viernes, 16 de diciembre de 2016

88. ¿Y ahora qué?



   La portada de El País del tres de marzo lleva como principal titular: El debate aleja toda esperanza de una investidura de Sánchez. Y en tres subtitulares explica los entresijos de la sesión de investidura en el congreso de diputados. PSOE y Ciudadanos no consiguen más votos para su acuerdo de gobierno. El segundo resume la posición del PP: Rajoy renuncia a cualquier intento de aproximación y califica de “farsa” la sesión. El último describe la postura del nuevo partido izquierdista: Iglesias rompe los puentes con los socialistas con una andanada de duros ataques.
   Un gráfico muestra el resultado de la votación de la candidatura de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, para ser investido Presidente del Gobierno: 130 votos a favor, 219 en contra. Ponte se queda solo en los titulares, no le interesa la letra pequeña, y cuando está a punto de cerrar la web otro titular en el faldón le llama la atención, reza así: Nadie puede frenar a Donald Trump. La noticia suscita su curiosidad y lee el breve texto en el que se explica que el Supermartes consolida al millonario, el cual se perfila como el candidato republicano con más opciones para optar a la presidencia estadounidense en las elecciones de noviembre. Vaya, piensa Ponte, un tipo insólito para un país que no deja nunca de sorprenderme. Y ahora, sí cierra el portátil.
   Otras son las preocupaciones de los inspectores del Caso Inca. Van cerrando pistas, la última y que aún está calentita es la declaración de Adolfo Martínez confesando que fue quien manipuló las cámaras de seguridad de la entrada del Museo de América el día del robo. Van cerrando pistas, pero siguen sin avanzar demasiado en la investigación. Por eso, han resuelto dedicar la mañana a realizar una puesta en común sobre lo que saben del caso y llevar a cabo un debate sobre ello. En la sala de la Brigada de Patrimonio que les sirve de estado mayor pinchan en el portapapeles un nuevo folio en blanco en el que Atienza escribe:
 Lo que sabemos:
1. Obdulio Romero y Adolfo Martínez fueron los dos cómplices de los ladrones en el interior del museo.
2. El dinero con el que se pagaba a las agencias que vigilaron a Martínez procedía de una compañía con sede en Panamá, lo que da a entender que los organizadores del robo es gente adinerada.
3. La pista de Panamá junto con el atracador que amenazó a Ponte el día del robo y el desconocido que captó a Martínez como cómplice sugieren que los organizadores pueden ser de nacionalidad/origen colombiano.
4. Las fotografías del museo tomadas durante el tiempo en que las piezas quimbayas estuvieron prestadas inducen a creer que las obras robadas son las originales.
5. Según la confesión de Martínez, los ladrones conocían la fecha exacta de la llegada del tesoro a Madrid, pese al secreto con el que se planeó su envío. Lo que es indicio de que tenían contactos en los museos, españoles o franceses, que les facilitaron tal información.
6. Las autoridades concernidas, tanto españolas como francesas, siguen sin dar muestras de gran interés por el resultado de las investigaciones.
7. Puede haber algún tipo de conexión entre los ladrones, el clan gitano de los Corrochanos y la empresa china del Polígono Cobo Calleja que blanquea capitales ilícitos. Este es el dato más dudoso.
- Esto es cuanto sabemos. Con plena certeza en unos puntos y en los que no, con una probabilidad del noventa y tantos por ciento de que sean ciertos – sintetiza Atienza -. Estos ítems tienen que ser el fundamento sobre el que sustentar las nuevas líneas investigadoras.
- Y esos ítems descartan muchas de las hipótesis que durante meses hemos estado barajando, tales como si las piezas robadas eran copias, si los ladrones lo sabían o no, si habían utilizado o no internet, etcétera, etcétera – precisa Bernal.
- Bien, ¿y ahora qué? – Es la pregunta recurrente que usa Blanchard cuando la investigación llega a lo que parece un punto muerto.
   La respuesta de Atienza es encogerse de hombros. La de Bernal, mirar con cara de pocos amigos al francés, mientras piensa que el gabacho sigue siendo un aguafiestas.
   Blanchard, como si hubiera leído el pensamiento de su colega hispano, añade:
