viernes, 14 de julio de 2017

Capítulo 3. En la Costa de Azahar.- 9. Fin de trayecto… por ahora



   Lo de la Costa de Azahar que encontró en internet le gustó a Curro, más que nada por el parecido del nombre con el de su pueblo, Zahara. Tecleó información turística y alojamiento en Torrenostra, que era la población más cercana al Parque Natural de Cabanes-Torreblanca, y le salió un aviso que decía: this account has been suspended. Su casi nulo conocimiento del inglés no le sirvió para saber qué decía el aviso, tuvo que recurrir a la traducción de Google: esta cuenta ha sido suspendida. Noticia que le dio mala espina.
-Pues igual es que no hay na de lo que desía la otra web –se dijo.
   Abrió otra página que se titulaba Hoteles Torrenostra. Cuál no sería su sorpresa cuando se topó con un montón de establecimientos hoteleros, algunos con muy buena pinta, pero que estaban ubicados en la playa de Alcosebre, Alcoceber o Alcossebre, que con esas tres grafías denominaban a la población que estaba al norte de Torrenostra y que resultó ser el barrio marítimo de Alcalá de Chivert, pueblo limítrofe con Torreblanca. Al leer más información desechó el sitio, al parecer era otro importante destino turístico de la Costa de Azahar.
   Estuvo abriendo y cerrando páginas hasta que en una web de Tripadvisor encontró un establecimiento llamado Los Prados Hostal, Torreblanca, Castellón y además se indicaba su dirección: Avenida Rey Juan Carlos, Torrenostra. Eso era lo que buscaba, pero la página no daba mucha más información aparte de alguna foto. Si le gustó lo que decía sobre el tipo de viajeros que frecuentaban el establecimiento: casi todos eran familias y parejas, un par de personas solas y nadie por negocios. Tecleo Hostal Los Prados y se abrió una web en cuya introducción se decía: El Hostal Los Prados, el único en la playa de Torrenostra, está situado en primera línea de playa a las faldas del mar. Ofrecemos un trato amable y familiar para que disfrute de unas vacaciones agradables. Por otra parte, nuestro restaurante les brinda una gran variedad gastronómica y la oportunidad de disfrutar de su cena o desayuno mirando al mar. Y a continuación venía una relación de los servicios. Pinchó en la web y las fotos que vio le gustaron, parecía un sitio tranquilo, justo lo que buscaba. Puso el ratón en habitaciones, el hostal contaba con veintidós, las había individuales, dobles con balcón o sin él, lo que le provocó una sonrisa, y cuádruples. La pequeñez del establecimiento fue lo que le decidió, pero antes había que consultar los precios, que parné tenía pero tampoco era cuestión gastarlo a lo loco. En temporada alta, que se reducía a julio y agosto, la habitación individual con pensión completa costaba setenta y cinco euros. En temporada baja, diez menos.
-Algo más caro que en Alvito y en Tavira –se dijo-, pero en todo caso voy a llamar.
   En cuanto le contó a la persona que le cogió el teléfono que, si el sitio le gustaba, pensaba estar unos meses, todo fueron facilidades: que le ofrecían una habitación con balcón y vistas al mar, que si se quedaba más de dos meses se podía renegociar el precio especialmente el de la temporada baja. Cuando le indicaron que para confirmar la reserva debería abonar un depósito del cincuenta por ciento del total y le pidieron la tarjeta de crédito, contestó que no era partidario del dinero de plástico, que prefería pagar en cash, pero que si le daban un número de cuenta les transferiría la cantidad a determinar. La respuesta que recibió fue toda una muestra no sabía si de  falta de profesionalidad o de trato familiar como decía la publicidad.
-Sin problemas, don Francisco –fue lo que le contestó la mujer que se reveló como la directora del hostal-. Solo por su forma de hablar se nota que es usted persona seria, de las que cumple sus compromisos. No es necesario que envíe ninguna cantidad a cuenta. Su habitación queda reservada a partir del uno de julio. Le esperamos.
-Bueno, Curro –se dijo-, tú te vas pa´llá y si no te gusta lo que ves, pues abur y media vuelta.
