viernes, 7 de julio de 2017

8. Día de elecciones



   Manuel Ponte, como hace habitualmente, después de desayunar y lavarse los dientes se vuelve a meter en la cama, coge el ordenador y se dispone a echar un vistazo a las portadas de alguno de los periódicos que suele leer. Poco a poco ha ido restringiendo la lectura de la prensa y ahora se limita generalmente a echar una ojeada a los titulares. Comienza abriendo El País. El titular principal, como no podía ser de otro modo dada la fecha, se refiere a las elecciones a Cortes Generales que precisamente se celebran hoy, veintiséis de junio: España vuelve a votar tras un largo bloqueo y sin pactos claros. Y en tipos más pequeños: La polarización de la campaña y la falta de propuestas generan dudas sobre la falta de gobernabilidad. La crisis europea agrava la incertidumbre. Eso le retrotrae a la discusión que mantuvo ayer con su hija Clara sobre si votar, además de un derecho, era o no un deber cívico. Su hija mantenía que sí, él ponía en duda que fuera una obligación ciudadana.
-Si no votas, luego no te quejes de que el partido que salga elegido no hace las cosas que debiera –apunta Clara.
-Me conformaría que los que ganen, sean los que fueren, lleven a cabo la mitad de sus promesas electorales, pero no caerá esa breva. Ya verás cómo una vez que estén instalados en las poltronas se olvidarán de los curritos que los han llevado al poder. Por eso hace tantos años que no voto, porque todos los partidos políticos y repito, todos, me han defraudado. En la campaña electoral prometen el oro y el moro y luego si te he visto no me acuerdo.
-O sea, que una vez más, no piensas ir a votar –acusa Clara.
-No, hija, no pienso y, además, cuando gobiernen quienes sean, si lo hacen mal, que puedes apostar a que será así, naturalmente que me quejaré y les pondré a caer de un burro.
   En el fondo, piensa que posiblemente su hija tenga razón y votar sea un deber cívico, pero son muchos sus años y está cansando de que los políticos le sigan tomando el pelo; bueno, a él y a otros cuarenta y tantos millones de españolitos. Deja los recuerdos y sigue con la portada. De política internacional, un titular llama su atención: Europa presiona a Londres para que acelere su salida de la Unión. El gobierno británico dice que se tomará “unas semanas de reflexión”.  La noticia le provoca un comentario en voz alta:
-Estos ingleses siguen en sus trece: si hay una tormenta en el Canal de La Mancha, el que está incomunicado no es el Reino Unido sino el resto de Europa. Para mí lo que pasa es que los británicos continúan creyéndose el gran imperio del mundo. Se les paró el reloj hace mucho y todavía no se han enterado.
   Está en un tris de abrir otros diarios, pero se lo piensa mejor y opta por levantarse. A las doce ha quedado con Álvarez, Ballarín y Grandal para tomarse unas cañas en una de las terrazas del Paseo de Rosales y comentar cómo va la jornada electoral. Cuando sale de casa, en el portal de la finca tropieza con su hija y su yerno que vienen del colegio electoral, también están sus dos nietecillos a los que promete que les va a traer unas chuches.
-Ya hemos cumplido con nuestro deber cívico –dice su hija con retintín y suelta una puya cuyo receptor no puede ser otro más que él -. A ver si otros aprenden.
   Ponte se hace el sordo, lo está realmente, y tras besar a los niños se despide, sus amigos le aguardan. Cuando llega a Rosales, solo encuentra a Grandal. Jacinto es de su cuerda, otro de los que tampoco creen en los políticos y que, por consiguiente, no vota o lo hace en blanco. El motivo que da para justificar su posicionamiento es que después de más de treinta años de trabajar codo a codo con gobernantes de todos los colores, desde los jerarcas franquistas, pasando por los de la efímera Unión de Centro Democrático, luego con los socialistas, después con los chicos del Partido Popular, otra vez con el PSOE y nuevamente con el PP, ha llegado a la conclusión de que no hay ninguno bueno, todos son ganado que no ha superado la tienta y como no sirven para otra cosa se meten a políticos que es una forma de vivir a costa de los demás.
