viernes, 11 de mayo de 2018

Capítulo 13.- De la festa la vespra 52. Chi lo sa?


   El paréntesis que ha supuesto el infortunado incidente sufrido por Curro Salazar ha sido el detonante para que Carlos Espinosa vuelva a pensar en un hipotético plan B que pudiera llevar a cabo para desembarazarse del exsindicalista, pero no se le ocurre ninguno para ejecutarlo sin que le pillen con las manos en la masa. Aparca la idea y decide guardarla en la recámara. Hoy ha resuelto no ir al Club de Campo del Mediterráneo a jugar al golf, como es domingo supone que el campo estará hasta arriba de aficionados domingueros que dada su general impericia ralentizan mucho el juego. En su lugar opta por hacer turismo. El día anterior hizo una reserva para visitar las islas Columbretes que, como describe el folleto que se adjunta al billete, son un conjunto de cuatro grupos de islotes volcánicos situados a 30 millas al este del cabo de Orpesa y los únicos que hay en el litoral castellonense. Constituyen un paraje muy apreciado por los aficionados al submarinismo pues desde que en 1988 fue declarado Reserva Natural constituye uno de los espacios marítimos protegidos más importante de la Comunidad Valenciana y en el que destacan la transparencia de sus aguas, la belleza de sus fondos y la gran variedad de especies animales y vegetales que alberga.
   El viaje lo hacen en un catamarán, el Clavel, en el que se embarcan veintitantos pasajeros. Salen del puerto del Grao de Castellón sobre las ocho. La travesía dura algo más de dos horas y media. Sin descender del barco, costean los islotes de La Ferrera, La Foradada y el Carallot para finalmente echar anclas en la bahía de la Illa Grossa, antiguo cráter de un volcán y que, como les explica el guía, es la isla más grande aunque solo tenga menos de un kilómetro cuadrado. Desembarcan y, en una visita guiada por un experto ornitológico de la Generalitat valenciana, recorren la isla que solo cuenta con un faro en la cota más alta y en el otro extremo un cementerio donde fueron enterrados en su día fareros y familiares suyos fallecidos en la isla. El ornitólogo les cuenta que en el reino vegetal destacan en las islas dos plantas endémicas: la alfalfa arbórea y el mastuerzo de Columbretes y que en el animal lo más interesante es la presencia de gran número de aves marinas como la gaviota de Audouin, la pardela centenaria y el cormorán moñudo. Después de la breve y decepcionante excursión tienen tiempo para bañarse y hacer esnórkel en la bahía. Ven meros, nacras, langostas y llamativas gorgonias rojas. Tras volver a embarcar, hay un tiempo para comer lo que cada pasajero se haya traído pues en el barco solo sirven bebidas.
   En la travesía de ida, Espinosa ya se fijó en una pareja, sobre todo en la mujer que es sin lugar a dudas la pasajera más sexi que viaja en el catamarán. Entre ellos hablan en una especie de popurrí en el que mezclan italiano, español e inglés y al varón se le ha escapado alguna expresión en ruso. En un momento del diálogo entre la pareja una inflexión de la voz del varón enciende una alarma en su mente. “¿Dónde he oído esa voz?”, se pregunta el malagueño. Discretamente se pone al lado del dúo y aguza el oído. “Ese tono me resulta familiar, ¿pero dónde lo he oído?”, vuelve a preguntarse. Trata de recordar hasta que al fin descubre donde ha oído ese timbre vocal: es la misma voz o al menos muy parecida a la del tipo que le llama diariamente para preguntarle si cenan esa noche. “¿Es posible que este sea el fulano que me llama todos los días?”. Hace un recuento de los datos que tiene sobre el desconocido: es extranjero, tiene pinta de matón, y si está allí debe residir aunque sea temporalmente en la Costa de Azahar. “Vistas así las cosas cualquiera diría: verde y con asas”, se dice. Aunque aún no tiene la plena seguridad de que sea el mismo fulano del que sospecha que es el elegido por sus patrones para llevar a cabo un plan B decide cerciorarse. El picnic que se está realizando a bordo le da el pretexto necesario para trabar conversación con el dúo. En el hotel le han preparado una bolsa colmada de bocadillos y unas piezas de fruta. En cambio, parece que la pareja a la que no pierde vista no ha sido nada previsora y no lleva ni un triste tentempié, quizá por eso la mujer mira a hurtadillas como Espinosa va desenvolviendo el papel de aluminio en que están envueltos los emparedados para ver de qué son. El CEO malagueño aprovecha la oportunidad y dirigiéndose a sus dos compañeros de travesía les invita.