   Antes de irse definitivamente de Tavira ha estado sopesando en si pasar o no por Sevilla. Tendría que recoger algunos objetos personales que había echado de menos en su periplo portugués y sobre todo tenía que reponer dinero, el que se llevó cuando se fue casi se le había agotado. Seguía pagando todo a tocateja, nada de cheques, tarjetas y demás medios bancarios que dejan más huellas que un vaquero cojo. La imperiosa necesidad de reponer el moni gastado es lo que le empuja a pasar por la capital andaluza. Lo hace con mucho sigilo y dejándose ver lo menos posible, pero Sevilla no es una ciudad tan grande como para que no se puedan producir encuentros fortuitos. Y ese es el caso. En un solitario callejón del castizo barrio de Triana se topa, cara a cara, con Francisco José, el mayor de sus hijos, veinticinco años cumplidos. Y el saludo no ha sido cordial precisamente.
-¡Coño, el hijo de la gran puta de mi papa!, si creíamos que la habías espichao porque hase mucho que nadie sabe de ti.
-¿Cómo está tu madre? –es lo único que se le ocurre preguntar a Curro que prefiere no enzarzarse con su primogénito.
-Cómo va a estar, jodía, pero a la ves contenta, porque nos cuentan que de la trena que te va a salir de lo del juisio del ERE no te va a salvar ni Jesús del Gran Poder.
-Bueno, tengo prisa, hasta más ver.
   Cuando Curro intenta proseguir su rumbo, su hijo le retiene por el brazo.
-Espera un minutito, cacho cabrón. Por ahí también disen que tienes pasta como para empapelar la Giralda. Te podías acordar de tu mujer y tus hijos que están pasando muchas fatigas desde que nos dejaste tiraos como a perros sarnosos.
-Ya os paso la pensión que señaló el jusgado –se justifica Curro.
-Pero la vida sube cada año y la pensión no. En lugar de gastarte el dinero en putas como la Rosío tendrías que acordarte más de los que, te guste o no, llevan tu sangre.
-Tengo prisa –repite Curro y hace la intención de continuar su camino.
-Mala puñalá te den, hijo de Satanás. No sé si sabes que las malas lenguas, o más bien buenas, disen que hay gente en Sevilla dispuesta a pasaportarte. Si por mí fuera, les ayudaría con mucho gusto. Ojalá la endiñes pronto, mal nasio.
   A Curro el áspero diálogo mantenido con su hijo mayor le deja mal cuerpo. No es tan insensible como supone su primogénito el cual, para mayor pena suya, se le parece como una gota de agua a otra. En aquel mismo momento decide marcharse de la ciudad, ya. Ni siquiera irá a ver a su amante como había pensado. Coge sus bártulos, sus buenos fajos de billetes y se pone en marcha hacia la Costa de Azahar. Piensa alquilar un coche, el que alquiló en Portugal lo dejó al volverse a España, pero tras meditarlo decide hacerlo en Madrid, alquilarlo en Sevilla sería dejar un rastro para aquellos sevillanos que parece que le buscan las vueltas.
   El viaje lo hace por etapas. Desde Sevilla a Madrid en AVE, viaje que le permite hacer las paces con el ferrocarril del que guarda un mal recuerdo de cuando en su niñez hizo un viaje  con su madre hasta Barcelona y que resultó interminable. En la capital del país está un par de días. Una de las gestiones que lleva a cabo es alquilar un coche. Como en Portugal, alquila un vehículo cómodo pero que no llame la atención. Termina contratando un Seat León de color blanco con dos puertas con el que se desplaza hasta Valencia. Puesto que en Madrid ya tuvo problemas con su falta de documentación, solo sigue enseñando su falso carnet de conducir, opta por no quedarse en la ciudad del Turia y continua viaje. El tránsito, primero por la A-3, la autovía de Valencia, y luego por la AP-7, la autopista costera, resulta un paseo y en poco más de cuatro horas llega a Torreblanca. En la caseta de pago de la salida pregunta la ruta para llegar a Torrenostra.
-En la primera rotonda póngase en el carril más externo y antes de terminar el medio giro verá un cartelito marrón que pone Torrenostra, fíjese bien porque es pequeño. Tome esa salida que le lleva inmediatamente a otra rotonda más pequeña. Una de sus salidas lleva a un puente que salva el ferrocarril. Coja ese camino y todo recto le llevará a la playa. No tiene pérdida.
   O las instrucciones no han sido muy precisas o Curro no ha prestado la atención debida porque se equivoca. Toma una salida que le lleva a la N-340. A poco menos de un kilómetro se encuentra con la población de Torreblanca, donde abandona la nacional. Desde el pueblo va siguiendo las indicaciones que señalan la playa, hasta que en menos de diez minutos se encuentra en Torrenostra.