-Que les vote su santa madre, pero lo que es mi menda no voy a perder el tiempo con ese hatajo de membrillos –remacha Grandal su discurso.
-Yo lo que peor llevo no es que sean incompetentes, que lo suelen ser, sino que encima muchos de ellos son corruptos. Su posición favorita es la del egipcio, con una mano delante y otra atrás para ver que les cae –afirma, a su vez, Ponte.
   En esas están, poniendo a caldo a la mal llamada clase política, cuando aparecen Álvarez y Ballarín que vienen discutiendo; el último de modo más sereno, pero Álvarez de manera acalorada.
-A ver, caballeros, haya paz –proclama Grandal en plan grandilocuente-. Que no llegue la sangre al río. ¿Se puede saber a qué viene tanta palabra subida de tono?
-Este merluzo que a estas alturas de la película cree que votar a otro partido distinto al PP es una opción a considerar –explica Álvarez, enojado.
-¿Y por qué no puede ser así? Vivimos en un país libre, al menos eso es lo que cuenta la propaganda oficial aunque yo tengo serias dudas. Como otra opción es no votar a nadie como hacemos Jacinto y yo –replica Ponte.
-Bueno, y a todo esto, ¿a quién coño has votado? –pregunta Grandal encarándose con Ballarín.
-El voto es secreto –se defiende el exferretero.
-Os lo diré yo, ha votado a los marxistas de Podemos –acusa Álvarez.
-No jodas, ¿en serio que has votados a esos muchachitos? Pues como se entere tu mujer te va correr a gorrazos –advierte Grandal que sabe lo católica que es la esposa de Ballarín.
-No es cierto, he votado a Ciudadanos y mi mujer también –confiesa Ballarín al verse acorralado.
-Entonces tranquilo, Luis, los chicos de Rivera no son marxistas. No corres peligro con ellos –Ponte intenta calmar a Álvarez.
-No serán comunistas, pero no son ni carne ni pescao que es casi tan peligroso como si fueran rojelios.
-Bueno, y a todo esto, ¿quién creéis que va a ganar? –pregunta Grandal desviando la conversación para eludir la controversia.
-Según las últimas encuestas ganará, como minoría mayoritaria, el PP, seguido por Podemos y muy cerca de éste quedará el PSOE. El resultado que pueda sacar Ciudadanos está por ver porque las empresas de encuestas no se ponen de acuerdo –informa Álvarez.
-Entonces, ¿ningún partido tendrá mayoría absoluta? –inquiere Ponte.
-Con la aparición de Ciudadanos y Podemos se ha alterado el tablero político y creo que los tiempos de las mayorías absolutas de socialistas o populares han pasado a la historia. Ahora habrá que ir a coaliciones, lo complicado es saber a cuáles –afirma Ballarín.
-Lo que sea, sonará –resume Grandal que decide dejar atrás el tema político para ir a otro más pragmático y gratificante- ¿Y qué hay del veraneo?, ¿lo tenéis todo preparado? Chelo y yo nos vamos a Marina d´Or este fin de semana, ¿vosotros cuándo pensáis viajar?
-Manolo y yo hemos decidido que nos iremos el uno de agosto –informa Álvarez.
-Yo pasado mañana llevo a mi mujer a Huesca. Me quedaré allí unos días para hacer el paripé de que me llevo de maravillas con mi yerno, pero en cuanto tenga la mínima oportunidad me reuniré con vosotros. Calculo que en los primeros días de agosto….
-Estoy pensando que ¿por qué no nos volvemos a juntar mañana? –pregunta Álvarez que añade-. Así podríamos comentar los resultados de las elecciones y algunos merluzos podrían comprobar que han echado su voto a la alcantarilla –dice sin mirar a Ballarín que es el objetivo de su puyazo.
