viernes, 5 de abril de 2019

98. Verde y con asas


  Grandal ha hecho a sus amigos una sinopsis de lo que se sabe y de lo que no sobre la muerte de Salazar. Todo pivota sobre las poco más de dos horas en las que el exsindicalista pasó de encontrarse bien a estar en estado comatoso. ¿Qué ocurrió durante ese espacio de tiempo?, ¿qué personas estuvieron en ese lapso en la habitación 16?, ¿qué hay que hacer para averiguarlo?
-Vamos a reordenar las investigaciones a llevar a cabo. Una pareja, podríais ser tú, Manolo acompañado de Pedro, será la que investigara las huellas que haya podido dejar el Chato en las seis horas que estuvo el día 15 en Torrenostra. Pedro, que tu hermano Chimo haga un retrato robot del Chato, para ello vais a contar con la ayuda de Rocío Molina que es la persona que mejor lo conoce. Yo me encargo de llamar a la andaluza y decirle que se ponga a vuestra disposición. Vosotros no tendréis más que recogerla donde os diga. Una vez esté hecho el retrato será cuestión de que lo vayáis enseñando por los bares y chiringuitos de la playa. Ah, también por los restoranes pues en algún sitio tuvo que almorzar. Si os preguntan que por qué lo buscáis dad cualquier pretexto. Si os surge algún problema, llamadme inmediatamente y personalmente o a través del sargento Bellido lo solucionaremos. ¿Alguna pregunta?, ¿no?, pues cuando queráis podéis comenzar vuestra tarea.
-Y que Dios reparta suerte, como decimos los taurinos –agrega Álvarez por su cuenta.
   Luego Grandal se dirige a Ballarín y Álvarez.
-En cuanto a vosotros, vais a comenzar por volver al restorán donde estuvisteis ayer y en el que la dueña os contó que estuvo un guiri, que bien podría ser el misterioso extranjero que estuvo en la habitación 16, acompañado de una mujer joven. Sacadle el mayor número de datos sobre dicha mujer: su estatura y complexión, color del pelo, si tenía algún rasgo característico, cómo iba vestida, etcétera. Todo lo necesario para ver si el hermano de Pedro nos puede hacer un retrato robot de la misma. Luego, ya sabéis el procedimiento, id preguntando y si conseguimos un retrato enseñarlo por la playa a ver si suena la flauta.
-Oye, Jacinto, por pura curiosidad, ¿y tú qué vas a hacer? –pregunta, indiscreto como siempre Álvarez.
-Lo primero, hablar con Bellido y explicarle como están las cosas. Y luego, decidir entre ambos de que parte de nuestras investigaciones va a informar a la jueza para que active las citaciones a los nuevos testigos o vuelva a citar a aquellos qua ya declararon, pero de los que tenemos nuevos datos.
-Ya estamos otra vez en lo de que unos crían fama y otros cardan la lana –se queja Álvarez.
-No, Luis, no se trata de eso. De lo que se trata es que en este caso hay testigos a los que no podemos llegar. Realmente todos, con la excepción de los pichones, están fuera de nuestro alcance. Nosotros no podemos, pero sí la Guardia Civil y/o la Jueza Instructora. Tan simple como eso.
   En cuanto se queda solo, Grandal llama al sargento del puesto de Torreblanca.
-¿Bellido?, soy Grandal, ¿puedes hablar?
   La respuesta del guardia civil no es la que esperaba el expolicía.
-Hola, don Jacinto, supongo que me llama por lo de su permiso de caza, en cuanto tenga un hueco le prometo que termino de cumplimentarlo. Yo le llamo –y el suboficial apaga su móvil.
