viernes, 17 de julio de 2020

Libro II, Julia, de la novela Los Carreño. Episodio 49. Tú prometes, chico.


   Julio despierta sobresaltado, ha tenido una pesadilla: pretendía besar a Consuelo, pero la joven apartaba la cara. Intenta volver a dormirse, pero no lo consigue. Ya no suele pensar en la que fue su novia, pero sueña frecuentemente con ella. En su subconsciente parece que sigue manteniendo la relación con la chinata, lo que le tiene perplejo. Su vida de recién licenciado también es confusa. Se ha dado unos días de descanso para adaptarse a la vida civil, pero al estar acostumbrado a la rutina de su vida en Palma el no tener nada concreto que hacer acentúa su confusión. Desde que volvió del ejército vive con su madre en la casa que Pilar ha alquilado en Plasencia. Suele levantarse tarde, sale a dar una vuelta y tomarse unos vinos, aunque ahora los caldos extremeños le saben un tanto ásperos. Por la tarde su plan de vida es parecido. El hecho de deambular sin norte por la ciudad le lleva a preguntarse: y si encuentro a Consuelo, ¿qué hago, la saludo, paso de largo o le escupo a la cara? No, eso no debo hacerlo, no se le escupe a una madre, piensa  -Le han comentado que Consuelo está embarazada-. Continúa así hasta que pasados unos días Pilar le llama al orden, suavemente, pero lo hace.

   -Julio, hijico, supongo que pasar de la vida militar a la civil tiene su aquel, pero creo que va siendo hora de que pongas los pies en la tierra. Tienes veintitrés años y has de decidir qué hacer con tu vida. ¿Has pensado en el empleo del señor Elías? Lo digo porque en algo tendrás que trabajar. Los duros que has traído de Mallorca se te van a acabar en cuatro días, ¿y entonces qué vas a hacer?

   -Madre, es que no me veo yendo por los pueblos vendiendo objetos y productos de los que no sé un carajo. Además, ¿qué clase de vida será esa?, ¿dónde dormiré, dónde comeré…? ¿He estudiado para acabar llevando una vida como la de los chamarileros y los quinquilleros?, hoy aquí, mañana allá.

   -Bueno, hijo, tampoco exageres. Los chamarileros comercian con objetos viejos o usados y en cuanto a los quinquilleros, casi todos gitanos, se dedican a arreglar ollas y demás cacharros de metal. Y tú no eres gitano, no vas a reparar ollas, ni vas a comerciar con objetos viejos y usados. Venderás productos de droguería que, en ciertos momentos, todos necesitamos. Ahora bien, si no te gusta ese trabajo no pasa nada. Solo tendré que darle las gracias al señor Elías y punto –afirma Pilar un tanto molesta.

   -No te enfades, madre, me lo pensaré, pero antes me voy a ir unos días a San Martín, saludaré a los amigos y a ver si el aire de la sierra me aclara las ideas.

   Julio marcha a su pueblo natal donde todo el mundo le saluda con afecto. Constata que en San Martín las cosas están más o menos como cuando vivía allí; la gente sigue trabajando en los campos, apacentando el ganado, elaborando el pitarra y cuando tienen la oportunidad, y andan cortos de dinero, se internan más allá de la Raya y alijan lo que pueden, casi siempre en pequeñas cantidades. Una vida de subsistencia y poco más. No, tampoco está dispuesto a vivir así. Los tres años transcurridos en Mallorca le han enseñado que hay mejores formas, y sobre todo más rentables, de ganarse la vida. No quiere llevar una existencia gris y mediocre, al menos en lo material, como la llevada hasta ahora; aspira a más, lo que ocurre es que todavía no tiene una idea nítida de qué es ese más. Bueno, veamos que puedo hacer en el campo de la contabilidad, piensa. En cuanto vuelve a Plasencia se lo dice a su madre.

   -Voy a hablar con el profesor Hernández.

   -Me parece buena idea, pero te adelanto que no es el mismo que dejaste. Ha envejecido mucho y, prácticamente, ha dejado de trabajar. No sé si lleva alguna contabilidad, pero si lo hace deben ser contadas. En cualquier caso, quizá pueda ofrecerte trabajo si es que quieres seguir con lo de contable.

