viernes, 8 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 113. El escorpión y la rana

   Tras contar a Maribel Quirós lo sucedido con Toni, Julia tarda en entender el sentido de la inconclusa pregunta de su amiga, cuando cae en la cuenta responde a voz en grito:

   -¡No, no llegó!, pero… lo intentó.

   -¡Uf! Ese malnacido siempre hace lo mismo. Si no fuera porque es un vicioso sería encantador, pero siempre actúa igual. Cada vez que me entero de una canallada de las suyas me suelo acordar de la fábula del escorpión y la rana, es su naturaleza. Un día alguien le partirá la cara y se lo habrá ganado a pulso. ¡Miserable! Y permíteme que te dé un consejo, puesto que fui quien te lo presenté estoy obligada a ello: si vuelve a intentar cortejarte, algo que no me sorprendería, recházale de manera que no le quepa ninguna duda de que no quieres saber nada de él y ¡nunca, nunca! te quedes a solas con ese malnacido.

   Días después, como si la Quirós fuese profetisa, Toni reaparece.

   -Julina, el malasombra del Toni está ahí –dice Lupe en voz queda señalando con la cabeza a la trastienda-. Ten cuidao con él, recuerda lo que te conté de sus andanzas.

   La muchacha no vacila ni un segundo.

   -Lupe, ven conmigo y no me dejes sola en ningún momento –Ambas mujeres pasan a la trastienda donde el gavilán se ha arrellenado en una silla mientras fuma displicentemente un cigarrillo.

   -Me moría de ganas de volverte a ver, paloma mía. No he podido venir antes porque he estado de viaje.

   -Toni, ahora mismo estás saliendo de la tienda. Si no lo haces llamaré a la Guardia Civil.

   -Pero qué dices, preciosa. ¿Tienes hoy un mal día?

   -Cuento hasta tres, si no sales comenzaré a gritar.

   -Pero que tres ni que niño muerto. ¿Se te ha ido la chola?

   -Uno, dos, tres… Lupe, grita conmigo: ¡socorro, socorro, ayuda…!

   El galán no se arredra, pero comienza a retirarse hacia la puerta.

   -Vale, vale, no es necesario armar tanto alboroto. Cuando se me pide algo educadamente siempre lo atiendo. Y descuida, volveré. No me gusta dejar las cosas a medias y tú y yo, paloma, tenemos mucho de qué hablar.

   A Julia le tiemblan las piernas y la respiración se le entrecorta, pero en el semblante muestra un gesto decidido. Este desgraciado, se dice, no se va a burlar de mí otra vez.

   -Gracias, Lupe, eres una buena amiga. Ah, de ahora en adelante hay que tener la puerta de la trastienda cerrada con llave y si vuelve ese impresentable no te separes ni un segundo de mí. Y como se ponga chulo lo echaremos aunque sea a escobazos.

   Cuando la muchacha llega esa noche a casa duda de si contarle a Pilar lo ocurrido, tras meditarlo no le dice nada, no quiere preocuparla, además después de su reacción no cree que Toni vaya a volver. De todas formas, como es mejor prevenir que curar, decide tomar medidas cautelares.

   -Pilar, quiero pedirle consejo. ¿Cree que a Julio le sentaría mal si le pidiera que durante unos días viniera al cierre de la tienda para acompañarme a casa? No sé si es buena idea, porque bastante trabajo tiene en su negocio.

   Lo primero que piensa Pilar es contestar a la joven que ya está ella para acompañarla, algo que hace de lunes a jueves, pero se lo repiensa… Puede ser una oportunidad única para su hijo de que Julia se sienta protegida y amparada por un hombre del que puede fiarse.

   -¿Qué si le sentará mal? ¡Quia!, estará encantado de que recurras a él. Sabes bien que Julio te tiene un enorme cariño y no hay nada que le haga más feliz que poder ayudarte. Se lo diré y te garantizo que cuando cierres mañana, allí estará esperándote para traerte a casa sana y salva.

   La noche del siguiente día, bastante antes de cerrar, Lupe cuenta a la chinata que ha visto al mañego en la esquina.

