viernes, 12 de abril de 2019

99. Las buenas noticias hay que darlas de una en una


   Por si Grandal tenía alguna duda, el hijo de Salazar le ha dado la clave de la muerte de su padre: el caso ERE, pues todos los que visitaban al exsindicalista querían algo de él relacionado con dicho proceso. Como se acerca la hora del almuerzo, Grandal se despide del joven sevillano.
-Bueno, majete, te dejo, tengo que ir a Marina d´Or que igual la parienta se mosquea si llego tarde.
-Si va a Marina d´Or, ¿me puede dejar en El Piero?, es que mi tronca curra allí de camarera y he quedao en ir a verla.
-¿Qué es El Piero?
-Un restorán que está al laito de la carretera nasioná yendo hasia Oropesa.
-Bueno, si no tengo que desviarme…
   En el corto trayecto hasta el restorán, el joven sevillano se explaya en lo bien que se lo está pasando con su nueva amiga con derecho a roce y lo guay que es.
-Si no le importa, jefe, métase donde están aparcaos aquellos camiones y así podrá crusar mejor la carretera que esta nasioná tiene un tráfico que es la leche.
   Grandal accede de mala gana a la demanda del joven, sale de la carretera para luego cruzar la N-340 y para delante de un restorán que supone que es El Piero.
-Mire, jefe, la titi que está ar laito de aquella puerta es mi tronca. Le he puesto un whatsapp y me está esperando. Es un rato molona, sarga un momento que se la quiero presentar, si no es molestia.
   Estos chavales de hoy ni saben cuándo se ponen pesados, ni se cortan lo más mínimo pidiendo lo que sea, piensa Grandal, pero “el si no es molestia del chico” le ha ablandado y sale del coche. Ambos jóvenes, sin cortarse un pelo, se funden en un tórrido e interminable beso que el expolicía contempla con sonrisa irónica.
-Mira, churri, te presento ar señor Grandal, que fue un polisía mu importante y que m´a ayudao a entender to lo que está pasando con la muerte de mi papa.
   La muchacha, poco más de dieciocho años, adelantándose al formal intento de Grandal de darle la mano, le planta dos besos en las mejillas sin pensárselo.
-Francisco José me dijo que usté es el que dirige la investigación para descubrir que le pasó a su padre. Como s´a portao bien con él, yo le voy a pagar con la misma moneda. Ayer estuvieron aquí dos carrozones enseñando un retrato hecho a mano de alguien que dijeron que era un guiri, añadiendo que se trataba de un tío grande, moreno y que hablaba mal el castellano. Nadie supo dar razón de él, tampoco yo, pero mentí. Sabrá que con los maderos nadie quiere tratos, por eso no dije ni mu, pero como mi chico me ha contao lo considerao que fue usté con él lo he repensao y me he dicho que iba a contarle la verdad porque usté no es un madero como los demás.
   La muchacha se calla como si una parrafada como la que acaba de soltar le haya dejado sin fuerzas. Tras unos segundos de pausa la joven arranca otra vez.
-El día de la Virgen de Agosto, como a mediodía, se pasó por aquí una conocida con la que había currado en un bar de Las Villas de Benicàssim. No es que seamos amigas, pero nos llevamos bien. A la Elvi le gusta mucho fardar, supongo que por eso se pasó por aquí para presumir que en una fecha con tanto trabajo su jefe le había dao fiesta, y se iba a disfrutar el día a la playa de Torrenostra con un amigo que la había invitao, y que tenía un buga que era lo más de lo más. El amigo rumboso resultó ser un guiri que no se parecía mucho al del retrato que enseñaron ayer los carcamales, pero si era moreno, alto y amazacotao como un campanario. Lo único que no cuadraba con la descripción que dieron los vejestorios es que hablaba bien el castellano aunque se le notaba que era extranjero. No sé si es el guiri que Francisco José me ha dicho que andan buscando, pero se lo cuento por si acaso.
-Gracias…
-Vero, me llamo Vero, por Verónica.
-Pues otra vez gracias, Vero. ¿Algo más que quieras contarme?
