerado aún más sus hábitos: va con menos frecuencia al casino, juega bastante menos, se cuida muy mucho de a que clientas embroma y ha abandonado sus visitas a los burdeles. Se podría decir que es un hombre nuevo, sobre todo en su vida religiosa, ahora confiesa y comulga regularmente y se esfuerza por respetar los mandamientos. Intenta seguir la estela de Julia que es una devota y practicante católica. Lo que no ha hecho el mañego es volver a requerir a la muchacha que le responda a la atípica declaración de amor que le hizo en su día y que ahora parece algo muy lejano. No tiene prisa en que Julia le responda, sabe que las mejores frutas son las que maduran poco a poco y Julia, día a día, lo va haciendo. Se impone esperar, y a eso se aplica con toda su alma. La creciente amistad entre ambos ha llegado a los mentideros.

   -Julina, me han contao que el domingo ibas muy amartelá con el de la competencia –Como Lupe suele llamar a Julio-. Como se entere el patrón cogerá un berrinche de muerte, con lo enfilao que tiene al Carreño.

   -Primero, no iba amartelada, sino cogida de su brazo. Y segundo, el señor Elías sabe bien, porque se lo dije hace tiempo, que en mi vida privada mando yo y nadie tiene porque inmiscuirse.

   -Que palabreo gastas, como se nota que tienes estudios. Y estoy de acuerdo contigo, nadie tiene porque meterse en lo que hace cada quisque en sus ratos libres.

   Lupe no es la única persona que le tira alguna puya a la joven por su creciente relación con Julio. Más de una amiga y hasta alguna de las clientas que le tienen mayor confianza le han preguntado si Carreño la corteja. La respuesta de Julia es que no, pero cada vez esa negativa da la impresión de ser menos consistente. Dado lo aficionada que es la chinata al autoanálisis, no tarda en llevar a ese terreno su relación con el mañego. ¿Qué es Julio para mí, aparte de ser mi amigo, mi colega y el hijo de la mujer que es como mi segunda madre? Pues de entrada, se contesta, es muchas cosas: amigo, camarada y casi un hermano, ¿pero qué más? ¿Me gusta cómo hombre?..., no sabe responder o, mejor dicho, no lo sabe bien, solo sabe que a su lado se siente feliz y segura. Como no avanza en la introspección recupera la vieja idea, de cuando no sabía a qué atenerse con Toni, de elaborar un cuadro de doble entrada, donde en el eje de las ordenadas pondrá los rasgos positivos, negativos y dudosos que Julio presenta. En ese eje hace tres apartados marcados con un + (positivo), un - (negativo) y un ? (dudoso). En el eje de las abscisas reseña los rasgos a considerar: físico, inteligencia, carácter, seriedad, simpatía, educación, afabilidad, honradez, palabra, capacidad para ganarse la vida, ¿será buen marido?, ¿será buen padre?, ¿me tratará como reina o sierva? Y aunque ya es agua pasada opta por poner también a Toni para que le sirva de patrón comparativo. 

 


   Cuando lo termina le echa un vistazo al cuadro. Su primera impresión es que no hay color, Julio gana por goleada, pero debe analizarlo detenidamente, por nada del mundo quisiera equivocarse.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 115. ¿Me los seguirás dando?