viernes, 4 de mayo de 2018

51. A ese habría que darle matarile


   En la noche del sábado, trece de agosto, el cuarteto de jubilados ha planeado jugar lo que denominan una nocturna que no es más que la partida de dominó de siempre solo que por la noche. En atención al último de sus fichajes que vive en la zona norte de la playa deciden jugarla en la terraza de El Perero, la cafetería contigua a la pizzería donde conocieron a Martínez el Andaluz, como siguen llamándole. Precisamente de Martínez están charlando pues Ramo, que como oriundo conoce a mucha gente del pueblo, les comenta la versión que cuentan las chafarderas locales sobre la caída que el gaditano ha tenido esa misma tarde.
-O sea que ocurrió cuando estábamos jugando allí y no nos enteramos. Lo que son las cosas –comenta Ponte un tanto sorprendido.
-Supongo que Eulalia, la patrona del hostal, habrá llevado el suceso con la máxima discreción como hacen los hoteleros con hechos como ese –explica Ramo-. No hay peor propaganda para un establecimiento que se ponga enfermo un huésped y no os cuento si la casca.
-¿Y tú como te has enterado? –quiere saber Álvarez un poco molesto pues siempre presume de su conocimiento de todo lo que pasa en el barrio marítimo de Torreblanca.
-En un sitio pequeño como este -les explica Ramo- es raro que algo fuera de lo habitual pase inadvertido. Alguien vio entrar al médico y se lo comentó a una segunda persona, ésta a otra quien se lo refirió a una cuarta y así continúo la cadena del boca-oreja por lo que al poco rato la noticia daba la vuelta al pueblo: un huésped de la Eulalia se había caído y había necesitado que le viera el médico. Luego vienen las distintas versiones: desde quien cuenta que ha sido una caída sin mayores consecuencias hasta el que habla de que si lo tendrán que ingresar en la Residencia que es como llaman en el pueblo al Hospital General Universitario de Castellón.
   Y el viejo torreblanquí les sigue contando uno de los rasgos que forman parte esencial de la vida en las comunidades pequeñas y aquella lo es. A los habitantes de esas localidades, donde todos se conocen y saben de qué pie cojea cada quisque, les importa mucho más lo que le ocurra a cualquiera de sus vecinos, por nimio que sea el suceso, que aquello que pase en el resto del mundo, sea la caída del Muro de Berlín o el descubrimiento de un nuevo exoplaneta. Las noticias locales antes de serlo han sido rumores, bulos o maledicencias. Se comentan, se analizan del derecho y del revés, se diseccionan de arriba a abajo. Hubo quien creyó que con la masiva invasión de la televisión y de las redes sociales ese rasgo tan típico de las sociedades cerradas desaparecería, ¡pero qué va! La única variante es que ahora los chismes circulan también por los teléfonos móviles lo que significa que el chismorreo es el mismo pero se expande mucho más rápido. El trío de madrileños escucha divertido la sociológica explicación de su nuevo compañero pues como urbanitas que son no conocían esa faceta de las localidades rurales.
-O sea, que aquí te tiras un pedo y a la hora lo sabe todo Dios –comenta humorísticamente Ponte.
-A la hora, no, mucho antes de que la ventosidad deje de oler –le rectifica Ramo con una sonrisa burlona.
-Pues mirad lo que os digo, de lo que le ha pasado a Martínez yo solo sé lo que Pedro nos acaba de contar, pero no me creo lo del resbalón. ¿Y por qué no me lo creo? –Se pregunta retóricamente Grandal-. Porque aquí los suelos son de cerámica y no suelen estar alfombrados, y con pisos así los resbalones son posibles pero no probables. Me dejaría ahorcar el seis doble a que el incidente ha podido ser por cualquier otra causa antes que por una caída fortuita.
-Tú es que lo de ser policía lo llevas en al ADN. Desconfías de todo –se burla Álvarez.
-¿Eres policía? –pregunta Ramo, que sin esperar respuesta añade-. Yo tuve un amigo que también lo era, Carmelo Burgos. En los tiempos que salíamos de copas era subinspector, no sé lo que se habrá hecho de él, hace mucho que dejamos de tener contacto.