   Gandal entiende que el sargento no está en condiciones de hablar por lo que abandona el apartamento del hijo de Álvarez, donde han estado reunidos, y sale a la calle a tomarse una caña mientras hace tiempo para que le llame Bellido. La llamada se hace esperar hasta que…
-Perdone, comisario, pero como habrá comprendido antes no podía hablar. Estaba con los enteradillos de la UCO. Verá…
    Y el suboficial le cuenta que los dos agentes de la Unidad Central Operativa han estado algunos días ausentes, hasta llegó a sospechar que se hubiesen vuelto a Madrid, pero no. Adónde habían viajado era a Algeciras. Resulta que en una operación antidroga, una de las muchas que se llevan a cabo periódicamente en el mayor puerto del sur de España, la policía ha cogido con las manos en la masa, como suele decirse, a un importante mafioso calabrés. Al ver que su horizonte penal se ponía muy cuesta arriba, el italiano pactó con la fiscalía una rebaja de penas a cambio de proporcionar información sobre la nueva ruta de la droga que, dado el incremento de vigilancia en el Estrecho de Gibraltar, se ha desviado hacia la Costa del Sol, convirtiendo a la propia ciudad de Málaga en una suerte de guardería de estupefacientes. Al activar a sus informadores en dicha costa, la policía ha descubierto que allí operan varios grupos siendo el más poderoso un clan ruso que no solo se dedica a las drogas sino también a cualesquiera otras operaciones al margen de la ley, y que le reportan sustanciosos ingresos. Una de esas operaciones es la de liquidar a cualquier fulano a quien se le haya puesto precio a su cabeza. Y los rumores, en los que coinciden varias fuentes, apuntan que el último encargo de esa clase que han recibido ha sido el de pasaportar a Francisco Salazar Jiménez, más conocido como El Conseguidor en los ambientes sevillanos. Lo que desconocen es el nombre del sicario o sicarios a los que han encargado el trabajo. Una de las primeras acciones que ha llevado a cabo el Grupo Especial Antidroga de la Costa del Sol ha sido hacerse con las matrículas de la flota de vehículos que manejan habitualmente los mafiosos rusos. Ello les ha llevado a detectar que uno de los coches que conducen, un Audi A7 Sportback de cuatro plazas, una berlina de alta gama, tuvo un incidente recientemente según informe de la Dirección General de Tráfico. El individuo que conducía dicho vehículo fue multado el pasado día seis de los corrientes en la provincia de Valencia, por ir a ciento sesenta kilómetros por hora, excediendo en cuarenta kilómetros los ciento veinte que es la velocidad máxima permitida en las autopistas españolas. Se sancionó al conductor con trescientos euros y una pérdida de dos puntos en su carné de conducir. El titular del vehículo es una empresa con sede en Marbella (Málaga), de nombre Trapisa. El nombre del conductor, de nacionalidad georgiana y con residencia en Marbella, es Grigol Pakelia…
-… y los de la UCO creen que el tal Pakelia puede ser el misterioso extranjero que fue sorprendido por los pichones en la habitación de Salazar –finaliza el sargento.
-Eso es un notición. Precisamente, mis amigos están buscando en Torrenostra información sobre una mujer que acompañaba a un extranjero, que podría ser ese Pakelia, y que estuvieron comiendo en un restorán de la playa el día de autos. 
-Parece que las piezas del puzle van encajando –comenta el sargento.
-De eso, precisamente, quería hablarte. De cómo encajar los últimos datos que hemos descubierto y de los que has informado a la jueza, pero eso es mejor hacerlo personalmente y no por teléfono. ¿Cuándo nos podemos ver?
-Cuando quiera, comisario.
-Bien, ¿dónde prefieres?
-¿Le parece bien que quedemos en la cafetería del mismo hotel donde 333tuvimos la primera charla?
   Grandal hace una mueca pues eso supone volver a Marina d´Or. A él le vendría mejor verse en Torrenostra ya que está allí, pero sabe que el sargento prefiere encontrarse con él en un lugar fuera de su circunscripción.
-De acuerdo, esta tarde a las 18, ¿vale?
   Cuando Grandal está pidiendo la cuenta, alguien le saluda.
-Hola, jefe, ¿cómo está usté?, me alegra verle porque quería preguntarle argo.
   Se trata de Francisco José Salazar a quien no había vuelto a ver.
-Vaya, chaval, ¿qué es de tu vida? –Grandal percibe enseguida que lo de chaval no le ha gustado nada al joven, pero ya está dicho-. ¿Qué querías preguntarme?
