martes, 19 de febrero de 2019

*** Post sobre el Índice

A petición de algunos lectores de la novela "Una playa demasiado tranquila, cuelgo en el blog el Índice de personajes, entes, lugares y acrónimos de la obra para una mejor comprensión de la misma.


Índice de personajes, entes, lugares y acrónimos de “UNA PLAYA DEMASIADO TRANQUILA”
-ABC: periódico decano de la prensa madrileña de tendencia monárquica y conservadora
-Alaya, Mercedes: jueza que instruyó la mayor parte del caso ERE
-Alcalà de Xivert: municipio de la comarca del Bajo Maestrazgo (Castellón), emplazado entre Santa Magdalena de Pulpis al norte y Torreblanca al sur. Su barrio marítimo es Alcossebre
-Alcossebre: barrio turístico y marítimo (Mediterráneo) de Alcalà de Xivert, emplazado entre Peñíscola al norte y Torrenostra al sur
-Alessia: turista italiana, ligue ocasional de Pakelia
-Almagro, Juan Antonio: exconsejero de la Junta, lidera el grupo que envía al Chato de Trebujena a darle una paliza a Curro para intimidarle
-Álvarez, Luis: exempleado jubilado del Canal de Isabel II, miembro del cuarteto de amigos que ayudan a Jacinto Grandal
-Alvito: pequeño pueblo portugués de la región de Alentejo, primer escondite de Curro Salazar
-AVE: sigla de Alta Velocidad Española, tren español muy veloz
-Asunción: esposa de Amadeo Ballarín
-Ballarín, Amadeo: ferretero jubilado, miembro del cuarteto de amigos que ayudan a Jacinto Grandal
-Bellido, Hernando: sargento del puesto de la Guardia Civil de Torreblanca y que ejerce de policía judicial en el caso Pradera
-Benicàssim: pueblo turístico y marítimo (Mediterráneo) de la comarca de la Plana Alta, emplazado entre Castellón al norte y Orpesa del Mar al sur.
-Betoret, Eulalia: patrona del hostal Los Prados donde se hospeda Curro Salazar
-Caso ERE: el mayor caso de corrupción política ocurrido en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Actualmente se está juzgando
-Caso Pradera: nombre dado a la investigación del fallecimiento no natural de Curro Salazar
-Ciudadanos: partido político español de corte liberal-conservador
-Costa de Azahar: nombre turístico dado a la costa de la provincia de Castellón
-Curro Salazar: sindicalista, hombre clave en el caso ERE y protagonista de la novela
-Chato de Trebujena, El: apodo de Pepillo Jiménez, exboxeador, enviado por el grupo de Almagro para intimidar a Curro Salazar dándole una paliza
-Chelo: novia de Grandal con quien pasa las vacaciones de verano y que trabaja de escort el resto del año
-DNI: sigla de documento nacional de identidad
-Dumitrescu, Anca: camarera rumana del hostal Los Prados y novia de Vicentín
-ERE: sigla de expediente de regulación de empleo, procedimiento administrativo-laboral para suspender o extinguir las relaciones laborales garantizando los derechos de los trabajadores
-Espardenyera: hija de la Maicalles, y una de las cotillas más conocida de Torreblanca
-Espinosa Valgrande, Carlos: enviado por un grupo de empresarios para negociar con Curro
-Fabregat, Vicentín: novio de Anca, natural de Torreblanca
-Francisco José: hijo mayor de Curro Salazar
-Gálvez, Eduardo: empresario que lidera el grupo que envía a Carlos Espinosa a negociar con Curro y a Grigol Pakelia a que le mate si falla la negociación
-Grandal, Jacinto: comisario de policía jubilado, líder del cuarteto de jubilados y coprotagonista
-Grao de Castellón, El: barrio marítimo y puerto de Castellón
-Guardia Civil: instituto armado español de naturaleza militar que forma parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, popularmente conocido como la Benemérita