-Me haréis un favor si aceptáis alguno de estos bocadillos. En el hotel han debido creer que el mar me despertaría el apetito y se han pasado.
   La mujer, que parece haberle entendido, no se lo piensa y acepta encantada el bocata.
-Grazie tante.
-Prego –responde Espinosa que no habla italiano pero que hasta ahí llega.
-Parli italiano? –se interesa la transalpina con un coqueto aleteo de pestañas.
-Lamentablemente, no. Grazie, prego, arrivederci, ragazza, bambino, molto bene y complimenti son todo mi vocabulario. Ah, y buongiorno, buonasera y buonanotte, -y llegado ahí, Espinosa se pasa al inglés en el que se siente más cómodo-. But we can speak in english.
   A partir de ahí, la conversación se generaliza entre la pareja y el malagueño que  precavidamente se presenta como Roberto sin dar ningún dato personal más. El ruso, es lo que supone Espinosa, que ha dicho llamarse Pako también ha aceptado la invitación y el grupo, ahora convertido en trío, mantiene una animada charla durante la vuelta. Al principio, el malagueño ha sido cauto en sus expresiones, piensa que como a él le ha ocurrido el ruso también puede reconocer su timbre de voz, pero cuando lo medita se tranquiliza, es posible pero harto improbable que sea capaz de reconocer una voz que a la pregunta de si van a cenar hasta ahora solo ha respondido con un no.
   El catamarán arriba al puerto a media tarde. Espinosa, que cada momento que pasa está   más convencido de que el tal Pako es el mismo que le llama diariamente, les invita a tomar unas copas y el trío se aposenta en la terraza de una cafetería que tiene unas espléndidas vistas sobre la marina. Por alguna de las cosas que el supuesto ruso ha dicho durante la charla, Espinosa deduce que debe vivir en la Costa del Sol y que sus actividades se centren posiblemente en el ámbito de los clubes nocturnos tan abundantes allí. Por la corpulencia del eslavo que no le restan ni un ápice de elasticidad y rapidez de reflejos, Espinosa también induce que es hombre más de acción que de pensamiento. Cerca del ocaso y en un momento de la charla, Pako, que efectivamente no es otro que Grigol Pakelia, invita a Carlos a cenar con ellos. El malagueño contesta que sí, pero pone una condición: que sea él quien pague la cuenta. Y va más allá: les propone el lugar, el restaurante del Real Club Náutico de Castellón que tiene unas magníficas vistas sobre la dársena y una carta más que notable.
   Espinosa habla previamente con el maitre y encarga para la cena un menú por todo lo alto. Como entrante focaccia de vieira de cerdo a baja temperatura y puré de remolacha, acompañado de tinto Ribera del Duero Condado de Oriza. Como primer plato merluza con jugo verde de espárragos blancos, amontillada y crustáceos con crujiente de alcaparra. Un sorbete de mojito para desengrasar. Luego presa ibérica con salsa de Périgueux, frutos rojos y trinxat. De postre timbal de fresas con espuma especiada y granizado de mandarina acompañado de cava prima. Todo ello regado con los correspondientes vinos. La italiana, ahora ya sabe que se llama Alessia, tras el pescado apenas si ha probado un bocado más, pero Pako ha engullido todo lo que le han servido y ha trasegado cuantos caldos le han escanciado.