   -Ahí está el de la competencia -Como suele llamar irónicamente a Julio-. Supongo que no ha venido a fisgar si tenemos muchos clientes.

   -Ya conoces a Julio, trabajaste con él. Entre sus defectos, que los tiene como cada hijo de vecino, no está ser un fisgón. Ha venido a acompañarme hasta casa.

   -Pues sí que ha llegao pronto, habrá dejao que Antonina se las apañe como pueda. Es un buen hombre, no como otros que yo me sé.

   Tras echar el cierre, Julia se acerca al de la competencia como le ha llamado Lupe.

   -Buenas noches, Julio, y muchas gracias por venir. Te debo parecer una niñata temerosa de que se la vaya a comer el lobo como a Caperucita Roja, ¿no?

   -De temerosa, nada. Eres una de las mujeres más valientes que he conocido –y la más maravillosa piensa, pero se calla, no vaya a estropearlo.

   -De todos modos, no es necesario que vengas tan pronto, conque estés aquí a la hora del cierre es más que suficiente. Incluso si algún día te retrasas porque tienes mucho lío en la tienda, no te preocupes, echaré la llave a la puerta y me quedaré dentro hasta que llegues.

   -Entendido, pero hay algo que quiero que te quede claro, para mí no hay nada mejor que dedicar mi tiempo a ayudarte, bien sea acompañándote o cumpliendo cualquier otro deseo tuyo. Además –dice sonriendo como para restar solemnidad a lo que acaba de afirmar-, ten en cuenta que acompañarte tiene premio: de aquí a casa, nos cruzaremos con cien pares de ojos envidiándome la suerte que tengo por llevar a mi vera a la jovencita más… -busca un adjetivo que no suene excesivo-, más encantadora de la ciudad.

   -Comprendo que tengas tanto éxito con las mujeres. Sabes decir las palabras que a cualquiera le gustan escuchar. Eres todo un caballero –De pronto, Julia se acuerda de algo que le dijo Maribel-. Por cierto, y aunque no viene a cuento, el otro día una amiga me habló de la fábula del escorpión y la rana y se me olvidó preguntarle de qué iba, ¿tú lo sabes?

   -No, es la primera vez que oigo hablar de esa fábula, pero pregúntale a mi madre, seguro que ella sí lo sabe.

   Julia toma nota y en la cena pregunta a Pilar sobre el escorpión y la rana.

   -Es una fábula atribuida a Esopo. Un escorpión pide a una rana que lo ayude a cruzar el río, prometiendo no hacerle ningún daño, puesto que si lo hiciera ambos morirían ahogados. La rana accede subiéndolo a su espalda, pero cuando están en medio de la corriente el escorpión la pica. La rana, incrédula, le pregunta: ¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos. A lo que el escorpión responde: no he tenido elección, es mi naturaleza. La moraleja es que hay personas que sacan su maldad sin importarles las consecuencias de sus actos, incluso dañándose a sí mismos.

   -Yo conozco alguna persona de esa clase –comenta Julia casi como para sí.

   -Pues recuerda la fábula y apártate del escorpión, si no terminará picándote; es su naturaleza    -No, se dice Julia, ese malnacido de Toni no volverá a picarme, no le daré la ocasión.

   La noche del sábado, Julio ha avisado a la muchacha de que irá a buscarla un pelín más tarde que de costumbre, pues tiene que hablar con un proveedor.

   -¿Hoy no tienes quien te acompañe? –inquiere Lupe al no ver la habitual presencia del de la competencia.

   -Julio me ha mandado aviso de que vendrá un poco más tarde.

   -¿Quieres que me quede hasta que llegue?

   -Gracias, Lupe, no hace falta. ¿La puerta de la trastienda está cerrada?, ¿sí?, pues entonces puedes irte cuando quieras. Ya echo yo el cierre. Y hasta el lunes, Dios mediante.

   Lupe se va y cierra la puerta principal con picaporte, pero no echa la llave, ya lo hará Julia piensa, pero la joven cree que la puerta la ha cerrado su compañera. La falta de comunicación entre ambas es aprovechada por un indeseado visitante.

   -¡Qué ganas tenía de volverte a ver, paloma mía!

