viernes, 6 de septiembre de 2019

120. Las raíces del caso Pradera


   Jacinto Grandal suele acceder a Torreblanca por la entrada sur de la N-340 que empalma con la calle San Antonio o el Raval. Para ir a la playa recorre la calle hasta el cruce con Colón a cuyo final enlaza con Galicia que lleva a la Avenida del Mar que, a su vez, desemboca en la carretera a Torrenostra. Durante las fiestas, al estar cortadas muchas calles, ha de coger la calle Labrador hasta la calle Estación, desde la que llega a la carretera de la playa. Esta mañana se ha sorprendido al ver que en la calle San Antonio cada dos o tres metros hay un montoncito de arena, un haz de leña y unos melones. ¿Qué demonios es esto?, se pregunta. En todas las demás calles no ve los preparativos del Raval. Está citado con sus amigos en la terraza del bar el Muret, pues les prometió el día anterior que les contaría su teoría sobre lo que pasó en la habitación de Curro Salazar la tarde de la Asunción. Cuando llega, la cuadrilla está al completo.
-Buenos días, colegas, ¿qué estáis tomando, birras?
-Y algo más, Pedro nos ha sorprendido trayendo una botella de clarete del Burgo de Osma que entra sin pedir permiso –cuenta Álvarez.
-¿El Burgo de Osma?, eso está en Soria. No sabía que era tierra de buenos vinos.
-Es la parte más oriental y quizá la menos conocida de la Ribera del Duero, pero produce buenos caldos. Pruébalo y verás –le ofrece Ramo llenándole un vaso.
-¿Vienes preparado para contarnos tu teoría sobre lo que ocurrió en la habitación de Salazar? –inquiere Ballarín.
-Por supuesto. Anoche estuve hasta las tantas ordenando lo que hemos descubierto –Grandal utiliza el plural en deferencia a los amigos que han arrimado el hombro en las investigaciones sobre el misterio de la muerte del exsindicalista-, depurando lo que no sabemos y sistematizando la estructura de mi teoría sobre cómo fue el final del pobre Salazar.
-Pues te escuchamos, figura. Puedes hacer el paseíllo cuando gustes y no tengas miedo de arrimarte que estamos demasiado cascados para empitonar a nadie –dice Álvarez echando mano de su jerga taurina.
-Así lo haré, matador, pero antes una pregunta para Pedro que al ser oriundo del pueblo es el más indicado para contestarla –y Grandal cuenta lo de los montones de arena y los haces de leña que ha visto esparcidos a lo largo de la calle San Antonio y como en el resto de viales del pueblo no los había-. ¿Para qué es eso?
-Es por la fiesta de las paellas –y Ramo les explica que a lo largo del Raval, como se la conoce en el pueblo, y sus alrededores multitud de collas de amigos y familias cocinarán hoy una paella en la calle y luego se la comerán allí mismo. El Ayuntamiento, previa inscripción, les provee de arena sobre la que hacer el fuego, de leña, de melones y de cerveza. La fiesta finaliza con una gran batalla de agua y está amenizada por charangas. Pese a que lo de las paellas es un festejo relativamente reciente, comenzó hará treinta y tantos años, se ha convertido en el evento en que más gente participa. Hay años que se reúnen más de mil personas. Se puede decir que uno de cada cinco torreblanquins participa en la fiesta. Es digno de ver tantas paellas preparándose al mismo tiempo, y acaba proponiendo…
-Si os apetece luego podemos subir un momento y nos damos un garbeo por el Raval para que veáis la fiesta en su propia salsa.
-Más que en su salsa será en su paellera –dice Álvarez haciendo la gracieta de turno.
-Bueno, dejaros de historias de paellas y vamos al grano. Jacinto, tu teoría sobre la muerte de Salazar, please –reclama Ballarín.
-Pues vamos allá. Primero, unas precisiones sobre el caso Pradera que arranca con la muerte violenta o no natural de Salazar. Hay dos subclases de muerte violenta: la de aquella que se debe a un mecanismo suicida, homicida o accidental; es decir, exógena al sujeto. La otra subclase es la muerte sospechosa de criminalidad, aquella que pudiendo ser natural se presenta bajo la sospecha y la duda y que son aquellos casos en los que, por acontecer la rápida muerte de una persona aparentemente sana o porque las circunstancias de lugar y tiempo impiden un diagnóstico preciso, la hacen sospechosa de criminalidad siendo en este caso preceptivo la práctica de la autopsia. El deceso de Salazar lo podríamos incluir en este último supuesto, muerte sospechosa de criminalidad, lo que en principio requiere la existencia de uno o varios agentes externos -Grandal hace un parón para tomarse el culito del clarete del Burgo de Osma que todavía queda en el vaso.