   -Ahí me duele, madre, que no tengo nada claro lo que quiero. Mi amigo Chimo Puig, del que tanto te hablaba en mis cartas, me aconsejó que si quería hacer fortuna debería trabajar para mí y no para otros. Y tanto si acepto la oferta del Bisojo como si llevo las cuentas de otros no pasaré de ser un asalariado…

   -¿Y qué hay de ese comercio del que tanto hemos hablado en nuestra correspondencia?

   -Me pasa lo mismo, que no tengo nada claro qué puedo emprender. Noto que me falta empuje, decisión… La verdad es que me encuentro un poco perdido, no hago más que dar palos de ciego.

   -Bueno, hijo, tómate las cosas con calma, pero sin perder el ánimo. Es una buena decisión que vayas a charlar con Hernández. Por algo hay que empezar.

   Como le previno su madre, Julio encuentra a su antiguo profesor hecho una ruina. Se le ve demacrado, con profundas ojeras, la boca chupada por la falta de dientes y además se ha quedado sordo, ha de elevar el tono para que pueda oírle. Hernández ya no lleva contabilidades, por tanto, no le puede pasar ninguna, y cuando Carreño le pregunta si el puesto de contable de aquella empresa que comercializaba el aceite de la Sierra de Gata sigue vacante la respuesta es negativa. Si quiere trabajar en el campo de la contabilidad tendrá que buscar ocupación por su cuenta. La frustrante visita a su antiguo maestro le provoca una suerte de reacción negativa y se dice que tampoco piensa trabajar de contable, lo de ser un empleado de camisa blanca y corbata ya no le va. En cuanto volver al contrabando, si no puede hacerlo a gran escala, tampoco es un asunto que le atraiga… Solo le queda la oferta del Bisojo, tendrá que aceptarla mientras encuentra algo mejor.

   La conversación entre el posible patrón y el aspirante a empleado es tan breve como efectiva. El droguero explica al joven lo que pretende de él.

   -Mira, chico, lo que te ofrezco es un trabajo en el que, como seas la mitad de espabilao que tu señora madre, te puedes ganar muy bien la vida. Se trata de que viajes por los pueblos de las comarcas cercanas e incluso de más allá vendiendo los productos de mi droguería.

   -Señor Elías –Julio por consejo de su madre ha abandonado el tratamiento habitual en el pueblo que es el de tío-, para serle sincero tengo que decirle que no sé ni jota de droguería.

   -Eso no es problema, déjalo de mi cuenta que te pongo al corriente en unos días. Lo importante es que sepas vender y, por lo que me contó tu madre, sí tienes experiencia en ventas. ¿No es así, chico?

   -Sí, señor Elías, de vendedor tengo experiencia pero de bisutería, algo que no tiene nada que ver con los productos de droguería.

   -Cuando se domina el arte de la venta da lo mismo lo que vendas, sea bisutería, jamones o disolventes –El mañego cree estar oyendo otra vez al brigada Carbonero cuando le dijo que no sabía nada de bisutería-. Con una ventaja, la quincalla de la bisutería solo sirve pa fardar y aquí vas a vender productos que casi siempre son necesarios. La gente los compra porque les hacen falta y no para presumir.

   -Visto desde ese punto de vista, tiene usted razón.

   -Claro que la tengo, prenda. Otra cosa, ¿qué tal te manejas con las caballerías?

   Y Julio, dispuesto a decir toda la verdad como le aconsejó Pilar, cuenta que en los tiempos en que alijaba en la Raya acarreaban la mercancía a lomos de mulos y asnos por lo que, si bien no es un consumado acemilero, si tiene experiencia en el trato con las bestias.

   -La pregunta viene a cuento porque voy a comprar un mulo o un caballo, el carro ya lo tengo, con el que viajarás por los pueblos. Otro asunto, pues como dice mi mujer el chocolate espeso y las cuentas claras, al principio te voy a pagar poco sueldo; por supuesto cubriré tus gastos de comida y hospedaje y los impuestos que los buitres de los ayuntamientos cobran por usos y consumos y por las tasas pa vender. Ah y, por descontao, la comida de la bestia y lo que hayas de pagar por el establo -El Bisojo en lo tocante a salario no lo ha dicho todo, se guarda un as en la manga en espera de la reacción del chico, como ha dado en llamarle.