   Ante la sorpresa y el miedo de Julia, Toni Cortés está en medio de la tienda luciendo su sonrisa más cautivadora.

   -¡Márchate ahora mismo, vete o empiezo a gritar! –le amenaza la muchacha.

   -Sé sincera contigo misma, no es eso lo que quieres, lo que estás deseando es sentir mis manos enlazando tu talle y mis labios bebiendo de los tuyos. Eso es lo que deseas, lo están gritando esos ojazos que más parecen dos lagos aterciopelados.

   A la par que habla, el galán se ha ido acercando a la joven que corre a refugiarse en la trastienda donde intenta huir por la puerta que da acceso a la calle, pero Toni no le da tiempo, la coge por detrás, la levanta en vilo y la apretuja contra la pared.

   -¡No, por favor, no me toques, te lo ruego, Toni, márchate!

   El gavilán no le hace caso, ha puesto sus manos sobre los pechos de la muchacha pellizcándolos al tiempo que intenta que vuelva la cara para besarla. Julia forcejea tratando de deshacerse del abrazo del hombre, pero este es más fuerte y no la suelta. A la joven no le queda otra que pedir ayuda.

   -¡¡Socorro, ayuda, socorro, que alguien me ayude, socorro!!

   De pronto un par de recias manos tiran de Toni hacia atrás y al volverse un puñetazo impacta en su nariz haciéndole sangrar.

   -Julia, ¿estás bien? –es Julio quien le pregunta.

   -Sí, sí, no me ha pasado nada…

   Toni al notar la sangre se enfurece y se lanza contra Julio golpeándole. Ambos se enzarzan a puñetazo limpio. Toni es más joven y ágil, pero Julio le lleva unos cuantos quilos y está muy encolerizado por lo que termina empotrando contra la pared al galán y un último golpe en el plexo solar hace que el joven mida el suelo, lo que aprovecha el mañego para patearlo furiosamente. Julia se ha rehecho y se da cuenta de lo fuera de sí que está Julio por lo que le pide clemencia para el caído.

   -¡No sigas, Julio, lo vas a matar!

   -Un tío que intenta abusar de una mujer está mejor muerto que vivo –responde Julio que continúa pateando al caído.

   -¡No te pierdas, Julio, no te pierdas por una cucaracha como esa! Déjale que se vaya, ya le has dado bastante.

   -A las cucarachas se las aplasta, no se las deja –Julio, enfurecido, sigue pateando al maltrecho galán que ya no hace nada para defenderse, se ha acurrucado en posición fetal para cubrirse la cabeza.

   -¡Julio, hazlo por mí! Toni es un malnacido que no se merece más que mi desprecio y mi asco, pero déjale vivir. Si sigues golpeándole lo vas a matar e irás a la cárcel de por vida. Y no te quiero allí, te quiero a mi lado…

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 114. Abscisas y ordenadas

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 112. ¿Llegó a…?


   Desde hace unos días Julia no hace más que llorar. Cuando hay gente presente su férrea voluntad le ayuda a reprimirse, pero en cuanto se queda sola su llanto es inconsolable, como si sus ojos se hubiesen convertido en inabarcables lagos de los que el agua escapa a raudales. Es incapaz de contener las lágrimas y la pena que siente no hace más que aumentar su llanto. Cuando creía que había encontrado el príncipe con el que soñaba desde que era adolescente se ha topado con un rufián de la peor calaña. Toni no la quiere, solo pretendía abusar de ella, convertirla en una perdida, en una mujer sin honor y sin honra. Y el llanto, una vez más, se torna inconsolable. Ha perdido el apetito, está desmejorada, se le marcan las ojeras, duerme poco y mal, está hecha un guiñapo. Hace esfuerzos titánicos para que no se note el calvario por el que está pasando, y con ayuda de cremas, coloretes y potingues, de los que vende en la tienda, cree que lo está consiguiendo. Lo cierto es que no es así, toda la gente de su entorno se ha percatado de que algo le pasa y no debe ser agradable precisamente. Como si alguien hubiese dado la consigna de que lo mejor que pueden hacer es no preguntarle, nadie la interpela pero sí lo comentan a su espalda.

