viernes, 19 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 84. ¿Él te quería?

 

   El Bisojo no ha tenido más remedio que aceptar el acuerdo pactado por su empleada, tuvo que hacerlo cuando Julia le amenazó que si no lo refrendaba le dejaría. Piensa que si tuviera menos años y mejor salud nunca lo hubiese aprobado, pero en las actuales circunstancias considera que es un mal menor. Es consciente de que sin la joven encargada su tienda se iría a pique en cuestión de poco tiempo. Y cuando algún amigo le pregunta que como ha transigido pactar con Carreño su respuesta suele ser la misma.

   -Pues porque más vale un mal pacto que una buena guerra –para a renglón seguido explicarse-. Y eso es lo que mantenía con el judas de Carreño, una jodida guerra comercial de la que estaba hasta los huevos.  

   El Pacto de la Pilarica, como en broma lo denominan los firmantes del mismo en clara alusión a su autora, comienza a producir efectos desde el día siguiente de su puesta en marcha. En el terreno mercantil supone el inicio de una época de paz en la guerra comercial que enfrentaba al viejo y al joven droguero. Cada uno se ha especializado en determinados sectores y se han acabado las temporadas de rebajas en las que llegaban a tirar los precios. El mayor beneficiado con el pacto ha sido Julio que partía de una situación privilegiada, pero al tío Elías tampoco le ha ido mal pues sus cifras de ventas, aunque más modestas, se han consolidado. Con el paso de las semanas la entente entre el mañego y la chinata se ha hecho más sólida y han logrado nuevas ventajas comerciales; una de ellas ha sido que, al unificar sus pedidos de compras y hacerlas en mayor cantidad, han conseguido de los proveedores mejores descuentos. Incluso han ido más lejos, cuando un cliente pide un determinado artículo que no tienen le indican que lo tendrá a su disposición en unas horas, entonces lo que hacen es pedirlo a la otra tienda repartiéndose la ganancia. Esta última práctica al Bisojo le sentó a cuerno quemado, pero ante la firme postura de Julia tuvo que callarse.

   -Señor Elías, en mi pueblo dicen que el que algo quiere algo le cuesta. Y si queremos mantener el pacto, que tan bien nos va, no tenemos más remedio que transigir en cuestiones como esta que además ha sido idea mía –Es lo que hace Julia continuamente, de cada una de las novedades que van incorporando al acuerdo afirma que se le ha ocurrido a ella, con lo que al Bisojo no le queda otra que asumirla.

    Las consecuencias comerciales no han sido las únicas del Pacto de la Pilarica. Otro efecto ha sido la buena relación que se está forjando entre los dos hacedores del acuerdo. Casi todos los domingos, Julio almuerza con su madre y Julia, y las sobremesas se alargan hasta mediada la tarde. Al principio hablaban casi exclusivamente del negocio, pero a medida que han ido pasando las fechas los temas de conversación han ido mutando, pues ahora charlan sobre cualquier cuestión, salvo una parcela en la que aún no se han atrevido a entrar: la vida personal. Y no lo hacen porque Julia de ese campo tiene poco que contar y Julio porque es consciente de que sus turbios lances amorosos no son los más adecuados para relatarlos a una jovencita que en asuntos de sexo está más verde que una novicia.

   Hay domingos en los que se les une una cuarta invitada a los almuerzos, Etelvina. Cuando forman un cuarteto suelen echar alguna partida al parchís, por lo que en más de una ocasión las sobremesas se alargan hasta el anochecer. Julia disfruta como una chiquilla con el juego, en el que pone la misma pasión e intensidad que en sus actividades mercantiles. Julio asiste complacido al ver el entusiasmo que las tres mujeres demuestran ante el tablero. Y más de una vez se ha preguntado: ¿qué dirían mis amigos si me vieran pasando los domingos con dos señoras que van para viejas y una jovencita que se emociona y grita como una quinceañera cuándo gana? Mejor que no lo sepan porque sería el hazmerreír del casino. Otra consecuencia del pacto es que ahora Julia sale menos a pasear que antes, está más atareada y tiene menos interés en flirtear con los mozos que la siguen rondando. En cuanto a Julio le ocurre algo parecido: asiste con menos frecuencia a la tertulia del casino, visita menos los burdeles y sus aventuras amorosas van declinando.

   La tercera en discordia en esas tardes dominicales, Pilar, está encantada de cómo se desarrollan los acontecimientos. En ocasiones toma parte de las charlas, pero frecuentemente deja solos a ambos jóvenes con el pretexto de que va a echar una cabezadita. Y es que, domingo a domingo, otro plan comienza a germinar en la fértil imaginación de la aragonesa: unir a sus dos seres más queridos, no ya en los negocios sino en los sentimientos. Cada vez es mayor su convencimiento de que Julia quizá sea la única mujer que conoce capaz de conseguir que el balarrasa de su hijo siente la cabeza. A mis años y estoy pensando convertirme en una celestina, se dice. A pesar de esa percepción no hace nada, ni piensa hacerlo, para que ambos jóvenes se enamoren, le da tiempo al tiempo y, eso sí, reza para que su deseo se haga realidad. A la única que ha hecho partícipe de su anhelo es a Etelvina, quién sí es partidaria de forzar la situación.