-Mi mama, que se está poniendo mu pesá con lo der entierro der papa. ¿Por un casuá no sabría usté cuándo va a terminar lo de la autopsia y podamos llevarnos er cadáver a Sevilla, que es dónde quiere mi mama que lo enterremos?
-Creo que la autopsia ya ha concluido, pero será la Jueza Instructora la que decidirá cuándo los familiares podréis haceros cargo del cuerpo. Mientras, tendrás que esperar. Supongo que al no tener nada que hacer te aburres, claro.
-Ahora menos. He ligao, sabe usté. Me he echao una tronca con derecho a rose de lo más guay. Yo creía que por aquí las titis eran una esaborías, pero se ve que hay exsepsiones y a mí m´a tocao la lotería, no sé si er gordo, pero ar menos la pedrea, seguro.
-Me alegro por ti y no me sorprende lo que cuentas. En cualquier lugar encuentras gente de todo tipo: agradable, desagradable y mediopensionista.
-Eso de mediopensionista no lo he entendío, jefe, ¿a qué se refiere?
   El expolicía se afirma en lo que ya pensó la primera vez que habló con Salazar junior: que es más bien cortito y con la ignorancia propia de buena parte de tantos jóvenes de hoy.
-Es una forma de hablar. Y ya que te tengo a mano, ¿has recordado algo más sobre tu padre en sus últimos días?
-Pues ahora que lo pregunta… He recordao que una tarde de las que fui a visitarle, mi papa, cosa rara porque er nunca hablaba de sus cosas, me comentó que estaba hasta los cojones, perdone pero eso es lo que dijo, de que to er mundo quería comerle er coco.
-¿Comerle el coco?, ¿y eso que significa?
-Pues que tos lo que iban a verle querían argo de él: que si se tenía que entregar a los maderos, que si tenía que desir esto o lo otro a la juesa que lo encalomó, que si no debía sitar a este o aquel nombre, que si mejor marcharse fuera der país… Totá, que tos querían argo de él cuando lo que le petaba era seguir tan ricamente en esta playa. ¿Por qué sabe usté?, aquí se lo pasaba guay, le molaba esto un montón.
   Mientras el joven sevillano sigue con su insustancial perorata, Grandal reflexiona en lo que le está diciendo el chico: que todos los que iban a ver a su padre querían algo de él, y por lo que cuenta siempre se referían a lo mismo, lo que le lleva a una conclusión: la clave de la muerte del exsindicalista es el caso ERE.
-Verde y con asas –musita Grandal para sí.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 99. Las buenas noticias hay que darlas de una en una

viernes, 29 de marzo de 2019

97. ¿Cuál es el mejor amigo del policía?


   El 23 de agosto amanece con los torreblanquinos metidos en los comienzos de sus fiestas patronales. El programa que, como todos los años, edita el Ayuntamiento describe los actos  programados para ese día. Destacan la tradicional subasta de carros y cadafales para la construcción de la artesanal plaza de toros, la solemne misa cantada y la procesión del Santísimo Sacramento en recuerdo de la más importante gesta histórica de la localidad, terminando la jornada con la inevitable verbena popular.
   Ajenos a los festejos locales, los viejos amigos que veranean ocasionalmente en Torrenostra se reúnen en el apartamento del hijo de Álvarez que es su lugar de encuentro. Como habían acordado la tarde anterior, Ponte es el encargado de ponerle los puntos sobre las íes a Grandal.
-Jacinto, hay algo que hemos de decirte con la mejor de las intenciones, esperando que no te mosquees por ello pues ese es nuestro deseo.
-Huy, huy, huy, con ese prólogo temo lo peor. Dispara –pide Grandal a quien por su edad es el decano del grupo.
