viernes, 13 de agosto de 2021

Libro II. Episodio 105. La merienda


   El sábado, Julia tiene por la tarde una visita inhabitual. Entra en la tienda una joven de porte distinguido a quien atiende Lupe, pues ella está con otra cliente.

   -Por favor, quiero que me atienda la señorita Manzano –pide la recién llegada.

   -Es que está atendiendo otra clienta –le indica Lupe.

   -No tengo prisa, esperaré.

   En cuanto Julia se acerca a la joven que le está esperando, recuerda su cara como cliente de la sección Pour la femme.

   -¿Podríamos hablar en privado?

   -Por supuesto, sígueme –y la lleva a la trastienda.

   -Ante todo, buenas tardes y perdona que te hable en privado, pero no quiero dar tres cuartos al pregonero. Soy María Isabel Quirós, Maribel para los amigos. Estaba en el grupo del baile del Círculo al que te presentó Juanluis Sotomayor –Julia hace un gesto negativo-. No me extraña que no me recuerdes pues apenas si cruzamos unas palabras. Estoy aquí por encargo de mi hermano Juan José, aunque todos le llaman Juanjo. Creo que bailó contigo varias veces. No sé si le recuerdas, es bastante más alto que yo, pelo castaño, patillas largas y tiene un bigotillo ridículo. Ah y es demasiado charlatán, pero muy simpático.

   La descripción de Maribel genera que Julia haga memoria.

   -Sí, le recuerdo y, en efecto, tienes un hermano que no deja de hablar. Como que estuvo haciéndome un montón de preguntas, más bien parecía un policía o un juez.

   -Es lo que pretende ser algún día, juez. De momento estudia Derecho en Madrid.

   -Bien, ¿y en qué puedo ayudarte María Isabel?

   -Maribel, por favor. Como te he dicho, Juanjo estudia en Madrid y en unos días se le acaban las vacaciones y tendrá que volverse a la capital. Y se ha empeñado en que no quiere irse sin tener la oportunidad de volver a charlar contigo; parece que le impresionaste. El domingo celebramos en casa una merienda y luego tendremos algo de música para bailar. Y vengo a invitarte. Algunos de los asistentes los recordarás cuando les veas porque también estuvieron en el cotillón.

   Julia, aunque no se esperaba la invitación, tiene clara la respuesta: no. El mundo de la gente del Círculo no es el suyo. Y como si le hubiese leído la mente, Maribel se le adelanta.

   -Si no te apetece no vengas, pero me vas a permitir que te pida un favor personal: di que sí porque, si vuelvo a casa con un no por respuesta, Juanjo me va a matar y recaerá sobre tu conciencia la muerte de una inocente. Y hablando en serio, no puedes imaginarte la perra que ha cogido. Te prometo que mi hermano y yo nos ocuparemos personalmente que nadie se ponga impertinente y que te encuentres cómoda. Palabra de honor. Te suplico que aceptes, me harás un gran favor. A los Quirós se nos achacan muchos defectos, algunos quizá sean ciertos, pero una virtud si tenemos: jamás olvidamos un favor.

   El tiempo que lleva tras el mostrador le ha enseñado a Julia a distinguir cuando alguien dice la verdad y cuando miente, y Maribel es de las primeras. Por eso, y aunque la idea de volver a mezclarse con la patulea de los burgueses y aristócratas del Círculo sigue sin hacerle ninguna gracia, accede.

   -Si una clienta como tú me pide algo y encima por favor no puedo negarme. Dile a tu hermano que asistiré. Un par de preguntas: dime a que hora, y si tengo que ponerme como un pincel o vale la ropa de los domingos.

   -Gracias, Julia. Te debo una. Sobre la hora no te preocupes, Juanjo, y uno de sus amigos, irán a tu casa a recogerte, si no te parece mal, para que vayas acompañada. En cuanto a la vestimenta, no te emperifolles demasiado, vale la ropa de los domingos, así es como iremos las demás.

   -¿Sabes dónde vivo?

   -Sí, en casa de doña Pilar Lahoz, la maestra. Bien, hasta el domingo y otra vez gracias.

   En cuanto la joven sale, Lupe pregunta:

   -Esa es una Quirós, ¿verdad? No sé si sabes que su familia es una de las más ricas de la ciudad. Tienen cuartos y orgullo pa dar y tomar. ¿Y qué quería decirte esa estirá que los demás no podamos oír?

