viernes, 27 de septiembre de 2019

123. Los árboles no dejan ver el bosque


   Grandal prosigue contando a sus amigos su hipótesis de cómo pudo ser la vida que llevó en Torrenostra Curro, y lo que debió ocurrir el día de su fallecimiento.
-Y el hecho de que Curro no denunciara la agresión del Chato ¿por qué te hizo sospechar de él? –quiere saber Ramo.
-Hombre, Pedro, es de cajón. Si a un tipo le dan una paliza y no lo denuncia es o por miedo a que si lo hace el escarmiento que sufra sea mucho mayor, o porque no quiere saber nada de la policía porque tiene motivos para ello. Retomo el hilo sobre lo que veía contando. Cuando Salazar y Pacheco vuelven de la revisión médica en Castellón recogen en el camino a Francisco José y en el hostal les están esperando casi todos los emisarios pues se han enterado del viaje a la capital al llamar preguntando por el exsindicalista. Allí están Espinosa, Sierra y Rocío. Después de que el doliente Curro suba a su habitación para descansar como le han recomendado los galenos, los allí congregados se reúnen por primera y única vez que sepamos. A petición de Pacheco se presentan, aunque en realidad todos se conocían aunque fuera de oídas con la salvedad de Espinosa. Naturalmente, en ese cónclave no estuvieron ni el Chato ni Pakelia, los dos emisarios que no querían hablar con Curro sino que tenían intenciones algo más físicas. Pacheco contó a los demás que el traumatólogo había dicho que Curro necesitaría un mes y medio de reposo para curarse del todo, pero que en unos días estaría en condiciones de atender visitas. Aquí es cuando comienza otro capítulo de la breve historia de Curro en Torrenostra, la de su convalecencia.
-Creo recordar que a partir de ese día ya no volvió a jugar con nosotros –recuerda Ponte.
-En efecto, parece que se tomó lo del reposo muy en serio y pasaba más tiempo en su habitación que fuera de ella –confirma Grandal-. Por lo que me ha contado Anca, algo que parece que no hizo ante la Juez Instructora, al principio Rocío quiso quedarse a cuidar a Curro aduciendo que era su novia y por consiguiente la más indicada para hacerlo. Curro se negó y explicó a la joven rumana que es verdad que fueron novios en Sevilla, pero que dejaron de serlo hace tiempo. Ante la insistencia de la andaluza de quedarse a cuidar al enfermo, la camarera se lo cuenta a la patrona del hostal que tiene un enfrentamiento con Rocío y se niega a alquilarle una habitación como pretendía ésta y, es más, le prohíbe que suba a la habitación de Curro sin su previa autorización. La consecuencia fue que Rocío no volvió a ver a su exnovio hasta la fatídica tarde del día de la Asunción.
-Lo que en principio aleja de ella las sospechas sobre que tuviera algo que ver con el fallecimiento de Salazar, ¿no es así? –deduce Ponte.
-No hay una relación clara de causa-efecto entre que no le viera en las fechas previas al 15 y la muerte de Curro, pero admito que le ayuda a no estar entre los sospechosos –acepta Grandal-. Continúo. Por las declaraciones de Pacheco y Sierra sabemos que, en una reunión mano a mano, ambos se sinceran contándose que están en la Costa de Azahar por la misma causa: aconsejar a Curro que se entregue a la justicia y que le ayudarán para que su pena sea lo más reducida posible, siempre que no involucre en sus declaraciones a los amigos de ambos, cuyos nombres siguen sin revelar. Puestos en el camino de no ocultarse nada, Pacheco cuenta a Sierra la verdad sobre quien ha sido el agresor de Salazar, el Chato de Trebujena, algo que al sevillano no le sorprende pues sabe que el exboxeador, desde que se retiró del ring, se gana la vida con trabajitos como el que le hizo a Curro. Y hasta sospecha quién ha podido ser el individuo que le ha encargado el trabajo.
-Si es que en las ciudades pequeñas todo el mundo se conoce y todo acaba sabiéndose –arguye Álvarez.
