viernes, 20 de agosto de 2021

Libro II. Episodio 106. ¿Lo dirá de guasa o en serio?

 

   En casa de los Quirós una de las invitadas, de la que Julia recuerda su cara pero no su nombre, se le acerca.

   -Julia, quiero hablar un momento contigo. Igual no te acuerdas de mí, soy Begoña Escalante y nos conocimos en el Círculo la noche de fin de año. ¿Te lo estás pasando bien? La verdad es que los Quirós se dan mucha maña en organizar estos saraos y no me extraña porque Maribel es un cielo y Juanjo, aunque un poco alocado, es simpatiquísimo.

   -Sí, son verdaderamente majos.

   -¿El día de Reyes tienes algún plan? Te lo pregunto porque por la tarde organizo una reunión en mi casa. No habrá baile, pero merendaremos, jugaremos a las prendas, a la gallinita ciega, al juego de las sillas…; en fin, nos lo pasaremos bien. Te lo cuento porque me gustaría que vinieras.

   ¡Vaya!, malpiensa Julia, otra a quien Juanjo la va a matar si no consigue que acepte su invitación, y tal como lo piensa lo dice.

   -¿Te lo ha pedido Juanjo Quirós, verdad?

   -No, Manolo.

   -¿Qué Manolo?

   -Del Pino.

   Julia se sorprende. Manolo del Pino es el silente y atento amigo que ha ido a buscarla con Juanjo a casa y que durante toda la tarde ha estado pendiente de cada uno de sus movimientos, aunque apenas si han cruzado unas cuantas frases. Ni siquiera ha bailado con él pues es uno de los músicos. Le echa una mirada de soslayo antes de responder, sigue tocando el violín. Es alto, delgado, pecoso y de un blanco entre lechoso y amarillento como si padeciese una enfermedad hepática. Sus miradas se cruzan y el joven aparta rápidamente la suya. Julia se da cuenta entonces que la mira con ojos en los que se lee una suerte de fascinación implorante. Y, no sabe por qué, esa mirada le recuerda la de un perrillo que le regalaron cuando niña y que también la miraba así. Y ese absurdo recuerdo la impulsa a aceptar.

   -Pues gracias por la invitación, Begoña. Asistiré encantada. Dime cuándo.

   -A media tarde irán a buscarte a casa Manolo y otro amigo para acompañarte. Y gracias por aceptar mi petición.

   Manolo no vuelve a acercarse a Julia hasta que formando pareja con Juanjo la escoltan para devolverla a casa de la maestra. Son poco más de las diez y Pilar la está esperando.

   -¿Qué tal, jovencita, lo has pasado bien?

   Julia le hace un apretado resumen de la tarde y le manifiesta que se lo ha pasado muy bien, y que todo el mundo ha estado muy atento y considerado con ella. Y le adelanta que el día de Reyes también saldrá por la tarde pues la han vuelto a invitar, ahora a casa de los señores Escalante, aunque no le dice que a petición de Manolo del Pino.

   -¿Escalante?, no me suena.

   -A mí tampoco, es un apellido que desconozco, aunque por los amigos que tiene Begoña, que es la que me ha invitado, debe de ser otra de las familias de la flor y nata placentina.

    La mañana del día de Reyes, Julio se presenta en casa de su madre a primera hora para llevarles los regalos que les compró en Mallorca y que ha envuelto en papel de seda y atado con una cinta azul: unos guantes y unos zapatos de piel para Pilar y unos botines de medio tacón y una estola de zorro para Julia. Por las exclamaciones de alegría de ambas mujeres parece que acertó al escoger los regalos.

   -Me quedan como unos guantes, y nunca mejor dicho –comenta Pilar haciendo un retruécano sobre la prenda.

   -Nunca había tenido una estola. Gracias, Julio, eres un tesoro –e impulsivamente la muchacha le da un beso en la mejilla, que al mañego le sabe más dulce que la miel.

   -Bueno, pues propongo que hoy mismo estrenéis los regalos, primero en el restorán donde almorzaremos y luego os voy a llevar al teatro Alkázar. Representan la zarzuela El Barbero de Sevilla, que se estrenó en Madrid el pasado año.

   -¡Qué barbaridad, el pasado año en la capital y ya la ponen aquí! –comenta, admirada, Pilar.

   -Lo siento, Julio, estaré en la comida pero no os voy a poder acompañar al teatro, había quedado para esta tarde –dice Julia.

