viernes, 8 de diciembre de 2017

Capítulo 8. Periplo Sevilla-Costa de Azahar.- 30. Torrenostra, fin de trayecto



   Los emisarios de las distintas camarillas sevillanas conjuradas para negociar o lo que se tercie con Curro Salazar organizan su viaje a la Costa de Azahar de muy diferentes maneras pues diferentes son los grupos que los envían así como sus posibilidades logísticas.
   Al hijo mayor de Curro, como tiene un presupuesto muy cortito, ni se le ocurre preguntar por los vuelos a Valencia que es la base aérea más cercana a Torrenostra, porque el aeropuerto de Vilanova d´Alcolea en la provincia de Castellón de momento solo recibe prácticamente vuelos chárter. Se dice que para el año 2017 las compañías Raynair, Iberia y Vueling tienen previsto poner en funcionamiento un vuelo Sevilla-Castellón, pero por el momento no hay enlace entre la ciudad de la Giralda y la capital de La Plana. Por el mismo motivo de administrar sus escasos dineros tampoco pregunta cuánto cuesta el viaje en AVE. Va directamente al medio de viajar más barato: el autobús. Ha conseguido el mejor precio en la compañía ALSA, acrónimo de Automóviles Luarca, S. A., empresa dedicada al transporte de viajeros por carretera que, desde su modesto origen en la villa asturiana del mismo nombre, ha devenido en una gran empresa multinacional y que por aquello de la globalidad pertenece actualmente al grupo británico National Express. Tiene plaza en el bus que hace el trayecto Sevilla-Castellón, con una duración de algo más de once horas y un coste de sesenta y tres euros.
   En una situación parecida a la de Salazar junior está la examante de Curro, Rocío Molina, también anda corta de fondos por lo que igualmente se ha decantado por viajar en autobús. Cuando pide billete para la ruta Sevilla-Castellón resulta que el bus está completo y no le queda más remedio que coger el que hace el trayecto Sevilla-Barcelona que también pasa por la capital de La Plana. El itinerario que recorre el bus discurre por Granada, Murcia, Alicante, Benidorm, Valencia y Castellón, ciudad en la que hace parada en la Estación de Autobuses de la calle del Pintor Oliet para luego seguir su camino hacia la Ciudad Condal.
   Jaime Sierra, antiguo director de IDEA, es el enviado por el grupo de Felipe Muñoz que fue el primero que acordó negociar con Curro Salazar. Viaja hacia Torrenostra en su Opel Cabrio descapotable que es el único bien de cierta consideración que le queda a su nombre. La ruta más corta por carretera hasta Castellón cubre una distancia de setecientos veintiocho kilómetros con una duración aproximada, dependiendo de las paradas, de siete horas. Coge la A-4 en dirección a Córdoba, luego entra en la provincia de Jaén y en uno de sus pueblos, Bailén, se para a tomar un café y repostar. Ya en la provincia de Ciudad Real, en Manzanares, toma la A-43, autovía que se diseñó para comunicar las regiones del este con las del oeste peninsular. Desde hace varios años funciona el tramo Ciudad Real-Valencia, pero el tramo entre Castilla La Mancha y Extremadura está inacabado. Al pasar por Argamasilla de Alba le viene a la mente que está atravesando los parajes más quijotescos de toda España. En Atalaya del Cañavate toma la A-3 en dirección a Valencia. A la altura de Motilla del Palancar vuelve a parar para desaguar y comer algo, hace un buen rato que el estómago le hace cosquillas. Prosigue camino hacia Valencia, donde toma la AP-7 que le conducirá hasta Castellón.
   A Pepillo Jiménez, más conocido como el Chato de Trebujena, comisionado por el grupo de Juan Antonio Almagro para darle una paliza a Curro y amenazarle con mayores violencias si no tiene la boca cerrada, le han organizado su viaje hasta la Costa de Azahar en tren. Toma el AVE hacia Madrid en Santa Justa, la principal estación ferroviaria de Sevilla, y tras parar en Córdoba, Puertollano y Ciudad Real arriba a la estación de Madrid-Puerta de Atocha donde hace transbordo en otro AVE dirección a Valencia. Al llegar a la ciudad del Turia, en la propia estación de Joaquín Sorolla recoge un coche de Avis que la camarilla de Almagro ha reservado on line después de buscar las mejores ofertas. Cuando está finalizando el recorrido del conocido como baipás valenciano se encuentra con tres salidas: la N-340, la A-7 y la AP-7. Pepillo sabe que AP quiere decir autopista de peaje por lo que coge la A-7, una autovía perteneciente a la Red de Carreteras del Estado, pero en la que el tramo Sagunto-Vilanova d´Alcolea es competencia de la Generalitat Valenciana. Así se ahorrará el peaje hasta Castellón, aunque una vez que está a la altura de Vall de Uixó piensa que la opción escogida ha sido una mala idea porque el tráfico es muy denso, sobre todo de camiones.