   Tras una cena tan copiosa, Espinosa ha conseguido en parte lo que pretendía: que al ruso se le soltara la lengua. Así se entera de que vive en Fuengirola, pero que viaja a menudo por el resto de la Costa del Sol para ayudar a controlar diversos clubes y locales de diversión y juegos. Que no es ruso sino georgiano, la patria del camarada Iósif Stalin, el hombre que plantó cara a los nazis en la II Guerra Mundial recuerda con orgullo. Lo que no llega a contar Pakelia es el motivo por el que está pasando unas vacaciones en Las Villas de Benicàssim. Pese a esa omisión, el relato del georgiano reafirma la creencia de Espinosa de que, casi con plena seguridad, se trata del hombre que le llama todos los días, aunque hoy no lo ha hecho, y en consecuencia quien está encargado de ejecutar un posible plan B relacionado con Curro Salazar. “Porque, ¿a santo de qué un tío que vive en la Costa del Sol se viene a pasar unas vacaciones a la Costa de Azahar? Eso posible lo es, pero es poco probable. ¿Y en qué puede consistir el plan que le han encargado? Visto como es y a qué se dedica solo puede tratarse de un proyecto en el que predomine la fuerza física y la falta de escrúpulos. ¿Una paliza, romperle los brazos, las piernas o algo más definitivo?”.
   Como en un acto reflejo, el parloteo de la italiana hace que Espinosa se plantee sus dudas con una expresión que usó Alessia durante la travesía de vuelta de las Columbretes y que no necesita traducción: Chi lo sa?

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 4 de mayo de 2018

51. A ese habría que darle matarile


   En la noche del sábado, trece de agosto, el cuarteto de jubilados ha planeado jugar lo que denominan una nocturna que no es más que la partida de dominó de siempre solo que por la noche. En atención al último de sus fichajes que vive en la zona norte de la playa deciden jugarla en la terraza de El Perero, la cafetería contigua a la pizzería donde conocieron a Martínez el Andaluz, como siguen llamándole. Precisamente de Martínez están charlando pues Ramo, que como oriundo conoce a mucha gente del pueblo, les comenta la versión que cuentan las chafarderas locales sobre la caída que el gaditano ha tenido esa misma tarde.
-O sea que ocurrió cuando estábamos jugando allí y no nos enteramos. Lo que son las cosas –comenta Ponte un tanto sorprendido.
-Supongo que Eulalia, la patrona del hostal, habrá llevado el suceso con la máxima discreción como hacen los hoteleros con hechos como ese –explica Ramo-. No hay peor propaganda para un establecimiento que se ponga enfermo un huésped y no os cuento si la casca.
-¿Y tú como te has enterado? –quiere saber Álvarez un poco molesto pues siempre presume de su conocimiento de todo lo que pasa en el barrio marítimo de Torreblanca.
-En un sitio pequeño como este -les explica Ramo- es raro que algo fuera de lo habitual pase inadvertido. Alguien vio entrar al médico y se lo comentó a una segunda persona, ésta a otra quien se lo refirió a una cuarta y así continúo la cadena del boca-oreja por lo que al poco rato la noticia daba la vuelta al pueblo: un huésped de la Eulalia se había caído y había necesitado que le viera el médico. Luego vienen las distintas versiones: desde quien cuenta que ha sido una caída sin mayores consecuencias hasta el que habla de que si lo tendrán que ingresar en la Residencia que es como llaman en el pueblo al Hospital General Universitario de Castellón.
   Y el viejo torreblanquí les sigue contando uno de los rasgos que forman parte esencial de la vida en las comunidades pequeñas y aquella lo es. A los habitantes de esas localidades, donde todos se conocen y saben de qué pie cojea cada quisque, les importa mucho más lo que le ocurra a cualquiera de sus vecinos, por nimio que sea el suceso, que aquello que pase en el resto del mundo, sea la caída del Muro de Berlín o el descubrimiento de un nuevo exoplaneta. Las noticias locales antes de serlo han sido rumores, bulos o maledicencias. Se comentan, se analizan del derecho y del revés, se diseccionan de arriba a abajo. Hubo quien creyó que con la masiva invasión de la televisión y de las redes sociales ese rasgo tan típico de las sociedades cerradas desaparecería, ¡pero qué va! La única variante es que ahora los chismes circulan también por los teléfonos móviles lo que significa que el chismorreo es el mismo pero se expande mucho más rápido. El trío de madrileños escucha divertido la sociológica explicación de su nuevo compañero pues como urbanitas que son no conocían esa faceta de las localidades rurales.
