martes, 16 de junio de 2020

*** Post info 10. Cambio de formato

   Como comprobarán los lectores, la presentación de los episodios de la novela Los Carreño ha cambiado de formato. El cambio se debe una decisión general de Blogspot, por lo que a los usuarios solo nos queda aceptarlo.

   Espero y deseo que el nuevo formato, que opino que es más gráfico, claro y hasta más didáctico, les guste. Vale.

Libro I. Episodio 42. ¿Por qué es tan conocida Mallorca?


   Al preguntar Julio que son los turistas, Chimo decide dar una pequeña lección a su amigo.

   -Carreño, eres bastante leído pero en determinados aspectos estás totalmente verde. Y lo estás porque tienes una gama de intereses quizá demasiado específicos, y fuera de ellos te interesan pocas cosas. A ello sumo que el francés que estudiaste en el bachillerato, por lo que veo, no has debido tocarlo desde entonces. Digo esto porque turista es un vocablo cada vez más usado por ingleses, franceses, italianos y demás extranjeros.

   Y el morellano se lanza a explicar que, según les contó el profesor de las clases de inglés de la Cámara, la voz turista viene del inglés tourist, que a su vez procede del francés tour. Comenzaron a usarla los británicos pudientes cuando pusieron de moda, a partir del siglo XIX, hacer una gran vuelta o tour por Europa para visitar países continentales. Y que desde entonces, y cada vez más, se aplica a toda persona que viaja por placer, por conocer nuevos lugares o por simple entretenimiento.

   -¿Y aquí vienen muchos turistas? –pregunta Julio.

   -Comienzan a venir y, en opinión de Amengual, vendrán todavía más en el futuro. 

   -¿Y eso por qué? No veo que Mallorca tenga algo que no tengan otros lugares de España.

   -¿Pero tú conoces bien la isla?

   -La verdad es que no, lo más lejos que he ido ha sido a Portopí.

   -Pues no sabes lo que te pierdes. Mallorca tiene rincones preciosos y pueblos pintorescos. Y en cuanto a las costas, las tiene para todos los gustos. La isla está plagada de calas y playas que son una verdadera gozada para la vista y no te digo para bañarse o tumbarse a la bartola.

   -¿Y tú has estado en todos esos lugares?, ¿cómo lo has hecho, me refiero a cómo has ido?

   -Si no en todos, sí en muchos. El año pasado, muchos sábados y domingos, recorrí gran parte de la isla con una bicicleta que sacaba, y sigo sacando, a escondidas del servicio de mensajería.

   -¿Y no tienes miedo de que te pillen al cogerla o al devolverla?

   -¡Qué va! Los carteros, al igual que los mensajeros, entramos y salimos de La Almudaina con total libertad. Los sábados salgo por una de las puertas secundarias montado en la bici con toda naturalidad, y como la guardia sabe que soy cartero no me dice ni pío. Y los lunes, a primera hora, entro con la bici como si viniera ya de algún reparto y hasta el día de hoy nadie me ha llamado la atención. Y así tengo la bici para mí todo el fin de semana. Eso es lo que me ha permitido viajar por la mayor parte de la isla. Salvo los sitios más alejados de Palma, como las bahías de Alcudia o Pollensa y la zona de Artá y Capdepera, he recorrido prácticamente toda la isla.

   -Sabía que te gustaba recorrer Palma, pero no que también lo hicieras del resto de la isla.

   -Pues sí, y ese es uno de los motivos que me han metido en la cabeza la idea de quedarme en esta tierra cuando acabe la mili. Además, según nos ha contado Amengual, Mallorca cuenta con una importante ventaja adicional: es muy conocida en el resto de Europa, mucho más que otras regiones españolas, quizá con la excepción de Andalucía y un poco de Cataluña.

   -¿Y por qué es tan conocida Mallorca?