   -Pues que quieres que te diga, Pilar, yo si forzaría la mano para intentar unirlos. Lo de los matrimonios concertados por las familias es una costumbre muy arraigada y no suelen salir mal, sobre todo cuando la pareja llega a cierta edad. Cierto que Julia todavía es muy joven, pero lo que es a tu hijo se le puede pasar el arroz.

   -¿Crees que a mis años voy a hacer de celestina? Ni quiero, ni puedo, ni debo. Todo lo que debería hacer ya lo hago; mejor dicho, lo hacemos, ¿o tengo que recordarte quién me ayudó a conseguir el Pacto de la Pilarica como lo han bautizado los chicos? Además, ya conoces la máxima: casamiento y mortaja del cielo bajan.

   -Yo creo que lo que te pasa es que tienes miedo –replica Etelvina.

   -¿Miedo, de quién o de qué? –inquiere Pilar un tanto mosqueada.

   -De que si terminan emparejándose, tu hijo, por aquello de que la cabra siempre tira al monte, la engañe con la primera que se le ponga a tiro. Y con lo que tú quieres a esa chiquilla sufrirías mucho.

   -Mira, eso es de lo poquito que no me quita el sueño. Si de algo estoy segura es que a Julia no la van a engañar tan fácilmente, ni mi hijo ni el tipo más taimado de estos andurriales. Julia tiene el suficiente sentido común, la astucia y el coraje como para dejar las cosas bien claras desde el día de la boda. La mayoría de los hombres engañan a sus esposas porque no les han puesto los puntos sobre las íes desde el primer día. Y eso es algo que no le ocurrirá a nuestra Julia; podrá errar en otras muchas cuestiones pero no en esa. Al menos si sigue mis consejos.

   Mientras ambas amigas y conspiradoras disienten sobre si sería aconsejable o no empujar a los anteriormente rivales a que den un paso más allá y se conviertan en algo más que amigos, la pareja prosigue sus amistosas charlas, como la de esta tarde en que Julio está contando a su joven amiga anécdotas de su paso por el ejército y casi sin darse cuenta en un determinado momento se refiere a Dolors…

   -¿Quién es Dolors?

   -Ah,… es una chica mallorquina de la que fui amigo durante la mili.

   -¿Solo amigo? –pregunta con retranca Julia.

   -Solo amigo, ¿o es que un hombre no puede tener amigos que sean mujeres?

   -No lo sé, pero no debe ser fácil tener amigos del otro sexo, al menos es lo que pienso.

   -¿Tú no conoces chicos que sean amigos tuyos?

   Julia se lo piensa.

   -Creo que no. Conozco a chicos con los que simpatizo, charlo y bromeo con ellos, pero no los considero amigos, sino simples conocidos.

   -Eso es raro. Vamos a ver, bonita, ¿tú qué entiendes o cómo definirías la amistad?

   Por toda respuesta, Julia se levanta y se dirige al cuartito que Pilar usa como estudio. Retorna al momento con un gordo libro bastante manoseado.

   -El diccionario de la Real Academia Española –indica señalando el mamotreto-. Veamos cómo define la amistad –y lee-: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Eso es lo que entiendo por amigo, una persona por la que sientas ese afecto puro y desinteresado. Y me ratifico, no, no tengo amigos que sean hombres.

   A Julio le impacta la seguridad con la que la jovencita habla y lo claro que tiene las ideas aunque él no las comparta. Un ramalazo de algo que no sabe definir le sacude de la cabeza a los pies. Esta mocosa es una mujer de armas tomar, se dice. El tío que la acompañe al altar se llevará un bombón que además tiene una mente lúcida, pero que también le pondrá las peras a cuarto en cuanto intente desmadrarse un tanto así. No le arriendo las ganancias.

   Julia no ha olvidado su intención de preguntar a Consuelo por su relación con Julio. Una noche en que su hermana la ha invitado a cenar, en cuanto su cuñado las deja solas, pues acostumbra a acostarse pronto, aprovecha la ocasión para preguntarle.

   -¿Sabes que hemos llegado a un pacto con Julio Carreño para dejar de hacernos la competencia?

   -Ah, ¿sí?, ¿y eso para vosotros es bueno o malo?

   -Los pactos suelen hacerse para solventar situaciones espinosas, por lo que se supone que el acuerdo debe ser bueno para ambos. Hablando de Carreño –prefiere aludirle por el apellido como una manera de hablar de alguien sobre quien no tiene mayor interés-, creía que era un borde y un chulo, pero tratándole de cerca es más buena gente de lo que parece. Tú fuiste novia suya o, al menos, saliste con él una temporada. Todavía recuerdo las broncas que madre te echaba. Me pica la curiosidad, ¿por qué rompisteis?

   Consuelo vacila. Duda de si contarle a su hermana la verdad o divagar como forma de no decir nada. Al final opta por la sinceridad.

   -Fue el gran amor de mi vida –y está en un tris de añadir y el único, pero no lo hace-. Y a estas alturas no tengo muy claro por qué rompí, pues fui yo quien le dejó. Me he preguntado muchas veces si hice bien, pero…

   -¿Él te quería?