   Julia no responde, está pensando que la invitación que acaba de hacerle Maribel tiene su aquél, y a decir verdad le ha sorprendido. No creía que su paso por el baile del Círculo hubiera dejado alguna huella, pero parece que sí. Evoca a Juanjo, pero no recuerda que dijese o hiciese algo que fuese especial. Sí recuerda, como ha comentado su hermana, que se mostró muy parlanchín y dicharachero y que bailaba francamente bien, pero poco más. Bueno, se dice, iré a la merienda, supongo que bailaré algunas piezas y colorín colorao este cuento se ha acabao, porque como Juanjo se vuelve a los Madriles no me va a dar más lata. Y se olvida del caso. En su lugar, dedica su atención a Julio al que no ha vuelto a ver desde aquella declaración tan sorprendente como atípica. Y salvo la nota que le envió posteriormente pidiéndole disculpas por lo del plazo, no ha vuelto a saber nada de él. ¿Qué hago, cómo le trato?, ¿cómo si no hubiese pasado nada y todo fuera como antes de declararse?, se pregunta. Y él, ¿qué hará, se pondrá en plan de pretendiente despechado, de enamorado apasionado o me tratará como siempre ha hecho? Como no tiene respuesta para ninguno de los interrogantes, decide lo que siempre le aconseja Pilar: esperar y ver, o paciencia y barajar, que es otro de los dichos que usa la maestra.

   El domingo, sobre poco antes de las doce, aparece Julio en casa de su madre. Lleva un ramo de flores para Pilar y un rosa blanca para Julia.

   -Buenos días, ¿cómo están las dos mujeres más encantadoras de la ciudad? –Les entrega las flores al tiempo que deposita un leve beso en la mejilla de cada una-. Vengo a acompañaros a misa y luego espero que aceptéis mi invitación para comer en el restorán de cocina francesa que tanto le gusta a Julia.

   Durante el almuerzo, Julio se comporta como si entre la joven y él nada hubiese pasado, conducta que la muchacha recibe complacida. Es mucho mejor así, menos violento, se dice ella. Como el mañego les ha estado contando su paso por Madrid y Barcelona y su estancia en Mallorca, la sobremesa se alarga hasta casi las cinco, hora en que vuelven a casa. Al poco llega Etelvina y, en cuanto aparece, Pilar saca el tablero y los cubiletes del parchís puesto que ya son cuatro.

   -Lo siento, Pilar, pero no cuenten conmigo, he quedado –les avisa Julia.

   -También yo tengo una reunión con unos amigos –la secunda Julio, aunque tal reunión no existe.

   En esas, suena la aldaba de la entrada y Julio se adelanta para ver quién llama. Ante su sorpresa, los que están ante el dintel son dos jóvenes bien trajeados.

   -Buenas tardes, soy Juanjo Quirós y me acompaña Manolo del Pino. Hemos venido a recoger a la señorita Julia Manzano. Por favor, dígale que la esperamos.

   -Pasar y esperar aquí, ahora se lo digo a Julia –El mañego está molesto porque los recién llegados le hablen de usted. Tampoco nos debemos llevar tantos años, se dice.

   -Julia, dos caballeretes preguntan por ti.

   Oír eso y ponerse del color de la escarlata es lo mismo.

   -Julio, por favor, diles que en un minuto estoy con ellos –tras lo cual la joven se sube a su habitación. Cuando pasados unos minutos baja, Pilar y Etelvina se dan cuenta de que se ha cambiado de vestido, se ha puesto unos zapatos de tacón, se ha empolvado la cara y se ha retocado los labios.

   -Pilar, voy a casa de los Quirós que me han invitado a merendar. No me espere para cenar, pero a las diez como muy tarde volveré. Hasta la noche.

   Tras la marcha de la joven, Julio no puede contenerse y pregunta:

   -¿Y estos son los nuevos amigos de Julia?, ¿es que ahora se codea con la flor y nata de la sociedad placentina? –Julio sabe que tanto los Quirós como los del Pino son dos de las familias de mayor abolengo de la ciudad.

   -No me había dicho nada –se lamenta Pilar-. ¿Tú conoces a esos chicos? –pregunta a su hijo.

