viernes, 5 de febrero de 2021

Libro II. Episodio 78. ¿Qué me he perdido?

   Julio está al día de la evolución de las ventas del Bisojo y sabe que, si continúan bajando al ritmo que lo están haciendo, su competidor no podrá aguantar mucho más de un año. Es lo que le cuenta a su madre.

   -Como sigan así, es muy posible que en poco tiempo tu ahijada se pueda quedar sin trabajo. Todo el esfuerzo que hiciste para encontrarle un empleo se va a ir al garete. Si te digo la verdad, me da un poco de pena. Eché muchas horas en esa tienda y le tenía apego, y al viejo le tengo que agradecer lo mucho que me enseñó sobre el negocio pese a nuestros desencuentros, pero la realidad es la que es, y al ritmo de pérdidas que lleva tiene los días contados.

   -Yo no enterraría tan alegremente a tu competidor. Julia es una luchadora nata y si algo puede hacerse para que esa tienda renazca, estoy convencida de que es la persona idónea.

   -¿Una salvadora de dieciocho años? –se burla Julio.

   -De diecinueve. Y a propósito, como no lo celebramos en su día voy a organizar una fiesta en casa para festejarlos. Por supuesto, estás invitado.

   -Gracias, madre, ¿pero qué pinto en una fiesta de adolescentes?

   -No tan adolescentes. ¿Cuánto hace que no ves a Julia?

   La jovencita a la que aludía Pilar, tras terminar de poner en orden las cuentas y el inventario de la droguería, tiene una larga conversación con su patrón. Le cuenta el resultado de su trabajo y le plantea que, con los ingresos que la tienda está generando, el negocio no podrá subsistir mucho tiempo. Necesita que le inyecten capital extra y si no cambia la tendencia de las ventas su dueño acabará por descapitalizarse.

   -¿Y qué se puede hacer? –pregunta, preocupado, el Bisojo.

   -Muchas cosas, menos cruzarse de brazos. Respecto a las existencias, lo primero es saldar los géneros que tenemos en exceso. Hay una cifra importante de dinero inmovilizado que no produce nada y que al ritmo actual de ventas se tardará años en amortizar. Tenemos que vender esos productos con ofertas de tres por dos o rebajándolos aunque sea tirando los precios. En cuanto a los productos caducados hemos de ver cómo les podemos sacar algún provecho y si no fuera posible tendremos que tirarlos, están ocupando un espacio que necesitaremos para las nuevas compras. También podríamos publicitar aquellos artículos de los que no había constancia de su existencia. En definitiva, aumentar los ingresos y reducir los gastos. Y llegado aquí, tengo el deber de ser leal con usted, aunque no sea la persona más indicada para lo que voy a proponerle. Una forma de reducir gastos es eliminar empleados, no puede permitirse tener dos. Y como soy la última en llegar, y no tengo experiencia alguna en el mostrador, debería despedirme.

   -¿Pero cómo voy a despedirte, criatura, si hace menos de dos meses que te contraté?

   -Porque no puede permitirse pagarme lo que me paga. Y con las ventas actuales tiene suficiente con Lupe. No crea que no me duele decir esto, porque el empleo que me ha ofrecido es lo más bonito que me ha pasado, pero precisamente por haberse portado tan generosamente conmigo debo ser leal con usted y tengo que decirle la verdad, aunque me duela.

   -Si solo puedo pagar a una empleada despediré a Lupe y me quedaré contigo.

   -No puedo admitirlo, señor Elías, y usted no puede permitirse semejante cambio. No sé vender, no sé cómo tratar a los clientes y no tengo suficiente conocimiento de las existencias como para aconsejar a un cliente sí duda entre dos productos. De quedarse con una debe de ser Lupe, sin dudarlo. Lo que puedo hacer por usted es seguir llevándole las cuentas cobrando la mitad de lo que ahora me paga o menos si fuera necesario.

   El tío Elías no sabe qué pensar. En sus muchos años en el mundo del comercio jamás se había tropezado con una persona como Julia. Que sea tan sincera, desinteresada e inteligente son virtudes difíciles de encontrar en la misma persona, y más con tan pocos años. Por eso, no está dispuesto a que se vaya.