   -Pilar, ¿qué le pasa a Julia?, tiene una cara que parece una Magdalena –se interesa Etelvina.

   -¿También te has dado cuenta? A ciencia cierta no lo sé, pero me da que sufre de mal de amores. Hay un caballerete que iba a buscarla a la tienda para acompañarla hasta casa y con el que el pasado domingo fue a un sarao de los que montan los ricachones. Se la veía muy ilusionada con Toni, así se llama el chico, pero no ha vuelto a vérsele el plumero. Para mí que han debido partir pajitas… y es lo mejor que ha podido pasarle porque el joven tiene una pésima reputación.

   -Pobre Julia –se lamenta la comadrona.

   -Se le pasará. Ahora debe creer que es el fin del mundo, pero el tiempo lo cura todo o casi todo.

   Hasta el Bisojo se ha dado cuenta de que su encargada presenta una imagen lamentable, como la de un chucho apaleado, y se interesa por ella pero no le pregunta, lo hace a su otra dependienta.

   -Lupe, ¿qué le pasa a Julina?, parece la Virgen de las Angustias.

   -Un pretendiente que le da achares, tío Elías.

   -Ya me barruntaba que tenía que ser mal de amores. Échale una mano si puedes, no nos interesa que tenga esa cara, eso espanta a los clientes.

   -Déjelo de mi mano y no se preocupe. Además, si lo ha dejao o ha roto con él, es lo mejor que le podía pasar. El tipo que le buscaba las vueltas es un malaje de cuidao.  

   Tampoco a Julio le ha pasado desapercibido el estado de Julia, y ha preferido no preguntarle, pero si lo hace a su madre.

   -Julia lo está pasando mal, madre. ¿Es por causa del impresentable de Toni Cortés?

   -Sospecho que sí. Desde que el domingo la llevó a casa de los Viqueira, el mozo no ha vuelto a dar señales de vida. Y desde ese día Julia no hace más que llorar por los rincones. Lo está pasando mal, pero se le pasará, démosle tiempo.

   -Mejor, no sabe de la que se ha librado. He preguntado por ahí y lo que me cuentan del fulano es como para no querer saber nada de él. Al parecer, es un truhan que no tiene desperdicio. Juega y le da al vino y a las muchachas, como el fraile de las tres tachas.

   -Es el momento más indicado para apoyarla. Lo mejor que podemos hacer es no recriminarle, ayudarla en lo que podamos, reconfortarla y hacerle la vida lo más agradable posible. Cuento con tu ayuda.

   -Por descontado, madre. Sabes lo que siento por ella y haré lo imposible para ayudarla a que pase este trago –Hay una pregunta que a Julio hace días que le corroe las entrañas, pero que no se ha atrevido a formular, ahora cree llegado el momento de hacerla-. ¿Crees que se ha enamorado de ese canalla?

   -No lo sé, pero es posible. Es el primer chico con el que la he visto ilusionada. Aunque no sé si ha sido un amor de los de para toda la vida o solo un arrebato pasajero. Posiblemente ni ella misma lo sabe.

   No puede imaginarse Pilar que eso mismo es lo que se está planteando Julia. Se ha obligado a llevar a cabo un profundo autoanálisis, a reflexionar lo más objetivamente posible sobre lo que le ha sucedido. Aunque no se engaña, es consciente de que hablar de objetividad tratándose de sentimientos es una pura contradicción, pero aun así se esfuerza por razonar. Y tiene que analizar los sentimientos tanto de ella como de Toni en relación con el lamentable suceso en casa de los Viqueira. De Toni lo tiene claro, nunca la ha querido, nunca ha estado enamorada de ella, para él solo ha sido un capricho, alguien con quien divertirse y añadir un florón más a su corona de conquistador. Si no llega a entrar Assunçao en el dormitorio, no sabe qué habría podido pasar, posiblemente, y a pesar de sus desesperadas negativas, quizá habría acabado poseyéndola. Solo de pensarlo se le eriza el vello, pero no de placer sino de asco y vergüenza.