-¿Burgos?, no me suena –responde Grandal que retoma sus sospechas-. Volviendo a lo que os decía. ¿No os parece extraño que a Martínez le den una paliza de órdago y que no denuncie el hecho? ¿No es muy raro que el agresor le sacudiera a modo, pero en cambio no le robara nada? Y ahora, resbala y necesita de atención médica. Desde luego o ese tío es un gafe de campeonato o ahí hay gato encerrado.
   En ese mismo momento el matrimonio Pacheco-Hernández está discutiendo. Motivo: a él le han llamado desde la unidad en la que trabaja como ingeniero forestal, la Dirección General del Medio Natural y Espacios Protegidos, para comunicarle que no puede estirar más la comisión de servicios para estudiar cómo se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo, que fue la justificación que idearon los compañeros de su camarilla para que pudiera desplazarse a Castellón. Le ponen como fecha límite el día 15. Al saber la noticia, la mujer esboza los planes que ha pensado para esos últimos días de estancia en tierras levantinas.
-He estado mirando en internet los lugares más pintorescos de la provinsia y he escogido los dos que son con diferensia los más visitados: Peñíscola y Morella, uno en la costa y otro en el interior.
   Y la mujer se lanza a explicar los encantos de ambos lugares. Peñíscola se sitúa en un tómbolo, una península rocosa que antiguamente estaba unida a tierra por un istmo de arena que en la actualidad ha desaparecido. Sobre la roca se erige el casco viejo de la ciudad en el que sobresale el castillo del antipapa Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, y que está perfectamente conservado. Tiene unas estupendas playas tanto al norte como al sur de la península y en su término se incluye la Serra d´Irta, una de las sierras costeras vírgenes mejor conservadas del litoral valenciano. Cuenta con un pequeño puerto pesquero por lo que en sus restoranes se pueden degustar los mejores pescados de esa parte del Mediterráneo. Las guías turísticas recomiendan probar el all i pebre, el suquet de peix y els caragols punxents, sin olvidarse de las alcachofas y de los espárragos trigueros o, si se prefiere, de los arroces. Cualquiera de esos platos hará las delicias del paladar más exigente. En cuanto a Morella está a unos sesenta quilómetros en el extremo noroeste de la provincia y a unos mil metros de altitud. Es una ciudad amurallada coronada por un imponente castillo. Ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico y reconocida como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Todas las guías que ha leído, rememora la mujer, recomiendan la ciudad no solo por sus vistas panorámicas sino también por sus monumentos, su folklore y su gastronomía en la que sobresalen los entrantes de embutidos, de los quesos artesanales de oveja y cabra y de las croquetas morellanas envueltas en una oblea de pan ácimo. Como platos fuertes: las costillas de cabritillo rebozadas, las perdices escabechadas y la carne de corzo, todo ello acompañado con setas de temporada, una de las joyas de la gastronomía morellana. Y termina precisando el calendario que ha pensado para ambas visitas.
-Podemos ir mañana domingo a Morella, el lunes a Peñíscola y el martes nos ponemos de viaje. Si la fecha tope es el 15, podemos estar en Sevilla el 16 por la tarde. Supongo que no va a pasar nada porque faltes una mañana.
   Pacheco tiene que echar agua al vino del entusiasmo turístico de su esposa.
-Lo siento, cariño, pero solo podremos ir a uno de esos lugares. Tendrás que escoger entre Morella o Peñíscola.
-¿Y eso por qué?
-Porque necesito medio día para hablar con Salazar.
   Es oír el nombre del exsindicalista y a la mujer se la agria el semblante.
-¿Y por qué has de volver a hablar con ese mierda?
-Tengo que volver adónde Curro porque necesito que me responda a la propuesta que le hicimos Sierra y yo. No creas que lo hago por gusto.
-A ese malnasido habría que darle matarile.
-¿Qué diablos es eso de darle matarile?
-Mi padre me contó que así llamaban en la guerra sivil a pegarle cuatro tiros al que estorbaba por lo que fuera, ¡y vaya si estorba el malaje del Curro!