-Yo, por la mañana no puedo, tengo que cuidar a los nietos –les informa Ponte.
-Bueno, pues nos juntamos por la tarde. Casi mejor, lo hacemos en el Centro y así nos echamos unas partidas, igual son las últimas hasta que nos reunamos en la playa –sugiere Álvarez.
   Grandal pone alguna pega, los lunes es el día en el que Chelo descansa de su trabajo de escort de lujo y lo pasa en casa del excomisario como si fuera su mujer, por lo que propone otra alternativa:
-¿Por qué en vez de juntarnos en el Centro no lo hacemos en mi casa? Le diré a Chelo que prepare algo para merendar. Así matamos tres pájaros de un tiro: jugamos, merendamos y ponemos a parir a los que hayan ganado las elecciones porque son los que nos joderán en los próximos cuatro años.
   Y en eso quedan, se juntarán al día siguiente en casa Grandal para ver que ha dado de sí el día de las elecciones.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 30 de junio de 2017

7. Buscando nuevo escondite


   Cuando acabó la temporada veraniega del dos mil quince y los turistas comenzaron a escasear, Curro pensó que no se estaba tan mal en Tavira y que no tenía mucho sentido buscar un nuevo sitio en el que esconderse. Se dijo aquello de que más vale conocido que bueno por conocer. Pasó el otoño, comenzó el invierno y llegó el 2016. Pensó que llevaba dos años fuera de su tierra y que podría aguantar el tiempo que fuera necesario. Se mentía a sí mismo. La verdad que no quería reconocer era que seguía aburriéndose más que un güisqui de dieciséis años en un supermercado de barrio. Lo que más le chinchaba era lo de la lengua. Parecía mentira que fuera tan torpe con los idiomas. Ya entendía el portugués bastante bien, pero en cuanto a hablarlo era una nulidad.
   Lo del idioma y la inminente apertura de la nueva temporada veraniega fueron las dos causas principales que le llevaron a replantearse si no sería bueno cambiar de escondite. ¿Y por qué no en España? Mejor esconderse entre españoles y ser uno más que entre portugueses y ser un guiri a quien todos señalan. Por otro lado, el juicio en el que estaba encausado no hacía más que demorarse, por ahí las cosas están como estaban, se dijo, pero el instinto y lo que leía en la prensa española le inducían a seguir huido. Además, era plenamente consciente de que había gente atrapada en el llamado caso Ere que si le pusiera las manos encima lo iba a pasar mal. Y no solo algunos de los imputados en el mayor caso de corrupción política ocurrida en Andalucía, sino también unos cuantos tipos, que hasta ahora se habían salvado de la imputación, y que temían que sí iba a juicio, le hacían testificar y se decidía a contar cuanto sabía podían verse involucrados, ¡Dios sabe con qué consecuencias!. De todas formas, siguió pensando, España es lo suficientemente grande como para encontrar buenos escondites en donde nadie hubiese oído hablar jamás de Curro Salazar Jiménez y mucho menos de Francisco Martínez Galán.
-Y al menos, podré hablar sin pensar en sí me van a entender o no –dijo en voz alta.
   Recordar el juicio que tenía pendiente le llevó a rememorar su pasado sindical que fue el principio de todo. En cuanto entró a trabajar como ayudante de calderería en los Astilleros de Cádiz, lo primero que hizo fue afiliarse a la UGT, pues al sindicato socialista ya perteneció su padre. Hizo más carrera en el sindicato que en la empresa y cuando se convirtió en representante de los trabajadores para dedicarse de lleno a las funciones sindicales, lo que se conocía como liberado sindical, supo que había encontrado su lugar en el mundo laboral. Fue secretario de Acción Sindical y más tarde miembro del Comité de Empresa de Astilleros. A partir de ahí fue ascendiendo, peldaño a peldaño en el intrincado mundo sindical y cuando, por consejo de uno de sus mentores, se afilió al PSOE, su carrera se convirtió en meteórica. Terminó en Sevilla como secretario de organización de la influyente Federación del Metal de la UGT de Andalucía. Y al llegar a ese peldaño, cuando parecía que la todopoderosa secretaría general del sindicato estaba a su alcance, su progresión sufrió un inexplicable parón. Se le dijo que si era demasiado joven, que si le faltaba experiencia, que si patatín patatán, pero ahí quedó varado.