-Hernández, Macarena: esposa de Alfonso Pacheco
-IDEA: sigla de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía que dirigió Jaime Sierra
-Jiménez, Pepillo (el Chato de Trebujena): enviado por el grupo de Almagro para dar una paliza a Curro Salazar para intimidarle
-Junta de Andalucía: gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía
-Marina d´Or: resort ubicado en Orpesa del Mar (Castellón) y al sur de Torrenostra, importante centro turístico
-Martínez Galán, Francisco: nombre falso que usa Curro Salazar en Torrenostra
-Matilde: esposa de Luis Álvarez
-Molina, Rocío: examante de Curro
-Mundo, El: periódico madrileño con fama de sensacionalista
-Muñoz, Felipe: lidera el grupo que envía a Jaime Sierra a negociar con Curro Salazar
-Nacho: hijo de Luis Álvarez y dueño de un apartamento en Torrenostra que usan en agosto los jubilados amigos de su padre
-Nicoleta: camarera rumana del hostal Los Prados
-Orpesa del Mar, pueblo turístico y marítimo (Mediterráneo) de la comarca de la Plana Alta, emplazado entre Benicàssim al sur y Torreblanca al norte
-Pacheco Ruiz, Alfonso: enviado por grupo de exaltos cargos andaluces para negociar con Curro Salazar, casado con Macarena Hernández
-País, El: periódico madrileño proclive al socialismo
-Pakelia, Grigol: sicario georgiano enviado por empresarios andaluces para liquidar a Curro Salazar
-Partido Popular (PP): formación política de centro-derecha, uno de los partidos políticos más importantes de España
-Partido Socialista Obrero Español (PSOE): formación política socialdemócrata, uno de los partidos políticos más importantes de España
-Pepote el Salvaculos: amigo y confidente de Curro Salazar
-Podemos: partido político español de corte populista e izquierdista
-Ponte, Clara: hija de Manuel Ponte
-Ponte, Manuel (Manolo): exempleado jubilado de Iberdrola, miembro del cuarteto de amigos que ayudan a Grandal
-Pradera, Caso: nombre dado a la investigación del fallecimiento no natural de Curro Salazar
-Prados, Los: hostal en el que se hospeda Curro Salazar en Torrenostra
-Ramo, Pedro: vecino y amigo de Ponte, natural de Torreblanca aunque vive en Madrid
-Salazar Jiménez, Francisco (Curro): sindicalista, hombre clave en el caso ERE y protagonista de la novela
-Salazar, Francisco José: hijo mayor de Curro
-Salcedo, Gabriel: lidera un grupo de expolíticos andaluces que envían a Alfonso Pacheco a negociar con Curro Salazar
-Sierra Ortigosa, Jaime: exdirector de IDEA, enviado por grupo de Felipe Muñoz para negociar con Curro Salazar
-Tavira: ciudad portuguesa sita en la costa de la región de Algarve, segundo escondite de Curro
-Trebujena: pueblo de Cádiz del que son oriundos el Chato y Rocío Molina
-Torreblanca: pueblo de la comarca de la Plana Alta (Castellón), emplazado entre Orpesa del Mar al sur y Alcalà de Xivert al norte. Su barrio marítimo es Torrenostra
-Torrenostra: barrio marítimo (Mediterráneo) y turístico de Torreblanca, emplazado entre Alcossebre, al norte, y Marina d´Or al sur y en el que se desarrolla la novela
-UCO: sigla de Unidad Central Operativa, órgano central de policía judicial de la Guardia Civil, encargada de investigar y perseguir el crimen organizado
-UGT: Unión General de Trabajadores, sindicato socialista
-Valle, Isabel del: titular del juzgado de instrucción nº 4 de Castellón y que instruye el caso Pradera
-Villas, Las (de Benicàssim): barrio marítimo (Mediterráneo) y turístico de Benicàssim
-Zahara de los Atunes: pueblo de la costa gaditana del que es oriundo Francisco Salazar

viernes, 15 de febrero de 2019

91. ¡Como si nos hubiese tocado el bote de euromillones!


