viernes, 8 de septiembre de 2017

Capítulo 5. Un romance en el filo de la navaja.- 17. Boccato di cardinale



   Álvarez y Ponte han quedado con Grandal en verse sobre las cinco de la tarde. Tras comer la paella, ambos se han echado un ratito para hacer la imprescindible siesta. Su sueño debe de ser profundo porque no oyen el timbre. El excomisario, que es quien está llamando, tiene que aporrear la puerta para que sus amigos despierten.
-Perdona, Jacinto, nos hemos quedado sobados –se excusa Álvarez.
-Y sordos. Manolo, ¿todavía está en el sobre?
-Ahora sale, se está refrescando la cara. ¿Qué tal Chelo, no te ha puesto mala cara por dejarla sola? –pregunta Álvarez.
   Grandal va a responder cuando aparece Ponte que le da un abrazo.
-Jacinto, te estábamos esperando como agua de mayo –dice Ponte y dirigiéndose a Luis le recuerda- Hemos quedado con Martínez sobre las cinco y cuarto.
-¿Quién es Martínez? –quiere saber Grandal.
    Álvarez le cuenta la cena de la noche anterior y como trabaron amistad con un desconocido que resultó ser también aficionado a jugar al dominó.
-… y hemos quedado con él que nos vemos esta tarde para echar una partida. Mientras no venga Amadeo será el cuarto que nos falta.
-¿Y de dónde ha salido ese paisano?
-Solo sabemos que se llama Francisco Martínez, que se aloja en el hostal y que le gusta el dominó –explica Álvarez.
-Y que no le gusta que le hagan preguntas –añade Ponte.
   Los tres amigos se dirigen a la terraza del hostal donde, en efecto, sentado en una mesa de la terraza está esperándoles el llamado Martínez, que no es otro que Curro Salazar. Ante sí tiene un café y una copa.
   Álvarez hace las presentaciones.
-Si me permiten me gustaría invitarles a esta primera ronda –pide Curro que sigue usando el falso apellido de Martínez-. Es una manera como otra de agradecerles que me acepten como compañero de juego.
-Anoche ya nos invitó. Si volvemos a aceptar va a pensar que se ha juntado con unos gorrones. Haremos como en Madrid, que pague las consumiciones la pareja que pierda –propone Ponte.
-¿Eso es coñac? –pregunta Grandal señalando la copa medio vacía de Curro.
-Sí señor. Es uno de mis pequeños vicios. Si tomo café sin acompañarlo con una copa es como si me faltara algo. Y eso a pesar de que un amigo de Jerez cuando me ve tomarlo me recuerda el dicho de su tierra: el vino para beberlo y el coñac para venderlo. ¿A usted también le gusta?
-Me gustaba y aún lo sigo tomando pero en pequeñas dosis, las que me permite la úlcera.
-Bueno, basta de cháchara –corta Álvarez al tiempo que vuelca las fichas de la caja que acaba de traerles el camarero-. ¡Qué mierda de dominó!, parece de juguete. Mañana voy a traer el mío que es un dominó de verdad y no esta porquería.
   Echan a fichas la formación de las parejas.
-Bueno, señor Ponte  le toca jugar conmigo. Como estoy algo desentrenado espero que me perdone los fallos que pueda cometer que seguro que serán muchos –se disculpa Curro con falsa modestia.
-Por favor, llámeme Manolo que es como me llaman mis amigos.
-Yo creo que lo que hemos de hacer es dejarnos de ringorrangos y tutearnos. –sugiere Álvarez.
-Por mí, encantado. Y llamadme Curro que es como me llaman los amigos, y que como sabréis es la versión andaluza de Francisco.
-¿Eres andaluz –pregunta otra vez Álvarez.
-Pues sí, pero he vivido en otras muchas partes. Os habréis dando cuenta de que apenas sí tengo acento y es que he recorrido muchos sitios. ¿A cuántos puntos soléis jugar? –una vez más Curro cambia de tema de conversación.
-Al mejor de tres partidas.
