viernes, 9 de julio de 2021

Libro II. Episodio 100. El vestido de noche

   Terminada la Navidad, Julia vuelve a Plasencia en compañía de su hermana y su marido. Durante el viaje Consuelo le cuenta más historias de los Granados de las que se ha ido enterando.

   -Cuentan que don Juan José ha sido un mujeriego y un viva la virgen, y si ahora no lo es tanto es porque no tiene con qué. De soltero era el que cerraba todos los garitos de mala nota de media Extremadura, tanto tablaos flamencos como casas de mala reputación. Vamos, que no tiene desperdicio. Cuando se casó con la heredera de los del Valle, una de las familias más ricas de Badajoz, se recogió algo pero al poco volvió a las andadas. Las malas lenguas aseguran que media región la tiene sembrada de bastardos suyos, aunque hijo legítimo solo tiene a Antonio Jesús. Su madre murió al poco de dar a luz y el crío se educó entre niñeras e institutrices. A los diez años lo metió en un internao de Sevilla y allí estuvo la criaturita hasta que cumplió los dieciocho.

   -¿Estudió algo?

   -Creo que el bachillerato.

   -Madre me contó que vinieron para conocerme, pues don Juan José anda buscando una mujer culta y educada para su hijo.

   -Madre, como siempre, dorando la píldora. Lo que está buscando el juerguista del padre es alguien con buena dote. Parece que están a dos velas y don Juan se ve que ha pensao que la única forma de volver a dar brillo a los blasones familiares es que su hijo se case con una heredera que apuntale su menguante hacienda. Julina, no te hagas ilusiones, no han venido por tu educación ni por tu palmito, sino a darle un zarpazo a los dineros que ha atesorao madre de los que saldrá tu dote. Y si encuentran a alguien con más cuartos lo más probable es que no vuelvas a verles.

   -Me quitas un peso de encima, Consuelo. Porque el chico no me pareció gran cosa. Apenas si dijo palabra y en una ocasión le pillé bostezando. Para mí que se estaba aburriendo.

   Días antes del fin de año, Julia recibe en la tienda la visita inesperada de su hermana mayor.

   -¿Dónde puedo hablar contigo a solas?

   -Sígueme –y Julia la lleva a la trastienda.

   -Tengo un encargo de madre. Ha mandao dinero para que te compre un traje de noche y lo que haga falta.

   -¡Qué me dices! ¿Y para qué quiero un traje de noche?

   -Ya te lo explicaré cuando vuelva de Cáceres. Voy allí a comprarlo porque aquí todo lo que he encontrao son vestidos pasaos de moda. Mañana estaré de vuelta y te lo cuento todo. Ahora dame tus medidas y qué número de zapatos calzas. Ah, y ve haciendo una selección de las cremas, coloretes y perfumes que más te gusten. No te preocupes por lo que cuesten, todo corre a cuenta de madre que está que lo tira, nunca la vi así de generosa.

   -Pero Consuelo, no puedes irte sin contarme lo que pasa.

   -No tengo tiempo o perderé el tren, voy muy justita de tiempo. Te prometo que mañana te lo cuento todo de pe a pa.

   Julia despide a su hermana, intrigada y hecha un mar de interrogantes. ¿Para que puede necesitar ella un vestido de noche? Nunca tuvo ninguno y no le hizo falta. ¿Qué estará tramando su madre para que de pronto se haya vuelto tan espléndida? Un vestido de gala, ¿para qué?, para ir a una fiesta o a un acto social de alto copete o quizá…; de pronto recuerda que en este final de año están vendiendo muchos artículos de la sección Pour la femme,  especialmente para la clientela de la alta burguesía y de las familias aristocráticas de la ciudad. Eso le proporciona una pista y cuando uno no sabe lo más rápido para salir de la ignorancia es preguntar.

   -Lupe, tú que eres de aquí, ¿se va a celebrar en los próximos días alguna fiesta o acto importante en el que las señoras deban ir con trajes de noche?

   -Naturaca –Lupe a veces se pone en plan de chulapa madrileña-, el día de Nochevieja, como todos los años, el Círculo Recreativo celebra su fiesta de fin de año y la entrá del Año Nuevo. Y los invitaos a la fiesta han de ponerse de tiros largos. ¿No te has dao cuenta la cantidad de potingues, coloretes y esencias que estamos despachando? Es pa el baile del Círculo.