-Fin de trayecto –se dice Curro-. Al menos, por ahora.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 7 de julio de 2017

8. Día de elecciones



   Manuel Ponte, como hace habitualmente, después de desayunar y lavarse los dientes se vuelve a meter en la cama, coge el ordenador y se dispone a echar un vistazo a las portadas de alguno de los periódicos que suele leer. Poco a poco ha ido restringiendo la lectura de la prensa y ahora se limita generalmente a echar una ojeada a los titulares. Comienza abriendo El País. El titular principal, como no podía ser de otro modo dada la fecha, se refiere a las elecciones a Cortes Generales que precisamente se celebran hoy, veintiséis de junio: España vuelve a votar tras un largo bloqueo y sin pactos claros. Y en tipos más pequeños: La polarización de la campaña y la falta de propuestas generan dudas sobre la falta de gobernabilidad. La crisis europea agrava la incertidumbre. Eso le retrotrae a la discusión que mantuvo ayer con su hija Clara sobre si votar, además de un derecho, era o no un deber cívico. Su hija mantenía que sí, él ponía en duda que fuera una obligación ciudadana.
-Si no votas, luego no te quejes de que el partido que salga elegido no hace las cosas que debiera –apunta Clara.
-Me conformaría que los que ganen, sean los que fueren, lleven a cabo la mitad de sus promesas electorales, pero no caerá esa breva. Ya verás cómo una vez que estén instalados en las poltronas se olvidarán de los curritos que los han llevado al poder. Por eso hace tantos años que no voto, porque todos los partidos políticos y repito, todos, me han defraudado. En la campaña electoral prometen el oro y el moro y luego si te he visto no me acuerdo.
-O sea, que una vez más, no piensas ir a votar –acusa Clara.
-No, hija, no pienso y, además, cuando gobiernen quienes sean, si lo hacen mal, que puedes apostar a que será así, naturalmente que me quejaré y les pondré a caer de un burro.
   En el fondo, piensa que posiblemente su hija tenga razón y votar sea un deber cívico, pero son muchos sus años y está cansando de que los políticos le sigan tomando el pelo; bueno, a él y a otros cuarenta y tantos millones de españolitos. Deja los recuerdos y sigue con la portada. De política internacional, un titular llama su atención: Europa presiona a Londres para que acelere su salida de la Unión. El gobierno británico dice que se tomará “unas semanas de reflexión”.  La noticia le provoca un comentario en voz alta:
-Estos ingleses siguen en sus trece: si hay una tormenta en el Canal de La Mancha, el que está incomunicado no es el Reino Unido sino el resto de Europa. Para mí lo que pasa es que los británicos continúan creyéndose el gran imperio del mundo. Se les paró el reloj hace mucho y todavía no se han enterado.
   Está en un tris de abrir otros diarios, pero se lo piensa mejor y opta por levantarse. A las doce ha quedado con Álvarez, Ballarín y Grandal para tomarse unas cañas en una de las terrazas del Paseo de Rosales y comentar cómo va la jornada electoral. Cuando sale de casa, en el portal de la finca tropieza con su hija y su yerno que vienen del colegio electoral, también están sus dos nietecillos a los que promete que les va a traer unas chuches.
-Ya hemos cumplido con nuestro deber cívico –dice su hija con retintín y suelta una puya cuyo receptor no puede ser otro más que él -. A ver si otros aprenden.
   Ponte se hace el sordo, lo está realmente, y tras besar a los niños se despide, sus amigos le aguardan. Cuando llega a Rosales, solo encuentra a Grandal. Jacinto es de su cuerda, otro de los que tampoco creen en los políticos y que, por consiguiente, no vota o lo hace en blanco. El motivo que da para justificar su posicionamiento es que después de más de treinta años de trabajar codo a codo con gobernantes de todos los colores, desde los jerarcas franquistas, pasando por los de la efímera Unión de Centro Democrático, luego con los socialistas, después con los chicos del Partido Popular, otra vez con el PSOE y nuevamente con el PP, ha llegado a la conclusión de que no hay ninguno bueno, todos son ganado que no ha superado la tienta y como no sirven para otra cosa se meten a políticos que es una forma de vivir a costa de los demás.
-Que les vote su santa madre, pero lo que es mi menda no voy a perder el tiempo con ese hatajo de membrillos –remacha Grandal su discurso.