   -No acepto perderte, Julia, de ninguna manera. Voy a seguir contigo y con Lupe. Al menos, mientras pueda aguantar. Lo que tienes que hacer es pensar cómo podemos salir de este embrollo.

   Dos semanas después Julia vuelve a reunirse con el Bisojo. Tiene propuestas que hacerle.

   -Creo que tengo la solución para poder vender rápidamente los productos de los que tenemos un gran surtido y que nos costará años sacárnoslos de encima. Uno de los chicos que estudiaba el bachillerato conmigo es de Zarza la Mayor, que tiene paso fronterizo con Portugal, y que se encuentra a unos cuatro kilómetros del pueblo portugués de Salvaterra do Extremo…

   -Sé dónde está Zarza –la interrumpe el Bisojo.

   -Pues bien, el padre del chico al que aludía tiene una tienda de ultramarinos en Zarza y a veces algún mayorista le lleva mercancía para venderla en Portugal, aprovechando que Zarza cuenta con aduana.

   -¿Me estás hablando de vender de contrabando nuestros productos? –pregunta, receloso, el Bisojo.

   -No, hablo de una operación totalmente legal. Los impuestos aduaneros que se pagan en los pasos fronterizos deberían ser iguales en todos ellos, pero al parecer no es así. No pagas lo mismo en un puesto muy transitado, como el de Fuentes de Oñoro-Vilar Formoso o el de Badajoz-Elvas, que en un puesto de escaso tráfico comercial como es el de Zarza. Las tasas aduaneras son menores, con lo cual exportar una mercancía por Zarza resulta menos gravoso. Podría pensarse que si es así, ¿por qué no se utiliza más? La respuesta es que lo que se gana en tasas se pierde en el transporte hasta puestos distantes y mal comunicados. Pero nosotros tenemos la ventaja de que estamos relativamente cerca. Mi compañero me dice que, por una módica cantidad, su padre podría encargarse de vender nuestros artículos a un comerciante de Salvaterra do Extremo, ya en territorio portugués, con quien mantiene relaciones comerciales. Es posible que nuestro margen de beneficio sea pequeño, pero si hacemos la operación mataremos dos pájaros de un tiro: nos desharemos de unas existencias que habría que saldar o mantenerlas almacenadas durante años, y haremos caja en un momento en que nuestra liquidez corre peligro. ¿Qué le parece?

   -Que lo de matar dos pájaros de un tiro me parece cojonudo.

   En una pequeña ciudad como Plasencia, todo termina siendo de dominio público y más si se trata de un hecho que afecta a un sector profesional concreto. Por eso, Julio ha sido de los primeros en enterarse de la operación que su directo competidor está realizando con la venta de productos a través del paso fronterizo de Zarza-Salvaterra. El mañego supone al principio que ha sido una hábil jugada del que fuera su mentor, hasta que su madre le cuenta la verdad.

   -No ha sido idea del Bisojo, sino de Julia.

   -No es posible. Eso no puede ocurrírsele a una muchacha de diecinueve años. Alguien ha tenido que soplárselo.

   -Hablando de años, te recuerdo que el domingo celebraremos la fiesta del cumpleaños de Julia, aunque sea a toro pasado. Espero que vengas. Y respecto al plan de la venta a Portugal, tienes que saber la verdad –y le explica lo del chico de Zarza que le contó a Julia lo que hacía su padre aprovechando la laxitud del puesto fronterizo.

   -De todas formas, el mero hecho de haber sabido relacionar lo que le contaron de Zarza con el negocio tiene un mérito extraordinario –reconoce Julio.

   -Vale mucho esa muchacha. Ha sido la mejor de todos los alumnos que he tenido. Y ándate con cuidado que terminará haciéndote la competencia –afirma Pilar entre bromas y veras.

   -Bueno, madre, una golondrina no hace verano. Hasta donde yo sé, sus ventas siguen siendo pésimas. Veremos cómo sale del atolladero esa maravillosa alumna tuya.

