viernes, 4 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 69. ¡Ojo con el viejo que no es un pendejo!

   Pilar y Julio dialogan sobre los posibles sucesores del Bisojo ante la eventualidad de que tenga que deshacerse de la droguería.

   -En estos momentos, madre, solo tengo cabeza para lo de Cuba.

   -Deja de pensar en la guerra que eso no te va a llevar a ninguna parte. Además, el enfrentamiento contra los estadounidenses no creo que dure mucho.

   -¿Y cómo lo sabes?, ¿tienes hilo directo con el Ministerio de la Guerra?

   -Menos sarcasmos, hijo. Para prever el resultado de esa guerra solo hay que saber algo de geografía e historia. Y este enfrentamiento con los norteamericanos me recuerda el episodio bíblico de David y Goliat, con la pequeña diferencia de que el David español ni siquiera tiene honda, por lo que el resultado está cantado.

   La metáfora de la maestra pronto se ve cumplida. En julio, el gobierno español pide al  norteamericano negociar la paz, y en agosto se firma el armisticio. Posteriormente, el Tratado de París del 10 de diciembre da por finalizada la guerra, en el que España se retira de Cuba, que declara su independencia; Filipinas es entregada a los Estados Unidos por veinte millones de dólares y Guam y Puerto Rico también quedan bajo el dominio norteamericano. La amenaza de una guerra prolongada contra los estadounidenses desaparece; Julio respira tranquilo y retorna a sus preocupaciones domésticas visitando a su patrón.

   -Señor Elías, hay algo que me inquieta desde hace tiempo y creo que lo mejor es que se lo plantee. Verá… -Ha preparado una especie de exordio, pero en última instancia desiste y va directamente al grano-, he pensado que sí, desafortunadamente, usted no puede volver a la tienda, ¿qué piensa hacer con ella?

   La pregunta parece pillar a contrapié al Bisojo. Su vacilación es patente.

   -No…, no he pensao na. ¿Por qué lo preguntas, es qué estás descontento? -Ahora, el que no sabe qué contestar es Julio. Lo de que a una pregunta suya se le conteste con otra nunca fue su fuerte.

   -No…, pero –después de tanto pensar resulta que no sabe qué decir al Bisojo, por lo que opta por desviar la charla hacia otros derroteros-…lo preguntaba por saber si hago los pedidos para la próxima sementera.

   -Pues claro, hombre, pero todavía es pronto pa hablar de posibles cantidades, espera a que pasen los calores.

   Julio sale de la entrevista enormemente enfadado, no tanto contra el viejo droguero sino contra sí mismo. Esperaba otra respuesta y no la que le ha dado el Bisojo, que al parecer no ha pensado nada, lo que puede suponer que su intención es que la situación siga como está: que continúe de dependiente con mismo  sueldo e idéntica comisión del doce y medio por ciento de los beneficios. Lo cierto es que con esas prestaciones, Julio debe de ser el dependiente mejor pagado de la ciudad, cualquiera se quedaría más que satisfecho con tales ingresos. Si a ello se añade lo que se embolsa de sus negocios con el Hurón, gana sus buenos dineros que están incrementando la cuenta que tiene abierta en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz. Debería bastarle, pero no es así. Cumplidos los 29, considera que con esa edad debería estar al frente de su propio negocio, ser su propio patrón y no un empleado. De ahí, su enojo por no haber sido más sutil, y al tiempo más categórico en su charla con el Bisojo. Le cuenta a su madre la frustrante conversación con el taimado droguero, en la que ha sido incapaz de sonsacarle lo que piensa hacer con la tienda.

   -El tío Elías no tiene intención de cambiar la situación actual. Lo que quiere es que todo siga igual. Y lo entiendo porque más que una tienda lo que tiene es un chollo, y ha sido gracias a mi esfuerzo. He conseguido que las ventas casi se dupliquen. He hecho crecer la cartera de clientes como nunca pudo imaginarse. Y además, he fidelizado a la mayoría de la clientela. Y con todo eso, ¿qué he conseguido? Que se quede con el 87,5 % de los beneficios sin aparecer por el negocio, mientras yo sigo siendo un triste empleado. Voy camino de los treinta y ninguno de mis sueños se ha visto cumplido.