-Pues si te refieres a Sevilla como ciudad pequeña yerras a fondo. Si no recuerdo mal, la capital andaluza tiene cerca de setecientos mil habitantes, siendo por población la cuarta de España​ después de Madrid, Barcelona y Valencia –replica Ballarín.
-Pues será como dices, pero por lo que sea en esas ciudades de provincias, de un modo u otro, todos terminan conociéndose –insiste Álvarez enemigo de dar su brazo a torcer.
-Bueno, no os peleéis por eso –Grandal intenta poner paz entre sus amigos-. Dejadme proseguir. Asimismo, en esa reunión de la que hablaba antes, Pacheco y Sierra comentan que no se fían ni un pelo de Carlos Espinosa, más aún después de que el propio Curro le contara a Pacheco que el zamorano le ofreció que huyera al extranjero y que la gente a la que representaba financiaría el viaje y la estancia en el país que eligiera. Lo que les lleva a deducir que los patrocinadores de Espinosa tenían que ser personas acaudaladas. Posiblemente,
empresarios y gente de negocios que todavía no habían aparecido en la instrucción del caso y que no parecían dispuestos a hacerlo.
-¿Os acordáis cuándo fuimos a visitar a Salazar mientras estuvo convaleciente?, ¿qué día fue? –pregunta Álvarez cortando el hilo de la exposición de Grandal.
-Creo que el once, fuimos después de echarnos la partida –responde Ponte-, ¿por qué lo preguntas?
-Porque fue la penúltima vez que le vimos vivo. ¡Quien nos lo iba a decir entonces!
-Lo recuerdo y la verdad es que estaba desmejorado y abatido, no era en absoluto el hombre vital, desenvuelto y dicharachero que conocimos –rememora Ponte.
-Y de esa visita lo que yo más recuerdo es que volví a insistirle en que debería denunciar la agresión sufrida, hasta me ofrecí a acompañarle al cuartelillo de la Guardia Civil para cuando estuviera en condiciones de ir –rememora Grandal.
-Sí y yo me acuerdo que te contestó que no valía la pena, que seguramente no iban a coger a quien le pegó y que además no le habían robado nada –recuerda a su vez Ponte que añade-. Y cuando comentamos su renuencia a denunciar yo opiné que quizá temía que si denunciaba la agresión podían volverle a zurrar la badana.
-Bueno, no nos desviemos del asunto principal, sigue con tu relato sobre los últimos días del difunto, Jacinto –Ballarín vuelve a poner orden en la conversación de la pandilla.
-Bien. Sierra también declaró, en su segunda comparecencia ante la jueza del Valle, que fue el hijo de Curro quien le contó la pretensión de Espinosa de que su padre huyera al extranjero y que el grupo que representaba le pagaría todos sus gastos. Algo que su prematura muerte le impidió llevar a cabo aunque si llegó a planteárselo como una opción a tener en cuenta. Asimismo, Sierra contó que convenció al chaval de que la mejor propuesta para su padre era la suya y de rebote también para él pues iban a buscarle un trabajo fácil y bien remunerado.
-¿Y se sabe qué contestó el hijo? –quiere saber Álvarez.
-Al parecer, el chaval le contestó que estaba de acuerdo y que trataría de convencer a su padre, su papa como le solía llamar –responde Grandal-. Ah, el chico también ha contado que Espinosa, antes de dejarle la Harley, le prestó una Suzuki 650 SX. No recuerda la fecha, pero debió ser el 11 o el 12.
-¿Eso tiene alguna importancia para el caso?, me refiero a lo de la Suzuki –inquiere Ponte un tanto desconcertado ante el aluvión de datos que está aportando Grandal y que le parece que no vienen al caso.
-En realidad no, solo es para constatar que los emisarios intentaron por los más variados medios conseguir que Curro aceptara sus propuestas. Y lo de las motos de Espinosa o la propuesta de Sierra de buscarle un trabajo al chico lo prueban –explica Grandal-. Por cierto, se me olvidó contaros que Rocío me refirió algo que no se había atrevido a declarar ante la jueza del Valle…
   El relato del expolicía es interrumpido por Álvarez.