  

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 85. Es un vaso de agua clara

viernes, 12 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 83. Pacta sunt servanda

 

   La semana se le hace larga a Julio, no deja de pensar en el plan de su madre sobre la especialización de ambas droguerías y en todas las consecuencias y problemas que puede conllevar. Pero más que en el plan a quien no puede quitarse de la cabeza es a Julia, no tanto como competidora sino como mujer. La joven le ha sorprendido en todos los aspectos: como mujer de negocios está seguro de que no tiene parangón, como interlocutora no conoce ninguna que sepa escuchar como ella, y como mujer no es que sea la más guapa de la ciudad, se dice, pero que tengan el brío, la inteligencia y el saber estar de su antagonista no debe de haber tantas, si es que hay alguna. Lo que no deja de asombrarle es que la muchacha se ha hecho mujer a su vera y no se ha dado cuenta. Quizá sus aventuras amorosas le han tenido tan entretenido que no ha sabido ver lo que hasta un ciego hubiese visto. Al haber suscitado Julia su interés, pregunta por la fama de la muchacha a uno de sus amigos, del que sabe que es un consumado correveidile.

   -Oye, Cándido, ¿qué es lo que se cuenta por ahí de la encargada del Bisojo?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si vive en casa de tu madre. La debes conocer mejor que nadie.

   -Solo la veo de uvas a peras, suelo visitar a mi madre por las tardes y la muchacha todavía está en la tienda.

   -De muchacha na, está hecha una paloma más rica que el dulce de leche. Y lo que mayormente se cuenta de ella es que es una lagartona de mucho cuidao.

   -Explícame eso de lagartona –inquiere Julio, preocupado, pues también se denomina así a las fulanas.

   -Pues que es más taimada que una vieja casamentera. Según cuentan tiene a varios mozos que van tras ella como perritos falderos y que a todos les pone buena cara, pero nada más, en cuanto alguno le dice de pasearle la calle contesta que está muy atareada y no tiene tiempo para más.

   La respuesta tranquiliza a Julio, no es lo que imaginaba. Hasta que se da cuenta de algo: ¡cómo no habré caído en ello!, se dice, la mocosa es digna alumna de mi madre. Apostaría doble contra sencillo que esas ideas se las ha imbuido Pilar. O sea, que está esperando a su príncipe azul, ¿quién será el afortunado? El último pensamiento le hace sonreír, si hace tan solo una semana alguien le hubiese dicho lo que está pensando de Julia se habría carcajeado.

   A Julia le ocurre algo parecido que al mañego, no se lo quita de la cabeza. Siempre le tuvo respeto, por ser mucho mayor que ella y porque sabe mucho más, tanto de los negocios como de la vida. Sus amigas le han contado la fama que tiene Julio en la ciudad: que es más listo que el hambre, que sabe llevar muy bien el negocio, y que en asuntos de faldas le pierden las casadas con las que ha tenido numerosas aventuras. También en más de una ocasión, ha sido testigo y confidente de los disgustos de doña Pilar por el comportamiento poco edificante de su hijo. Lástima, se dice, que un hombre con tantas cualidades se eche a perder por no saber contener sus apetitos más bajos. A pesar de eso, le considera una buena persona, aunque como a la mayoría de miembros del sexo masculino a veces le pierda la vanidad. Y hasta tiene buena planta, reconoce. Lástima que sea tan viejo, pues ya cumplió la treintena. Aunque sabe que muchas de sus amigas le pondrían buena cara porque también tiene fama de ser un buen partido. Y como hizo Julio, también pregunta por él a la más cotilla de sus amigas.

   -Tere, ¿qué es lo último que se cuenta de Carreño?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si vives en casa de su madre. Lo debes conocer mejor que nadie.

   -No creas, solo le veo de Pascuas a Ramos. Casi siempre la visita cuando estoy en la tienda.

   -Pues que está hecho un golfo, dispara a todo lo que se le pone a tiro. Parece que su última conquista es la mujer del señor Prados.

   -No sé quién es.

   -Uno de los terratenientes más ricos de la ciudad. El hijo de tu maestra parece que se está aprovechando de que Prados ya chochea y su esposa debe estar en la treintena. Es un tenorio de tres al cuarto que lo único que le gusta es pasar el rato sin comprometerse.

   -¿Y no ronda o ha rondado en plan serio a alguna chica soltera?

   -¿Y tú me lo preguntas?, si dicen que la única novia en serio que tuvo fue tu hermana Consuelo.

   Julia se queda sin respuesta. ¿Cómo ha podido olvidarse de la relación que tuvo Julio con su hermana? Aún recuerda, siendo niña, que Julio fue a su casa a pedir permiso a su madre para cortejar a Consuelo. Y también recuerda cuando iba a casa de Carolina, la mejor amiga de su hermana, a recoger las cartas que Julio enviaba desde Mallorca. Lo que nunca supo, porque no se interesó por ello, es por qué rompieron y quién lo hizo. De pronto le entran unas ganas locas de conocer la vida sentimental de su hermana mayor. Lo mejor será preguntarle, se dice, pero antes debe ocuparse de lo que es más urgente: convencer a su patrón del plan de Pilar, insistiendo que ha sido idea suya. Debe de obtener su consentimiento por si al final llega a un acuerdo con Julio, algo que le gustaría pues le daría una tranquilidad que comienza a hacerle falta, dado que ya no se le ocurren más ideas para mejorar el negocio.

