viernes, 5 de enero de 2018

Capítulo 9. A Curro se lo rifan 34. A buon intenditor poche parole



   La llamada telefónica de un desconocido, que le ha interpelado por su verdadero nombre, ha dejado atónito a Salazar que no es capaz de reaccionar hasta que su interlocutor le dice que no corre peligro y que tienen que hablar.
-¿De qué tenemos que hablar? No te conosco y no me gusta hablar con desconosidos -El nerviosismo ha hecho que le salga su innato seseo.
-Me llamo Carlos Espinosa y como acabo de decirte no soy policía ni tengo nada que ver con la judicatura. Y sí, es cierto que no me conoces, pero el nombre de Eduardo Gálvez ¿te suena?
   Claro que le suena. Personalmente no ha hablado con el empresario, pero conoce su reputación de ser un hombre sin escrúpulos para conseguir cuanto se propone, así es como ha amasado la millonaria fortuna que según dicen posee. “Pues si este fulano representa a Gálvez –se dice- mejor será que le escuche”. El hecho de que el forastero asegura no ser policía ni tener nada que ver con los de las togas acaba por tranquilizarle.
-Bueno, tú dirás.
-Lo que tengo que hablar contigo es personal y no para contarlo por teléfono. Dime dónde y cuándo podemos vernos y allí estaré.
-No sé, estos días estoy muy liado –Lo que le pide el cuerpo a Curro es enviar al forastero a tomar viento, pero nuevamente el nombre de Gálvez le impulsa a rectificar-. Quisás mañana…
   Le corta Espinosa.
-Se me ocurre que podríamos almorzar juntos. ¿Qué te parece mañana a las dos? En cuanto al restorán he ojeado la Guía Michelín y uno de los más recomendados de la zona es Can Roig que está cerca de Torrenostra. Yo me encargo de hacer la reserva. ¿Paso a recogerte o vas por tu cuenta?
   Curro se dice aquello de que los malos tragos mejor pasarlos cuanto antes y acepta. Se verán en el restorán. Cuando el exsindicalista llega a Can Roig y pregunta por una reserva a nombre de Carlos Espinosa, la camarera le señala una mesa en la que hay una persona. Lo primero que salta a la vista del forastero es que se trata de un dandi. Lleva un pantalón de Armani de liviano lino color canela, con un polo a juego de Ralph Lauren, mocasines Callaghan que no desentonan y en su muñeca luce lo que parece ser un Cartier de oro. “Desde luego este figurín –piensa Curro- no puede ser de la pasma, demasiado relamido. Tendría que haberme puesto algo más aparente, a su lado parezco un costalero”. Tras los protocolarios saludos, Espinosa inicia inmediatamente el intento de congraciarse con Curro.
-¿Tomamos unos güisquis o hacemos honor a nuestra tierra y pedimos unos finos?
   Después, Espinosa comienza una charla informal preguntándole sobre los encantos de Torrenostra como medio de romper el hielo. A lo que Salazar corta por lo sano:
-Perdona Espinosa, pero es mejor que vayamos al grano y me cuentes lo que tengas que decirme, tengo una cita a las cuatro –El que Curro haya dejado de sesear es señal de que ha superado el nerviosismo inicial.
-Se nota que eres un experto en el arte de negociar –le adula Espinosa-. Tengo un amigo del Cuerpo de Carabinieri que veranea en Marbella que cuando alguien se enrolla suele decir lo de a buon intenditor poche parole.
-No entiendo italiano, pero en Cádiz decimos que lo breve, si bueno, dos veces bueno.
-De acuerdo. Pues lo primero es recordar tu situación procesal. Doy por descontado que sabes que el juzgado de instrucción número seis de Sevilla, el que entiende del mal llamado caso ERE, ha dictado una orden de busca y captura contra ti y…
-Perdona Carlos, te puedo tutear, ¿verdad? –Que Curro pregunte si puede tutearle, cuando ya lo están haciendo, es señal de que la mera mención del caso ERE ha vuelto a poner de los nervios al exsindicalista-. No me habrás invitado para contarme algo que ya sé. Si es así lo podríamos haber arreglado por teléfono.