-En los últimos días te estás portando, al menos con nosotros, como si fuéramos los agentes de tu antigua comisaría. No ruegas, no sugieres, ni siquiera pides; más bien ordenas como si fuéramos tus subalternos. Esa es la impresión generalizada que todos, sin excepción –y Ponte señala al resto de amigos-, sentimos. Y ya puedes imaginarte que a nuestra edad no estamos por la labor. Una cosa es que te ayudemos en tus investigaciones, algo que hacemos con sumo gusto, y otra que nos mandes de acá para allá sin ni siquiera consultarnos si nos viene bien o nos apetece. Bueno, pues ya he dicho lo que tenía que decir.
   Grandal se queda unos instantes callado como si estuviese meditando lo que Ponte acaba de soltarle. Cuando habla lo hace en tono amable y sin aristas.
-Manolo, como supongo que hablas en nombre de los demás, agradezco tu franqueza y sobre todo el cordial modo conque has expuesto vuestras quejas. Es muy posible que en las últimas jornadas me haya vuelto demasiado exigente en detrimento de nuestra amistad. Creo que tenéis razón, tengo que ser menos policía y más amigo. Por tanto, os pido perdón y os ruego que me disculpéis. ¿Sabéis que me ha pasado; mejor dicho, que me está pasando? Que estoy, que estamos –se corrige- a un pelo de descubrir las causas del fallecimiento de Salazar y de quiénes estuvieron detrás de ello. Ya me pasaba en mis tiempos en activo, cuando estaba en la fase final de solucionar un crimen me ponía a mil y daba órdenes sin pensar en cómo podían afectarles a quienes las recibían. Y ahora lo estoy haciendo con vosotros. Os vuelvo a pedir perdón y os prometo que no volverá a pasar.
   Tras la parrafada de Grandal el silencio se adueña de la estancia como si cada uno estuviera procesando el discurso del expolicía, hasta que Ballarín suelta:
-Bueno, pues ya está, pelillos a la mar. Ahora, borrón y cuenta nueva.
-Jacinto, no tienes que pedirnos perdón, sigues siendo nuestro amigo del alma –Ponte se ha puesto melodramático.
   La charla no va a más porque suena el timbre de la puerta, es Ramo que acude a la reunión. Lo que aprovecha Grandal para iniciar la tarea de congraciarse con sus amigos.
-Ahora que estáis los cuatro aprovecho para felicitaros porque vuestras investigaciones de ayer han dado óptimos resultados y ya solo nos falta una pizca para rematarlas.
-Como decimos los taurinos: hasta el rabo todo es toro –recuerda Álvarez impenitente aficionado al arte de la tauromaquia.
-En efecto, nos falta el rabo por desollar –acepta Grandal-. Vamos por partes. Respecto al Chato de Trebujena habéis confirmado que estuvo aquí la tarde del 15 y sabemos que llegó sobre mediodía, ahora hemos de averiguar a qué hora se fue de Torrenostra. Manolo y Pedro que han seguido esa pista sois los encargados… ¡Coño, ya estoy cayendo en el ordenancismo! Perdonad, pero parece que es superior a mí. Os ruego que tratéis de confirmar con los taxistas del pueblo si tuvieron un cliente parecido al Chato.
-Jacinto, eso ya te lo conté cuando me enviaste a hablar con los taxistas de aquí, pero veo que lo has olvidado… -puntualiza Ramo.
-Macho, te hemos cazado en un renuncio, hasta yo recuerdo lo que nos contó Pedro. ¿No tendrás un principio de Alzheimer? –pregunta burlonamente Álvarez.
   Grandal sonríe, su presunto olvido ha sido una pequeña treta para dar pie a sus amigos a que se metan con él.
-Ah,… sí. Ahora lo recuerdo, Pedro. Uno de los taxistas locales te contó que había llevado a un pasajero con pinta de exboxeador a Alcossebre alrededor de las seis de la tarde. ¿No es así?
Luego sabemos que el Chato estuvo en Torrenostra desde mediodía hasta las dieciocho horas. Saber qué hizo durante esas seis horas sería tanto como resolver la mitad del misterio de la muerte de Salazar. Lo que me lleva a pediros que cambiéis de pista. Ahora, Pedro y Manolo, lo que deberíais hacer es intentar averiguar que hizo el Chato en las seis horas que estuvo aquí. Un personaje así no pasa desapercibido, alguien tiene que recordarlo.