   El Bisojo le había dicho que aceptaba que negociara el plan con Carreño, aunque reservándose la última palabra, pero parece que ha cambiado de opinión. Ahora el viejo no admite de ninguna manera que un recién llegado al complejo mundo de la droguería se ponga a su altura.

   -Julia, ¿conoces la expresión de tirar piedras a tu propio tejado?, pues eso supone ese plan pa mí. Llevo más de treinta años al frente del negocio y un novato como el judas de Carreño no me va a imponer un acuerdo que supondría una bofetada pa mi orgullo profesional. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

   -Vamos por partes, señor Elías. En primer lugar, el plan no lo impone Carreño, sino que como le he recordado es idea mía. Y en segundo, que esto no es cuestión de orgullo sino de negocios. Usted me ha enseñado que en los negocios tratar de ignorar la realidad sí que es tirar piedras contra tu tejado. ¿Y cuál es la realidad? Pues que se ha descapitalizado intentando frenar la sangría que para nuestra tienda –Julia ahora usa el pronombre en plural para hacerle ver al viejo que se considera parte del negocio- ha supuesto la apertura de la nueva droguería. Si quiere le recordaré el último balance, no estamos en números rojos, pero andamos sobre el alambre. Como usted no aceptó que me fuera, solo mi salario y el de Lupe se comen la mayor parte de los ingresos. ¿Qué supone eso?, pues que en cuanto Carreño abra una campaña de rebajas entraremos en pérdidas. En cambio, si mi plan fuera aceptado por el mañego, algo que dudo que haga, habríamos logrado el cortafuego del que le hablé.

   La aposición, que ladinamente, ha metido Julia dudando de que Julio acepte el plan, concita el interés del Bisojo.

   -¿Y por qué crees que no aceptará tu plan?

   -Porque a Carreño le ocurre lo mismo que a usted, que ha hecho cuestión de orgullo no solamente ser propietario de la nueva droguería de la ciudad, sino también de la única. En cuanto vislumbre el menor resquicio acabará con nosotros. Estoy tan segura como que me llamo Julia.

   -Un viejo amigo que ya murió solía decir que lo que le conviene a mi enemigo no me conviene a mí. Si ese judas no acepta tu plan eso supone que es bueno para nosotros. Negocia con él, pero de igual a igual, nada de ponerse en plan pedigüeño. Pacta y luego decidiré.

   -No, señor Elías, si pacto con Carreño ha de ser con plenos poderes; es decir, que si llegamos a un acuerdo, que como ya dije no creo que acepte, eso tendrá su bendición desde ya –Julia ha decidido ponerse dura, sabe que el Bisojo en última instancia podría volverse atrás-. Doña Pilar me enseñó una expresión latina: pacta sunt servanda, los pactos han de cumplirse. Si firmo el pacto, firmado estará y si usted posteriormente lo revoca se quedará sin pacto y sin encargada. Porque, y eso también lo he aprendido de usted, los hombres valen lo que su palabra; pues bien, también se debe aplicar a las mujeres –Ante la tajante postura de su encargada el Bisojo recula y acepta el planteamiento de Julia. 

   Cuando el domingo ambos competidores se reúnen en casa de doña Pilar, antes de que el almuerzo concluya han llegado a un acuerdo que, con pequeñas variaciones, en esencia es el plan ideado por la aragonesa. Llegada la hora de los postres, y prevenida por la anfitriona, aparece Etelvina con una botella de sidra para brindar por el éxito de las negociaciones y, lo más importante para ambas conspiradoras: para festejar que las dos personas que les son más queridas han hecho las paces. Buena prueba de ello es que la chinata y el mañego departen como si fueran amigos de siempre. En algún momento Julia insinúa si habría que firmar un papel, la respuesta de Julio es tajante.

   -Mi madre me enseñó que un hombre vale lo que su palabra y, aunque no siempre lo he cumplido de lo que me arrepiento, si pienso hacerlo de ahora en adelante. Y doy por descontado que tú piensas lo mismo –y volviéndose a Pilar le pregunta-: Madre, ¿sirve lo de que una mujer vale lo que su palabra?

   -Por supuesto, hijo, Dios hizo libres e iguales a ambos sexos, aunque todavía son legión los zoquetes que opinan lo contrario, incluido el Código Civil.

   -Algo parecido le dije al señor Elías cuando traté de convencerle de que este acuerdo era lo mejor para él y precisamente la cité a usted, doña Pilar.

   -Julia, creo que va siendo hora de que apees lo de doña y me tutees. Para mí eres mucho más que una alumna o una pupila, te has convertido en la hija que siempre deseé y que la prematura muerte del padre de Julio me impidió tener. Y aunque la costumbre en los pueblos es tratar de usted a los padres, yo eduqué a mi hijo para que me tuteara como manera de sentirnos más cerca y comunicarnos más fácilmente. O sea, que ya sabes, Pilar a secas.