   Pilar trata de remontar el abatimiento de su hijo.

   -No te amohínes, hijo, que no hay mal que cien años dure. Lo que debemos hacer es buscar una estrategia para forzar a Elías a que tome una resolución. Puesto que no tiene herederos naturales, nuestra meta debe ser conseguir que no tenga más salida que venderte o traspasarte la droguería. Y hablando de eso, ¿conoces a alguien del pueblo que pueda tener interés en comprar la tienda?

   -Hace tiempo se rumoreó que Manuel Galiana pretendía ampliar su ferretería con una sección de droguería, pero eso fue hace al menos cuatro años y desde entonces no he vuelto a oír nada al respecto.

   -¿Y algún terrateniente que quiera adquirirla como inversión o para buscarle un acomodo a alguno de sus hijos?

   -Madre, sabes tan bien como yo que los ricos de por aquí si compran algo son más fincas o más ganados, ¿pero una droguería?, lo dudo.

   -¿Podría comprarla alguna de las dependientas que tienes?

   -Lo preguntas en broma, ¿no? Entre las dos no alzan ni cien duros.

   -Entonces, si descartamos la existencia de otra persona que pueda estar interesada en la compra del negocio, y ante la ausencia de familiares que puedan hacerse cargo, solo resta un candidato, tú.

   -Esa parece la salida lógica, pero por lo visto el tío Elías no lo ve así. Su idea es que todo siga igual hasta su muerte, y cuando se abra su testamento ¡Dios sabe lo que puede ocurrir! Y no pienso esperar a que se muera para tener mi propio negocio. Y aunque bien no está, la artritis no es una enfermedad de muerte, puede durar muchos años.

   -De acuerdo, no le demos más vueltas. Lo que tenemos que hacer, desde ya mismo, es pensar una estrategia para forzar a Elías a que te venda el negocio.

   Mientras, en septiembre Julia Manzano ha comenzado sus estudios de cálculo y contabilidad con doña Pilar y se ha revelado como una alumna tan aplicada como cuando estudiaba bachillerato. Además de sus estudios, Pilar sigue empecinada en convertirla en una mujer modélica en todos los sentidos. Le ha pulido las destrezas que aprendió en su casa. Le ha costado convencerla, pero al fin ha logrado que la muchacha comprenda que lavar, fregar, planchar o coser se pueden hacer bien o mal, y que resulta más eficaz y rentable hacerlo bien que mal. Ahora le está enseñando a bordar y a coser a máquina. Además, le está transmitiendo un conjunto de habilidades que en su opinión toda mujer moderna debería conocer y, cuando llegue el caso, practicar. Le explica cómo debe vestirse, como conjuntar los colores y las distintas prendas, como debe  peinarse, más ahora que ha dicho adiós a sus trenzas de adolescente, y como debe comenzar a utilizar los primeros maquillajes de jovencita. Como la chiquilla tiene una cierta tendencia a cargarse de espaldas, le hace dar vueltas por la casa llevando un libro en la cabeza, lo que le obliga a caminar erguida. Y con la ayuda de su amiga Etelvina le está enseñando a cocinar, a preparar una mesa por si hay invitados de postín, a comprar y saber distinguir cuando un pescado es fresco o está pasado, a diferenciar las distintas clases de carnes…, un sinfín de enseñanzas que la maestra estima que, en los dos años que estará con ella, tendrá tiempo para enseñarle, sino todas sí la mayoría. Julia, que había comenzado con mal pie su relación con Pilar, ha terminado adorando a su maestra, y se ha convertido en cera blanda en manos de la aragonesa que hace con ella lo que hubiera hecho con la hija que no llegó a tener. Todo eso no le aparta de su meta principal que sigue siendo el futuro de su hijo.

   Tras mucho cavilar, madre e hijo intentan dar forma a un plan sobre cómo presionar al Bisojo para que se decida a vender la droguería a Julio.

   -Hemos de lograr que te venda o te traspase el negocio –reitera Pilar.

   -Eso habrá que matizarlo. Más teniendo en cuenta que el local de la tienda es de su propiedad.

