viernes, 15 de mayo de 2020

Libro I. Episodio 33. Un artilugio singular


   La tarde del 28 de diciembre, Agustín está esperando a Julio a la salida de la bisutería.
   -Chacho, eres un tardón, llevo esperando una jartá de tiempo. Como hoy es el Día de los Santos Inocentes he llegao a pensar que me estabas gastando una inocentada.
   -Eso no sería una inocentada, en todo caso sería una gilipollez, y además no sabía que me estabas esperando, pero de haberlo sabido tampoco podría haber salido antes. Ahora que se acerca la Nochevieja y los Reyes los clientes entran a borbotones.
   -Ya lo he visto, ya. Como si regalarais la quincalla esa que vendéis.
   -No es quincalla, Agus, es bisutería, y de la buena.
   -Pa mí, quincalla, y no me gusta que me llames Agus. Mi nombre de pila es Agustín.
   -Bueno, Agustín, de acuerdo. ¿Y qué te trae por aquí, otra invitación?
   -¿Cómo lo has adivinao, chacho? Los que sabéis de letras sois la hostia.
   -Lo he dicho a bulto. Cuéntame.
   Y lo que el montanchego refiere es que las chicas, no le hace falta decir su nombre, como salió tan bien la comida de San Esteban han pensado que podían repetir la reunión para la Nochevieja. Despedirían 1889 haciéndose compañía y cenando como Dios manda y no las porquerías que suelen comer, y aquí Agustín hace un aparte.
   -Se refieren a nosotros. Les he contao que por las noches comemos lo que pillamos sin pararnos en remilgos. Ellas, como cenan de las sobras de sus señores, suelen jalar mejor.
   Y tras el aparte continúa explicando que, como Dolors sigue teniendo la llave de la bajera que le prestó su señora, las chicas han pensado que podría repetirse lo de Sant Esteve, pero por la noche. Despedirían el viejo año y brindarían por el nuevo, entrando en el mismo en amor y compaña como debe de ser.
   -Oye, pues no me parece mala idea, pero... me han hablado de ir con unos compañeros a un baile de fin de año que hacen en S´Arenal y que parece que es la repera, pero todavía no he confirmado que vaya a asistir.
   -Dime dónde es ese baile que saber dónde hay bulla siempre es bueno.
   -Sé que es en S´Arenal, una localidad situada a caballo entre los municipios de Palma y de Lluchmayor, pero del sarao en sí solo sé lo que me han contado, que es un rato divertido.
   -Bueno, a lo que iba. ¿Qué te paece la idea de la Nochevieja?, pero solo pa los cuatro. El poblema está en los dineros. Como las chicas se gastaron un pastizal pa lo de San Esteban, están a dos velas y yo, ni te cuento. Puedo traer algunos chuscos que me pasará bajo cuerda un furriel amigacho que es de Don Benito, pero na más. ¿A ti te queda algo de lo que te envió tu señora madre?
   -Quedar, algo queda, pero poco, se fue casi todo en la comida navideña.
   -Pos mira, con los chuscos que pueo arrimar, los embutíos que te queden y algo que traerán las chicas podemos tener una cena mucho mejor que el rancho que nos espera. Además, lo que no va a faltar será la juerga, la alegría y la buena compaña –Agustín todavía tiene otro argumento que sabe que causará mella en la voluntad del mañego-. Y piensa que sí vas al baile del que me has hablao no guardarás la ausencia de Consuelo, en cambio si te vienes con nosotros, como estarás entre amigos, no harás falta ninguna.
   Julio piensa que no le falta razón al bueno de Agustín y sin pensarlo más le confirma su asistencia a la velada para celebrar la llegada del nuevo año. Al día siguiente, el mañego le pasa a su paisano las escasas vituallas que le quedan del envío de su madre, y le adelanta cinco duros para que las chicas puedan comprar alguna cosilla más para alegrar la Nochevieja. Su esplendidez viene al haberse encontrado con la agradable sorpresa de que su patrón, además de la soldada mensual, le ha dado una generosa propina navideña con la que no contaba. Y es que el brigada Carbonero, como intuyó Julio desde el primer día, se ha revelado como un patrono exigente pero desprendido.
