viernes, 20 de abril de 2018

49. Un ataque de cuernos que trae cola


   El trío de jubilados ha dejado a Salazar reposando en su habitación y bajan a la terraza para echar su cotidiana partida.
-A las buenas tardes –les saluda Ramo que les está esperando en compañía de Vicentín que al llegar el trío ve la oportunidad de dejar la molesta, para él, compañía del viejo torreblanquí.
-Te dejo, Pedro. Voy a buscar a mi novia.
-Tú eres el novio de Anca, ¿verdad? –pregunta Álvarez-. Pues la encontrarás en la habitación de Martínez. Cuando nosotros salíamos entraba ella otra vez.
   Lo de que su novia volvía a entrar en la habitación del andaluz quiere decir que antes también estaba. Cuando procesa ese encadenamiento de hechos el rostro del hereu se transforma en una máscara de rabia. Sin decir ni media palabra entra en el hostal y se dirige directamente a la habitación en la que sigue postrado Curro. No llama, da un empujón a la puerta que se abre violentamente. Se encuentra a Anca que está doblando el embozo de la sábana, lo hace en una posición en la que la falda, ya de por sí corta, se le sube muslos arriba hasta dejar ver el tanga. Curro, sentado en un sillón, está mirando embelesado el rotundo trasero de la joven. La escena encalabrina todavía más a Vicentín que se dirige de forma airada al exsindicalista:
-¡Viejo baboso!, ¿te gusta lo que estás viendo? Pues lo verás, pero no lo catarás. Y tú –dice dirigiéndose a su novia-, ahora mismo deja lo que estás haciendo y te vienes conmigo. Ya está bien de recrearle la vista a este viejo chocho. Y bájate la falda de una puta vez.
-Baboso, chocho –comenta irónico Salazar sin perder la calma-, vaya vocabulario que te gastas jovencito. No sé si seré todo eso, lo que sí sé es que tú eres un gilipolla integral y si no lo eres más es porque no entrenas. Y esa no es manera de tratar a Anca, se merece un respeto.
-Como trate a mi novia es asunto mío, vejestorio –replica Vicentín que coge por el brazo a su novia y tira de ella hacia la puerta.
   Anca, que hasta el momento no ha dicho nada, se desprende de la mano de su novio y le planta cara.
-Me tienes hasta los ovarios con tus celos. Estoy haciendo mi trabajo y vienes tú a desbaratarlo todo. Y no te consiento que trates así al mejor cliente que tiene la casa. Como se entere la patrona ya verás la que me monta. Vas a conseguir que me despidan. Haz el favor de irte y déjame trabajar.
-¿Le llamas trabajar a ir enseñando el culo a este viejo verde para que se ponga cachondo? O sales por las buenas o te saco a guantazo limpio.
   Es oír la amenaza y Salazar se levanta del sillón interponiéndose entre la pareja.
-Como le pongas un dedo encima el que va a recibir una jartá de hostias vas a ser tú –y el gaditano levanta la mano en actitud amenazante.
   Vicentín no se lo piensa, da un empellón con ambas manos a Salazar que, sorprendido por el empujón, cae hacia atrás chocando contra uno de los brazos del sillón en el que estaba sentado. Un agudo ay de dolor del exsindicalista es señal de que la caída ha podido dañarle la fractura que tiene. Anca, asustada, se apresura a recogerlo del suelo y lo recuesta en la cama mientras Vicentín se queda sin saber qué hacer. Salazar sigue quejándose al tiempo que parece que tiene problemas para respirar. Ha comenzado a trasudar y su rostro muestra una palidez preocupante. A la joven lo único que se le ocurre es ponerle un almohadón bajo la cabeza para que pueda respirar mejor y ofrecerle un vaso de agua que el dolorido gaditano rechaza con un gesto.