-No, nada; bueno sí, pero no creo que sea importante. Me dijo Elvi que al regresar volverían a pasar, pero no lo hicieron o, al menos, yo no les ví.
-¿Y dónde podría tener una charla con tu amiga Elvi?
   La joven le da el nombre del bar donde curra la Elvi. Tras despedirse de la pareja, Grandal, prosigue su camino hacia Marina d´Or. En el corto recorrido hasta la urbanización orpesina no deja de pensar en lo que acaba de contarle la amiga del joven Salazar y en como el puro azar a veces juega un rol importante. Un extranjero, con los mismos rasgos que han dado de él las tres personas que lo vieron en la habitación 16, estuvo comiendo el día de la Asunción de la Virgen en un restorán de Torrenostra. Ahora tiene la confirmación de que otro extranjero, ¿o acaso el mismo?, en esa misma fecha y con idénticos rasgos, estuvo a media mañana en aquel parador de carretera de camino hacia la misma playa. La única nota discordante es que el guiri del que le ha hablado Vero se desenvolvía bien en español, pero aun así son muchos los datos coincidentes y él no cree en las casualidades. Empieza a confirmarse la sospecha de que está muy cerca de descubrir quién era el extranjero que estuvo en la habitación donde se estaba muriendo Salazar. ¿Será ese extranjero el tal Grigol Pakelia que fue multado por la guardia civil de carretera un poco antes de Valencia en dirección norte? …y Torrenostra está al norte de la ciudad del Turia. De pronto se acuerda de algo más: según la amiga del joven Salazar, el guiri que se pasó por el restorán tenía un buga lo más de lo más. ¿Un Audi A7 Sportback puede ser considerado un automóvil de lo más? Posiblemente sí para los parámetros sobre vehículos de la muchacha. Las piezas van encajando. Se dice que mañana sin falta tiene que hacerle una visita a la tal Elvi.
   Antes de las seis de la tarde, Grandal acude al Marina d´Or Hotel Gran Duque. Bellido se le ha adelantado. Al igual que en la anterior cita, el sargento ha venido de paisano. Es cauteloso, no quiere que alguien le pueda identificar, piensa el expolicía.
-Buenas tarde, comisario, vaya solina que hace. ¿Qué quiere tomar?
-Hola, Bellido. Cualquier cosa siempre que esté fresquita, por ejemplo un bourbon con hielo. ¿Qué novedades tiene de la juez del Valle?
-Las más destacadas las que le he contado por teléfono. Las referidas a ese clan ruso que, según diversas fuentes de la policía malagueña, recibió el encargo de liquidar a Salazar. A lo que hay que añadir la identificación de uno de sus miembros que fue multado por exceso de velocidad cuando circulaba por carreteras valencianas en dirección norte y que responde al nombre de Grigol Pakelia. ¿Será ese el extranjero que los pichones encontraron en la habitación 16?
-Eso mismo me he preguntado. Y hemos descubierto más pistas que apuntan a que el tal Pakelia puede ser ese extranjero.
-¿Nuevas pistas? Cuénteme, comisario –pide el sargento sin ocultar su alegría ante tal noticia.
-Luego te cuento, pero primero hemos de ponernos de acuerdo sobre el contenido del próximo informe que vas a enviar a la juez del Valle. Verás…
   Y Grandal le explica al sargento los nuevos datos que hay sobre tres de los testigos que ya han declarado ante su señoría, pero que en función de las últimas investigaciones deberían ser citados otra vez. A Pacheco y a Sierra hay testimonios de que se les vio el día de autos en Torrenostra, algo que en su primera declaración no contaron. Y también habría que citar para declarar a la esposa de Pacheco que muy posiblemente le acompañó en el mencionado día. En cuanto a Espinosa debe volver a declarar para que explique cuál era el motivo para comprar un raticida en un supermercado de El Grao en el día de autos.