   Nadie dice nada ni hay ninguna clase de pregunta, por lo que el excomisario continúa con su explicación.
-Decía antes que el caso Pradera arranca con la muerte no natural de Salazar, pero sus raíces o antecedentes hay que buscarlos en otro caso, el llamado caso ERE del que habréis visto infinidad de informaciones en los medios, pues dado que en él están metidos buena parte de los políticos andaluces, aparece continuamente en los telediarios y en las portadas de la prensa. Hagamos una sinopsis sobre el mismo… -y Grandal hace un resumen del caso ERE, también llamado EREgate o caso del fondo de reptiles. Se trata de una red de corrupción política vinculada a la Junta de Andalucía que gobierna el PSOE desde 1980, hace la friolera de 36 años. El origen del caso ERE estuvo en la investigación de presunta corrupción en la empresa municipal Mercasevilla. Una compañía privada iba a abrir una escuela de hostelería en terrenos de dicha empresa por lo que recibió una subvención de 900.000 euros de la Junta de Andalucía. El empresario se sorprendió cuando dos personas le exigieron la mitad de la subvención a cambio de garantizarle posteriormente otra subvención para dar cursos de formación. Dos exdirectores de Mercasevilla y el exdelegado provincial de empleo de la Junta fueron condenados por este caso. A partir de la investigación en dicha empresa municipal salieron a la luz presuntas irregularidades que se ampliaron a otros campos como el de los falsos prejubilados y las ayudas fraudulentas a empresas. En el 2001, la Junta de Andalucía, que entonces presidía Manuel Chaves, inició un procedimiento para respaldar económicamente a empresas con problemas de continuidad que se veían obligadas a presentar expedientes de regulación de empleo. Los ERE eran para realizar prejubilaciones o despidos… La correspondiente investigación desarrollada por la jueza Mercedes Alaya, del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, con la colaboración de la Guardia Civil, sostiene que existieron graves deficiencias en la gestión de las ayudas a los ERE puesto que se concedieron prejubilaciones presuntamente fraudulentas, pagadas a personas que nunca habían trabajado en las empresas afectadas. Asimismo, se dieron subvenciones a empresas que no estaban presentando un ERE e incluso a personas que no llegaron a crear ninguna empresa. También se pagaron comisiones, muy por encima del valor de mercado, a intermediarios entre la Junta y los trabajadores, que fueron a parar a aseguradoras, consultoras, bufetes de abogados y sindicalistas relacionados con la Junta, entre ellos Salazar…, y termina la explicación añadiendo…
-Todo ello, en caso de probarse, supone un fraude de cientos de millones, aunque las cifras varían en función de la fuente. Asimismo, la juez Alaya no descarta el pago de sobornos a cargos políticos de la Junta por parte de los comisionistas.  
-Sé lo que es la prejubilación, pero no lo de los falsos prejubilados, ¿de qué se trata exactamente? –pregunta Ballarín.
-Como sabes, la prejubilación es una fórmula de finalización de contratos laborales, utilizada por acuerdo entre las empresas, los trabajadores y, en su caso, la Administración si participa en la financiación de estas. Es una fórmula legal ampliamente extendida, pero su uso en este caso está cuestionado por la policía judicial que lo investiga. Se produce el fraude al incluir, como prejubilados en los ERE de las empresas beneficiadas del fondo, a personas que no han tenido relación laboral con esas empresas o al sostener que lo habían hecho por unos periodos de tiempo mayores que los reales. De las primeras 183 irregularidades investigadas, 141 corresponden a trabajadores que cobraban una prejubilación mayor de la que les correspondería, y 126 eran individuos infiltrados que jamás trabajaron en esas empresas. En cuanto a las ayudas fraudulentas a empresas, teóricamente en crisis, se realizaban de forma totalmente discrecional, sin ningún tipo de trámite ni control gubernamental o parlamentario. Las manejaba a su arbitrio, según la investigación de la juez Alaya, el Director General de Empleo de la Junta, un tal Francisco Javier Guerrero actualmente en prisión provisional.
-Como diría un andaluz, ¡ojú, vaya tela! –exclama Álvarez.
-Desde luego. Y para terminar, decir que la causa troncal del caso ERE acumula cerca de 300 investigados, de los cuales 22 son exaltos cargos de la Junta de Andalucía implicados en la llamada pieza política.
-¿Y cuánta pasta se llevaron esos sinvergüenzas a la bolchaca? –quiere saber Ramo.
