viernes, 18 de noviembre de 2016

80. La pista panameña



   La portada online de El País del dos de febrero lleva como titular principal: Iglesias suspende el diálogo con el PSOE en la primera reunión. Y tres subtitulares explicativos, uno referido al nuevo partido emergente de la izquierda populista: Podemos se niega a negociar mientras los socialistas no rompan con Ciudadanos. Otro relativo a la respuesta socialista: Sánchez rechaza el ultimátum y comienza a pactar políticas con Rivera. Y el tercero con la postura de los populares: El PP trata de boicotear los contactos presionando para precipitar la investidura. En este puñetero país lo del diálogo y los pactos que mal se lleva, piensa Ponte. Se nota mucho que todavía somos una democracia en pañales. La única foto de la portada es la denuncia gráfica de una de las tragedias ocurridas tras la mal llamada primavera árabe: El avance del régimen provoca otro éxodo masivo en Siria. Lo que pasa en la mayoría de países musulmanes es como una maldición, se dice el viejo, en cuanto parece que han encontrado el camino para la democracia llega un dictador o una guerra civil y lo desbarata todo.
   Mientras Ponte lee la prensa, su amigo Grandal está ocupado en otros menesteres más prosaicos. Se ha reunido con los inspectores que coordinan el Caso Inca y les cuenta lo que sus jubilados amigos le sugirieron el día anterior y que podría resumirse en la españolísima expresión de que alguien ha de coger el toro por los cuernos.
- Como hablar con la juez que instruye el caso parece que es tiempo perdido, hay que tocar la tecla del poder ejecutivo. Alguien tiene que hablar con vuestros superiores y explicarles que hay que presionar de algún modo al bufete para que suelte el nombre de quien le ha encargado contratar a unos detectives para vigilar a Adolfo Martínez. Es la única manera de avanzar en la investigación de un delito que no solo es un desdoro para el país sino también un descrédito para la policía española. Y ese alguien no puede ser uno de vosotros o los tres en comandita. Ha de ser alguien  contra quien tomar represalias, más o menos larvadas, sea complicado por no decir imposible. Alguien como yo. ¿Algún inconveniente por vuestra parte?
   Los inspectores quedan en silencio como sopesando la propuesta de Grandal. Se consultan con la mirada y tácitamente la aceptan.
- Te puedo preparar una reunión con mi jefe – ofrece Atienza.
- No, hay que volar más alto, y de la gestión que voy a hacer es mejor que no digáis nada a vuestros mandos naturales. Soy compañero de promoción de Federico Carranza, el comisario que dirige la Dirección Adjunta Operativa. Hablaré directamente con él y le haré ver cómo se encuentra la investigación y que si no se toman medidas drásticas el robo del tesoro pasará al archivo de casos irresueltos para vergüenza de la policía española. Si logro convencerlo tendréis en vuestras manos un comodín formidable. Carranza es la mano derecha del Director General y éste puede llegar al Ministro del Interior o al Presidente del Gobierno si hiciera falta.
- Oye, Jacinto. Si vas a hacer esa gestión que, sobra decirlo, te agradecemos de corazón, no estaría mal que también dejaras caer el problema de la falta de colaboración que está teniendo la UCO de la Benemérita con nosotros. Todavía no han mandado el informe del tiroteo en el polígono de Fuenlabrada – pide Atienza.
- Veré qué es lo que se puede hacer – responde Grandal, dando fin con ello a la reunión.
   El comisario Carranza, aunque dirige una unidad operativa, es hombre de talante reposado y reflexivo. Lo que le cuenta su antiguo camarada de promoción le da qué pensar. Y le promete a Grandal que moverá algunos hilos. El Caso Inca bien se lo merece. Las gestiones del Director Adjunto, siempre entre bambalinas, tienen éxito. En menos de cuarenta y ocho horas el Jefe de la Brigada de Patrimonio llama a Atienza.
- Juan Carlos, acaba de llamarme Federico Carranza y me ha dado un dato que afecta al Caso Inca – le dice al tiempo que le tiende un papel -. He trascrito literalmente su mensaje.