-Don Francisco, voy a llamar al médico, no me gusta la cara que tiene –decide Anca que dirigiéndose a su novio le espeta-. ¿Ves lo que has conseguido con tus puñeteros celos? Como se entere de lo ocurrido la señora Eulalia me pone de patitas en la calle. Ya te estás marchando a toda leche que voy a llamar al médico. Y no se te ocurra contarle a nadie lo que ha pasado –y volviéndose a Salazar trata de tranquilizarle-. Don Francisco, le dejo pero solo el tiempo necesario para bajar y pedir que llamen al centro de salud para que venga un médico. Y le pido un favor: no cuente lo que ha pasado, si lo hace me despedirán. Diga simplemente que ha resbalado y se ha caído. Y le juro que esto no volverá a pasar.
   El exsindicalista, al que le cuesta articular palabra, asiente con un gesto.
   Aproximadamente una hora más tarde llega la asistencia sanitaria, es una joven médica que está haciendo las consabidas sustituciones veraniegas y que no anda sobrada de experiencia. Salazar algo se ha repuesto aunque sigue respirando con cierta dificultad. La galena tras auscultar al gaditano, y después de las explicaciones que le da la patrona sobre la fractura de dos costillas y la caída que acaba de tener, según le ha contado Anca, opta por el diagnóstico más pesimista. Habla de que podría tratarse de un neumotórax producido por el traumatismo sufrido puesto que los síntomas que muestra el paciente de dificultades para respirar y de que se queja de dolor en la zona del tórax así lo indican. Lo del posible neumotórax preocupa a la patrona, aunque no tiene ni idea de lo que es, porque es consciente de que no hay peor propaganda para un establecimiento hotelero de que se te muera un huésped.
-¿Y lo que ha dicho del neumo… -se atranca con la palabreja-… ese es muy grave doctora? ¿Habría que llevarlo a un hospital?
   La médica echa marcha atrás. Quizá ser alarmista no sea la mejor forma de conseguir que le vuelvan a contratar para otras sustituciones.
-Bueno, es una posibilidad, pero en veinticuatro horas podremos saberlo. ¿Ha sangrado al toser? –pregunta a Salazar que ya ha recuperado el habla.
-No, solo dolor en el pecho y alguna dificultad para respirar.
-Entonces creo que podemos descartar una perforación en los pulmones que es la etiología del neumotórax. Posiblemente sea que se ha resentido de la fractura. Deberá guardar un riguroso reposo durante al menos cuarenta y ocho horas y el martes volveré a verle. Si le duele mucho tómese un calmante.
   A todo esto, Vicentín ha salido del hostal echando leches y con un cabreo monumental. Cruza la terraza donde están jugando los jubilados y cegado por la ira tropieza con una de las camareras a quien no llega a derribar, pero la bandeja que lleva sale disparada con la consiguiente rotura del servicio que llevaba. En vez de disculparse, el hereu increpa ásperamente a la chica.
-¡Quítate de en medio, patosa de mierda!
   La joven no se arredra pues conoce bien al interfecto y piensa que probablemente su cabreo se deba a un ataque de cuernos. No es la primera vez que lo ve en tal estado.
-Patosa lo será tu novia y te aviso que tendrás que pagar lo que has roto y, por supuesto, se lo voy a decir a la señora Eulalia.
-A mi novia ni nombrarla o te parto la cara de un guantazo.
   Los jubilados, que han vuelto la cara al oír el estrépito, afean su conducta al joven. Quien primero lo hace es Grandal.
-Oye, jovenzuelo, si se te ocurre ponerle la mano encima a la chica te prometo que esta noche vas a dormir en el cuartelillo. Palabra de comisario.
-Vicentín, anda, no la líes y vete en paz –le aconseja Ramo.
   El joven no se ha arredrado ante las críticas a su comportamiento, al contrario se pone más farruco.
-Vosotros, carcamales, no os metáis en camisa de once varas o me voy a cagar en vuestros muertos.
   Grandal por un momento está por levantarse y encararse con el irascible jovenzuelo, pero se lo piensa mejor y opta por meterle miedo, conoce bien a esos falsos bravucones.
-Mira, guapín, te doy diez segundos para que te largues. Si tardas un segundo más juro por la constitución búlgara que llamo a la Guardia Civil y está noche la pasas en la trena.