   Julio está interesado en saber qué le va a contar al Bisojo del acuerdo, la respuesta de Julia, con un guiño de ojo para Pilar, es:

   -Pues que pacta sunt servanda.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 84. El Pacto de la Pilarica

viernes, 5 de marzo de 2021

Libro II. Episodio 82. Llegar a un quid pro quo


   En la comida que Pilar y Etelvina han preparado para celebrar el presunto cumpleaños de esta última, Julia ha logrado tejer un diálogo con el mañego preguntándole sobre sus conocimientos enológicos. La joven, siguiendo el consejo de su mentora, tira de la lengua a Julio de modo que acapare la mayor parte de la conversación.

   -Entonces, ¿cuántos tipos de Jerez hay? –sigue preguntando Julia.

   -Pues la manzanilla, el amontillado, el oloroso, el palo cortado, el dulce de Jerez y la crema de Jerez

   -¿Tantos?, yo creía que había menos. De los vinos del resto de España, como famoso solo me suena el rioja, pero supongo que debe haber más.

   -Hay muchos y en muchas partes, pero posiblemente los más conocidos, además del jerez y el rioja, son los vinos de la Ribera del Duero, los tintos manchegos, los caldos del Priorato y los blancos gallegos como el ribeiro o el albariño. La lista sería interminable.

   Cuando el tema de los vinos, de los que Julio no sabe tanto como presume, se agota Julia vuelve a dar pie al droguero para que siga hablando.

   -Tu madre me ha contado que cuando estabas de vendedor ambulante te ocurrieron montones de anécdotas de lo más graciosas. ¿Por qué no nos cuentas alguna?

   -Ah, no, os voy a aburrir. Además hace rato que acaparo la charla.

   -Anda, por favor, cuéntanos algún sucedido –intercede Etelvina-, pero que no sea picarón para que Julina no se nos ruborice.

   Ante unas oyentes tan atentas, a Julio se le olvida la inquina que le tiene a su competidora y se lanza a contarles algunos de los sucesos que le pasaron en su deambular por la región extremeña. Cada instante que transcurre se encuentra más cómodo. Terminados los postres y antes del café y los licores, Etelvina, con aparente candor, formula la pregunta que debe marcar el camino sobre el real propósito del banquete.

   -Y hablando de otros temas, ¿cómo os van los negocios?

   A Julio la pregunta le ha pillado totalmente desprevenido y tuerce el gesto. Julia simula que tampoco la esperaba. Pero antes de que ninguno de ambos pueda responder, Pilar cuenta la anécdota de la charla que escuchó en el mercado, aunque la remodela de acuerdo a los fines que persigue.

   -Hablando de negocios, ¿sabéis qué escuché el otro día en el mercado? –Y cuenta lo que decían de la habilidad de Julia vendiendo artículos pour la femme para terminar agregando-… y lo más curioso es que momentos después las mismas comadres dijeron algo parecido de Julio, poniéndole por las nubes sobre lo que sabe de productos medicinales y lo bien provista que está su tienda de esa clase de artículos… Esa charla me dio que pensar. Ambos sabéis, pues los dos habéis sido alumnos míos, que cuando se me atraviesa una idea no hago más que darle vueltas como si en vez de cabeza tuviese una noria… y esto es lo que se me ha ocurrido…-Y sin más les plantea si han pensado en repartirse la clientela y explica detalladamente su propuesta de especialización.

   Julio, desconcertado y receloso al principio, escucha atentamente a su madre de la que sabe que no da puntada sin hilo. Julia también escucha con atención a su maestra, pero sin perder de vista las reacciones del mañego. El primer pensamiento de Julio es rechazar de plano la propuesta materna, pero Pilar, que parece haberlo intuido, no le da ocasión de que hable al preguntar primero a la joven.

   -¿A ti qué te parece, Julia?

   La joven tiene la respuesta preparada.

   -Antes que nada, quiero darle gracias de corazón por interesarse por nosotros. En cuanto a su plan tendría que pensarlo con más calma, hacer números y consultarlo con mi patrón, pero creo que en este asunto la opinión más importante y cualificada es la de Julio. Yo, a su lado, no soy más que una novata, tanto de los negocios en general como de la droguería en particular. Para mí lo que él diga será palabra de rey, porque estoy convencida de que no dirá nada a humo de paja, sino que su opinión estará fundada en su profundo conocimiento del negocio y su conocido sentido de la realidad.

   Los elaborados elogios de la chinata tienen el efecto de que Julio se repiense lo que iba a decir: que se opone radicalmente al plan de su madre. En su lugar, hace suyas las palabras de la joven.

   -Como ha dicho Julia, gracias madre por el esfuerzo que has hecho y quiero que sepas que tu plan, tan brillante como todos los tuyos, lo valoro enormemente. Dicho esto, coincido con Julia en que lo más prudente será pensarlo detenidamente, analizar pros y contras y echar cuentas. Al fin y al cabo, estamos hablando de negocios. Por cierto, Julia, tengo una pregunta a bote pronto, ¿qué crees que opinará del plan de mi madre el Bisojo?

   La joven se toma un tiempo como si tuviera que pensarse la respuesta.

   -Sabes mejor que yo que el señor Elías le da mil vueltas a las cosas y tratándose de su negocio con mayor motivo, pero hay un sentimiento que le impide pensar con la cabeza fría cuando se trata de cualquier hecho en el que tú estés involucrado. Y es que, como supongo que sabes, te detesta como no puedes imaginarte, por lo que basta que le cuente que has opinado del modo que sea para que opine lo contrario.