   Atienza lee la breve nota: El cliente buscado es la compañía Warkog HC que radica en Panamá.
- No sé si os va a servir de algo, pero es lo que hay – comenta el jefe.
   Del mensaje que ha recibido el jefe de la Brigada, los inspectores del Caso Inca se centran en los dos únicos datos que aporta: el nombre del cliente del bufete madrileño y el país en que está su sede. El nombre de la compañía no les dice nada, habrá que recurrir a internet y, en su caso, a Interpol. En cuanto al país, Panamá, es de todos conocidos que desde hace casi un siglo es un lugar idóneo para lavar dinero de manera fácil. Se pueden crear compañías de modo sencillo, no se necesita presentar declaraciones de impuestos y, en algunos casos, se puede ofrecer a los propietarios completa confidencialidad. Además, el país brinda gran variedad de incentivos fiscales y sus requisitos de informes reglamentarios son muy laxos en comparación con los de la mayoría de estados. Todo ello motiva que sean miles las empresas internacionales que tienen su sede, en muchos casos más teórica que real, en Panamá y que para muchos organismos internaciones el país sea considerado como un paraíso fiscal.
- ¿Y ahora qué? – es la pregunta que suele hacer Blanchard cuando se encuentran ante un callejón sin aparente salida.
- ¡Pues que estamos jodidos! – exclama Bernal muy dado a las expresiones rotundas.
- Como no nos saque de ésta la Interpol lo tenemos negro – afirma Atienza, mucho más pulcro en su lenguaje que Bernal -. Preguntar a la Warkog solo lo conseguiríamos con una comisión rogatoria, siempre y cuando la juez instructora la ordenase y ya sabemos que no está por la labor. Y aún en ese supuesto, podrían negarse a contestar o demorarlo hasta el fin de los tiempos.
- Bueno, al menos algo hemos averiguado – Blanchard trata de levantar el decaído ánimo de sus colegas -. Se trata de una entidad, posiblemente una compañía pantalla, que radica en un país que funciona como un paraíso fiscal. ¿Adónde nos lleva eso? Pues a que los que llamamos autores intelectuales del robo son personas económicamente potentes. Si los ladrones fueran una banda de tres al cuarto no estarían radicados en el país del canal.
- Y lo que dices, Michel, nos lleva a otra conclusión – sugiere Atienza -. Un grupo con la potencia económica como para tener la sede en Panamá ha de contar con expertos informáticos que le tuvieron que alertar en su momento de que lo que transportaba el furgón robado eran réplicas. Lo que viene a confirmar que los organizadores del atraco sí sabían que lo que iban a robar eran copias.
- El hecho de la ubicación en Panamá puede apuntar a otra posible pista – mete baza Bernal -. Ese país, al ser vecino de Colombia, es el paraíso fiscal preferido por los capos colombianos del narcotráfico. Quizá detrás de esa empresa se esconda un cártel colombiano.
- Es solo una hipótesis, pero creo que está bien traída, Eusebio – Blanchard, algo poco usual, está de acuerdo con Bernal.
- Recapitulando – resume Atienza -: tenemos, presuntamente, a una empresa que ha encargado a un bufete madrileño contratar a una agencia privada de investigación para que siga los pasos de un presunto colaborador de los ladrones del Tesoro Quimbaya. Una empresa que tiene el suficiente poderío económico como para tener registrada su sede en Panamá. Una gente que maneja dinero en esas magnitudes no puede ser un hatajo de chorizos de los que roban la pensión a una viejecita. Presumiblemente estamos ante auténticos profesionales del robo de obras de arte.
- Lo de Panamá también refuerza la idea que tuvimos desde el principio de que este es un robo por encargo – afirma Blanchard.
- También podría reforzar la idea de que los autores intelectuales del delito, los que se esconden detrás de esa compañía panameña, no son los mismos que ejecutaron el atraco – apunta Bernal. 