-En ese capítulo parece que nadie se pone de acuerdo, desde los que hablan de poco más de cien millones hasta los que lo elevan a varios miles. La única cifra que he visto recogida en la prensa es la de la partida presupuestaria de los ERE, denominada fondo de reptiles, y que estuvo dotada con algo más de ochocientos cincuenta millones de euros durante más de diez años. Pues bien, esas son las raíces del caso Pradera, y en ese entramado Salazar se movía cómo pez en el agua haciendo de comisionista, de conseguidor y de hombre para todo. Cuando se descubrió el pastel fue uno de los primeros en dar con sus huesos en la cárcel, pero salió al cumplirse el plazo de la prisión provisional y huyó. Naturalmente, había un montón de gente preocupada por lo que pudiera contar si hacía un pacto con la fiscalía y empezaba a cantar.                                                            
-Lo has dejado muy claro, el caso ERE es el antecedente del caso Pradera –resume Ramo.
-Sus raíces, más bien –sentencia Ballarín.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré, en el capítulo 29, el episodio 120. De Alvito a Torrenostra

viernes, 30 de agosto de 2019

119. Por un clavo se perdió una herradura


   Ante la pregunta de Ballarín de porque no cuenta su hipótesis sobre lo que pudo hacer el guiri, Grandal da una respuesta evasiva.
 -Después de las últimas informaciones que hemos conseguido creo que el guiri ha dejado de ser importante en este caso.
-Es igual, hombre, pero me gustaría escuchar lo que sabes o lo que conjeturas sobre lo que   pudo hacer el extranjero –insiste Ballarín.
-No te hagas el estrecho y larga lo que sabes o lo que supones, figura –secunda Álvarez.
-Bueno, como queráis, pero que conste que la hipótesis que manejo sobre el guiri es más una especulación que un supuesto fundado en certezas.
   Nadie responde a la última excusa por lo que Grandal se decide a exponer su hipótesis sobre cómo fue la intervención del georgiano.
-Primero, lo que sabemos ciertamente de Grigol Pakelia. Que es georgiano y que trabaja para una mafia rusa. Y uno ambos datos porque no creo que un georgiano, dada la mala fama que tiene esa etnia en Rusia, pudiera ocupar un puesto de relieve en un clan ruso, por lo que cabe suponer que Grigol sería un simple soldado en el argot mafioso. El clan citado, radicado en la Costa del Sol, se dedica a actividades delictivas, entre otras al tráfico de drogas, la trata de blancas, el blanqueo de dinero y el ajuste de cuentas, hecho este último que hay que destacar porque podría ser el que conecte a Pakelia con Salazar. Asimismo, sabemos que el georgiano fue sancionado por la Guardia Civil de Tráfico el día seis de este mes a la altura de Valencia cuando circulaba en dirección norte, presumiblemente hacia la provincia de Castellón. Por último, sabemos que los pichones lo encontraron en la habitación de Salazar intentando ponerle bien una almohada…, ah y que habla correctamente español.
-¿Y qué es lo que no sabemos? –inquiere Álvarez sin esperar a que Grandal termine.
-¿Que no sabemos? Muchas cuestiones, entre otras: en el supuesto de que Pakelia se dirigía a Castellón, ¿dónde estuvo metido desde la fecha en que fue sancionado por la Guardia Civil hasta el 15 de agosto? ¿Qué estuviera aquí el día de La Asunción fue una casualidad o era parte de un plan? ¿Qué hacía o pretendía hacer en la habitación de Salazar? ¿Quién o quiénes le encargaron que encontrara a Salazar y para qué? ¿Por qué simuló hablar mal nuestra lengua cuando hemos constatado que se expresa en un español más que aceptable? Podría sumar más interrogantes, pero los mencionados creo que forman suficiente muestra de lo mucho que no sabemos de Pakelia.
-Bien, ahora solo falta que nos cuentes tus conjeturas sobre el guiri –reclama Ballarín.  
-Lo has dicho bien, Amadeo, a partir de ahora lo que os cuente no son más que conjeturas, eso sí, basadas en lo que sabemos –Grandal se toma un respiro y se concentra en encontrar el mejor hilo para ensartar sus supuestos y luego sigue-. Los georgianos tienen fama de belicosos y de implacables, rasgos que si se unen a unos nervios templados forman la base indispensable para ser un sicario eficiente. Alguien así es un tipo idóneo para, en el supuesto de tener un enemigo a quien callar, encargarle que le diera una paliza que no olvidara o si fuera necesario que lo callara para siempre. ¿Por eso lo eligió el clan ruso? No lo sabemos, y quizá no lo sepamos nunca, pero lo que he dicho es una opción que tiene bastante lógica dados los rasgos que atesora Pakelia. ¿No lo creéis?