   -O sea, que si digo que soy favorable al plan dirá que nanay, y al revés.

   -En efecto.

   A todo esto las conspiradoras pretextando que van a fregar la vajilla y los cubiertos los han dejado solos.

   -Aunque antes has esquivado dar tu opinión sobre el plan de mi madre de manera muy elegante y hábil, todo hay que decirlo, ahora que no nos oye nadie me gustaría saber qué opinas de verdad. Y, por favor, no vuelvas a decir lo de que la opinión más importante y cualificada es la mía –lo último lo dice Julio con cierto retintín.

   -Lo siento, Julio, pero he dicho lo que siento. Porque no sé si sabes, pero te tengo un profundo respeto. ¿Te sorprende? –Pregunta la joven al ver el gesto de asombro de Julio-. Pues así es. ¿Cómo no voy a respetar al hombre que partiendo de cero ha logrado situar su tienda como la droguería más importante de la ciudad y hasta de media provincia? Lo ilógico seria lo contrario.

   -Otra vez te estás escabullendo, Julia –Ya ha dejado de motejarla de mocosa-. Insisto, me gustaría saber tu opinión, si es posible, vamos  

   -Si insistes, te diré mi opinión, que de momento solo es eso, una opinión, pues como bien has apostillado el plan hay que pensarlo detenidamente, analizar los pros y contras y echar cuentas –La joven repite casi literalmente algunos de los comentarios del mañego como si fueran conceptos infalibles-. Opino que lo que sugiere tu madre es más beneficioso para ti que para el tío Elías –Julia habla como si en el negocio del Bisojo ella no tuviera papel alguno-. Lo razono. Tú vendes más productos medicamentosos que el tío Elías, no en Plasencia pero sí en el resto de la provincia por la venta ambulante, algo que él no tiene, pero Elías también vende una cantidad nada desdeñable en Portugal a través del puesto fronterizo de Zarza. Por cierto, me han contado que has intentado poner en marcha una operación similar, pero que has tenido muchas dificultades para encontrar un comprador en Portugal. En cuanto a los artículos para la mujer tus ventas son menores que las del Bisojo, con el agravante de que has de tener un stock de existencias a las que solo puedes dar salida poco a poco, lo que incide negativamente en tus cuentas. Por tanto, y para no liarme más, pienso que si llegaras a un pacto con el tío Elías sobre el plan de tu madre y te traspasara los contactos en Zarza y Salvaterra el resultado te sería muy beneficioso. Ah, otra cosa, también deberíais llegar a un acuerdo sobre temporadas de rebajas y ofertas de saldos. En definitiva, firmar un pacto de no agresión y sellar una paz que te coronaría como el número uno del sector en el norte de Cáceres.

   Julio queda pensativo. Esta muchacha es más lista que el que inventó la pólvora, se dice. Y una trapisondista, ¿por qué habla del negocio del Bisojo como si ella no tuviera arte ni parte? De todas maneras, lo que dice tiene lógica, no sé si todo será tan de color rosa como lo pinta, en todo caso tendré que hacer números pues quizá la propuesta sea más interesante de lo que parecía a primera vista. Pero lo que dice es otra cosa.

   -¿Y tú serás capaz de convencer al Bisojo?, estoy seguro de que ni siquiera querrá hablar conmigo.

   -Por supuesto que no querrá verte, pero eso no será problema. El acuerdo, en caso de que lo aceptéis las dos partes, lo sellaría yo. En cuanto a si seré capaz de convencerlo, es fácil, le diré que tú te opones al pacto con lo cual decidirá lo contrario. Por ahí no habrá problemas.

   Lo dicho, piensa Julio. Esta chavala es más maquiavélica que mi madre, ¡que ya es decir! ¡La leche que le dieron!, tan jovencita y lo retorcida que llega a ser, pero que sea así me pone, reconoce. Hace mucho que no me pasaba eso con una mujer. Quizá sea porque está más rica de lo que recordaba, ahora entiendo porque tiene tantos moscones detrás. Piensa eso, pero lo que dice no tiene nada que ver.

   -Gracias por tus explicaciones. Ah, y permíteme felicitarte, por lo que veo el Bisojo te come de la mano, yo nunca llegué a tanto. Algún día me tienes que contar qué has hecho para que se comporte así. Otra cosa, de momento en lo único que ambos estamos de acuerdo es que el plan de mi madre hay que analizarlo detenidamente y hacer números, por eso creo que deberíamos continuar esta charla en otro momento. ¿Qué tal si nos vemos el próximo domingo?

   -Por mí encantada, charlar contigo es como recibir una clase magistral sobre el negocio. Dime el lugar y la hora. Solo una condición: deberíamos vernos en un lugar discreto, no quiero que le llegue a oídos del tío Elías que me estoy reuniendo contigo.

   -Eso es fácil, el domingo iré a comer con vosotras. A nadie le sorprenderá que un hijo visite a su madre. Que tú también estés allí es natural, pues allí vives.