   Vicentín hace un intento de contestar, pero algo en el semblante de su interlocutor le avisa de que no está hablando en vano. Se da media vuelta, se mete en su coche y se va. El suceso ha provocado un parón en la partida pues un hecho así no es algo que pase todos los días en una playa tan tranquila.
-Tus jóvenes paisanos ¿son todos de esa calaña? –pregunta Ponte a Ramo.
-Ni mucho menos. No conozco muy bien a la juventud actual, pero apostaría doble contra sencillo que aquí hay de todo, como en botica. A ese chaval le conozco desde que nació porque de jovencito fui amigo de su padre y sé cómo ha sido educado. Mejor sería decir cómo ha sido maleducado –Ramo ahonda más su explicación-. Sus padres lo tuvieron cuando ya no creían que fueran a tener hijos y lo criaron con todo el mimo del mundo, de tal forma que en aquella casa solo se hacía lo que al crío le petaba. Cuando quisieron recular y enmendarle la plana ya era demasiado tarde. Como estudiante fue un fracaso y no tiene oficio ni beneficio, como suele decirse. Y puesto que sus padres tienen una fortuna de pueblo, sobre todo en tierras, el niño nunca le ha dado un palo al agua. Y ahí le tenéis creyéndose que es el rey del mambo, cuando en realidad es un paleto ignorante que nunca hará nada de provecho y que terminará puliéndose todo el capital que va a heredar. En resumen, no es nadie, solo un chaval creído, malcriado y estúpido.
-Vaya joya que se va a llevar Anca –sentencia Álvarez.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 13 de abril de 2018

48. ¡No, per niente!


   En El Grao de Castellón Carlos Espinosa se entretiene jugando al golf a la espera de la respuesta de Salazar a su propuesta. No es que sea Tiger Wood o Phil Mickelson, pero para ser un aficionado tiene un hándicap decoroso. Se defiende mejor con las maderas que con los hierros, aunque su talón de Aquiles es el putt como ocurre a menudo. Ya no juega en el pequeño campo del Grao, ahora lo hace en el Club de Campo del Mediterráneo, campo de dieciocho hoyos sito en el municipio de Borriol y a pocos quilómetros de su hotel. Como buen aficionado ha recordado que es el campo en el que se forjó Sergio García, el tercer jugador español que, tras Seve Ballesteros y Chema Olazábal, ha ganado un major, el Masters de Augusta. Salvo darle a la pelotita no hace mucho más por lo que le queda tiempo para pensar. Se ha ganado al hijo de Curro, al que ha prestado una Harley que alquiló en Castellón, pero le está sirviendo de poco porque el exsindicalista no le responde. Francisco José le ha asegurado que cada vez que visita a su padre le insiste en que la mejor salida a sus problemas es marcharse al extranjero, pero la respuesta de Curro es el silencio o que lo está estudiando. Por eso un pensamiento que le ronda insistentemente es que quizá la solución ideal sería eliminar físicamente al gaditano, “Muerto el perro se acabó la rabia”, se dice. Cuando lo piensa se acusa de que tendría que habérselo planteado antes de iniciar su viaje pues en la Costa del Sol conoce a gente que se dedica, entre otros turbios asuntos, al macabro negocio de la desaparición de personas. Se dice que siempre puede encargarlo por vía telefónica, pero no da ese paso porque un asunto así es problemático negociarlo a distancia y además costaría bastante más dinero y no sabe si sus patrocinadores lo aprobarían. Ante la duda, lo deja todo como está, lo que va contra su carácter y formación.