   El morellano le cuenta que, como les ha explicado el profesor de la Cámara en alguna ocasión, la isla ya era bastante conocida en ciertos ambientes europeos desde mediados del siglo XVIII, pero cuando se dio a conocer de forma generalizada, sobre todo en Europa, fue a raíz de la llegada a Mallorca en 1838 de George Sand, seudónimo de Amandine Aurore Dudevant, destacada escritora, periodista y revolucionaria francesa. La franchuta llegó a la isla en compañía de su amante Federico Chopin, compositor y virtuoso pianista polaco, ​​​​considerado uno de los más importantes de la historia y uno de los mayores representantes del Romanticismo musical. Aunque la francesa solo estuvo poco más de tres meses en la isla le sirvió para escribir un libro, Un invierno en Mallorca, un cuaderno de viaje autobiográfico que se editó en 1842. Dada la popularidad de la autora y de su amante, la obra tuvo una gran repercusión en Europa y se hicieron rápidamente múltiples ediciones. Años más tarde, en las últimas décadas del XIX, la isla tuvo otro gran valedor que hizo que su nombre se popularizara todavía más entre la nobleza y la alta burguesía europea que naturalmente eran los que más viajaban. Ese valedor fue el archiduque de Austria, Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, que se enamoró de las Baleares nada más conocerlas, y acabó fijando su residencia en Mallorca  donde adquirió fincas en los municipios de Valldemosa y Deyá, entre otros. El archiduque fue el auténtico precursor del turismo en las Baleares, pues escribió una monumental obra de varios tomos en la que describió la incomparable belleza de un archipiélago todavía virgen al que solo llegaban viajeros ocasionales… y Chimo acaba afirmando:

   -Desde entonces, Mallorca aparece en la mayoría de listados de lugares turísticos a visitar para los que viajan por placer, y que forman parte de ese concepto que tú no conocías, el turismo –remacha el valenciano.

   -Y a pesar de que para llegar a las islas forzosamente hay que coger un barco, ¿hay gente que todavía le apetece venir? –El extremeño entiende las explicaciones de su amigo, pero le cuesta aceptar que haya personas que viajen solo por el placer de ver nuevos paisajes y que encima hayan de cruzar el mar, con lo peligroso que puede ser eso.

   -Verás, Carreño, los dos somos de secano. Yo la primera vez que vi el mar fue en Vinaroz cuando tenía doce años, y supongo que tú debes haberlo visto cuando viniste a Mallorca –ante la negación del mañego, el de Morella rectifica-. Bueno, aunque lo vieras antes, pero ambos somos de tierra adentro. Para la gente como nosotros lo de cruzar el mar siempre nos parece una peligrosa aventura porque no estamos ni acostumbrados ni viajados, pero para la gente de otros países, o de la misma España, que viven en la costa o que han viajado mucho, lo de embarcarse les parece tan natural como a nosotros viajar en carro. Todo es cuestión de costumbres.

   El pensamiento de Julio viaja por otros caminos, sus palabras lo confirman.

   -No viene nada a cuento, pero estoy pensando que si aprendes inglés podrás ligar fácilmente con toda esa legión de turistas que llegan a la isla.

   -Posiblemente, pero eso será cuando lo sepa, de momento solo soy capaz de decir algunas palabras y frases sueltas.

   -Bueno, pues con tus cuatro palabras de inglés y otras cuatro mías de francés podríamos convertirnos en los mayores ligones de Capitanía.

   -¡Pero, Carreño, no me habías dicho que no quieres tener más líos con mujeres, que para ti solo existe la novia del pueblo!

   -Y lo mantengo, pero no estoy hablando de mujeres, lo hago de las turistas; o lo que es lo mismo, de extranjeras.

   -¡Vaya razonamiento!, no sé si lo dices en serio o en broma. ¿Qué pasa, que las extranjeras no son mujeres?

   -Claro que lo son, pero no como las de aquí que todas quieren casarse. Imagino que las turistas, o sea las extranjeras, tienen una gran ventaja sobre las españolas y es que supongo que no sueñan en casarse con un español. Probablemente, terminen emparejándose pero con alguien de su país. Supongo que vendrán, estarán unos días o unas semanas como mucho, y luego volverán a su patria.

   -Un par de precisiones. Una es que también puede haber turistas españolas; es decir, mujeres de otras regiones de España que vengan a la isla a pasar una temporada. Otra es que una extranjera puede enamorarse de un español, ¿por qué no?

   -Supongo que enamorarse sí, pero casarse…, que quieres que te diga ¿Te imaginas a cualquiera de los dos casado con una extranjera a la que no se le entienda ni palote? Y que vaya usted a saber qué clase de vida ha podido llevar.

   -Carreño, yo creía que era muy pueblerino, pero la verdad es que tú me das sopas con honda.

   -¿Y eso, en cristiano qué quiere decir?, lo de las sopas con honda.

   -En cristiano quiere decir que a pueblerino me das ciento y raya.