   Llega el domingo y Julio, que se ha hecho hombre de costumbres, sigue con su rutina habitual de los festivos. Por la mañana desayuna chocolate con churros, va a misa de doce, luego queda para tomar el aperitivo con algunos amigos, con los que después almuerza en el restorán de moda. Por la tarde su plan también es el acostumbrado: echarse la siesta y luego acudir al casino a jugar unas partidas de monte, con dinero por medio. Ahora que nada en la abundancia ha vuelto a retomar su vieja querencia por el juego y cada vez con mayores apuestas. Si pierde, volverá a casa. Si gana, posiblemente termine la jornada en alguna de las casas de lenocinio de las que tan bien surtida está la ciudad. Al despertar de la siesta recuerda algo: su madre da una fiesta por el cumpleaños de su pupila y le ha invitado. Duda en sí acudir, aquello estará lleno de muchachitas con acné y calcetines cortos, se dice. Pero puede más su curiosidad y decide asistir. 

   Cuando Julio llega a la casa, la fiesta está en la fase en que la cumpleañera desenvuelve los regalos que la mayoría de asistentes le han hecho. El mañego maldice por no haberse acordado de que debería haber traído algo. Aprovechando que nadie se ha apercibido aún de su presencia, da media vuelta y se dirige a la Plaza Mayor donde sabe que unos gitanos tienen un puesto de flores. Va a comprar el ramo más aparatoso, cuando se le ocurre algo.

   -Quiero un ramo de diecinueve rosas.

   -¿Blancas, rojas o rosadas?

   -Son para una jovencita de diecinueve años.

   -Entonces, blancas.

   Cuando Julio llega a la casa, la fiesta se ha transformado en baile. Julia está acalorada y con las mejillas encendidas, pues al ser la homenajeada ha bailado sin parar. Cuando Julio le da el ramo que acompaña con una frase galante, más por cortesía que porque lo sienta, los ojos de la joven brillan y una media sonrisa ilumina su rostro dotándolo de un brillo especial. Julio la mira asombrado, como si la viera por primera vez. ¿Qué se ha hecho de aquella chiquilla a la que le dio algunas lecciones de contabilidad? Porque la que tiene delante no es ninguna chiquilla. Es toda una mujer, joven, pero mujer. Y es…, no sabe que calificativo emplear para definirla, pero sí percibe que tiene algo que la hace diferente y… deseable.

   -¿Qué me he perdido? -se pregunta un tanto perplejo.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 79. Matrimonio y mortaja del cielo bajan

 

viernes, 29 de enero de 2021

Libro II. Episodio 77. ¿Cuánto vamos a resistir?

 

   Tras debatir si Julia va a la cita con el Bisojo sola o acompañada por Pilar, resuelven  que irán ambas a hablar con el droguero, pero quien llevará la voz cantante será la maestra. El tío Elías no muestra ninguna extrañeza al ver a las mujeres. Conoce a la aragonesa y sabe que si está encariñada con la muchacha será con ella con la que tendrá que negociar. Quien le sorprende es Julia. Esperaba encontrarse a una jovencita con gafitas, carita de ratón de biblioteca y más bien encogida de ánimo. Y ante él hay una moza de buena talla, delgada, bonitas piernas, pecho pequeño pero firme, pero lo que más destaca en ella es su rostro, no puede decirse que sea una belleza pero su cara es de las que no se olvidan, más que por sus rasgos por la energía que desprende. Tiene frente despejada, nariz recta y un tanto afilada, labios finos, dientes blancos, barbilla que denota carácter y unos ojos de un marrón claro que brillan con una luz especial. En un instante de la conversación Julia esboza una sonrisa que ilumina su rostro, en ese momento el Bisojo se la imagina detrás del mostrador atendiendo a los clientes con su cautivadora sonrisa. Y toma la decisión: la quiere, no solo para que le lleve las cuentas, sino también para que haga revivir la tienda, algo que el cardo de Lupe no logrará jamás.