   -Señor Elías, sigo siendo sincero con usted, si voy a ganar poco no voy a salir de pobre. Me temo que si es así voy a tener que rechazar su oferta, aunque le agradezco de corazón su propuesta.

   -Bueno, chico, es que no te lo he dicho to –El Bisojo se dispone a jugar el as escondido-. Hay otra forma de que aumentes tus ingresos, tendrás un porcentaje sobre lo que vendas, exactamente el cinco por ciento, de tal manera que si vendes mucho podrás ganar un dinerillo curioso.

   En ese momento, Julio recuerda a su amigo Chimo Puig cuando Carbonero le habló del porcentaje en las ventas y hace lo que hizo el morellano.

    -Señor Elías, con el debido respeto, pero… ¿el porcentaje podría ser del diez?

   El Bisojo, de momento queda sorprendido ante la contraoferta del mañego, y acaba soltando una risotada.

   -¡Vaya con Carreño!, ahora sí sé que has salido a tu señora madre. No, chico, no. No te puedo dar el diez, pero si con el tiempo llegas a vender una cierta cantidad, que ya veremos cuál sería, podría subirte uno o dos puntos la comisión. Pues hasta aquí hemos llegao, ¿lo coges o lo dejas?

   Ante la disyuntiva en que le pone el Bisojo, a Julio no le queda otra.

   -Que sí, señor Elías, que sí, y gracias por confiar en mí. Le prometo que no le voy a defraudar. En cuanto a lo del diez no se lo tome a mal, estaba obligado. Una oferta exige siempre una contraoferta.

   -Tienes maneras, chico. Tú llegarás.

   En los días siguientes, Julio va todas las tardes a la droguería del Bisojo para que este le enseñe los mil y un productos que vende en su tienda. Uno de esos días Julio acompaña al tío Elías a comprar una caballería que tire del carro, que todavía guarda de cuando era él quien vendía por los pueblos. Discuten si comprar un caballo o un mulo, al final se decantan por los mulos pues son más baratos y resistentes que los caballos. En la negociación con el chalán, el mañego saca a relucir algunas de las triquiñuelas que le enseñó Carbonero con lo que consigue una sustancial rebaja del precio de la mula, que finalmente compran; lo que hace que el Bisojo le repita:

-Tú prometes, chico.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño,  publicaré el episodio 50. La alternativa

domingo, 12 de julio de 2020

*** Post info. 13. El entorno del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño

   Desde 1892, año en el que Julio Carreño termina la mili, hasta 1903, en que el mañego se enamora de la que será madre de sus hijos, tanto en España como en el resto del mundo se suceden multitud de hechos, de todo tipo, que influyen poderosamente en el devenir de la familia Carreño. Todo ello lo contaremos en los episodios del Libro II de la novela, titulado Julia. Asistiremos a la adaptación de Julio a la vida civil y sabremos de sus primeros trabajos como vendedor ambulante, primero, y como dependiente de una droguería después. Veremos como el afán de prosperar y llegar a ser alguien, le lleva a meterse en algunos negocios non sanctos. Seremos testigos de cómo Julia Manzano, otra figura clave de la novela, pasa de ser una niña rebelde a la alumna más aplicada de doña Pilar Lahoz. Y de cómo, bajo su guía, se convierte en una jovencita encantadora y con un talante duro como el pedernal.

   Durante esa época si hay un hecho que marcó a los españoles de entonces fue, primero, la guerra contra los insurgentes cubanos y filipinos, lo que provoca el enfrentamiento hispano-norteamericano que termina con la pérdida del imperio colonial español. Es lo que se conoce como el Desastre del 98, que genera que las grandes figuras de esa generación, Unamuno, Ortega y Gasset, Azorín, entre otros, tomen conciencia del retraso acumulado en el país y hacen un llamamiento a una reforma intelectual y moral en forma de europeización o regresando a lo netamente español. Durante esos años se suceden las huelgas y agitaciones de los obreros para mejorar su estado. Algo absolutamente necesario, pues basta señalar que hasta 1902 no se decreta la prohibición del trabajo de los niños menores de 10 años.