   -¿Y eso qué supone?

   -En un traspaso se paga por los activos materiales e inmateriales, tanto del mobiliario, la decoración, las existencias, así como por los clientes que tenga el negocio, y el prestigio del establecimiento. Si Elías me traspasara la droguería habría que negociar todo ello más el alquiler del local.

   -¿Y crees que se avendría a traspasarte el negocio?

   -Lo que piensa el Bisojo es siempre un misterio, pero alguna posibilidad existe. Lo que veo más difícil es que acepte venderme el local. Sé que hace algunos años la familia Orellana pretendió comprárselo, pues ya son dueños de media manzana y necesitaban más metros de suelo porque pensaban construir un hotel. Y les dijo que nanay.

   -¿Los Orellana continúan con la idea del hotel?, lo pregunto porque si se enteran de lo mal que está el señor Elías quizá vuelvan a intentarlo.

   -No lo creo, en esa familia, como nadie ha doblado el lomo desde la Reconquista, se gasta más de lo que se ingresa y se rumorea que ahora están a dos velas.

   Pilar, mientras Julio le explica lo del traspaso, no hace más que dar vueltas a su magín sobre algo que cree que están haciendo mal.

   -De acuerdo con lo que dices, lo primero que deberíamos concretar es como logramos que Elías acceda a traspasarte el negocio –Repite una vez más y, aunque la droguería va a ser para el hijo, cuando tratan del asunto siempre hablan en primera persona del plural, como si fuera un negocio de ambos.

   -Ya lo he pensado, madre. Creo que la mejor opción que tenemos es amenazar al Bisojo conque o me vende el negocio o voy a montar por mi cuenta otra droguería y lo voy a arruinar. Porque la clientela, por decirlo de algún modo, es mía, no de él. Y si abriera tienda propia, estoy convencido de que la mayoría de los clientes se vendrían conmigo.

   -Esa opción me parece demasiado radical. No sabemos cómo puede responder Elías si lo pones entre la espada y la pared. Ten en cuenta que tiene muchos años y muchas mañas y te puede salir por donde menos lo esperas. O sea que, ¡ojo con el viejo que no es un pendejo! Vaya, me ha salido un pareado.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 70. El 98, un año de desastres

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Libro II. Episodio 68. Remember the Maine, to Hell with Spain

   En la tertulia del casino se comenta el magnicidio del presidente del gobierno español y sus posibles consecuencias. Uno de los tertulianos, poco versado en la política nacional, pregunta:

   -¿Qué es el Pacto de El Pardo? 

   -Más que pacto fue un acuerdo personal, en vísperas de la muerte de Alfonso XII, entre Cánovas del Castillo, por los conservadores, y Mateo Sagasta, por los liberales, para proporcionar estabilidad al régimen monárquico. Lo que acordaron en concreto fue la alternancia pacífica de gobierno entre ambas formaciones –explica el enterado de turno.

   El magnicidio de Cánovas es un mazazo para la frágil democracia española de finales del XIX, pero es acabando el año cuando se producen sucesos que de manera concluyente determinan el devenir de la historia española. En noviembre, el presidente de Estados Unidos, McKinley, anuncia la ayuda de su país a la insurrección cubana, espoleada por la oligarquía de la isla que anhela la independencia para poder comerciar libremente. Eso supone el principio del fin para el ya menguado imperio colonial español, pues el año anterior España concedió la Carta Autonómica a Puerto Rico que de hecho se independiza, ya que la Carta autorizaba la formación de un gobierno de carácter autonómico. La presión de la creciente política expansionista de Estados Unidos y el afán de independencia de las antiguas colonias se enfrentan a unos gobiernos españoles débiles, corruptos y con escasa representatividad social. Más allá de los políticos, de los intereses de los militares y del eco que de todo ello se hace la prensa en manos de grupos de poder, la mayoría de la sociedad española no percibe que los sucesos de ultramar le afecten, quizá debido a la lejanía de las guerras coloniales, quizá por el desinterés de un pueblo que participa  escasamente en la vida política, amordazado por el caciquismo. En la tertulia del casino, en la que cada vez cuenta más la opinión de Julio, los coloquios sobre la guerra de Cuba se dan con mayor frecuencia.