   -Es la primera vez que hablo con ellos, son gente del Círculo y sabes, madre, que en el ambiente de las familias que son parte de la crema ciudadana; es decir, de los ricos de toda la vida no me muevo. El chico Quirós me suena que estudia fuera, en cuanto a del Pino no sé nada de él, solo que es de una familia de terratenientes, gente forrada.

   -Bueno –interviene Etelvina-, si el dicho que afirma que el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija es cierto, Julina ha tenido buen ojo al escoger.

   A Julio el comentario de la comadrona le ha sabido a cuerno quemado y salta como un muelle.

   -¿Julia ha escogido a ese par de lechuguinos?, ¿para merendar, y luego qué? ¿O pensáis que gente de esa casta se va a mezclar con una pueblerina que trabaja de dependienta?

   -Hijo, Julia tiene todo el derecho del mundo a escoger como amigos a quienes le apetezcan. Y según la ley, la de Dios y la de los hombres, todos somos iguales.

   -Sí, pero unos más que otros –y Julio, sin decir adiós, se marcha dando un portazo. Los celos son pésimos compañeros.

   Durante el paseo hasta casa de los Quirós, Juanjo no ha dejado de hablar contándole a Julia anécdotas de la vida estudiantil; en cambio, del Pino no ha despegado la boca. Cuando llegan, el resto de invitados saluda a Julia como si fuera uno de los suyos, pero la chinata cree notar en la mirada de alguna que otra de las chicas que continúan percibiéndola como lo que es, una empleada. No por eso se arruga a lo que le ayudan los hermanos Quirós, que no la dejan de su mano en los primeros instantes, ayudados por el tal Manolo que, aunque continúa sin hablar mucho, no se aparta de ella y está siempre al quite cuando alguien dice o hace algo que pueda molestarla.

   Tras la merienda, Maribel se pone al piano y el callado Manolo desenfunda un violín y, con más voluntad que arte, la música se esparce por el salón. Quien primero invita a bailar a Julia es el anfitrión que, después de la primera pieza, galantemente cede la vez al resto de invitados varones. La chinata baila con todo el que se lo pide y procura mostrarse amable con todos, aunque con unos le cuesta menos que con otros. La tarde discurre sin ninguna incidencia digna de reseñar hasta que…

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 106. ¿Estará de guasa o hablará en serio?

 

viernes, 6 de agosto de 2021

Libro II. Episodio 104. La gente de alcurnia es muy suya

 

   Pilar y Etelvina están desconcertadas por el indolente comportamiento del joven Granados con Julia. La muchacha les da más detalles.

   -Es poco hablador. Cuando llegó, me saludó, me dio la orquídea que me había traído y no volvió a despegar los labios hasta que me presentó a los Sotomayor y, después de bailar conmigo un par de piezas, no volví a saber de él hasta la toma de las uvas y cuando me recogió para regresar. Y para entonces ya estaba demasiado borracha… -Es decir borracha y Julia se corta y mira con recelo a la comadrona. Etelvina, que inmediatamente se ha dado cuenta del recelo de la jovencita, se apresura a tranquilizarla.

   -No tengas miedo, Julia, puedes hablar a calzón quitado. Soy como una tumba. Y nada de lo que cuentes lo repetirán mis labios.

   -Puedes hacerle caso, hija. No conozco a nadie tan discreto como Etel –confirma Pilar.

   Tranquilizada por estas palabras, Julia prosigue su relato.

   -Como les decía, me sentía muy mal para recordar si en la vuelta Antonio Jesús me dijo algo. Lo he pensado y me da la impresión de que no tenía mayor interés en mí, que parecía limitarse a cumplir un encargo. Desde luego no es el príncipe de La Cenicienta, lo mejor que puedo decir de él es que a pesar de que tiene unos quilos de más baila bastante bien.

   -Bueno, lo que sea, sonará –concede Pilar-. ¿Y la aristocracia placentina que tal se portó contigo?

   -Las pocas personas mayores con las que hablé fueron educadas, pero no podían evitar mirarme por encima del hombro. Y las chicas enseguida me ignoraron en cuanto alguna de las que me conocía de la tienda explicó quién era. Con quien tuve más éxito fue con los chicos, con decirles que a pesar del abandono de Antonio Jesús no me perdí ni un solo baile. En cuanto dejaba a uno ya tenía a otro esperando para sacarme a la pista. En mi vida había bailado tanto. Por cierto, Pilar, que bien me vinieron sus clases de baile, no di ni un paso en falso.

