viernes, 15 de diciembre de 2017

31. ¿Quién se llevará el gato al agua?



   Carlos Espinosa, CEO de una de las compañías de un empresario de la camarilla andaluza que lidera Eduardo Gálvez, es el enviado por ese grupo para convencer a Curro Salazar de que lo mejor para él es que huya a un país extranjero que no tenga tratado de extradición con España. Como los fondos que la camarilla empresarial ha puesto a su disposición son cuantiosos, Espinosa opta por viajar del modo más rápido posible, sabedor que el factor tiempo puede resultar decisorio para el encargo recibido. Por eso se pone en contacto con una de la empresas que ofrece servicios de vuelos ejecutivos desde Sevilla y alquila un avión privado para que le lleve hasta el aeropuerto de Castellón-Costa de Azahar que se ubica en la inmediación del pueblo castellonense de Vilanova d´Alcolea. Dicha instalación aeroportuaria por el momento apenas recibe vuelos regulares, pero sí está operativa para vuelos chárter. En algo menos de dos horas ya está en el aeropuerto que, otrora, fue objeto generalizado de mofa por haber sido símbolo del despilfarro político y por la pésima gestión de su puesta en funcionamiento pues una vez terminado estuvo más de cuatro años sin que ninguna línea operara vuelos. Era el denominado aeropuerto sin aviones, también llamado “El aeropuerto del abuelito”, frase que, al parecer, les dijo a sus nietos Carlos Fabra que fue su gran promotor mientras estuvo al frente de la Diputación de Castellón. A su llegada alquila un coche en la empresa Goldcar que es una de las pocas que operan allí. Su primera intención es dirigirse a Castellón donde ha reservado hotel, pero lo piensa mejor y decide echar un vistazo al lugar donde se aloja Salazar. Toma la CV-13, carretera que enlaza el aeropuerto con la N-340 y la AP-7 y que termina, ya en el término municipal de Torreblanca, en una amplia rotonda por la que se accede a las anteriores vías. En cuanto comienza a descender hacia la llanura de La Plana Alta ve el casco urbano del municipio torreblanquino y como telón de fondo la cinta azul del Mediterráneo junto al que se divisan unas edificaciones que por lo que ha visto en Google Maps deben ser las de Torrenostra. En la bajada un cartel con el rótulo de Torreblanca le induce al equívoco pues una vez metido en esa salida se da cuenta, por la estrechez del camino y su mal estado, que debe haberse colado en la antigua carretera que enlazaba Torreblanca con Vilanova d´Alcolea, pero como la vuelta atrás es difícil sigue adelante. Tras poco más de un kilómetro pasa por debajo de la AP-7 para llegar inmediatamente al cruce con la N-340, lo sobrepasa y se mete en la población donde enseguida ve el indicador de Playa, lo va siguiendo hasta que desemboca en la CV-1430, carretera que le conduce directamente a Torrenostra. A la entrada del caserío y sin bajarse del coche pregunta a un viandante:
-Por favor, ¿podría indicarme dónde está el Hostal Los Prados?
-Gire a la derecha, hacia el final de la calle verá a la izquierda un pequeño parque con unas palmeras, casi enfrente está el hostal.
   Siguiendo las indicaciones, Espinosa llega al palmeral y a su derecha ve una cafetería en la que pone Los Prados, supone que debe ser el hostal que busca. Está en un tris de entrar y tomarse algo, pero no lo hace, se dice que no hay que precipitarse, aunque no corre el riesgo de ser reconocido porque Salazar y él no se conocen. Una vez localizado el lugar de residencia de su objetivo y tras dar una vuelta en coche por el caserío de Torrenostra, que como comprueba es poca cosa, se marcha al Grao de Castellón. Ha reservado una suite en el Hotel del Golf situado a solo cien metros de la playa de El Pinar y junto al campo de golf Costa de Azahar que, aunque solo cuenta con nueve hoyos, es suficiente para tirar unas bolas, para eso se ha traído su bolsa de golf. El hotel está a seis kilómetros del centro de la capital de La Plana y a unos cuarenta y pico de Torrenostra por lo que podrá llegar hasta allí en una media hora.