   Si del joven Julia tiene claro sus sentimientos y deseos, sobre ella misma todo es confusión. Piensa que cuando las emociones imperan sobre la razón los resultados pueden ser desastrosos o, al menos, dejar mucho que desear. Tiene que esforzarse mucho más, tiene que olvidarse de lo que siente su cuerpo y concentrarse solo en su mente. Puesto que no lo consigue de manera global, opta por trocear sus sensaciones. Y lo primero es contestarse: ¿me gustaba, me gusta Toni? Ahí no tiene ninguna duda, le gustaba como jamás le había gustado otro chico…, lo que ya no es capaz de responderse tajantemente es si le sigue gustando…; no puede gustarte después de la canallada que intentó, se dice. No puede gustarte un hombre que ha intentado violarte, que ha estado en un tris de hacerte suya a la fuerza. ¿Estaba enamorada de Toni y, si es así, sigue estándolo? La respuesta no es nítida. Es incapaz de deslindar lo de que le gustaba de lo de estar enamorada. Busca otro enfoque. ¿Cuándo pensaba en Toni le veía como un marido cariñoso y fiel, le veía como el padre de sus hijos? Por ahí comienza a encontrar respuestas. Nunca pensó en él como un marido, como un padre, solo en alguien que la trastornaba, que alteraba su respiración, el ritmo del corazón, que provocaba que llegara a mojarse… Era una sensación más física que sentimental, se dice. Y cuando llega a esa conclusión comienza a sentirse mejor, a sentirse en paz consigo misma. No era amor-amor, era una suerte de atracción animal, una sensación irreprimible y hasta inconfesable, pero no era auténtico amor; al menos, no como el que describen novelistas y poetas. Y vuelve a sentirse mejor. Ha pecado de ingenua al creerse las seductoras, las turbadoras palabras que Toni vertía en sus oídos… Claro, se autodisculpa, que nunca le habían hablado así. Toni ha sido el primero que la ha tratado como una mujer deseable, se centró más en su cuerpo que en su mente y su carácter.

   Cuando completa el autoanálisis toma dos decisiones, que no sabe si será capaz de hacerlas realidad, pero al menos debe intentarlo. La primera es olvidarse de Toni, borrarlo de su mente, como si nunca hubiese existido…, pero ¿y si vuelve a rondarme?, se pregunta. No duda sobre la respuesta: si vuelve tengo que rechazarlo de plano, no dejarle que vuelva a embaucarme, diga lo que diga. Toni debe ser para mí como si fuera un leproso, debo apartarme de él o acabará contagiándome sus turbios deseos, acabaré teniendo sus mismos vicios, y eso es todo lo opuesto a lo que tantas veces he soñado sobre mi futuro. La segunda decisión es andarse con pies de plomo cada vez que se le acerque un mozo que pretenda algo más que parlotear o echarse unas risas. No debe hacer caso de las palabras, sino de los hechos. Recuerda una máxima que le ha escuchado a Pilar: no valores lo que dicen, sino lo que hacen. Lo que habrá de valorar son las acciones, los hechos, no las palabras por floridas y hermosas que sean. Y muy al final de la noche, consigue dormirse.

   El sueño reparador ha obrado milagros, Julia se levanta con mucha mejor cara, ya no se le ve el rictus de amargura que tenía los últimos días y hasta las ojeras parecen haberse diluido. En cuanto la ve Pilar en el desayuno comprende que la muchacha ha experimentado algún tipo de catarsis, parece otra, de lo que se alegra infinitamente. El cambio experimentado es tan patente que en la tienda hasta Lupe, que no es demasiado observadora, se da cuenta.

   -Vaya Julina, buena cara traes hoy. ¿Has tenido felices sueños?

   -No recuerdo haber soñado, pero sí, estoy mejor.

   -Mira, Julina, no quiero meterme en camisa de once varas, pero si no te lo digo reviento. El señoritingo ese que ha venido algunos días a buscarte es un malaje, un mal hombre. De él no cuentan na bueno, sobre to de cómo se porta con las mujeres –la palabra en boca de Lupe suena como mueres-. Va presumiendo por ahí que no hay ninguna que se le resista. Puedes hacer lo que quieras, ¡faltaría más!, pero lo mejor que puedes hacer es olvidarlo. Y no te lo tomes a mal, pero como me considero amiga tuya tenía que decírtelo.

