domingo, 23 de abril de 2017

*** En abril, aguas mil



En el mes de abril, según el refranero español, aguas mil. Claro que ese aforismo servía antes del cambio climático, en cambio este año los días abrileños han dejado poca agua en las resecas tierras de la península ibérica. No sé a santo de qué traigo aquí abril, lluvia y clima. Quizá sea porque a finales de mes, exactamente el 28, colgaré en el blog el último episodio de “El robo del Tesoro Quimbaya”. Han pasado algo más de catorce meses desde que inicié el novelesco relato del supuesto robo de una de las más preciadas muestras del arte indígena sudamericano que se exponen en el madrileño Museo de América.
No me despido de mis lectores. Tengo en el taller de mi imaginación el embrión de una nueva novela, muy distinta y distante de la sustracción de las joyas precolombinas. Solo tienen un nexo que las une: los protagonistas son los cuatro jubilados que tanto hicieron para acelerar el desenlace del robo del tesoro. Nos seguiremos viendo o, mejor dicho, leyendo si los lectores tienen a bien hacerlo. En cualquier caso, y una vez más, gracias a los que abren el blog.

viernes, 21 de abril de 2017

124. Nada es lo que parece y nada parece lo que es



   A primeros de junio, Grandal recibe una llamada de Juan Carlos Atienza.
- Comisario, el Jefe de mi Brigada quiere hablar contigo. No te puedo contar el motivo, pero te adelanto que es para darte una buena noticia. ¿Cuándo podrías pasarte por aquí?
- Mañana mismo si le viene bien a Ramos – contesta Grandal.
- Ahora mismo se lo comento a ver como tiene la agenda.
   Tras la oportuna consulta quedan que Grandal acudirá al despacho del Jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico el ocho de junio.
- Jacinto, cuánto tiempo sin verte. Los años han sido generosos contigo. Estás como los vinos de buenas añadas, cada día mejor.
- Chimo Ramos se ve que tanto tratar con ladrones de arte ha afinado tu capacidad de falsificar la realidad, pero en cualquier caso agradezco tus amables palabras. Lástima que las mujeres no piensen lo mismo.
   Una común carcajada respalda la buena química que ambos comisarios parecen mantener.
- Esta es lo que podríamos calificar como una charla exploratoria – comenta Ramos -. Te cuento. La investigación del robo del tesoro no está del todo concluida, pero aplicándole el símil taurino podríamos decir que solo le falta el rabo por desollar.
- Sí, pero también sabes que los taurinos afirman igualmente que hasta el rabo todo es toro – replica Grandal.
- Muy taurómacos hemos venido hoy – comenta el Jefe de la Brigada -. Se nota la cantidad de corridas que hemos tenido que presidir – contesta Ramos aludiendo con ello a la práctica de que las corridas de toros las debía presidir un comisario de policía aunque no supiera nada de tauromaquia -. De lo que básicamente quería hablarte es de una cuestión que te afecta al igual que a tus compañeros de dominó. El Ministerio del Interior quiere premiar vuestra dedicación y entrega a la investigación de todo lo concerniente al Caso Inca y está estudiando las distinciones a otorgaros. En tu caso piensan concederte, a título extraordinario, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco. Ha habido sus más y sus menos porque ya tienes la Cruz con distintivo rojo, además de la Medalla de Plata, condecoraciones más importantes. No sé si han acertado o han metido la pata, pero es lo que han resuelto. Solo te pido que no te lo tomes a mal y que no la rechaces, aunque sigo creyendo que esos lumbreras del Ministerio son unos zoquetes de mucho cuidado.
- A estas alturas de mi vida, Chimo, ya hay pocas cosas que puedan molestarme y desde luego lo de la Cruz no es una de ellas, pero diles que la aceptaré, más que nada para no haceros un feo a los amigos que todavía estáis en activo. – responde Grandal.
- Pues me quitas un peso de encima, aunque en el Cuerpo sabemos que mereces mucho más, pero en fin… Lo de la charla exploratoria va por otro lado, por el de tus colegas del dominó. En el Ministerio dudan entre otorgarles, como a ti, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, o nombrarles comisarios honorarios de la Policía Nacional. ¿Tú que crees que les haría más ilusión?
- Pues la verdad es que no lo sé. Como ya no estoy al día, explícame cómo funciona lo de comisario honorario porque tengo entendido que se ha modificado – quiere saber Grandal.