-… y eso no es todo. La jueza debería citar a declarar a José Jiménez, no sé su segundo apellido porque no me he acordado de pedirle a alguno de mis amigos que lo mirara en internet, y al que llaman habitualmente Pepillo y que es más conocido por el nombre con que fue conocido en el mundo de las doce cuerdas, el Chato de Trebujena. Al parecer fue quien le pegó la paliza a Salazar y además también estuvo en Torrenostra el día de los hechos.
-Eso es un notición, comisario. ¡Qué grande es usted y que bien hice pidiéndole ayuda! –exclama el sargento.
-Y ahora vamos con el extranjero de marras. Hay una testigo muy fiable que ha identificado a alguien muy  parecido al guiri que encontraron los pichones en la habitación 16 y que estuvo comiendo en un restorán de Torrenostra el día de autos. Y hace menos de cuatro horas otra testigo me ha informado que ese mismo día un extranjero, parecido al descrito por los pichones, se paró en un restorán de carretera cercano a Torreblanca. La mujer que le acompañaba contó que iban a pasar el día a la playa de Torrenostra. Mañana pienso ir a ver a esa mujer que trabaja en un bar de Las Villas de Benicàssim. Si se trataba o no del tal Pakelia está por confirmar, pero todas las pistas apuntan al mismo blanco.
-¡Qué barbaridad, comisario, es usted el Sherlock Holmes español –exclama el sargento sin poder reprimir su entusiasmo.
-No será tanto, Bellido, no será tanto –comenta Grandal que pese a su falsa modestia le ha encantado el elogio del sargento.
-Eso y mucho más, comisario. Ya veo que el hombre que descubrió al asesino del crimen de la calle Leganitos no se ha oxidado, sigue con el mismo olfato policial de entonces. ¿Lo último referido al extranjero también lo incluyo en mi informe a la señora jueza?
-En principio, no. Espera a que mañana hable con la llamada Elvi que es la mujer que acompañó al extranjero el día 15 a Torrenostra. Las buenas noticias hay que darlas de una en una, si las das todas de golpe no se las valora como es debido. Y si no fuera porque el tiempo que me queda para ayudarte a descubrir a los autores y/o encubridores de la muerte de Salazar es tan corto, lo que te he dicho antes que debes informar a la juez todavía lo reduciríamos más, pero el 30, que es cuando me voy, está a la vuelta de la esquina.
   El sargento se queda pensando en lo que le ha dicho el excomisario, que las buenas noticias hay que darlas de una en una, deberá tenerlo en cuenta en el futuro.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré, en el capítulo 24, el episodio 100. De joven debió causar estragos

viernes, 5 de abril de 2019

98. Verde y con asas


  Grandal ha hecho a sus amigos una sinopsis de lo que se sabe y de lo que no sobre la muerte de Salazar. Todo pivota sobre las poco más de dos horas en las que el exsindicalista pasó de encontrarse bien a estar en estado comatoso. ¿Qué ocurrió durante ese espacio de tiempo?, ¿qué personas estuvieron en ese lapso en la habitación 16?, ¿qué hay que hacer para averiguarlo?
-Vamos a reordenar las investigaciones a llevar a cabo. Una pareja, podríais ser tú, Manolo acompañado de Pedro, será la que investigara las huellas que haya podido dejar el Chato en las seis horas que estuvo el día 15 en Torrenostra. Pedro, que tu hermano Chimo haga un retrato robot del Chato, para ello vais a contar con la ayuda de Rocío Molina que es la persona que mejor lo conoce. Yo me encargo de llamar a la andaluza y decirle que se ponga a vuestra disposición. Vosotros no tendréis más que recogerla donde os diga. Una vez esté hecho el retrato será cuestión de que lo vayáis enseñando por los bares y chiringuitos de la playa. Ah, también por los restoranes pues en algún sitio tuvo que almorzar. Si os preguntan que por qué lo buscáis dad cualquier pretexto. Si os surge algún problema, llamadme inmediatamente y personalmente o a través del sargento Bellido lo solucionaremos. ¿Alguna pregunta?, ¿no?, pues cuando queráis podéis comenzar vuestra tarea.
-Y que Dios reparta suerte, como decimos los taurinos –agrega Álvarez por su cuenta.