- Soy consciente de que con esa pregunta hago el desagradecido papel de cenizo, pero alguien tiene que hacerlo. Conocemos los datos que Juan Carlos, de manera impecable, acaba de transcribir y que arrojan luz sobre muchas de las hipótesis que hemos manejado durante tanto tiempo y que Eusebio ha sintetizado certeramente – El galo pretende congraciarse con sus compañeros a base de adjetivos elogiosos -. De acuerdo, pero vuelvo a la pregunta de antes: ¿y ahora qué? Y para evitar suspicacias, aclaro que la pregunta no os la hago solamente a vosotros, también me la hago a mí. Porque… - Blanchard se calla, alguien está llamando a la puerta de la sala de operaciones.
   Atienza es quien se levanta, abre la puerta y saluda a Grandal.
- Buenos días, comisario, te estaba esperando – y volviéndose a sus colegas dice -. Se me había olvidado comentaros que para la puesta en común de esta mañana, me he permitido invitar al comisario del que, como en anteriores ocasiones, espero que nos pueda ayudar desde su amplia experiencia.
   Si Bernal y Blanchard se creen o no el supuesto olvido de Atienza no lo dan a entender. El saludo de ambos al excomisario es si no efusivo si correcto y en el caso del francés hasta cordial. El inspector de Patrimonio resume a Grandal el contenido del folio, los posteriores comentarios y el interrogante que ha lanzado el inspector galo.
- Y en esas andamos. ¿Qué opinas?
   Grandal se lo piensa antes de responder.
- Creo que vuestro resumen es intachable y por mi parte no añadiría más. Pienso que de ahí lo mejor que en estos momentos se puede extraer es una nueva hipótesis de trabajo como forma de seguir avanzando en la investigación.
- ¿Qué clase de hipótesis? – formula Blanchard, claramente interesado ante la propuesta del excomisario.
- Michel, creo que eres un fan de las frases coloquiales del español, pues bien hay una que no sé si conoces y es la de aquí te pillo, aquí te mato. Lo digo en tono jocoso porque es más o menos lo que me pides. Una cosa es que haya formulado una sugerencia y otra muy distinta es que conozca la respuesta adecuada. Eso es algo que hay que meditar detenidamente, al menos por mi parte. Mis neuronas no son ni tan rápidas, ni tan flexibles, ni tan jóvenes como las vuestras. Lo mejor que puedo hacer, siempre que estéis de acuerdo, es copiar vuestro resumen, llevármelo conmigo y echarle un pensament como suele decir un amigo catalán. 
   Y en eso quedan. En cuanto llega a casa, Grandal echa mano del móvil para llamar a sus jubilados amigos. Tiene tajo para ellos. Al día siguiente, en el saloncito del modesto piso del excomisario se reúnen los cuatro compañeros. Sobre la mesa el folio en el que Grandal copió los ítems de los Sacapuntas sobre el estado actual de la investigación del robo del Tesoro Quimbaya.
- Ahí tenéis el resumen de lo que saben mis jóvenes colegas sobre el robo y que en algunos casos ha sido posible probarlos gracias a vuestras pesquisas.
- Bueno, Jefe, para ser precisos tendrías que haber dicho nuestras y no vuestras – le rectifica un sonriente Ballarín.
- Amadeo, eres un pelota – le acusa, también de buen humor, Álvarez.
- Dejaros de coñas – les reprende un bien humorado Ponte, que dirigiéndose a Grandal pregunta -. ¿Y qué quieres que hagamos con eso?
- Algo que soléis hacer muy bien, pensar – es la amable respuesta del excomisario.
- Así a bote pronto ya lo pienso, pero no se me ocurre nada. Posiblemente sea porque no nos has invitado ni a un café. Cada día eres más rácano, Jacinto – Lo que podría ser una reprimenda no parece tal dado el risueño semblante y el tonillo guasón de Álvarez.
   Grandal, que ha estado estrujándose el magín previamente, les explica lo que ha pensado para sacar algún resultado de los datos transcritos. Harán una especie de tormenta de ideas, como ya la hicieron en anteriores ocasiones, sobre cada uno de los siete ítems, y a ver los resultados que obtienen.
- ¿Y quieres que lo hagamos aquí y ahora? – pregunta Álvarez.
   Ante la respuesta afirmativa de Grandal, Ponte formula una propuesta diferente.
- Eso es mucho tomate para hacerlo hic et nunc, como diría mi profe de latín en aquellos lejanos años que estudiaba el bachillerato. Creo que será más eficaz que cada uno se lleve una copia a casa, que nos volvamos a reunir mañana y así tendremos más tiempo para reflexionar.
   La propuesta del decano es aceptada por unanimidad. Mañana lo debatirán.