   Lo que desconoce Espinosa es que quien tiene el encargo con el que a veces sueña sigue sesteando en la vecina población de Las Villas de Benicàssim. Grigol Pakelia se lo está pasando en grande con unas vacaciones pagadas que le han caído como llovidas del cielo. Este sábado, y a sugerencia de su última conquista playera, una italiana de treintaañera tan sexi como coqueta llamada Alessia, ha alquilado una lancha fuera borda para darse un paseo por las playas cercanas. Ha planificado una ruta que les lleve a les Platgetes de Bellver, luego a la plancha de la Concha de Orpesa y, finalmente, a las playas de Torrenostra. El viaje ha resultado más movido de lo que esperaba pues hoy el mar está algo picado como muestran las olas blancas y espumosas que se levantan, las popularmente conocidas como cabrillas. Debido a ello eliminan la parada de la Concha y al final de la ruta amarra la motora en la dársena de fortuna sita en la playa más meridional de Torrenostra. Vadean a pie hasta la costa y se toman un tentempié en el chiringuito más cercano. Lo que nunca podría imaginar el sicario georgiano es que el objetivo de su encargo, en el supuesto de que su diaria llamada telefónica tuviera como respuesta un sí, está a menos de treinta metros donde está trabajándose a la voluble Alessia que a veces da la impresión de ser una pieza fácil de cobrar y en otras tratarse de una mujer de armas tomar. Cuando llega un momento en que la italiana parece estar dispuesta a darle algo más que apasionados besos, el georgiano se ve en la imperiosa necesidad de encontrar una habitación. Al ver el rótulo de hostal en el edificio de enfrente, se acerca a recepción para alquilar un dormitorio. La señora que le atiende contesta molesta a su petición:
-Este es un establecimiento serio y no alquilamos habitaciones por horas.
-La alquilo para todo el día.
-Lo siento, pero lo tenemos todo ocupado –es la seca respuesta.
   Pakelia pone un billete encima del tablero y dice que cien euros por una hora es una bicoca. La patrona poco menos que lo despide con cajas destempladas. El georgiano, que no está dispuesto a darse por vencido, pregunta donde podría alquilar una habitación.
-Vaya a la 340, allí encontrará algún parador de carretera que alquila habitaciones por horas.
   El sicario, con un calentón en la entrepierna de campeonato, tiene que retomar su fuera borda jurando en arameo. Una vez a bordo, y a falta de un lugar más adecuado, intenta hacerle el amor a la italiana. En principio, Alessia consiente las ardientes manifestaciones del georgiano, pero cuando este intenta quitarle la braguita del bikini se lo saca de encima de un empellón al tiempo que le grita muy airada:
- ¡No, per niente!
   Pakelia sabe poco italiano, pero después de haberse visto toda la filmografía de Vittorio De Sica no ignora que no, per niente es una expresión que entiende todo el mundo aunque no se sepa una palabra de la lengua de Dante. Debido al calenturón por un momento le pasa por la cabeza la idea de forzarla, no será la primera vez que viola a una mujer, pero la italiana da la impresión de ser una ragazza dura de pelar por lo que desecha la idea. “Mientras no acabe de ejecutar el encargo no es cuestión de meterse en líos. Además, si hoy me ha dicho que no otro día puede decirme que sí”, se dice. Hace de la necesidad virtud y en el trayecto de vuelta a Las Villas saca sus mejores mañas de casanova. Alessia, que se había puesto hosca ante la tentativa de Grigol, distiende su ceño y termina aceptando las atenciones de su atlético ruso, porque esa es la nacionalidad que le ha dado el sicario.
-Dobbiamo tornare indietro –sugiere Alessia.
   Mientras la lancha de la pareja se pierde de vista en dirección a Las Villas, esa misma tarde los viejos van a visitar a su postrado excompañero de dominó. Le encuentran en animada charla con Anca que al verles les saluda festivamente.
-Mira quienes están aquí, mis mejores clientes. Pasen, pasen. Le estaba dando charleta a don Francisco para que no se aburra, pero ahora que han llegado ustedes me retiro, ya tiene con quien hablar.
-Bueno, Martínez, ¿qué tal, cómo te encuentras? –pregunta Álvarez.
-Bastante mejor, aunque todavía me duelen las costillas y por la noche no duermo todo lo que quisiera, cada vez que cambio de posición el dolor me despierta.
-Tú aquí jodido y el cabrón que te hizo eso se ha ido de rositas –afirma Grandal que sigue empecinado en que el andaluz debería denunciar la agresión.
   Salazar da la callada por respuesta y desvía la charla hacia otros derroteros.