-Eso que tantas veces hemos oído en las series americanas, cuando se le toma juramento a un testigo y se le pregunta: ¿jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?, en este puñetero país se lo pasan por el arco del triunfo. Y prueba de eso es que los pichones le han contado una cosa a la juez y otra diferente a ti. Se ve que lo del perjurio no asusta a nadie.
-El perjurio no existe como término jurídico en España, nuestro Código Penal lo llama falso testimonio, pero en definitiva es lo mismo: la acción de jurar en falso. Y es cierto lo que dices, Luis, son muchos los testigos que no declaran la verdad o que la declaran a medias como en este caso han hecho casi todos los testigos, al menos en su primera declaración, y ello a pesar de que establece el Código que los perjuros pueden ser castigados con penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses –reconoce Grandal.
-No volvamos a irnos por las ramas, ¿qué te confesó la Rocío si puede saberse? –Ballarín vuelve a reconducir la conversación.
-Pues que tres días antes de fallecer Curro, vio al Chato en Alcossebre, donde ambos estaban alojados, y se dio a conocer porque ella si le conocía pero él no. Resulta que ambos son de la misma localidad, Trebujena, un pueblo de la provincia de Cádiz. El Chato le preguntó cómo estaba de salud Curro, lo que la indujo a pensar que su paisano sabía dónde estaba su novio y que a lo peor era quien le había propinado la paliza, pero que como no estaba segura de ello no se lo contó a nadie. Añadió que desde entonces tiene remordimientos por no haber hablado y ha pensado muchas veces que si lo habría hecho quizá los acontecimientos se hubiesen desarrollado de otra manera –explica Grandal.
-A burro muerto, la cebada al rabo o a buenas horas, mangas verdes –sentencia Ponte-. Es lo que le podrías haber dicho a Rocío –y agrega-. Te repito lo de antes, ¿eso tiene alguna importancia para el caso?
-En principio, es irrelevante. Si os lo cuento es para que veáis la de acciones, datos y sucesos que se descubren en la investigación de un hecho delictivo y que pueden llevarte a seguir falsas pistas y alejarte de las verdaderas al prestar atención a los detalles y no al conjunto de la situación.
-¿Algo así como que los árboles no dejan ver el bosque? –pregunta Ramo.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 124. En una hora no se ganó Zamora

lunes, 23 de septiembre de 2019

Post info 10. La España de Los Carreño


   La nueva novela que voy a publicar, cuando en un par de meses acabe Una playa demasiado tranquila, es la crónica de una saga familiar, Los Carreño, que discurre de 1889 a 1949, sesenta años de la historia de una España agitada por importantes acontecimientos que influirán, de uno u otro modo, en la vida de todos los miembros de la familia. En ese periodo hay hitos históricos cruciales que condicionan la vida de los españoles y por tanto de Los Carreño. Entre esos jalones que marcan la historia de España e influyen decisivamente en la vida de los españoles quizá los más significativos sean los siguientes.
   1898. La Guerra con Estados Unidos que significa la desaparición del en otros tiempos poderoso imperio español. La derrota y la pérdida de las últimas colonias, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, provocan una gran crisis nacional que marcará el desarrollo del país hasta bien entrado el siglo XX. Conocida como el Desastre del 98.
   1902. Mayoría de edad de Alfonso XIII, rey de España. Durante su reinado la nación experimentó cuatro importantes problemas que acabarían con la monarquía liberal: la falta de una verdadera representatividad política de amplios grupos sociales, la pésima situación de las clases populares, en especial la campesina, los problemas derivados de la Guerra de Marruecos y el nacionalismo catalán.
   1909. Comienzo de la Guerra de Marruecos, que tanta sangre costaría y que afectará gravemente al país. La guerra, en general mal vista, provocó importantes conflictos en la sociedad española del momento que se tradujeron en huelgas generales y en un hondo malestar social contra los gobiernos de la época.
   1914. Estalla la Primera Guerra Mundial, en la que España se mantuvo neutral durante todo el conflicto, pese a ello la contienda tuvo importantes consecuencias económicas, sociales y políticas para el país que repercutieron en muchos hogares españoles, entre ellos el de Los Carreño.