-Exactamente, ¿qué quieres que hagamos? –pregunta Ponte.
-Pues…, pero antes a ver si sois capaces de acertar esta adivinanza: ¿Cuál es el mejor amigo de un policía cuando está investigando un delito?
   Como no hay respuestas, Grandal completa el acertijo.
-Pues el mejor amigo de un policía cuando está investigando un delito es un buen par de botas. Es la típica adivinanza que se plantea en las comisarías a los policías novatos y que siempre aciertan porque en la academia se la han contado cien veces.
-Espero que un buen par de zapatillas de deporte sirvan lo mismo –ironiza Ramo.
-Por supuesto, pero a lo que os decía. Tendríais que visitar todos los locales públicos de la playa preguntando si alguien vio a un personaje parecido al Chato y si recuerdan algo más. Si alguien os pregunta podéis usar la misma excusa que usasteis con el taxista de Alcossebre.
-Si tuviéramos un retrato robot de ese exboxeador nos ayudaría mucho –sugiere Ramo.
-Naturalmente, ¡cómo no se me ha ocurrido! Veis cómo sin vosotros estoy perdido. Pedro, si ese hermano tuyo sigue aquí, ¿podría hacer un retrato del Chato?
-A Chimo le das una colección de lápices y le explicas los rasgos más característicos de una persona y es capaz de dibujarte al mismísimo diablo –afirma Ramo.
-Pues, ea. No pierdas ni un minuto más, por favor. Que te acompañe Manolo, que es muy bueno describiendo rasgos, y que tu hermano haga un retrato robot del Chato. Y después enseñarlo por ahí a ver que pescáis.
-¿Y para nosotros, jefe, que hueso nos vas a dar a roer? –inquiere con su ironía habitual Álvarez.
-Tú y Amadeo –contesta Grandal-, vais a tener como cometido indagar sobre el extranjero que estuvo en la habitación de Salazar. Seguid la pista del guiri que estuvo almorzando en un restorán de la playa y que iba acompañado de una mujer joven, por si fuera él. Dado que la investigación del retrato robot del extranjero no ha tenido el éxito que esperábamos, vamos a centrarnos en la mujer. Luis, Amadeo, ¿sería posible que fuerais al restorán donde estuvo comiendo la pareja y le preguntarais a la dueña, que parece tener buena memoria, como era la mujer que acompañaba al guiri que se zampó dos parrilladas de marisco?
-Pedido así, ¿cómo puede uno negarse? –comenta Ballarín con una sonrisa.
-Perdón, pero quiero exponer una objeción; bueno, más que una objeción es una perplejidad –expone Ponte-. He de confesaros que en este caso estoy más perdido que un pulpo en un garaje, como dicen mis nietos. Conozco aspectos parciales de la investigación, pero no tengo ni repajolera idea del conjunto de la misma. De lo que podríamos calificar como una visión global de en qué punto estamos sobre la investigación del caso. Lo he comentado con Luis y Amadeo y a ellos les ocurre más o menos lo mismo. Como aquí parece que el único que tiene esa visión global eres tú, Jacinto, creo que sería pertinente que antes de irnos a cumplir con los deberes que nos has puesto nos hicieras un resumen de hasta dónde hemos llegado y qué nos falta para dar por finiquitado el misterio de la muerte de Salazar. ¿Estáis de acuerdo?
   Los síes son unánimes, hasta Ramo que no ha sido citado asiente vigorosamente. La respuesta de Grandal sorprende a todos.
-Luis, ¿por casualidad no tendrás un papelógrafo?
-¿Y eso qué diablos es? –pregunta el aludido.
-Un caballete de trípode con una bandeja para rotuladores y en el que se instala un rotafolios.
-Pues no, pero espera, voy a mirar en el trastero donde guardan los juguetes mis nietos.
   Al momento, vuelve Álvarez portando un cuaderno de dibujo.
-Si te sirve esto, es lo único que he encontrado.
-Puede valer, necesito también un lápiz o un bolígrafo.
   Armado con ambos útiles, Grandal busca una hoja en blanco.