   Jaime Sierra, aunque le repugna ser un chivato por cuestión de principios, hace de tripas corazón y decide responder con la verdad a la pregunta de la instructora sobre si conoce a otras personas que visitaron a Salazar. Y lo hace porque si le pillan en un renuncio puede acarrearle problemas.
-Sí, conozco a varias, señoría. Precisamente, al día siguiente que le pegaron a Salazar la paliza, nos juntamos un grupo de personas esperando su vuelta de Castellón para saber qué le habían dicho los médicos. De ese grupo conocía a todos salvo a uno. Allí estaban: Alfonso Pacheco, el hijo mayor del difunto Francisco José, Rocío Molina su antigua novia y la persona que conocí en ese momento, Carlos Espinosa.
-Explíqueme de qué les conocía.
-A Pacheco le conozco desde hace muchos años, ambos hemos trabajado para la Junta de Andalucía y además somos compañeros de partido. A Francisco José le conocía al ser hijo de Curro pero muy superficialmente. A Rocío la conocía como novia del fallecido, pero que al igual que con su hijo mis contactos con ella fueron escasos y superficiales. En cuanto a Espinosa, como he dicho, no le conocí hasta aquel día.
-¿Sabe usted si alguno de ellos podía sentir aversión hacia Salazar o tener algún motivo como para causarle la muerte?
-No lo creo, señoría, aunque mis contactos con todos ellos eran muy someros salvo con Pacheco y este no solo no sentía ninguna animadversión hacia Salazar sino que fue quien le salvó de que siguieran golpeándole y quien al día siguiente le llevó a Castellón a que le reconocieran. Los demás no sé si sentían alguna aversión hacia Curro. De Espinosa, que como acabo de declarar le conocí en ese momento, no puedo decir nada –A Sierra no le importa desviar las sospechas hacia el malagueño, piensa que es mejor que haya un cabeza de turco.
-Volvamos atrás. La causa que ha declarado de su estancia en la provincia la considero bastante inconsistente. Podría explicarla de la forma más convincente posible.
   Sierra, que hasta ahora ha estado a la defensiva, decide pasar al ataque.
-Tengo poco más que añadir, señoría, pero si tiene en cuenta que soy soltero, que estoy en el paro y que por muy conocidas me aburren un tanto las playas andaluzas, comprenderá que no es tan inconsistente que decidiera pasar unos días con un amigo en la Costa de Azahar que no conocía, exactamente en una de las playas más publicitadas, Marina d´Or, y en cuyo mismo municipio también se encontraba un viejo amigo, Alfonso Pacheco. Usted, señoría, puede calificar que todos esos motivos son inconsistentes, si me lo permite yo los adjetivaría de otro modo: habituales, comunes, ordinarios o naturales –Sierra tira de sinónimos para hacerle ver a la jueza que no está tratando con un palurdo iletrado.
-¿Por qué se marchó el mismo día del fallecimiento de Salazar? –la instructora cambia de tema.
   Sierra procura ser lo más convincente posible porque es consciente de que ese puede ser uno de los puntos débiles de su declaración. Es una respuesta que también la ha pactado con Pacheco.
-Al fallarme el amigo con el que había organizado el viaje, me aburría de estar solo y estaba pensando en marcharme. Solo faltó que Alfonso, me refiero al señor Pacheco, me dijera que se volvían a Sevilla porque le habían llamado del trabajo. Fue lo que acabó de decidirme y como dicen en esta tierra, pensat i fet, lo pensé y lo hice al instante. Empaqué mi espartano equipaje, cogí el coche y me puse en carretera. Si hubiera sabido lo que le estaba pasando a Salazar no me hubiese ido, habría ido a echar una mano en lo que pudiera.
-¿Tiene algo más que declarar?
-No, señoría.