   Luego Grandal se dirige a Ballarín y Álvarez.
-En cuanto a vosotros, vais a comenzar por volver al restorán donde estuvisteis ayer y en el que la dueña os contó que estuvo un guiri, que bien podría ser el misterioso extranjero que estuvo en la habitación 16, acompañado de una mujer joven. Sacadle el mayor número de datos sobre dicha mujer: su estatura y complexión, color del pelo, si tenía algún rasgo característico, cómo iba vestida, etcétera. Todo lo necesario para ver si el hermano de Pedro nos puede hacer un retrato robot de la misma. Luego, ya sabéis el procedimiento, id preguntando y si conseguimos un retrato enseñarlo por la playa a ver si suena la flauta.
-Oye, Jacinto, por pura curiosidad, ¿y tú qué vas a hacer? –pregunta, indiscreto como siempre Álvarez.
-Lo primero, hablar con Bellido y explicarle como están las cosas. Y luego, decidir entre ambos de que parte de nuestras investigaciones va a informar a la jueza para que active las citaciones a los nuevos testigos o vuelva a citar a aquellos qua ya declararon, pero de los que tenemos nuevos datos.
-Ya estamos otra vez en lo de que unos crían fama y otros cardan la lana –se queja Álvarez.
-No, Luis, no se trata de eso. De lo que se trata es que en este caso hay testigos a los que no podemos llegar. Realmente todos, con la excepción de los pichones, están fuera de nuestro alcance. Nosotros no podemos, pero sí la Guardia Civil y/o la Jueza Instructora. Tan simple como eso.
   En cuanto se queda solo, Grandal llama al sargento del puesto de Torreblanca.
-¿Bellido?, soy Grandal, ¿puedes hablar?
   La respuesta del guardia civil no es la que esperaba el expolicía.
-Hola, don Jacinto, supongo que me llama por lo de su permiso de caza, en cuanto tenga un hueco le prometo que termino de cumplimentarlo. Yo le llamo –y el suboficial apaga su móvil.
   Gandal entiende que el sargento no está en condiciones de hablar por lo que abandona el apartamento del hijo de Álvarez, donde han estado reunidos, y sale a la calle a tomarse una caña mientras hace tiempo para que le llame Bellido. La llamada se hace esperar hasta que…
-Perdone, comisario, pero como habrá comprendido antes no podía hablar. Estaba con los enteradillos de la UCO. Verá…
    Y el suboficial le cuenta que los dos agentes de la Unidad Central Operativa han estado algunos días ausentes, hasta llegó a sospechar que se hubiesen vuelto a Madrid, pero no. Adónde habían viajado era a Algeciras. Resulta que en una operación antidroga, una de las muchas que se llevan a cabo periódicamente en el mayor puerto del sur de España, la policía ha cogido con las manos en la masa, como suele decirse, a un importante mafioso calabrés. Al ver que su horizonte penal se ponía muy cuesta arriba, el italiano pactó con la fiscalía una rebaja de penas a cambio de proporcionar información sobre la nueva ruta de la droga que, dado el incremento de vigilancia en el Estrecho de Gibraltar, se ha desviado hacia la Costa del Sol, convirtiendo a la propia ciudad de Málaga en una suerte de guardería de estupefacientes. Al activar a sus informadores en dicha costa, la policía ha descubierto que allí operan varios grupos siendo el más poderoso un clan ruso que no solo se dedica a las drogas sino también a cualesquiera otras operaciones al margen de la ley, y que le reportan sustanciosos ingresos. Una de esas operaciones es la de liquidar a cualquier fulano a quien se le haya puesto precio a su cabeza. Y los rumores, en los que coinciden varias fuentes, apuntan que el último encargo de esa clase que han recibido ha sido el de pasaportar a Francisco Salazar Jiménez, más conocido como El Conseguidor en los ambientes sevillanos. Lo que desconocen es el nombre del sicario o sicarios a los que han encargado el trabajo. Una de las primeras acciones que ha llevado a cabo el Grupo Especial Antidroga de la Costa del Sol ha sido hacerse con las matrículas de la flota de vehículos que manejan habitualmente los mafiosos rusos. Ello les ha llevado a detectar que uno de los coches que conducen, un Audi A7 Sportback de cuatro plazas, una berlina de alta gama, tuvo un incidente recientemente según informe de la Dirección General de Tráfico. El individuo que conducía dicho vehículo fue multado el pasado día seis de los corrientes en la provincia de Valencia, por ir a ciento sesenta kilómetros por hora, excediendo en cuarenta kilómetros los ciento veinte que es la velocidad máxima permitida en las autopistas españolas. Se sancionó al conductor con trescientos euros y una pérdida de dos puntos en su carné de conducir. El titular del vehículo es una empresa con sede en Marbella (Málaga), de nombre Trapisa. El nombre del conductor, de nacionalidad georgiana y con residencia en Marbella, es Grigol Pakelia…
-… y los de la UCO creen que el tal Pakelia puede ser el misterioso extranjero que fue sorprendido por los pichones en la habitación de Salazar –finaliza el sargento.