   Han quedado que el 31 se verán a partir de las ocho de la tarde, hora en que las chicas habrán recibido el visto bueno de sus respectivas señoras para abandonar sus quehaceres. Julio ha tenido mucho trabajo en la bisutería, que ha estado abarrotada de público todo el día, y no ha podido acudir a la hora convenida. No es hasta pasadas las nueve cuando cierran la tienda tras desearse patrono y empleados un Bon any nou que Julio ya sabe que es feliz año nuevo en mallorquín. Cuando, cerca de las diez, el mañego llega a la bajera donde celebrarán la Nochevieja se encuentra al trío pasado de copas. Han estado bebiendo y mezclando licores, y tanto su amigo como las mallorquinas parece que están bastante achispados pues en cuanto entra ambas chicas se le echan a los brazos y se lo comen a besos. Para ponerle a tono, lo primero que ha hecho Agustín ha sido abrir una nueva botella y escanciarle un vaso bien colmado que, medio en serio medio en broma, le obligan a bebérselo de un trago. Si así empieza la noche, sabe Dios como puede terminar, piensa Julio, pero como no es cosa de restar ni una pizca a la alegría de que hacen gala sus amigos, apura el vaso y se une al jolgorio.
    Hacia las diez y media comienza la cena que, al revés de la del día de San Esteban, no es una muestra de la cocina mallorquina. Han comprado unas gambas y unos langostinos conservados en sal que han contribuido lo suyo a agostar los vinos y licores que parecen abundar. Dolors da la sorpresa de la noche al abrir una pequeña lata de foie gras que, por tratarse de la fecha que es, le ha regalado su señora. Ni Julio ni Agustín saben que es aquello por lo que Dolors se pone muy redicha explicándolo.
   -El foie gras –ella lo pronuncia como le ha enseñado su señora, fuagrás- es el hígado hinchado de un ganso que ha sido especialmente sobrealimentado.
   -¿Y qué es sobrealimentao? –quiere saber Agustín.
   -Que abren a la fuerza el pico de las aves y les embuten alimentos hasta que no pueden más. Y no sigáis haciendo más preguntas que esto no es una escuela ni yo la maestra.
   Con más aprensión que apetito, ambos extremeños prueban las rebanaditas de pan que las mozas van untando con foie gras. Agustín opina que aquello sabe a meaos de gato, Julio en cambio lo encuentra exquisito y así se lo comenta a Dolors.
   -¿Y no merezco nada a cambio, ni siquiera un beso? –pregunta, picarona, la muchacha.
   -Claro que sí –reconoce el mañego que, cuando va a besar a la moza, se topa con que lo que le ofrece no es la mejilla sino la boca. Julio duda un segundo, pero termina depositando un casto beso en los labios de la muchacha que no parece quedar muy satisfecha.
   Tras los entrantes, llega el plato fuerte que es un cochinillo asado a fuego lento y que las mozas le comentan a Julio que lo han comprado, así como la mayoría de las bebidas, con las veinticinco pesetas que aportó. El cochinillo parece sentarle bien al cuarteto y las ganas de jarana se calman. Después del lechón vienen los dulces y brindan a las doce de la noche, según marca el reloj de bolsillo de Julio, por el nuevo año con un espumoso catalán que imita al champán. Acabados los brindis llega el momento de la sorpresa de la noche. Dolors, tras reclamar la atención de todos, quita la tela que cubre un bulto de buen tamaño que está arrumbado en un rincón. Ante la sorpresa de los extremeños resulta que el bulto es una especie de cajón con una manivela en un lado, un plato redondo en la parte superior y arriba del todo un singular artilugio en forma de bocina casi el triple de grande que el cajón.
   -¡Mecagondié!, ¿y ese cacharro qué coño es? –pregunta, maravillado, Agustín.
   -¿Y el artilugio para qué sirve? –quiere saber Julio que jamás había visto algo semejante.
    Dolors, muy complacida con su sorpresa, les explica que el artefacto en cuestión es un aparato que se ha inventado hace poco y que un hermano de su señora, que acaba de llegar de Berlín, le ha traído como regalo. Posiblemente sea el primero que hay en España y, desde luego, el primero que ha llegado a Mallorca.
   -¿Y el cacharro tiene nombre? –vuelve a preguntar Julio.
   -Dice mi señora que se llama gramófono.