   El estancamiento de su prometedora carrera hizo que desarrollara una larvada malquerencia hacia la cúpula sindical; para resarcirse comenzó a frecuentar la agrupación socialista a la que pertenecía y en la que muy pronto comenzaron a hacerle responsable de pequeños proyectos. Y en ese terreno fue donde descubrió que tenía unas magníficas dotes para el trapicheo, la componenda y la consecución de subvenciones de la siempre generosa administración de la Junta de Andalucía. Ese fue el trampolín que le llevó a meterse en la rueda de los ERES. Dada su experiencia sindical conocía perfectamente el mecanismo de los Expedientes de Regulación de Empleo que, según rezaba la legislación laboral, eran y siguen siendo un procedimiento administrativo-laboral de carácter especial dirigido a obtener de la Autoridad Laboral competente autorización para suspender o extinguir las relaciones laborales cuando concurran determinadas causas, garantizando los derechos de los trabajadores. Pero la regulación de los ERES, como tantas normas administrativas, tenía más agujeros que un queso gruyere. Y si uno sabía colarse por esas gateras se podían obtener unos beneficios incontables y encima con dinero del Estado y la Unión Europea.
-¡Qué tiempos aquellos –se dijo en voz alta -, en los que se podía ganar lana hasta para asar una vaca!
   Y así fue como Curro Salazar llegó a formar parte del llamado Clan de los Conseguidores que eran las personas que negociaban con empresarios, que sin tener problemas en su empresa y dando beneficios, querían aplicar un ERE fraudulento y así poder despedir a trabajadores fijos y con muchos años de antigüedad, utilizando para indemnizarlos la financiación de los ERE. De esta manera, el empresario podía contratar trabajadores temporales, para ocupar los puestos de trabajo de los despedidos mediante el ERE, y naturalmente, los contrataba con sueldos menores sin tener que pagarles la antigüedad. Era una práctica ilegal que funcionó a la perfección durante muchos años y que todos conocían pero aparentaban ignorarlo. Al llegar a ese punto, Curro vuelve a levantar la voz:
-Ya lo desía mi pobre madre, la avarisia rompe el saco. Si no hubiera sio por los bersas de Mercasevilla que quisieron ordeñar demasiao a la vaca, todavía estaríamos forrándonos y los tribunales llamándose andana. ¡Vaya panda de gilipollas!
   Tuvo que olvidarse de su pasado cuando a finales de la primavera de 2016, le ocurrió un hecho que fue el que le dio el último empujón para decidirse a buscar un nuevo refugio. Al entrar en una de las pousadas en las que solía almorzar a punto estuvo de tropezarse con un grupo de españoles entre los que reconoció a un exdirector general de la Consejería de Empleo de la Junta y que era otro de los imputados en el caso ERE. Tuvo suerte, el exdirector no pareció haberle visto, pero eso fue la gota que hizo rebosar el vaso.
-Curro, se dijo, de hoy no pasa. Métete en el internet y a ver qué encuentras en España.
   Y así lo hizo. Se metió en la red y buscó las peores zonas costeras de España por aquello de que pensó que serían las menos visitadas. Le salió un informe de Ecologistas en Acción en el que la organización había colocado cuarenta y siete “banderas negras” en otras tantas playas. Para otorgar tan dudoso honor, los conservacionistas se basaban en dos datos básicos: la contaminación y la mala gestión. Cambió de criterio y buscó playas poco conocidas y en un artículo de viajamosjuntos.net se topó con una información que hablaba de las playas recónditas de la Costa de Azahar de Castellón.