   -Carreño, usted que es buen lector de periódicos, ¿qué nos puede contar de lo de Cuba?

   -Pues que anda de mal en peor y más desde que los yanquis se han metido por medio.

   -Esos yanquis son unos zascandiles, habrá que darles una lección.

    El año 1898 comienza para Julio como terminó el anterior, trabajando en la droguería a la que la gente sigue llamando del Bisojo, aunque realmente deberían apelarla de Carreño, pues el viejo droguero ni la pisa. Su artritis no es que no se cura, sino que va a peor; la enfermedad y el frío del invierno han provocado que las manos del Bisojo se le hayan quedado como garfios agarrotados, y el médico le ha dicho que se olvide de volver al trabajo, lo que debe hacer es pensar en jubilarse. Al enterarse Julio del diagnóstico, comienza a germinar en su mente la idea de que puede ser el sucesor de su patrón. ¿Por qué no?, se dice, y como la mayoría de ideas que se le ocurren se la plantea a su madre.

   -El médico ha dicho que el señor Elías no va a volver a la tienda, que debería jubilarse.

   -¿Y qué pasará con la droguería? ¿Sabes qué piensa hacer con ella? –indaga Pilar.

   -No lo hemos hablado, lo único seguro por el momento es que no vuelve.

   -Elías no tiene hijos, ¿sabes si tiene sobrinos u otros parientes cercanos? Lo pregunto porque si no vuelve alguien tendrá que hacerse cargo del negocio.

   -Una vez le oí decir que tiene una hermana en Béjar, pero no deben tener una relación muy cercana porque nunca volví a oírle hablar de ella y me parece que tampoco deben cartearse. Las únicas cartas, mejor dicho postales, de familiares que han llegado a la tienda son de un primo hermano que vive en Cintruénigo, un pueblo de Navarra, y solo las recibe una vez al año, por Navidad.

   -La hermana que vive en Béjar, ¿tiene descendencia?

   -Nunca le oí hablar de sobrinos.

   -Procuraré enterarme, así como de ese primo navarro, pero la pregunta a plantearse es: si Elías no tiene sucesores naturales, ¿quién sería el mejor situado para hacerse cargo del negocio?

   -Esa es una pregunta de las que tú calificas como retórica, madre. Sabes bien la respuesta, si hay un candidato natural soy yo.

   -De eso no hay duda. Quizá estemos ante la posibilidad, de la que tanto hablamos en nuestra correspondencia cuando estuviste en la mili, de hacer realidad ese viejo sueño tuyo de montar un comercio. Con la ventaja de que en este caso el negocio ya está montado y, por lo que cuentas, reporta buenos dividendos.

   -Ya puedes imaginarte que lo he pensado, madre. De hecho se ha convertido en una idea fija desde que me enteré del estado del tío Elías.

   -Pues mira, hijo, adelante que se hace tarde. Vamos a pensar en cómo afrontamos la situación de la mejor manera posible para tus intereses.

   Madre e hijo debaten lo que podrían hacer para que la droguería termine en manos de Julio, siempre que el Bisojo no les dé una sorpresa de última hora y traspase el negocio a un ignoto pariente o lo venda al mejor postor. Se reparten las primeras tareas a llevar a cabo. Pilar se informará sobre los descendientes de los parientes que pueda tener Elías, sobre todo de aquellos que tengan chicos en situación de seguir con el negocio. Julio le planteará directamente qué piensa hacer con la tienda. En esas gestiones andan metidos madre e hijo cuando ocurre un suceso muy lejos de Plasencia, pero que de algún modo termina influyendo en los objetivos que acaban de marcarse.