-Chato –se dice-, ya sabes, a la vuelta hay que apoquinar y volver por la de peaje.
   El ingeniero forestal Alfonso Pacheco, enviado por la camarilla de Gabriel Salcedo,  es Director de Prevención y Extinción de Incendios Forestales, unidad de la Dirección General del Medio Natural y Espacios Protegidos encuadrada a su vez en la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. El jefe de Pacheco, que también pertenece al mismo grupo, le ha buscado una excusa para el desplazamiento a Castellón: estudiar sobre el terreno como se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo. Pacheco aprovecha el encargo de sus compañeros para, al mismo tiempo, brindarle a su mujer unos días de playa pues debido a la escalada de incendios forestales que se suceden este verano no le ha sido posible coger vacaciones. Opta por no contar a su esposa el verdadero motivo del viaje, tiene razones para ello.
-Macarena, tengo que ir a Castellón por cuestiones de trabajo, ¿te apetecería pasar unos días de playa?
-¿Qué me dises?, ¿qué si me apetesería? Que chica en su sano juisio le diría no a esa oferta. Escapar de los cuarenta grados de Sevilla. ¿Cuántos días vamos a estar?. Lo digo para ver que meto en las maletas.
-Tres o cuatro, estirándolo mucho, cinco.
-Sí que es poco, pero menos da una piedra. ¿Nos llevamos a los niños?
-A los niños lo mejor que podemos hacer es dejarlos donde están. Es un viaje de más de setecientos kilómetros, una paliza para ellos. Es preferible que se queden en Zahara con los abuelos. Otra cosa, ¿prefieres viajar en tren o cogemos el coche?
-En lo que tú quieras, mi rey, pero ya que vamos a Castellón como viene de paso me gustaría visitar Alicante, aunque fuera de pasada. Es la única siudad de Levante que no conosco.
-Entonces, hecho. Iremos en el coche.
   La pareja, a bordo de su Volvo V40 Cv Kinetic de cinco puertas, se encamina hacia la ciudad de La Plana. Cogen la autovía autonómica andaluza A-92 hasta Guadix, en la provincia de Granada, allí toman la A-91 hasta la murciana ciudad de Puerto Lumbreras en donde enlazan con la A-7 que les lleva hasta Murcia, ciudad en la que hacen un alto para repostar y almorzar. Después cogen la AP-7 que les lleva hasta Alicante. En el camino debaten sobre si visitar la ciudad alicantina ahora o a la vuelta. Puesto que Pacheco ignora el tiempo que le puede llevar convencer a Salazar piensa que quizá no haya tiempo al regreso para darse un paseo por la ciudad. Por ello, sugiere a su esposa que lo más sensato sería que hicieran ahora una visita a vista de pájaro de los lugares más emblemáticos de Alicante y que si cuando vuelvan tienen tiempo podrán visitarla más detenidamente. A la mujer le parece buena idea y así lo hacen. Recorren primero el casco antiguo, concretamente el barrio de Santa Cruz, luego suben hasta el Castillo de Santa Bárbara sito en lo alto del Monte Benacantil y desde el que se divisa un amplio panorama de la ciudad y del mar. Nuevamente en el centro de la ciudad, dan un paseo por la ancha playa del Postiguet y luego caminan por la Explanada de España. Finalmente, siguiendo la costa llegan al Parque Canalejas donde, cansados, se sientan un rato bajo la sombra de uno de los enormes ficus que lo engalanan. Como el día está vencido optan por quedarse en la ciudad y proseguir camino al día siguiente.
-Creo que no deberíamos haber parado en Alicante –comenta Pacheco más para sí que para su esposa-. Mañana voy a llegar tarde a la cita que tenía –En realidad lo que está queriendo decir es que quizá ese parón sea el causante de que no será el primero en entrevistarse con el antiguo Conseguidor.
-No te preocupes, cariño, mañana madrugamos y en un abrir y serrar de ojos estamos en Castellón –le consuela la mujer.
-Mucho tendremos que madrugar, porque hasta Castellón quedan doscientos cuarenta kilómetros.
   A todo eso, Curro sigue trabajándose a la joven camarera rumana de la que cada día está más encaprichado sin sospechar que por diversas rutas se acercan emisarios que tienen como fin de trayecto una playa que, al decir de algunos, es demasiado tranquila. ¿Será posible que los viajeros rompan esa aparente tranquilidad?