   -¿Hay un baile? –Julia algo ha oído comentar a sus amigas sobre el cotillón de fin de año o baile de las doce uvas como también se lo conoce, pero prefiere que Lupe le dé más detalles.

   -Julina, sabrás mucho de cuentas, pero de la vida social de la ciudad no sabes na. En cosas como esta se nota que todavía no se te ha caído el pelo de la dehesa. Sigues siendo una pueblerina.

   Julia pasa por alto el comentario despectivo de su compañera y continúa preguntando, necesita más información para saber si el traje de noche que le va a comprar Consuelo es para el baile de marras.

   -¿Y cómo es la fiesta y el baile de fin de año?

   -Pos es uno de los actos que el mocerío de la gente bien de la ciudad espera con más ansia. Tos los asistentes se ponen de tiros largos y es costumbre que las jóvenes que asisten por primera vez al baile estrenen traje…

   -¿Un traje de noche?

   -Pos claro, no va a ser un traje pa ir de romería. Se cuenta que muchas familias que quieren lucir a sus hijas se desplazan a Cáceres, Badajoz y algunas hasta Madrid pa comprarles el vestido que lucirán esa noche. En el fondo se trata de dar la campaná y epatar a los demás.

   -¿Y quiénes asisten al baile, todos lo que quieren?

   -¡Quia! Na más pueden ir los socios del Círculo y un invitao o invitá más por socio. Y los que son socios de número pueden invitar hasta una familia completa, es decir padres e hijos. Hay puñalás pa que te inviten. Conozco gente de medio pelo que ha hecho mil diabluras pa ser invitaos y no han podido conseguirlo. En Plasencia solo eres alguien cuando puedes ir tos los años al cotillón de la Nochevieja.

   -No me digas. Entonces nosotras no somos nadie –comenta irónicamente Julia, con lo que da fin al interrogatorio.

   Bueno, se dice la joven, ya sé para que debe ser el traje de noche que me va a comprar Consuelo. Y si es así, ¿quién será el socio o la familia que me va a invitar? ¿Tendrá eso algo que ver con la visita que nos hicieron hace unos días los Granados? Aunque no lo creo, dudo que viviendo en Mérida sean socios del Círculo. Entonces, ¿quién puede ser el que pretende que vaya a ese baile? Y piensa: y digo pretende porque hasta ahora nadie ha pedido mi opinión sobre si me gustaría asistir al cotillón de fin de año, aunque parece que madre lo da por sentado, algo muy propio de ella.

   Al día siguiente, y antes de que Julia marche a la droguería, aparece Consuelo en casa de doña Pilar con unos paquetes.

   -Vengo a que te pruebes el vestido y los zapatos que te he comprao.

   -Consuelo, tengo que irme a la tienda, soy yo la que abro.

   -No sin antes probarte el traje. No sabes lo que me costó encontrar uno de tu talla. Y tuvieron que entrarlo un poco, ¡eres tan delgada! Le voy a decir a madre que una y no más santo Tomás; es la primera y última vez que me presto a uno de sus enjuagues. Conque vamos a tu habitación a ver cómo te sienta el maldito vestido y los puñeteros zapatitos.

  En el dormitorio de Julia, su hermana abre el paquete más grande. De una caja saca un vestido largo y asimétrico con volantes, sin mangas, con el cuerpo bordado con lentejuelas y parte de la espalda al aire. Nada más verlo, Julia se enamora del traje. Nunca ha tenido algo tan fascinante y chic. Y le da la impresión que el color de melocotón del vestido le sentará de maravilla a su blanca piel. El complemento perfecto son unos zapatos de tacón a juego con el color del traje. Mientras la joven se prueba el vestido y los zapatos, Consuelo le explica el motivo de todo ello. Resulta que al heredero de los Granados parece que Julia le hizo tilín y una manera de comenzar a conocerse es invitándola al cotillón del Círculo. Don Juan José ha tirado de los hilos oportunos para que, una de las familias más nobles, los Sotomayor, con los que está lejanamente emparentado y que son socios del Círculo inviten al baile a Antonio Jesús y a Julia. Más tarde recibirá un billete de los Sotomayor invitándola formalmente al baile y una nota del Granados joven indicándole que el treinta y uno sobre las nueve y media de la noche pasará a recogerla para acompañarla al Círculo. Que esté preparada.