-Yo lo que peor llevo no es que sean incompetentes, que lo suelen ser, sino que encima muchos de ellos son corruptos. Su posición favorita es la del egipcio, con una mano delante y otra atrás para ver que les cae –afirma, a su vez, Ponte.
   En esas están, poniendo a caldo a la mal llamada clase política, cuando aparecen Álvarez y Ballarín que vienen discutiendo; el último de modo más sereno, pero Álvarez de manera acalorada.
-A ver, caballeros, haya paz –proclama Grandal en plan grandilocuente-. Que no llegue la sangre al río. ¿Se puede saber a qué viene tanta palabra subida de tono?
-Este merluzo que a estas alturas de la película cree que votar a otro partido distinto al PP es una opción a considerar –explica Álvarez, enojado.
-¿Y por qué no puede ser así? Vivimos en un país libre, al menos eso es lo que cuenta la propaganda oficial aunque yo tengo serias dudas. Como otra opción es no votar a nadie como hacemos Jacinto y yo –replica Ponte.
-Bueno, y a todo esto, ¿a quién coño has votado? –pregunta Grandal encarándose con Ballarín.
-El voto es secreto –se defiende el exferretero.
-Os lo diré yo, ha votado a los marxistas de Podemos –acusa Álvarez.
-No jodas, ¿en serio que has votados a esos muchachitos? Pues como se entere tu mujer te va correr a gorrazos –advierte Grandal que sabe lo católica que es la esposa de Ballarín.
-No es cierto, he votado a Ciudadanos y mi mujer también –confiesa Ballarín al verse acorralado.
-Entonces tranquilo, Luis, los chicos de Rivera no son marxistas. No corres peligro con ellos –Ponte intenta calmar a Álvarez.
-No serán comunistas, pero no son ni carne ni pescao que es casi tan peligroso como si fueran rojelios.
-Bueno, y a todo esto, ¿quién creéis que va a ganar? –pregunta Grandal desviando la conversación para eludir la controversia.
-Según las últimas encuestas ganará, como minoría mayoritaria, el PP, seguido por Podemos y muy cerca de éste quedará el PSOE. El resultado que pueda sacar Ciudadanos está por ver porque las empresas de encuestas no se ponen de acuerdo –informa Álvarez.
-Entonces, ¿ningún partido tendrá mayoría absoluta? –inquiere Ponte.
-Con la aparición de Ciudadanos y Podemos se ha alterado el tablero político y creo que los tiempos de las mayorías absolutas de socialistas o populares han pasado a la historia. Ahora habrá que ir a coaliciones, lo complicado es saber a cuáles –afirma Ballarín.
-Lo que sea, sonará –resume Grandal que decide dejar atrás el tema político para ir a otro más pragmático y gratificante- ¿Y qué hay del veraneo?, ¿lo tenéis todo preparado? Chelo y yo nos vamos a Marina d´Or este fin de semana, ¿vosotros cuándo pensáis viajar?
-Manolo y yo hemos decidido que nos iremos el uno de agosto –informa Álvarez.
-Yo pasado mañana llevo a mi mujer a Huesca. Me quedaré allí unos días para hacer el paripé de que me llevo de maravillas con mi yerno, pero en cuanto tenga la mínima oportunidad me reuniré con vosotros. Calculo que en los primeros días de agosto….
-Estoy pensando que ¿por qué no nos volvemos a juntar mañana? –pregunta Álvarez que añade-. Así podríamos comentar los resultados de las elecciones y algunos merluzos podrían comprobar que han echado su voto a la alcantarilla –dice sin mirar a Ballarín que es el objetivo de su puyazo.
-Yo, por la mañana no puedo, tengo que cuidar a los nietos –les informa Ponte.
-Bueno, pues nos juntamos por la tarde. Casi mejor, lo hacemos en el Centro y así nos echamos unas partidas, igual son las últimas hasta que nos reunamos en la playa –sugiere Álvarez.
   Grandal pone alguna pega, los lunes es el día en el que Chelo descansa de su trabajo de escort de lujo y lo pasa en casa del excomisario como si fuera su mujer, por lo que propone otra alternativa:
-¿Por qué en vez de juntarnos en el Centro no lo hacemos en mi casa? Le diré a Chelo que prepare algo para merendar. Así matamos tres pájaros de un tiro: jugamos, merendamos y ponemos a parir a los que hayan ganado las elecciones porque son los que nos joderán en los próximos cuatro años.