-¡Qué burra eres Macarena! Cuando te pones en plan borde me preocupas.
   La pareja se enzarza en una acalorada discusión. El marido razona que no puede dejar inconcluso el motivo por el que han hecho el viaje. Ella se pone cabezona e insiste en que no quiere dejar la provincia sin visitar unos sitios tan pintorescos y que al comemierda del Curro le pueden ir dando. La disputa amaina con la llegada de Jaime Sierra. Viene a darles una noticia que desconocen: Salazar se ha caído fortuitamente y al parecer se ha resentido de sus fracturas. Han de ir a verle antes de que su estado pueda agravarse. La mujer se pone hecha un basilisco, no queda muy claro si por la pérdida de sus ilusiones viajeras o más bien por el odio africano que siente hacia el exsindicalista desde que arruinó la vida de su hermano predilecto. Antes de dejarles solos les lanza su última admonición:
-¿Sabéis lo que pienso? Que estáis perdiendo el tiempo esperando una respuesta de ese hijo de mala madre. Lo mejor que alguien podría haser es darle matarile. De esa manera, muerto el perro, se acabó la rabia.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 27 de abril de 2018

50. El Calendario Zaragozano


   Al atardecer del sábado, trece de agosto, Carlos Espinosa recibe una llamada de Francisco José Salazar quien le cuenta que su padre ha sufrido una caída fortuita en su habitación y parece que se ha resentido de la fractura de las costillas. Lo ha visto una doctora que ha prescrito reposo absoluto durante cuarenta y ocho horas, volverá a visitarle para ver su evolución. En esas condiciones, el chico argumenta que por el momento no puede volver a insistirle que acepte la propuesta del CEO malagueño de que lo mejor para él es huir al extranjero. Espinosa ahoga una maldición, pero se contiene y responde que lamenta lo ocurrido, que espera que su padre se recupere cuanto antes y que entiende la situación del joven. Al malagueño nadie le ha puesto una fecha límite para lograr el éxito de su gestión, pero una llamada desde Sevilla de Eduardo Gálvez, el líder de la camarilla de empresarios que lo patrocinan, le ha recordado que cada día que pasa sin conseguir que el exsindicalista se largue de España acrecienta el riesgo de que la policía dé con el prófugo o de que acepte otra oferta. Todo lo cual provoca que Espinosa se replantee la maquiavélica idea que más de una vez ha pasado por su mente: tendría que pensar en un plan B. ¿Y cuál podría ser? Solo se le ocurre el más simple, pero también el más definitivo: cargarse a Salazar. La idea de asesinar al gaditano no le produce ninguna clase de desazón moral quizá porque piensa en otro individuo como ejecutor del asesinato, pero también es consciente de que mientras esté en Castellón encontrar a un sicario para tamaña tarea es prácticamente imposible. Aquí no conoce a nadie de los bajos fondos y no sabría a quién recurrir. Otra cosa distinta sería si estuviese en Málaga, en la Costa del Sol si tiene contactos con el mundo del hampa. Se ha planteado si recurrir a ellos, idea que enseguida desecha por lo complicado e inseguro que podría ser realizar semejante encargo vía telefónica o telemática. Con el añadido importante de que no tiene la plena seguridad de que sus mentores aprobasen tal medida ni tampoco sabe si asumirían el sobrecoste que tal operación supondría. El hecho de que esté fracasando en su misión le reconcome pues lo considera una afrenta a su profesionalidad como ejecutivo. Y antes de dejar de marcar una nueva muesca en el palmarés de su currículum profesional está dispuesto a cualquier cosa. “¿Seré capaz de cargarme a Curro con tal de no fracasar?”, se autopregunta. No tiene respuesta a ese interrogante, por ahora…