   -¿Y a todo esto, alguien me ha preguntado si me gustaría ir al dichoso baile? –pregunta Julia, más por mantener el tipo que otra cosa.

   -Si no te peta no vayas, pero te anticipo que le darás a madre el mayor disgusto de su vida y, si me apuras, a todos los Manzano y Barrado. No veas lo ilusionados que están con que podamos emparentar con una de las familias de mayor alcurnia de toda Extremadura. Y por mi parte te diré que no sabes cómo te envidio, me hubiera chiflado que me invitaran al baile, pero a una vaquera no la invita nadie. Además, ten en cuenta que el hecho de que aceptes la invitación no te obliga a nada. Lo peor que te puede ocurrir es que Antonio Jesús sea un patoso bailando y te pise alguna que otra vez, pero si el rubito no te dice na, pues adiós muy buenas.

   No es el posible disgusto de su madre ni las razones alegadas por su hermana las que convencen a Julia, es el traje, le chifla. Sabe que posiblemente no tendrá otra oportunidad de lucir un vestido así y quiere experimentar que se siente enfundada en un vestido que le sienta como un guante que, por cierto, son otros de los complementos que Consuelo le ha traído de Cáceres. Por lo que le dice a su hermana que acepta la invitación, más por la familia que porque le haga la más mínima ilusión asistir al baile. Guarda los paquetes y se va a la droguería donde pasa la mañana sin prestar demasiada atención al trabajo. En cuanto llega a casa a mediodía y se junta con Pilar piensa que debe contarle lo que le ocurre, e incluso pedirle consejo.

   -Pilar, no puede imaginarse lo que acaba de pasarme –Y Julia le cuenta la invitación recibida para asistir al cotillón del Círculo, lo que también la obliga a explicarle el encuentro con los Granados y el motivo por el qué comieron con su familia el día después de Navidad, y termina pidiéndole consejo-: ¿Qué cree que debería hacer?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 101. Maquillaje

viernes, 2 de julio de 2021

Libro II. Episodio. 99. ¿Otro pretendiente para Julia?

   Consuelo, que también ha llegado al pueblo a pasar las Navidades, le sopla a Julia quien es el pretendiente que parece que le ha buscado la madre.

   -Se trata de un Granados, una de las familias de mayor abolengo de Mérida. Nadaban en la abundancia, aunque al parecer su hacienda ya no es la que era. Igual has oído hablar de ellos.

  -No, no sé nada de esa familia.

   -Pues mañana vas a conocer al último de los Granados, mejor dicho a los dos últimos; el padre, un tronao que se ha pulido las últimas propiedades que les quedaban y el hijo que, por lo que me han contao, es un chiquilicuatre que no te llega ni a la suela del zapato.

   -Tú que tienes más experiencia en cortejos arreglados por la familia, ¿qué me aconsejas? -pregunta Julia que ya está decidida a no aceptar a Julio.

   -Pues que tienes más suerte que yo, todos los pretendientes que me buscó madre eran unos malasombra a cual más garrulo. El que mejor apariencia tenía era Luis, y ya ves cómo ha salido. Pero a ti te ha buscao uno que, aunque no le conozco, por la familia que viene debe de ser cosa fina.

   -Sigues sin aconsejarme, Consuelo –se lamenta Julia.

   -Y no lo voy a hacer. Demasiado caro me costó aprender que en las cosas del cariño no debe entrometerse nadie. Tendrás que ser tú, y solo tú, la que deberás decir la última palabra. Y un consejo: no dejes que nadie te coma el coco.

   En cuanto Julia ve a la tía María metida en la cocina, sabe que se prepara una comida fuera de lo usual. Su madre, muy solícita, le cuenta que van a tener invitados el día de San Esteban y le ruega que les trate con la educación y la cortesía que se le supone a una bachillera.