-Os resumiré dónde estamos y el rabo que nos falta por desollar, como diría Luis –Dicho lo cual se pone a escribir:
   Hora 16, Anca recoge bandeja de la habitación 16. Salazar está bien.
   H. 17,40. Rocío se asoma a la puerta y no entra al ver al Chato. Salazar está sentado en el sillón (desconocemos en qué estado).
   H. 17,50. Rocío ve salir del hostal al Chato.
   H. 17,55. Rocío ve subir a la 1ª planta a Espinosa.
   H. 18,15. Rocío y Anca irrumpen en habitación, Espinosa está dando de beber coñac a Salazar quien ya está en estado comatoso.
   Al llegar aquí, Grandal deja de escribir.                                         
-O sea, que Salazar se puso en estado comatoso entre las 16 y algo y las 18,15 aproximadamente. En esas dos horas y cuarto algo sucedió que es lo que hemos de investigar y dónde está la respuesta para solucionar el caso. De ese lapso sabemos que en la habitación estuvieron el Chato y Espinosa. ¿Estuvo alguien más? No lo sabemos todavía, pero varios testigos vieron a Alfonso Pacheco y a Jaime Sierra la tarde del 15 por Torrenostra. ¿Estuvieron ambos, juntos o por separado, en la habitación de Salazar? Es algo a investigar.
-Y por tanto, vamos a necesitar un buen par de botas, ¿no es eso, figura? –pregunta irónicamente Álvarez.

PD.- Hasta el próximo viernes que publicaré el episodio 98. “Verde y con asas”

viernes, 22 de marzo de 2019

Capítulo 23. Las piezas del puzle van encajando.- 96. Mano de hierro en guante de terciopelo


   Grandal ha distribuido las investigaciones pendientes entre sus jubilados amigos. Después que el hermano de Ramo haya bosquejado el retrato robot del extranjero que los pichones encontraron en la habitación de Salazar, ha enviado al pueblo a Ballarín y a Álvarez a hacer varias copias para enseñárselas a la gente de la playa y especialmente al personal del hostal.
   Mientras tanto, Ponte y Ramo han ido a Alcossebre a visitar los apartamentos Jeremías para indagar sobre la estancia en los mismos del Chato de Trebujena. Como Ramo ya estuvo preguntando por allí, los dos vejetes no tienen demasiados problemas para encontrar a la persona que, al parecer, tuvo más trato con el  antiguo púgil que resulta ser un viejo del país, que hace las veces de recepcionista y al que le gusta darle a la sin hueso.
-Pues sí, señor, ya lo creo que me acuerdo de esa persona que buscan y la recuerdo por dos motivos; mejor dicho, por tres. Uno, porque tenía toda la pinta de haber sido un boxeador de esos que salen en las películas de gánsteres, con la nariz chafada y la cara machacada. Otro porque hablaba un andaluz muy cerrado, tanto que a veces no se le entendía, y luego porque me pidió un Calendario Zaragozano que ya solo lo consulta la gente mayor. Recuerdo que quería saber en que día caía la fiesta de una virgen, no me acuerdo de cual, pero sí que era de Sevilla.
-¿Sabe usted si recibió visitas o le vio en compañía de alguien mientras estuvo aquí? –inquiere Ramo.
-Quia, no le vi con nadie. Era un hombre más bien solitario y de pocas palabras.
-¿Sabe si en algún momento se desplazó a Torrenostra o Torreblanca? –vuelve a preguntar Ramo.
-Eso no lo sé, pero si recuerdo que el día de la Virgen de Agosto pidió un taxi. No sé dónde pudo ir, pero si tienen interés en saberlo les puedo dar el teléfono del taxista que hizo el servicio y él se lo podrá decir. Ah, y ese mismo día se fue de aquí.