   1923. El general Primo de Rivera da un golpe de estado y se hace con el poder, precipitando el desgaste de la monarquía. Ha sido considerado como «el primer ensayo de institucionalización consciente del nacionalismo español autoritario» cuyo instrumento fue el ejército, fuertemente corporativo y militarista. Se conoció como la Dictablanda.
   1931. Elecciones municipales. Pese a que el número de concejales monárquicos fue mayoritario, las elecciones supusieron para la Corona una amplia derrota en las ciudades pues la corriente republicana triunfó en 41 de las 50 capitales de provincia. Se proclama la Segunda República, abdica el rey y se exilia. El país es una fiesta que, desgraciadamente, terminará a tiros cinco años más tarde.
   1936. El Frente Popular, coalición electoral creada por los principales partidos de izquierda, gana las elecciones y la sociedad española se parte en dos, lo que será una de las causas de la trágica Guerra Civil.
   1936. Se produce el levantamiento contra la República del general Francisco Franco y se inicia la Guerra Civil que durará casi tres años. Periodo que marcará indeleblemente a la segunda generación de Los Carreño. Tras el final de la contienda se instaura el régimen dictatorial del franquismo, etapa en la que termina la novela.
   1939. El último parte de guerra es el 1 de abril. Desaparece la República española y comienza el largo periodo de la dictadura franquista que durará hasta la muerte del dictador en 1975. España se queda sin partidos políticos, sin prensa libre y sin libertad de expresión y de opinión.
   1946. La ONU rechaza el ingreso de España. Los embajadores de los países democráticos, con algunas excepciones, se retiran de España. El país queda aislado y comienza una difícil etapa de autarquía, pobreza y dificultades de todo tipo.
   1949. La ruptura entre la URSS y el bloque occidental favorecen a Franco. EEUU se opone a que la ONU imponga nuevas sanciones a España, Francia reabre la frontera y se firma un acuerdo comercial con Gran Bretaña. Pese a ello la falta de libertad sigue imperando en el país.

viernes, 20 de septiembre de 2019

122. No venían por su cuenta, eran unos mandados


   La cuadrilla de jubilados apura las cañas pedidas por Álvarez y se disponen a seguir escuchando el relato que está haciéndoles Grandal sobre los últimos días de Curro Salazar.
-Como os iba diciendo…
-Perdona, Jacinto, antes de que prosigas, ¿puedo hacer una pregunta? –formula Ponte que, ante el gesto afirmativo de su amigo, prosigue-. Me ha llamado la atención que en varios momentos de tu explicación te has referido a los visitantes de Salazar como emisarios, ¿por qué les llamas así?
-Buena pregunta, Manolo. También se les podría calificar de mensajeros, legados, enviados, representantes, mandados, correos o embajadores. Y no se me ocurren más sinónimos. Les llamo así porque es lo que realmente son: no venían por su cuenta, eran unos mandados, unos enviados como representantes de los grupos que los patrocinaban. Traían propuestas a Curro no en nombre propio sino en nombre de otros. Y una vez más me ratifico en que los que enviaban a esos emisarios eran grupos y no individuos aislados, al menos en la mayoría de casos.
-Si no recuerdo mal, Pacheco y Sierra también están imputados en el caso ERE, ¿entonces esos dos venían como emisarios o por su cuenta? –repregunta Ponte.
-Creo que, aunque estén imputados en el también conocido como caso del fondo de reptiles, tanto Sierra como Pacheco vinieron igualmente como mensajeros. ¿Alguna pregunta más?, ¿no?, entonces prosigo con el relato de la aparición en tierras castellonenses del resto de emisarios. Jaime Sierra hace el viaje a la Costa de Azahar por carretera a bordo de su Opel Cabrio, el descapotable gracias al cual detectamos que había estado en Torrenostra el día de la Asunción. Se aloja en el Hotel Marina d´Or Playa, un cuatro estrellas sito en la misma urbanización en la que estoy veraneando. En cuanto al matrimonio Pacheco también hace el trayecto en coche, un Volvo V40 Cv Kinetic, y se hospeda en el Tufi Dive Resort, un hotel de cuatro estrellas en Orpesa del Mar. Por los hoteles que eligieron ambos se desprende que sus patrocinadores cuentan con más recursos que el hijo y la exnovia de Salazar, pero menos que Espinosa. Digo esto porque de esos pequeños datos podemos deducir que clase de autores intelectuales estaban detrás de cada uno de los emisarios.