martes, 13 de diciembre de 2016

Capítulo 17. Crecen las certezas, también las dudas.- 87. Así de fácil se compra un cómplice



   Ponte teclea www.el país.com y se abre la portada del rotativo madrileño del uno de marzo del 2016. Su información central se refiere a la sesión de investidura para elegir un nuevo Presidente de Gobierno. El titular principal, a tres columnas, dice: Sánchez apelará a todos los partidos para evitar elecciones. El viejo piensa que los actuales periodistas son cada vez menos precisos titulando pues tendrían que haber añadido el adjetivo nuevas a elecciones. Entre los subtitulares que ahondan en la información del principal hay uno sobre la nueva formación de la izquierda: Podemos rechaza la última oferta del candidato socialista para su abstención. Otro se refiere al nuevo partido centrista: Rivera advierte de que sólo votará por Sánchez si no se cambia el pacto firmado.
- ¡Dale con el dequeísmo! – exclama en alta voz -. Cada vez escriben peor. ¿Es que ya no tienen correctores los periódicos? Porque si los tuvieran no se les hubiera pasado que escribir de que en esa frase es hacer un roto a la lengua. ¡Adoquines, que sois unos adoquines! ¿Qué diablos os enseñan en esas pomposas facultades de Ciencias de la Información? Desde luego, a escribir correctamente no.
   La fotografía de la portada es la muestra gráfica de una de las tragedias de estos tiempos. Así reza su pie: La desesperación de los migrantes desborda las fronteras. Y explica que cientos de migrantes fueron contenidos el día anterior con gases lacrimógenos cuando trataban de abandonar Grecia en dirección a Macedonia. Que a buen seguro que tampoco los van a recibir con ramos de rosas, se dice. Y un punto asqueado cierra el portátil.
   Los inspectores del Caso Inca tienen otras preocupaciones: están analizando los próximos pasos a dar tras conocer la foto que les acaba de pasar Grandal, la que recoge la visión de las vitrinas del Museo de América con los huecos donde estaban las piezas que fueron prestadas al museo parisino. La foto parece ser un dato concluyente en la polémica de si las piezas enviadas a Paris eran las originales o réplicas. Todo apunta a que eran las piezas auténticas. Con ello, muchas de las hipótesis barajadas se caen por su base.
   Otra preocupante cuestión viene a recargar más su agenda. Adolfo Martínez, el técnico de seguridad que trabaja ocasionalmente en el Museo de América y al que la policía tiene sometido a una estrecha vigilancia por ser sospechoso de haber colaborado en el robo, ha descubierto que le vigilan. La policía logró que dejaran de seguirle los detectives privados, pero eso no ha bastado para que el sospechoso al fin se haya dado cuenta de que algo raro pasa a su alrededor. En los muchos viajes que realiza en los autobuses que cubren la línea Majadahonda-Madrid, Martínez se ha fijado en ciertos rostros que se repiten habitualmente en esos desplazamientos. Y se ha puesto nervioso, muy nervioso.
- Esto se nos está yendo de las manos – afirma Bernal al enterarse del hecho.
- Sí y algo habrá que hacer antes de que empeore. No vamos a tener más remedio que volver a la jueza para que dicte una orden de detención del fulano y podamos interrogarle antes de que desaparezca, se pegue un tiro o vaya usted a saber – corrobora Atienza. 
  Inesperadamente, la jueza instructora parece haber cambiado de criterio. Donde antes todo eran cortapisas y reticencias, ahora todo son facilidades. Les autoriza a detener al sospechoso y a proceder a su interrogatorio, tras lo cual deberán ponerlo a disposición judicial.
- Esta juez es como una veleta – comenta Blanchard -, se mueve en cuanto rola el viento.
- Lo que no sabemos es si el viento ha rolado o en esta ocasión le han convencido nuestros argumentos – apunta Atienza.
   Como dispone la Ley de Enjuiciamiento Criminal, la policía tiene un plazo máximo de setenta y dos horas para poner al detenido en libertad o a disposición de la autoridad judicial. No obstante, puede prolongarse la detención otras cuarenta y ocho horas, siempre que la prórroga sea autorizada por el juez. O sea, que los Sacapuntas disponen de cinco días para conseguir que el técnico de seguridad cante. Adolfo Martínez aguanta relativamente bien los dos primeros días, pero al tercero se desmorona y acaba confesándolo todo.
   El relato de Martínez comienza cuando recién llegado de sus vacaciones veraniegas del 2015, a fines de agosto, un buen día le abordó un tipo que aunque bien vestido tenía una pinta de gánster de película de serie B. El desconocido hablaba español con claro acento sudamericano, podía ser venezolano, colombiano o de algún país centroamericano. Le invitó a tomar unas copas. Durante la charla le contó que tenía que hacerle una proposición que podría resultarle de gran interés. En el transcurso de la conversación el tipo demostró que sabía mucho de la vida de Martínez, pues en un momento dado le espetó:
- Usted viene a ganar unos veinte y un mil euros al año, algo más cuando puede haser horas extras.
- ¿Cómo lo sabe? - preguntó, atónito, Martínez.
- De usted, señor Martínes, lo sabemos casi todo. Nos hemos molestado en investigarle. ¿Por qué? Porque queremos estar seguros de que nuestros sosios sean gente de fiar. Y usted lo es.
- Yo no soy socio de nadie que yo sepa, vamos – replicó Martínez
- Todavía no, pero si asepta la proposisión que voy a haserle, lo será. A usted, y no digamos a su señora, le gustaría vivir mejor de lo que vive ahora. Le gustaría comprarse un nuevo carro porque el que tiene está muy viejito. Cambiar los electrodomésticos que comiensan a darle problemas. Haser un crusero con su familia de esos que anunsian en la tele. En fin, le gustaría haser montones de cosas que con su sueldo no puede permitirse. Pues bien, nosotros podemos conseguir que todo eso cambie.
- ¿Y a quién tengo que matar? – preguntó Martínez echando mano del humor porque era lo que pedía una conversación tan alucinante como la que estaban manteniendo.
- A nadie, por supuesto. No le vamos a pedir nada que suponga violensia física - el sudamericano cogió una servilleta, sacó un bolígrafo que parecía de oro y escribió unas cifras en el papel: 1 = 35044 -. Esto es lo que le ofresemos: ganar en una hora lo que nesesitaría treinta y sinco mil horas de su trabajo para conseguirlo. Estamos hablando de ochenta mil euros. ¿Qué le parese el negosio?   
- ¿Qué me va a parecer?, ¡cojonudo!, pero ¿qué hay que hacer para ganar tanta pasta en tan poco tiempo?
- Algo relasionado con su trabajo en el Museo de América.
- ¡No pretenderán robar en el museo! – exclamó, sorprendido, Martínez.
- No, el museo no pensamos ni pisarlo. Es algo mucho más simple y para lo que usted es la persona indicada. Se trata de un trabajo en el que no correrá ningún peligro y en el que es, prácticamente imposible, que nadie descubra que usted ha sido el autor. Pero no pienso en contarle más hasta que diga si asepta o no nuestra oferta.
- ¿No será nada ilegal? – insistió Martínez.
- No me sea pendejo, señor Martínes. ¿Usted cree que alguien le va a ofreser tanta plata por algo legal? ¿Asepta o no?, nesesito saberlo ya porque si no quiere esa plata tengo que buscar a otro.
   Y eso fue lo que acabó convenciendo a Martínez, que si no era él sería otro, y era una pasta gansa por una hora de curro. El desconocido le explicó qué tenía que hacer: manipular el sistema de las dos cámaras de seguridad que enfocaban la plazoleta de la entrada del museo para que el día veintidós de octubre, al encender el sistema, dichas cámaras dejasen de funcionar. Cuanta más diferencia de tiempo hubiese entre la manipulación y la citada fecha más difícil sería para la policía descubrir quién lo había hecho. Al día siguiente; o sea, el veintitrés, recibiría un sobre con la cantidad prometida que depositarían en el buzón de correos de su domicilio. El sudamericano le insistió en algo que debía tener muy en cuenta para que no le descubrieran: que debería gastarse el dinero con mucho tiento, nada de empezar a presumir de plata a diestro y siniestro. Y, por supuesto, la boca bien cerrada.
- ¿Y cómo me comunico con ustedes? – fue lo último que preguntó Martínez.
- No se preocupe. Seremos nosotros quién le tendremos a tiro – fue la ambigua e inquietante respuesta del desconocido.
   Y esa fue la confesión de Adolfo Martínez. Recibió el dinero, pero no volvió a saber más del sudamericano.
   Los inspectores le hicieron dos últimas preguntas:
- ¿Se han puesto en contacto contigo?
- No he vuelto a saber nada de ellos.
- ¿Sabes si tuvieron algún otro cómplice dentro del museo?
-  No me dijeron nada de forma explícita, pero lo dieron a entender. Y cuando asesinaron a Obdulio Romero, supe quién fue el otro cómplice, el que necesitaban por si yo fallaba, pero no fallé – afirma con orgullo profesional.

domingo, 11 de diciembre de 2016

*** Gracias. Thank you



   En español hay una palabra que aunque no se conozca la lengua la entiende medio mundo: gracias. Lo mismo pasa con el thank you de la lengua de Shakespeare. Pues eso es lo que digo a mis lectores: gracias. Viene esto a cuento porque la pasada semana el blog sobrepasó la cifra de 20.000 páginas vistas, según el servicio de estadística de Google.
   Un número tan redondo no sería posible sin la activa colaboración de un montón de gente que abre el blog. Pues lo dicho, gracias o thank you, como prefieran.