   Y en eso quedan, se juntarán al día siguiente en casa Grandal para ver que ha dado de sí el día de las elecciones.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 30 de junio de 2017

7. Buscando nuevo escondite


   Cuando acabó la temporada veraniega del dos mil quince y los turistas comenzaron a escasear, Curro pensó que no se estaba tan mal en Tavira y que no tenía mucho sentido buscar un nuevo sitio en el que esconderse. Se dijo aquello de que más vale conocido que bueno por conocer. Pasó el otoño, comenzó el invierno y llegó el 2016. Pensó que llevaba dos años fuera de su tierra y que podría aguantar el tiempo que fuera necesario. Se mentía a sí mismo. La verdad que no quería reconocer era que seguía aburriéndose más que un güisqui de dieciséis años en un supermercado de barrio. Lo que más le chinchaba era lo de la lengua. Parecía mentira que fuera tan torpe con los idiomas. Ya entendía el portugués bastante bien, pero en cuanto a hablarlo era una nulidad.
   Lo del idioma y la inminente apertura de la nueva temporada veraniega fueron las dos causas principales que le llevaron a replantearse si no sería bueno cambiar de escondite. ¿Y por qué no en España? Mejor esconderse entre españoles y ser uno más que entre portugueses y ser un guiri a quien todos señalan. Por otro lado, el juicio en el que estaba encausado no hacía más que demorarse, por ahí las cosas están como estaban, se dijo, pero el instinto y lo que leía en la prensa española le inducían a seguir huido. Además, era plenamente consciente de que había gente atrapada en el llamado caso Ere que si le pusiera las manos encima lo iba a pasar mal. Y no solo algunos de los imputados en el mayor caso de corrupción política ocurrida en Andalucía, sino también unos cuantos tipos, que hasta ahora se habían salvado de la imputación, y que temían que sí iba a juicio, le hacían testificar y se decidía a contar cuanto sabía podían verse involucrados, ¡Dios sabe con qué consecuencias!. De todas formas, siguió pensando, España es lo suficientemente grande como para encontrar buenos escondites en donde nadie hubiese oído hablar jamás de Curro Salazar Jiménez y mucho menos de Francisco Martínez Galán.
-Y al menos, podré hablar sin pensar en sí me van a entender o no –dijo en voz alta.
   Recordar el juicio que tenía pendiente le llevó a rememorar su pasado sindical que fue el principio de todo. En cuanto entró a trabajar como ayudante de calderería en los Astilleros de Cádiz, lo primero que hizo fue afiliarse a la UGT, pues al sindicato socialista ya perteneció su padre. Hizo más carrera en el sindicato que en la empresa y cuando se convirtió en representante de los trabajadores para dedicarse de lleno a las funciones sindicales, lo que se conocía como liberado sindical, supo que había encontrado su lugar en el mundo laboral. Fue secretario de Acción Sindical y más tarde miembro del Comité de Empresa de Astilleros. A partir de ahí fue ascendiendo, peldaño a peldaño en el intrincado mundo sindical y cuando, por consejo de uno de sus mentores, se afilió al PSOE, su carrera se convirtió en meteórica. Terminó en Sevilla como secretario de organización de la influyente Federación del Metal de la UGT de Andalucía. Y al llegar a ese peldaño, cuando parecía que la todopoderosa secretaría general del sindicato estaba a su alcance, su progresión sufrió un inexplicable parón. Se le dijo que si era demasiado joven, que si le faltaba experiencia, que si patatín patatán, pero ahí quedó varado.
   El estancamiento de su prometedora carrera hizo que desarrollara una larvada malquerencia hacia la cúpula sindical; para resarcirse comenzó a frecuentar la agrupación socialista a la que pertenecía y en la que muy pronto comenzaron a hacerle responsable de pequeños proyectos. Y en ese terreno fue donde descubrió que tenía unas magníficas dotes para el trapicheo, la componenda y la consecución de subvenciones de la siempre generosa administración de la Junta de Andalucía. Ese fue el trampolín que le llevó a meterse en la rueda de los ERES. Dada su experiencia sindical conocía perfectamente el mecanismo de los Expedientes de Regulación de Empleo que, según rezaba la legislación laboral, eran y siguen siendo un procedimiento administrativo-laboral de carácter especial dirigido a obtener de la Autoridad Laboral competente autorización para suspender o extinguir las relaciones laborales cuando concurran determinadas causas, garantizando los derechos de los trabajadores. Pero la regulación de los ERES, como tantas normas administrativas, tenía más agujeros que un queso gruyere. Y si uno sabía colarse por esas gateras se podían obtener unos beneficios incontables y encima con dinero del Estado y la Unión Europea.