   Y charlando amistosamente los encuentran las conspiradoras que se miran y sonríen, el plan del quid pro quo parece que ha echado a andar.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 83. Pacta sunt servanda

viernes, 26 de febrero de 2021

Libro II. Episodio 81. Una conspiración de andar por casa

 

   Pilar está tremendamente disgustada, las dos personas que le son más queridas están enemistadas y no parece haber forma de que se reconcilien. Para ella se ha convertido en una obsesión lograr que ese antagonismo termine. Ha conversado por separado con ambos tratando de hacerles entrar en razón, solo Julia está predispuesta a la paz, su hijo no y es tajante.

   -No haré las paces mientras esa mocosa me siga robando clientes.

   La concisa razón que esgrime Julio le abre un portillo de esperanza, pues sabe que el primer paso para solucionar un problema es hallar sus raíces y su hijo acaba de decirle cuales son. Si el motivo de su inquina es meramente profesional, por ahí es por donde debe buscar la solución. Se estruja las meninges para encontrar una forma de que la competencia entre los negocios de ambos desaparezca o al menos se atempere. Tras mucho meditar encuentra un posible arreglo: la especialización. La idea básica es que cada tienda, en lugar de vender todo el amplio espectro de artículos de droguería, se especialice en determinados segmentos y deje el resto para la otra. Lo complicado es cómo articular ese quid pro quo. No encuentra la respuesta hasta que una conversación escuchada al desgaire en el mercado en que hace la compra le da una pista.

   -… pues en vez de polvos de arroz, irás mejor maquillada si vas a la droguería del Bisojo y le pides a la encargada que te recomiende una buena crema para la cara, así lograrás un maquillaje adecuado y que te puede favorecer mucho más.

   -¿Quién es la encargada?

   -Se llama Julia, y de maquillaje sabe lo que no está en los escritos.

   A partir de ahí, Pilar desarrolla su plan. Que ambas droguerías, en vez de hacerse una competencia despiadada, lleguen al acuerdo de no enfrentarse, de no tirar los precios, de respetar las temporadas de rebajas y, sobre todo, de que se especialicen en determinados productos en lugar de vender el amplio espectro que almacenan. Puesto que Julio, desde los tiempos en que alijaba medicinas a Portugal, se ha especializado en productos paramedicinales, que sea solo él quien los venda. A su vez, Julia que, con su francés elemental y su savoir faire, se lleva la palma en la venta de artículos pour la femme sea la única que los ofrezca. La facturación de ambos contingentes es similar, lo que comporta que lo que dejen de ganar por no vender los artículos que en exclusiva tiene el otro, lo recuperen por los que únicamente vendan ellos. No es que sea una solución perfecta, pero es la mejor que se le ocurre. Al llegar aquí se apercibe de otro problema: su hijo decide por sí mismo, pero Julia debe contar con el visto bueno de su patrón. Duda entre si hablar con el Bisojo o con Julia, al final opa por la joven y decide contárselo todo; tiene plena confianza en su madurez, su sentido común y en el hecho de que ha mostrado estar dispuesta a reconciliarse con su hijo.

   -Julia, sabes que para mí es un auténtico suplicio el hecho de que las dos personas que más quiero en el mundo estéis enemistadas. Para intentar solucionarlo he pensado un plan que no sé qué te parecerá. Como confío plenamente en tu sensatez y discreción eres la primera persona a quien se lo cuento. Verás… -Y la maestra le cuenta a su pupila el plan que ha urdido-. Y bien, ¿qué te parece?, ¿puedo contar con tu anuencia?

   Julia se da un tiempo para analizar lo que acaba de explicarle su mentora.

   -No me parece mal, doña Pilar pero será complicado llevarlo a cabo. No sabemos qué opinará Julio y, por otra parte, temo que el señor Elías se va a negar en redondo. El enfrentamiento con su hijo lo ha convertido en un problema personal.

   -Ya contaba con el escollo de tu patrón, por eso te pido que antes de dar el siguiente paso hables con él y le cuentes el plan, pero como si fuese idea tuya. Dado que te suele hacer caso es la única oportunidad que tenemos para que lo acepte. Lo dejo en tus manos y te ruego que hagas todo lo posible para convencerle.

   Julia piensa como presentar el plan al señor Elías para persuadirle de que es una buena idea. Las ventas han mejorado, pero no han recuperado los índices de cuando el Bisojo tenía la única droguería de la ciudad. Ahora siempre están a expensas de que Julio introduzca novedades en la explotación de su tienda que les fuerce a realizar nuevas y gravosas inversiones. Por eso Julia cambia el objetivo del plan de Pilar, en vez de ser un medio para el entendimiento entre Julio y ella, lo presenta como el instrumento para evitar futuros y peligrosos choques con la competencia y que, al mismo tiempo, servirá para dar estabilidad al negocio.

   -… y eso es lo que he ideado, señor Elías. Carreño sigue siendo un peligro para nosotros pues cuenta con un inversor que nosotros no tenemos. Sé por doña Pilar que el tío Bronchales le tiene prometido que puede contar con cualquier cantidad que necesite para ampliar su negocio. Y si decide ampliarlo, hacer más campañas de rebajas o tirar los precios no vamos a poder competir con él.

