viernes, 21 de diciembre de 2018

Capítulo 20. Grandal ya tiene quien le ayude.- 83. El que algo quiere algo le cuesta


   En la reunión que Grandal tiene con Rocío y Anca para que le cuenten cuanto saben sobre la muerte de Curro Salazar, la andaluza omite que vio al Chato de Trebujena en la habitación del exsindicalista la tarde del 15. Sigue pensando que algún día podrá obtener beneficios a cambio de revelar que vio al exboxeador. La omisión, aunque no sabe sobre qué, no le pasa por alto a
Grandal que tiene muchas horas de interrogatorios en su haber, por eso ha puesto a la andaluza entre la espada y la pared, la ha instado a que cuente cuanto sabe y que no le vaya con cuentos chinos.
-Rocío, te repregunto y es la última oportunidad que te doy: has dicho que viste a un individuo que tenía mala jeta y a esa conclusión no se llega con una sola ojeada. Me has descrito su cuerpo, haz lo mismo con su cara.
   La andaluza se ve derrotada, pero no arroja del todo la toalla. Le describirá el rostro pero no le dirá a quien pertenece.
-Pue, verá usté, don Jasinto, argo si recuerdo: tenía una cara ancha, labios gruesos, ojos chicos y lo más destacado era que tenía la narís aplastá, como si se la hubiesen planchao.
-Muy bien, Rocío. Te felicito porque para una ojeada te fijaste en muchos rasgos. ¿Y no sabrás a quién pertenece ese rostro que tan bien has descrito?
   Ante la pregunta directa que no esperaba, Rocío duda una milésima de segundo, tiempo suficiente para que la entrenada mente del expolicía se haya percatado. “Esta fulana sabe quién es el tipo, pero no lo va a decir. Se lo tendré que sacar por otras vías” se dice Grandal.
-Pue no lo sé, pero le aseguro que no hago más que darle vuertas a la cabesa porque me parese que esa cara la he visto en arguna parte, pero no recuerdo dónde. En cuantito m´acuerde se lo digo volando, por estas que son cruces –dice la andaluza cruzando los índices.
-Así lo espero –Grandal piensa que no es momento de presionar más a Rocío y lo deja correr-. Bien, y ahora vamos con el guiri que, al parecer, entró para ayudar a Salazar –pasa a otra página del rotafolios y rotula- 19.10 h., mas menos, Rocío, Anca y Vicentín entran en la habitación 16 y ven a un extranjero inclinado sobre Salazar-. Habladme de ese extranjero, suponiendo que lo fuera. Empieza tú, Rocío.
-Pue verá usté, don Jasinto –la andaluza ya se ha hecho con una muletilla para darse tiempo a pensar lo que debe y lo que no debe contar-. Ma o meno, a la hora que ha dicho entramos los tres y vimos a un guiri poniendo la armohada bajo la cabesa der pobre Curro. Nos quedamos tos paraos en la puerta porque lo que menos esperábamos era encontrarnos allí a un forastero. Recuerdo que Anca le preguntó qué hasía allí y nos echó una parrafá, en ese españó que hablan los guiris que no hay cristiano que los entienda. Lo que le entendimos es que pasaba por er pasillo y que ar escuchar quejios entró por si podía ayudar.
-Fue así, señor Grandal, como lo cuenta Rocío –reafirma Anca-. Recuerdo que le pregunté: ¿quién es usted, qué hace aquí? Y entonces se volvió y nos contestó en un castellano difícil de entender como ha dicho Rocío.
-Bien. Describidlo.
    Ambas mujeres se miran, Rocío hace un gesto dándole la palabra a la rumana.
-Lo que mejor recuerdo es que era muy grande y muy fuerte, como un armario ropero, vamos. Tenía el pelo negro y unos ojos oscuros con una mirada como muy dura. Los demás rasgos de la cara eran normales, quiero decir que no tenía nada que destacara. Ah, también tenía unas manos más grandes que la pala de un tractor.