   El país, que en 1900 cuenta con 18,5 millones de habitantes, tiene como marco político la Constitución de 1876 y como Jefe de Estado a la reina regente doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, ya que hasta 1902 no será mayor de edad, y comenzará su reinado, Alfonso XIII.

   En el resto del mundo se producen hechos que marcan o determinarán el devenir de los siguientes años. Por citar solo un puñado de ellos. Comienzan en China los Cien Días de Reforma, auspiciados por Mao Tse Tung. El científico alemán Max Planck formula la teoría cuántica, base de la Física del siglo XX. El físico italiano Guillermo Marconi transmite las primeras señales radioeléctricas a través del Atlántico. Los hermanos Wright realizan el primer vuelo aéreo con motor de la historia. Se abre la primera sala de cine en EE.UU. Y la electricidad da sus primeros pasos y cambia la economía, la industria, las comunicaciones; en definitiva, la vida de la gente.

   En ese mundo es en el que los Carreño, de la primera generación, viven, aman, sufren y se desenvuelven. Y eso lo contamos en los episodios del Libro II. Os espero en el blog.

viernes, 10 de julio de 2020

Libro I. Episodio 48. ¡Así habla un Carreño!


   Ha comenzado 1892, año en el que la quinta de Julio Carreño debería ser licenciada. A medida que se acerca la fecha del final de la mili los bulos, chismes y rumores de la Voz de Capitanía se disparan. Un día se cuenta que es inminente el licenciamiento y al siguiente que se va a posponer por tiempo indefinido. Cada vez que surge un rumor Julio pregunta a su amigo Chimo, que es de los que suele estar bien informado.

   -No hagas caso de los chismes, Carreño. Lo más probable es que nos licencien a fines de abril o primeros de mayo, cuando cumplamos los tres años de mili. Al menos, es lo que han hecho

con las últimas quintas.

   -Pero ayer mismo me dijo Salinas que uno de ingenieros sabía de buena fuente que, como en Cuba siguen los problemas con los insurgentes, se va a demorar la licencia de nuestro reemplazo para tener más tropas acantonadas por si hicieran falta.

   -Ni caso, es un bulo, lo de la demora, no lo de los insurgentes. Ah, tengo que darte una noticia: he decidido no volver a Morella, me quedo en Palma.

   -¿Y qué vas a hacer aquí sin conocer a nadie?

   -Continuar trabajando para Carbonero y a medio o largo plazo abrir una tienda de venta de suvenires. No puedes ni imaginarte el chollo que es la venta de recuerdos típicos españoles. Cosas que valen unos reales las vendes a duro y te las quitan de la mano. Con un poco de suerte creo que voy a hacer fortuna con los toreros, las gitanas y las castañuelas que compran los turistas. Y un consejo de buen amigo: si quieres hacer dinero, trabaja por tu cuenta; si trabajas para otro nunca harás fortuna.

   En febrero de ese año, su madre le escribe a Julio contándole que, en la parroquia del pueblo de Consuelo, así como en la de Luis Campos en Plasencia, se han leído las amonestaciones del próximo enlace de ambos que se llevará a cabo en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Malpartida en marzo. Al leer la noticia, el mañego siente como un pinchazo en lo más hondo. Le sigue doliendo todo lo referente a su exnovia, la ha querido mucho…, pero al darse cuenta de que ha usado el verbo en pasado piensa que la herida, que todavía sangra, terminará curándose con el paso del tiempo. Consuelo Manzano comienza a ser una historia del ayer.

   En Plasencia, doña Pilar anda muy atareada, porque además de su pluriempleo está planeando lo que podría hacer su hijo en cuanto vuelva de la mili. Piensa que lo primero que tendría que hacer es sentar la cabeza, buscarse una buena chica, casarse y abrir un comercio. Así se lo cuenta a la depositaria habitual de sus confidencias, su amiga Etelvina, cuya respuesta no es la que esperaba la aragonesa.