-Por supuesto que no se trata de eso. Estoy aquí para ofrecerte una solución que resolverá de un plumazo todos tus problemas con la justicia. Verás…
   Espinosa lleva bien preparado el argumentario sobre el pacto que ha de proponer a Salazar. Le cuenta que representa a un grupo de hombres de negocios andaluces que están muy preocupados por el rumbo que ha tomado el proceso sobre el caso ERE. Se apresura a especificar que ninguno de ellos está imputado en el caso, pero que el terremoto político y la alarma social que ha generado el proceso está afectando muy negativamente a la marcha de sus empresas, algo que sus patrocinadores están dispuestos a atajarlo en la medida que esté a su alcance. No quieren involucrarse en las controversias políticas que ha causado el caso, pero sí están dispuestos a que se calme la tempestad social y económica levantada por el escándalo judicial sobre los expedientes de regulación de empleo que, en algunos casos, se han producido en varias de sus empresas. Según saben de fuentes absolutamente fiables Salazar se ha convertido, posiblemente sin pretenderlo, en una figura clave en el caso por lo mucho que sabe y, al parecer, por la documentación que atesora. Más pronto que tarde le encontrará la policía lo que supondrá que volverá a ingresar en prisión de la que es más que posible que tarde muchos años en salir, quizá décadas.
-Para que veas que te hablo con total sinceridad, te confieso que el hecho de que estés libre o encarcelado no es algo que preocupe a las personas que me envían. Lo que si les quita el sueño es que cuando declares ante el tribunal puedas involucrar a gente que no está imputada y, sobre todo, que tu deposición pueda ser altamente perjudicial para el normal desarrollo de algunas de sus empresas. Ya sabes cómo son los ricos, pueden tragarse lo que sea, pero no les toques un solo euro porque entonces se ponen como tigres.
   Espinosa hace una mínima pausa que es aprovechada por Curro para soltarle un rejonazo:
-Lo de la brevedad lo admites pero no lo practicas.
-Eso es un golpe bajo –acepta Espinosa con una sonrisa-, pero me lo he ganado a pulso. Al grano.
   Le explica lo que quieren sus patrocinadores. Primero, que eluda la cárcel, lo que ya es todo un premio. Con ello no tendrá que declarar ni poner en peligro a otras personas ni se abrirán nuevas instrucciones. Por tanto, la mejor solución es eludir la acción de la justicia y eso solo se puede lograr de una manera: marcharse de España y trasladarse a un país que no tenga tratado de extradición con el estado español hasta que termine el proceso y se calme el turbio ambiente que lo acompaña.
-No tendrás que preocuparte por nada. Todos los gastos correrán a cargo de mis patrocinadores que además te pasarán una cantidad mensual para que puedas vivir como un marqués en el país que elijas. Por poner un ejemplo: ¿Te imaginas lo que debe ser estar tumbado en la cubana playa de Varadero teniendo al lado una mulata de esas que tienen un culo capaz de resucitar a un muerto?
-¿Por qué ha de ser en la playa de Varadero?
   Al oír la inesperada pregunta de Curro, Salazar la interpreta en el sentido de que al exsindicalista no le parece mal su propuesta y está a punto de exclamar ¡eureka!, pero se contiene aunque sí piensa que la conclusión del pacto está al alcance de sus manos.
-Lo he dicho a guisa de ejemplo, pero no tiene que ser necesariamente Cuba, podrás instalarte en el país que te pete. Únicamente deberá tener el requisito de no tener tratado de extradición con España para que las garras de los jueces no puedan alcanzarte….
-¿Y qué países son esos?
-Pues los hay en casi todos los continentes. En este momento no tengo la lista completa, pero en cuanto entre en internet te la puedo facilitar. Si no recuerdo mal están, entre otros, Cuba; Nicaragua y Honduras en América; Singapur, Qatar, Indonesia o Birmania en Asia y en África hay un montón: Gambia, Nigeria, Burundi…, hasta los hay en las antípodas, es el caso de Nueva Zelanda. Tienes mucho donde elegir.