   El otro enviado por el mismo grupo de Gálvez, el ejecutor del plan B Grigol Pakelia, ha optado por dejar las menores pistas posibles de su desplazamiento a la Costa de Azahar por eso rehúye viajar en medios en los que piden nombres o cualquier clase de datos. Ese es el motivo de que viaje hacia Castellón a bordo de uno de los vehículos que el grupo mafioso tiene a nombre de una de sus empresas pantalla. Como reside en Marbella, toma allí mismo la AP-7 hasta Málaga, ciudad que circunvala por la MA-20 hasta enlazar con la A-7, que empieza en Algeciras y finaliza en Barcelona. Viaja a bordo de un Audi A7 Sportback de cuatro plazas, una berlina de alta gama, su motor de 204 CV hace que coja velocidades muy por encima de las permitidas en las carreteras españolas y su tracción integral quattro le dan un gran agarre y estabilidad. En el tramo que discurre entre Canals y Alcudia de Carlet, ya en la provincia de Valencia, Pakelia se ha cansado de no ir a más de ciento veinte kilómetros por hora, que es la velocidad máxima permitida en la autopistas españolas, y pisa a fondo el acelerador con el resultado de que antes de llegar a Silla, ya en la cercanía de la ciudad del Turia, lo detiene la Guardia Civil de Tráfico. El agente le saluda y le pide el carné de conducir y los papeles del vehículo.
-Este automóvil no está a su nombre. Tendrá que explicarme por qué –le pide el guardia.
   Pakelia le da al guardiacivil un carné de agente comercial al servicio de la empresa titular del vehículo y que parece convencer al motorizado. El georgiano puede proseguir el viaje después de ser sancionado con trescientos euros y una pérdida de dos puntos en su carné de conducir, pero lo que más le irrita es que su pretendido viaje de incógnito ha dejado de serlo. Se calma cuando piensa que la incidencia ha ocurrido a unos ciento treinta kilómetros de su final de trayecto, una distancia lo suficientemente amplia para que, si tiene que llevar a cabo su encargo, no le relacionen con el mismo. Prosigue su camino hacia el norte, pero procurando no pasar de los ciento veinte km/h. El mafioso georgiano, en su plan de pasar lo más desapercibido posible, ha desechado los hoteles y se alojará en un apartamento de Las Villas de Benicàssim propiedad de un corso que le debe favores al clan mafioso al que pertenece. De esa manera no ha tenido que inscribirse en ningún registro por lo que no dejará rastro alguno.
   Detrás de Espinosa y Pakelia van llegando a la Costa de Azahar los otros enviados de las distintas camarillas sevillanas que pretenden pactar con Salazar. De entre ellos, el primero en hacerlo es el emisario del grupo que en su origen formó Felipe Muñoz y que fue el que acordó, antes que ningún otro, negociar con el antiguo Conseguidor. Jaime Sierra se hospeda en el hotel Marina d´Or Playa, un cuatro estrellas sito en la urbanización del mismo nombre y que está en la costa norte de Orpesa del Mar, uno de los pueblos contiguos a Torreblanca. Algo más retrasado por su parada en Alicante, llega Alfonso Pacheco, representante de un grupo de antiguos altos cargos de la Junta, que intentará convencer a Curro para que se entregue a la justicia, previa negociación con la fiscalía de rebaja de penas. Pacheco y su esposa han optado por alojarse en el Tufi Dive Resort, un hotel de cuatro estrellas en Orpesa del Mar. Horas después de los dos comisionados anteriores llega Pepillo Jiménez, conocido como el Chato de Trebujena en el mundo del ring, cuya misión es “ablandar” debidamente a Salazar para que no cuente lo mucho que sabe. El Chato, enviado por el grupo formado alrededor de Juan Antonio Almagro, se hospeda en los modestos Apartamentos Jeremías de Alcossebre.
   Los dos últimos que llegan a la Costa de Azahar dispuestos a dialogar con Curro son los que menos recursos tienen y más tiempo han invertido en el trayecto: su primogénito y su amante. El hijo de Salazar se hospeda en un parador de carretera que se anuncia como Hotel Miramar. Tiene la ventaja de que se encuentra ubicado en Torreblanca por lo que es el que está más cerca de donde se aloja el exsindicalista. Rocío Molina, que también anda corta de recursos, ha buscado alojamiento en el Hotel Restaurante Serra d´Irta, de una estrella, de Alcossebre.
   En un radio de treinta y tantos kilómetros se alojan los siete emisarios que han llegado desde Sevilla. Dos de los cuales tienen como objetivo, con distintos matices, dialogar con Curro Salazar para convencerle de que se entregue a la justicia y cuente una versión editada de cuanto sabe sobre el caso ERE. Otros dos, alertarle de que busque un nuevo escondite no sin antes pedirle ayuda monetaria. Otro, lo que quiere es convencerle de que lo mejor es que escape a un país extranjero que no tenga tratado de extradición con España. Finalmente, hay dos cuya meta no es el diálogo sino la 
fuerza bruta.
   La pregunta es obligada: ¿Quién se llevará el gato al agua?