-Eso es un notición. Precisamente, mis amigos están buscando en Torrenostra información sobre una mujer que acompañaba a un extranjero, que podría ser ese Pakelia, y que estuvieron comiendo en un restorán de la playa el día de autos. 
-Parece que las piezas del puzle van encajando –comenta el sargento.
-De eso, precisamente, quería hablarte. De cómo encajar los últimos datos que hemos descubierto y de los que has informado a la jueza, pero eso es mejor hacerlo personalmente y no por teléfono. ¿Cuándo nos podemos ver?
-Cuando quiera, comisario.
-Bien, ¿dónde prefieres?
-¿Le parece bien que quedemos en la cafetería del mismo hotel donde 333tuvimos la primera charla?
   Grandal hace una mueca pues eso supone volver a Marina d´Or. A él le vendría mejor verse en Torrenostra ya que está allí, pero sabe que el sargento prefiere encontrarse con él en un lugar fuera de su circunscripción.
-De acuerdo, esta tarde a las 18, ¿vale?
   Cuando Grandal está pidiendo la cuenta, alguien le saluda.
-Hola, jefe, ¿cómo está usté?, me alegra verle porque quería preguntarle argo.
   Se trata de Francisco José Salazar a quien no había vuelto a ver.
-Vaya, chaval, ¿qué es de tu vida? –Grandal percibe enseguida que lo de chaval no le ha gustado nada al joven, pero ya está dicho-. ¿Qué querías preguntarme?
-Mi mama, que se está poniendo mu pesá con lo der entierro der papa. ¿Por un casuá no sabría usté cuándo va a terminar lo de la autopsia y podamos llevarnos er cadáver a Sevilla, que es dónde quiere mi mama que lo enterremos?
-Creo que la autopsia ya ha concluido, pero será la Jueza Instructora la que decidirá cuándo los familiares podréis haceros cargo del cuerpo. Mientras, tendrás que esperar. Supongo que al no tener nada que hacer te aburres, claro.
-Ahora menos. He ligao, sabe usté. Me he echao una tronca con derecho a rose de lo más guay. Yo creía que por aquí las titis eran una esaborías, pero se ve que hay exsepsiones y a mí m´a tocao la lotería, no sé si er gordo, pero ar menos la pedrea, seguro.
-Me alegro por ti y no me sorprende lo que cuentas. En cualquier lugar encuentras gente de todo tipo: agradable, desagradable y mediopensionista.
-Eso de mediopensionista no lo he entendío, jefe, ¿a qué se refiere?
   El expolicía se afirma en lo que ya pensó la primera vez que habló con Salazar junior: que es más bien cortito y con la ignorancia propia de buena parte de tantos jóvenes de hoy.
-Es una forma de hablar. Y ya que te tengo a mano, ¿has recordado algo más sobre tu padre en sus últimos días?
-Pues ahora que lo pregunta… He recordao que una tarde de las que fui a visitarle, mi papa, cosa rara porque er nunca hablaba de sus cosas, me comentó que estaba hasta los cojones, perdone pero eso es lo que dijo, de que to er mundo quería comerle er coco.