   -Vienen a comer don Juan José Granados y su único hijo, Antonio Jesús. Son una de las familias de más ringorrango de Mérida. Se cuenta que un antepasao suyo luchó en la reconquista de Graná, de ahí cogieron el apellio. Al chico le hace ilusión conocerte pues le han contao que en to el pueblo no hay una moza más fina y educá que tú. Por favor, Julina, ponles buena cara y muéstrales que ties modales. No te pido más -Los años no han pasado en balde, piensa Julia, madre se ha amansado y ya no es tan mandona como era antes, ahora hasta pide las cosas por favor.

   Granados padre, don Juan José como ceremoniosamente le llama la señora Soledad, es un sesentón anguloso todavía con buena facha, aunque no puede esconder las huellas de una vida disipada. Tiene una calvicie de herradura que intenta disimular peinándose de través los largos pelos laterales. Su hijo, Antonio Jesús, al contrario que su progenitor, es robusto tirando a obeso, rubito, tiene ojos de un azul desvaído y gesto de hastío como si aquello no fuera con él. Durante la comida es Granados padre quien acapara la conversación y apenas si deja meter baza a nadie. El hijo, en cambio, permanece silente, solo de vez en cuando echa alguna mirada de soslayo a Julia y cuando ha visto que la joven también le observa ha desviado la mirada. Terminando el segundo plato, Juan José se dirige a Julia por primera vez.

   -Así que trabajas en una droguería. ¿Estás a gusto?

   -Sí, don Juan José, me encuentro muy a gusto.

   -Mire usté si es lista y espabilá que a los cuatro días de emplearla el dueño la hizo encargá –informa Soledad sin que parezca que ello impresione a Granados.

   -Y si algún día te casas, ¿piensas seguir de empleada? –sigue preguntando don Juan.

   -Depende –es la cautelosa respuesta de Julia que, como ve que a Granados no le ha gustado nada su contestación, agrega-: Depende de con quien me case, de lo que mi marido espere de mí y de lo que yo crea más pertinente.

   Julia caza la mirada de su hermana Consuelo que parece aplaudirla con las orejas. En cambio, su madre ha arrugado el ceño y la tía María la mira consternada. Sin embargo, la mirada de Granados es una mezcla de perplejidad y un punto de admiración.

   -¿Sabes tocar el piano? –Es la siguiente pregunta de Granados padre.

   -No, don Juan José, no tocó el piano, pero si se rasguear la guitarra y me apaño bien con las castañuelas.

   -Interesante –apostilla Granados que no vuelve a dirigirse a la joven en todo el almuerzo.

   Termina el ágape sin que nadie haya hecho mención a un posible cortejo. El joven Granados sigue sin decir nada, solo algunas palabras de cortesía o escuetos monosílabos cuando se le ha preguntado. Da la impresión que todo aquello le está aburriendo. Solamente al despedirse, Antonio Jesús se dirige a Julia para decirle algo que al principio la muchacha no entiende.

   -Espero verte pronto en Plasencia.

   Tras despedir a los Granados, en cuanto encuentra un momento propicio, Julia exige a su madre que le cuente si la visita de tan ilustre familia tiene algo que ver con ella. Al principio la señora Soledad se resiste, pero ante la insistencia de su hija no le queda otra que cantar la gallina.

   -Verás…, don Juan José anda buscando para su hijo una joven que esté a la altura de su casta. Antonio Jesús es el último de los Granados y su padre quiere casarlo con una mujer educá, culta y, porque no decirlo, que tenga el riñón forrao. El chico será quien herede un apellio que está en la Historia de España y además toda la fortuna familiar. Y se ve que alguien le habló de ti y de nuestra familia. Y ha venio a conocerte -Julia presiente que su madre sabe más, pero no logra sacárselo. Bueno, se dice, de momento no queda otra que esperar y ver.

  Mientras, en Palma, Julio lo está pasando francamente bien. La pequeña tienda con la que Chimo inició su aventura comercial ha devenido en un establecimiento sito en el lugar de encuentro entre el puerto y el acceso al centro de la ciudad, repleto de suvenires, productos típicos y objetos de bisutería. La mayoría de artículos están anunciados en inglés y francés, y algunos hasta en alemán. Chimo cuenta con dos dependientas que se defienden en los dos primeros idiomas. Según cuenta el morellano, que no ha perdido un ápice de su empuje empresarial, el negocio marcha a pedir de boca y está preparando una ampliación. Piensa montar una nueva tienda en Calviá, pueblecito cerca de Palma y donde se concentra el turismo extranjero que es el filón de sus mejores clientes.