- Pongamos negro sobre blanco las inferencias que hemos sacado para no perdernos – propone Atienza al tiempo que abre una página en blanco en el portapapeles mural del despacho en la que comienza a anotar:
 A) Una compañía, la Warkog HC, con sede en Panamá investiga a un más que presunto colaborador en el robo.
B) El propietario o propietarios de la Warkog han de ser gente adinerada.
C) Se presupone que es gente profesional, por lo que han de contar con expertos informáticos que les debieron alertar que lo que llevaba el furgón eran copias.
D) Panamá es el paraíso fiscal preferido por los cárteles colombianos de la droga, ¿posible nexo de capos colombianos con el robo?
E) Se refuerza la idea de que se trata de un robo por encargo.
F) Los propietarios de la empresa panameña, los que presuntamente organizaron el robo, no son los mismos que los que lo ejecutaron.
- Mes amis, la pista panameña ha dado más de sí de lo esperado – resume Blanchard.

martes, 15 de noviembre de 2016

79. Coge el toro por los cuernos



   El uno de febrero, al abrir la portada online de El País, Ponte se topa con este titular: El PP presiona al Rey para que no ofrezca la investidura a Rajoy. Y un subtitular que lo desarrolla: El presidente confía en que Felipe VI no le propondrá formar Gobierno. Sánchez si aceptará el encargo e iniciará contactos con Ciudadanos. Desde luego, se dice, este país es la leche. El partido que ha sacado más votos y escaños no quiere presentarse a la investidura, supongo que porque saben que el resto de la Cámara no les va a apoyar. En cambio, el segundo más votado, pero a bastante diferencia del primero, si está dispuesto a solicitar el voto al resto del arco parlamentario para formar Gobierno. Imagino que ese es el juego en una  democracia parlamentaria. Espero que hagan lo que sea, pero que haya un gobierno sólido cuanto antes. De pronto, otra idea cruza su mente: ¡caramba, es lunes!, ¿seguirá Chelo interpretando hoy el papel de hacendosa esposa o habrá mandado al cuerno a Jacinto?
   Pues de momento en casa de Grandal no ha pasado nada. Cuando Chelo llega al piso, encuentra a Grandal en la cama medio adormilado. Le prepara el desayuno de costumbre: café con leche, con mucho de lo primero y poco de lo segundo, y unos churros que ha traído. Es un desayuno tan popular y poco consistente como el que toman millones de españoles y encima muchos de ellos luego se van a trabajar, aunque no es el caso del excomisario. Le lleva el desayuno a la cama, le da los buenos días y un beso en la mejilla.
- ¿Qué te apetece para comer? – pregunta la mujer.
   El hombre la mira con ojos inexpresivos y se encoge de hombros.
- Lo que tú quieras. No tengo mucha hambre que digamos.
- Entonces voy a acercarme al Hipercor a ver que ofertas tienen. Si están a buen precio, igual compro unas chuletillas de lechal que se comen hasta sin apetito y a ti te encantan. Acompañadas de una ensalada. Un almuerzo de lo más ligero.
   El hombre no responde, se limita a contemplarla con la misma mirada inexpresiva. Cuando la mujer va a salir, le recuerda:
- No te olvides del ABC – Grandal no es monárquico precisamente, pero le gusta ese periódico más que nada por su formato.
   Al pisar la calle, Chelo piensa: igual tenía razón Manolo y lo que tengo que hacer es el paripé de que todo sigue como siempre. Resiste, Chelo, resiste, se dice.
   Los que también están pensando en resistir son los Sacapuntas. Salieron cabreados como monos de su entrevista con la juez que instruye el Caso Inca por su negativa a ordenar un mandamiento para que el bufete de González-Arroyo y Asociados les revelase por cuenta de quién han vuelto a vigilar al sospechoso de haber colaborado con los ladrones que robaron el tesoro, el tal Adolfo Martínez. Cuando se lo cuentan a Blanchard, el inspector francés les consuela explicándoles que en Francia ocurren hechos parecidos. También allí te topas a veces con jueces y magistrados que se la cogen con papel de fumar, expresión que, desde que se la oyó a Bernal, le encanta usarla como muestra de una lengua coloquial que la televisión está en camino de hacerla desaparecer.