-Coño, ni sabía que existiese tal costa –se dijo Curro en voz alta -, pero el nombre me gusta, es paresido al de mi pueblo, Azahar, Zahara, si es que suena casi igual.
   Siguió leyendo y la primera  playa recóndita, vaya palabreja pensó, con la que se topó fue la Playa Nudista del Parque Natural de Cabanes-Torreblanca, de la que se decía que “es una playa privada de arena, escondida detrás de los campos de cultivo en medio de la nada … Mientras no molestéis a nadie, ni os mirarán”.
-¡Cojonudo!, justo lo que buscaba, un sitio en el que si no molestas nadie te mira –exclamó en voz alta.
   Entró en Google maps para localizar Cabanes y Torreblanca y vio que eran dos pequeños pueblos del norte de Castellón cuyos núcleos urbanos no estaban pegados a la costa. Volvió a la web de la Playa Nudista y tecleó alojamientos, no encontró ninguno. Los más cercanos eran los de Marina d´Or, de la que había oído hablar como de un Benidorm en pequeño. Un sitio con tanta gente pululando a lo largo del verano no era un lugar idóneo para alguien que lo que pretendía era pasar desapercibido. Insistió en la búsqueda y al norte de la Playa Nudista se tropezó con otra playa: Torrenostra. Se anunciaba como un lugar ideal para familias con niños pequeños y para gente que buscara disfrutar de un veraneo tranquilo. Eso le gustó. Apenas había servicios hoteleros, solo encontró un camping y un hostal. En Torreblanca, que era el municipio al que pertenecía Torrenostra, existían más lugares donde alojarse, pero casi todos eran paradores de carretera.
-Mucha web y muchas páginas en internet, pero luego no hay manera de encontrar un alojamiento desente –se dijo – porque en un parador no voy a meterme y lo del camping queda para los guiris. Tendré que ver que tal es el hostal que anunsian. Lo que me sigue gustando es el nombre, la Costa de Azahar, eso me huele a naranjos y es buena señal.

viernes, 23 de junio de 2017

6. Las féminas dan el okey



   La invitación de Álvarez a Ballarín y a Ponte para pasar la primera quincena de agosto en el apartamento de su hijo ha de recibir el okey de la grey femenina, como suele decir irónicamente Grandal cuando se refiere a las esposas de sus amigos y en el caso de Ponte, que es viudo, a su hija Clara que es quién le mangonea. Para el proponente de la invitación, Álvarez, los reparos por parte de su mujer han sido mínimos. Incluso se ha quedado más tranquila al enterarse de que uno de los invitados es Ballarín de quien conoce sus buenas mañas en la cocina.
-Al menos, podréis comer de vez en cuando en casa –comenta tras dar su visto bueno a la propuesta de su marido.
   A Ballarín, su esposa le ha puesto muchos más peros. Ha insistido en que es un deber de ambos ir a Huesca a ayudar a su hija, que está llevando mal su último embarazo. Empieza a ceder cuando el exferretero le recuerda que la última vez que estuvieron en la ciudad oscense se pasó la mitad de los días de bronca con su yerno y eso que fue solamente una semana. Ahora, que será todo el verano la convivencia puede acabar como el Rosario de la Aurora y él ya no tiene edad para estar tanto tiempo de un cabreo a una bronca pasando por un ataque de nervios de la hija. La resistencia de la mujer a que su marido se vaya con sus amigos termina por derrumbarse cuando conoce que también podría ir Ponte, del que tiene muy buena opinión pues lo considera persona que aportará sensatez al resto. Al final la mujer cede, pero ata el plazo: puede irse con su pandilla, pero únicamente las dos primeras semanas de agosto.