-¿Comerle el coco?, ¿y eso que significa?
-Pues que tos lo que iban a verle querían argo de él: que si se tenía que entregar a los maderos, que si tenía que desir esto o lo otro a la juesa que lo encalomó, que si no debía sitar a este o aquel nombre, que si mejor marcharse fuera der país… Totá, que tos querían argo de él cuando lo que le petaba era seguir tan ricamente en esta playa. ¿Por qué sabe usté?, aquí se lo pasaba guay, le molaba esto un montón.
   Mientras el joven sevillano sigue con su insustancial perorata, Grandal reflexiona en lo que le está diciendo el chico: que todos los que iban a ver a su padre querían algo de él, y por lo que cuenta siempre se referían a lo mismo, lo que le lleva a una conclusión: la clave de la muerte del exsindicalista es el caso ERE.
-Verde y con asas –musita Grandal para sí.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 99. Las buenas noticias hay que darlas de una en una

viernes, 29 de marzo de 2019

97. ¿Cuál es el mejor amigo del policía?


   El 23 de agosto amanece con los torreblanquinos metidos en los comienzos de sus fiestas patronales. El programa que, como todos los años, edita el Ayuntamiento describe los actos  programados para ese día. Destacan la tradicional subasta de carros y cadafales para la construcción de la artesanal plaza de toros, la solemne misa cantada y la procesión del Santísimo Sacramento en recuerdo de la más importante gesta histórica de la localidad, terminando la jornada con la inevitable verbena popular.
   Ajenos a los festejos locales, los viejos amigos que veranean ocasionalmente en Torrenostra se reúnen en el apartamento del hijo de Álvarez que es su lugar de encuentro. Como habían acordado la tarde anterior, Ponte es el encargado de ponerle los puntos sobre las íes a Grandal.
-Jacinto, hay algo que hemos de decirte con la mejor de las intenciones, esperando que no te mosquees por ello pues ese es nuestro deseo.
-Huy, huy, huy, con ese prólogo temo lo peor. Dispara –pide Grandal a quien por su edad es el decano del grupo.
-En los últimos días te estás portando, al menos con nosotros, como si fuéramos los agentes de tu antigua comisaría. No ruegas, no sugieres, ni siquiera pides; más bien ordenas como si fuéramos tus subalternos. Esa es la impresión generalizada que todos, sin excepción –y Ponte señala al resto de amigos-, sentimos. Y ya puedes imaginarte que a nuestra edad no estamos por la labor. Una cosa es que te ayudemos en tus investigaciones, algo que hacemos con sumo gusto, y otra que nos mandes de acá para allá sin ni siquiera consultarnos si nos viene bien o nos apetece. Bueno, pues ya he dicho lo que tenía que decir.
   Grandal se queda unos instantes callado como si estuviese meditando lo que Ponte acaba de soltarle. Cuando habla lo hace en tono amable y sin aristas.
-Manolo, como supongo que hablas en nombre de los demás, agradezco tu franqueza y sobre todo el cordial modo conque has expuesto vuestras quejas. Es muy posible que en las últimas jornadas me haya vuelto demasiado exigente en detrimento de nuestra amistad. Creo que tenéis razón, tengo que ser menos policía y más amigo. Por tanto, os pido perdón y os ruego que me disculpéis. ¿Sabéis que me ha pasado; mejor dicho, que me está pasando? Que estoy, que estamos –se corrige- a un pelo de descubrir las causas del fallecimiento de Salazar y de quiénes estuvieron detrás de ello. Ya me pasaba en mis tiempos en activo, cuando estaba en la fase final de solucionar un crimen me ponía a mil y daba órdenes sin pensar en cómo podían afectarles a quienes las recibían. Y ahora lo estoy haciendo con vosotros. Os vuelvo a pedir perdón y os prometo que no volverá a pasar.
   Tras la parrafada de Grandal el silencio se adueña de la estancia como si cada uno estuviera procesando el discurso del expolicía, hasta que Ballarín suelta:
-Bueno, pues ya está, pelillos a la mar. Ahora, borrón y cuenta nueva.