   Por la tarde, visita la tienda una clienta de la alta burguesía local, Maribel Quirós, una de las contadas amigas de Julia. Ha venido a buscar otro carmín, hace tiempo que usa el mismo y quiere cambiar.

   -¿Crees que este rosa me sentará bien?

   -Depende del maquillaje. Creo que deberías llevarte más de uno y usarlos según el traje y la ocasión. En la trastienda tengo más, ¿quieres probarlos? –Julia sigue siendo una excelente vendedora.

   Maribel va probando y comparando los carmines mientras siguen conversando.

   -El domingo te busqué para despedirme, pero ya te habías ido. Me dijeron que parecías estar disgustada.

   -Me enfadé con Toni.

   -¿Se portó mal?

   -Peor…, intentó propasarse.

   -No me extraña. ¿Te acuerdas que cuándo te lo presenté le dije que debía portarse como un caballero y no como acostumbra?, pero no, al final siempre se extralimita, es un vicioso.

   -Es que se extralimitó demasiado.

   -¡No!, ¡¿llegó a…?! –exclama Maribel, consternada.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 113. El escorpión y la rana

viernes, 24 de septiembre de 2021

Libro II. Episodio 111. Al fin se quitó la careta

   La mañana del domingo aparentemente discurre para Julia al igual que siempre. Asiste a misa en compañía de Pilar y Julio, toman el aperitivo en el Novedades y almuerzan fuera. En cuanto regresan a casa se disculpa, quiere echarse una pequeña siesta. Lo cierto es que no tiene sueño, pero prefiere estar sola, todavía está sopesando si acudir o no a la invitación que, a través de Toni, le han hecho los Viqueira. Sobre las cinco y algo oye la aldaba del portón, se asoma a la ventana y ve que en el umbral hay dos jóvenes aguardando a que abran, uno es Toni. Al poco suenan unos golpecitos en su puerta.

   -Julia, bajo hay dos caballeretes que preguntan por ti. Dicen que han venido para acompañarte a la reunión de esta tarde en casa de los señores Viqueira. ¿Qué les digo? –Es Pilar quien pregunta. Julia ya no vacila, tiene que salir de dudas de una vez por todas.

   -Dígales que me arreglo y en unos minutos bajo.

   En el trayecto hasta la casa de la familia portuguesa, Toni se comporta educadamente lo que hace crecer las expectativas de la joven de que no es tan malo como lo pintan. Les recibe Assunçao Viqueira, joven de una belleza sensual, con unos ojos negros como carbones, labios carnosos y un cuerpo curvilíneo. La lusitana acoge a Julia con un saludo correcto, pero frío. En cuanto comienza el sarao, Toni saca a bailar a la anfitriona para después dedicar toda su atención a la joven chinata.

   -Paloma mía, si no te lo digo reviento, me moría de ganas de volver a tenerte entre mis brazos. Y todavía deseo más volver a saborear tus labios, sentir como late tu corazoncito cuando te abrazo, cuando te acaricio…

   -Para, Toni, por favor. No sigas por ahí. Esa no es forma de hablar a una muchacha decente, ¿pero quién te has creído que soy?, ¿una cualquiera?

   -Sé bien quien eres. Eres la mujer que me quita el sueño, que me vuelve loco, que se ha adueñado de mi corazón y que no puedo quitarme de la cabeza. Y no tienes por qué escandalizarte, todo cuanto te digo me sale del alma a borbotones, como si fueran las aguas de un torrente desbordado.

   Julia está hecha un verdadero lío, no sabe qué pensar, lo que está oyendo solamente lo dice un hombre enamorado, ¡Toni la quiere!, y la constatación provoca que todos sus sentidos se disparen. Entrecierra los ojos, olisquea el discreto aroma del agua de colonia que usa el joven, la boca se le reseca, sus oídos se apoderan de todas y cada una de las palabras que susurra el galán, y sus manos acarician el cuello del joven. ¡Me quiere, me quiere!, repite una y otra vez. En un breve intermedio piensa que si la quiere, como dan a entender sus palabras, la respetará, protegerá su honra y buena fama, tendrá en cuenta que es de vidrio la mujer. No puede seguir meditando porque llega Toni con un bol de un líquido ambarino. Julia, recordando lo fácil que se le suben los licores a la cabeza, pregunta:

   -Eso no tendrá alcohol, lo digo porque no me sienta nada bien.