   A Ponte le ha pasado algo parecido que a Ballarín. Su hija Clara se ha puesto hecha un basilisco ante el plan de que su padre se vaya a la playa con sus amigotes, como siempre les llama cuando algo de ellos no le gusta.
- Papá, estarás mucho mejor en Madrid donde lo tienes todo al alcance de la mano, la farmacia al lado de casa y el ambulatorio a la vuelta de la esquina. Además, aquí tienes a Felisa que te prepara lo que te gusta comer, ¿y allí donde comeréis, de restaurante? Si fueran unos días, ¿pero dos semanas? Quita, quita.
- Clarita, hija, oyéndote cualquiera diría que soy un enfermo crónico y que solo voy del médico a la farmacia. A Dios gracias, estoy bastante bien a pesar de mis alifafes y, salvo excepciones, solo voy una vez al mes a la de medicina general a por mis recetas y cada tres meses al internista a que vigile mi insuficiencia renal. Por lo demás, tú mejor que nadie sabes que me manejo razonablemente bien. En cuanto a comer, seguramente que también vendrá Amadeo, que es un cocinillas muy apañado. No tendremos que comer de restaurante, salvo cuando nos apetezca.
-Aun así, papá, creo que no es lo más indicado, pero si te empeñas tú veras, luego no me vengas con quejas y lamentos de que si te duele aquí o allá o que tienes no sé qué problemas. 
   Tras un tira y afloja, más aparente que real, Clara termina cediendo. Sabe que cuando a su padre se le mete una idea en la cabeza es difícil sacársela.
   Un día después de estas trifulcas domésticas, los cuatro amigos se reúnen nuevamente en el Centro de Mayores de Moncloa: podrán pasar juntos en la play, al menos, la primera quincena de este agosto del dos mil dieciséis. Bueno, para ser precisos, Álvarez, Ballarín y Ponte en el apartamento de uno de los hijos del primero, sito en Torrenostra. Y el último del cuarteto, Grandal, estará en Marina d´Or que se encuentra de Torrenostra a unos once kilómetros en línea recta y a unos diecinueve en coche. Álvarez, como promotor del plan y conocedor de la zona, les pone en antecedentes sobre lo que se van a encontrar.
-Torrenostra es algo así como el barrio marítimo de Torreblanca, municipio de la costa norte de la provincia de Castellón. Viene a ser lo que en la región valenciana suelen llamar un grao.
   Al oír mencionar Torreblanca, Grandal se pregunta:
-¿De qué me suena ese nombre?
-De que fue uno de los pueblos de la Plana Alta por los que anduvimos buscando a los García Reyes para ver si podíamos dar con el Tío Josefo cuando lo del robo del Tesoro Quimbaya (*) –recuerda Ponte.
-Como os iba diciendo –Álvarez retoma su explicación -. Torrenostra es el típico lugar que está pensado para el verano, después de septiembre queda prácticamente desierto, solo contadas personas aguantan allí el invierno. Tiene cuatro playas muy majas, separadas por sendos espigones. Y es un lugar ideal para gente como nosotros que no buscamos jaleo ni movidas ni discotecas ni nada de follón sino paz y tranquilidad. Mi hijo Nacho, que como buen ingeniero es amigo de las síntesis, dice que es un estupendo lugar para jubilados y familias con niños. O sea, que para nosotros es un sitio ideal.
-Oye, Luis, ¿cómo piensas que organicemos el desplazamiento? –pregunta Ballarín que, como exferretero, es muy amigo de la precisión.
-Podemos ir los tres en mi coche, aunque sería mejor contar con dos vehículos. A veces hay que subir al pueblo a hacer alguna compra y está a tres quilómetros. Tener dos coches nos facilitaría los desplazamientos.
-Para el segundo coche contar con el mío, aunque primero tengo que llevar a mi mujer a Huesca y desde allí viajaré a Torrenostra –recuerda Ballarín.