   En cuanto han hecho un par de juegos, Ponte constata que Curro es un buen jugador, bastante mejor que él, aunque tiene la tendencia de jugar para sí sin tener en cuenta que forman un equipo. El resultado final es de dos a uno a favor de Álvarez y Grandal que están más acostumbrados a jugar de pareja. Después de los obligados comentarios sobre la marcha de las partidas y las diversas incidencias ocurridas, se produce una pausa en la charla. Antes de que la reiniciación pueda deparar derroteros incómodos para un fugitivo, Curro formula una pregunta genérica de un tema muy actual y que aparentemente no presenta peligro.
-No sé si habéis leído hoy la prensa, ¿pero qué os parece el hecho de que Sánchez no negociará con Rajoy la oferta para su investidura?
-¿Dónde has leído eso? Esta mañana he estado ojeando el ABC y lo que decía es que el PP ofrece sostén territorial al PSOE a cambio de desbloquear la investidura –comenta Ponte.
-Lo leí en El País, es una de las noticias que trae en la portada –contesta Curro.
-O sea, que la constitución del nuevo gobierno está bloqueada –dice Álvarez-. Si es que la cabra siempre tira al monte. Sánchez al fin y al cabo es más rojo que Fidel Castro y lo que terminará haciendo es aliarse con los muchachos de Podemos para formar un gobierno de los que llaman de progreso. ¡Menudo progreso! Al final lo que formarán será un nuevo Frente Popular, como en el treinta y seis.
-Para el carro, Luis, no seas extremista. El PSOE de ahora no es el del treinta y seis y en cuanto a los niñatos de Podemos solo son unos revolucionarios de salón. Ninguno de ellos ha cogido en su vida un pico, toda la fuerza se les va por la boca –replica Grandal- ¿Tú qué opinas Curro?
   La directa pregunta de Grandal mete a Salazar en un apuro. Si cuenta lo que de verdad piensa pondrá de manifiesto su izquierdismo de manual y se ganará la enemiga de sus nuevos y vejestorios amigos que por lo que opinan son unos fachas de cuidado. Está tratando de encontrar una respuesta que sea políticamente correcta cuando Ponte le salva del compromiso.
-Os queréis dejar de cháchara política de una vez. Gobierne quien gobierne a los jubilados como nosotros nos van a dar para el pelo igualmente. Por tanto, dejaros de politiqueos y hablemos de cualquier otro asunto que sea más agradable y real. Por ejemplo de la cena de esta noche. Jacinto –pregunta dirigiéndose a Grandal-, ¿te quedas a cenar con nosotros o vuelves a Marina d´Or?
-¡Coño, se me había olvidado decíroslo! Chelo me ha pedido que esta noche seáis nuestros invitados. Va a hacer espaguetis a la vóngole con almejas que es uno de los platos que mejor le salen. Y de postre unas natillas de vainilla con caramelo que es otra de sus especialidades. Ah, y me ha dejado bien claro que no aceptará un no como respuesta. O sea, que si no queréis que la tenga de morros lo que resta de verano, esta noche cenamos en casa de Jennifer.
-¿Quién es Jennifer? –pregunta Álvarez tan curioso como siempre.
-La amiga de Chelo que nos ha prestado el apartamento. En realidad, su verdadero nombre es Nicolasa, el de Jennifer es, digamos, su nombre de guerra –y dirigiéndose a Curro le explica-. No te invito porque a Chelo no le gusta que lleve a desconocidos. Habrá más ocasiones para que puedas venir con nosotros.
-Faltaría más. No tienes porqué disculparte. Estoy a pensión completa, por tanto no tengo que preocuparme por las cenas, aunque como los menús suelen ser repetitivos alguna noche voy a comer a otra parte, como anoche a la pizzería.
-¿Aquí hay una pizzería? –indaga Grandal que, ante el gesto afirmativo de Álvarez, explica-. Estupendo, ya tengo excusa para traerme alguna noche a Chelo pues le encantan las pizzas y así podremos montar una partida nocturna que hace la tira de años que no hacemos ninguna.