-Otra cosa, don Jasinto –explica Rocío-. Cuando le pregunté que cómo había oío ayes si er pobre Curro no había dicho ni pio hasta entonses, no me respondió, se limitó a encogerse de hombros. A mí aquello si me paresió raro, pero como nuestra preocupasion era er estao de Currito pues lo pasamos por arto.
-Vale. ¿Y cuándo se marchó?
   Otra vez las dos mujeres vuelven a consultarse con la mirada. Es Anca la que habla:
-De seguro no lo sé, pero calculo que estaría con nosotros como diez o quince minutos aproximadamente.
-¿Se despidió o se fue a la francesa?
-Dijo argo de que como allí ya no hasía farta que se iba –explica Rocío.
-¿Seríais capaz de reconocerle en una foto?
   Ambas jóvenes asienten.
-Bien. Por el momento es todo, pero seguiremos hablando. Vuestros recuerdos son fundamentales para descubrir lo que ocurrió en la habitación 16 –Grandal sabe por experiencia que se cazan más moscas con miel que con hiel, por eso halaga a las mujeres-. Ahora –dice dirigiéndose a Anca-, necesito dialogar con tu novio, me refiero a Vicente Fabregat, ¿cómo puedo ponerme en contacto con él?
-Huy, va a ser difícil. Su padre le ha mandado que no diga ni una palabra del suceso sino es en presencia de su abogado y que mejor que se olvide de todo lo ocurrido.
-Bueno, eso será para cuando sea interrogado de manera oficial, pero no es el caso. Yo no voy a interrogarle, solo quiero charlar con él tal como lo estoy haciendo con vosotras, de una manera informal y sin que tenga ninguna repercusión legal.
-Lo intentaré, señor Grandal, pero ya le digo que como se entere su padre se puede montar un cirio de narices. No sabe el mal genio que se gasta el viejo Fabregat y las buenas relaciones que tiene con todos los que mandan en el pueblo.
-Mira, Anca, vamos a hacer una cosa. ¿Conoces el Hotel Balneario de Marina d´Or?, ¿qué no has estado nunca? Bueno, pues le cuentas que tienes el capricho de conocerlo y me dices el día y la hora en que vais a ir, y por casualidad me toparé allí con vosotros. Me lo presentas y tendremos una agradable conversación entre los tres. Y, por supuesto, de esto que no se entere su padre ni nadie. Será nuestro secreto.
-Es que… -A la joven rumana la propuesta del excomisario no parece hacerle demasiada gracia y se resiste-, verá, señor Grandal, prácticamente hemos roto y se me hace muy cuesta arriba pedirle nada.
-¿Cómo que habéis roto si estuvisteis todo el tiempo juntos cuando la odisea del maletín?
-Ya habíamos roto; mejor dicho, yo le había dejado porque estaba harta de sus ataques de cuernos, fue Rocío la que lo metió en lo del maletín y yo no me opuse, pero desde entonces no hemos vuelto a hablar. Además, me da que su familia le ha prohibido que vuelva conmigo y yo estoy como unas pascuas de contenta que sea así porque en los últimos tiempos la relación se había vuelto un sinvivir.
-Anca, el que algo quiere, algo le cuesta. Te pregunto lo mismo que le pregunté a Rocío: ¿quieres que te ayude a no entrar en el trullo o prefieres pasar en él una temporada?
-¡Ay, don Jacinto, que duro es usted! –Se lamenta Anca-. Bueno, tendré que hacer de tripas corazón y volver a ponerle buena cara a ese membrillo. ¿Cuándo quiere que nos encontremos en ese hotel que ha dicho?
-Mañana mejor que pasado. En cuanto lo sepas llámame a este número.
   Grandal se despide por el momento de ambas mujeres y se pone en contacto con el sargento Bellido para que le cuente si hay alguna novedad sobre el caso Pradera.