-O sea, que aquí te tiras un pedo y a la hora lo sabe todo Dios –comenta humorísticamente Ponte.
-A la hora, no, mucho antes de que la ventosidad deje de oler –le rectifica Ramo con una sonrisa burlona.
-Pues mirad lo que os digo, de lo que le ha pasado a Martínez yo solo sé lo que Pedro nos acaba de contar, pero no me creo lo del resbalón. ¿Y por qué no me lo creo? –Se pregunta retóricamente Grandal-. Porque aquí los suelos son de cerámica y no suelen estar alfombrados, y con pisos así los resbalones son posibles pero no probables. Me dejaría ahorcar el seis doble a que el incidente ha podido ser por cualquier otra causa antes que por una caída fortuita.
-Tú es que lo de ser policía lo llevas en al ADN. Desconfías de todo –se burla Álvarez.
-¿Eres policía? –pregunta Ramo, que sin esperar respuesta añade-. Yo tuve un amigo que también lo era, Carmelo Burgos. En los tiempos que salíamos de copas era subinspector, no sé lo que se habrá hecho de él, hace mucho que dejamos de tener contacto.
-¿Burgos?, no me suena –responde Grandal que retoma sus sospechas-. Volviendo a lo que os decía. ¿No os parece extraño que a Martínez le den una paliza de órdago y que no denuncie el hecho? ¿No es muy raro que el agresor le sacudiera a modo, pero en cambio no le robara nada? Y ahora, resbala y necesita de atención médica. Desde luego o ese tío es un gafe de campeonato o ahí hay gato encerrado.
   En ese mismo momento el matrimonio Pacheco-Hernández está discutiendo. Motivo: a él le han llamado desde la unidad en la que trabaja como ingeniero forestal, la Dirección General del Medio Natural y Espacios Protegidos, para comunicarle que no puede estirar más la comisión de servicios para estudiar cómo se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo, que fue la justificación que idearon los compañeros de su camarilla para que pudiera desplazarse a Castellón. Le ponen como fecha límite el día 15. Al saber la noticia, la mujer esboza los planes que ha pensado para esos últimos días de estancia en tierras levantinas.
-He estado mirando en internet los lugares más pintorescos de la provinsia y he escogido los dos que son con diferensia los más visitados: Peñíscola y Morella, uno en la costa y otro en el interior.
   Y la mujer se lanza a explicar los encantos de ambos lugares. Peñíscola se sitúa en un tómbolo, una península rocosa que antiguamente estaba unida a tierra por un istmo de arena que en la actualidad ha desaparecido. Sobre la roca se erige el casco viejo de la ciudad en el que sobresale el castillo del antipapa Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, y que está perfectamente conservado. Tiene unas estupendas playas tanto al norte como al sur de la península y en su término se incluye la Serra d´Irta, una de las sierras costeras vírgenes mejor conservadas del litoral valenciano. Cuenta con un pequeño puerto pesquero por lo que en sus restoranes se pueden degustar los mejores pescados de esa parte del Mediterráneo. Las guías turísticas recomiendan probar el all i pebre, el suquet de peix y els caragols punxents, sin olvidarse de las alcachofas y de los espárragos trigueros o, si se prefiere, de los arroces. Cualquiera de esos platos hará las delicias del paladar más exigente. En cuanto a Morella está a unos sesenta quilómetros en el extremo noroeste de la provincia y a unos mil metros de altitud. Es una ciudad amurallada coronada por un imponente castillo. Ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico y reconocida como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Todas las guías que ha leído, rememora la mujer, recomiendan la ciudad no solo por sus vistas panorámicas sino también por sus monumentos, su folklore y su gastronomía en la que sobresalen los entrantes de embutidos, de los quesos artesanales de oveja y cabra y de las croquetas morellanas envueltas en una oblea de pan ácimo. Como platos fuertes: las costillas de cabritillo rebozadas, las perdices escabechadas y la carne de corzo, todo ello acompañado con setas de temporada, una de las joyas de la gastronomía morellana. Y termina precisando el calendario que ha pensado para ambas visitas.