   -¿Y el vestido gustó? –quiere saber Etelvina.

   -Me parece que sí. Sin falsa modestia, creo que era uno de los más bonitos de la noche. Al menos, las señoras y también las jóvenes no me quitaron el ojo de encima.

   -Y supongo que tus parejas se portaron en todo momento educadamente.

   -No tengo quejas sobre eso. Todos los chicos fueron unos caballeros. Bueno, cuando ya estábamos todos medio piripis, hubo uno que intentó propasarse pero un taconazo a tiempo le quitó las ganas.

   Pilar y Etelvina ríen con ganas al oír la anécdota. La maestra mira con orgullo a su pupila, esta es la mujer fuerte que he ayudado a formar, se dice.

   -¿Hubo alguien que te hiciera de menos? –pregunta Etelvina.

   -Alguno hubo; mejor dicho, alguna que quiso molestarme aludiendo a que solo era una dependienta, pero se fue bien servida. En general, el trato que me dispensaron fue correcto…, pero una cosa me ha quedado clara: ese ambiente no es el mío, me divertí mucho, lo pasé muy bien, guardaré un recuerdo inolvidable del baile, pero ese mundo no está hecho para mí o yo no estoy hecha para él.

   -Lo que dices es sensato, pero ten en cuenta que no debes poner coto a tus expectativas, no debes autolimitarte. Creo que cualquier persona puede llegar a donde le lleve su voluntad y su talento y a ti no te falta ninguna de ambas virtudes –sentencia Pilar.

   -No dudo que sea así, Pilar, pero una persona debe estar en un ambiente en el que se sienta cómoda, valorada y en paz y, desde luego, el ambiente del Círculo no está hecho para mí… -y la última frase la acompaña con una sonrisa irónica.

   El dos de enero, Julia ha decidido no ir a la tienda. Tiene que poner en orden sus recuerdos del baile, analizar la conducta de Antonio Jesús y ha de contar cuanto le ocurrió como debutante a su madre y su hermana. Los recuerdos del baile los tiene grabados a fuego… hasta la última hora, cuando el alcohol trasegado le hizo perder un poco los papeles. Se lo pasó muy bien, se divirtió mucho y fue una experiencia única. Tiene que afianzar esos recuerdos en su memoria pues presiente que no van a volver a repetirse. En cuanto al comportamiento de Granados, comprende la sorpresa que ha causado a Pilar y Etelvina, también a ella ahora que lo analiza fríamente. Le choca el modo como la trató, casi mejor dicho de cómo no la trató. Su comportamiento fue correcto, pero distante, frío, desapegado, como si llevarla al baile fuera un compromiso que hubiese contraído con alguien, pero que a él ni le iba ni le venía. Hasta ha recordado, pese a lo mareada que estaba, que en la puerta de casa Pilar le besó, ¡qué vergüenza!, pero que él no le devolvió el beso ni intentó propasarse y eso que estaba indefensa. Sí, un comportamiento raro. No puede seguir analizando lo ocurrido porque oye que ha llegado su familia.

   -Hija mía, qué ganas teníamos de darte un abrazo. Ven aquí –le pide su madre que la estrecha entre sus brazos.

   -Bueno, Julina, supongo que descansaste. Tienes mucho que contarnos. ¿Cómo fue el baile?, ¿qué tal se portó Antonio Jesús?, ¿cómo es la gente del Círculo?, ¿les gustó tu vestido de noche?, ¿aguantó bien el maquillaje?...

   -No la aturulles, Consuelo, déjala que cuente las cosas a su aire –pide Soledad.

   Julia les da una versión edulcorada del baile de las doce uvas. El cotillón fue de lo más divertido, Antonio Jesús se portó como un caballero y estuvo toda la noche pendiente de ella, los asistentes también se portaron muy bien y estuvieron amables y educados -se les notaba la cuna-, su vestido causó sensación, más de una señora quiso saber dónde se lo habían confeccionado, les dijo que una modista de Cáceres sin entrar en más detalles. El maquillaje aguantó toda la noche; debió bailar con más de la mitad de los jóvenes asistentes pues completó su carné de baile… y continúa contando y contando lo que más parece un cuento de hadas que un baile real. Responde a cuantas preguntas le hacen Soledad y Consuelo, coloreando de rosa sus respuestas o inventándoselas llegado el caso.

   -¿Y cuándo volverá Antonio Jesús? –quiere saber Soledad.