-Pues las hay, comisario –el suboficial no le apea el tratamiento de su antiguo rango por mucho que Grandal le haya recordado que ahora solo es un jubilado-. Mis compañeros de la comandancia de Málaga han localizado al llamado Carlos Espinosa Valgrande, que ese es el nombre completo del individuo en cuestión. Es el director de uno de los hoteles de cinco estrellas más importantes de la Costa del Sol. Se le ha mandado por vía urgente la citación para que comparezca como testigo del caso ante la jueza del Valle. Creo que declarará mañana o pasado. También se ha localizado a Alfonso Pacheco Ruiz, en este caso han sido los compañeros de la comandancia sevillana. El tal Pacheco fue quien salvó al fallecido Salazar el día que un fulano, aún no identificado, le dio una paliza y el que al día siguiente le llevó a una clínica de Castellón para que lo reconocieran los médicos. Se trata de un ingeniero forestal que trabaja para la Junta de Andalucía. También ha sido citado a declarar, en principio como testigo, y se espera que lo haga igualmente un día de estos.
-Vale. Tenme al corriente de las declaraciones. ¿Y qué se sabe del extranjero al que el trío de pichones del maletín encontró en la habitación 16 tratando, al parecer, de ayudar a Salazar?
-De momento, nada. De localizar a ese tipo se ha encargado la UCO.
-Hablando de la UCO, ¿has vuelto a tener problemas con los dos pájaros de Madrid?
-Ninguno, comisario. No sé qué es lo que hizo usted, pero desde que la juez del Valle les tiró de las orejas están más suaves que la seda.
   Grandal piensa en cómo sonsacarle al sargento si sabe algo del tipo que también estuvo en la habitación 16 el día del fallecimiento de Salazar y al que Rocío ha definido como un fulano que tenía muy mala jeta. Sabe que dicho individuo no aparece en las declaraciones que los distintos testigos han hecho hasta el momento en el juzgado que lleva el caso. Tras pensarlo decide guardarse esa baza, pero por si acaso pregunta:
-¿Habéis investigado si hubo más personas que entraron en la habitación de Salazar el día de autos?
-Sospechamos que sí, en eso hay testimonios que difieren. Estamos en proceso de confrontar a varios miembros del personal del hostal para ver si obtenemos datos fiables al respecto.
-Bien. Ah, Anca me ha contado que el tal Espinosa en una de las ocasiones que fue a visitar a Salazar dijo que se iba a jugar al golf. ¿Me podrías facilitar una relación de los campos de golf que hay en la provincia?
-Eso se lo digo ya mismo porque solo hay tres en funcionamiento, y digo esto porque creo que programados para construirlos en un próximo futuro hay hasta trece más. Los que funcionan son: el Club de Campo del Mediterráneo que está en Borriol, de ese es de donde salió el famoso Sergio García, el Club de Golf Costa de Azahar ubicado en El Grao y el Campo de Golf de Panorámica que radica en el pueblo de San Jorge.
-Gracias, Bellido, eres la eficacia personificada. En cuanto sepas algo de las declaraciones de Espinosa y de Pacheco me llamas para contarme. Nos vemos.

PD.- Hasta el próximo viernes y feliz Navidad
PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 14 de diciembre de 2018

82. El quid de la cuestión


   Grandal se ha ofrecido a Anca y Rocío para buscar pruebas y testimonios que las exculpen y de ese modo ayudarlas a salir del atolladero en el que están metidas pues han sido imputadas por la juez del caso Pradera de los cargos de omisión del deber de socorro y de hurto. Librarse de la acusación puede no ser tan fácil si se llega al juicio oral pues ambas tienen unos abogados nulos en materia penal. Anca le ha contado a Rocío que el excomisario, que sabe mucho de Derecho Penal, puede ayudarlas. La andaluza, que es muy suspicaz, al dudar de la capacidad del expolicía provoca que este la haya puesto en el dilema de: aceptáis mi ayuda o me voy por donde vine.
-No, no, don Jasinto, de ninguna manera. Es que me he expresao mal –Rocío se apresura a dar marcha atrás ante el órdago de Grandal.