PD.- Hasta el próximo viernes
 

viernes, 8 de diciembre de 2017

Capítulo 8. Periplo Sevilla-Costa de Azahar.- 30. Torrenostra, fin de trayecto



   Los emisarios de las distintas camarillas sevillanas conjuradas para negociar o lo que se tercie con Curro Salazar organizan su viaje a la Costa de Azahar de muy diferentes maneras pues diferentes son los grupos que los envían así como sus posibilidades logísticas.
   Al hijo mayor de Curro, como tiene un presupuesto muy cortito, ni se le ocurre preguntar por los vuelos a Valencia que es la base aérea más cercana a Torrenostra, porque el aeropuerto de Vilanova d´Alcolea en la provincia de Castellón de momento solo recibe prácticamente vuelos chárter. Se dice que para el año 2017 las compañías Raynair, Iberia y Vueling tienen previsto poner en funcionamiento un vuelo Sevilla-Castellón, pero por el momento no hay enlace entre la ciudad de la Giralda y la capital de La Plana. Por el mismo motivo de administrar sus escasos dineros tampoco pregunta cuánto cuesta el viaje en AVE. Va directamente al medio de viajar más barato: el autobús. Ha conseguido el mejor precio en la compañía ALSA, acrónimo de Automóviles Luarca, S. A., empresa dedicada al transporte de viajeros por carretera que, desde su modesto origen en la villa asturiana del mismo nombre, ha devenido en una gran empresa multinacional y que por aquello de la globalidad pertenece actualmente al grupo británico National Express. Tiene plaza en el bus que hace el trayecto Sevilla-Castellón, con una duración de algo más de once horas y un coste de sesenta y tres euros.
   En una situación parecida a la de Salazar junior está la examante de Curro, Rocío Molina, también anda corta de fondos por lo que igualmente se ha decantado por viajar en autobús. Cuando pide billete para la ruta Sevilla-Castellón resulta que el bus está completo y no le queda más remedio que coger el que hace el trayecto Sevilla-Barcelona que también pasa por la capital de La Plana. El itinerario que recorre el bus discurre por Granada, Murcia, Alicante, Benidorm, Valencia y Castellón, ciudad en la que hace parada en la Estación de Autobuses de la calle del Pintor Oliet para luego seguir su camino hacia la Ciudad Condal.
   Jaime Sierra, antiguo director de IDEA, es el enviado por el grupo de Felipe Muñoz que fue el primero que acordó negociar con Curro Salazar. Viaja hacia Torrenostra en su Opel Cabrio descapotable que es el único bien de cierta consideración que le queda a su nombre. La ruta más corta por carretera hasta Castellón cubre una distancia de setecientos veintiocho kilómetros con una duración aproximada, dependiendo de las paradas, de siete horas. Coge la A-4 en dirección a Córdoba, luego entra en la provincia de Jaén y en uno de sus pueblos, Bailén, se para a tomar un café y repostar. Ya en la provincia de Ciudad Real, en Manzanares, toma la A-43, autovía que se diseñó para comunicar las regiones del este con las del oeste peninsular. Desde hace varios años funciona el tramo Ciudad Real-Valencia, pero el tramo entre Castilla La Mancha y Extremadura está inacabado. Al pasar por Argamasilla de Alba le viene a la mente que está atravesando los parajes más quijotescos de toda España. En Atalaya del Cañavate toma la A-3 en dirección a Valencia. A la altura de Motilla del Palancar vuelve a parar para desaguar y comer algo, hace un buen rato que el estómago le hace cosquillas. Prosigue camino hacia Valencia, donde toma la AP-7 que le conducirá hasta Castellón.
   A Pepillo Jiménez, más conocido como el Chato de Trebujena, comisionado por el grupo de Juan Antonio Almagro para darle una paliza a Curro y amenazarle con mayores violencias si no tiene la boca cerrada, le han organizado su viaje hasta la Costa de Azahar en tren. Toma el AVE hacia Madrid en Santa Justa, la principal estación ferroviaria de Sevilla, y tras parar en Córdoba, Puertollano y Ciudad Real arriba a la estación de Madrid-Puerta de Atocha donde hace transbordo en otro AVE dirección a Valencia. Al llegar a la ciudad del Turia, en la propia estación de Joaquín Sorolla recoge un coche de Avis que la camarilla de Almagro ha reservado on line después de buscar las mejores ofertas. Cuando está finalizando el recorrido del conocido como baipás valenciano se encuentra con tres salidas: la N-340, la A-7 y la AP-7. Pepillo sabe que AP quiere decir autopista de peaje por lo que coge la A-7, una autovía perteneciente a la Red de Carreteras del Estado, pero en la que el tramo Sagunto-Vilanova d´Alcolea es competencia de la Generalitat Valenciana. Así se ahorrará el peaje hasta Castellón, aunque una vez que está a la altura de Vall de Uixó piensa que la opción escogida ha sido una mala idea porque el tráfico es muy denso, sobre todo de camiones.