   La pareja de vejetes en cuanto se hacen con el móvil del taxista de Alcossebre que prestó un servicio al Chato el 15 de agosto le llaman. El conductor les dice que no da información sobre sus clientes, que eso es confidencial, pero deja caer que si le necesitan, no precisa para qué, está en la parada del puerto deportivo. A ella se dirigen ambos amigos. Da la impresión de que el chófer les está esperando porque cuando se acercan a la parada se adelanta un hombre vestido con un polo, bermudas y barba de tres días, que les pregunta:
-Ustedes deben ser los que querían saber los servicios que hice el día 15, ¿verdad? Lo siento, como les dije eso es confidencial. No podemos ir contando por ahí a quienes llevamos o dejamos de llevar. Lo comprenden, ¿verdad?
-Verá –es Ponte quien habla, entreverando verdades y mentiras-, estamos tratando de localizar a un amigo, jubilado como nosotros, y al que le hemos de dar una noticia urgente. Su hermano mayor, que vive en Trebujena, un pueblo de la provincia de Cádiz, acaba de fallecer y el otro hermano que le queda, y que es de nuestra partida de dominó en un centro de mayores de Madrid, nos ha pedido el favor de que le localicemos para que al menos pueda asistir al funeral. El último dato que tiene el hermano era que estaba pasando unos días en los apartamentos Jeremías y allí es donde nos han dicho que usted le recogió el día 15. Como ve, nuestro interés no es para nada malo, y como sabemos que usted se gana la vida con el taxi, creemos que es justo que le recompensemos –y diciendo esto, Ponte desliza en la mano del taxista un billete de veinte euros.
-Hombre, siendo para eso es otro cantar –responde el chófer que se ha apresurado a embolsarse el billete-. A ese señor que buscan le recogí efectivamente en los apartamentos Jeremías y le llevé a Torrenostra, que es la playa que está al sur de aquí, como a las doce del mediodía del 15. Le dejé allí y me volví para acá y no puedo contarles nada más.
-¿Comentó algo durante el viaje? –pregunta Ramo.
-No, señor. Estuvo más callado que un buzón de correos.
   Ambos amigos se vuelven con un dato que Ponte no duda en calificar de significativo: la confirmación de que el Chato estuvo en Torrenostra el día de autos. Por tanto, se abre la posibilidad de que pudo tener alguna clase de participación en el fallecimiento de Salazar. En el entretanto, Álvarez y Ballarín han encontrado una tienda de fotografía en el pueblo donde han hecho un puñado de copias del retrato robot del extranjero que estuvo en la habitación de Salazar la tarde de su fallecimiento. Siguiendo las indicaciones de Grandal han bajado a la playa y han comenzado a enseñar las fotos al personal y a los clientes del hostal. El motivo que alegan es que están buscando a un extranjero que les debe dinero. Si la gente se lo cree o no es algo que Grandal les ha dicho que no debe de preocuparles, que ellos deben de seguir a lo suyo. La patrona del hostal es la que les ofrece la primera información.
-No, no le conozco…, pero déjeme mirar bien –tras una prolongada mirada, la hostelera recuerda algo-. Un guiri, con cierto parecido a este, estuvo tratando de alquilar una habitación por horas…, pero no fue cuando la Virgen de Agosto sino unos días antes.
   La información de la hostelera alienta a los dos investigadores, pero ahí terminan sus hallazgos. Nadie recuerda haber visto a un tipo como el del retrato y eso que no parece que sea una persona corriente. Dónde preguntan con más insistencia es en los bares, chiringuitos y terrazas, pero el resultado sigue siendo negativo. De pronto, Álvarez recuerda algo.
-Aquí en la playa hay un centro Bicicleta Todo Terreno que también funciona como punto de información turística. Es uno de los sitios que suelen frecuentar los guiris pidiendo información. Vamos a acercarnos a preguntar, está justo detrás del hostal.
   La chiquita que está tras el mostrador del centro mira interesada la foto robot, pero niega haber visto aquella cara. Sin perder la esperanza de encontrar a alguien que les pueda dar una pista se patean la playa de norte a sur y de este a oeste con el mismo resultado negativo, hasta que en uno de los últimos restoranes que visitan, la arrocería El Marítim, la dueña que es quien los atiende después de mirar cuidadosamente la foto les comenta:
-Una persona que no sé si es la del retrato, pero que guarda un cierto parecido estuvo comiendo aquí el 15 de agosto. Y desde luego era extranjero, aunque no hablaba mal el castellano, ni mucho menos. Y estuvo acompañado de una joven que sí que era española. Pero ya les digo que no puedo asegurar que se trate de la persona del dibujo.