-Bien, entonces prosigo. Os pueden acusar de que os marchasteis dejando a Salazar solo y sin que hubiese llegado ninguna ayuda médica, pero se puede alegar lo que ya dijisteis: que esperabais que de un momento a otro llegara el médico que iba a pedir Espinosa. Quizá os aprieten las clavijas de porqué dedicasteis tanto tiempo a abrir el maletín. Si os mantenéis en que creíais que Salazar podría necesitar su tarjeta sanitaria, por ahí podéis tener una vía de escape. Finalmente, respecto a la imputación de hurto les será difícil probarla. Tenéis que sostener que, naturalmente, pensabais devolver el maletín en cuanto encontrarais los documentos que andabais buscando.
-O sea, que no tenemos que preocuparnos de más na –resume Rocío.
-No, eso no es así. Debemos… –Grandal usa el plural de primera persona intencionadamente para dar a entender a ambas mujeres que él también se siente atañido por el problema-… estar preocupados mientras no se descubra la persona o personas que llevaron a Salazar al estado en que lo encontrasteis vosotras. Ese es el quid de la cuestión.
-No lo entiendo –se sincera Anca.
-Te lo explico de otra forma y verás cómo lo entiendes. Tú llevaste el almuerzo a Salazar alrededor de las catorce horas y estaba como un pimpollo, recuerdo que dijiste que hasta bromeó contigo. Bien, ¿y a que hora retiraste la bandeja?
-Serían las tres y media más o menos.
-¿Y cómo se encontraba Salazar en ese momento?
-Estaba muy enfrascado en lo que ponían en la tele por lo que apenas hablamos, pero estar estaba como una rosa.
-¿Y cómo se encontraba cuándo ambas entrasteis en su habitación?
-Como si le hubiera dado un patatús. No hablaba, casi ni se movía, muy malito, vamos.
-Lo que quiere decir que entre las quince treinta, hora en que recogiste la bandeja del almuerzo, y las dieciocho quince, aproximadamente, en que entraste en la habitación en compañía de Rocío algo pasó que provocó que Salazar se pusiera tan mal que al final del día una parada cardiorrespiratoria terminó con él. Hay que descubrir que fue ese algo que pasó y si una o varias personas lo pudieron provocar. Ese es el quid del caso. Si descubrimos quien o quienes fueron esas personas opino que los cargos contra vosotras decaerán automáticamente o quedarán en muy poca cosa. Por consiguiente, hemos de repasar con detalle todo lo que recordéis y sepáis de esas aproximadamente cinco horas de la tarde de autos.
   Grandal ha puesto en el disparadero a ambas mujeres para que se lo cuenten todo, lo que han declarado ante la jueza del caso y lo que se hayan podido guardar para ellas. No es el caso de Anca que ha contado casi todo lo que recuerda de esa maldita tarde, lo único que sigue ocultando son los dos episodios en los que se entregó a Salazar, que Rocío la sobornó y otro hecho del que no sabe muy bien por qué cree que haría mal contándolo. En cambio, la petición del excomisario sí ha supuesto un dilema para Rocío pues sigue guardando para sí el secreto de que vio al Chato de Trebujena en la habitación de Salazar, aunque no sabe lo que pudo pasar entre ambos. Duda de sí contárselo a Grandal, pero al fin vence su recelo y una vez más decide no revelar la participación de su paisano. Sigue creyendo que algún día podrá negociar con ese secreto.
-Estamos a su disposisión, señor comisario –dice Rocío.
-Por favor, no me llames así, lo fui pero ya no lo soy. Llámame por mi nombre o por mi apellido, como prefieras. Y ahora con vuestra ayuda, vamos a resumir lo que sabemos de la tarde de marras –y Grandal que se ha hecho con un rotafolio, cortesía del sargento Bellido, escribe en el primer folio-. 15.30 h. Anca retira la bandeja del almuerzo. Salazar está bien de salud –y en la siguiente línea anota-. 18.15 h. Rocío y Anca entran en habitación 16 donde encuentran a…
-Perdone don Jacinto –Es Anca quien ha interrumpido al excomisario-. Antes de esa hora Rocío vino a buscarme para decirme que quiso entrar en la habitación de Salazar, pero que no lo hizo porque dentro había un hombre que le dio muy mala espina. Anda, Rocío cuéntaselo tú.