   La jueza da por terminada la declaración del testigo con lo que han concluido las declaraciones de los tres testigos citados para el día de la fecha. Ha llegado la hora de dictar resoluciones. La instructora vuelve a releer detenidamente las manifestaciones de los declarantes y acaba ciñéndose a la declaración de Carlos Espinosa pues es la que más interrogantes encierra. Se dice que el motivo de la estancia en Castellón del malagueño, un presunto negocio con el fallecido, no parece muy sólido, pero es el suceso de la botella de coñac y que se la diera a beber a un hombre que, según afirman los testigos, se encontraba muy enfermo lo que más sospechoso resulta. Tras meditarlo detenidamente y consultar el Código Penal, resuelve dejarle libre pero con cargos, el de la omisión del deber de socorro. En cuanto a Alfonso Pacheco, al no estar en la habitación 16 la tarde de autos, le deja libre sin cargos. Por el mismo motivo, deja libre sin cargos a Jaime Sierra, aunque se queda con dudas pues la motivación que ha dado de su estancia en la Costa de Azahar hace aguas por todas partes. Finalmente, en la resolución se les advierte a los tres que estén localizables por si es necesario volver a interrogarles o someterles a algún careo.
   En el entretanto, Grandal ha enviado a Castellón al trío formado por Álvarez, Ballarín y Ponte para que, a través del reconocimiento de las matrículas de los coches de los que vienen a declarar desde Andalucía, traten de localizar y, en su caso, fotografiar a Espinosa, Pacheco y Sierra. Si lo consiguen enseñarán sus fotos a los empleados del hostal los Prados para ver si reconocen a alguno. El trio de ayudantes recorre a bordo del Seat de Álvarez los alrededores de los hoteles de más de tres estrellas de la ciudad para ver si dan con alguna de las matrículas. El resultado es decepcionante, no descubren nada.
-Esto no es tan fácil como el negrero de Jacinto había pensado –se queja Álvarez.
-Tened en cuenta que muchos de estos hoteles deben de tener garaje. Si han metido los coches en ellos no los descubriremos –comenta Ballarín.
-Igual están en algún hotel de El Grao o de Benicàssim que están muy cerca de la ciudad –apunta Ponte para que sus amigos no se desfonden.
-Solo nos queda mirar en los alrededores de la Audiencia –sugiere Álvarez.
   Tras debatirlo, optan por aparcar el coche y se van andando a la Audiencia Provincial, ubicada en el Bulevar Blasco Ibáñez, s/n, como si fueran tres viejos que están pasando la mañana. El edificio judicial no está tan protegido como suponían, solo ven a un vigilante de una empresa privada de seguridad, lo que les tranquiliza. Pese a todo siguen sin descubrir ninguno de los vehículos que buscan. Pasa el tiempo y el desánimo va cundiendo entre los vejetes.
-¿Jacinto estaba seguro de que esos fulanos iban a declarar hoy? –pregunta Ballarín.
-Segurísimo, se lo sopló el sargento de Torreblanca y ese lo tiene que saber bien –responde Álvarez.
-Chicos, mis pies han dicho basta, si no me siento un ratito vais a tener una baja –se lamenta Ponte que al ser el más viejo es quien primero flojea.
-Vamos a tomarnos algo en ese bar de la esquina y descansas un rato –propone Álvarez haciendo caso de la queja de su amigo.
   El bar tiene una nutrida clientela entre la que hay muchos funcionarios de la cercana Audiencia. El trio se queda de pie en la barra hasta que Ponte, que es el que más lo necesita, ve levantarse de una mesa a unos abogados que todavía visten la toga obligatoria cuando se presentan ante los tribunales. Se da prisa por ocupar la mesa antes de que otros se la birlen. Cogen las consumiciones de la barra y las llevan hasta la mesa: Ballarín un descafeinado con edulcorante, Ponte un café con leche y Álvarez una cerveza. En la mesilla de al lado hay dos hombres jóvenes y bien trajeados que hablan un andaluz de manual. Aunque procuran no elevar mucho el tono no les queda más remedio que hacerlo pues el nivel sonoro en el establecimiento tiene tantos decibelios que solo hablando alto se puede entender la gente. Por lo que comentan ambos andaluces, en ocasiones acaloradamente, al trio de jubilados les cuesta poco tiempo comprender que sus vecinos deben de ser dos de los que han declarado en el caso Pradera. Ballarín, recordando lo que hicieron durante la investigación del robo del Tesoro Quimbaya (*) en una ocasión parecida, dispone la trama. Saca con toda parsimonia, y sin esconderla, su cámara y se retira unos pasos como si fuera a fotografiar a sus dos amigos que se ponen sonrientes en pose. Además de a sus amigos ha sacado un par de instantáneas a ambos andaluces que ni siquiera se han molestado en mirarles. El exferretero hasta se excede en su virtuosismo de espía aficionado pues haciendo gala de una notable sangre fría le pide a uno de sus vecinos si es tan amable de hacerles una foto a él y a sus amigos.