   Pilar nunca sabrá por qué, pero la negociación con el Bisojo resulta asombrosamente fácil. El viejo regatea un poco en la cuestión del salario, más por costumbre que por otra cosa, y acepta sin rechistar las condiciones que propone la maestra. Ambas mujeres salen de la tienda con la sensación de que han ganado una batalla que para Julia puede significar el comienzo de una nueva vida. Ahora le toca ganar otra pelea: la de convencer a su hermana y su cuñado de que la dejen trabajar. No cree que le pongan demasiadas trabas, salvo las consabidas protestas más por lo del qué dirán que otra cosa. La jovencita se equivoca. Luis pone el grito en el cielo al oír la propuesta del tío Elías.

   -¿Qué te vas a trabajar con ese viejo chivo? En jamás de los jamases. ¿Y has hablado con él a mis espaldas?, ¿pero tú quién te has creído que eres, mocosa? 

   Consuelo todavía se pone más rabiosa que su marido.

   -¿Qué quieres trabajar de dependienta? ¿Sabes lo que dirá la gente?, que te tratamos tan mal que has tenido que buscarte un trabajo fuera de casa. Ni hablar, no mientras vivas en mi casa y estés bajo mi tutela. ¡Una Manzano trabajando en una droguería!, ¿te imaginas cómo se pondrá madre cuando se lo cuente? Ni lo sueñes.

   Por mucho que razona Julia, que les haga ver que si ahora trabaja en la lechería, ¿por qué no va a poder hacerlo en la droguería?; por mucho que ruega, que suplica, la pareja no accede. Puesto que la joven sigue en sus trece, Consuelo la amenaza con enviarla de vuelta al pueblo, a lo que se opone su marido que no quiere perder la bicoca que tiene con la muchacha, que además trabaja gratis et amore. Ahí Julia ve abierto un portillo para romper la férrea negativa del matrimonio.

   -Trabajaré con el señor Elías, pero seguiré llevando las cuentas de la lechería y gratuitamente como hasta ahora. Tendré tiempo para ello.

   La oferta aminora el ímpetu negativo del lechero y lo de en jamás de los jamases pasa a ser un podríamos pensarlo.

   -No hay nada que pensar –rebate Consuelo-. Soy su hermana mayor y en ausencia de madre soy la responsable de Julia mientras sea menor de edad. Por tanto, ya puedes ir diciéndole al viejo chivo que se busque otra tonta que le lleve las cuentas.

   -Si no me dejáis trabajar, me volveré al pueblo –amenaza Julia que hace rato que se ha hartado de la cerrilidad de su hermana.

   -Vete a casa y verás cómo se las gasta madre cuando le cuentes tu despropósito.

   Julia, desolada, va en busca de doña Pilar para contarle lo que sucede. A la maestra el hecho no le causa mayor extrañeza. Es consciente de que para una familia acomodada el que una de sus hijas se emplee fuera del ámbito familiar se considera un baldón. Sabe que será difícil, por no decir imposible, superar esa anquilosada tradición. Pero a grandes males, grandes remedios, se dice. Y decide jugar la baza del todo o nada porque si alguien puede arreglar el desaguisado es la madre de la muchacha.

   -Julia, esto solo puede arreglarlo tu madre. Te aconsejo que vuelvas al pueblo y el próximo domingo iré a veros. Anúnciale a tu madre mi visita, pero no le cuentes nada de lo ocurrido, ya lo haré yo. Mientras, pórtate bien y procura complacerla en todo. Nos vendrá bien tenerla de cara.

   La primera reacción de la señora Soledad es la misma que la de Consuelo. Una Manzano no va a trabajar fuera de casa, ¡hasta ahí podríamos llegar!, ¡qué iba a decir la gente! Pilar echa mano de paciencia y astucia.

   -Al contrario, la gente pensará: mira si es lista la pequeña de la señora Soledad que va a trabajar de contable en uno de los comercios mejor considerados de Plasencia, y va a ser la primera mujer en toda Extremadura que consigue un puesto así. Y esto, no lo dude señora Soledad, a Julia le puede cambiar la vida e indirectamente también la suya –Su hijo le ha recomendado que repita lo de señora Soledad, pues sabe que a la Barrado le encanta el tratamiento.