-¿Y has llegado a alguna conclusión?, me refiero a lo de los autores intelectuales –pregunta Álvarez.
-A alguna he llegado, pero os las voy contando a lo largo de mi explicación. Ahora prosigo con los emisarios, aunque en el caso del Chato más que de emisario podría hablarse de matón. El exboxeador, según sus propias declaraciones ante la jueza del Valle, hizo el viaje en tren hasta Madrid y allí contrató un coche de alquiler para llegar hasta aquí. Se hospedó en los apartamentos Jeremías de Alcossebre. Otra vez el modo de viajar y el alojamiento nos llevan a otra conclusión: el grupo que patrocinó al Chato tenía unos fondos limitados o eran unos rácanos de cuidado.
-Una curiosidad, Jacinto –le interpela Ramo-, si el Chato tenía coche ¿por qué el día de la Asunción vino a Torrenostra y se fue en taxi?
-¡Buena pregunta, Pedro! No se me había ocurrido pensar en ello, pero tienes razón. Y no tengo la respuesta…, quizá prefirió que nadie se quedase con la matrícula del coche o qué sé yo. Y resta el último emisario, Grigol Pakelia que, como el Chato, más que un emisario es un matón. Por la sanción que le puso la Guardia Civil de tráfico a la altura de Valencia sabemos que viajaba a bordo de un Audi A7 Sportback. Lo que no sabemos es dónde se alojó al llegar a la provincia, y posiblemente no lo sabremos hasta que la policía lo localice y lo detenga, algo que como sea cierto que ha huido de España va a resultar muy complicado.  
-Y todos esos emisarios, por usar tu terminología, ¿cuándo comienzan a entrevistarse con Salazar? –pregunta Ballarín.
-La primera visita que recibe el exsindicalista, y de la que tenemos constancia, es el siete de agosto. Come en el restorán Can Roig de Alcossebre con Carlos Espinosa que, según ha declarado en su segunda cita en el juzgado, le propone que se marche al extranjero, a un país que no tenga tratado de extradición con el nuestro. Espinosa, que dice hablar en nombre de unos amigos cuyos nombres se ha negado a revelar, también ha contado el resto de detalles de su propuesta. Lo que tampoco ha declarado es como se enteraron de dónde se escondía Salazar.
-Y esos amigos cuyos nombres se ha negado a revelar deben ser parte de los que denominas los autores intelectuales –apunta Ballarín.
-En efecto. Sigo. El día ocho por la noche, Curro recibe la visita de Jaime Sierra. Cenan en el restorán Pica Pica de Torrenostra y el sevillano, de acuerdo con lo que declara en su segunda comparecencia ante la jueza del Valle, le propone su posible entrega a la justicia previa negociación con la fiscalía, también le asegura que le buscarán un buen bufete para que lo defienda y que ayudarán económicamente a su familia. Un dato importante que aportó en esa segunda declaración es que se enteraron de dónde estaba Curro por medio de un funcionario de la Junta de Andalucía que casualmente le vio en un restorán de Alcossebre. Sierra lo ha contado todo menos en nombre de quien hacía la propuesta a Salazar.
-Otra vez quedan ocultos los autores intelectuales –apunta Álvarez.
-Así es. El nueve de agosto llega a Torreblanca el hijo de Curro, como consta en el registro del hotel Miramar de Torreblanca donde se alojó. El chico ha mantenido en todo momento que su madre le envió a pedirle pasta a su padre pues andaban muy mal de dineros. El mismo día visita a Curro su exnovia Rocío Molina que ha declarado que vino a buscar a Curro para lo mismo que el hijo, a pedirle dinero. Ah, un dato interesante, estos dos sí han declarado de cómo se enteraron dónde estaba Curro. El hijo por medio de un viejo amigo de su padre. La mujer a través de un antiguo sindicalista que fue mentor de Salazar en el mundo sindical. Y ahora dejadme que descanse un poquito que me he quedado otra vez sin saliva.