   Si las miradas matasen, la rumana habría caído fulminada en ese mismo momento, tal es la venenosa mirada que le echa la andaluza. “Mira por dónde por curpa de esta idiota mi secreto sobre la existensia der Chato se ha ido por er desagüe” piensa Rocío. Aun así, se resiste a revelar todo lo que sabe.
-Verá, don Jasinto, como ha dicho Anca, cuando fui la primera ves a ver a mi novio no llegué a entrar porque había un tío con mu mala jeta que me dio mu mala espina. Por eso en lugar de entrar me fui a buscarla para que me acompañara.
   A Grandal no le pasan por alto dos hechos: uno, que ese dato no figura en la declaración que ambas mujeres han hecho ante la juez del Valle; la segunda es la mirada asesina que la andaluza ha echado a la rumana. “A la Rocío tendré que atarla corta, no es de las que cuentan toda la verdad a las primeras de cambio”.
-¿A qué hora fue eso? –pregunta Grandal a la andaluza.
-Sobre la seis menos veinte, ma o meno.
-¿Y a qué le llamas tú ser un tío con muy mala jeta?
-Pue eso, ser un jetudo, arguien que tiene una cara como de ser mala gente.
-¿Y a qué le llamas que alguien te dé mala espina? –insiste Grandal.
-Pue un tío que no te parese de fiar.
-Si volvieras a ver a ese individuo, aunque fuera en fotografía, ¿lo reconocerías?
-No sé desirle, lo vi solo un segundo desde er quisio de la puerta.
-¿Y eso por qué no se lo contasteis a la jueza? -pregunta Grandal a ambas mujeres.
-La verdad es que a mí se me olvidó –responde presta Anca.
-A mí me pasó lo mismo –dice Rocío al rebufo de la respuesta de la rumana.
-Bien, prosigamos –Gandal vuelve al rotafolio y escribe-. Son las 18,15, Rocío y Anca entran en la habitación 16 y encuentran al llamado Carlos Espinosa dándole de beber de una botella de brandy a Salazar, quién ya estaba muy enfermo. ¿No es así? -Ambas mujeres asienten.
-Vamos con el tal Carlos Espinosa –y Grandal comienza un nuevo folio que ha encabezado con ese nombre-. Veamos que sabemos de él. ¿Físicamente cómo es?
   Las dos mujeres se ponen de acuerdo en definirlo como de 1.80, de complexión media, cara de rasgos regulares, ojos claros tirando a grisáceos; un hombre bien parecido en su conjunto. Y en lo que también están de acuerdo es que iba muy bien vestido, muy entonado en cuanto los colores y que daba la impresión de ser un hombre que sabía desenvolverse muy bien. Y Rocío, que tiene mucho más mundo que Anca, añade dos detalles más sobre la vestimenta de Espinosa.
-La primera ves que le vi llevaba un liviano pantalón de Armani de lino color canela, con un polo a juego de Ralph Lauren, mocasines Callaghan y en su muñeca lusía un Cartier de oro.
Todo un señorito como los que pasean a caballo por er Real de la Feria, ¡ea!
-Rocío, serías una excelente policía, eres una magnífica observadora –la halaga Grandal-. Habéis dicho que le estaba dando de beber de una botella de coñac, ¿qué se ha hecho de esa botella?
   Ambas mujeres se miran. La respuesta es que no lo saben, pero Anca que también suele ser buena observadora añade un dato:
-La botella la guardó en una bolsa de Mercadona, de eso si me fijé.
-¿Y no os pareció raro que estando Salazar tan enfermo le diera de beber coñac?
   Las dos mujeres vuelven a mirarse. En esta ocasión es Rocío quien responde:
-La verdá, don Jasinto, es que nos pusimos tan nerviosas ar ver cómo estaba er pobre Curro que no pensamos en más na. Y ahora que usté lo dise sí que es un rato raro que le diera coñá, pero en aquellos momentos estábamos atosinás.