viernes, 1 de diciembre de 2017

29. Vas a quedar más suave que una malva



   Anca ha dicho en el hostal que le ha venido la regla, que es muy dolorosa y que no está en condiciones de trabajar. Tras abandonar el trabajo, Curro la recoge para llevarla a El Pinar de Alcossebre, que es otro de los restoranes al que su novio nunca ha querido invitarla. Desde Torrenostra toman el Camí del Campàs en dirección norte, un camino rural que va paralelo al mar y que finaliza en Alcossebre. Anca, que parece conocer bien el terreno, le va explicando los lugares más significativos del recorrido.
-A estos dos chalés se les conoce en el pueblo como los de Cardona, aunque ese señor solo es propietario de uno, el otro es de un italiano que se apellida Bergonzoni.
   A continuación pasan ante una pequeña colonia en cuya entrada  se ve un palmeral medio seco.
-¿Ves cómo esas palmeras se están muriendo? Pues así están en el resto del pueblo. El culpable es un insecto que se llama el picudo rojo que penetra en su interior y que termina matándolas. Ah, la miniurbanización se llama Els Margallons y solo tiene cuatro villas.
   A poco más de un quilómetro aparece a su derecha un viejo y destartalado caserón.
-Esta es la casona de El Campás, como ves es muy antigua. Aquí, según cuentan, es donde querían instalar la casa social del campo de golf “Doña Blanca” que estaba proyectado construir en estos terrenos.
-¿Un campo de golf en estos terrenos?. ¿Y cuándo van a construirlo?
-No se sabe. Desde hace unos ocho años está todo parado. Es una historia enrevesada de la que solo conozco trozos sueltos. Quien se la sabe al dedillo es mi padre. Si algún día llegas a conocerle pídele que te la cuente, le encanta contar esas batallitas.
   A unos pocos cientos de metros tras dejar la finca de El Campàs entran en una riera de la que la joven rumana le ilustra:
-Esta es la desembocadura del río San Miguel o Cuevas, que de río solo tiene el nombre pues está casi siempre seco. Y se me ha olvidado señalarte que en uno de los recodos que hemos pasado antes comienza el término municipal de Alcalà de Xivert que es el pueblo al que pertenece Alcossebre.
-O sea, que Alcossebre es a Alcalà lo que Torrenostra es a Torreblanca.
-Sí, pero ahí se acaban los parecidos. Alcossebre es quince o veinte veces más grande que Torrenostra y tiene muchos más veraneantes. Y así como en Torrenostra solo hay el hostal en el que estás alojado, en Alcossebre hay un montón de hoteles, hostales y residencias.
   En cuanto llegan al núcleo urbano, Anca le va dirigiendo por las estrechas calles. Rodean la Plaza de las Fuentes toman una calle de doble dirección, festoneada por palmeras que, como explica la joven rumana, se llama la Avenida Manila que termina en la Plaza Tanduay, allí giran a la izquierda para coger la calle Malentivet que sube haciendo eses por la ladera de la Sierra de Irta hasta que desemboca en la calle Isla Mancolibre donde está ubicado el restaurante. El establecimiento, sito a unos trescientos metros sobre el nivel del mal, tiene unas vistas espectaculares pues se ve toda la llanura que está al sur de la Sierra d´Irta.
   De entrantes han pedido carpaccio de gambas con un aliño muy suave que han servido con rebanaditas de pan tostado, mantequilla y un pequeño cuenco con un sucedáneo de caviar. Luego esgarraet, un típico plato valenciano hecho con pimientos rojos asados, bacalao en salazón, ajo y aceite de oliva. Por cortesía de la casa les invitan a erizo de mar gratinado que a Anca le encanta porque no lo había probado nunca, aunque en opinión de Curro, que se les da de gourmet, quizás tiene un exceso de bechamel. Como plato fuerte han pedido arroz con cigalas y almejas que Curro encuentra francamente exquisito.
   Después del sabroso almuerzo, Anca se empeña en que tiene que enseñarle el paraje de la Ermita de Santa Llúcia i San Benet que está a unos cientos de metros del restaurante y desde la cual se avistan las Islas Columbretes, el Prat de Cabanes-Torreblanca, el Desierto de Las Palmas y, en los días claros, hasta el Cabo de San Antonio en Alicante. La muchacha le explica que la iglesia, toda blanca, es de estilo barroco valenciano y su parte posterior pudo ser una torre más de la red de atalayas de vigilancia costera para prevenir los ataques de los piratas berberiscos durante los siglos XV y XVI. La ermita tiene adosado un edificio, antiguo hostal con habitaciones para peregrinos, establos para caballerías y dos pozos para calmar la sed de caminantes y romeros.
-¿Y cómo sabes tú tantas cosas de este paraje, chiquilla? –pregunta Curro sorprendido.