-¿Recuerda cómo era físicamente ese extranjero? –pregunta Álvarez-, me refiero a si era alto o bajo, delgado o grueso…
-De eso si me acuerdo. Era alto, como de bastante más de un metro ochenta y muy recio, parecía un armario de doble puerta.
-Por un casual, ¿recuerda que comió la pareja? –pregunta Ballarín ante la mirada un tanto sorprendida de Álvarez.
-Pues sí. Primero pidieron unos entrantes y de plato fuerte una mariscada; mejor dicho, dos, y como la chica solo se comió parte de la suya terminó devorándola el guiri. Vaya tragaderas que tenía. Claro que para alimentar a un corpachón como el suyo, todo es poco.
   Antes de volver al apartamento de su hijo, Álvarez llama a Grandal y le cuenta el resultado de la investigación. Lo único positivo que han sacado ha sido la información facilitada por la dueña de El Marítim.
-Poca cosa es –dice Grandal-, aunque menos da una piedra. ¿Y os ha dicho que estaba acompañado por una joven española?
-Es lo que nos ha contado.
-Si no podemos localizar al guiri, sería importante tratar de hacerse con esa chica –apunta Grandal.
-Ya me dirás cómo. Porque de ella no tenemos ningún dato.
-¿Habéis preguntado más datos de ella a la dueña del restorán?
-No, ni se nos ha ocurrido.
-Pues ya estáis volviendo allí y peguntadle por la chica que acompañaba al guiri.
-No jodas, Jacinto, que ya es hora de cenar –protesta Álvarez.
-Luis, ¿te acuerdas de aquella frase que dice: lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana? Pues aplícatela. Moved el culo y volved al restorán. Espero tu llamada –y Grandal cierra la comunicación.
   Cuando Álvarez cuenta lo que Grandal acaba de pedir y cómo lo ha hecho Ballarín se mosquea.
-Empiezo a estar de Jacinto hasta las pelotas, ¿pero quién se habrá creído qué es?
-La verdad es que se está pasando varios pueblos. Se ha tomado tan en serio esta investigación que nos trata como si realmente fuéramos subordinados suyos y no meros amigos. Habrá que darle un toque.
   Cuando Álvarez y Ballarín llegan al apartamento de Torrenostra les están esperando Ponte y Ramo que se apresuran a contar su visita a los apartamentos Jeremías y su charla con un taxista, con el resultado de que se confirma que el llamado Chato de Trebujena estuvo en la tarde del 15 en Torrenostra, lo que corrobora la declaración de Rocío Molina de que le vio en la habitación de Salazar. A su vez, los que han buscado al guiri relatan lo que han averiguado enseñando la foto robot del misterioso extranjero que también estuvo en la habitación 16 la tarde de autos. Finalmente, les cuentan la imposición de Grandal de que volvieran al restorán para preguntar sobre la mujer que acompañaba al guiri, suponiendo que fuera el mismo. Y Álvarez concluye:
-… y le he comentado a Amadeo que Jacinto nos está tratando más como subordinados que como amigos. Que habría que darle un toque.
-Estoy de acuerdo. Y ese toque quien mejor se lo puede dar eres tú –afirma Ballarín dirigiéndose a Ponte.
-¿Y por qué he de ser yo? –inquiere Ponte fastidiado por el marrón que su amigo quiere colgarle.
-Porque si lo hace Luis montará un pollo, ya le conoces, y en lo que me toca sabes que la diplomacia tampoco es mi fuerte. En cambio, tú tienes la suficiente mano izquierda como para poner las cosas en su sitio sin que se enfade.
-O sea, qué mano de hierro en guante de terciopelo –sentencia Ponte con una media sonrisa.

PD.- Hasta el próximo viernes que publicaré el episodio 97 “El mejor amigo del policía es un buen par de botas”.