-Faltaría más –acepta Pacheco que es a quien se lo ha pedido.
   La diosa Fortuna parece sonreír al trio pues cuando están a punto de levantarse un hombre elegantemente vestido que acaba de entrar es llamado por los andaluces. El trio de viejos se queda en la mesa, igual se enteran de más cosas. A quien han llamado Pacheco y Sierra, pues efectivamente de ellos se trata, es a Carlos Espinosa que está tan moreno como pálido, tiene motivos: la jueza hace diez minutos que le ha dejado en libertad pero con cargos. La rabia que le invade es mayúscula. Maldice el momento en que aceptó el encargo de negociar con Salazar y maldice más la estupidez que cometió al tratar de envenenarle. “Menos mal –se dice- que parece que no han descubierto el raticida en la autopsia que han debido hacerle”. Su cabreo aumenta cuando Pacheco y Sierra le informan que a ellos no les han imputado ningún cargo. Oyendo esa charla es como el trio averigua que inopinadamente acaban de descubrir al último de los testigos que buscaban. Ballarín vuelve a hacer la pantomima de fotografiar a sus dos compañeros de mesa y al tiempo retrata asimismo a los testigos. Misión cumplida.
   “¡Esto es como si nos hubiese tocado el bote de euromillones!” se dice Ballarín al pensar en la fortuna que han tenido al poder cazar a los tres testigos de una tacada.

PD.- Hasta el próximo viernes que publicaré el capítulo 22, episodio 92. “A ver si descubrimos el filón”.
(*) La novela “El robo del tesoro Quimbaya” puede leerse en este blog.

viernes, 8 de febrero de 2019

90. Alea iacta est


   Carlos Espinosa trata de recordar los consejos que le dio el penalista que le asesoró pues ha de responder a la reiterativa pregunta de la jueza de cómo puede explicar la contradicción entre el autodominio que demostró en la habitación 16, al decir de las testigos, y su estado de shock como acaba de declarar. Su asesor jurídico le dio dos opciones de respuesta: una, que echara balones fuera como se dice coloquialmente cuando uno escurre el bulto y sale por los cerros de Úbeda; otra, que se aferrara a que estaba en estado de shock y que lo mantuviera a capa y espada. Fue esta última la que le recomendó si el interrogatorio era incisivo. El malagueño entrecierra los ojos, lo piensa e intuye que la juez del Valle no parece ser de las que comulgan con ruedas de molino. No sabe por qué en ese momento crucial recuerda a su vieja profesora de latín del bachillerato: alea iacta est, la suerte está echada, y sin pensarlo más se lanza a tumba abierta.
-No niego, señoría, que en un primer momento me mantuve muy calmo, muy dueño de mí. No es la primera vez que en uno de los hoteles que he dirigido me he encontrado en situaciones parecidas. Por tanto, se puede decir que tengo una cierta experiencia ante incidentes similares a los que nos estamos refiriendo. He de añadir que ambas testigos no mienten, su relato sobre mi comportamiento es correcto. El problema surgió cuando salí de la habitación. Como he dicho antes me dio tal shock que me trastorné y solo pensé en irme de allí lo más rápidamente posible. Y me olvidé por completo del médico, de la ambulancia y de todo. Es una de esas cosas que le ocurren a uno y que son irracionales, que no tienen explicación posible. Puede sonar a increíble, pero le juro señoría que eso fue lo que me pasó –cuando Espinosa termina su alegato, dicho en tono vehemente, está ligeramente trasudado.