-¡Qué tiempos aquellos –se dijo en voz alta -, en los que se podía ganar lana hasta para asar una vaca!
   Y así fue como Curro Salazar llegó a formar parte del llamado Clan de los Conseguidores que eran las personas que negociaban con empresarios, que sin tener problemas en su empresa y dando beneficios, querían aplicar un ERE fraudulento y así poder despedir a trabajadores fijos y con muchos años de antigüedad, utilizando para indemnizarlos la financiación de los ERE. De esta manera, el empresario podía contratar trabajadores temporales, para ocupar los puestos de trabajo de los despedidos mediante el ERE, y naturalmente, los contrataba con sueldos menores sin tener que pagarles la antigüedad. Era una práctica ilegal que funcionó a la perfección durante muchos años y que todos conocían pero aparentaban ignorarlo. Al llegar a ese punto, Curro vuelve a levantar la voz:
-Ya lo desía mi pobre madre, la avarisia rompe el saco. Si no hubiera sio por los bersas de Mercasevilla que quisieron ordeñar demasiao a la vaca, todavía estaríamos forrándonos y los tribunales llamándose andana. ¡Vaya panda de gilipollas!
   Tuvo que olvidarse de su pasado cuando a finales de la primavera de 2016, le ocurrió un hecho que fue el que le dio el último empujón para decidirse a buscar un nuevo refugio. Al entrar en una de las pousadas en las que solía almorzar a punto estuvo de tropezarse con un grupo de españoles entre los que reconoció a un exdirector general de la Consejería de Empleo de la Junta y que era otro de los imputados en el caso ERE. Tuvo suerte, el exdirector no pareció haberle visto, pero eso fue la gota que hizo rebosar el vaso.
-Curro, se dijo, de hoy no pasa. Métete en el internet y a ver qué encuentras en España.
   Y así lo hizo. Se metió en la red y buscó las peores zonas costeras de España por aquello de que pensó que serían las menos visitadas. Le salió un informe de Ecologistas en Acción en el que la organización había colocado cuarenta y siete “banderas negras” en otras tantas playas. Para otorgar tan dudoso honor, los conservacionistas se basaban en dos datos básicos: la contaminación y la mala gestión. Cambió de criterio y buscó playas poco conocidas y en un artículo de viajamosjuntos.net se topó con una información que hablaba de las playas recónditas de la Costa de Azahar de Castellón.
-Coño, ni sabía que existiese tal costa –se dijo Curro en voz alta -, pero el nombre me gusta, es paresido al de mi pueblo, Azahar, Zahara, si es que suena casi igual.
   Siguió leyendo y la primera  playa recóndita, vaya palabreja pensó, con la que se topó fue la Playa Nudista del Parque Natural de Cabanes-Torreblanca, de la que se decía que “es una playa privada de arena, escondida detrás de los campos de cultivo en medio de la nada … Mientras no molestéis a nadie, ni os mirarán”.
-¡Cojonudo!, justo lo que buscaba, un sitio en el que si no molestas nadie te mira –exclamó en voz alta.
   Entró en Google maps para localizar Cabanes y Torreblanca y vio que eran dos pequeños pueblos del norte de Castellón cuyos núcleos urbanos no estaban pegados a la costa. Volvió a la web de la Playa Nudista y tecleó alojamientos, no encontró ninguno. Los más cercanos eran los de Marina d´Or, de la que había oído hablar como de un Benidorm en pequeño. Un sitio con tanta gente pululando a lo largo del verano no era un lugar idóneo para alguien que lo que pretendía era pasar desapercibido. Insistió en la búsqueda y al norte de la Playa Nudista se tropezó con otra playa: Torrenostra. Se anunciaba como un lugar ideal para familias con niños pequeños y para gente que buscara disfrutar de un veraneo tranquilo. Eso le gustó. Apenas había servicios hoteleros, solo encontró un camping y un hostal. En Torreblanca, que era el municipio al que pertenecía Torrenostra, existían más lugares donde alojarse, pero casi todos eran paradores de carretera.
-Mucha web y muchas páginas en internet, pero luego no hay manera de encontrar un alojamiento desente –se dijo – porque en un parador no voy a meterme y lo del camping queda para los guiris. Tendré que ver que tal es el hostal que anunsian. Lo que me sigue gustando es el nombre, la Costa de Azahar, eso me huele a naranjos y es buena señal.