-¿Cómo os las arregláis para completar el cuarteto ahora que se ha ido Amadeo y yo todavía no estoy en condiciones de suplirlo?
-De momento no tenemos problema. Un vecino mío de Madrid, que resulta que nació aquí, es el cuarto que completa la partida –explica Ponte.
-Buena enfermera te has echado con la Anca. Con sanitarias así no me importaría estar unos días en la cama. Debe ser mejor que un reconstituyente –bromea Álvarez.
-No creáis –explica el enfermo-, pero tengo que ir con pies de plomo con esa muchacha. Tiene un novio que es más celoso que el Otelo ese de la ópera y si el fulano os hubiera escuchado ya estaría armando la de Dios es Cristo.
   El aludido está precisamente en la terraza del hostal tomándose la enésima cerveza del día. Va allí frecuentemente, lo que le sirve de excusa para controlar a su novia y se desespera al comprobar que Anca pasa cada vez más tiempo en la habitación de Martínez. Se da la circunstancia de que la joven rumana cuenta para ello con la anuencia de la propia patrona que tiene dos motivos para tal actitud. Por un lado, es la primera vez que uno de sus huéspedes es agredido tan brutalmente a menos de cien metros del hostal, lo que le provoca un sentimiento de culpabilidad. Por otra, es uno de los contados pupilos que piensa quedarse con ellos tras el final del verano y a un huésped así hay que bailarle el agua. El resultado de ello es que Anca dedica buena parte de su tiempo a atender las necesidades del exsindicalista. En todo eso está meditando el hereu cuando alguien se sienta en su mesa.
-Buenas tardes, Vicentín. ¿Cómo va la vida?, ¿y tus padres qué tal están?
-Buenas tardes Pedro. Están como siempre, unos días mejor que otros. A los viejos os pasa eso.
   Pedro Ramo reprime un gesto de desagrado. Pertenece a una generación que fue educada en el respeto a los mayores en edad, dignidad y gobierno como rezaba el catecismo lo que suponía, entre otros aspectos, que los jóvenes trataran de usted a los ancianos. Y que alguien como ese jovenzuelo, que bien podría ser su nieto, le tutee es algo que le repatea, pero como es consciente de que esas son las actuales costumbres y no es quien para cambiarlas oculta su fastidio, aunque no puede por menos que contar algo que sabe que va a irritar al nini pues  Vicentín ni estudia ni trabaja.
-¿Qué tal tu novia? Por cierto, ayer mismo llamé la atención a uno de mis sobrinos-nietos que se refirió a ella como Anca la Potranca. Me contestó que así la llaman en el pueblo. Le reprendí y le dije que eso era una ordinariez que no quería volver a oírsela.
-Dile que si se lo oigo repetir le partiré la cara- replica amenazadoramente Vicentín.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 6 de abril de 2018

47. Mañana será otro día


   Curro Salazar sigue postrado en su habitación, su recuperación es lenta y ello no solo se debe a las costillas fracturadas, lo que más le tiene amilanado es pensar en los individuos que pretenden manipularle para que cuente a la justicia un relato edulcorado sobre el caso ERE. No se encuentra con la cabeza lo suficientemente lúcida para discernir la propuesta que le puede interesar más. Como de tonto no tiene un pelo es consciente de que cada emisario lo que busca es que no incrimine a sus respectivos patrocinadores en sus futuras declaraciones. Aunque tanto su hijo como su exnovia no parecen tener intenciones manipuladoras también le preocupan porque no cree que sea una casualidad que ambos hayan coincidido allí y ahora. “Aquí debe de haber algo más que se me escapa”, se dice. A sus recelos se suma que, aunque no se lo ha confesado a nadie, tiene miedo. “Si un descerebrado como el Chato de Trebujena me pegó una paliza, ¿no habrá alguien con más sesera que me pueda hacer daño de verdad?”, se pregunta. Esa mescolanza de sensaciones es lo que más le ata a la habitación. Le han instalado una televisión y pasa las horas muertas viéndola y departiendo con Anca que se ha revelado como una cariñosa y eficiente enfermera. Únicamente le visita, y no todos los días, su hijo; casi prefiere que sea así porque cuando aparece por allí no cesa de darle la matraca de que lo mejor que puede hacer es largarse al extranjero. Está convencido de que al chaval le debe de haber comido el tarro el petimetre de Espinosa.