-¿Sabéis dónde se hospedaba Espinosa?
   Rocío niega, Anca también, pero agrega un dato nuevo.
-Yo tampoco lo sé, pero uno de los días que vino para intentar hablar con el señor Mar…, perdón, Salazar, dijo al marcharse que se iba a jugar al golf.
   “Jugar al golf, esa puede ser una buena pista. En la provincia no debe haber muchos campos. Habrá que tirar de ese hilo” se dice Grandal.
-Bien, volvamos al tipo con mala jeta –dice el excomisario dirigiéndose a Rocío-. Descríbeme cómo era.
-Ya le dije, don Jasinto, que solo lo vi un momento de na –la andaluza se resiste a dar más información sobre el Chato.
-Esa respuesta no me sirve, Rocío. Algún detalle recordarás: si era alto o bajo, gordo o delgado, si tenía pelo y de qué color o era calvo…
-Bueno, arto no lo era mucho, argo meno que usté. Y no era gordo, pero si mu resio y pelo tenía poco.
-Bien, muy bien, Rocío. Y ahora su cara…
-Ya le conté, don Jasinto, que apenas si le eché una ojeá.
-Rocío, ¿tú quieres que te ayude a no entrar en el trullo o prefieres pasar en él una temporada?
-Don Jasinto, le juro por mis muertos…
-No me jures nada y dime lo que escondes, porque sabes mucho más de lo que cuentas. ¿Qué
cómo lo sé? Porque he sido policía casi cuarenta años y tengo los huevos pelados –Grandal decide jugar el papel del policía bronco y sin pelos en la lengua- de interrogar a titis como tú y con muchas más tablas que tú. Lo primero que dijiste sobre ese individuo es que tenía muy mala jeta, a esa conclusión no se llega con una sola ojeada, para eso tuviste que verlo muy bien. Por tanto, canta todo lo que sabes y no me vengas con cuentos chinos.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 7 de diciembre de 2018

81. Y me vuelvo por donde vine


   La juez que instruye el caso Pradera ha puesto a Rocío Molina en libertad con cargos. Se le acusa de los presuntos delitos de omisión del deber de socorro y de hurto. Asimismo se le ha hecho saber que tendrá que volver a comparecer ante la misma juez pues quiere someterla a un careo con Anca Dumitrescu y Vicente Fabregat y a otro, vis a vis, con la joven rumana. Después de Rocío comparecen ante la jueza del Valle, primero Anca, luego Vicentín y finalmente Salazar junior. Sus declaraciones son un calco de las que realizaron ante la Guardia Civil. La juez les deja en libertad, pero a la rumana y al torreblanquino con cargos, a Anca los mismos que a Rocío y a Vicentín el de hurto.
   El careo entre el trío sobre lo ocurrido en la tarde de autos acaba en agua de borrajas.
Los tres se reafirman en lo dicho previamente y la instructora no encuentra ninguna discrepancia entre las distintas declaraciones, por lo que ese apartado de la instrucción lo cierra por el momento a expensas de nuevas investigaciones.
   El siguiente careo es entre Rocío Molina y Anca Dumitrescu. Aunque ambas mujeres nunca se llevaron demasiado bien el episodio del maletín las ha unido en cierta forma y ello se ha notado en la confrontación. Sus declaraciones han sido coincidentes en casi todo salvo en pequeños e irrelevantes detalles. La rumana por la cuenta que le tiene ha respaldado la historia de la andaluza de que lo que buscaban en el maletín eran los papeles de la seguridad social de Salazar. En lo que ambas no han sabido dar respuestas convincentes es porqué dejaron solo al gaditano pese a que se encontraba tan enfermo. La respuesta de que esperaban que llegaran el médico y la ambulancia que había prometido buscar Carlos Espinosa no convence a la juez hasta que no interrogue a dicho individuo del que ya ha pedido a la policía su identificación y localización para enviarle la citación para declarar como testigo.