   -Que manía tienes de hablar con frases hechas. Parece que sacas la mayoría de frases de un manual de esos de aprenda castellano en un mes.

   -¿Y cómo crees que lo aprendí?, el castellano me refiero.

   -¡No jodas!, ¿aprendiste castellano en un libro?

   -En uno no, en muchos. Te lo tengo que explicar para que lo entiendas. En Morella, todos hablamos en valenciano. Puede haber poco más de una docena y media de personas que hablen en castellano, generalmente gente de fuera como el boticario, el señor juez o el notario. La primera vez que me hablaron en castellano fue cuando a los seis años entré en la escuela del pueblo. El maestro nos enseñaba en castellano y teníamos que responderle en esa lengua, pero en cuanto salíamos al recreo o se terminaba la clase todos los niños volvíamos a usar el valenciano. Cuando tenías la edad de dejar la escuela ya no volvías a manejar el castellano, por lo que en poco tiempo olvidabas la mayoría de lo que habías aprendido. A mí no me pasó porque como me gustaba mucho leer lo hacía continuamente, naturalmente con libros en castellano. Ahí es donde de verdad aprendí la que para ti es tu lengua materna. Al no aprender de las personas sino de los libros por eso uso tantas frases hechas o dichos, refranes, proverbios y modismos. Tú y los que sois castellanoparlantes desde el nacimiento lo habláis con toda naturalidad. En cambio, yo lo hablo como lo aprendí en los textos, por eso lo hago como lo hago.

   -Me maravillas, Chimo, por el esfuerzo que ha debido costarte lo que para mí ha sido tan fácil. Desde ahora te respeto mucho más. Eres un tío cojonudo porque al final resulta que sabes más de la lengua castellana que yo. Por poner un ejemplo, yo no sé en qué se diferencia una frase hecha, un refrán, un proverbio o un modismo. Explícamelo, por favor.

   -¿Julio, no te cansas de preguntar? Entre lo de los turistas, la explicación sobre Mallorca y ahora con lo del castellano me tienes frito. Lo de ejercer de profesor es pesadísimo, mejor lo dejamos para otro día.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio

43. Lo que estás haciendo con el mañego es una marraná

viernes, 12 de junio de 2020

Libro I. Episodio 41. ¿Turistas, y eso qué diablos es?