- En efecto, la última regulación es una ley orgánica del dos mil quince. Establece que la distinción de comisario honorario de la Policía Nacional podrá otorgarse a aquellas personas que, no habiendo pertenecido al citado Cuerpo, se hubieran distinguido por los merecimientos contraídos en virtud de la labor realizada a favor del mismo. El expediente en el que se recogen los méritos para recibir la distinción es interno y no se hace público, por lo que resulta imposible conocer qué actuaciones ha protagonizado el agraciado para recibirla. Lo que facilita también que se preserve la privacidad del premiado, algo que en el caso de tus jubilados amigos les vendrá de perlas. Si se les concediera lo de comisario honorario se haría una excepción porque esa distinción no se otorga así como así, de hecho hay años que no se concede a nadie y cuando se hace solo suele ser a una persona. El hecho de que se concedieran tres de golpe sería algo inédito en los anales del Cuerpo.
-  Pues chico, no sé qué decirte. Quizá fuera conveniente que opinaran ellos. ¿Te parece pertinente que se lo pregunte?
- No solamente lo creo pertinente sino aconsejable. Háblalo con ellos y me cuentas sus impresiones.
   Grandal reúne a sus amigos y les cuenta las intenciones del Ministerio del Interior.
- ¿Qué nos quieren dar una cruz? – se asombra Ponte -, ¿y por qué?
- Tú eres el único que no debería formular esa pregunta – responde con guasa Ballarín -. Si no hubieses estado paseando a tu nieto Julio delante de las puertas del Museo de América un fatídico día de octubre del pasado año lo del robo del Tesoro Quimbaya no nos hubiera afectado para nada. Si ahora nos quieren poner una cruz tú eres el primer culpable.
- Oye, Jacinto, ¿y qué diferencia hay entre la cruz de marras y lo de comisario honorario? – quiere saber Álvarez.
- Ambas son distinciones que se otorgan a civiles que han llevado a cabo trabajos e investigaciones que han ayudado a la justicia y que han colaborado al prestigio de la policía – A continuación Grandal les explica a grandes rasgos como son materialmente tanto la cruz como el carnet y la placa de comisario honorario.
- O sea, que si nos nombran comisarios de policía tendremos tu misma categoría – y al decir esto a Álvarez le brillan los ojos de pura satisfacción.
- Pues sí, desde un punto de vista honorífico, claro – precisa Grandal.
- A ver si te he entendido bien – apunta Ballarín tan amigo de la precisión como siempre -.
Dices que un buen número de personas ajenas a la Policía Nacional son distinguidas cada año con la Medalla al Mérito Policial con distintivo blanco. En cambio, el nombramiento de comisario honorario a una persona ajena al Cuerpo de Policía es muy restringido, tanto que se viene escogiendo solamente a un premiado al año. ¿Es correcto?
- Correcto.
- Entonces lo tengo claro, prefiero que me nombren comisario honorario – concluye Ballarín.
- Lo mismo digo, si se puede elegir, me pido comisario – secunda Álvarez.
- A mí me da igual una cosa que otra. Lo que vosotros prefiráis – comenta Ponte.
   Grandal le comenta al Jefe de Patrimonio la elección de sus amigos: quieren ser comisarios.
- Pues a alguien en el Ministerio le va a sentar a cuerno quemado porque nunca se han otorgado tres distinciones de ese rango en el mismo año. ¿Aunque sabes lo que te digo? Creo que tus amigos se lo han ganado.
   Una vez resuelto lo de las distinciones, Ramos le cuenta a Grandal la noticia que éste llevaba tantos meses esperando: a efectos prácticos el robo del Tesoro Quimbaya ha sido resuelto. En Francia, concretamente en Paris, han sido detenidos y puestos a disposición judicial los integrantes de la banda que realizó el asalto al furgón blindado que devolvía al Museo de América el lote de joyas quimbayas que el ente madrileño había prestado al museo parisino du Quai du Branly. La banda estaba formada por varios albanokosovares que eran los del gatillo fácil, por dos belgas expertos en el robo de objetos de arte y por un grupito de sicarios colombianos que formaban la guardia pretoriana del sujeto de la misma nacionalidad que dirigía al grupo. Uno de los belgas y el cabecilla de la banda en el último momento consiguieron escapar.
- Oye, ¿y de los autores intelectuales qué se sabe?
- Al parecer, están identificados y digo al parecer porque sigue habiendo claroscuros en este caso. Por tanto, solo resta la identificación y, si ello fuera posible, la puesta a disposición de la justicia de los autores intelectuales del robo. Lo de si fuera posible es porque los que planearon el robo del Tesoro Quimbaya parece que residen fuera de España y se tendrá que estar a lo que disponga el ordenamiento jurídico internacional o, en su caso, los acuerdos bilaterales entre España y el país o países de los que sean oriundos los tramoyistas del robo. 
- Y el resto de las piezas robadas, ¿cuándo se devolverán al Museo de América?
- Eso quisiera saber yo. Cuando le formulé esa pregunta al Secretario de Estado de Seguridad se me quedó mirando como si le hubiese preguntado si el Papa de Roma es católico. De mí para ti, Jacinto, en los muchos años que llevo en el Cuerpo nunca me había tropezado con un caso que oliera tanto a chamusquina como este. Aquí nada es lo que parece y nada parece lo que es.