-Podemos ir mañana domingo a Morella, el lunes a Peñíscola y el martes nos ponemos de viaje. Si la fecha tope es el 15, podemos estar en Sevilla el 16 por la tarde. Supongo que no va a pasar nada porque faltes una mañana.
   Pacheco tiene que echar agua al vino del entusiasmo turístico de su esposa.
-Lo siento, cariño, pero solo podremos ir a uno de esos lugares. Tendrás que escoger entre Morella o Peñíscola.
-¿Y eso por qué?
-Porque necesito medio día para hablar con Salazar.
   Es oír el nombre del exsindicalista y a la mujer se la agria el semblante.
-¿Y por qué has de volver a hablar con ese mierda?
-Tengo que volver adónde Curro porque necesito que me responda a la propuesta que le hicimos Sierra y yo. No creas que lo hago por gusto.
-A ese malnasido habría que darle matarile.
-¿Qué diablos es eso de darle matarile?
-Mi padre me contó que así llamaban en la guerra sivil a pegarle cuatro tiros al que estorbaba por lo que fuera, ¡y vaya si estorba el malaje del Curro!
-¡Qué burra eres Macarena! Cuando te pones en plan borde me preocupas.
   La pareja se enzarza en una acalorada discusión. El marido razona que no puede dejar inconcluso el motivo por el que han hecho el viaje. Ella se pone cabezona e insiste en que no quiere dejar la provincia sin visitar unos sitios tan pintorescos y que al comemierda del Curro le pueden ir dando. La disputa amaina con la llegada de Jaime Sierra. Viene a darles una noticia que desconocen: Salazar se ha caído fortuitamente y al parecer se ha resentido de sus fracturas. Han de ir a verle antes de que su estado pueda agravarse. La mujer se pone hecha un basilisco, no queda muy claro si por la pérdida de sus ilusiones viajeras o más bien por el odio africano que siente hacia el exsindicalista desde que arruinó la vida de su hermano predilecto. Antes de dejarles solos les lanza su última admonición:
-¿Sabéis lo que pienso? Que estáis perdiendo el tiempo esperando una respuesta de ese hijo de mala madre. Lo mejor que alguien podría haser es darle matarile. De esa manera, muerto el perro, se acabó la rabia.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 27 de abril de 2018

50. El Calendario Zaragozano


   Al atardecer del sábado, trece de agosto, Carlos Espinosa recibe una llamada de Francisco José Salazar quien le cuenta que su padre ha sufrido una caída fortuita en su habitación y parece que se ha resentido de la fractura de las costillas. Lo ha visto una doctora que ha prescrito reposo absoluto durante cuarenta y ocho horas, volverá a visitarle para ver su evolución. En esas condiciones, el chico argumenta que por el momento no puede volver a insistirle que acepte la propuesta del CEO malagueño de que lo mejor para él es huir al extranjero. Espinosa ahoga una maldición, pero se contiene y responde que lamenta lo ocurrido, que espera que su padre se recupere cuanto antes y que entiende la situación del joven. Al malagueño nadie le ha puesto una fecha límite para lograr el éxito de su gestión, pero una llamada desde Sevilla de Eduardo Gálvez, el líder de la camarilla de empresarios que lo patrocinan, le ha recordado que cada día que pasa sin conseguir que el exsindicalista se largue de España acrecienta el riesgo de que la policía dé con el prófugo o de que acepte otra oferta. Todo lo cual provoca que Espinosa se replantee la maquiavélica idea que más de una vez ha pasado por su mente: tendría que pensar en un plan B. ¿Y cuál podría ser? Solo se le ocurre el más simple, pero también el más definitivo: cargarse a Salazar. La idea de asesinar al gaditano no le produce ninguna clase de desazón moral quizá porque piensa en otro individuo como ejecutor del asesinato, pero también es consciente de que mientras esté en Castellón encontrar a un sicario para tamaña tarea es prácticamente imposible. Aquí no conoce a nadie de los bajos fondos y no sabría a quién recurrir. Otra cosa distinta sería si estuviese en Málaga, en la Costa del Sol si tiene contactos con el mundo del hampa. Se ha planteado si recurrir a ellos, idea que enseguida desecha por lo complicado e inseguro que podría ser realizar semejante encargo vía telefónica o telemática. Con el añadido importante de que no tiene la plena seguridad de que sus mentores aprobasen tal medida ni tampoco sabe si asumirían el sobrecoste que tal operación supondría. El hecho de que esté fracasando en su misión le reconcome pues lo considera una afrenta a su profesionalidad como ejecutivo. Y antes de dejar de marcar una nueva muesca en el palmarés de su currículum profesional está dispuesto a cualquier cosa. “¿Seré capaz de cargarme a Curro con tal de no fracasar?”, se autopregunta. No tiene respuesta a ese interrogante, por ahora…