   El diálogo entre Carreño y Puig ha llegado a un conato de fricción por el poco tacto del mañego. Al darse cuenta de que al valenciano no le ha gustado la despectiva denominación que ha dado a los mallorquines, Julio se apresura a disculparse.
   -Ya sé que son mallorquines, Chimo. Si te ha molestado que les llame polacos lo retiro, pero generalmente es como les llamamos los peninsulares.
   -Bueno, no todos los peninsulares, y has de saber que entre ellos hay de todo: buenos, malos y ni fu ni fa. Sin ir más lejos, hay un chaval que estudia conmigo inglés, y que se llama Tomeu Rotger, que es un tío bien majo. En cambio, en el campamento me tocó un primero que se decía Crespí, y que también era mallorquín, que era tonto del culo. 
   -¿Qué nombre es ese de Tomeu?, nunca lo había oído.
   -Es una contracción de Bartomeu, que es como se dice Bartolomé en mallorquín. Supongo que eliminaron la primera sílaba y se quedó en Tomeu. Con ese chaval al principio no me llevaba muy bien y no le entendía demasiado porque es de un pueblo del interior, Alaró, y habla un mallorquín muy cerrado, pero ahora le entiendo perfectamente y nos llevamos estupendamente. Y otra cuestión sobre lo de las lenguas. En Morella hablamos un valenciano que se parece más al catalán que al valenciano de Valencia. Y el catalán y el mallorquín son como dos gotas de agua. Solo cambian algunas menudencias como el uso del artículo salado y palabras sueltas. En cuanto a los artículos denominados salats todo consiste que en lugar de decir él dicen es, so, si es el neutro y sa si es el femenino, o sos y ets para el masculino plural o ses para el femenino plural. Todo lo demás es igual o, al menos, muy parecido.
   -¡Hombre!, por fin he podido enterarme qué diablos es eso del artículo salado. Hace tiempo que le prometí a mi novia que se lo explicaría y hasta hoy. Me dijo Beltrán, mi compañero de la Secretaría, que me lo contaría, pero nunca me lo explicó.
   -Ya que mencionas a Beltrán, ándate con cuidado con él. Es un tipo de los que por delante te dice una cosa y por detrás otra. Es menos de fiar que un gitano.
   -Ya me he dado cuenta que es de los que tienen ni palabra mala ni acción buena. Le tomé la medida a los pocos días de estar en la oficina.
   Y así discurre lo que queda del domingo. Tal como quedaron, una tarde de la siguiente semana, previamente apalabrada, Chimo Puig aparece en la bisutería. Julio se lo presenta a Carbonero, a quien ya le ha hablado del morellano.
   -A sus órdenes, mi brigada –Puig se cuadra aunque va vestido de paisano.
   -Tranquilo, chaval, los saludos quedan para la casa grande. Me cuenta Carreño que te estás planteando quedarte en Mallorca cuando termines la mili. También me ha dicho que eres listo y trabajador. Son dos buenas cualidades para abrirse paso en la vida –y en un giro sorprendente, pregunta-. Por cierto, ¿sabes conducir los nuevos vehículos a motor?
   -No, mi brigada. Ni siquiera he visto uno, solo los conozco por las fotos de las revistas.
   -Yo vi los primeros hace unos meses en París. Aunque en Palma por ahora creo que solo hay uno de un inglés, pero los automóviles acabarán imponiéndose y saberlos conducir será una buena carta de presentación para lograr un trabajo bien remunerado. Te aconsejo, os aconsejo –rectifica mirando a Julio- que en cuanto se generalicen aprended a manejarlos. Sacaréis buen provecho de esa habilidad.
   -Muchas gracias, mi brigada, ya me había dicho el compañero Carreño que era hombre de buenos consejos. De verdad que se lo agradezco.
   -Siempre me ha gustado aconsejar a los jóvenes que tienen la cabeza bien dispuesta y con ganas de partirse el espinazo si hiciere falta. Veamos, ¿y tú por las tardes qué haces? –indaga Carbonero.
   -De provecho poca cosa. La mayoría de tardes recorrerme la ciudad barrio por barrio, pero poco más. No he tenido la suerte que ha tenido Carreño al encontrarle, mi brigada.
   -La suerte hay que buscarla, y Carreño la encontró porque la buscó. Y tú puedes encontrarla hoy –y Carbonero vuelve a formular una pregunta fuera de contexto-. ¿Qué tal se te da montar en bicicleta?
   -Muy bien, mi brigada. No sé si sabe que estoy de cartero en la estafeta de Capitanía y como reparto correo fuera de la Almudaina uso para ello una de las bicis del servicio de mensajería, por lo que estoy entrenado en darle a los pedales.
   -Bueno, pues hoy es tu día de suerte, chaval, igual tengo trabajo para ti. De momento no es algo seguro, tengo que hablarlo con mis socios, pero es muy posible que si el asunto cuaja pueda darte faena al menos un par de días a la semana. Otra cosa: ¿tú hablas valenciano?
   -Por supuesto, mi brigada, en mi pueblo, Morella, todos lo hablamos.
   -Entonces, ¿entiendes y hablas bien el mallorquín?
   -Para serle sincero, mi brigada, entenderlo lo entiendo todo, en cuanto a hablarlo chapurreo una mezcla de valenciano y catalán pero me hago entender sin problema. Y además estoy estudiando inglés en un aula de esa lengua que ha organizado la Cámara de Comercio.