   -Y suponiendo que encuentre esa buena chica y que se casen, ¿de qué van a vivir?

   -Tengo buenos ahorros de mi trabajo con el tío Dimas y Julio creo que también se vendrá de Palma con algunas pesetillas.

   -¿Y cuánto le van durar, unas semanas, unos meses… y luego qué?

   -Hija, parece que no quieras que el chico siente cabeza –se queja la aragonesa.

   -No es eso, Pilar. Sabes que si hay una persona que desea más que nadie ver bien casado a tu hijo soy yo, pero has de ser realista y creo que lo primero en que debería pensar Julio es en buscarse un trabajo con el que poder llenar el puchero todos los días.

   -Ya sabes que estamos pensando montar un comercio y si lo hace podrá ganarse la vida.

   -Me has hablado mil veces de lo del comercio, pero todavía no he oído de qué será. Hazme caso, lo primero es buscar un empleo al chico. A poco que gane, y con lo que tú le sacas al Bronchales, podríais vivir con desahogo, y mientras buscar esa buena chica para casarse y determinar la clase de negocio que podría abrir.

   Etelvina acaba convenciendo a su amiga y la aragonesa se pone a ello: buscar un trabajo para su hijo. Los muchos favores hechos por su relación con el Bronchales le ponen en bandeja la solución. Ha hecho correr la voz de que busca un empleo para su chico cuando vuelva de la mili. En unos días le llega una respuesta por vía de quien menos podía esperar, Luis Campos. El vaquero, recién casado por cierto, le indica que el tío Elías el Bisojo quiere hablar con ella, que cuando pueda que se pase a verle por su tienda. La maestra se planta presta en la droguería del tío Elías que la recibe encantado y va directo al grano.

   -Doña Pilar, me han dicho que busca un empleo pa su hijo, el que está en la mili. No siga buscando, ya lo ha encontrao. Le dije que era un hombre agradecido y que se lo demostraría. ¿Cuándo licencian al chico?

   -Señor Elías, no sabe cuánto se lo agradezco. Todavía desconoce cuándo le darán la licencia indefinida, pero se lo llevaron el 23 de abril del 89. Por lo tanto, pronto cumplirá tres años. ¿Y para qué sería el trabajo?

   El Bisojo le cuenta que ha decidido volver a vender sus productos de droguería por la provincia. Comprará un caballo o un mulo -el carro ya lo tiene- y enviará a Julio a vender por los pueblos. No le dará un sueldo muy alto, pero sí una prima adicional en función de las ventas, con lo que si se espabila y es buen vendedor podrá ganarse bien la vida.

   -Lo malo es que Julio no sabe nada de droguería.

   -Pero usté me contó que trabajaba en una tienda de bisutería. Si sabe vender esa quincalla que no sirve pa na, mejor venderá productos que sí son necesarios. En cuanto vuelva que se pase por aquí y hablaremos. Con que salga la mitad de espabilao que usted, conmigo podrá labrarse un porvenir, se lo aseguro.

   El 30 de abril del año del Señor de 1892, el mañego es llamado al Regimiento Mallorca, 13, donde el comandante mayor expide un certificado en el que se puede leer que el cabo segundo, Julio Carreño Lahoz, marcha al pueblo de su naturaleza en uso de licencia indefinida, pasando a la reserva activa y quedando adscrito al Regimiento Covadonga, nº 40, de guarnición en Leganés (Madrid). Han pasado tres años desde su reclutamiento y Julio volverá a casa con la licencia indefinida con validez hasta su pase a la reserva. En el cuartel del Carmen ha preguntado por Agustín García, pero le dicen que su paisano fue licenciado el día anterior y ya no está en el cuartel.

   Julio se despide de la gente de la Secretaría de Justicia de la que ahora es el veterano, pues Beltrán y Medrano se licenciaron hace tiempo, y luego de todos los amigos y conocidos. El brigada Carbonero, como detalle de despedida, le regala un libro sobre cómo vender lo invendible, así reza el título. Con quien se da el abrazo más sentido es con Chimo Puig. El morellano, que como le contó ha decidido quedarse en la isla, está muy ilusionado con su trabajo de venta de artículos de bisutería y de suvenires a los turistas, y está convencido de que tiene futuro en la isla.