- ¿Y ahora qué? – pregunta el gabacho.
- La verdad es que no lo sé. Estoy más perdido que un pulpo en un garaje – confiesa Atienza usando una expresión que ha dejado de formar parte del lenguaje popular, pero que la usa porque sabe que su amigo Blanchard las colecciona.
- Creo que la única solución es hacerlo por las bravas – afirma Bernal, muy seguro de sí -. Coger a uno de esos estreñidos que trabajan en el bufete, meterlo en un coche, llevarlo a un sitio apartado en el extrarradio y majarlo a guantazos hasta que cante como un ruiseñor.
- Me parece una solución espléndida, solo tiene un pequeño inconveniente: que yo no estoy dispuesto a jugarme mi carrera y mi pensión – ironiza Atienza y añade -. Perdona que te lo diga, Eusebio, pero a veces eres más bruto que un arado. Sabes mejor que yo que eso no lo podemos hacer, ¡ni de coña!
   Bernal no se molesta en contestar, sabe que su compañero tiene razón. Su descabellada propuesta solo ha sido un brindis al sol. Un silencio trufado de desesperanza llena el despacho en que están los tres policías. Silencio que, tras unos minutos, quiebra Blanchard:
- ¿Y por qué no recurrimos al comisario Grandal como ya hicimos anteriormente? Ha demostrado ser hombre de muchos recursos y gran experiencia. Lo mismo a lo largo de su dilatada carrera se cruzó con un juez que se las tuvo tiesas, pero logró encontrar el modo de retorcerle el brazo.
- Pues no es mala idea – acepta Atienza -, pero hoy es lunes y ya te contamos a qué dedica los lunes el comisario.
- De todas formas, lo que si podemos es llamarle y pedirle una cita para mañana – arguye Bernal.
   El inspector de Patrimonio se encarga de hacer esa llamada.
- Comisario, buenos días. Soy Juan Carlos Atienza. ¿Qué tal, cómo estás? ¿Tienes un minuto? ¿Sí? Pues verás…
   Le cuenta a Grandal la posición de la jueza instructora respecto a no ordenar el mandamiento para que el bufete revele el nombre de su cliente. Y que no encuentran argumentos de suficiente peso para que deje de enrocarse en su negativa. Grandal, tras escuchar atentamente a su joven colega, le dice:
- Lo pensaré, Juan Carlos, y quizá se me ocurra algo. Si fuera así, te llamaré. De todas maneras, no os desaniméis, seguid intentándolo.
   Grandal se queda meditando sobre el problema que tienen sus colegas. Tras darle muchas vueltas decide que una charla con sus tres amigos del dominó quizá podría aportarle ideas que a él no se le ocurren. Tendrá que cambiar de planes. A ver como se lo toma Chelo.
- Chelo, ¿te importa si esta tarde en vez de irnos al cine me reúno con mis amigos de partida? He de comentar con ellos unas cosillas sobre la investigación del robo.
- En absoluto, cariño, lo primero es lo primero. Ya iremos otro día al cine.
- Lo que pasa es que había pensado en que nos reuniéramos aquí, como en otras ocasiones, y te vamos a molestar.
- Molestia, ninguna. Sabes que tus amigos me caen fenómeno. Aprovecharé la tarde para ir al centro, tengo que hacer unas compras, pero antes voy a preparar unos bocaditos para que tengáis algo que picar.
   Sobre las cinco treinta de la tarde se reúnen los cuatro jubilados. Grandal les explica el problema de la juez de instrucción y les pide si se les ocurre algo al respecto. Los tres viejos quedan pensativos. ¡Menudo marrón les acaba de endilgar, Jacinto! Ninguno es un experto en jurisprudencia, tendrán que recurrir al sentido común. Después de muchos minutos de pensar y otros tantos de decir vaguedades y alguna que otra tontería, parece que el debate comienza a centrarse.