   -¡No me digas, es una lástima! Me ha comentado Pascual, que la vio ayer, que es una obra fantástica. Según me ha dicho tiene escenas muy cómicas y una música tremendamente pegadiza. Y hoy es el último día que la representan y, además, ya compré las entradas –Julio echa el resto para convencer a la joven.

   -No creas que no lo lamento, Julio, pero di mi palabra que iría a merendar a casa de los Escalante y no puedo faltar. Y más después del empeño que puso Begoña en invitarme.

   -Habrá más días y más zarzuelas para ver –Pilar interviene para cortar la embarazosa situación-. ¿Sabes que puedes hacer con la entrada de Julia?, dársela a Etelvina, le chifla la zarzuela, y de paso podrás darle su regalo de Reyes.

   -Ahora que hablas de Reyes, ¿Pilar dónde está el regalo para Julio? –pregunta Julia cambiando de tema.

   -Se me había olvidado, que cabeza la mía –Pilar sale de la sala y vuelve al instante con dos pequeños paquetes. Julio los desenvuelve: en uno hay un fular y en el otro una corbata-. Que conste que ambos regalos son de las dos, pero quien los ha elegido ha sido Julia –precisa Pilar.

   A Julio no se le quita la arruga del entrecejo durante el almuerzo. Que Julia asista por segunda vez consecutiva a un sarao de la alta burguesía local es algo que le sienta como una dosis de ricino. Enojo que se incrementa cuando a media tarde aparecen dos jóvenes con muy buena pinta en casa de Pilar para recoger a la muchacha. Cuando se van, el mañego explota.

   -¡Maldita sea mi estampa! ¡Me cisco en quien invitó a Julia al baile del Círculo! De no haber ido no conocería a esa panda de señoritos cortijeros que ahora la invitan día sí, día también. ¡Así todos cojan una sífilis y se les caiga la polla a cachos!

   -Hijo, por favor, las palabrotas sobran. Y esa no es la manera con que conquistarás a Julia. No con gestos de amargado, malos modales y comentarios hirientes.

   -No hay nada que conquistar, a Julia ya la he perdido. ¿Cómo puedo competir con esa panda de petimetres cargados de apellidos ilustres y de dinero, y que encima tienen diez años menos que yo?

   -Tu pobre padre, que era muy taurino, siempre decía aquello de que hasta el rabo todo es toro, y solía añadir que hasta que un asunto no está cerrado del todo no debe considerarse finiquitado. Hasta donde sé, Julia no está interesada por ningún chico en concreto, ni por el que la invitó al baile de marras ni por ninguno de los que llamas petimetres. O sea, que no la has perdido. Ahora bien, la puedes perder si no cambias de táctica.

   -¿Y qué táctica debería emplear, madre?

   -Lo primero, intentar que no te afecte tan negativamente que Julia salga con otros chicos. Ten en cuenta que tiene veinte años, está en edad de divertirse, de salir con gente de su edad, de pasárselo bien… Y debes tratarla con delicadeza, tener detalles con ella, demostrarle lo mucho que la valoras como mujer y como profesional. Y esto último puedes estar seguro que no lo hará ninguno de los caballeretes con los que ahora alterna. Que perciba que sigues queriéndola por encima de todo, y… tira de paciencia si las cosas no suceden del modo que te gustaría.

   El consejo de su madre le recuerda a Julio una conversación con Chimo Puig, precisamente sobre Julia, en la que el morellano le contó lo que debe hacerse para conquistar a una mujer: vous devez lui donner un cadeau tous les jours. A lo que el mismo Chimo agregó: debes mostrar la actitud de darlo todo sin pedir nada a cambio, demuéstrale que la quieres sin que te importe que ella, al menos por ahora, no te corresponda. Más o menos, lo mismo que le recomienda su madre. Quizá ambos tengan razón y es lo mejor que puede hacer. Y en el peor de los casos evoca la metáfora de los tranvías con la que Chimo cerró su parlamento: las mujeres son como los tranvías, si pierdes uno a los pocos minutos llega otro.

   -Me lo pensaré, madre, quizá tengas razón.