   En lo que también han coincidido ambas mujeres ha sido en exculpar a Vicente Fabregat afirmando que en ningún momento estuvo solo en la habitación 16 y que únicamente las acompañó para abrir el maletín y a instancia de ambas. Asimismo, ha sido similar su relato sobre el extranjero que encontraron en la habitación de Salazar y del que no han vuelto a saber nada más. La juez ordena a la policía que busque al citado individuo, comenzando por rastrear los registros de todos los alojamientos hoteleros de la provincia. Lo que sigue guardándose Rocío es la presencia del Chato de Trebujena en el hostal la tarde de autos. Es un dato que, al parecer, únicamente sabe ella y de momento prefiere no desvelarlo. Si el devenir del proceso se pone chungo para sus intereses tiempo tendrá de negociar con dicha información.
   Tras finalizar el careo, la jueza toma la resolución de que el procedimiento continúe como diligencias previas del procedimiento abreviado. Para ello señala motivadamente cuáles son las diligencias cuya práctica resulta necesaria para concluir la instrucción de la causa: la localización y citación para declarar de Carlos Espinosa y la identificación y localización del supuesto extranjero que estuvo en la habitación 16 el día de autos.
   Tras el veredicto de la juez del Valle, la andaluza se plantea qué le resultará más rentable si volverse a Sevilla o quedarse en Castellón. Ha estado viendo precios de alojamientos y hasta los de una estrella le han parecido muy caros. No es tanto que lo sean sino que su monedero está en las últimas y cualquier precio le parece astronómico. Mientras trata de encontrar una solución viable se aloja en una fonda de mala muerte que deja en los huesos su magro billetero.
   La resolución de la Juez de Instrucción imputando a ambas mujeres estrecha la unión entre Rocío y Anca. Ahora tienen los mismos problemas, lo cual les hace sincerarse. Lo primero que desvela la andaluza es su problema con el pago del alojamiento. Anca, generosamente, le ofrece una solución provisional: puede alojarse en su casa mientras tenga que estar a disposición del Juzgado de Instrucción. Sus padres no pondrán ningún impedimento, más ahora que tienen un horizonte penal compartido y preocupante. Rocío acepta inmediatamente la propuesta. También se cuentan de cuanto han declarado a la jueza y de lo que se han callado, como el verdadero motivo para intentar abrir el famoso maletín. Anca siente curiosidad sobre un punto del que Rocío no ha dicho una palabra en su declaración.
-Y de aquel tío que viste en la habitación de Curro del que me dijiste que tenía una jeta que no te gustaba nada y que por eso querías que te acompañara, ¿por qué no has dicho nada?
   Rocío decide no franquearse del todo con Anca, si comparte sus secretos se puede quedar sin armas para una futura negociación sobre sus posibles problemas penales, por eso no le cuenta que reconoció perfectamente a la persona que estaba en el cuarto, su paisano el Chato.
-¿Y qué iba a desirle?, ¿que vi de refilón a un tío que no conosía y del que no sé más na? Ahora lo que me preocupa es como le va a sentar a tu novio que lo hayan acusao de presunto ladrón. ¿Crees que puede darnos argún problema?
-De Vicentín no te preocupes, ya me encargo yo de que se le pase el berrinche que ha pillado. Lo que de verdad debería preocuparnos es el cargo de la omisión del deber de socorro del que nos acusa la jueza. Igual nos podría costar la prisión.
-Estoy de acuerdo, chiquilla y lo que también me quita er sueño es la tipa esa que han puesto pa defenderme. Pa mí que de leyes está más pegá que un sello. No hay más que ver lo mal que s´expresa y como s´achanta cuando la juesa le dise argo.
-Ahí lo mismo te puedo ayudar –se le ocurre a Anca.
-No será con ese abogao tuyo que tiene más pinta de curtivar sebollinos que de saberse ar dedillo los códigos y las leyes. Me parese que ese es primo hermano de la maula de mi abogá –se lamenta Rocío.