   Lo que menos puede sospechar Salazar es que hay dos personas que ya han cerrado un trato para poder acceder a él de manera que podría calificarse como clandestina. Rocío ha terminado convenciendo a Anca para que le facilite un encuentro con su exnovio. Según la andaluza lo único que pretende es que Curro le pague los dineros que necesita para hacer frente al supuesto crédito que pidieron. La rumana no acaba de creerse una historia que hace agua por todas partes y en la que no hay proporcionalidad entre el soborno ofrecido y lo que se pide por ello. Anca le ha cogido cariño al dolorido huésped, pero trescientos euros son muchos euros, por eso ha aceptado. Aunque como no se fía de Rocío piensa que tendrá que vigilarla de cerca, no sea que la zorra de la andaluza se la quiera meter doblada.
   La otra persona que también ha cerrado un trato para poder entrar en la habitación de Curro es El Chato de Trebujena. El expugilista ha sobornado a Nicoleta, otra camarera rumana del hostal. El trebujenero ha sido mejor negociador que Rocío o quizá Nicoleta tiene un cachet inferior al de Anca, porque el soborno solo ha sido de cien euros. Lo que todavía no tiene muy claro El Chato es qué le va a decir o hacer al exsindicalista cuando lo vea. Piensa que no tiene mucho sentido volver a atizarle. A lo que le queda de deontología boxística le repele pegarle a un tío que está en la cama. “Eso no lo haría ni el tipo más tirado que haya subido a un ring”, piensa. Lo que tiene que hacer es dejarle bien clarito a Curro que ante la jueza de instrucción no abra la boca si no es para respirar.
   Tanto Anca como Nicoleta informan a sus dos dos corruptores que el mejor momento para meterles en la habitación de Salazar será en el inminente puente de la Asunción pues el Ferragosto, como lo denominan los italianos, este año cae en lunes lo que supone un puente de tres días. Y en España un puente de tres ojos y en plena canícula supone el desplazamiento de millones de personas. Va a haber muchísima más gente que de ordinario, de hecho en el hostal van a tener overbooking lo que lleva de cabeza a la patrona. Son unas fechas en las que ver una cara desconocida no llama en absoluto la atención. A todo esto, ninguna de ambas camareras sabe lo que planea la otra.
   Hay otros dos emisarios que también proyectan ver a Salazar, pero sin ninguna clase de tapujos. Son Jaime Sierra y Alfonso Pacheco que, una vez cerrado su acuerdo de agrupar sus propuestas en una sola, van a visitar al exsindicalista. El sábado, trece, se plantan en el hostal. La patrona reconoce a Pacheco como la persona que impidió con su aviso que siguieran golpeando a su huésped y que al día siguiente le llevó a Castellón para que le hicieran una exploración médica. Por ello no pone ningún impedimento a su deseo de ver al magullado huésped.
-Sin problema, pueden ustedes subir a ver al señor Martínez. Lo único es que como el médico insistió en lo del reposo será mejor que su visita no sea muy larga.
   Tras llamar a la puerta y sin esperar a que respondan, ambos colegas entran y encuentran a Curro recostado en la cama y junto a él, y sentada en la misma, una agraciada jovencita que está estirándose la falda que tenía subida a medio muslo. Al volverse, Pacheco la reconoce como la camarera que se encarga de la habitación del exsindicalista. Los dos andaluces se paran en el mismo umbral ante la sensación de que han interrumpido algo, no debe ser así pues es el mismo Curro quien les anima a entrar.
-Alfonso, Jaime, dichosos los ojos. Ya creía que os habíais olvidado de mí. Os presento a Anca, la mejor enfermera que he tenido nunca. Y estos son dos amigos míos que han venido de la mismísima Sevilla.   
   La camarera les regala una sonrisa al par que se levanta de la cama.