- Yo creo que esa jueza se ha pasado de frenada – opina Álvarez -. No estamos hablando de un asalto a una farmacia o de un atraco a un banco, estamos ante el robo de un tesoro único en el mundo y que pertenece al Estado; es decir, a todos los españoles.
- Luis ha dado en la diana – secunda Ponte -. No es un robo cualquiera. Es como si hubieran robado Las Meninas, La Maja Desnuda o el Guernica. Si eso hubiera ocurrido, ¿qué habría pasado? Pues que el Gobierno habría recurrido a todo lo imaginable para recuperar los cuadros.
- Jacinto, ¿sabes si esos chicos, me refiero a los Sacapuntas, han planteado algo así a sus jefes? – pregunta Ballarín -. Lo digo porque si no lo han hecho tendrían que hacerlo. Si por la vía del poder judicial no se puede hacer más, que cojan la vía del poder ejecutivo que tiene resortes más que sobrados para doblarle el brazo a esa jueza y a quien sea.
- ¿Y el principio de la separación de los tres poderes? – pregunta retóricamente Grandal.
- Eso es un camelo, al menos en este país – asegura Ballarín -. Aquí, como al Gobierno de turno se le ponga algo entre ceja y ceja date por jodido.
- Otra cosa – es Ponte el que interviene -. Siempre se puede presionar al Gobierno con que si no exigen a ese bufete que diga el nombre de su cliente, se puede filtrar a la prensa la noticia de que las piezas robadas son más postizas que mi dentadura.
- Antes – vuelve a intervenir Álvarez -, has dicho que un delito como el de un atentado terrorista sería suficiente para que la juez ordenara el mandamiento. Pues con el robo del tesoro se ha cometido un atentado, no terrorista pero si cultural, que mancilla el honor y el buen nombre del país. Razón más que suficiente para estar por encima del derecho a la defensa.
- Yo creo, Jacinto, que esos colegas tuyos han pecado de blanditos, quizá piensen demasiado en sus carreras y eso les coarta. Coge tú el toro por los cuernos y ve a hablar con la jueza o con los jefes de los Sacapuntas y plantéales lo que hemos hablado. Si no os dan el mandamiento, dejo de llamarme Manuel – alardea Ponte.

viernes, 11 de noviembre de 2016

78. Chelo tiene un problema



   Aunque ha dejado de sollozar, Chelo sigue lloriqueando. Ponte, al ver que está a punto de acabar con los clínex, recuerda haber visto apostado en un cruce de semáforos que hay frente a la cafetería a un hombrecillo que vende paquetes de pañuelos.
- Perdona, un momento. Voy a por más clínex.
   Cuando vuelve con dos paquetes, Chelo parece algo más calmada, pero sigue teniendo los ojos enrojecidos y una carita que es todo un poema, aunque ha dejado de llorar. Ponte no le pregunta nada, le acerca los pañuelos y la anima con el gesto y un amago de sonrisa, espera que sea la mujer la que hable cuando esté preparada para ello.
- Se trata de Jacin – dice Chelo con voz todavía entrecortada -. Creo que voy a perderlo, si no lo he perdido ya.
   Ponte sigue sin preguntar, solo pone cara de perplejidad.
- Sí, Manolo, lo voy a perder. Hay otra mujer en su vida.
- ¿Otra mujer?, ¿te lo ha dicho? – pregunta un sorprendido Ponte.
- No, no hace falta. Eso es algo que las mujeres notamos enseguida.
- Pero vamos a ver, Chelo. ¿Estás hablando de hechos ciertos o de corazonadas?
- Mitad y mitad. Decirme que me va a dejar, no me lo ha dicho, pero lo presiento. Desde hace más o menos un mes ha cambiado, no es el de siempre. No está tan cariñoso como solía, me regaña por cualquier cosa, se esconde para hablar por teléfono y… hace tres lunes que no me folla. Súmalo todo y a ver que da.