-Y si saliera de España, como estoy fichado, ¿no me detendrían en la frontera?
-Por tu salida del país no te preocupes, eso está solucionado. Como dentro de la Unión Europea no es necesario enseñar el pasaporte y las fronteras son casi inexistentes, te llevaremos en coche a Francia o a Portugal y allí coges un vuelo hacia el país que previamente hayas elegido.
-¿Y quién me garantiza que una vez que me haya largado seguiré recibiendo una paga mensual?
-Hombre, Salazar, ¿o prefieres que te llame Curro? –La pregunta no tiene respuesta por lo que Espinosa prosigue su exposición-. Como comprenderás lo que estamos negociando no es algo que se pueda plasmar en un documento, pero mis patrocinadores son los más interesados en que la justicia no te ponga las manos encima, entonces por la cuenta que les trae no te van a fallar en lo que te prometen. Además, si es por dinero no te preocupes. Otra cosa no tendrán, pero guita la tienen por pecado. ¿Cerramos el trato? No hará falta firmar nada, me basta tu palabra.
-Mi abuela, que era muy refranera, decía que buenas palabras y malos hechos, acaban con los buenos.
-Y ese aforismo, ¿cómo debo entenderlo?
-En que tenemos que seguir hablando.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 29 de diciembre de 2017

33. Se escurre sin haber barro



   Curro está cada día más colado por la joven camarera rumana. En buena parte es porque Anca, pese a sus pocos años, tiene la astucia suficiente para mantener al hombre en la cuerda floja del deseo. Un día le trata con displicencia y al siguiente le hace unos arrumacos que ponen al exsindicalista en el disparadero del antojo. La táctica del palo y la zanahoria parece funcionar pues Curro, a pesar de sus años y de una trabajada experiencia con el mal llamado sexo débil, está en un sinvivir por culpa de una jovencita que bien podría ser su hija. En una situación así, siente la imperiosa necesidad de compartir sus vivencias con alguien. Más que pedir consejo lo que necesita es explayarse, aligerar la carga de encontrados sentimientos en los que se mezclan el sexo y un incipiente enamoramiento. El problema es que en Torrenostra no cuenta con ese alguien. Sigue sin revelar a nadie su verdadera personalidad y no tiene ni familia ni amigos ni colegas. Lo más parecido a unos compañeros son los jubilados con los que, de vez en cuando, se echa una partida de dominó, pero ni por asomo se le ocurre comentar con ellos sus cuitas amorosas, posiblemente no le entenderían. Esa tarde, tras terminarse la cotidiana partida de dominó en la que ha estado de mirón, los viejos se van a dar una vuelta por la playa, dicen que a estirar las piernas. Grandal no les acompaña pues tiene que volverse a Marina d´Or. Cuando se quedan solos le comenta burlonamente a Salazar:
-No se van a pasear, a lo que van es a ver jovencitas con las tetas al aire. Como ya no se les levanta se contentan con ir de voyeurs –lo ha dicho a la manera francesa.
-¿Vuayeurs? –repite Curro con una entonación interrogativa.
-Ya sabes, los tipos que espían a escondidas a otras personas en situaciones eróticas para excitarse sexualmente. Aunque dudo que se exciten mucho pero, bueno, tampoco hacen daño a nadie.