   En casa de los Escalante, Julia vuelve a ser de algún modo el centro de atención de los caballeros. La requiebran, le preguntan, quieren ser su pareja de juego…, aunque Manolo del Pino se limita a continuar mirándola con ojos de implorante admiración. Que pasmado es este hombre, se dice Julia, que pasmado y que soso, y sigue mirándome como aquel perrillo que tuve de chica. Y llevada de la curiosidad, en uno de los descansos entre juego y juego, le pregunta a Maribel Quirós que es la única con la que tiene una relativa confianza.

   -Manolo del Pino que sosaina que es, ¿verdad? Y tiene cara como de no estar bien.

   -Siempre fue un chico enfermizo. No sé si en eso habrá tenido algo que ver el hecho de haber faltado su padre cuando era un niño y, al ser hijo único, ha vivido pegado a las faldas de su madre que encima es una de las personas más controladoras que conozco; no puede dar un solo paso sin que mamá dé el visto bueno. A mí me da pena porque es un chico majo de verdad: atento, educado, cariñoso y siempre dispuesto a hacer un favor.

   -Si tiene una madre tan manipuladora también será de las que tenga que dar su plácet cuando elija a una mujer.

   -Dudo mucho que el pobre Manolo tenga la opción de elegir a la mujer a la que llevará al altar. Será mamá la que decida con quien ha de casarse. ¡Pues menuda es doña Carlota!

   Tras la charla con Maribel, hacia el final de la tarde Manolo se acerca a Julia, algo que ya no esperaba.

   -¿Te lo estás pasando bien? –le pregunta el joven.

   -Muy bien, Manolo, todos son muy simpáticos.

   -¡Te acuerdas de mi nombre! –exclama, asombrado, el chico.

   -Tampoco es tan raro, a la mayoría de los demás les he conocido hoy, en cambio a ti te conocí el domingo, o sea que les llevas ventaja.

   -Te voy a decir algo que espero que no te moleste: no eres como las demás.

   -¿En qué me diferencio de las demás?

   -No sabría concretarte, pero eres diferente…, por eso me gustas tanto –y, ante el estupor de Julia, Manolo ha vuelto a ruborizarse.

   Este chico más parece una novicia que un hombre que se vista por los pies, pero me cae bien, reconoce Julia. Y dice que le gusto, ¿lo dirá de guasa o en serio?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 107. Un pretendiente pobre de espíritu

viernes, 13 de agosto de 2021

Libro II. Episodio 105. La merienda


   El sábado, Julia tiene por la tarde una visita inhabitual. Entra en la tienda una joven de porte distinguido a quien atiende Lupe, pues ella está con otra cliente.

   -Por favor, quiero que me atienda la señorita Manzano –pide la recién llegada.

   -Es que está atendiendo otra clienta –le indica Lupe.

   -No tengo prisa, esperaré.

   En cuanto Julia se acerca a la joven que le está esperando, recuerda su cara como cliente de la sección Pour la femme.

   -¿Podríamos hablar en privado?

   -Por supuesto, sígueme –y la lleva a la trastienda.

   -Ante todo, buenas tardes y perdona que te hable en privado, pero no quiero dar tres cuartos al pregonero. Soy María Isabel Quirós, Maribel para los amigos. Estaba en el grupo del baile del Círculo al que te presentó Juanluis Sotomayor –Julia hace un gesto negativo-. No me extraña que no me recuerdes pues apenas si cruzamos unas palabras. Estoy aquí por encargo de mi hermano Juan José, aunque todos le llaman Juanjo. Creo que bailó contigo varias veces. No sé si le recuerdas, es bastante más alto que yo, pelo castaño, patillas largas y tiene un bigotillo ridículo. Ah y es demasiado charlatán, pero muy simpático.

   La descripción de Maribel genera que Julia haga memoria.

   -Sí, le recuerdo y, en efecto, tienes un hermano que no deja de hablar. Como que estuvo haciéndome un montón de preguntas, más bien parecía un policía o un juez.

   -Es lo que pretende ser algún día, juez. De momento estudia Derecho en Madrid.

   -Bien, ¿y en qué puedo ayudarte María Isabel?

   -Maribel, por favor. Como te he dicho, Juanjo estudia en Madrid y en unos días se le acaban las vacaciones y tendrá que volverse a la capital. Y se ha empeñado en que no quiere irse sin tener la oportunidad de volver a charlar contigo; parece que le impresionaste. El domingo celebramos en casa una merienda y luego tendremos algo de música para bailar. Y vengo a invitarte. Algunos de los asistentes los recordarás cuando les veas porque también estuvieron en el cotillón.