   -Te agradezco una vez más el interés que demuestras, algo que solo hace una persona leal y comprometida como tú. Sabes que todas tus propuestas las he hecho mías, pero este plan no me convence. Durante más de treinta años he sido el único droguero de la ciudad, en cambio el judas del Carreño no es más que un advenedizo. Si alguien tendría que dar el brazo a torcer debería ser él.

   -No hablo de cerrar ni una tienda ni la otra, hablo de convivir en paz, de no estar permanentemente con la angustia de lo qué vaya a pasar la próxima temporada. Mire, señor Elías, en el fondo el plan no es más que un cortafuego con el que evitar posibles incendios que quizá no podamos apagar.

   Lo que no ha conseguido Julia con sus razonamientos, sorprendentemente lo consigue con la metáfora del cortafuego. Al final, el Bisojo da su visto bueno para que negocie con Carreño, pero reservándose la última palabra. A la chinata le falta tiempo para contarle a su mentora el éxito de su embajada. Ahora Pilar deberá buscar un pretexto para reunir a ambos en un campo que sea neutral y en el que Julio se vea obligado a comportarse cortésmente. Cuando le cuenta a Etelvina el plan ideado, su vieja amiga le brinda una posible solución para la reunión.

   -Si buscas un campo neutral te ofrezco mi casa.

   -¿Pero y con qué motivo los reunimos allí?

   -Podemos inventar cualquier excusa…, por ejemplo, decir que es mi cumpleaños y con ese motivo puedo invitaros a los tres a comer o a merendar, lo que te parezca mejor.

   Pilar acepta pero con reparos.

   -Podría servir, pero sería mejor organizar una cena. A mediodía no tienen mucho tiempo libre y a la hora de merendar están en la tienda. Quizá una cena…, aunque como deberían tener tiempo para una sobremesa larga tampoco es el momento más adecuado.

   -Mi querida Pilar, a veces eres un saco de contradicciones. Has sido capaz de urdir un plan tan complejo y ahora te ahogas en un vaso de agua para encontrar el momento adecuado. Organicemos la comida un domingo, día en que ambos tienen todo el tiempo del mundo y así la sobremesa puede alargarse lo que haga falta.

   Ahora le resta a Pilar la empresa, que no es pequeña, de convencer a su hijo de que asista al falso cumpleaños de Etelvina; con Julia sabe que cuenta.

   -Etel, dame alguna idea para convencer al cabezota de mi hijo de que asista a la comida que estamos tramando.

   -Así a bote pronto no se me ocurre ninguna, pero con la imaginación que tienes a buen seguro que encontrarás como hacerlo. Ah, una cuestión que debes plantearte es si le dices a tu hijo que también estará Julia o se lo ocultas.

   -Mira me acabas de dar la solución. Lo que haremos es que a Julio le invitarás tú, te conoce desde crío y te tiene cariño. Y si te pregunta quienes más asistirán, dile la verdad, que también nos has invitado a Julia y a mí. Como además de tenerte cariño te respeta, no se atreverá a negarse.

   Como Pilar había pronosticado, su hijo no es capaz de negarse a la invitación de Etelvina aunque, cuando la comadrona le cuenta quienes serán los demás invitados, tuerce el gesto al oír el nombre de Julia. El día de la casera conspiración, Pilar insta a Julia que se acicale todo lo posible, que luzca sus mejores galas y que huela como las mismas rosas. Que se presente, más que como una competidora, como lo que es: una jovencita encantadora por quien suspiran un buen puñado de mozos. Y le aconseja que no lleve el peso de la conversación, que le dé carrete a Julio, y que no pierda los nervios diga lo que diga su hijo. El objetivo es convencerle y para ello hace falta tacto, saber escuchar y una buena dosis de paciencia.

   Etelvina, con la ayuda oculta de Pilar, se ha esmerado. Ha preparado una mesa modesta, pero en la que no falta detalle. En cuanto llegan los invitados, los lleva al saloncito, les ofrece un aperitivo para que vayan haciendo boca y luego se va.

   -Pilar, ¿me ayudas a terminar el primer plato, por favor?

   Ambos rivales quedan solos, pero siguen sin hablarse. Julio continúa mirando a la chinata con cara de pocos amigos. La joven mantiene el tipo y, como le aconsejó su maestra, trata de mostrarse paciente y dispuesta a escuchar.

   -Julio, por favor, tú que eres hombre de mundo, ¿qué vino será mejor para acompañar esta fuente de embutidos, el clarete del Burgo de Osma o el rioja?

   Lo de hombre de mundo ha complacido a Julio, aunque continúa sin desarrugar el ceño.

   -El clarete.

   -Y para acompañar las gambas, ¿cuál sería más indicado, el rueda o el pitarra?

   -Donde esté un rueda que se quite el pitarra.

   -Es fascinante, ¿dónde aprendiste tanto de vinos?

   Sin pensarlo, Julio se lanza a explicar todo lo que sabe de enología y las diferencias entre blancos y tintos, rosados y claretes, secos y dulces. Y poco a poco, explicación a explicación, su ceño comienza a desaparecer. Enfrascados en animada charla los encuentran Pilar y Etelvina que se miran y sonríen, su conspiración de andar por casa parece haber comenzado con buen pie.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 82. Llegar a un quid pro quo