   A Rocío Molina tampoco le ha puesto nadie una fecha límite a su estancia en tierras castellonenses, al contrario que Espinosa no tiene una camarilla detrás que la atosigue, pero el tope de su permanencia se lo está poniendo su magra economía. Se está quedando sin fondos para pagar el hotel. Cuando amenazó a Curro que le delataría si no le pagaba todo o al menos parte de los dineros que según ella le debe se dio con un canto en los dientes al haber logrado que su exnovio aceptara adelantarle una cantidad aunque imprecisa, pero ahora se encuentra entre la espada y la pared. Su examante se ha caído y se ha resentido de sus fracturas. Es lo que le ha contado Anca, que es su conexión para enterarse de lo que pasa en el interior del hostal donde se hospeda Curro puesto que desde que la patrona del establecimiento le puso la proa no ha vuelto a asomar las narices por allí. Ha sobornado a la camarera rumana para que la meta a escondidas en la habitación de su examante, pero después del accidente Anca se muestra muy remisa a semejante maniobra. Por cómo le ha contado la joven rumana que ocurrió la caída a Rocío le da el pálpito de que hay algo turbio en esa historia, algo que no encaja en el relato. “Con la ayuda de esa sorra de Anca o sin ella tengo que conseguir meterme en er cuarto de Curro y sacarle los cuartos que nesesito, si no tendré que vorverme a Sevilla con er rabo entre las piernas. Y no he hecho un viaje tan cansino pa vorverme con las manos vasías”, se dice. Ella misma es la que termina poniéndose la fecha límite: “er día de la Asunsión tengo que haber resuerto er problema, por las buenas o por las malas…”
   Otro de los que esperan ver como evoluciona la salud de Curro es su hijo que se aburre más que una mona. Se ha cansado de corretear por las carreteras provinciales con la Harley que le ha prestado Espinosa. Por si faltaba poco hace un par de días la Guardia Civil le detuvo en la carretera a Torrenostra por conducir excesivamente rápido. Le pusieron una multa de trescientos euros y pérdida de dos puntos del carné de conducir por una falta grave de exceso de velocidad. Según le explicó el agente que le impuso la sanción, la velocidad máxima a la que puede circular una motocicleta en una carretera convencional, como la CV-1430, es de noventa kilómetros y él iba a ciento veinte. Piensa recurrir la multa en cuanto vuelva a Sevilla, pero el cabreo que le ha producido el incidente no se lo quita nadie. Solo sigue allí porque su padre no le ha dado los dineros prometidos, si lo hubiese hecho ya se habría largado. Cada día que pasa añora más a la media novia que ha dejado en la ciudad hispalense, una amiga con derecho a roce como dicen los jóvenes de hoy. También echa de menos a sus colegas de juergas y de fumarse algún que otro porro cuando tienen guita para comprar maría o cuando pillan algo de farlopa, que eso ya es la rehostia. Había decidido darle un ultimátum al malaje de su padre para que aflojara la bolsa, pero su caída lo ha trastornado todo. “Er viejo está medio ido y yo bien jodío. Si no se repone pronto voy a reventar. ¡Mala puñalá le den! Ese cabrón ha sío capas de caerse solo pa darse er gustaso de no darme una lata. ¡Marditos sean sus muertos! Lo que tendría que haser es sacarle los cuartos a hostias, seguro que tiene la guita escondía en la habitasión. La próxima ves que me lo encuentre medio traspuesto voy a registrar sus cosas”. Y ese pensamiento consigue que de momento se olvide del mosqueo por la sanción viaria.