   Julia, aunque no se esperaba la invitación, tiene clara la respuesta: no. El mundo de la gente del Círculo no es el suyo. Y como si le hubiese leído la mente, Maribel se le adelanta.

   -Si no te apetece no vengas, pero me vas a permitir que te pida un favor personal: di que sí porque, si vuelvo a casa con un no por respuesta, Juanjo me va a matar y recaerá sobre tu conciencia la muerte de una inocente. Y hablando en serio, no puedes imaginarte la perra que ha cogido. Te prometo que mi hermano y yo nos ocuparemos personalmente que nadie se ponga impertinente y que te encuentres cómoda. Palabra de honor. Te suplico que aceptes, me harás un gran favor. A los Quirós se nos achacan muchos defectos, algunos quizá sean ciertos, pero una virtud si tenemos: jamás olvidamos un favor.

   El tiempo que lleva tras el mostrador le ha enseñado a Julia a distinguir cuando alguien dice la verdad y cuando miente, y Maribel es de las primeras. Por eso, y aunque la idea de volver a mezclarse con la patulea de los burgueses y aristócratas del Círculo sigue sin hacerle ninguna gracia, accede.

   -Si una clienta como tú me pide algo y encima por favor no puedo negarme. Dile a tu hermano que asistiré. Un par de preguntas: dime a que hora, y si tengo que ponerme como un pincel o vale la ropa de los domingos.

   -Gracias, Julia. Te debo una. Sobre la hora no te preocupes, Juanjo, y uno de sus amigos, irán a tu casa a recogerte, si no te parece mal, para que vayas acompañada. En cuanto a la vestimenta, no te emperifolles demasiado, vale la ropa de los domingos, así es como iremos las demás.

   -¿Sabes dónde vivo?

   -Sí, en casa de doña Pilar Lahoz, la maestra. Bien, hasta el domingo y otra vez gracias.

   En cuanto la joven sale, Lupe pregunta:

   -Esa es una Quirós, ¿verdad? No sé si sabes que su familia es una de las más ricas de la ciudad. Tienen cuartos y orgullo pa dar y tomar. ¿Y qué quería decirte esa estirá que los demás no podamos oír?

   Julia no responde, está pensando que la invitación que acaba de hacerle Maribel tiene su aquél, y a decir verdad le ha sorprendido. No creía que su paso por el baile del Círculo hubiera dejado alguna huella, pero parece que sí. Evoca a Juanjo, pero no recuerda que dijese o hiciese algo que fuese especial. Sí recuerda, como ha comentado su hermana, que se mostró muy parlanchín y dicharachero y que bailaba francamente bien, pero poco más. Bueno, se dice, iré a la merienda, supongo que bailaré algunas piezas y colorín colorao este cuento se ha acabao, porque como Juanjo se vuelve a los Madriles no me va a dar más lata. Y se olvida del caso. En su lugar, dedica su atención a Julio al que no ha vuelto a ver desde aquella declaración tan sorprendente como atípica. Y salvo la nota que le envió posteriormente pidiéndole disculpas por lo del plazo, no ha vuelto a saber nada de él. ¿Qué hago, cómo le trato?, ¿cómo si no hubiese pasado nada y todo fuera como antes de declararse?, se pregunta. Y él, ¿qué hará, se pondrá en plan de pretendiente despechado, de enamorado apasionado o me tratará como siempre ha hecho? Como no tiene respuesta para ninguno de los interrogantes, decide lo que siempre le aconseja Pilar: esperar y ver, o paciencia y barajar, que es otro de los dichos que usa la maestra.

   El domingo, sobre poco antes de las doce, aparece Julio en casa de su madre. Lleva un ramo de flores para Pilar y un rosa blanca para Julia.

   -Buenos días, ¿cómo están las dos mujeres más encantadoras de la ciudad? –Les entrega las flores al tiempo que deposita un leve beso en la mejilla de cada una-. Vengo a acompañaros a misa y luego espero que aceptéis mi invitación para comer en el restorán de cocina francesa que tanto le gusta a Julia.

   Durante el almuerzo, Julio se comporta como si entre la joven y él nada hubiese pasado, conducta que la muchacha recibe complacida. Es mucho mejor así, menos violento, se dice ella. Como el mañego les ha estado contando su paso por Madrid y Barcelona y su estancia en Mallorca, la sobremesa se alarga hasta casi las cinco, hora en que vuelven a casa. Al poco llega Etelvina y, en cuanto aparece, Pilar saca el tablero y los cubiletes del parchís puesto que ya son cuatro.