   Un comentario aparentemente tan aséptico como el que acaba de hacer Grandal es motivo suficiente para que Salazar se lance, sin pensárselo demasiado, a contar al excomisario sus cuitas amorosas, aunque da una versión edulcorada de su vida sentimental. Le explica que se divorció hace años, luego se emparejó con una compañera del trabajo bastante más joven que él, la cual le dio puerta cuando le cazó pegándosela con su hermana. Después fue pasando de unos brazos a otros y en los últimos tiempos convivió con una mujer con la que también ha roto. Llegó a un extremo en que, un tanto hastiado de su difícil convivencia con la grey femenina, se prometió a sí mismo que ya no iba a tener más líos de faldas. Pero es cierto aquello de que el hombre propone y la mujer todo lo descompone, pues ha sido aterrizar en Torrenostra y la camarera que se ocupa de ordenar su habitación resulta ser una jovencita que está más buena que el pan y tiene salero a raudales. Muchas mañanas está un rato de palique con ella aprovechando que arregla el cuarto y hasta la ha invitado a comer un par de veces explotando el hecho de que estaba enfadada con su novio. Y lo que comenzó como un modo de mitigar la necesidad de compañía cuando uno está solo pasó a ser un tímido flirteo y ha terminado convirtiéndose en una verdadera obsesión por la joven. No consigue quitársela de la cabeza y más aún desde que Anca le brindó sus favores.
-No sé si alguna vez has experimentado lo que es tener entre tus brazos a una mujer de diecinueve años cuando tú vas para los cincuenta. ¡Qué mujer y qué cuerpazo tiene!. Cómo para hacer perder la cabeza al más pintado. Me ha hecho sentir sensaciones que creía que no volvería a experimentar. Y eso a mi edad es algo que te vuelve loco.
   Grandal no hace ningún comentario, se limita a mover la cabeza en gesto de que entiende las vivencias que le está confesando Curro.
-Y encima, si no quieres taza, taza y media porque hay un problema añadido, Anca tiene novio. Es un chiquilicuatro del pueblo, uno de esos ninis de hoy en día que ni estudia ni trabaja. Y del que para más inri no está enamorada, solo está con él porque el pazguato pertenece a una familia con mucha pasta. Le he dicho a Anca que se venga conmigo, que podemos vivir donde ella quiera, que no le va a faltar de nada, pero no acabo de convencerla. Y, chico, no sé qué hacer. Estoy hecho un verdadero lío.
   Grandal tiene demasiada experiencia como para recoger la velada invitación de su interlocutor de aconsejarle sobre la tesitura en la que se encuentra. Sigue limitándose a escuchar y asentir. Por otra parte, no se sorprende demasiado de lo que le cuenta Martínez, así sigue creyendo que se llama, pues en su larga carrera en la policía ha tenido que escuchar relatos mucho más retorcidos y escabrosos.
-Tú, en mi lugar, ¿qué harías? –inquiere Curro.
   La pregunta coge al excomisario desprevenido porque no se la esperaba de un tipo que parece curtido en mil batallas de toda clase. Sale del paso echando mano del galleguismo tópico.
-Pues que quieres que te diga. Ya sabes cómo son las mujeres, nunca aciertas por donde van a salir. Y tendrás que disculparme porque se está haciendo tarde y Chelo me debe estar aguardando. Nos vemos mañana.
   Al día siguiente, aprovechando que Curro no aparece por la partida vespertina, en cuanto la terminan Grandal cuenta a sus amigos el dilema sentimental en el que anda metido Martínez el Andaluz, así le motejan a su espalda.
-Ya habías comentado que se timaba con la moza –recuerda Ballarín.
-Hay que reconocer que Martínez tiene buen gusto porque la Anca está de toma pan y moja –comenta Ponte desvelando una cierta envidia.
-A mí no me extraña nada de lo que estás contando –apostilla Álvarez- porque la moza parece que es de las que se escurre sin haber barro.
-Explica eso del barro –pide Ballarín- porque si no me quedo in albis.
-Es una frase que se suele decir por la toledana comarca de La Sagra, la oí por primera vez en Añover de Tajo, y se refiere a las mozas ligeras de cascos.
-¿Y cómo sabes que esa chica es facilona? –pregunta Ponte.
-Porque hace un par de veranos estuvo trabajando de canguro en casa de mi hijo Nacho, que nunca fue precisamente un santo. Un día que su mujer volvió antes de lo acostumbrado se lo encontró morreándose a brazo partido con la muchacha. Esa misma tarde mi nuera la puso de patitas en la calle. Y entonces ya tenía novio, no el de ahora, era un joven rumano que parecía un buen muchacho y al que también le ponía los cuernos. ¡Menuda pelandusca está hecha la tal Anca!