   Por medio del último gran invento del siglo, el telégrafo de Marconi patentado el año anterior, el 16 de febrero del 98 llega a España la noticia de que el acorazado norteamericano Maine zozobró el día anterior en la bahía de La Habana a causa de una explosión. El buque había sido enviado para proteger los intereses de los ciudadanos estadounidenses en Cuba mientras durasen las revueltas de los independentistas. Estalló de repente y las causas de la explosión no están claras, pero la opinión pública norteamericana, exaltada por las noticias manipuladas de su prensa amarilla, culpa a España. El lema Remember the Maine, to Hell with Spain se convierte en una proclama incendiaria para quienes claman a favor de la guerra contra España. Estados Unidos acusa al gobierno español del hundimiento del acorazado y lanza un ultimátum en el que le exige la retirada de Cuba y, sin esperar a recibir la respuesta española, empieza a movilizar voluntarios. Las tropas norteamericanas rápidamente arriban a Cuba y su armada destruye dos flotas españolas, una en la batalla de Cavite, pues Filipinas también se ha alzado contra la metrópoli, y otra en la batalla de Santiago de Cuba. Los reveses bélicos son comentados por los tertulianos del casino con sentimientos encontrados, pues siempre consideraron que España era una potencia naval, pero la realidad es que la armada española ha sido masacrada por la flota estadounidense.

   -¿Quién fue el gilipollas que dijo que íbamos a dar una lección a los yanquis?

   La pregunta no tiene respuesta, queda tapada por otra que apunta al futuro.

   -¿Y ahora qué pasará?

   -Lo que debería hacer el gobierno es mandar al ejército que invada Estados Unidos –pide el optimista desinformado que hay en toda tertulia.

   -Sí, hombre, ¿y con qué vamos a transportar las tropas, en barcas de pesca?

   -Si la guerra contra los insurgentes cubanos y filipinos continúa, y a ello se añade un enfrentamiento con los yanquis, ¿es posible que nuestro ejército tenga que ser reforzado con más tropas? –El interrogante que Julio lanza a la tertulia, y específicamente a un comandante retirado que forma parte de la misma, es una pregunta interesada pues está pensando en que por su edad puede ser llamado a filas.

   -Eso, seguro; si ya no podíamos con los mambises, imagínese lo que será enfrentarse a los yanquis. Nos van a poner a marcar el paso hasta a los de la reserva.

   La respuesta, aunque carente de rigor, es la que se temía Julio. Lo que genera que sus preocupaciones dejen de ser las referidas a la droguería y se centran en su situación militar. Pertenece a la llamada reserva activa y está adscrito al regimiento de Infantería Covadonga, número 40. Si la guerra contra los insurgentes y los yanquis se prolonga, igual deja de tener sentido su interés por la sucesión del Bisojo, porque si llaman a filas a los reservistas y tiene que marcharse al otro lado del Atlántico sus preocupaciones pasarán a ser otras. Se ve vestido con la guerrera de cuello vuelto y el pantalón de rayadillo, que es el uniforme de las tropas españolas en ultramar, y portando un Máuser, el fusil reglamentario de la infantería española. En el supuesto de que eso ocurra piensa que podría escribir al sargento Linares que tan bien se portó con él durante la mili, pues fue quien le facilitó el enchufe en la Capitanía General de Baleares, o quizá al sargento Fernández, el que fue su jefe inmediato en la Secretaría de Justicia, pero desiste al pensar que si vuelven a llamarle a filas no irá a Mallorca, dado que el regimiento al que está adscrito tras su licencia está de guarnición en la madrileña ciudad de Leganés. La preocupación por lo que le puede ocurrir, si es nuevamente enrolado en el ejército, aparca de momento sus pesquisas por el problema de la sucesión del Bisojo.

   Doña Pilar, que no tiene esas preocupaciones aunque sigue con interés los acontecimientos por lo que pudieran afectar a su hijo, ha seguido indagando sobre la familia del tío Elías. Por medio de sus contactos en la Guardia Civil, pues es hija del Cuerpo, se entera de que la hermana del Bisojo que vive en Béjar solo tiene un hijo, ya cuarentón y que disfruta de un buen empleo en una fábrica textil de la ciudad salmantina. No parece que por ahí haya algo que temer. Del primo que vive en Cintruénigo no logra enterarse de nada, pero piensa que Navarra está muy lejos y que si solo le envía una postal por Navidad los lazos no deben ser demasiado estrechos. Noticias que cuenta a Julio a quien pregunta:

   -¿Qué te parece que hagamos, hijo?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 69. ¡Ojito con el viejo que es un pendejo!