   A Rocío Molina tampoco le ha puesto nadie una fecha límite a su estancia en tierras castellonenses, al contrario que Espinosa no tiene una camarilla detrás que la atosigue, pero el tope de su permanencia se lo está poniendo su magra economía. Se está quedando sin fondos para pagar el hotel. Cuando amenazó a Curro que le delataría si no le pagaba todo o al menos parte de los dineros que según ella le debe se dio con un canto en los dientes al haber logrado que su exnovio aceptara adelantarle una cantidad aunque imprecisa, pero ahora se encuentra entre la espada y la pared. Su examante se ha caído y se ha resentido de sus fracturas. Es lo que le ha contado Anca, que es su conexión para enterarse de lo que pasa en el interior del hostal donde se hospeda Curro puesto que desde que la patrona del establecimiento le puso la proa no ha vuelto a asomar las narices por allí. Ha sobornado a la camarera rumana para que la meta a escondidas en la habitación de su examante, pero después del accidente Anca se muestra muy remisa a semejante maniobra. Por cómo le ha contado la joven rumana que ocurrió la caída a Rocío le da el pálpito de que hay algo turbio en esa historia, algo que no encaja en el relato. “Con la ayuda de esa sorra de Anca o sin ella tengo que conseguir meterme en er cuarto de Curro y sacarle los cuartos que nesesito, si no tendré que vorverme a Sevilla con er rabo entre las piernas. Y no he hecho un viaje tan cansino pa vorverme con las manos vasías”, se dice. Ella misma es la que termina poniéndose la fecha límite: “er día de la Asunsión tengo que haber resuerto er problema, por las buenas o por las malas…”
   Otro de los que esperan ver como evoluciona la salud de Curro es su hijo que se aburre más que una mona. Se ha cansado de corretear por las carreteras provinciales con la Harley que le ha prestado Espinosa. Por si faltaba poco hace un par de días la Guardia Civil le detuvo en la carretera a Torrenostra por conducir excesivamente rápido. Le pusieron una multa de trescientos euros y pérdida de dos puntos del carné de conducir por una falta grave de exceso de velocidad. Según le explicó el agente que le impuso la sanción, la velocidad máxima a la que puede circular una motocicleta en una carretera convencional, como la CV-1430, es de noventa kilómetros y él iba a ciento veinte. Piensa recurrir la multa en cuanto vuelva a Sevilla, pero el cabreo que le ha producido el incidente no se lo quita nadie. Solo sigue allí porque su padre no le ha dado los dineros prometidos, si lo hubiese hecho ya se habría largado. Cada día que pasa añora más a la media novia que ha dejado en la ciudad hispalense, una amiga con derecho a roce como dicen los jóvenes de hoy. También echa de menos a sus colegas de juergas y de fumarse algún que otro porro cuando tienen guita para comprar maría o cuando pillan algo de farlopa, que eso ya es la rehostia. Había decidido darle un ultimátum al malaje de su padre para que aflojara la bolsa, pero su caída lo ha trastornado todo. “Er viejo está medio ido y yo bien jodío. Si no se repone pronto voy a reventar. ¡Mala puñalá le den! Ese cabrón ha sío capas de caerse solo pa darse er gustaso de no darme una lata. ¡Marditos sean sus muertos! Lo que tendría que haser es sacarle los cuartos a hostias, seguro que tiene la guita escondía en la habitasión. La próxima ves que me lo encuentre medio traspuesto voy a registrar sus cosas”. Y ese pensamiento consigue que de momento se olvide del mosqueo por la sanción viaria.