   Álvarez y Ponte se han puesto de tiros largos porque saben que a Chelo le gusta la etiqueta, quizá porque en su profesión la etiqueta brilla por su ausencia. La mujer esta radiante, pocas veces tiene la oportunidad de lucir sus habilidades culinarias. Durante la cena explica a los amigos de su novio, así suele llamar a Grandal, la receta de la pasta que ha preparado. Ha puesto las almejas en agua fría con sal que ha cambiado un par de veces para que suelten la arena, durante unas dos horas, y luego las ha escurrido bien. Después las ha puesto en una cazuela con agua hirviendo para que se abran y ha guardado el caldo. Mientras tanto ha puesto la pasta a cocer. En otra cazuela con agua ha echado sal y laurel y cuando comienza a hervir ha añadido los espaguetis y los ha cocido durante ocho minutos, tras lo cual los escurre. Ha picado unos ajos y los ha freído en una sartén con aceite y cuando se han dorado ha incorporado las almejas. Ha agregado el caldo de la cocción y lo ha dejado hervir durante un par de minutos, después los ha retirado del fuego y los ha triturado hasta conseguir la salsa. Ha cortado por la mitad unos tomates cherry y los ha salteado en una sartén, luego ha mezclado los espaguetis con la salsa de las almejas para que se conjunten bien todos los ingredientes. Finalmente, ha puesto en la base del plato los espaguetis con la salsa de almejas y los ha decorado con los tomates cherry y unas hojas de albahaca.
   Los invitados, exagerando la nota, se deshacen en elogios ante la buena mano que Chelo ha mostrado tener. A la mujer se la ve radiante ante los plácemes de los amigos de su novio pues no está acostumbrada a ellos. Ponte pone la guinda a  las alabanzas expresándolo en italiano:
- Chelo esto es boccato di cardinale.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 1 de septiembre de 2017

16. La genuina paella valenciana



   El dos de agosto, antes siquiera de desayunar y siguiendo una añeja costumbre, Ponte abre el ordenador para echarle un vistazo a la prensa, aunque sería mejor decir a las portadas pues no suele pasar de ellas. En ABC el principal titular a cuatro columnas es otra consecuencia más del resultado de las recientes elecciones generales: El PP ofrece sostén territorial al PSOE a cambio de desbloquear la investidura. Es una oferta interesada, piensa el viejo, porque sin los votos de los socialistas será imposible formar nuevo gobierno; a ver si de una puñetera vez aprenden nuestros políticos a negociar. La única foto de la página alude a las vacaciones reales: Los rincones favoritos de los Reyes en Mallorca. Y por último le llama la atención una noticia relativa al mundo educativo: El abandono escolar español alcanzó este año su mínimo histórico: el 19,7 %. Esto sí que es una lacra de la que deberían ocuparse y preocuparse los políticos, se dice, y no de las chorradas por las que se pelean. Y da por concluida su información sobre la actualidad al oír que Álvarez anda trasteando por el salón.
-Buenos días, Luis.
-Buenos días, Manolo, ¿qué tal has dormido?
-Como un niño chico.
-A mí me ocurre lo mismo. Aquí duermo mucho mejor que en Madrid. Según Nacho es por la diferencia de presión. Y yo añado que también ayudará a que se pasa menos calor. Ah, en la cocina tienes leche semidesnatada, descafeinado, tostadas, mantequilla, margarina y mermelada. Luego podemos subir al pueblo e iremos al súper en el que podrás comprar los ingredientes para el exótico desayuno que sueles prepararte.
   Álvarez se refiere al peculiar desayuno que Ponte toma diariamente y que consiste en una especie de sopa que él mismo se prepara con caldo de pollo o de cocido desengrasado al que le agrega una loncha de pechuga de pavo cortada en pequeños trozos, un huevo crudo, dos cucharadas de arroz basmati, una rebanada desmigada de pan integral y lo espolvorea todo con una pizca de pimienta molida. Antes le añadía un chorrito de fino hasta que el especialista en medicina interna que le trata su incipiente insuficiencia renal le indicó que el alcohol, aun en dosis mínimas, no era lo más adecuado para su dolencia. Como preparar tan singular desayuno no va a ser fácil repetirlo en el apartamento del hijo de Álvarez, Ponte se decide por lo más simple: una tostada de pan integral con mantequilla y mermelada. En días futuros lo sustituirá por una tostada, refregada con tomate de penjar del terruño, y aliñada con aceite virgen de oliva.