   -No sé, al despedirnos me dijo que nos veríamos, pero no precisó una fecha concreta. Ya sabes, madre, que la gente de alcurnia no es como nosotros, prefieren dejar las cosas un poco en el aire.

   -Entonces, ¿no habló de cortejarte ni te pidió relaciones? –pregunta Consuelo.

   -Pues no, y creo que es natural, era nuestra primera salida.

   -¿Pero te pareció que estaba interesado en ti? –insiste la hermana.

   -Creo que sí, en caso contrario no me hubiese invitado al baile ni me hubiese regalado una orquídea, pero tengo la impresión de que es hombre que se toma la vida sin prisas, va a su aire.

   -Sí, la gente de alcurnia es muy suya, pero seguro que con lo guapa que estabas cualquier rato de estos lo tendrás llamándote a la puerta –vaticina la madre.

   -No me extrañaría, madre, no me extrañaría.    

   El día tres, Julia se reintegra a la tienda y tiene que volver a dar un montón de explicaciones sobre el baile, en este caso a Lupe e incluso a alguna clienta que se ha enterado de su debut y le pide que le cuente algo sobre el baile del Círculo. La joven sigue ofreciendo la misma versión rosa que dio a su familia, pero sin entrar en detalles sobre Granados.

   Ese mismo día llega Julio de su viaje a Palma. Cuando embarcó en Barcelona pensó que al regreso se quedaría unos días en la Ciudad Condal para conocerla mejor, pero han podido más sus ansias de volver a ver a Julia y ha seguido camino hacia Plasencia. En Palma visitó a otro especialista en enfermedades venéreas que le explicó que estaba casi curado de la blenorragia y le confirmó que dicha enfermedad habitualmente se contrae por trato sexual, por lo que podía llevar su vida acostumbrada sin problemas, pero evitando dicho trato hasta pasados dos o tres meses más. Siguiendo el consejo del galeno, el mañego decide que es hora de retomar la relación con las dos mujeres de su vida. Y tiene una excusa estupenda; mejor dicho, dos: contarles su estancia navideña en Mallorca y ofrecerles los regalos de Reyes que les ha traído. Antes que nada, y para saber cómo está Julia, visita a su madre cuando la joven está en la tienda.

   -¡Hijo, por fin llegaste, cuánto te he echado de menos! –y Pilar lo estrecha entre sus brazos.

   -También yo tenía muchas ganas de volver a verte. ¿Qué tal has pasado las Navidades?

   -Bien, Etelvina me ha hecho compañía porque Julia se fue al pueblo.

   -Hablando de Julia, ¿cómo está, ya ha vuelto?

   -Volvió el 28, y tengo que contarte la aventura tan maravillosa que vivió el fin de año.

   Es oír eso y Julio siente un ramalazo de celos: ¿qué es eso de que Julia vivió una aventura maravillosa?, ¿acaso se ha enamorado o alguien le pidió relaciones? No es capaz de reprimirse.

   -Cuéntame que aventura vivió Julia.

   Pilar le cuenta, sin entrar en demasiados detalles, la participación de Julia en el baile de las doce uvas y añade:

   -De lo que tenemos que hablar es de tu declaración y del plazo que le diste para que te respondiera.

   -Desde luego, madre, pero dame unos días porque primero he de fiscalizar como ha ido el negocio. Han sido muchos días sin mi presencia. Tendremos tiempo de hablar de lo de Julia con sosiego. Por cierto, ¿sabes si el día de Reyes comerá contigo?

   -En principio, no me ha dicho nada, por lo que supongo que sí.

   -Entonces, cuenta con un comensal más ese día y aprovecharé para entregaros unas cosillas que os he traído de Mallorca.

   -Ese día también estará Etelvina, ¿te importa?

   -En absoluto, madre, ya sabes que Etel es como una segunda madre para mí.

   -Bien, y has de contarnos como te lo has pasado en la isla. Tu amigo Chimo, ¿qué tal se portó?

   -Me lo he pasado fenomenal y Chimo se portó como lo que es: una gran persona y un entrañable amigo. Ya os contaré.

   Tras despedirse de su madre, Julio se queda algo más tranquilo que cuando entró. Parece que las cosas siguen igual que cuando se marchó, solo queda por averiguar si la maravillosa aventura que Julia vivió el fin de año le puede afectar y de que modo.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 105. La merienda