   -Es el genuino ponche para señoritas; es decir: agua, azúcar y limón –Lo que no dice Toni es que le ha añadido un chorrito de ron de una petaca que siempre lleva. Julia apura el bol de un sorbo pues está acalorada.

   -¿Seguro que solo lleva agua, azúcar y limón?, sabe muy fuerte.

   -¿Cuándo te he mentido, paloma mía? Lo que te digo es el Evangelio. Soy incapaz de engañar, ni en lo más mínimo, a la mujer con la que sueño hasta cuando estoy despierto. Ven a mis brazos que el baile nos espera.

   Julia está en una nube, ¡Toni la quiere, la quiere de verdad! No le extraña cazar más de una mirada de envidia por parte de alguna de las invitadas. Hasta le ha parecido que la tal Assunçao, le mira con cara de pocos amigos. ¡Qué la zurzan, qué las zurzan a todas!, se dice la muchacha. Este hombre es mío y solo mío. Por un momento se fija en Manolo del Pino, el chico le mira con cara de perro pachón, una mirada tan tristona como amarga. ¡Lo siento, Manolo!, le dice mentalmente, pero en los sentimientos no se manda. Se nota acalorada y húmeda, en otras circunstancias estaría abochornada, ahora es la persona más feliz del mundo. De pronto su mirada se cruza con otra en la que no se lee la envidia sino la preocupación, es Maribel Quirós, su única amiga allí, pese a lo cual se sumerge otra vez en la nube rosa en la que está instalada. Toni continúa susurrándole palabras de amor y, baile a baile, la estrecha con más fuerza y la acaricia con más atrevimiento.

   -Vamos a parar un poquito, Toni, estoy muy acalorada, ¿por qué no me traes otro ponche?

   -Tus deseos son órdenes para mí, paloma mía –El hombre, a escondidas, vuelve a verter un chorro de ron en el brebaje que Julia se bebe de un sorbo.

   -¡Qué rico, que bien sienta!

   Al reemprender el baile, Julia, que por un momento parece haber recobrado la lucidez, hace lo que no ha hecho hasta ahora, preguntar.

   -Toni, ¿tú me quieres de verdad?, ¿quieres que sea tu novia en plan formal?

   -¿Pero qué preguntas son esas, paloma? ¿Cuántas veces te he dicho que estoy loquito por ti? ¿Quieres que te lo diga en francés que es el único idioma en el que medio me defiendo?

   -Lo pregunto porque eres demasiado atrevido, a la mujer que se la quiere se la respeta y tú tienes unas manos que no están quietas un momento.

   -¡Y claro que te respeto!, ¿cómo no iba a hacerlo con la mujer de mis sueños hechos realidad?, lo que pasa es que me haces perder la cabeza, me enajenas y acabo no sabiendo lo que hago. Si no te quisiera tanto como te quiero no obraría así.

   -Pero no has hablado de cortejo, de noviazgo, de matrimonio…

   -Huy, huy, huy, no corras tanto, paloma. Esas son palabras muy serias y quedan para la gente mayor. Lo que debe hacer la gente joven como nosotros es disfrutar, pasarlo bien aquí y ahora, y lo que tenga que ser, será.

  -¡Pero Toni! –se escandaliza Julia-, no todo es el presente, también hay que tener en cuenta el mañana y el qué dirán.

   -El mañana está por llegar y el qué dirán me lo paso por el forro. Tú no hagas caso a los demás y haz caso de lo que te digo, paloma mía.

   Aunque el alcohol ingerido comienza a surtir efecto, Julia tiene la suficiente lucidez para estar hecha un lío. Las palabras de Toni y su comportamiento no cuadran. Le dice que está loco por ella, pero sus manos son cada vez más atrevidas y eso no es forma de portarse con la mujer a quien se quiere. Se siente confusa. 