   -¡Pero bueno, este tío es una mina! ¿Dónde lo tenías escondido, Carreño? Chico, tú prometes. Pásate por aquí en tres días y seguiremos hablando.
   -A sus órdenes, mi brigada –Puig vuelve a cuadrarse y se despide de Carbonero.
   Aquel atardecer, cuando Julio sale de la tienda, Chimo le está esperando.
   -¡Coño, Carreño, te debo una! Ya podías haberme presentado al brigada cuando nos conocimos. ¿Sabes de qué puede ir esa faena de la que ha hablado?
   -No tengo ni idea, pero procuraré enterarme. Si no te hablé de Carbonero fue porque cuando salíamos antes no llegamos a hablar de lo que pensábamos hacer cuando acabáramos la mili. Y si mal no recuerdo, hablabas tú todo el rato explicándome las maravillas arquitectónicas de esta ciudad.
   -Tienes razón, Carreño –El valenciano es de los que siempre llama a Julio por su apellido-. Cuando cojo carrerilla contando una de mis aficiones no hay quien me pare. Vámonos a cenar, esta noche invito yo.
   Tres días después, como Carbonero le había indicado, Puig se presenta en la bisutería. Las dependientas le indican que pase a la trastienda que le espera el patrón. El brigada está dando instrucciones a Julio y le dice al morellano que enseguida está con él.
   -Mi brigada, ¿me paso a la tienda? –pregunta Julio pensando que quizá el patrono prefiere hablas a solas con Chimo.
   -No, sigue con lo tuyo. Vamos a ver, chaval,… ¿cómo me dijiste que te llamabas?
   -Joaquín Puig Miralles, mi brigada, aunque en mi pueblo todos me llaman Chimo.
   -Sí, eso es muy valenciano. Pues bien, Chimo, tengo trabajo para ti. En principio solo serán dos días a la semana… ¿Qué tal se te da lo de vender?
   -He trabajado de muchas cosas, mi brigada, pero tengo que ser sincero con usted…, nunca he hecho de vendedor.
   -Bueno, alguna vez tenía que ser la primera. A Carreño le pasaba igual y ahora está en camino de convertirse en un vendedor de primera. Verás… -Y Carbonero le explica que dos tardes a la semana, cogerá una bicicleta, que ha comprado exprofeso, y se irá al puerto a esperar la arribada de los vapores que hacen la travesía regular Barcelona-Palma y Valencia-Palma. Llevará una muestra de objetos de bisutería que tratará de vender a los pasajeros, con preferencia a las pasajeras y mejor si son extranjeras, que desembarquen de los buques. Antes de comenzar el trabajo tendrá que venir unos días a la tienda a que le dé unas cuantas lecciones sobre qué es la bisutería y sus técnicas de venta.
   -… esos días de aprendizaje no te los voy a pagar, realmente debería de cobrarte por ello porque vas a aprender habilidades que nadie te va a enseñar, pero en fin… En cuánto crea que estás preparado te pondré al tajo. Otra cuestión, que las condiciones de trabajo hay que dejarlas muy claras desde el primer día, sino luego pasa lo que pasa. No te voy a dar un sueldo fijo como a Carreño, te daré un porcentaje sobre lo que vendas, exactamente el quince por ciento. Al principio, quizá no ganes mucho, pero en cuanto le cojas el tranquillo, y tú tienes cara de espabilado, te sacarás tus buenas pesetillas. ¿Estás de acuerdo? -Puig, que ha seguido con suma atención la explicación de Carbonero, en principio no contesta hasta que…
   -Mi brigada, no querría faltarle al respeto, pero… ¿el porcentaje podría ser del veinte?
   Carbonero, de momento queda sorprendido ante la interpelación del morellano y cuando habla es tras soltar una sonora carcajada.
   -¡Vaya con el Chimo dels collons! Carreño –dice dirigiéndose al mañego-, este amigo tuyo es cualquier cosa menos tímido –y volviéndose a Puig le contesta-. No, hijo, no. No te puedo dar el veinte, pero si con el tiempo llegas a vender una cierta cantidad, que ya determinaremos, podría subirte algún punto la comisión. Por ahora, la propuesta es de las de la coges o la dejas. ¿Qué respondes?
   -Que sí, mi brigada, y gracias por confiar en mí, le prometo que no le voy a defraudar. En cuanto a lo del veinte no se lo tome a mal, estaba obligado. Una oferta exige siempre una contraoferta.
   -Este compañero tuyo vale su peso en oro, Carreño. Creo que te puede enseñar mucho.
   Que su patrono y su amigo hayan cerrado el acuerdo supone una enorme alegría para Julio. De un plumazo va a tener un nuevo compañero de trabajo, que también es su amigo, y con quien podrá compartir las horas libres que puedan dejarles sus ocupaciones. Cuando termina la jornada de la tienda, y ambos soldados se despiden del que desde ahora es su patrono, lo primero que hacen es ir a celebrar el nuevo trabajo del morellano. Ha habido un aspecto de la propuesta de Carbonero que a Julio le ha llamado la atención y lo comenta con Puig.
   -Cuando el brigada te ha contado lo de vender, ha precisado que deberás hacerlo con preferencia a las mujeres y mejor si son extranjeras. ¿Y eso por qué?
   -Supongo que porque a esta isla cada día arriban más turistas extranjeras.
   -¿Turistas, y eso qué diablos es? –pregunta Julio que es la primera vez que oye semejante palabreja.

PD.- Hasta el próximo martes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio
42. ¿Por qué Mallorca es tan conocida?