   En esta ocasión, la juez no parece estar muy convencida con la declaración del malagueño porque insiste en la misma cuestión.
-Señor Espinosa, usted estaría trastornado, pero a pesar de estar en estado de shock, como declara, tuvo el suficiente control para llevarse la botella de coñac puesto que, como ha dicho, pensó que un brandy de esa categoría era una pena desperdiciarlo. Sigue existiendo una remarcable contradicción entre lo que declara y su comportamiento en la habitación 16, dentro y fuera de ella. Insisto: ¿cómo la explica?
-Señoría, ya he dicho que no puedo explicarlo porque hay reacciones que son inexplicables. Es más, soy consciente que fue una reacción totalmente irracional. Es cuanto puedo decir en mi descargo.
   La jueza decide que no tiene mucho sentido seguir insistiendo sobre la misma pregunta porque el testigo no hace más que repetir lo mismo y da por concluida la declaración. Ordena un corto receso para que el secretario termine de transcribir el acta que recoge la declaración de Espinosa. En vez de dictar la resolución, la juez opta porque declare el siguiente testigo: Alfonso Pacheco Ruiz.
   Pacheco, en su declaración ante la Jueza de Instrucción, se atiene estrictamente al guion que ha preparado con un jurista del bufete que trabaja para su suegro. En respuesta a las preguntas de su señoría explica que su estancia en la provincia de Castellón se debía a haber recibido del Director General del Medio Natural y Espacios Protegidos, dirección encuadrada en la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, el encargo de estudiar sobre el terreno como se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo. Una vez allí, se enteró a través de un amigo común que su paisano Curro Salazar estaba veraneando en Torrenostra. Como hacía tiempo que no lo veía un día que no tenía programada ninguna actividad se acercó a la citada localidad a visitarle. Luego cuenta el incidente de la paliza que alguien a quien no pudo reconocer le estaba dando a Salazar, no cita el nombre del Chato de Trebujena pues el abogado le ha aconsejado que mejor que no lo mencione. Y como al día siguiente se vio en la obligación moral de llevar a su paisano a una clínica de Castellón para que le hicieran una revisión médica. Después le visitó varias veces para ver como evolucionaba su estado, algunas de esas visitas en compañía de Jaime Sierra, amigo común de ambos y que también veraneaba en las cercanías. Y poco más tiene que agregar. La jueza sigue con sus preguntas:
-Usted debía saber que Francisco Salazar estaba en busca y captura por un auto del Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, ¿por qué ayudó a un prófugo? –La inexperiencia de la jueza se muestra en preguntas como la que acaba de realizar.
-Señoría, era conocedor de que Salazar estaba encausado en el caso ERE, pero no que estuviera en busca y captura. Por eso no tuve ningún problema en ayudarle.
-¿Estuvo viendo a Salazar la tarde del día 15?
-No, señoría –contesta Pacheco con el mayor aplomo posible.
-¿Sabe usted si Salazar tenía enemigos o si existen personas que tengan algún motivo como para causarle la muerte?
   Pacheco recuerda uno de los consejos que le ha dado el letrado: que si le hicieran una pregunta como la que acaba de formularle la jueza declare que Salazar tenía muchos enemigos y que es posible que más de uno de ellos desease su muerte. Con ello puede desviar el foco de atención hacia otros posibles causantes del fallecimiento del exsindicalista.
-Creo que enemigos tenía muchos. Como su señoría debe saber, Salazar al estar encausado en el caso ERE, y debido a que fue el epicentro de muchos de los supuestos falsos expedientes de regulación de empleo, debía de tener mucha información al respecto y podía incriminar a mucha gente que podía desear su desaparición.   
-¿Conoce algún nombre en concreto de personas que deseaban la desaparición del señor Salazar?
-No, señoría. Creo que en Sevilla circulan muchos rumores al respecto, pero noticia fiable y veraz no conozco ninguna, por eso no le puedo dar ningún nombre concreto.