   -Toni, vamos a dejar de bailar. Estoy muy acalorada. ¿Tú sabes donde hay una toilette para refrescarme un poco?

   -Ven conmigo, corazón –el joven, que parece conocer bien la casa, la lleva por un pasillo y abre la puerta de lo que parece ser un dormitorio-. Ahí tienes una jofaina.

   Julia, se lava las manos, se refresca la cara y se echa agua en la nuca, luego se seca con la toalla que hay en el mueble. De improviso, Toni la abraza por detrás y sus manos cubren los pechos de la joven.

   -Me muero de ganas por besar este par de peritas, paloma.

   -¡Pero, Toni, por Dios! –solo es capaz de decir una escandalizada Julia.

   La respuesta del hombre es cogerla en brazos y echarla en la cama, se tiende al lado y la besa una y otra vez; la joven intenta zafarse pero Toni la tiene bien sujeta y no se contenta con los besos, comienza a subirle la falda. Es más de lo que Julia puede soportar.

   -¡¡No, Toni, no sigas, no sigas, para!! –clama a voz en grito sin conseguir que el hombre cese en su intentona pues sus manos ya están acariciando los muslos.

   De pronto, la puerta se abre de un empellón y alguien grita:

   -¡¿Qué está pasando aquí?! –La que ha entrado es la anfitriona y parece encolerizada-. En mi cama no, hasta ahí podríamos llegar. Ya estáis saliendo de aquí cagando leches –Para ser portuguesa maneja el lenguaje barriobajero hispano de manera impecable-. Si queréis follar buscar otro sitio. ¡Fuera!

   Julia se muere de vergüenza, está aturdida por lo sucedido y más aún por lo que hubiera podido pasar si Assunçao no llega a aparecer. Toni, en cambio, ni se ha inmutado, incluso se ha permitido al salir pellizcar la mejilla de la portuguesa. Desnortada, Julia solo piensa en abandonar la casa y alejarse de Toni. Ve a Manolo del Pino y se le acerca.

   -Manolo, no me encuentro nada bien. Podrías hacerme el favor de acompañarme a casa, te lo ruego.

   -Por supuesto, Julia. Dame un segundo –el joven se da media vuelta y al instante regresa con otro joven-. Jorge Escalante nos acompañará. Cuando quieras.

   El regreso a casa se le hace eterno a Julia. Sus acompañantes, que se han dado cuenta de lo alterada que está la muchacha, no la han molestado con sus preguntas, ni siquiera han charlado entre sí. El silencio es como un leve bálsamo para la atribulada chinata de cuya mente no se aparta la escena de lo sucedido en la habitación de la Viqueira.

   -Gracias Manolo, gracias Jorge, habéis sido muy amables –y la muchacha entra en la casa.

   -¿Qué tal el sarao? –le pregunta Pilar al verla.

   -Muy bien, Pilar. No voy a cenar, he picado algo y no tengo hambre, pero estoy cansadísima. Voy a acostarme. Ya le cuento mañana. Buenas noches.

   En cuanto llega a su habitación la joven rompe a llorar a todo trapo. Está literalmente destrozada. Creía que Toni la quería, pero no es así. Se ha quitado la careta y ha demostrado lo que realmente es: un sinvergüenza, un canalla que ha querido deshonrarla. Como ha podido ser tan ingenua y creerse el palabreo galante del rufián. Mucho estoy loquito por ti, eres la mujer de mis sueños, pero lo único que pretendía era abusar de ella. ¡Que cerdo, que ruin, que granuja, que rastrero, que miserable…! A Julia se le agotan los sinónimos. Y sigue llorando como una Magdalena, no solo por la vil conducta de Toni, sino también por el abrupto fin del sueño de haber creído encontrar al hombre de su vida. Se da cuenta que ha pecado de ingenua y de soberbia, con algo más de humildad habría sabido valorar que todos los consejos que le dieron en los últimos días sobre la personalidad de Toni coincidían en que no era persona de fiar, y así ha sido pues al fin se quitó la careta.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 112. ¿Llegó a…?