-No tiene ningún misterio. Varios amigos de mi novio son aficionados al cicloturismo y frecuentan esta ruta regularmente porque la ascensión cuenta con pendientes del 20 por ciento de desnivel. Vicentín me ha traído montones de veces.
-Así que tu noviete le da a la bici.
-¡Quia!, subimos en el coche. ¡Pues no es cómodo ni nada Vicentín como para darle a los pedales! Ahora, vamos a bajar y te enseñaré el puerto de Alcossebre, verás que mono que es.
   Salazar piensa “que aplicarle el adjetivo mono a un puerto tiene su guasa, pero vamos a ver que entiende esta criatura por un puerto mono”.
   El puerto deportivo de Alcossebre, le explica Anca, se denomina de Las Fuentes por los manantiales de agua dulce que manan en la orilla y en su interior. A Salazar, que conoce bien la mayoría de los puertos de la Costa del Sol, tanto los atracaderos como los barcos que están amarrados le parecen poca cosa, pero visto el interés que muestra la muchacha se deshace en elogios sobre las instalaciones portuarias que en realidad son más bien modestas, aunque sí funcionales. El puerto está configurado en dos zonas distintas: la primera, exterior, abierta al uso general, y la segunda, interior y orientada al este con amarres vinculados a los apartamentos edificados a la vera de los muelles. El puerto está resguardado del levante, viento dominante en la zona, por un rompeolas con la bocana mirando al sur. El número de pantalanes no debe llegar a los trescientos y el calado de la dársena, por lo que calcula Salazar a ojo, debe de estar en los tres metros por lo que no hay amarrados yates de gran porte.
   Durante el paseo han ido cogidos de la mano y en un determinado momento, Curro la ha cogido por la cintura sin que la joven le haya puesto impedimento alguno. Cuando el hombre desliza la mano más abajo, Anca le para los pies.
-No seas tan lanzado, Curro, compórtate. Parece que eres un chaval de quince años. Te recuerdo que tengo novio.
   Curro, que a medida que pasan las horas se ha ido excitando más, pretende que vuelvan al parador de la nacional 340 en el que se acostaron el día que comieron en Can Roig, pero Anca se niega en redondo. Le repite una y otra vez que está comprometida, que una flor no hace primavera y que aquel día es que se le fue la olla. Y, por si faltaba poco, como Vicentín se llegase a enterar de que se le ha entregado, con lo celoso que es sería capaz de hacer cualquier locura. El hombre no se da por vencido e insiste una y otra vez. Como machista que es, está convencido de que las mujeres tan fogosas como Anca cuando dicen no puede ser una negativa, pero en algunas ocasiones quizá pueda entenderse como un ya veremos. Lo que hace Curro, que se las sabe todas, es cambiar de registro e implorar sus favores a la joven. Esta lo ve tan derrotado, parece sentirse tan necesitado y presenta un estado tan lastimoso que decide hacerle un último favor.
-Bueno, Curro, está bien. Razón tiene mi patrona cuando dice que el que la sigue la consigue, pero tendrá que ser uno rapidito. Llevarás preservativo, ¿no?
-No te preocupes, controlo muy bien. Me retiraré a tiempo.
-De eso nada. De las llamadas retiradas a tiempo está el mundo lleno de críos. Mira, no vamos a follar, pero vas a quedar más suave que una malva. –Y sin más le baja la cremallera del vaquero.
   Casi anocheciendo se presenta Vicentín en casa de Anca hecho un basilisco. Una chica del pueblo le ha contado que ha visto a su novia paseando con un foraster por el puerto de Alcossebre. Tienen una bronca descomunal. Vicentín le dice que como se entere de que le está poniendo los cuernos es capaz de cometer una barbaridad, que es de él y solo de él. Como se pone muy pesado e insiste una y otra vez en que le diga con quién paseaba, Anca tiene que contarle la verdad; más bien media verdad. Paseaba con un huésped del hostal, un hombre muy mayor, recalca, que es muy buena persona y que al ver lo mal que se sentía la ha invitado a almorzar y la ha llevado a Can Roig, donde han comido de categoría. Después, como ha manifestado que le gustaría conocer el puerto se han acercado y han estado paseando por el mismo. No ha pasado nada más.
- No tienes motivos para estar celoso -concluye Anca.
   Vano intento, el joven está inmerso en el infierno de los celos y cuando te hundes en el mismo es harto difícil escapar de él. La bronca termina con una admonición de Vicentín que es tanto una advertencia como una intimidación.
-Nada de paseos con otro hombre, por muy viejo que sea -e insiste entre enérgico y amenazante-. ¡Recuérdalo, eres mía y solo mía!