-No voy por ahí, verás… -y Anca le cuenta que gracias a la intervención de un viejo amigo de la señora Eulalia un señor, que está veraneando en Marina d´Or y que resulta que es un comisario de policía retirado, la va a ayudar para que no le pase nada y pueda salir libre de los cargos que pesan contra ella. Al parecer, Jacinto Grandal, que así se llama el comisario en cuestión, sabe mucho más Derecho Penal que el abogado del pueblo que le paga Vicentín.
-… y seguro que también le da ciento y raya a la novata que te han puesto de defensora. Estoy convencida de que si le digo que te eche una mano, como me la está echando a mí, lo hará con mucho gusto.
-¿Y cuánto me costará? Ya sabes que estoy más pelá que una rata.
-Ni un euro. Lo hace porque como te he dicho uno de sus amigos es a su vez íntimo de la señora Eulalia que, a pesar de la marranada que le hice, se está portando conmigo de cine, y también porque se aburre más que una lapa. No perdemos nada dejándole que nos ayude. Si no nos gusta cómo lleva el asunto pues adiós muy buenas.
-Yo no me fío mucho de la gente hasta que les veo la jeta. Me lo presentas y ya veremos.
   Grandal acepta encantado ayudar a Rocío pues así tiene otro hilo más del que tirar para desenredar la madeja del fallecimiento de Salazar. Y cuando la andaluza pregunta que cuanto le va a costar su ayuda la respuesta del excomisario es contundente:
-Nada, cero euros. Me sentiré más que pagado cuando os absuelvan de los cargos que pesan contra vosotras. Esto lo hago más que nada para entretenerme porque a mí lo de la playa no es que me vaya mucho. Y para decir toda la verdad, porque me lo ha pedido mi amigo Pedro Ramo que quiere hacerle ese favor a la señora Eulalia. Y ahora, contadme cómo ha ido el careo.
   El relato de ambas mujeres le ha aportado a Grandal una serie de datos algunos de los cuales conocía parcialmente como la estancia en la habitación 16 de dos nuevos sospechosos: Carlos Espinosa, del que solo se sabe que vive en la Costa del Sol y que tenía negocios con el finado, y un extranjero de quien solo se conoce que es grande, fuerte, que se expresa malamente en español y cuya justificación sobre el motivo de su estancia en la habitación de Curro parece más falsa que un euro de madera. Después de la información recibida, lo primero que hace Grandal para ganarse la confianza de la andaluza, la de Anca ya la tiene, es explicarles que los cargos que pesan contra ellas no les resultará fácil probarlos a la fiscalía.
-El presunto delito de la omisión del deber de socorro es altamente dudoso que el fiscal lo pueda probar. Vosotras estabais convencidas de que el llamado Carlos Espinosa, si es que ese es su verdadero nombre, iba a llamar al médico y a una ambulancia del SAMUR. El hecho de que aquel fulano no lo hiciese no se os puede imputar a vosotras. Cierto es que os fuisteis de la habitación sin que hubiese llegado ninguna asistencia sanitaria, pero vuestros abogados podrán alegar que…
   Ahí le interrumpe Rocío que ha estado siguiendo con mucha atención, al igual que Anca, la explicación del excomisario.
-Perdone que le corte, pero… ¿qué es eso de que vuestros abogaos podrán alegar? ¿Quiere desir que no será usté nuestro abogao?
-Naturalmente, yo no soy letrado. La defensa la llevarán los abogados que tenéis ahora y si no estáis contentos con ellos buscaremos otros.
-Entonses, ¿para qué le necesitamos a usté? –inquiere una recelosa Rocío.
-Para buscar pruebas y testigos que os exculpen y de paso ayudar a vuestros abogados que, al parecer, están en ayunas en Derecho Penal. El de Anca porque no ha tocado un caso penal en su vida y la tuya porque no tiene ninguna experiencia. Tú misma me has contado que sabes que terminó la carrera hace poco y que este es su primer caso como defensora de oficio –y para remachar su parrafada Grandal se pone en plan chulo-. Ahora bien, si no queréis que os ayude a libraros de la cárcel pues lo decís y me vuelvo por donde vine.
  
PD.- Hasta el próximo viernes.