-El parón me recuerda los intermedios de los cines de mi niñez –rememora Ponte-. ¿No os acordáis que a mitad de la película los cines hacían un descanso o intermedio?, momento que aprovechaba el público para ir al baño, el meadero le llamábamos, a comprar golosinas o chucherías en el puesto que había junto a la entrada o en el interior del local.
-Eso sería en tu pueblo, pero en Madrid no recuerdo que hicieran intermedios en los cines, si en los teatros, pero los llamaban entreactos –puntualiza Álvarez.
-Cuando vivía aquí, era yo un niño, había dos cines y sí hacían descansos a mitad de la película y también los aprovechábamos para comprar chucherías, generalmente cacahuetes y altramuces –recuerda Ramo.
-Ya os habéis puesto en plan de abuelo Cebolleta –se burla Ballarín-. Jacinto, ¿ya has descansado?
-Amadeo eres un polvorilla, siempre tienes prisa. ¿Dónde me quedé? –pregunta Grandal.
-En el día que aparecen en Torrenostra el hijo y la exnovia de Curro –puntualiza Ballarín.
-Ah, sí. Pues ese mismo día, el nueve de agosto, aparece el Chato de Trebujena que se lleva a Curro a una solitaria calle que hay detrás del hostal y le casca una paliza de órdago con el resultado de dos costillas fracturadas y un montón de contusiones. La agresión no fue a más gracias a la providencial aparición de Alfonso Pacheco que había ido a ver a Curro. El Chato ha declarado que nunca tuvo intención de pegarle tan fuerte como para romperle las costillas, pero que se le fue la mano. Su verdadera intención era la de asustarlo para que no dijera ni una palabra de lo que sabía del caso ERE. Naturalmente, era una paliza de encargo, pero se negó a revelar el nombre de la persona o personas que se la encomendaron. En cuanto a Pacheco su presencia tenía la misma finalidad que la de Sierra: convencer a Curro de que se entregara a la justicia y de que no se fuera de la lengua si le trincaba la policía.
-El pobre Curro estaba más solicitado que el besugo en Navidad –comenta Álvarez.
-Bien. Al día siguiente de la agresión, Alfonso Pacheco recoge a Curro por la mañana para acompañarle a un hospital a que le hagan una exploración como le recomendaron en el consultorio médico de la playa. Pacheco pretende llevarle al Centro de la Seguridad Social de Torreblanca, que es el servicio sanitario más cercano, pero no lo hace a petición de Curro que prefiere que le vean en una clínica privada. Atendiendo esa petición, Pacheco le lleva a Castellón a un policlínico donde le someten a diversas pruebas diagnósticas: análisis de sangre y orina, una ecografía, un TAC y una radiografía de tórax. El primer diagnóstico, a falta de confirmación por otras pruebas, es que tiene fracturadas dos costillas, además de magulladuras, pequeños cortes y el labio partido. Aquí es donde arranca el vía crucis de la salud del exsindicalista que cinco días después terminará con su óbito.
-Ahora, sí que estoy hecho un lío. ¿Eso quiere decir que la paliza que le dio el Chato fue el origen de su muerte? –inquiere Ponte.
-De manera directa, no, aunque sí indirectamente. Esas dos costillas facturadas fueron las que, tras el empujón que le propinó Pacheco la tarde de autos, le provocaron el neumotórax que sería el origen mediato de su fallecimiento. En todo caso, no se le puede imputar al Chato la muerte violenta de Salazar. Ah, un dato que se me olvidaba: a pesar de que se lo recomendó la dueña del hostal, Curro no denunció la agresión a la Guardia Civil. Algo en lo que yo, pues era cuando jugaba alguna partida con nosotros, también le recomendé. Entonces no lo entendí pues no sabía que era un prófugo.
-Lo recuerdo –rememora Álvarez-, como también que eso reforzaba tu sospecha de que Salazar no era trigo limpio.
-A toro pasado la lidia es fácil, pero… -Grandal no sigue, piensa que desde que se jubiló su instinto policial se ha enmohecido, quizá tendría que haber investigado a Curro y no habría ocurrido lo que pasó, pero…

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 123. Los árboles no dejan ver el bosque