   Soledad queda pensativa, nunca se ha visto en una semejante. Su instinto le lleva a negarse, pero se acuerda de su marido y se pregunta: ¿qué hubiera hecho el pobre Álvaro?

  -¿Y por qué le va a cambiar la vida? –pregunta, reticente.

   -Porque si trabaja y aprende a ganarse la vida, no dependerá de ningún hombre, podrá casarse con quien quiera y, si hiciere falta, ni siquiera necesitará dote –Pilar pulsa la tecla de la racanería de la Barrado.

   -Pero si le dejo que trabaje en la droguería, Consuelo me ha dicho que no la quiere en su casa. ¿Dónde vivirá?

   -Eso tiene fácil remedio, vivirá conmigo. Desde hace más de un año vivo sola y tengo habitaciones de sobra –y otra vez toca la tecla avarienta de Soledad-. Y no le cobraré nada, me sentiré bien pagada con que me haga compañía.

   -Pero qué dirá la gente.

   -No se preocupe por eso, señora Soledad. Cuanto más caso haces de lo que dicen los demás, menos caso hacen los demás de lo que tú dices. Y ha de saber que en Plasencia todo el mundo me conoce y saben de mi buena fama y honorabilidad. Si tiene alguna duda pregunte por mí al cabo de la Guardia Civil de aquí, me conoce hace tiempo y puede dar fe de quien soy.

   Soledad vuelve a quedar pensativa, duda. Por un lado le viene bien que Julia se quede con ella, así retomará el papel que desempeñó antes de irse a Plasencia, el de llevar la administración de las fincas y ganados de la familia. Sin embargo ahora existe un pero que no lo había antes. Si Julia se queda, Timoteo, el viudo que le está haciendo la corte, seguramente que volverá a poner sus ojos en la chiquilla y…

   -Bueno. La voy a dejar que trabaje y viva con usté, pero con una condición: que se ponga a bien con Consuelo. Es su hermana mayor y no me gusta na que mis hijos anden disgustaos los unos con los otros. Y hablando de ese trabajo en la droguería, ¿cuánto le van a pagar?

   -Cerca de treinta duros al mes.

   -¡Treinta duros! Algo podrás enviar pa tus hermanos, ¿no?

   Conseguida la autorización de la madre, ahora queda la papeleta de lograr el visto bueno de la hermana mayor. Algo que, como cree la maestra, puede resultar más complicado que haber obtenido el permiso materno.

   -No se preocupe, doña Pilar. Sé cómo lograrlo. A mi cuñado no le parecía mal que trabajara para el Bisojo siempre que siguiera llevándole la contabilidad. Voy a hablar con Luis y le pediré que convenza a Consuelo de que me deje vivir con usted y en compensación le llevaré las cuentas gratuitamente. Los números mensuales de la lechería los puedo hacer en un pispás. Luis no vende tanto como presume.

   -¿Y tu cuñado será capaz de convencer a Consuelo de que trabajes y vivas conmigo?

   -Ya lo creo. De novio parecía un corderito, pero desde que se casó es quien lleva los pantalones. Mi hermana tenía genio, pero unos guantazos a tiempo la amansaron. Si convenzo a Luis, que seguro que sí, Consuelo ni rechistará por mucho que la jorobe.

   Vaya con la mozuela, piensa Pilar, tan jovencita y que cuajo tiene. Julia no contó a su maestra el contenido de la conversación con su cuñado, pero si el resultado: Consuelo accede a que viva con doña Pilar y que trabaje para el Bisojo, al tiempo que seguirá llevando las cuentas y papeles de la lechería. La maestra arregla la habitación que fue de su hijo y que pasa a convertirse en el dormitorio de la joven. Cuando se lo refiere a Julio la operación ya está concluida.

   -¿Y por qué no me lo has contado antes? –se queja Julio.

   -Te lo estoy diciendo ahora. No me gusta vivir sola y Julia me hará compañía. Y además me ayudará en las tareas de la casa, es una muchacha muy dispuesta y siempre está presta a echarme una mano.