   Después de desayunar los viejos cogen el coche y suben al pueblo para hacer la compra en un supermercado de la localidad. Aparcan el vehículo en el sótano del establecimiento, cogen un carro y empiezan a recorrer pasillos entre estanterías llenas de todas clases de productos.
-¿Cómo has dicho que se llama este súper? –pregunta Ponte.
-Consum. A parecer en valenciano quiere decir consumo y es parecido a Mercadona.
-No conozco ninguno así en Madrid.
-Es una cadena que se extiende por la costa mediterránea, pero al centro de España creo que no ha llegado todavía.
-¡Qué curioso!, los rótulos de los pasillos están en valenciano.
-Si te fijas, en valenciano por una cara y en castellano por otra. Esto me recuerda algo que creo que no te he dicho. La gente del pueblo habla mayoritariamente en valenciano, pero cuando te oyen hablar en castellano cambian automáticamente de lengua. Muchos hablan mal el castellano, pero te entienden y se hacen entender sin mayor problema.
   Casi sin darse cuenta han llenado el carro. Tras pasar por caja vuelven a la planta baja y guardan la compra en el maletero del coche. Retornan a la playa por la carretera de Torrenostra eludiendo el tendido del ferrocarril pasando por debajo de un puente.
-Cuando llueve mucho este badén, que como ves tiene un gran desnivel, se inunda y hay veces que corta la carretera y tienes que coger la Carrassa de Mon Rossí para ir al mar.
   A ambos lados de la carretera hay campos de naranjos, almendros, olivos y también se ven muchas fincas abandonadas lo que llama la atención de Ponte.
-Yo creía que en La Plana estaban todos los campos cultivados, pero veo que hay algunos que parecen medio abandonados.
-Un día cogeremos el coche y te daré una vuelta por el término municipal. Hay zonas en las que los terrenos no es que estén medio abandonados, es que lo están por completo. Al parecer, la gente joven no está por seguir la trayectoria de sus mayores y no quieren ser agricultores. El resultado es el que ves: campos medio yermos y echados a perder.
-Es que el trabajo agrícola es muy duro y poco rentable. Bien lo sé yo que nací en un pueblo de pan pedir y en el que la mayoría de los vecinos eran campesinos. Entiendo que los jóvenes tengan otras aspiraciones y se busquen la vida con ocupaciones que sean más llevaderas.
   Entre el viaje al pueblo, hacer la compra y guardarla se les ha hecho cerca de la una. Desechan darse un paseo o un baño y optan por sentarse en uno de los bares de cara al mar donde toman unas cervezas, en el caso de Ponte sin alcohol. Eligen uno de los bares que está pegado a la playa y que responde al nombre de Cal Pitu. Una de las cuestiones que resuelven mientras toman las birras es el plan para las comidas de los próximos días. Como esperan que sea Ballarín quien haga de cocinero, deciden que hasta que no llegue almorzarán en alguno de los restoranes locales y por la noche, según como estén de animosos, saldrán a tomar una cena ligera o se harán algo ellos mismos.
-Entonces, ¿dónde almorzamos hoy? –quiere saber Ponte.
-Pues donde quieras. ¿Qué te apetece comer? –pregunta Álvarez.
-Ya sabes que tengo buen diente. Donde tú quieras que eres el que conoce esto.
-¿Te parece que iniciemos la temporada con algo típico de esta tierra? Me refiero a tomar una paella.
-Me parece bien. Siempre ha sido uno de mis platos favoritos.
-Entonces vamos a ir a El Perero, es una cafetería que está pegada a la pizzería donde cenamos anoche y que hacen unas paellas que suelen estar muy ricas.
   En el restorán les indican que la paella tardará unos veinte minutos por lo que para hacer tiempo se piden otras cervezas y algo para picar.
-Además de lo que viene en la carta, hoy tenemos cargols punxencs –anuncia la joven que les atiende.    