   Este sábado el Chato se encuentra algo nostálgico, el motivo es que mañana, catorce de agosto, se celebra la festividad de la Virgen de Palomares Coronada, patrona de su pueblo natal, Trebujena. Recuerda que cuando chico le gustaba acompañar al recorrido procesional por las calles del pueblo desde la Basílica hasta el fin de la procesión; no tanto por devoción, sino por meter bulla con el resto de la chiquillería. Su morriña desaparece de un plumazo cuando le llama su jefe, Juan Antonio Almagro, y lo emplaza a que se vuelva a Sevilla como muy tarde el día de la patrona de la ciudad hispalense, la Virgen de los Reyes. El Chato, poco ducho en asuntos marianos, nada más colgar se da cuenta de que no sabe cuándo es la festividad de esa Virgen. Cree recordar que es durante el mes de agosto, pero no tiene la plena seguridad de que eso sea así. Su primera intención es llamar a su patrón, pero no lo hace. “Qué pensará de mí er zeñor Almagro zi le digo que no zé cuándo es er día de la patrona de Zevilla. Tendré que encontrar a argún zevillano que lo zepa, zeguro que aquí hay andaluzes a porrillo”. Piensa que podría buscar a su paisana Rocío, igual ella lo sabe, pero lo deja como última opción, antes explorará otras vías. Hasta que se acuerda de algo que nunca faltó en la casa de sus mayores: el Calendario Zaragozano, del que su padre era un devoto creyente. Dicho calendario, el más famoso y profusamente usado por los campesinos y pescadores españoles, no solo incluye una predicción meteorológica no científica del tiempo para todo el año, sino que además recoge el santoral completo y las ferias y mercados de toda España. Pregunta en el hotel donde se aloja dónde podría comprar el susodicho almanaque.
-Ah, el calendario de don Mariano Castillo y Ocsiero, ¿también usted es aficionado a consultarlo? –le pregunta el viejo que hace de recepcionista.
-No zé quien es er tal don Mariano, lo que quiero es er Calendario Zaragozano.
-Hablamos del mismo calendario, del que es autor don Mariano Castillo que es la persona que aparece en la portada de la publicación –le explica el vejete que añade-. Aquí no sé dónde lo pueden tener, pruebe usted en la librería que hay en el casco viejo, pero si no le corre demasiada prisa yo tengo el de este año en casa. Se lo puedo traer más tarde, a la hora de la cena.
   Así quedan. Y mientras el Chato se está zampando la monótona pitanza que sirven por las noches ojea al mismo tiempo el renombrado calendario con lo que se entera de que la Virgen de los Reyes, que preside el retablo del altar mayor de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, es la patrona de la ciudad de La Giralda y de su archidiócesis, y su festividad se celebra el 15 de agosto. Debe de ser una de las vírgenes con más poderío de España porque tiene honores de capitán general, es alcaldesa perpetua de la ciudad de la que custodia las llaves y el bastón de mando, y patrona del Consejo de Cofradías de Sevilla. “O zea que me quedan cuarenta y ocho horas pa dezirle ar Curro que en boca zerrá no entran moscas. Mañana mismo busco a la camarera, creo recordar que se llama Nicoleta, y que me meta en la habitazión der Curro cuanto antes, er quinze es la fecha límite y eso es pasao mañana. Apretao lo tengo”. 

PD.- Hasta el próximo viernes