PD.- Hasta el próximo viernes

miércoles, 29 de noviembre de 2017

*** Editadas mis tres primeras novelas



   Quizá debí hacerlo en su momento, pero lo dejé pasar. En el pasado mes de mayo la Editorial Ópera Prima/Edición Personal, Madrid, publicó mis tres primeras novelas que forman una trilogía cuyo escenario es mi pueblo natal, Torreblanca, Castellón, España.
   La primera, “Las dos guerras de Aurelio Ríos” (395 págs.), narra la tranquila vida de un pueblo valenciano hasta que se conoce el golpe militar de 1936. Así comienzan dos guerras diferentes: una, con la República, otra con el franquismo y en las que el protagonista, que no toma partido ni empuña un fusil, es acusado de fascista por los republicanos y de rojo por los golpistas. La historia se desarrolla al compás de la contienda hasta el sorprendente y dramático final. El relato y los personajes son imaginarios, pero hay episodios reales que testigos que los vivieron se los contaron al autor.
   La segunda, “La pertinaz sequía” (423 págs.), retrata la época tras la Guerra Civil en que la hambruna auspicia la aparición del mercado negro y de sucedáneos como boniatos por pan o gasógeno por gasolina. Describe un país en el que solo manda el dictador, pero donde las luchas por el poder son frecuentes. Es una sociedad con una moral hipócrita en la que la pertinaz sequía sirve al Régimen para ocultar sus insuficiencias. La historia y los personajes son imaginarios, pero hay episodios reales que recuerda el autor, entonces un adolescente.
   La tercera, “Apartamento con vistas al mar” (383 págs.), relata los años del boom y la crisis de la construcción en la costa mediterránea. A través de dos jóvenes y de la variopinta gente de su entorno vemos como fueron la cara y la cruz de una época en la que la burbuja inmobiliaria creó riqueza y empleo, pero fomentó el monocultivo económico, una rampante corrupción política y el incremento de una vieja lacra: la droga. Solo es real el escenario, la trama y los personajes son imaginarios, pero a veces se parecen a gente que todos hemos conocido.
   Las novelas pueden pedirse a la Editorial Ópera Prima: edicionpersonal@edicionpersonal.com