-Jacinto, no tienes que pedirnos perdón, sigues siendo nuestro amigo del alma –Ponte se ha puesto melodramático.
   La charla no va a más porque suena el timbre de la puerta, es Ramo que acude a la reunión. Lo que aprovecha Grandal para iniciar la tarea de congraciarse con sus amigos.
-Ahora que estáis los cuatro aprovecho para felicitaros porque vuestras investigaciones de ayer han dado óptimos resultados y ya solo nos falta una pizca para rematarlas.
-Como decimos los taurinos: hasta el rabo todo es toro –recuerda Álvarez impenitente aficionado al arte de la tauromaquia.
-En efecto, nos falta el rabo por desollar –acepta Grandal-. Vamos por partes. Respecto al Chato de Trebujena habéis confirmado que estuvo aquí la tarde del 15 y sabemos que llegó sobre mediodía, ahora hemos de averiguar a qué hora se fue de Torrenostra. Manolo y Pedro que han seguido esa pista sois los encargados… ¡Coño, ya estoy cayendo en el ordenancismo! Perdonad, pero parece que es superior a mí. Os ruego que tratéis de confirmar con los taxistas del pueblo si tuvieron un cliente parecido al Chato.
-Jacinto, eso ya te lo conté cuando me enviaste a hablar con los taxistas de aquí, pero veo que lo has olvidado… -puntualiza Ramo.
-Macho, te hemos cazado en un renuncio, hasta yo recuerdo lo que nos contó Pedro. ¿No tendrás un principio de Alzheimer? –pregunta burlonamente Álvarez.
   Grandal sonríe, su presunto olvido ha sido una pequeña treta para dar pie a sus amigos a que se metan con él.
-Ah,… sí. Ahora lo recuerdo, Pedro. Uno de los taxistas locales te contó que había llevado a un pasajero con pinta de exboxeador a Alcossebre alrededor de las seis de la tarde. ¿No es así?
Luego sabemos que el Chato estuvo en Torrenostra desde mediodía hasta las dieciocho horas. Saber qué hizo durante esas seis horas sería tanto como resolver la mitad del misterio de la muerte de Salazar. Lo que me lleva a pediros que cambiéis de pista. Ahora, Pedro y Manolo, lo que deberíais hacer es intentar averiguar que hizo el Chato en las seis horas que estuvo aquí. Un personaje así no pasa desapercibido, alguien tiene que recordarlo.
-Exactamente, ¿qué quieres que hagamos? –pregunta Ponte.
-Pues…, pero antes a ver si sois capaces de acertar esta adivinanza: ¿Cuál es el mejor amigo de un policía cuando está investigando un delito?
   Como no hay respuestas, Grandal completa el acertijo.
-Pues el mejor amigo de un policía cuando está investigando un delito es un buen par de botas. Es la típica adivinanza que se plantea en las comisarías a los policías novatos y que siempre aciertan porque en la academia se la han contado cien veces.
-Espero que un buen par de zapatillas de deporte sirvan lo mismo –ironiza Ramo.
-Por supuesto, pero a lo que os decía. Tendríais que visitar todos los locales públicos de la playa preguntando si alguien vio a un personaje parecido al Chato y si recuerdan algo más. Si alguien os pregunta podéis usar la misma excusa que usasteis con el taxista de Alcossebre.
-Si tuviéramos un retrato robot de ese exboxeador nos ayudaría mucho –sugiere Ramo.
-Naturalmente, ¡cómo no se me ha ocurrido! Veis cómo sin vosotros estoy perdido. Pedro, si ese hermano tuyo sigue aquí, ¿podría hacer un retrato del Chato?
-A Chimo le das una colección de lápices y le explicas los rasgos más característicos de una persona y es capaz de dibujarte al mismísimo diablo –afirma Ramo.
-Pues, ea. No pierdas ni un minuto más, por favor. Que te acompañe Manolo, que es muy bueno describiendo rasgos, y que tu hermano haga un retrato robot del Chato. Y después enseñarlo por ahí a ver que pescáis.