- Me da que son acciones intrascendentes y bastante normalitas. El que esté menos cariñoso, que a veces te regañe o que cambie de lugar para hablar por teléfono no son pruebas suficientes para deducir que tenga otra mujer. En cuanto a que hace tres semanas que no te hace el amor – Lo de que ahora la gente se exprese con tanta naturalidad sobre lo de follar es algo que a Ponte le cuesta asumir – tampoco es tan raro. Jacinto ya no es un adolescente y a partir de cierta edad la libido decae un montón. Por otra parte, casi todos los hombres somos ciclotímicos, tenemos momentos depresivos y otros de euforia y supongo que Jacinto no es una excepción.
- ¿Sí?, ¿y qué me dices de los dos viajes que ha hecho a Zaragoza en el último mes?, ¿qué se le ha perdido allí?
- ¿Ha estado en Zaragoza?, eso no nos lo ha contado.
-  Tampoco a mí. Me enteré cuando le registré la chaqueta y encontré un billete de ida y vuelta para el Ave a Zaragoza.
- Bueno, tendría algo que hacer en la ciudad maña – Ponte intenta quitar hierro al comportamiento de Grandal -. ¿Tú se lo has preguntado?, me refiero a qué ha ido a Zaragoza.
- Usé una artimaña. Le conté que una amiga había coincidido con él en el tren y que le vio apearse en Zaragoza. No me lo negó y añadió que tenía unos asuntos que arreglar con unos primos sobre una antigua herencia. Para ser policía mintió muy mal, se le notaba a la legua. Ni hay herencia, ni primos ni Cristo que los fundó. Hay una mujer, seguro.
- Bueno, Chelo, quizá conozca a alguien, pero lo cierto es que todos los lunes seguís juntos, ¿no es así? Pues eso es lo que debe importarte, todo lo demás olvídalo, no harás más que amargarte y no sacar nada en limpio. Mira, te voy a dar el consejo que me pediste. Mientras no te diga a la cara y mirándote a los ojos que tiene otra mujer o te pida que le devuelvas las llaves del piso, lo que tienes que hacer es portarte con normalidad, como si no sospecharas nada. Creo que era Cela el que dijo que el que resiste, gana. Eso es lo que tienes que hacer: resistir, aguantar el tirón y ya verás cómo al final esto se convertirá en un mal sueño y poco más.
- ¡Ay, Manolo, ojalá se solucionara tan fácil como lo pintas!, pero sospecho que esta vez no va a ser así. No es la primera vez que Jacin me engaña, antes ya ha habido otras, pero han sido líos pasajeros, de los de aquí te pillo y aquí te jodo, pero tengo el pálpito de que en esta ocasión no se trata de un ligue de unas horas o de unos días. Esta vez, es distinto. No sé si sabrás que me ha pedido muchas veces que deje el trabajo y que me vaya a vivir con él. Incluso en una ocasión me dijo que si era necesario nos casaríamos para que yo pudiera cobrar pensión en caso de que él falleciera antes. Bueno, pues de eso no ha vuelto a decir ni pío desde hace tiempo.
- Chelo, no sé qué más decirte. En mi opinión, tienes dos opciones: preguntarle directamente si tiene otra mujer o hacerte la distraída y continuar como hasta ahora. Lo que no debes hacer es atormentarte con sospechas y ataques de celos. Eso no te lleva a ninguna parte. Los celos son un sentimiento horrible, te hacen sufrir, te amargan la vida y de rechazo acabas amargando la vida a los demás.
   La mujer no parece muy convencida, pero le agradece sus consejos y que la haya escuchado tan pacientemente. Le dice que ya le llamará y se despide sin volver a sacar el tema del aprendizaje para navegar por la red.