   El primer día ambos amigos se han contado los principales sucesos que les han ocurrido en la última década, especialmente en el terreno sentimental. Chimo ha tenido varios affaires, generalmente con extranjeras, que no han ido a más. Ahora, desde hace poco más de un año, está cortejando a una joven de una familia burguesa local, también del comercio, con la que tiene la intención de casarse a mediados del próximo año. Se la presentará en cuanto tenga ocasión. Julio le cuenta su enamoramiento de Julia y como el no saber si es correspondido le lleva por la calle de la amargura.

   -Al final encontraste tu pomelo –apostilla Chimo en recuerdo de una metáfora que le contó cuando rompió con Consuelo.  

   -Pues no te he contado lo mejor: Julia es la hermana pequeña de Consuelo.

   -¡Coño, eso sí que es bueno! Estabas predestinado a terminar con una Manzano. Y hablando del rey de Roma, ¿qué fue de tu exnovia?

   Julio le cuenta brevemente la historia de cómo le dejó Consuelo, pero como lo que le tiene en un sinvivir es Julia, vuelve a ella.

   -Y tú, ¿qué harías con Julia?

   -Chico, es que tus amores son volcánicos. Cuando te da, te da de verdad. No sé muy bien qué aconsejarte, pero por decirte algo te diré que en tu lugar seguiría insistiendo. No te des por vencido, recuerda lo que se dice: el que la sigue la consigue.

   Como Palma Julio la conoce bien, no en vano vivió en ella tres años, Chimo ha planeado excursiones al resto de la isla, para lo que ha alquilado un carricoche tirado por una briosa yegua. Donde primero van es a Sóller, pintoresco pueblecito de la costa noroeste y que tiene un puertecito bien resguardado, al que llegan a través de una estrecha carretera que zigzaguea atravesando la Sierra de Alfabia. El segundo viaje es a la Sierra de Tramuntana, donde le lleva a visitar la Cartuja, famosa desde que en ella pasaron un invierno Chopín y George Sand. La tercera ruta les lleva a las Cuevas del Drach, sitas en Porto Cristo, término municipal de Manacor, y que guarda uno de los lagos subterráneos más grande del mundo que cruzan en barca. Chimo dice de visitar otras cuevas ubicadas en Artá que cuentan con enormes laberintos de pasadizos, quebradas y galerías, pero Julio no es un entusiasta de las grutas y declina la invitación. Lo que sí hace el mañego cuando Chimo le lleva a Inca es aprovechar que en la ciudad hay una pujante industria peletera para comprar regalos destinados a sus seres queridos. A su madre le compra unos guantes y unos zapatos de piel; a Julia unos botines de medio tacón y una estola de zorro para abrigar el cuello y los hombros; a Etelvina, otros guantes como a su madre. Hasta se acuerda de sus empleados, para Antonina le lleva un bonito bolso y para Argimiro un cinturón con una trabajada hebilla. Finalmente, compra una cartera repujada, para llevar papeles y documentos, que allí mismo se la ofrece a Chimo. Tenían proyectado un quinto tour a Formentor, el entrante de tierra más septentrional de la isla y en el que algunos acantilados del cabo alcanzan los trescientos metros por lo que la panorámica que se vislumbra desde ellos es espectacular, pero al final desisten de hacerlo y prefieren dedicar el tiempo que resta a Palma.

   Chimo presenta su novia a Julio, cuya relación cuenta con el beneplácito de la familia de la joven. Es una mallorquina de veintipocos años, de pelo negro, rostro agradable y carácter reposado y discreto. A Julio le cae bien y congenian rápidamente. La familia de la novia invita al mañego a celebrar, junto a Chimo, las festividades navideñas con ellos, lo que le hace evocar la primera Navidad pasada en Palma en compañía de su paisano Agustín, su novia Roser y la amiga de esta, Dolors. Todavía tiene grabada en la piel el tórrido romance que mantuvo con Dolors. ¿Qué se habrá hecho de todos ellos?, se pregunta Julio.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 100. El vestido de noche