-Les dejo. Don Francisco, luego le traigo el almuerzo. Encantada –dice dirigiéndose a los recién llegados.
-¿Cómo estás, Curro? –pregunta Sierra.
   Pacheco es más expresivo:
-Un amigo común, Juan Simón, me dijo en una ocasión: si ves a Curro tirándose por una ventana, haz lo mismo, seguro que al final de la caída está esperando un montón de tías a cual más rica. ¡Menudas enfermeras te gastas! Así tampoco me importaría ponerme malo.
-Tú, otra cosa no tendrás, paisano, pero lo que es guasa tienes para dar y vender –replica Salazar.
   Y así, entre pullas y chanzas discurren los primeros momentos de la charla hasta que Pacheco considera que es llegado el momento de hablar de lo que les ha llevado allí.
-Curro, hemos venido a verte para ver cómo va tu recuperación, pero también para tener una conversación seria contigo. Verás, Jaime y yo hemos convenido fundir nuestras propuestas en una cuyos puntos más destacados te resumo. Uno, que te entregues a la justicia después de que nuestra gente haya pactado con la fiscalía una rebaja de la posible pena. Dos, frenar y torpedear la investigación del caso ERE. Tres, contratar al mejor bufete para tu defensa. Cuatro, facilitarte el dinero que necesites cuando la justicia confisque tus bienes. Y cinco, ayudaremos a tu familia y le buscaremos un buen trabajo a tu hijo mayor.
-Como contrapartida –completa Sierra- únicamente te pedimos dos cosas. Una, que cuando declares no involucres a nadie de los que figuran; mejor dicho, figuramos en esta lista –y le entrega una hoja-. Y dos, que insistas en que los funcionarios con los que trataste se limitaban a cumplir la ley y no tuvieron nada que ver con posibles cohechos. Estarás de acuerdo en que te pedimos poco y te ofrecemos mucho.
   Salazar entrecierra los ojos y queda en silencio como si sopesara la propuesta de sus dos excompañeros de partido. Cuando los abre y habla lo que dice no es lo que esperaban oír sus interlocutores.
-¿Sabéis qué le ha ofrecido el pisaverde de Espinosa a mi hijo? Os lo pregunto porque cada vez que viene a verme me da la matraca con que lo mejor que puedo hacer es marcharme al extranjero.
-Exactamente no sé qué le ha podido ofrecer al muchacho –contesta Sierra-, pero lo he visto pilotando una Harley. Por ahí pueden ir los tiros –y Sierra, que estudió derecho aunque nunca ejerció la abogacía, se explica-. Marcharse no creo que sea buena idea. La prescripción de los delitos que se te imputan podría tener un plazo entre diez y veinte años, dependiendo del tribunal que en su momento juzgue el caso. Tendrías que esperar ese tiempo para volver a España y cuando lo hicieras serías un viejo. Tu mejor opción es aceptar nuestra propuesta y entregarte. Te aseguro que saldrás de prisión antes del dos mil veinte.
-Posiblemente, tengáis razón, pero os confieso que en estos momentos no tengo fuerzas ni cabeza para decidir nada. ¿Por qué no volvéis en un par de días y mientras lo voy pensando?
   Los dos colegas se miran y asienten. Ambos intuyen que no sería bueno para sus intereses presionarle demasiado. A su vuelta al hotel, Pacheco, que ha decidido no volver a ocultar a su esposa nada de lo relacionado con Salazar, le cuenta la entrevista con el exsindicalista. El comentario de la mujer no tiene desperdicio:
-Perdéis el tiempo intentando convencerle. Salazar es esclavo de su origen y su historia, y no sabe de amigos ni de paisanos ni de excompañeros –Y remata su crítica con una metáfora aviaria-. La mejor forma de que el canario no cante es retorciéndole el cuello.
   Cuando Curro se queda solo en su habitación vuelve a encender la televisión. Su último pensamiento de cada noche es para un futuro de no más allá de veinticuatro horas: “Mañana será otro día”, piensa.

PD.- Hasta el próximo viernes.