   -¿Y dices que va a trabajar para el Bisojo?, si esa tienda está muerta. Basta y sobra con Lupe, ¿y ahora va a contar con dos dependientas? No lo entiendo. No creo que el Bisojo saque como para pagar dos sueldos.

   -Bueno, más que despachar lo que va a hacer la muchacha será llevar la administración del negocio.

    Julia se ha puesto manos a la obra y lo primero que acomete es poner en orden la documentación de la droguería que es un auténtico caos. Le cuesta casi dos semanas ordenar los papeles de la tienda y otro tanto recomponer albaranes, facturas y vales. Después se mete con las existencias, le lleva casi otra semana efectuar el inventario de los artículos existentes, lo que depara un montón de sorpresas: hay productos cuya vigencia ha caducado, artículos que no se sabía que se tuvieran y algunos géneros en tanta cantidad que tardarán años en venderlos. Con todo eso pasan casi dos meses sin que la muchacha se asome al mostrador, y entretanto la clientela sigue menguando y las ventas bajando. La joven, que lleva los números al día, se angustia y no cesa de preguntarse: ¿cuánto vamos a resistir?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 78. ¿Qué me he perdido?

viernes, 22 de enero de 2021

Libro II. Episodio 76. Entonces, ¿voy sola o me acompaña?

   Metidos de lleno en 1901 y unas semanas después de que Julia Manzano cumpla diecinueve años, una charla intrascendente entre su cuñado y el tío Bisojo cambia el rumbo de su vida. Luis Campos es uno de los placentinos que no ha cambiado de droguería, el motivo es obvio, no va a ir a la tienda de quien fuera novio de su esposa. Esta mañana se ha acercado a la vieja droguería a comprar un preparado para sus vacas.

   -Buenos días, tío Elías, ¿qué tal va el negocio?

   -Pa que te voy a engañar, Luis, de pena. Desde que ese judas de Carreño abrió su tienda, las ventas han caído en picao. Te lo cuento porque eres un buen cliente, pero no lo comentes por ahí. Y pensar que to lo que sabe ese hipócrita se lo enseñé yo. Cría cuervos y te sacarán los ojos.

   -Estoy de acuerdo con usted, ese mañego no es de fiar, es más falso que un duro sevillano. Pero debe ser un espabilao porque me han dicho que siempre tiene la tienda llena de gente.

   -Listo lo es, pero más falso que Judas ¡Así le parta un rayo! –Maldice el Bisojo que cambia de tema-. Ya que también eres comerciante y tenemos confianza, una pregunta: ¿tienes problemas con los del ayuntamiento por la contribución sobre las compraventas y cambios?

   -¿Se refiere a La Alcabala, no?

   -Sí y también, aunque sea indirectamente, a lo que nos toca del Repartimiento de la Contribución de Consumos. Es que Lupe -y baja la voz para que no le oiga la dependienta- es una buena vendedora, pero con las cuentas y el papeleo se hace la picha un lío. A mis años, y con lo achuchao que estoy, he de seguir ocupándome de albaranes, impuestos y facturas. Es lo que peor llevo, casi más que haber perdido media clientela.

   -Afortunadamente, yo eso lo tengo solucionao. Mi cuñadita Julia, la hermana chica de la Consuelo, estudió contabilidad con la maestra que le lleva las cuentas al Bronchales, y to lo referido a las contribuciones y cuentas lo borda. Desde que se lo encargué, ya no he tenido que preocuparme más de esos asuntos. Y encima, lo hace gratis. Una ganga, vamos.

   El Bisojo se ha quedado con la copla y tras meditarlo se le ocurre una idea: ¿y si tantea a la cuñadita de Campos para que le lleve las cuentas? En la ciudad no hay muchos que sepan hacerlo y los pocos que saben están saturados de trabajo. Si la jovencita le dice que no, se quedará como está. Si le dice que sí, puede que se enfade Luis, ¿pero qué puede perder?, ¿un cliente?,  ¿alguien que es más un conocido que un amigo? Encima la chica trabaja gratis para su cuñado, eso quiere decir que por poco que le pague le parecerá bien. ¿Pero cómo acercarse a ella sin que el de la lechería se entere? Idea un sencillo plan: ordena a Lupe que aborde a la joven cuando salga de paseo y le diga que quiere hablar con ella, pero que no se lo cuente a nadie. Le quiere hacer una propuesta que le gustará.