   Este sábado el Chato se encuentra algo nostálgico, el motivo es que mañana, catorce de agosto, se celebra la festividad de la Virgen de Palomares Coronada, patrona de su pueblo natal, Trebujena. Recuerda que cuando chico le gustaba acompañar al recorrido procesional por las calles del pueblo desde la Basílica hasta el fin de la procesión; no tanto por devoción, sino por meter bulla con el resto de la chiquillería. Su morriña desaparece de un plumazo cuando le llama su jefe, Juan Antonio Almagro, y lo emplaza a que se vuelva a Sevilla como muy tarde el día de la patrona de la ciudad hispalense, la Virgen de los Reyes. El Chato, poco ducho en asuntos marianos, nada más colgar se da cuenta de que no sabe cuándo es la festividad de esa Virgen. Cree recordar que es durante el mes de agosto, pero no tiene la plena seguridad de que eso sea así. Su primera intención es llamar a su patrón, pero no lo hace. “Qué pensará de mí er zeñor Almagro zi le digo que no zé cuándo es er día de la patrona de Zevilla. Tendré que encontrar a argún zevillano que lo zepa, zeguro que aquí hay andaluzes a porrillo”. Piensa que podría buscar a su paisana Rocío, igual ella lo sabe, pero lo deja como última opción, antes explorará otras vías. Hasta que se acuerda de algo que nunca faltó en la casa de sus mayores: el Calendario Zaragozano, del que su padre era un devoto creyente. Dicho calendario, el más famoso y profusamente usado por los campesinos y pescadores españoles, no solo incluye una predicción meteorológica no científica del tiempo para todo el año, sino que además recoge el santoral completo y las ferias y mercados de toda España. Pregunta en el hotel donde se aloja dónde podría comprar el susodicho almanaque.
-Ah, el calendario de don Mariano Castillo y Ocsiero, ¿también usted es aficionado a consultarlo? –le pregunta el viejo que hace de recepcionista.
-No zé quien es er tal don Mariano, lo que quiero es er Calendario Zaragozano.
-Hablamos del mismo calendario, del que es autor don Mariano Castillo que es la persona que aparece en la portada de la publicación –le explica el vejete que añade-. Aquí no sé dónde lo pueden tener, pruebe usted en la librería que hay en el casco viejo, pero si no le corre demasiada prisa yo tengo el de este año en casa. Se lo puedo traer más tarde, a la hora de la cena.
   Así quedan. Y mientras el Chato se está zampando la monótona pitanza que sirven por las noches ojea al mismo tiempo el renombrado calendario con lo que se entera de que la Virgen de los Reyes, que preside el retablo del altar mayor de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, es la patrona de la ciudad de La Giralda y de su archidiócesis, y su festividad se celebra el 15 de agosto. Debe de ser una de las vírgenes con más poderío de España porque tiene honores de capitán general, es alcaldesa perpetua de la ciudad de la que custodia las llaves y el bastón de mando, y patrona del Consejo de Cofradías de Sevilla. “O zea que me quedan cuarenta y ocho horas pa dezirle ar Curro que en boca zerrá no entran moscas. Mañana mismo busco a la camarera, creo recordar que se llama Nicoleta, y que me meta en la habitazión der Curro cuanto antes, er quinze es la fecha límite y eso es pasao mañana. Apretao lo tengo”. 

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 20 de abril de 2018

49. Un ataque de cuernos que trae cola


   El trío de jubilados ha dejado a Salazar reposando en su habitación y bajan a la terraza para echar su cotidiana partida.
-A las buenas tardes –les saluda Ramo que les está esperando en compañía de Vicentín que al llegar el trío ve la oportunidad de dejar la molesta, para él, compañía del viejo torreblanquí.
-Te dejo, Pedro. Voy a buscar a mi novia.
-Tú eres el novio de Anca, ¿verdad? –pregunta Álvarez-. Pues la encontrarás en la habitación de Martínez. Cuando nosotros salíamos entraba ella otra vez.
   Lo de que su novia volvía a entrar en la habitación del andaluz quiere decir que antes también estaba. Cuando procesa ese encadenamiento de hechos el rostro del hereu se transforma en una máscara de rabia. Sin decir ni media palabra entra en el hostal y se dirige directamente a la habitación en la que sigue postrado Curro. No llama, da un empujón a la puerta que se abre violentamente. Se encuentra a Anca que está doblando el embozo de la sábana, lo hace en una posición en la que la falda, ya de por sí corta, se le sube muslos arriba hasta dejar ver el tanga. Curro, sentado en un sillón, está mirando embelesado el rotundo trasero de la joven. La escena encalabrina todavía más a Vicentín que se dirige de forma airada al exsindicalista:
-¡Viejo baboso!, ¿te gusta lo que estás viendo? Pues lo verás, pero no lo catarás. Y tú –dice dirigiéndose a su novia-, ahora mismo deja lo que estás haciendo y te vienes conmigo. Ya está bien de recrearle la vista a este viejo chocho. Y bájate la falda de una puta vez.