   Antes de que Ponte tenga tiempo de preguntar qué son, Álvarez se lo traduce:
-Así les llaman aquí a las cañadillas, pero personalmente prefiero los mejillones o la sepia, tanto unos como la otra los preparan con una salsa verde de ajo y perejil muy rica.
-A mí me da igual una cosa que la otra, elige tú.
   En tanto acaban con los mejillones a la marinera, que es lo que han pedido como entrada, llega la paella. Álvarez cuenta a su amigo que lo que acaban de servirles es lo que se conoce como paella valenciana, al parecer la única y legítima. Y continúa explicando que la mayoría de veces las paellas que se elaboran en los restaurantes no son más que variantes de la genuina paella huertana en la que solo entran diez ingredientes: un mineral, dos líquidos, dos carnes, y cinco vegetales.
-¿A ver si sabes cuáles son esos ingredientes? –le reta Álvarez-. Comencemos por los líquidos.
-Supongo que aceite y caldo.
-El caldo es el líquido que resulta de cocer o aderezar algunos alimentos, o sea que no vale.
-Bueno, pues entonces aceite y agua. En cuanto a las carnes supongo que pollo y costilla de cerdo –ante el gesto negativo de Álvarez rectifica-. ¿Pollo y conejo? –Ahora el gesto es afirmativo-. Lo que no sé es el mineral –tras unos instantes de cavilar, Ponte se da un cachete en la frente–. Claro, cómo no se me ha ocurrido antes, tiene que ser la sal.
-Premio para el caballero. Ahora los cinco vegetales –pide Álvarez.
-Veamos. Arroz, por supuesto, judía verde, tomate…, cebolla –Álvarez niega-, ajo –Otra negativa-, ah, sí, guisantes –Vuelve a negar Álvarez-. Pues los otros dos vegetales no sé cuáles puedan ser –se rinde Ponte.
-La alubia blanca grande, que aquí llaman garrofón y el azafrán. Esos son los diez integrantes de la auténtica paella valenciana que, en definitiva, es un plato de fortuna que guisaban los huertanos con los productos que tenían a mano.
-Y esas paellas que te sirven, incluso en los restoranes de postín, en las que hay langostinos, mejillones, gambas, cigalas y un montón de cosas más, ¿no son genuinas paellas?
-No lo son. Esos platos son arroz con lo que sea y a lo que falsamente denominan paella, pero que en realidad no lo son. Lo que ocurre es que la paella, como todos los platos de fortuna de origen campesino, admite múltiples variantes. Por ejemplo, aquí a la paella le suelen poner caracoles, habitas, guisantes, alcachofas, carne de pato, costilla de cerdo y cualquier otro producto que tengan en ese momento, pero la paella fetén es la de los diez ingredientes que te he contado.
-Ves, como decía mi santa madre: no te acostarás sin saber una cosa más.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 25 de agosto de 2017

15. No me preguntes sino quieres que te mienta



   Después de cenar en una pizzería de la playa y tras invitar Salazar a sus recién conocidos,
 Ponte y Álvarez, a tomar una copa les pregunta:
-¿No les importará que andemos un poco? Lo digo porque donde les llevó está al final del paseo marítimo –se excusa Curro al pensar que para los viejos andar los mil metros que tiene el paseo marítimo de Torrenostra igual es excesivo y más con la andorga llena.
-No hay problema, somos buenos andarines. La mayoría de días solemos pasear por el Parque del Oeste o la Ruta Verde de la Universitaria –comenta Álvarez.
-Está bien dar un paseíto después de cenar. Mi madre, que en gloria esté –dice a su vez Ponte-, solía repetir el refrán de que la comida reposada y la cena paseada.
   Tras dejar la pizzería, los tres hombres recorren el paseo marítimo cruzando el cogollo central del caserío de norte a sur. Al llegar a la altura del espigón que cierra la playa más grande hay un pequeño palmeral junto al cual está instalada una terraza que tiene varias mesitas en la misma arena. Allí es donde el trío aposenta sus reales.
-Este chiringuito se llama El Muret –cuenta Curro a la pareja-. Como lo tengo cerca a veces me suelo tomar aquí un helado o un chupito.