-Bien. Cuente con el mayor detalle posible qué hizo el día 15 –pregunta la instructora.
   Pacheco declara que pasó toda la mañana en la playa de la Concha de Orpesa en compañía de su mujer, que luego estuvieron comiendo en un restorán, que después se echaron una siesta, luego pasearon un rato por el Paseo Marítimo, cenaron pronto y se acostaron porque querían salir a primera hora en dirección a Sevilla…
-Estábamos alojados en el Hotel Tufi Dive Resort, lo cito porque le podrán confirmar lo que le estoy contando -concluye.
-¿Por qué se marcharon al día siguiente del fallecimiento de Salazar?
   Es otra de las muchas preguntas que ha preparado con el letrado del bufete que asesora a la empresa de su suegro.
-Porque el mismo día 15 recibí una llamada de mi Director General informándome de que mi presencia era necesaria en el trabajo y que debía regresar inmediatamente.
-¿Tiene algo más que declarar?
-No, señoría.
   La jueza se da por satisfecha con la declaración del ingeniero y da por terminado su interrogatorio. Tampoco toma de momento ninguna resolución, ha optado por terminar las declaraciones de los tres testigos citados para el día de hoy. El siguiente que declara es Jaime Sierra Ortigosa. La declaración del antiguo director de la Agencia Idea discurre por sendas parecidas a las de su colega Pacheco. Explica el motivo de su estancia en la Costa de Azahar: hacía tiempo que tenía ganas de conocerla, especialmente el enclave de Marina d´Or por la enorme publicidad que de él se hace en los medios. Cuenta igualmente, a preguntas de la instructora, como a través de Alfonso Pacheco se enteró de la agresión que sufrió Salazar y, dado que aunque no podía calificarse de amigo sí era un antiguo conocido, fue a verle al hostal donde se hospedaba. Y que luego le visitó varias veces, algunas de ellas en compañía de Pacheco sin poder precisar cuántas, para ver como evolucionaba de sus fracturas. Y que poco más puede añadir. La jueza comienza a hacerle las mismas preguntas que le planteó a Pacheco, aunque ha reformulado algunas de ellas.
-¿Sabía usted que Salazar estaba en busca y captura?
   Las respuestas de Sierra son un calco de las de Pacheco, para eso han preparado al alimón sus declaraciones.
-No, señoría. Sí sabía que estaba encausado en el caso ERE, pero no que estuviera en busca y captura.
-¿Estuvo viendo a Salazar la tarde del día 15?
-No, señoría –contesta Sierra que no puede evitar que un pequeño espasmo le sacuda el estómago.
-¿Sabe si Salazar tenía enemigos o si existen personas que tengan algún motivo como para causarle la muerte?
   La respuesta de Sierra va encaminada en idéntico sentido a la que dio Pacheco.
-El difunto Salazar era una persona que debía de tener tantos amigos como enemigos. Eso les ocurre generalmente a los que desarrollan su actividad en el ámbito sindical y político. Puedo añadir que era hombre que estuvo muy metido en lo que se ha venido en llamar el caso ERE y como uno más de los encausados también debía tener muchos enemigos, según se comenta en Sevilla. ¿De tal talante cómo para causarle la muerte? No tengo respuesta para ese interrogante, señoría.
-¿Recuerda las personas que vio visitando al fallecido Francisco Salazar?
   Ante la pregunta, Sierra duda. Le repugna involucrar a otras personas, pero como licenciado en derecho sabe que, según dispone el Código Penal español, cuando uno declara como testigo está obligado a contar cuanto sepa sobre lo que se le pregunte. Ya le ha mentido a la jueza, pero ha sido para salvaguardar un bien mayor para él: salir del juzgado sin cargos. Es igualmente sabedor que si le pillan en una mentira puede ser sancionado con multa de 200 a 5.000 euros y que si persistiere en su negativa podría ser acusado de un delito de obstrucción a la justicia. Lo de ser un chivato como se dice en su andaluza tierra no va con él, pero…

PD.- Hasta el próximo viernes que publicaré el episodio 91. ¡Nos tocó el euromillones!