   A Julia, el mensaje del tío Elías le produce más curiosidad que otra cosa. ¿Qué puede querer de ella un viejo como el Bisojo? Pero lo que le perturba es la coletilla de que no se lo cuente a nadie, lo que hace que recele del aviso. Piensa que igual el Bisojo es un viejo verde y quiere hacerle proposiciones indecentes. Ha oído contar que algún viejo rijoso ha llegado a pagar mucho dinero por desflorar a una jovencita. Decide no acudir a la cita, pero la curiosidad la lleva a contárselo a su mentora para conocer su opinión.

   -Doña Pilar, tengo que contarle algo –y refiere a la maestra lo del mensaje del viejo droguero-. Lo que más me inquieta es que quiere que no se lo cuente a nadie, me temo que pueda ser una encerrona. ¿Qué me aconseja?, porque Dios sabe lo que puede proponerme ese viejo.

   -Desde luego…, déjame pensar –y tras unos minutos cavilando refiere a Julia lo que ha pensado -. Opino lo mismo que tú, si vas sola a la droguería puede prepararte una encerrona, aunque lo dudo pues el tío Elías está para pocos trotes, pero nunca se sabe… Hay otra opción, si te parece bien se me ocurre que, en tu lugar, sea yo quien vaya a hablar con él. Y en función de lo que diga valoraré si debes ir a verle o no. Conozco bien al tío Elías, hace años negocié con él y sé lo retorcido que puede llegar a ser, pero también sé cómo manejarlo. ¿Qué te parece?

   -Me parece una idea estupenda. Y, por supuesto, le doy las gracias. ¿Qué haría yo sin sus consejos?

   Julia se marcha a casa con sensaciones que no sabe cómo calificar. En su monótona existencia, el mensaje del tío Elías ha supuesto toda una novedad. Está más tranquila desde que doña Pilar ha tomado las riendas del asunto, pero no deja de preguntarse: ¿para qué querrá hablar conmigo el Bisojo si ni siquiera me conoce? ¿Querrá hacerme una proposición indecente?

  Pilar ha preferido visitar al Bisojo en su hogar en lugar de ir a la droguería.

   -Que sorpresa, doña Pilar, usted por aquí. Hace mucho que no la veía, pero no es raro, llevo una vida muy rutinaria, de casa a la tienda y de la tienda a casa. ¿Qué se le ofrece?

   La maestra no se anda con circunloquios y entra de lleno en el asunto que le lleva allí.

   -Verá, señor Elías, he estado dando clase durante seis años a Julia Manzano. Creo que sabe quién es, la cuñadita de Luis Campos. Y la muchacha me ha cogido un gran cariño que es correspondido. Por eso no le extrañará que me haya contado el recado que usted le ha hecho llegar por medio de su dependienta.

   -¿Y…? –el Bisojo, que no se esperaba a la mensajera, no quiere cogerse los dedos y no dice una palabra de más.

   -Julia no sabe para qué quiere hablar con ella, cuando ni siquiera la conoce. Pero lo que más la ha desconcertado es que le haya pedido que no se lo cuente a nadie. Por eso no se ha atrevido a visitarle, tenga en cuenta que solo tiene diecinueve años, hace poco que los cumplió. Por lo que me ha pedido que en su lugar venga yo. Solo tengo una pregunta que hacerle: ¿para qué quiere hablar con ella?

   El Bisojo, que sabe más por viejo que por diablo, está preguntándose que puede esconderse detrás del papel de mensajera de la maestra y malpiensa: éstas lo mismo han recelado que iba a proponer a la muchacha alguna sinvergonzonería, y ante ese pensamiento no puede menos que esbozar una irónica sonrisa. ¡Pues bueno estoy yo, como para andarme con jueguecitos sexuales! Deja pasar un lapso de tiempo, recreándose en la impaciencia de la aragonesa. Cuando ve que Pilar está a punto de volver a preguntar le cuenta su propósito.