   La travesía Palma-Valencia se le pasa a Julio en un suspiro. El viaje en tren hasta Madrid se le hace más pesado, pero en cuanto en la estación de Delicias coge el convoy con destino a Cáceres le da la impresión de que la locomotora más que correr vuela de lo rápida que marcha. En cuanto pasan la estación de Talavera de la Reina, empieza a oír hablar con el inconfundible deje de su tierra y palabras en castúo que casi había olvidado. Luego llega Oropesa de Toledo y después Navalmoral de la Mata, casi está en casa. Plasencia todavía no tiene estación de ferrocarril. Se está construyendo el tramo de vía Plasencia-Hervás, una línea que pretende unir la ciudad del Jerte con la ciudad leonesa de Astorga, y que se espera que esté operativa a mediados del próximo año, por lo que Julio ha de bajarse en la estación ferroviaria de Monfragüe, también conocida como Plasencia-Empalme.

   Antes de que el tren se detenga, Julio ya tiene medio cuerpo fuera de la ventanilla oteando el andén para ver quien ha ido a esperarle. De pronto, ve la figura menuda y fibrosa de su madre, pero no hay nadie más… ¿A quién esperabas, Julio, acaso a Consuelo?, siempre serás un ingenuo se contesta. Bueno, pero a pesar de todo soy un hombre afortunado, se dice, me espera la mejor madre del mundo. Entonces ve a alguien que se ha acercado a doña Pilar, es un hombre, lo reconoce, es Argimiro, el marido de Carolina…, piensa que quizá haya venido con el carro para llevarle a Plasencia. Es Argimiro quien se acerca a la puerta del vagón para ayudarle a bajar el equipaje, entre el que sigue estando la maleta de madera que encargó su madre. El hombre le da un fuerte abrazo al tiempo que le saluda.

   -Chacho, al fin estás en casa. Se acabó lo de a sus órdenes, mi sargento.

   Doña Pilar le estrecha entre sus brazos con los ojos anegados de lágrimas y con voz transida por la emoción le susurra:

   -Julio, hijo, ya estás entre nosotros. Pero que delgadico te has quedado, si solo eres piel y huesos. Argimiro ha tenido el detalle de traerme en su carro para que no viniese andando. También quería venir Etelvina, pero una mujer del barrio de Los Majuelos se ha puesto de parto y ha tenido que ir a atenderla.

   -No te preocupes por mi delgadez, madre. En cuanto me ponga a jalar tus guisos me pondré hecho un toro en unas semanas. Y gracias por venir a recibirme. Eres la única persona del mundo a la que tenía unas ganas locas de darle un fortísimo abrazo. Y bueno, estoy en mi tierra, ahora a empezar de nuevo.

   Doña Pilar aprovecha el pie que le ha dado su hijo para referirle que, si quiere, ya tiene trabajo. Y le cuenta, sin entrar en detalles, la oferta que le ha hecho el tío Elías el Bisojo.

   -Pero yo no sé nada de droguería, madre.

   -Es lo que le dije, pero me contestó que si has sido capaz de vender la inútil quincalla de la bisutería mejor podrás vender artículos que son necesarios.

   En ese momento, Julio cree escuchar al brigada Carbonero y uno de sus consejos: cuando se domina la técnica de la venta da lo mismo lo que vendas, sea bisutería, zapatos o longanizas. Si Carbonero tiene razón, que creo que la tiene, también podré vender artículos de droguería, se dice.

   -¿Sabes qué, madre? Creo que si nos ponemos de acuerdo con las condiciones voy a aceptar el empleo del tío Elías.

   -¡Así habla un Carreño, hijo! 

 

   FIN del Libro I, Un mañego enamorado, de la novela Los Carreño.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que se inicia el Libro II titulado Julia, de la novela Los Carreño, 
con la publicación del episodio 49. Tú prometes, chico