   Nadie contesta hasta que Ramo levanta tímidamente la mano.
-A mí sí me parece lógico. Pakelia podría perfectamente desempeñar el papel de alguien que le tapara la boca a Salazar… Lo que resulta un contrasentido es que no lo hizo.
-En efecto, no lo hizo, pero no adelantemos acontecimientos. Como expliqué, la mafia para la que, al parecer, trabajaba el georgiano tenía entre su cartera de negocios el ajuste de cuentas. Como igualmente dije, esa actividad podría ser la conexión entre Pakelia y Salazar. El caucásico podría haber sido enviado a la Costa de Azahar para ajustarle las cuentas al zahareño.
-¿Y si le enviaron solo para intimidarle? –plantea Álvarez.
-Un hombre con el perfil de Pakelia no es el indicado para parlamentar, sí lo es para la acción –rechaza Grandal-. Bien, prosigo. Como dije antes, el seis de agosto, Pakelia es multado en las cercanías de Valencia cuando iba en dirección norte. ¿Cuál era su destino?, no lo sabemos, pero cabe pensar que su destino era esta provincia y supongo que no venía precisamente a veranear.
-Bien supuesto, venir a veranear a la Costa de Azahar viviendo en la Costa del Sol no tiene ninguna lógica –aprueba Ponte.
-Bien pensado, Manolo. Eso contesta al primer interrogante sobre lo que no sabemos de Pakelia. Si venía a Castellón no creo que fuera para veranear, entonces ¿para qué? Otra cosa que no sabemos con certeza es dónde estuvo metido desde el 6 en que fue sancionado hasta el 15 de agosto. No se ha encontrado ninguna pista de dónde pudo estar alojado esos nueve días, posiblemente en un apartamento turístico ilegal, en un establecimiento que no lleve un registro de huéspedes o en la casa de algún miembro o amigo del clan ruso. En cualquier caso, apostaría doble contra sencillo que estuvo residiendo en un radio de acción de menos de treinta kilómetros tomando como epicentro Torrenostra.
-Esas conclusiones también son lógicas, Sherlock Holmes –afirma Álvarez tan socarrón como acostumbra.
   Grandal echa una mirada torcida a Álvarez, pero no entra al trapo de su provocación. En su lugar prosigue con su hipótesis sobre el georgiano.
-Otra de las cosas que no sabemos es si el hecho de estar aquí el día de La Asunción fue una casualidad o algo premeditado. No creo en las casualidades, aunque admito que en lo de la fecha tengo muchas dudas. Quizá vino a tiro hecho, quizá estaba aquí ese día por azar. Evidentemente, sabía que aquí estaba Salazar, pero lo que posiblemente no sabía es que el gaditano se había puesto tan enfermo. En cualquier caso, el hecho de la fecha creo que es irrelevante, aunque no he dejado de preguntarme porque tantos y tan distintos personajes coincidieron en visitar al exsindicalista el mismo día. Es algo para lo que no he encontrado respuesta.
-Algún cabo siempre queda suelto –le consuela Ponte.
-Sí, pero un cabo suelto puede provocar que se suelte una vela y… ¿Cómo es aquella canción popular inglesa?… -Grandal intenta recordar hasta que hace memoria y recita-. Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió una batalla, por una batalla se perdió el reino. Algo parecido podría pasar aquí.
-Bonita canción, no la conocía –comenta Ramo.
-Y ahora llegamos a uno de los interrogantes claves en la participación de Pakelia en esta historia. ¿Qué hacía o pretendía hacer en la habitación de Salazar? Su explicación de que pasaba por allí, oyó lamentos y entró para ayudar no se la cree ni el bobo de Coria. Antes descartamos que el georgiano no era un individuo indicado para parlamentar, por consiguiente hay que deducir que su estancia en la habitación 16 tenía otra finalidad. ¿Cuál?, la que se puede esperar de un sicario: Pakelia estaba allí para agredir al gaditano o para algo más definitivo, para asesinarle.
-Pero no lo hizo –reitera Ramo.
-No, no lo hizo, pero no olvidemos que fue sorprendido por los pichones y quizá no tuvo tiempo para liquidarlo.
-Si no recuerdo mal los pichones declararon que estaba arreglándole la almohada –apunta Ponte.
-Sí, pero ¿vosotros os imagináis a un tipo como el georgiano ahuecándole la almohada al pobre Salazar para que estuviera más cómodo? Eso le pega tan poco como a un Santocristo un par de pistolas. Yo antes conjeturaría que lo que pretendía hacer era usar la almohada como un eficaz instrumento para ahogar al gaditano. Y si no llegó a ejecutarlo fue porque la inesperada aparición del trío se lo impidió.