-Llamarla pelandusca es un poco fuerte –replica Ballarín-, pero desde luego si se la puede calificar de promiscua.
-Eres un santo varón Amadeo –se mofa Grandal-. ¿Promiscua?. Por lo que acaba de contarnos Luis ya le ponía los cuernos al novio de entonces y se los pone también al que tiene ahora. De promiscua, nada, esa muchacha es más puta que las gallinas.
-O sea, que lo dicho, se escurre sin haber barro –remacha Álvarez.
   Las dos personas que protagonizan el cotilleo de los jubilados están en esos mismos momentos en situaciones distintas. Anca está en el coche de Vicentín soportando, por lo que parece, la enésima bronca de su novio porque alguien le ha ido con el cuento de que la vieron en el coche de un foraster. Se han reconciliado en cuanto la joven ha comenzado a besuquearlo. A Curro, que los está espiando, se lo llevan los demonios, y termina de descomponerse cuando adivina, más que verlo pues solo puede observar las cabezas de la pareja, que Anca se inclina hacia la entrepierna del chico mientras este pone cara de felicidad. Es más de lo que puede soportar y se marcha.
   Cuando Curro llega al hostal se encuentra con una desagradable sorpresa, tiene una nota en el casillero de su habitación. El mensaje, escrito en un pésimo castellano, dice: Le a yamado un señor. Volverá a yamar.
-¿Quién es el que me ha llamado? –pregunta a la jovencita que hace las veces de factótum.
-No lo sé, no ha dejado su nombre.
-¿Pero seguro que el hombre que ha llamado ha preguntado por mí?
-Por supuesto. Ha dicho que quería hablar con el señor Francisco Martínez. Usted es el único huésped que se llama así.
   Desde que está en Torrenostra es la primera vez que alguien pregunta por él, aunque el hecho de que hayan dado su falsa identidad debería tranquilizarle. Otra cosa es que hubieran usado su verdadero nombre. De todos modos es algo inquietante. La preocupación crece exponencialmente cuando le llaman para avisarle de que vuelve a tener una llamada. Coge el teléfono como si fuera un bicho venenoso.
-Diga.
-¿Francisco Salazar?
   Al oír su nombre el corazón le da un vuelco. Su primer pensamiento es que se trata de la policía, pero en seguida recapacita, si fueran los maderos no le llamarían por teléfono, habrían estado allí para detenerle. Por su mente pasan como un torbellino múltiples pensamientos. Como no contesta, el desconocido que parece que le ha leído el pensamiento vuelve a hablar:
-Tranquilo, Salazar, no corre ningún peligro, pero tenemos que hablar.

PD.- ¡¡¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2018!!!

viernes, 22 de diciembre de 2017

32. ¿Es amor o simplemente sexo?