  Los extremeños todavía no se han repuesto del asombro que les ha causado el singular aparato que ha traído Dolors, jamás habían visto algo parecido.
   -¿Y nos pues decir pa qué coño sirve este cacharro? –reitera el mañego.
   -Según me ha contado mi señora, sirve para grabar y reproducir el sonido, incluida la música y hasta la voz humana.
   -¡Amos, prenda, tú estás mal de la cabeza! ¿Quies decir que hay música dentro de ese cajón? –se extraña Agustín.
   -No. La música está guardada en un disco, en este –Y con mucho mimo la muchacha saca de una funda de cartón una especie de placa negra redonda que, tras limpiar cuidadosamente con una gamuza, coloca encima del plato del cajón.
   -¿Nos tomas por lelos? –Se pica Agustín-, ¿cómo rediez va haber música ahí, dónde están los músicos?
   -Ahora veréis – y Dolors empieza a dar vueltas a la manivela del lateral del cajón hasta que el disco comienza a girar, entonces coloca un pequeño brazo, terminado en una suerte de aguja, encima del disco. Ante el asombro de todos, del aparatoso artilugio de la parte superior, al que la moza llama altavoz, comienza a sonar lo que Julio identifica como un vals.
   -¡Mecagondié!, pos sí que sale música –reconoce, admirado, Agustín.   
   -Menudo invento, con esto no serán necesarios músicos para organizar un baile–deduce Julio.
   -Y tú, pastora mía, ¿sabías lo de ese cacharro y no me lo has contao? –se queja Agustín mirando a su novia.
   -Dolors me lo había contado, pero lo que se dice verlo es esta noche cuando lo he visto con mis propios ojos –confiesa Roser.
   -¿Y hay que darle siempre a la manivela pa que salga música? –pregunta Agustín.
   -Sí, como no le des vueltas a la manivela no gira el disco y no sale el sonido por el altavoz.
   -O sea, que el cacharro es como una noria, como el mulo deje de dar vueltas el agua no sale. ¡Es la rehostia lo que la gente es capaz de inventar, es que no cabe en cabeza humana! –se maravilla Agustín- ¿Y qué más puede hacer el cacharro?

PD.- Hasta el próximo martes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio
34. Un hombre vale lo que su palabra

martes, 12 de mayo de 2020

Libro I. Episodio 32. Bon Nadal


   El paquete para gourmets de doña Pilar, destinado a que su hijo pueda festejar las fiestas que se avecinan, le ha llegado a Julio antes de Navidad por los pelos. Lo ha recibido el 23, gracias a que el servicio estatal de correos ha conocido importantes mejoras en los últimos tiempos que han agilizado mucho la rapidez y seguridad en el reparto postal. A Julio el envío de su madre le ha hecho enorme ilusión, no solo por su rico contenido sino porque ayudará a que la comida postnavideña, que van a preparar las chicas de Inca, sea más variada y posiblemente más sabrosa, al menos en los entrantes. En contrapartida, el envío de su madre ha puesto de relieve la ausencia de algún regalo o detalle navideño por parte de su novia. A ello se añade que las cartas de Consuelo comienzan a ser más cortas y, sobre todo, más previsibles, sus contenidos cada vez se parecen más. Le cuenta cómo van los asuntos de la economía familiar, ¡cómo si ello le importara!, algún suceso ocurrido en el pueblo o alguna charla mantenida con sus amigas, pero las confidencias amorosas, el hablar de sus sentimientos, las expresiones cariñosas son más escasas. Es solo una corazonada, pero a Julio le da el pálpito que el cariño de Consuelo se está enfriando, por decirlo de alguna manera. ¿Habrá conocido a otro?, se pregunta, ¿estará saliendo con alguien?... No puede ser, piensa, alguien me lo habría dicho, quizá Argimiro; no, él casi no sabe escribir. Quizá Carolina…, pero es más amiga de Consuelo que mía… Los temores, las dudas y unos incipientes celos, no sabe muy bien de qué o de quién, atormentan al mañego. Intenta desechar los negros pensamientos y como antídoto opta por hacerle a Consuelo lo que ella no ha hecho: enviarle un regalo navideño. ¿Y qué le podría regalar?, se pregunta. De entrada, desecha mandarle productos gastronómicos, ni Consuelo los necesita ni sabe que podría enviarle. Otra cuestión es que ya no podrá ser un regalo para Navidad porque esta habrá pasado cuando su novia pueda recibirlo, tendrá que ser para el nuevo año o quizá mejor para Reyes. Durante varios días ha estado dándole vueltas al posible regalo y no se le ocurre nada, por lo que decide pedir consejo a la dependienta de la tienda con la que tiene mayor confianza.