-Chato –se dice-, ya sabes, a la vuelta hay que apoquinar y volver por la de peaje.
   El ingeniero forestal Alfonso Pacheco, enviado por la camarilla de Gabriel Salcedo,  es Director de Prevención y Extinción de Incendios Forestales, unidad de la Dirección General del Medio Natural y Espacios Protegidos encuadrada a su vez en la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. El jefe de Pacheco, que también pertenece al mismo grupo, le ha buscado una excusa para el desplazamiento a Castellón: estudiar sobre el terreno como se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo. Pacheco aprovecha el encargo de sus compañeros para, al mismo tiempo, brindarle a su mujer unos días de playa pues debido a la escalada de incendios forestales que se suceden este verano no le ha sido posible coger vacaciones. Opta por no contar a su esposa el verdadero motivo del viaje, tiene razones para ello.
-Macarena, tengo que ir a Castellón por cuestiones de trabajo, ¿te apetecería pasar unos días de playa?
-¿Qué me dises?, ¿qué si me apetesería? Que chica en su sano juisio le diría no a esa oferta. Escapar de los cuarenta grados de Sevilla. ¿Cuántos días vamos a estar?. Lo digo para ver que meto en las maletas.
-Tres o cuatro, estirándolo mucho, cinco.
-Sí que es poco, pero menos da una piedra. ¿Nos llevamos a los niños?
-A los niños lo mejor que podemos hacer es dejarlos donde están. Es un viaje de más de setecientos kilómetros, una paliza para ellos. Es preferible que se queden en Zahara con los abuelos. Otra cosa, ¿prefieres viajar en tren o cogemos el coche?
-En lo que tú quieras, mi rey, pero ya que vamos a Castellón como viene de paso me gustaría visitar Alicante, aunque fuera de pasada. Es la única siudad de Levante que no conosco.
-Entonces, hecho. Iremos en el coche.
   La pareja, a bordo de su Volvo V40 Cv Kinetic de cinco puertas, se encamina hacia la ciudad de La Plana. Cogen la autovía autonómica andaluza A-92 hasta Guadix, en la provincia de Granada, allí toman la A-91 hasta la murciana ciudad de Puerto Lumbreras en donde enlazan con la A-7 que les lleva hasta Murcia, ciudad en la que hacen un alto para repostar y almorzar. Después cogen la AP-7 que les lleva hasta Alicante. En el camino debaten sobre si visitar la ciudad alicantina ahora o a la vuelta. Puesto que Pacheco ignora el tiempo que le puede llevar convencer a Salazar piensa que quizá no haya tiempo al regreso para darse un paseo por la ciudad. Por ello, sugiere a su esposa que lo más sensato sería que hicieran ahora una visita a vista de pájaro de los lugares más emblemáticos de Alicante y que si cuando vuelvan tienen tiempo podrán visitarla más detenidamente. A la mujer le parece buena idea y así lo hacen. Recorren primero el casco antiguo, concretamente el barrio de Santa Cruz, luego suben hasta el Castillo de Santa Bárbara sito en lo alto del Monte Benacantil y desde el que se divisa un amplio panorama de la ciudad y del mar. Nuevamente en el centro de la ciudad, dan un paseo por la ancha playa del Postiguet y luego caminan por la Explanada de España. Finalmente, siguiendo la costa llegan al Parque Canalejas donde, cansados, se sientan un rato bajo la sombra de uno de los enormes ficus que lo engalanan. Como el día está vencido optan por quedarse en la ciudad y proseguir camino al día siguiente.
-Creo que no deberíamos haber parado en Alicante –comenta Pacheco más para sí que para su esposa-. Mañana voy a llegar tarde a la cita que tenía –En realidad lo que está queriendo decir es que quizá ese parón sea el causante de que no será el primero en entrevistarse con el antiguo Conseguidor.
-No te preocupes, cariño, mañana madrugamos y en un abrir y serrar de ojos estamos en Castellón –le consuela la mujer.
-Mucho tendremos que madrugar, porque hasta Castellón quedan doscientos cuarenta kilómetros.
   A todo eso, Curro sigue trabajándose a la joven camarera rumana de la que cada día está más encaprichado sin sospechar que por diversas rutas se acercan emisarios que tienen como fin de trayecto una playa que, al decir de algunos, es demasiado tranquila. ¿Será posible que los viajeros rompan esa aparente tranquilidad?