   Ajeno por completo a las idas y venidas de los emisarios que las diferentes camarillas sevillanas han enviado para negociar o lo que se tercie, Curro solo tiene una preocupación en mente: Anca. Cada día que pasa está más encaprichado con la joven. Por las mañanas se queda en la habitación hasta que la pizpireta camarera aparece para arreglar el cuarto. Le da palique, le relata historias de sus andanzas por Andalucía, le cuenta anécdotas y chascarrillos y alardea de los muchos dineros que tiene pues sabe lo pragmática que es la joven rumana. A menudo le compra obsequios procurando que no sean demasiado ostentosos para no dar motivos a las suspicacias del receloso de su novio. Hasta ha llegado a espiarla en algunos de sus encuentros con Vicentín, de quien ha procurado informarse de su vida y de cuanto hace y deja de hacer. Igualmente ha indagado, de la manera más discreta posible, sobre las familias de los novios. Así, ha llegado a enterarse de que ambos jóvenes tuvieron otras parejas antes de ennoviarse. Él tuvo relaciones con una pubilla, que es como en el pueblo se llama a la hija única de una familia de posibles; ella, desde casi la adolescencia, anduvo con un chico rumano que trabajaba de camarero en un parador de carretera. También ha descubierto que a los padres de Vicentín el noviazgo no les gusta un pelo pues creen que la rumana solo busca la fortuna de su hijo. En cambio, la familia de Anca, especialmente su madre, está ilusionada con una relación que, en caso de cuajar, supondría para su hija una escalada en el estatus social del pueblo y sobre todo le proporcionaría seguridad económica. A Curro hay veces que le da la impresión de que Vicentín está enamorado hasta las trancas de la joven y bebe los vientos por ella. En cambio, en otras le parece que el hereu, la versión masculina de la pubilla, lo que está es encoñado con la joven porque ha podido comprobar lo tórridas que son las relaciones de la pareja. La propia joven, sin ninguna clase de recato, se lo ha contado: si por su novio fuera follarían todos los días y más de una vez pues Vicentín, criado en un ambiente en el que la virilidad es un valor altamente apreciado, se siente en la obligación de mostrarse muy macho. En cuanto a ella, hija de una cultura en la que las relaciones sexuales son muy permisivas, es consciente de sus muchos encantos y no escatima las ocasiones de lucirlos y, según le pete, hasta de ofrecerlos. Por todo eso Curro se pregunta si lo de Vicentín por Anca es amor o simplemente, sexo. Ante la duda, el exsindicalista, que nunca fue un romántico, se dice: “Para mí que el gilipollas del Visentín” –Cuando habla para sí le sale el seseo de su tierra natal, seseo que se cuida muy mucho de ocultarlo en su vida de fugitivo- “lo que está es encoñado hasta las trancas”.
   La pregunta de si lo del joven es amor o sexo, Curro se la aplica también a sí mismo porque el subidón que le da nada más ver a la joven puede ser cualquiera de ambas cosas. “La verdá es que desde Rosío ninguna mujer me había puesto como una moto. Está claro que lo que quiero es volver a tirármela, pero también es sierto que me lo paso muy bien con ella aunque no se abra de piernas”. En toda esta historia, de lo que no tiene ninguna duda Curro es del rasgo más acusado del carácter de uno de sus protagonistas: Vicentín es más celoso que un moro. Sabe, porque se lo ha contado uno de los amigos del joven, que si por él fuera Anca no solo no trabajaría sino que ni saldría de casa. Se pone enfermo por el simple hecho de ver que cuando pasea con ella más de uno la desnuda con la mirada. Tiene unos celos casi enfermizos y ha contado a sus amigos que la única manera de poder retenerla en casa es casándose, algo que si por él fuera ya lo habrían hecho. Si no han pasado por el Ayuntamiento para que la alcaldesa legitime su unión, Anca no quiere saber nada de casarse por la Iglesia puesto que no es practicante, es porque los padres de él ponen todos los obstáculos posibles para que el enlace no tenga lugar. La familia del joven tiene una poderosa arma para frenar las desbocadas ansias de boda de Vicentín: ¿de qué viviría la pareja en el supuesto de formalizar la relación?. Ella trabaja, pero el joven vive de la sopa boba de sus padres pues no tiene ni oficio ni beneficio, ni trabaja ni estudia; es lo que en un modismo de nuestros días se llama un “nini”. Como estudiante fue una calamidad, ni siquiera llegó a terminar la educación secundaria obligatoria. Y como trabajador nunca le ha dado un palo al agua, lo más que ha hecho ha sido ayudar a su padre en la recogida de las cosechas y eso, cuando el patrón de la familia no ha conseguido contratar los braceros necesarios.
   El etéreo currículum de Vicentín es algo que Salazar le ha comentado a la joven en más de una ocasión. La primera vez que lo hizo la respuesta de Anca fue tan contundente como cínica:
-¿Qué te crees, que todo eso no lo sé?. Vamos, anda, como si me cayera de la higuera. Eso lo sé yo y todo el pueblo.