-¿Y para nosotros, jefe, que hueso nos vas a dar a roer? –inquiere con su ironía habitual Álvarez.
-Tú y Amadeo –contesta Grandal-, vais a tener como cometido indagar sobre el extranjero que estuvo en la habitación de Salazar. Seguid la pista del guiri que estuvo almorzando en un restorán de la playa y que iba acompañado de una mujer joven, por si fuera él. Dado que la investigación del retrato robot del extranjero no ha tenido el éxito que esperábamos, vamos a centrarnos en la mujer. Luis, Amadeo, ¿sería posible que fuerais al restorán donde estuvo comiendo la pareja y le preguntarais a la dueña, que parece tener buena memoria, como era la mujer que acompañaba al guiri que se zampó dos parrilladas de marisco?
-Pedido así, ¿cómo puede uno negarse? –comenta Ballarín con una sonrisa.
-Perdón, pero quiero exponer una objeción; bueno, más que una objeción es una perplejidad –expone Ponte-. He de confesaros que en este caso estoy más perdido que un pulpo en un garaje, como dicen mis nietos. Conozco aspectos parciales de la investigación, pero no tengo ni repajolera idea del conjunto de la misma. De lo que podríamos calificar como una visión global de en qué punto estamos sobre la investigación del caso. Lo he comentado con Luis y Amadeo y a ellos les ocurre más o menos lo mismo. Como aquí parece que el único que tiene esa visión global eres tú, Jacinto, creo que sería pertinente que antes de irnos a cumplir con los deberes que nos has puesto nos hicieras un resumen de hasta dónde hemos llegado y qué nos falta para dar por finiquitado el misterio de la muerte de Salazar. ¿Estáis de acuerdo?
   Los síes son unánimes, hasta Ramo que no ha sido citado asiente vigorosamente. La respuesta de Grandal sorprende a todos.
-Luis, ¿por casualidad no tendrás un papelógrafo?
-¿Y eso qué diablos es? –pregunta el aludido.
-Un caballete de trípode con una bandeja para rotuladores y en el que se instala un rotafolios.
-Pues no, pero espera, voy a mirar en el trastero donde guardan los juguetes mis nietos.
   Al momento, vuelve Álvarez portando un cuaderno de dibujo.
-Si te sirve esto, es lo único que he encontrado.
-Puede valer, necesito también un lápiz o un bolígrafo.
   Armado con ambos útiles, Grandal busca una hoja en blanco.
-Os resumiré dónde estamos y el rabo que nos falta por desollar, como diría Luis –Dicho lo cual se pone a escribir:
   Hora 16, Anca recoge bandeja de la habitación 16. Salazar está bien.
   H. 17,40. Rocío se asoma a la puerta y no entra al ver al Chato. Salazar está sentado en el sillón (desconocemos en qué estado).
   H. 17,50. Rocío ve salir del hostal al Chato.
   H. 17,55. Rocío ve subir a la 1ª planta a Espinosa.
   H. 18,15. Rocío y Anca irrumpen en habitación, Espinosa está dando de beber coñac a Salazar quien ya está en estado comatoso.
   Al llegar aquí, Grandal deja de escribir.                                         
-O sea, que Salazar se puso en estado comatoso entre las 16 y algo y las 18,15 aproximadamente. En esas dos horas y cuarto algo sucedió que es lo que hemos de investigar y dónde está la respuesta para solucionar el caso. De ese lapso sabemos que en la habitación estuvieron el Chato y Espinosa. ¿Estuvo alguien más? No lo sabemos todavía, pero varios testigos vieron a Alfonso Pacheco y a Jaime Sierra la tarde del 15 por Torrenostra. ¿Estuvieron ambos, juntos o por separado, en la habitación de Salazar? Es algo a investigar.
-Y por tanto, vamos a necesitar un buen par de botas, ¿no es eso, figura? –pregunta irónicamente Álvarez.

PD.- Hasta el próximo viernes que publicaré el episodio 98. “Verde y con asas”