   - Mercè, querría enviarle algún detalle a mi novia para Reyes, pero no se me ocurre nada, ¿qué me aconsejas regalarle?
   -¿Qué edad tiene tu novia?
   -Cumplirá veinte en febrero.
   -Hay mil cosas para regalar a una al.lota de diecinueve años. Puedes comprarle un collar, una pulsera, un broche, algo de vestir, unos zapatos, un perfume…, pero antes de pensar en qué regalarle hay otra cuestión: ¿cuánto piensas o cuánto puedes gastarte?
   -No mucho, los guripas siempre estamos a verlas venir.
   -Si no puedes gastar mucho la solución la tienes aquí. Cómprale algo de la tienda, hay cosas muy monas en bisutería con las que impresionar a tu novia, y con lo bien que le caes al jefe seguro que te hace un buen descuento.
   -Gracias, Mercè, no se me había ocurrido. ¿Me ayudas a elegir?
   Después de mucho rebuscar, y con la impagable ayuda de su compañera, Julio ha elegido un fino broche de bisutería cuyo motivo principal es una eme entrelazada con una ce. Está convencido de que a Consuelo le encantará pues sabrá leer mejor que nadie el mensaje implícito que contiene el prendedor. Y como Mercè había supuesto, Carbonero le hace un generoso descuento.
   El día de Navidad discurre de forma muy diferente para los enamorados. Consuelo lo pasa en la casa familiar y rodeada por su madre y hermanos y también por tíos y primos. Es una vieja costumbre de los Manzano juntarse en Navidad, día en que suelen comer gallina en pepitoria cocinada por la tía María. De postre, los consabidos turrones y dulces regados con sidra asturiana, y luego la gente joven canta villancicos ante un rústico belén. Julio no tiene madre ni hermanos ni otros parientes con los que juntarse, ha debido conformarse con reunirse con algunos compañeros de Capitanía con los que a mediodía ha ido al cuartel de caballería a zamparse la comida extraordinaria que suele prepararse ese día, y que no deja de ser más que un rancho corriente al que se le ha añadido algunos mariscos y se ha servido vino, café y licores. Luego se han ido a una tasca del puerto y la mayoría ha cogido una buena pítima a base de mezclar diferentes clases de bebidas y acabar viendo el culo de las botellas.
   La mañana del 26, el mañego se levanta con resaca. En el primer bar que encuentra abierto se toma un café doble, varios vasos de agua y pide un plato de panceta con huevos. Remedios que le recomendó un camarada de juergas cuando alijaba en la Raya. Los caseros antídotos contra el alcohol parecen funcionar y hacia las doce se encuentra en un aceptable estado para reunirse con Agustín y las dos jóvenes que deben estar preparando la comida del día de San Esteban, que para ellos será la comida navideña. La llegada de Julio a la bajera, que servirá como eventual comedor, es celebrada con alborozo, pues ya impresionó a las mallorquinas cuando unos días antes les entregó parte del paquete que le había enviado su madre.
   -Bon Nadal –le saluda Roser dándole un tímido beso en la mejilla.
   -Bon Nadal –le desea Dolors que le da otro beso no tan tímido.
   -Paisano, no sé si sabes que Bon Nadal es feliz Navidad en polaco –le traduce Agustín -. Seguro que lo que van a preparar estas reales hembras va a estar como pa echar regüeldos, pero sin ánimo de hacer de menos a naide lo que te envío tu señora madre es lo mejor de lo mejor. Y, chacho, lo reconozco, hasta me he emocionao pues el salchichón, el morcón y sobre to el jamón de mi pueblo me han hecho recordar nuestra bendita tierra.
   -Aunque sea a toro pasado, felices navidades a todos y perdonadme por si no estoy muy lúcido, pero todavía no se me he pasado del todo la resaca. Ayer estuve con los compañeros de Capitanía y cogimos una buena cogorza, y eso que no fui de los que más le dio a la botella, pero aun así todavía tengo el estómago revuelto –se justifica Julio.