   -Lo siento, Pilar, pero no cuenten conmigo, he quedado –les avisa Julia.

   -También yo tengo una reunión con unos amigos –la secunda Julio, aunque tal reunión no existe.

   En esas, suena la aldaba de la entrada y Julio se adelanta para ver quién llama. Ante su sorpresa, los que están ante el dintel son dos jóvenes bien trajeados.

   -Buenas tardes, soy Juanjo Quirós y me acompaña Manolo del Pino. Hemos venido a recoger a la señorita Julia Manzano. Por favor, dígale que la esperamos.

   -Pasar y esperar aquí, ahora se lo digo a Julia –El mañego está molesto porque los recién llegados le hablen de usted. Tampoco nos debemos llevar tantos años, se dice.

   -Julia, dos caballeretes preguntan por ti.

   Oír eso y ponerse del color de la escarlata es lo mismo.

   -Julio, por favor, diles que en un minuto estoy con ellos –tras lo cual la joven se sube a su habitación. Cuando pasados unos minutos baja, Pilar y Etelvina se dan cuenta de que se ha cambiado de vestido, se ha puesto unos zapatos de tacón, se ha empolvado la cara y se ha retocado los labios.

   -Pilar, voy a casa de los Quirós que me han invitado a merendar. No me espere para cenar, pero a las diez como muy tarde volveré. Hasta la noche.

   Tras la marcha de la joven, Julio no puede contenerse y pregunta:

   -¿Y estos son los nuevos amigos de Julia?, ¿es que ahora se codea con la flor y nata de la sociedad placentina? –Julio sabe que tanto los Quirós como los del Pino son dos de las familias de mayor abolengo de la ciudad.

   -No me había dicho nada –se lamenta Pilar-. ¿Tú conoces a esos chicos? –pregunta a su hijo.

   -Es la primera vez que hablo con ellos, son gente del Círculo y sabes, madre, que en el ambiente de las familias que son parte de la crema ciudadana; es decir, de los ricos de toda la vida no me muevo. El chico Quirós me suena que estudia fuera, en cuanto a del Pino no sé nada de él, solo que es de una familia de terratenientes, gente forrada.

   -Bueno –interviene Etelvina-, si el dicho que afirma que el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija es cierto, Julina ha tenido buen ojo al escoger.

   A Julio el comentario de la comadrona le ha sabido a cuerno quemado y salta como un muelle.

   -¿Julia ha escogido a ese par de lechuguinos?, ¿para merendar, y luego qué? ¿O pensáis que gente de esa casta se va a mezclar con una pueblerina que trabaja de dependienta?

   -Hijo, Julia tiene todo el derecho del mundo a escoger como amigos a quienes le apetezcan. Y según la ley, la de Dios y la de los hombres, todos somos iguales.

   -Sí, pero unos más que otros –y Julio, sin decir adiós, se marcha dando un portazo. Los celos son pésimos compañeros.

   Durante el paseo hasta casa de los Quirós, Juanjo no ha dejado de hablar contándole a Julia anécdotas de la vida estudiantil; en cambio, del Pino no ha despegado la boca. Cuando llegan, el resto de invitados saluda a Julia como si fuera uno de los suyos, pero la chinata cree notar en la mirada de alguna que otra de las chicas que continúan percibiéndola como lo que es, una empleada. No por eso se arruga a lo que le ayudan los hermanos Quirós, que no la dejan de su mano en los primeros instantes, ayudados por el tal Manolo que, aunque continúa sin hablar mucho, no se aparta de ella y está siempre al quite cuando alguien dice o hace algo que pueda molestarla.

   Tras la merienda, Maribel se pone al piano y el callado Manolo desenfunda un violín y, con más voluntad que arte, la música se esparce por el salón. Quien primero invita a bailar a Julia es el anfitrión que, después de la primera pieza, galantemente cede la vez al resto de invitados varones. La chinata baila con todo el que se lo pide y procura mostrarse amable con todos, aunque con unos le cuesta menos que con otros. La tarde discurre sin ninguna incidencia digna de reseñar hasta que…

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 106. ¿Estará de guasa o hablará en serio?