-Baboso, chocho –comenta irónico Salazar sin perder la calma-, vaya vocabulario que te gastas jovencito. No sé si seré todo eso, lo que sí sé es que tú eres un gilipolla integral y si no lo eres más es porque no entrenas. Y esa no es manera de tratar a Anca, se merece un respeto.
-Como trate a mi novia es asunto mío, vejestorio –replica Vicentín que coge por el brazo a su novia y tira de ella hacia la puerta.
   Anca, que hasta el momento no ha dicho nada, se desprende de la mano de su novio y le planta cara.
-Me tienes hasta los ovarios con tus celos. Estoy haciendo mi trabajo y vienes tú a desbaratarlo todo. Y no te consiento que trates así al mejor cliente que tiene la casa. Como se entere la patrona ya verás la que me monta. Vas a conseguir que me despidan. Haz el favor de irte y déjame trabajar.
-¿Le llamas trabajar a ir enseñando el culo a este viejo verde para que se ponga cachondo? O sales por las buenas o te saco a guantazo limpio.
   Es oír la amenaza y Salazar se levanta del sillón interponiéndose entre la pareja.
-Como le pongas un dedo encima el que va a recibir una jartá de hostias vas a ser tú –y el gaditano levanta la mano en actitud amenazante.
   Vicentín no se lo piensa, da un empellón con ambas manos a Salazar que, sorprendido por el empujón, cae hacia atrás chocando contra uno de los brazos del sillón en el que estaba sentado. Un agudo ay de dolor del exsindicalista es señal de que la caída ha podido dañarle la fractura que tiene. Anca, asustada, se apresura a recogerlo del suelo y lo recuesta en la cama mientras Vicentín se queda sin saber qué hacer. Salazar sigue quejándose al tiempo que parece que tiene problemas para respirar. Ha comenzado a trasudar y su rostro muestra una palidez preocupante. A la joven lo único que se le ocurre es ponerle un almohadón bajo la cabeza para que pueda respirar mejor y ofrecerle un vaso de agua que el dolorido gaditano rechaza con un gesto.
-Don Francisco, voy a llamar al médico, no me gusta la cara que tiene –decide Anca que dirigiéndose a su novio le espeta-. ¿Ves lo que has conseguido con tus puñeteros celos? Como se entere de lo ocurrido la señora Eulalia me pone de patitas en la calle. Ya te estás marchando a toda leche que voy a llamar al médico. Y no se te ocurra contarle a nadie lo que ha pasado –y volviéndose a Salazar trata de tranquilizarle-. Don Francisco, le dejo pero solo el tiempo necesario para bajar y pedir que llamen al centro de salud para que venga un médico. Y le pido un favor: no cuente lo que ha pasado, si lo hace me despedirán. Diga simplemente que ha resbalado y se ha caído. Y le juro que esto no volverá a pasar.
   El exsindicalista, al que le cuesta articular palabra, asiente con un gesto.
   Aproximadamente una hora más tarde llega la asistencia sanitaria, es una joven médica que está haciendo las consabidas sustituciones veraniegas y que no anda sobrada de experiencia. Salazar algo se ha repuesto aunque sigue respirando con cierta dificultad. La galena tras auscultar al gaditano, y después de las explicaciones que le da la patrona sobre la fractura de dos costillas y la caída que acaba de tener, según le ha contado Anca, opta por el diagnóstico más pesimista. Habla de que podría tratarse de un neumotórax producido por el traumatismo sufrido puesto que los síntomas que muestra el paciente de dificultades para respirar y de que se queja de dolor en la zona del tórax así lo indican. Lo del posible neumotórax preocupa a la patrona, aunque no tiene ni idea de lo que es, porque es consciente de que no hay peor propaganda para un establecimiento hotelero de que se te muera un huésped.
-¿Y lo que ha dicho del neumo… -se atranca con la palabreja-… ese es muy grave doctora? ¿Habría que llevarlo a un hospital?