-Y este minipalmeral –informa a su vez Álvarez- es conocido como las Palmeras de Igoa que, por lo que me ha contado mi hijo Nacho, fue el empresario vasco que construyó los espigones y que tenía unos bungalows justo donde están las palmeras.
   Tras sentarse y mientras esperan que les sirvan lo que han pedido, Álvarez pregunta a Salazar:
-¿Vive usted en los apartamentos de Los Prados? –se refiere a la urbanización que tienen enfrente.
-No, en el hostal –a Curro no le ha gustado nada la pregunta, pero también piensa que en una charla como la que mantienen es un interrogante bastante lógico-. Por cierto, antes ha citado el Parque del Oeste, ¿acaso son ustedes de Madrid? –pregunta a su vez. Mejor preguntar que ser preguntado, se dice.
-Bueno, yo soy de Sevilla la Nueva –quien responde es Ponte-, un pueblo de la Comunidad de Madrid, aunque casi toda mi vida he vivido en la capital. El que es un auténtico gato es mi colega.
-¿Qué es eso de gato? –inquiere Curro.
-Coloquialmente se llaman así a los nacidos en Madrid que es el caso de Luis. Por cierto, que no nos hemos presentado: me llamo Manuel Ponte y aquí mi amigo Luis Álvarez.
-Y yo Francisco Martínez –dice el prófugo echando mano de su falso nombre-, aunque mis amigos suelen llamarme Curro –sigue estando más cómodo con el hipocorístico familiar.
-Es curioso. Por su forma de hablar juraría que es usted andaluz, pero ni cecea como los andaluces de la costa ni sesea como los del interior –comenta Álvarez.
-En efecto, soy andaluz –Salazar no especifica de dónde- pero he vivido en otras muchas regiones y probablemente por eso he perdido el acento -y ante el riesgo de entrar en la espiral de comentarios de índole personal cambia de tema de conversación-. Durante la cena me ha parecido oírles hablar sobre una partida de dominó.
-Es uno de nuestros pasatiempos favoritos. Modestia aparte, pero está usted ante los subcampeones de dominó por parejas del Centro de Mayores del Distrito de Moncloa/Aravaca. Bueno, en realidad lo fuimos hace dos años porque esta temporada no hubo torneo –es la orgullosa respuesta de Álvarez.
-¿Juegan de pareja? –sigue preguntando Curro.
-De pareja o de contrarios. Somos cuatro amigos los que jugamos habitualmente y echamos a fichas quienes forman los dúos.
-¿Y los otros del cuarteto también veranean aquí? –la mejor manera de que no te pregunten es preguntando, sigue pensando Curro.
   Álvarez le cuenta a su nuevo conocido la historia del porqué él y sus tres amigos van a pasar el mes de agosto en Torrenostra y de cómo en pocos días van a estar todos allí con lo cual la reanudación de las acostumbradas partidas de dominó que se echan en Madrid tiene su continuación asegurada.
-Si me aceptan de mirón me harán un favor, porque aquí también se juega al dominó, pero salvo alguna excepción la mayoría lo hace de pena. Son de esa clase de jugadores que cierran sin enterarse o que son capaces de ahorcarse un doble sin darse cuenta y casi todos juegan para ellos sin tener presente que el dominó por parejas es un juego de equipo. Por eso, ver a gente que sepa manejar las fichas será un alivio –comenta Curro dando coba a la pareja de viejos.
-Mañana va a venir un amigo nuestro que veranea cerquita de aquí, en Marina d´Or, y en unos pocos días también estará otro que pasa unos días en Huesca donde tiene una hija –explica Ponte, que dirigiéndose a Álvarez le comenta-. Hasta que no llegue Amadeo vamos a ser tres, pero si ahora contamos con el señor Martínez podemos reanudar las partidas mañana mismo, siempre que usted quiera jugar con nosotros, claro –remata dirigiéndose ahora a Curro.