   -No te preocupes, que lo que estamos cocinando te lo sentará -asegura Roser-. Dolors, tú que eres la mestra de la cuina cuéntale al extremeño lo que vamos a comer pa que vaya chupándose los dedos.
   Dolors explica que el menú navideño constará de unos entrantes en los que serán fundamentales los embutidos que mandó doña Pilar. Después, una sopa rellena, seguida de un fiambre de gallina con tiras de huevo, y luego unos escaldums de pavo y lechona. Y como postres: turrones, almendras, higos secos y barquillos. Y remata su explicación contando que la sopa lleva una pasta llamada colzets, carne picada mitad ternera-mitad cerdo, un par de huevos y para salpimentarla hierbas aromáticas y un poquito de nuez moscada. Julio, que por primera vez ha oído hablar de esa nuez, se interesa por la especia.
   -Oye, Dolors, y la nuez moscada, ¿qué clase de nuez es?
   -Es la semilla de un árbol que se cría en países de mucho calor. Se utiliza para aliñar sopas, salsas, croquetas y plats al forn. Aquí la trajeron unos holandeses y mi señora la usa a veces pues da muy buen sabor. Ya verás lo que estamos preparando, seguro que te gustará. ¿A qué nunca has comido platos así? –pregunta Dolors, muy ufana por sus habilidades gastronómicas. El mañego reconoce que en verdad nunca probó ninguno de los platos que las jóvenes están preparando y admite que, por lo que está viendo, la cocina mallorquina es mucho más sofisticada que la extremeña y utiliza unos ingredientes y condimentos de los que jamás había oído hablar.
   Los sabrosos y contundentes platos, acompañados de un tinto de Binissalem que entra sin sentirlo y la malvasía de Mallorca que han catado en los postres terminan por dejarlos medio piripis, tanto que acaban bailando al son de las coplas que, a voz en grito, entonan ambas muchachas. Julio, al sentir el calor del sinuoso cuerpo de Dolors, se arrima a ella más de lo que los buenos modales aconsejan y, ante su asombro, la inquera no lo rechaza. En algún momento del baile le asalta la idea de ir más lejos, pero a pesar de que su lucidez es más que dudosa por efecto del alcohol no lleva adelante su propósito. En ningún momento de la velada, Dolors se ha insinuado o ha coqueteado con él más allá de las expresiones cariñosas y de los roces ocasionales originados por el vino y la propia fiesta que termina con ambas jóvenes cantando a dúo, y no lo hacen nada mal, un villancico en su lengua natal: Allà dalt de la muntanya, un àngel als pastors diu: Hola, hola, eixiu, eixiu! Lantararà, rarararará! Hola, hola, eixiu eixiu, què Jesús és nat i és viu!, y del que Julio solo es capaz de traducir allá arriba en la montaña.
   Ha pasado la Navidad y Consuelo Manzano encara el nuevo año de 1890 con la esperanza de que sea mejor que el anterior. El placentino Luis sigue terne en su proyecto de convencerla de que es el mejor partido posible, por supuesto infinitamente mejor que el mañego. La chinata comienza a tener dudas sobre si enamorarse de Julio fue un arranque salido del hondón donde anidan los sentimientos más profundos o, en buena parte, se debió a darle en la cresta a su madre por pretender manipularla con la serie de pretendientes que le ha ido buscando.
   En Palma, Julio Carreño bastante tiene con combatir la soledad en días tan señalados. La comilona y posterior fiesta del día de San Esteban fue fantástica y reconoce que se lo pasó muy bien. Quizá el vino y los licores, que tan generosamente libaron, fueron la causa de que todos estuvieran especialmente alegres y simpáticos. La palma se la llevó Dolors que, pese a su fama de arisca, no pudo estar más cariñosa. Al mañego, volver a tener una real hembra entre sus brazos le hizo despertar su hombría y en algún momento de la velada estuvo tentado de insinuarse a la joven mallorquina a ver hasta donde le dejaba llegar. No pasó del pensamiento a la acción, pero… se quedó con las ganas de decir algo más que Bon Nadal. Quizá lo intente sí se repite la velada.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro I de Los Carreño, publicaré el episodio
33. Un singular artilugio