   En tanto Chelo cuenta sus achares al bueno de Ponte, los Sacapuntas reciben noticias sobre el sospechoso de haber colaborado en el robo del Tesoro Quimbaya, el tal Adolfo Martínez. La agencia de detectives Método 5, dejó de vigilarle tras sufrir la exigente presión de la policía, pero el bufete de abogados de González-Arroyo y Asociados, que era el que había encargado la vigilancia, se negó en redondo a dar el nombre de su cliente y hasta amenazaron con querellarse contra los coordinadores del Caso Inca. Ahora, el equipo de policías encargado de seguirle los pasos a Martínez ha descubierto que unos detectives, miembros de otra agencia distinta, vuelven a vigilar al sospechoso de Majadahonda, y lo que es peor, no parecen muy profesionales. Con tantos moscones a su alrededor es cuestión de poco tiempo, quizá días, que Martínez se dé cuenta de que es vigilado. Y todo se irá al carajo.
   En apresurado conciliábulo, Atienza, Bernal y Blanchard acuerdan que la única salida que tienen para que esa pista, una de las pocas que sigue viva, no se les escape de las manos es solicitar a la jueza de instrucción que les dé un mandato pidiendo al madrileño bufete de  González-Arroyo y Asociados que revelen el nombre del cliente a cuenta del cual han encargado a la nueva agencia de detectives que controle las correrías de Adolfo Martínez. La juez, tras oír a los dos policías coordinadores del Caso Inca, se pone en modo exquisito y les endilga una teórica de Derecho Procesal.
- El mandamiento judicial que me piden no puede ser automático, solo puedo emitirlo de modo restrictivo; es decir, siempre que las pruebas o, al menos, indicios de comisión de delito fueran suficientes para superar el derecho a la confidencialidad de las relaciones abogado-cliente que, como dispone el artículo 24 de la Constitución, forma parte del derecho fundamental a la defensa. Para dictar el mandamiento, en un caso de conflicto de derechos, sería necesario que los hechos para el que lo piden – reitera – atañesen a derechos que se consideraran de rango superior. ¿Es este el caso? – pregunta retóricamente.
- Y si me permite, ¿cuáles son los derechos de rango superior para que su señoría dictara el mandato? – pregunta Bernal.
- Tendríamos que estar hablando de presuntos delitos que atañesen a la defensa nacional, al orden público, a la probabilidad de atentados terroristas…, pero estamos hablando de un atraco; cierto que hubo un homicidio, pero sigue siendo un asalto a mano armada en el que los autores del delito utilizaron armas de fuego, pero poco más.
- Señoría, con el debido respeto – Atienza ha decidido que es el momento de lucir sus conocimientos legales -, considero que si bien el atraco a mano armada es un delito que atenta esencialmente contra el patrimonio, también supone un mayor riesgo para otros bienes jurídicos como la vida o la integridad de las personas físicas.
- Bien dicho, inspector. Me alegra comprobar que, por lo que parece, ahora en Ávila les enseñan a algo más que a pegar tiros o a presionar a los testigos con medios dudosamente legales, pero sigo sin ver base jurídica para obligar al bufete a que dé el nombre de su cliente. Estamos hablando del delito de apropiación indebida, de un delito esencialmente económico, bien que con el fatal añadido de una muerte, pero que no son hechos que puedan doblarle el brazo al precitado artículo 24 de nuestra Carta Magna. En resumen, caballeros, que me traen pruebas o al menos indicios racionales de que estamos ante un presunto delito que afecta a derechos superiores o no me hagan perder el tiempo. Que tengan una buena tarde.
   Los Sacapuntas salen del juzgado echando pestes de la instructora. Posteriormente, Atienza le cuenta a Blanchard que la juez no es de carrera sino que pertenece a lo que se conoce como el tercer turno. Le explica que el método ordinario de ingreso en la Carrera Judicial es de oposición libre para la categoría de juez, más la superación de un curso teórico y práctico. Lo que garantiza, al menos supuestamente, la idoneidad y capacidad profesional de los seleccionados. Pero el primer gobierno socialista legisló otra forma de ingreso: el acceso a la judicatura de juristas de reconocido prestigio con las mismas garantías de selección objetiva para asegurar la capacidad del elegido. No siempre fue así y, en ocasiones, los jueces del tercer turno fueron elegidos más por sus simpatías políticas que por su preparación.
- … y a veces esos jueces se pasan de rigoristas, como si quieran lavar su pecado original, y terminan siendo más papistas que el papa.