-O sea, que crees que Pakelia fue enviado a Torrenostra para liquidar a Salazar –resume Ponte.
   Antes de que Grandal pueda contestar, pregunta Álvarez:
-¿Y por qué hizo el paripé de que hablaba mal el castellano?
-Eso no fue más que una artimaña con la que escudarse por si le preguntaban algo embarazoso. Así puedes emplear respuestas de las de no lo entiendo, no lo sé, no sé cómo se dice en español, etcétera, etcétera.
-Suponiendo que tengas razón, falta por saber quién o quienes le encargaron que liquidara a Salazar –arguye Ballarín.
-Volvemos a lo de los autores intelectuales de lo que ya hemos hablado en anteriores ocasiones. No es lógico que un clan mafioso ruso tuviera algún interés en la vida y milagros de Curro Salazar y mucho menos uno de sus peones. Lo presumible es que una persona o varias encargaran al clan el trabajo de apiolar al exsindicalista. ¿Quién o quiénes? No lo sabemos, y posiblemente nunca llegaremos a saberlo, pero es razonable pensar que quien o quienes hicieron el encargo eran individuos lo suficientemente adinerados como para pagar un trabajo que debió tener una alta factura. Y que además de tener pasta estaban interesados en que el antiguo sindicalista no volviera a declarar ante el juzgado que instruye el caso ERE.
-Jacinto, le has dado tantas vueltas que confieso que me he perdido. Por favor, podrías resumirlo de forma ordenada para que un antiguo ferretero pueda entenderlo –ruega Ballarín.
-Ningún problema. Un individuo o mejor un grupo, posiblemente imputados en el caso ERE o en trance de estarlo si Salazar habla, encarga a una mafia rusa que le cierre la boca. El clan ordena a uno de sus sicarios, Grigol Pakelia, que ejecute el encargo. El georgiano entra en la habitación 16 dispuesto a cumplir el cometido, pero ante su sorpresa lo encuentra más muerto que vivo. De todos modos, decide acabar con la poca vida que le queda. Cuando está ahogándolo con una almohada es sorprendido por los pichones y no puede rematar su faena. ¿Lo entendisteis u os lo explico con bolas de colores? –remacha Grandal poniéndose chulo.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 120. Las raíces del caso Pradera

lunes, 26 de agosto de 2019

*** Post info 6. Los singulares progenitores de una familia numerosa



   Como les decía en mi anterior post ya tengo título (provisional) para mi nueva novela, Los Carreño. También tengo avanzada, y creo que es lo más importante, la trama de la narración y la historia de sus principales protagonistas, que en definitiva es la vida de la pareja progenitora de la familia que voy a novelar y de sus nueve hijos. Sí, han leído bien, nueve hijos, algo impensable en nuestros días, pero en aquella España a caballo de finales del siglo XIX y principios del XX el control de la natalidad estaba en mantillas, por no decir que era inexistente. Por eso no era tan excepcional que unos padres, de formación católica y con los recursos materiales suficientes, tuvieran familia tan numerosa, que podría haber sido mayor pues la madre sufrió un aborto. Lo que sí es raro, dada la elevada tasa de mortalidad infantil de la época, es que de nueve vástagos ocho llegaran a la edad adulta. Cuando yo conocí a los hijos de esos padres tan especiales, en la década de los setenta, aquellos que se habían casado hasta tenían nietos. Y así como los padres son, prácticamente, los principales protagonistas de la primera parte o Libro I de la novela, esos nueve hijos e hijas son los personajes capitales de la segunda y tercera parte de la narración.
   No recuerdo si he dicho los nombres de la pareja, el padre se llamaba Julio (nombre real) y, curiosamente, la madre, Julia (también nombre real). No llegué a conocerles, me hubiese gustado, pues criar a tantos hijos y verlos crecer y hacerse hombres y mujeres de provecho, como se decía en aquellos tiempos, presupone que eran dos personas excepcionales en muchos sentidos. La abundante información que he logrado atesorar sobre ellos, contada por hijos y nietos, así lo confirma. Aunque ya no estén con nosotros, quiero expresar mi sincero y cariñoso reconocimiento y mi personal admiración por lo que hicieron en una España en la que el ambiente no era el más favorable para sacar adelante a una progenie tan numerosa y conseguir que todos llegaran a ser hombres y mujeres cabales. Julio, Julia, hicisteis un espléndido trabajo. ¡Chapeau!