martes, 18 de abril de 2017

123. Arroz senyoret para míster Connolly



   En la conversación que Grandal mantuvo con Pérez Recarte y Kevin Connolly en el Hotel Barceló Emperatriz de Madrid, el norteamericano comentó que sentía una gran curiosidad profesional ante el hecho de que un grupo de jubilados que no tenían ninguna formación policial, a excepción del excomisario, habían sido capaces de iniciar investigaciones, encontrar pistas y realizar certeros análisis determinantes para impulsar la investigación del Caso Inca. Y ello sin ninguna clase de ayuda tecnológica lo que añadía más mérito a su actuación. También dejó caer que le gustaría reunirse con los cuatro para conocer personalmente como actuaron grupalmente, puesto que en sus muchos años de investigador y analista nunca se había encontrado con un caso tan singular.
   Cuando el excomisario se lo contó a sus amigos, los vejetes fliparon en colores de que un agente de la todopoderosa CIA estuviese interesado en conocerles y en saber cómo habían llevado a cabo sus investigaciones. Han pasado más de veinte días y Grandal casi se ha olvidado de la conversación con los dos agentes de inteligencia cuando casi terminando mayo recibe una llamada. Es un número privado.
- ¿Comisario Grandal? Soy, Enrique Pérez Recarte. ¿Qué tal, cómo está?
- Bien, Enrique, ¿cómo van las cosas?
- Le llamo porque el norteamericano que le presenté no hace más que darme la vara sobre cuando nos juntamos con usted y sus amigos. Kevin dice que nos quiere invitar a comer a todos. Pueden ustedes elegir día, hora y lugar. Por supuesto la cuenta va a cargo de míster Connolly. Ah, un dato, elijan el restorán que más les apetezca, pero les adelanto que el yanqui se pirra por la cocina típicamente española, dice que bastantes hamburguesas ha comido en su vida.
- Podríamos elegir un sitio especializado en cocidos, fabadas, arroces o algo por el estilo.  
- Casi le sugiero mejor la paella, le encanta.
   Quedan en que elegirán el lugar y que en cuanto tengan decidido día y hora se llamarán. A Grandal le falta tiempo para contactar con sus amigos: el norteamericano quiere conocerles y les invita a comer. Discuten sobre un lugar famoso por sus arroces: Ponte sugiere la Casa de Valencia, Ballarín apuesta por El Garbí y Grandal por L´Albufera Moraleja hasta que Álvarez con su pregunta revienta el asunto.
- Pero bueno, ¿habéis comido en esos sitios o habláis de oídas?
   Resulta que el único restorán en el que todos han estado es la Casa de Valencia, en el Paseo de Rosales, los otros los han citado porque han oído hablar bien de ellos.
- Reconozco que la Casa de Valencia tiene fama – acepta Álvarez -, pero yo tengo una oferta que si no es mejor sí es más novedosa. Hay un restorán llamado Torrenostra que está en la calle Moreto, en pleno centro, y en el que preparan un arroz senyoret que a buen seguro el yanqui no ha probado en su vida.
- ¿Qué coño es eso del arroz senyoret? – pregunta Ponte.
- En español se llamaría arroz señorito y sus ingredientes básicos son arroz bomba, sepia, mejillones, gambones o langostinos y gambas – explica Álvarez.
- O sea, que en definitiva es un arroz con pescado, tampoco es que eso sea tan novedoso – objeta Ballarín.
- ¿Y por qué se llama arroz señorito? – se interesa Grandal.
- Porque los que lo comen pueden comportarse en la mesa como tales. No tienen que mancharse los dedos sacando los mejillones de sus valvas pues eso ya lo han hecho en la cocina, ni tienen que pelearse con el tenedor y el cuchillo para pelar las gambas o los langostinos, pues ya vienen pelados, ni cortar la sepia que ya está troceada. Es un arroz para gente fina o sea para señoritos.
- ¿Y tú de qué conoces ese restorán o también hablas de oídas? – inquiere un picajoso Ponte.
- Lo conozco, de hecho he estado varias veces. Mi hijo Nacho compró hace años un apartamento en Torrenostra, una playa al norte de la provincia de Castellón, y alguna vez solía ir a comer a un restorán de allí, creo recordar que se llamaba el Bahía, en el que preparaban buenos guisos de la tierra. Allí fue donde se aficionó al arroz senyoret. Pues bien, la misma familia que regentaba aquel restorán es la que ha abierto el que os he comentado en Madrid y en el que sirven unos arroces como para chuparse los dedos. El yanqui habrá comido paella muchas veces, pero un arroz así seguro que no. Ya veréis como le va a encantar.
   Y así quedan. Álvarez se encargará de hacer la reserva y Grandal le informa a Pérez Recarte el día, hora y el lugar de la comida.