-Entonces, ¿cómo sigues con él?
-Por muchas razones. Me divierte, me pasea en coche, se gasta conmigo toda la pasta que puede arramblar a los tacaños de sus padres y además está lo de que en el pueblo se le considera, aunque no doble los riñones ni para coger del suelo un billete de veinte euros. Es alguien y lo será mucho más cuando herede la fortuna que tiene su familia. Y si él es alguien, la mujer que se case con él también lo será. Todo eso sin añadir que a mi madre le daría un soponcio si rompiera con él.
-Todas las razones que has alegado podrían estimarse como válidas siendo realistas, pero en la vida también son válidos los sentimientos, si me apuras mucho más que los aspectos materiales. Y en ningún momento has hablado de que estés enamorada o, al menos, encariñada con él o simplemente que te guste. ¿Es que eso no cuenta?
-Curro, tío –La joven ya descubrió hace días que a Francisco Martínez le gusta más que le llamen Curro-, ¿a tus años todavía crees en lo de contigo pan y cebolla? Tú tienes tanta pinta de ser de los que se enamoran como yo de ser monja ursulina. No me hagas reír.
-Uno de los viejos con los que juego al dominó por las tardes –responde Curro- citó un día un proverbio escocés: no te cases por dinero, puedes pedirlo prestado a menor interés.
-Ya te he dicho que no solo es cuestión de pasta, está lo de ser alguien en el pueblo. Estoy hasta los mismísimos ovarios de que haya gente que me mire por encima del hombro porque para ellos solo soy una pobre chica rumana, una migrante, una forastera. Si me caso con Vicentín muchas palurdas se tendrán que tragar todas las perrerías que me han hecho y lo mal que me han tratado. Y me pone solo de pensar lo que les voy a poder restregar a la cara si me convierto en la señora de Fabregat.
-¿Qué coño es eso de señora Fabregat?
-Es el apellido de Vicentín. Aquí es un apellido muy corriente, como en otras partes apellidarse García o López. Algunas de las familias más ricas y prepotentes del pueblo se apellidan así, entre ellas la de mi novio.
-Pero para ser la señora de Fabregat, por lo que me has contado de la inquina de los padres de Vicentín, tendrás que esperar a que la palmen. Y no me parece que tus futuros suegros tengan ninguna intención de ello.
-Eso quizá en poco tiempo se solucione, el padre de Vicentín está bastante cascado. A pesar de la pasta que tiene lleva una vida muy aperreada. Cualquier día de estos puede palmarla, entonces Vicentín heredaría una parte de la fortuna familiar, mucho más que suficiente para poder llevar una vida de cine.
-Mira, Anca, no te hagas ilusiones que pueden ser más falsas que los Reyes Magos. Gente del pueblo me ha contado que los padres de tu novio es verdad que poseen muchos bienes raíces, pero…
-¿Qué es eso de bienes raíces? –le corta la joven.
-Son las propiedades que no pueden moverse del lugar en el que están, tales como tierras, viviendas, locales, etcétera. A lo que iba, tienen muchas propiedades de esa clase, pero lo que es dinero en efectivo, cash como se le llama en el mundo de los negocios, tienen muy poquito…
-Te equivocas, tío. Tienen un montón de millones que guardan parte en el banco y otra parte en una caja fuerte que compraron cuando les llovió del cielo el dinero. Verás, tenían una finca en la partida del Clot d´en Pere Tomás, muy cerquita del mar, y que no valía nada porque la tierra es muy salitrosa, pero cuando surgió el proyecto del campo de golf “Doña Blanca” que se tenía que construir por allí les compraron el terreno por una millonada. Por eso tiene Vicentín el coche que tiene, porque por un día sus padres se sintieron rumbosos y le regalaron el descapotable.
-O sea, que no es amor ni siquiera sexo, estás dispuesta a venderte por un plato de lentejas.
-Por un plato de lentejas nanay. Por un plato de jamón de Jabugo cinco estrellas, que no es lo mismo.

PD.- ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!