   La médica echa marcha atrás. Quizá ser alarmista no sea la mejor forma de conseguir que le vuelvan a contratar para otras sustituciones.
-Bueno, es una posibilidad, pero en veinticuatro horas podremos saberlo. ¿Ha sangrado al toser? –pregunta a Salazar que ya ha recuperado el habla.
-No, solo dolor en el pecho y alguna dificultad para respirar.
-Entonces creo que podemos descartar una perforación en los pulmones que es la etiología del neumotórax. Posiblemente sea que se ha resentido de la fractura. Deberá guardar un riguroso reposo durante al menos cuarenta y ocho horas y el martes volveré a verle. Si le duele mucho tómese un calmante.
   A todo esto, Vicentín ha salido del hostal echando leches y con un cabreo monumental. Cruza la terraza donde están jugando los jubilados y cegado por la ira tropieza con una de las camareras a quien no llega a derribar, pero la bandeja que lleva sale disparada con la consiguiente rotura del servicio que llevaba. En vez de disculparse, el hereu increpa ásperamente a la chica.
-¡Quítate de en medio, patosa de mierda!
   La joven no se arredra pues conoce bien al interfecto y piensa que probablemente su cabreo se deba a un ataque de cuernos. No es la primera vez que lo ve en tal estado.
-Patosa lo será tu novia y te aviso que tendrás que pagar lo que has roto y, por supuesto, se lo voy a decir a la señora Eulalia.
-A mi novia ni nombrarla o te parto la cara de un guantazo.
   Los jubilados, que han vuelto la cara al oír el estrépito, afean su conducta al joven. Quien primero lo hace es Grandal.
-Oye, jovenzuelo, si se te ocurre ponerle la mano encima a la chica te prometo que esta noche vas a dormir en el cuartelillo. Palabra de comisario.
-Vicentín, anda, no la líes y vete en paz –le aconseja Ramo.
   El joven no se ha arredrado ante las críticas a su comportamiento, al contrario se pone más farruco.
-Vosotros, carcamales, no os metáis en camisa de once varas o me voy a cagar en vuestros muertos.
   Grandal por un momento está por levantarse y encararse con el irascible jovenzuelo, pero se lo piensa mejor y opta por meterle miedo, conoce bien a esos falsos bravucones.
-Mira, guapín, te doy diez segundos para que te largues. Si tardas un segundo más juro por la constitución búlgara que llamo a la Guardia Civil y está noche la pasas en la trena.
   Vicentín hace un intento de contestar, pero algo en el semblante de su interlocutor le avisa de que no está hablando en vano. Se da media vuelta, se mete en su coche y se va. El suceso ha provocado un parón en la partida pues un hecho así no es algo que pase todos los días en una playa tan tranquila.
-Tus jóvenes paisanos ¿son todos de esa calaña? –pregunta Ponte a Ramo.
-Ni mucho menos. No conozco muy bien a la juventud actual, pero apostaría doble contra sencillo que aquí hay de todo, como en botica. A ese chaval le conozco desde que nació porque de jovencito fui amigo de su padre y sé cómo ha sido educado. Mejor sería decir cómo ha sido maleducado –Ramo ahonda más su explicación-. Sus padres lo tuvieron cuando ya no creían que fueran a tener hijos y lo criaron con todo el mimo del mundo, de tal forma que en aquella casa solo se hacía lo que al crío le petaba. Cuando quisieron recular y enmendarle la plana ya era demasiado tarde. Como estudiante fue un fracaso y no tiene oficio ni beneficio, como suele decirse. Y puesto que sus padres tienen una fortuna de pueblo, sobre todo en tierras, el niño nunca le ha dado un palo al agua. Y ahí le tenéis creyéndose que es el rey del mambo, cuando en realidad es un paleto ignorante que nunca hará nada de provecho y que terminará puliéndose todo el capital que va a heredar. En resumen, no es nadie, solo un chaval creído, malcriado y estúpido.
-Vaya joya que se va a llevar Anca –sentencia Álvarez.

PD.- Hasta el próximo viernes