- Y adelántale a míster Connolly que va a probar un arroz como nunca ha comido.
   Al agente norteamericano lo primero que le choca al conocer a los amigos de Grandal es que son muy viejos, casi se les podría calificar de ancianos. Lo que hace aumentar su interés por como aquellos vejestorios han sido capaces de encontrar pistas, seguirlas y analizar con tanta finura los resultados. Se dice que sus colegas de Washington no le creerán por mucho que les cuente, por eso les pregunta si tienen algún inconveniente en que les haga algunas fotos. Lo que no consiguen los jubilados es que el yanqui pose junto a ellos.
   Antes del plato fuerte les han servido unos entrantes a base de ensalada de gulas, mejillones a la marinera y vieiras con foie. Y como preveía Álvarez, al norteamericano le ha encantado el arroz senyoret, tanto que ha repetido una y otra vez hasta que en la paellera no queda ni un grano. La degustación le ha debido sentar tan bien a Connolly que durante los postres se arranca a hablar sin que nadie le haya preguntado nada. Y cuenta a los viejos dos noticias referentes al robo del tesoro.
   Lo primero que el norteamericano relata es que, paradójicamente, el desenlace del robo sigue estando muy ligado a las conversaciones FARC-Gobierno colombiano. Conversaciones que, en sus últimos momentos, han estado en un tris de romperse por el empeño de los guerrilleros en que se les considere como víctimas y no como victimarios. Por su parte, el gobierno del presidente Santos ha insistido en que los acuerdos deben de ser avalados por un plebiscito popular a realizar una semana después de la firma oficial de los Acuerdos de La Habana. El gobierno teme que los partidos opositores a los acuerdos boicoteen su aprobación en el Congreso de la República. Pese a todo, los obstáculos se están superando y según fuentes del gobierno estadounidense podrían firmarse los acuerdos de paz en la segunda quincena de junio. Y hasta que no se firmen los acuerdos de paz es muy posible que no acabe el culebrón del Caso Inca.
   El plato fuerte de las explicaciones de Connolly y que deja con los ojos a cuadros a sus contertulios es lo que les cuenta a continuación. En una operación, realizada en Francia, en París exactamente, en la que han intervenido las policías española y francesa con el apoyo de varias agencias norteamericanas y la coordinación de Interpol, han sido detenidos casi todos los integrantes de la banda que llevó a cabo el asalto al furgón blindado ante el Museo de América y que fue el origen de lo que posteriormente se ha conocido como Caso Inca. La pista que llevó hasta el grupo de atracadores fue el colombiano Efraím Gomes que fue identificado por el grupo del comisario Grandal. El núcleo de la banda estaba formado por colombianos con algunas incrustaciones de albanokosovares y belgas. 
- Esa noticia no la he leído en ningún medio y desde que nos dijeron que el final del robo podía llevarse a cabo fuera de España todos los días doy un repaso a los titulares de los principales periódicos europeos – objeta Ballarín.
- Es que la operasión, a la que en honor a ustedes se llamó Erant que en latín quiere desir jubilado, fue una actuasión secreta y que no llegó a los medios. Posteriormente se filtró a la prensa como la detensión de una banda de ladrones sin más. Y tengo que reiterar que sin la colaborasión de ustedes la localisasión y apresamiento de la banda habría sido mucho más problemática. Yo no sé qué piensan haser los mandos de la polisía española – y al decirlo, Connolly mira de refilon a Pérez Recarte que asiste de invitado de piedra a la conversación -, pero en nombre de los agentes extranjeros que hemos partisipado en la investigasión les doy las grasias por su colaborasión y ayuda.
- O sea, que al fin han pillado a los autores materiales del robo. ¿Y qué pasa con los autores intelectuales, los han detenido o están en ello? – pregunta Grandal.
- Estamos en ello porque como expliqué antes hemos de plegarnos a los meandros de las conversasiones de La Habana – explica Connolly.
- Y con las piezas quimbayas robadas, ¿qué pasa, ya están otra vez en el Museo de América? – pregunta Ponte.
- De las joyas del Tesoro Quimbaya – el que contesta es Pérez Recarte - solo se han recuperado las tres piezas que le enseñaron a la profesora de Zaragoza para su datación, el resto sigue sin aparecer – es la sorprendente respuesta del hombre del CNI.