   Y así quedan, Álvarez se llevará con él a Ponte y Ballarín se reunirá más tarde con ellos. Grandal, que se ha quedado al margen de los últimos acuerdos puesto que no le atañen, interviene para informarles de la fecha de su marcha a Marina d´Or:
-Chelo y yo nos vamos a Oropesa el uno de agosto, ¿cuándo pensáis viajar vosotros?
-¿Pero no dijiste que ibais a veranear a Marina d´Or y ahora hablas de ir a Oropesa? –pregunta Ballarín.
-Es que Oropesa del Mar es el municipio al que pertenece Marina d´Or –aclara Grandal
-Por cierto, la gente de por allí dice Orpessa. Se comen la segunda o –especifica Álvarez -. Yo pensaba viajar el treinta de julio, pero Matilde me recordó que es sábado y que habrá un tráfico de narices. Y lo he cambiado por el primero de agosto, pero en cuanto a la fecha estoy a lo que le venga mejor a Manolo. ¿Cuándo te viene a ti bien? –pregunta dirigiéndose a Ponte.
-Por mí, cuando tú quieras, el uno me parece bien.
-Oye, Luis, ¿y en dónde jugaremos?, ¿hay algún Centro de Mayores, algún casino o algo parecido? –quiere saber Ballarín.
-En el pueblo hay un Centro de Mayores, al que por cierto hay gente que le llama el desguace, pero no vamos a desplazarnos tres kilómetros para jugar. Lo haremos en la terraza de alguno de los bares que están en primera línea de playa y en las que corre siempre una brisa que da gusto. Ya veréis, no vais a pasar ni pizca de calor. Para mí que es de lo mejor que tiene esa playa.
-Luis, antes has dado un dato que no me ha quedado claro. Has comentado que Marina d´Or está a once quilómetros de Torrenostra, pero en coche a diecinueve. ¿Por qué esa diferencia? - pregunta Grandal al que no le gusta nada conducir.
-Lo de los once es en línea recta, pero por la costa no hay ninguna carretera porque entre Marina y Torrenostra está el Parque Natural del Prado de Cabanes-Torreblanca que es una zona de humedales bastante grande y por la que no se puede pasar. Tendrás que salir a la nacional trescientos cuarenta en dirección norte y una vez en Torreblanca coger la carretera del mar. Está todo muy bien señalizado, no te perderás. Como la costa hace un óvalo, desde Torrenostra y mirando hacia el sur parece que tienes delante a Marina d´Or, pero para ir de un sitio a otro tienes que dar la vuelta por la nacional.
-¿Y en el parque ese de Cabanes-Torreblanca qué es lo que hay? –interroga Ballarín.
-Yo no lo he visitado porque lo de pegarse una panzada de andar en plena calorina no es que sea mi ideal, pero tengo entendido que lo que más hay son pájaros, no sé de qué clase, y bichejos de esos que se crían en las aguas salitrosas. Un viejo del pueblo me contó que hace algo más de sesenta años se cultivó arroz, pero ahora no hay más que plantas salvajes de las que crecen en los sitios pantanosos. Ah, de lo que hay, y en abundancia, son mosquitos, aunque afortunadamente no se hacen sentir en la playa porque el Ayuntamiento se encarga de fumigar la zona.
-¿Y el parque se puede visitar? –sigue preguntando Ballarín, una de cuyas aficiones ya medio olvidada fue la ornitología.
-Creo que sí, pero son visitas guiadas, no puedes ir por tu cuenta. Si tienes interés en recorrer el parque, hay un centro informativo en la playa donde podemos preguntar –le informa Álvarez.
-Tendré que coger los prismáticos –musita el exferreterro.
-Lo que tienes que coger es el manual del buen jugador de dominó a ver si así espabilas de una puñetera vez –le espeta Álvarez.

(*) Novela “El robo del Tesoro Quimbaya”: se puede ver en este mismo blog.

PD.- Hasta el próximo viernes