   -Verá, doña Pilar. Lo de que la muchacha no se lo contara a nadie era más que na pa que su familia no se enterara y me pudiera chafar el plan que tengo pensao. Como esa muchacha lleva la administración de la lechería de su cuñao, pensé que a Luis no le gustaría que se la quite. Porque tengo intención de pedirle a esa jovencita que trabaje pa mí llevando las cuentas del negocio y que también despache si hace al caso. Según me he informao usted le enseñó cálculo y contabilidad y a mí me vendría al pelo una persona así. La empleada que tengo es buena en el mostrador, pero una calamidad con las cuentas. Ese es mi propósito y estoy dispuesto a pagarle un salario a convenir.

   Pilar no esperaba esa propuesta del tío Elías, por eso no venía preparada para dialogar sobre un posible empleo. Opta por ganar tiempo y juega la baza de la consulta.

   -Muy bien, señor Elías. En nombre de Julia le agradezco su propuesta, pero no puedo darle ninguna respuesta, tengo que consultarlo con ella y que decida si habla o no con usted. Tendrá noticias nuestras.

   Pilar llama a Julia y le cuenta la propuesta del Bisojo. La muchacha no sabe si reír o llorar. ¡Un trabajo!, le ofrecen un trabajo y no es uno cualquiera, nada menos que llevar la administración de uno de los comercios más conocidos de la ciudad. Y supone que le pagarán como es debido.

   -Entonces, doña Pilar, ¿qué hago, voy a hablar con el señor Elías?

   -Sí…, aunque estoy pensando que tendrás que negociar el salario y no tienes ninguna experiencia en eso.

   -Usted me ha dicho que el señor Elías no es mala persona. Supongo que me pagará lo que me merezca.

   -Sí, Elías no es mala gente, pero más agarrado que un chotis. Si no te haces de valer te pagará una miseria. Le conozco bien, tuve que negociar con él hace años la comisión y el salario de mi hijo y sé cómo se las gasta en ese terreno.   

   -Entonces, ¿por qué no hace una cosa?, ¿por qué no negocia usted el sueldo por mí?, ¿cuánto cree que debería pagarme?

   -Eso depende de varios factores. Del tiempo que tengas que dedicar al trabajo, de que además de llevarle las cuentas quiera que también trabajes tras el mostrador, de que puedas llevar la administración en tu casa o tengas que ir a la tienda…

   -¿Cuánto cree usted qué debería pedirle?

   -No lo sé, pero una buena referencia puede ser lo que ganan la mayoría de trabajadores. Los peones suelen ganar tres o cuatro pesetas diarias y los oficiales cinco o poco más. Tu trabajo como contable está dentro de este último grupo, por lo que como mínimo debería pagarte 120 pesetas mensuales, y negociando quizá algo más.

   -¡Ciento veinte pesetas! Consuelo me daba un duro al mes.

   -Ya que has citado a tu hermana..., si llegas a un acuerdo con el Bisojo, ¿cuándo piensas contárselo y también a su marido? Lo pregunto porque igual te ponen pegas.

   -La verdad es que no he pensado en ello. Ya me las arreglaré, pero lo primero es: ¿voy a ver al señor Elías? Y otra cosa, me gustaría que me acompañara usted. Va a ser mi primera entrevista de trabajo y no sé si sabré arreglármelas.

   Pilar queda pensativa. Entiende la inseguridad de la joven. Nunca se ha visto en una situación así y no deja de ser una muchacha aunque haya cumplido los diecinueve.

   -Pienso que si te acompaño parecerá que no tienes confianza en ti misma y darás una imagen de persona insegura, lo que no es la mejor tarjeta de visita cuando se opta a un trabajo como el que te propone el tío Elías. Por otra parte, ese viejo zorro te puede liar fácilmente a la hora de negociar tu salario porque tiene más conchas que un galápago.

   -Entonces, ¿voy sola o me acompaña?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 77. ¿Cuánto vamos a resistir?