-Por descontado. Para mí será un placer jugar con gente que sepa qué hacer con las fichas, seguro que tienen mucho que enseñarme. Una curiosidad, antes el señor Ponte ha dicho algo que me ha llamado la atención: que era de Sevilla la Nueva, no sabía que existiera un pueblo que se llamara así. Creía que Sevilla solo había una, la de la Giralda.
-Y la de la Torre del Oro, el Guadalquivir, la Maestranza y Triana –añade Álvarez.
-Veo que conoce bien la ciudad –dice Curro que pregunta- ¿Va usted a menudo por aquellas tierras? –La pregunta tiene su miga, lo que pretende el fugitivo es saber el grado de conocimiento que tiene Álvarez de Sevilla por si fuera un peligro para su seguridad.
-No. He estado dos o tres veces, pero como turista. Y de hecho hace un montón de años que no he vuelto por allí –explica Álvarez.
-Y usted, señor Ponte, ¿conoce Sevilla mejor que su amigo? –sigue indagando Curro con la misma finalidad: saber si los viejos pueden ser una amenaza.
-En absoluto. Únicamente he estado dos veces, una de paso en un viaje que hice con la familia a Cádiz y otra cuando llevé a mi mujer e hijos a la Exposición Universal del noventa y dos. Desde entonces no he vuelto. Sé más cosas de Sevilla por la tele que por mis ya lejanas estancias en la ciudad –explica Ponte.
-Lo preguntaba porque hace unos años trabajé en Sevilla y si ustedes iban a menudo podíamos tener algún conocido común –se justifica Curro que vuelve a preguntar-. ¿Y hace mucho que veranean aquí?
-Como antes le conté el único que veranea habitualmente aquí soy yo -le explica Álvarez-, ni Manolo ni mis otros amigos habían estado antes. Lo que ocurre es que suelo venir en julio que es cuando el apartamento que tiene mi hijo Nacho en El Palmeral está desocupado, pero este año le han cambiado el turno de vacaciones y por eso estamos aquí en agosto. ¿Y usted suele veranear aquí?, no le había visto antes.
   Salazar piensa que deberá mantener a raya al tal Álvarez, está resultando ser demasiado curioso y excesivamente preguntón. Y como buen aficionado al arte de Cúchares da una larga cambiada y sale por los cerros de Úbeda.
- A mí es que me gusta mucho la tranquilidad, ¿saben?, por eso cuando un antiguo conocido me habló de la paz y el sosiego que se respira en Torrenostra no me lo pensé. Porque me gustan las playas pero cuando no hay mucha gente. Suelo bañarme y pasear a primeras horas de la mañana y al atardecer.
   Y Curro se lanza a perorar sobre lo incómodos que resultan los lugares costeros excesivamente masificados y pone como ejemplos algunas de las poblaciones de la Costa del Sol, de las Baleares o de las Canarias. Explica asimismo su presunción de que posiblemente llegará algún día en que a Torrenostra le pasé lo mismo, por eso hay que aprovecharse ahora de su paz y tranquilidad. Y antes de que los viejos, sobre todo Álvarez, tengan ocasión de volver a preguntar se despide de ellos con la excusa de que le gusta acostarse pronto. Antes ha insistido en pagar las copas y han quedado en que se verán al día siguiente en la terraza del hostal después del almuerzo para ver si se echan una partida.
   Cuando ambos amigos se quedan solos, Álvarez pregunta:
-¿Qué te ha parecido el amigo Martínez?
-Pues así, a bote pronto, te diría dos cosas. Que se siente muy solo y que no le gusta nada que le hagan preguntas. Se siente solo porque debe de estarlo, no ha comentado nada de mujer, de hijos ni de acompañantes. Puede ser el clásico divorciado o viudo, porque me da en la nariz que de solterón no tiene pinta, que está pasando unos días de vacaciones más solo que la una. Y lo de que no le gusta que le pregunten ha quedado claro con su respuesta cuando le has preguntado que si suele veranear aquí. A este tipo preguntas las justitas -comenta Ponte.
-Pues se le ve desenvuelto y es bastante parlanchín –objeta Álvarez. 
-No digo que no, pero estoy convencido de que el tal Martínez pertenece a la familia de los de no me
preguntes sino quieres que te mienta.