viernes, 23 de septiembre de 2016

64. ¿Originales o réplicas?



   Tras la desdeñosa despedida de Ponte, los policías que coordinan el Caso Inca se quedan en la cafetería repensando lo que el jubilado les ha contado de su entrevista con el Tío Josefo e incluso de cuanto se ha negado a responder. Grandal, que también ha estado presente en la cita como acompañante de Ponte y que ve que no está el horno para bollos, opta por despedirse de sus jóvenes colegas.
- Bueno, me disculparéis, pero creo que tenéis mucho que hablar. Por tanto, me despido y os deseo suerte, la vais a necesitar
   Ante la sorpresa de Grandal, el inspector de la Judicial le coge por el brazo al tiempo que le pide:
- Por favor, comisario – Es costumbre en el cuerpo mantener el tratamiento de los rangos aunque se esté   jubilado -, te ruego que te quedes con nosotros. Tu experiencia puede sernos muy valiosa.     
   Grandal vacila recordando lo desagradable que ha estado con él quien ahora le pide que se quede. Sus dudas las resuelve de un plumazo Atienza cuando secunda la petición de Bernal:
- Te lo ruego, Jacinto – Es la primera vez que le llama por su nombre -. Lo hablamos antes de venir y estamos los tres de acuerdo – afirma, mirando a Bernal y a Blanchard -. Tus sugerencias pueden sernos de gran ayuda.
   Tras la intervención del inspector de Patrimonio, Grandal, que ya se ha levantado, no vacila más y vuelve a sentarse.
- Bien, vosotros diréis – dice, en una tácita aceptación de la invitación.
- ¿Tienes algún compromiso o puedes almorzar con nosotros? Paga el Ministerio – dice Atienza.
- Estoy a vuestra entera disposición, aunque lo mío lo pagaré yo – responde Grandal.
- Entonces, si no tienes inconveniente, y para no desplazarnos, podemos almorzar aquí mismo. La cocina del Van Gogh no es que sea cosa de gourmets, pero para un almuerzo de trabajo nos vale.
   Cuando le dicen a la camarera que van a comer, la muchacha les indica que se pasen a la zona donde ya están preparadas las mesas para el almuerzo. Para no complicarse, los cuatro piden el menú del día. Mientras llega el primer plato, Atienza, como de costumbre, ejerce de coordinador.
- Vamos a ver, Jacinto – Sigue llamando al excomisario por su nombre en un intento de acortar distancias y limar antiguos malentendidos -, los tres lo tenemos muy hablado como podrás suponer. Nos interesa mucho conocer tu punto de vista sobre el estado de la investigación del caso. ¿Cómo recapitularías la situación en la que nos encontramos?
   Grandal, como viejo zorro, contesta a la pregunta de Atienza con otra pregunta:
- ¿Sabéis algo más del caso que yo no sepa?
   Atienza y Bernal se miran, este último se encoge de hombros como dando el tácito consentimiento a su compañero para que cuente lo que saben.
- Prácticamente, sabes lo mismo que nosotros salvo un par de cosillas que apenas han influido en la investigación, al menos hasta ahora.
   Como Atienza no parece dispuesto a contar que son ese par de cosillas, Grandal no se corta un pelo y tira a dar:
- No puedo recapitular nada si hay cualquier dato o pista, por insignificante que sea, que desconozca.
- Ya te digo que hay un par de datos que por el momento no nos han aportado nada – se justifica Atienza -, pero en cualquier caso te cuento. Uno es que tenemos fundadas sospechas de que las piezas que fueron robadas no son las auténticas del Tesoro Quimbaya, sino unas réplicas en oro y cobre que se hicieron hace muchos años. Al parecer, las auténticas siguen estando en el museo.
   Grandal no puede evitar dar un silbido como muestra de su sorpresa. La camarera, que cree que es a ella a quien ha silbado, le mira con cara de pocos amigos.
- Eso sí que no lo esperaba, pero… ¿qué significa eso de que tenéis fundadas sospechas? ¿Es que no lo sabéis con certeza?
- Al cien por cien no estamos seguros, pero la probabilidad de que sea así se acerca mucho. Verás, un compañero del equipo de apoyo, navegando por la red, encontró un artículo, publicado hace años, en el que una experta en arte precolombino y exsubdirectora del Museo de América contaba que entre 1978 y 1984, fechas en las que se cerró el museo para su renovación, las piezas expuestas eran una réplica de las originales. Pues bien, estamos casi seguros de que la parte del tesoro que fue cedido al Museo du Quai Branly de París eran esas réplicas y no las originales.
- Eso no lo ha publicado la prensa – arguye Grandal.
- Ni creo que lo publique. Por el momento, es un secreto que, sorprendentemente, no ha llegado a los medios o si alguno lo sabe ha debido de sufrir una presión lo suficientemente fuerte para que no lo haya trasladado a sus informativos – replica Atienza.
- ¿Y qué pasa con la tan cacareada libertad de prensa?
- Bueno, lo que he dicho de que han podido existir presiones por parte de quien puede hacerlo, suponemos que el Gobierno, es solo una suposición, con seguridad no lo sabemos. Ten en cuenta que estamos ante el robo de un bien que ha merecido el calificativo de asunto de Estado.
- Bien, pero sigo sin entender porque no tenéis la certeza plena de que son copias y no las originales – reitera Grandal.
- Verás. Cuando el compañero al que aludía antes nos informó del contenido del artículo nos pusimos en contacto con la autora del mismo, la cual se ratificó en lo que había publicado. Estuvimos debatiendo si preguntar directamente a la dirección del museo sobre el asunto. Tras una prolongada discusión llegamos a la conclusión de que quizá no obtuviéramos respuesta o nos dieran largas, entonces recurrimos al estricto protocolo: trasladamos el correspondiente informe a la juez que instruye el caso pidiéndole un mandato para exigir la pertinente información a la dirección del museo o, en su caso, que lo exigiera directamente ella. Nos contestó que haría la gestión personalmente. Pues bien, aún estamos esperando la respuesta.
-  ¿Acaso no se lo habéis vuelto a pedir? – se extraña Grandal.
- Por supuesto, pero ni flores – responde Atienza.
- De ahí arrancan – añade Bernal - nuestras fundadas sospechas de que las piezas robadas sean copias y no las originales.
- Hay otro dato más que ahonda la hipótesis de que son copias: los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Hacienda que eran, junto a Interior, los que más nos daban la matraca han aflojado su presión para que solucionásemos el caso cuanto antes. De hecho, ahora es solo Interior quien sigue dándonos la vara – afirma Bernal en un giro del español coloquial.
- Os habéis dejado en el tintero – Blanchard interviene en el coloquio – la vertiente francesa. Mis jefes también me insistían sobre la importancia y urgencia de la solución del caso, pues bien desde que la señora jueza escurrió el bulto sobre si eran originales o réplicas, la presión que he tenido que soportar ha disminuido considerablemente.
- Tengo otra pregunta – dice Grandal -: entiendo que las autoridades francesas estuviesen interesadas en la pronta solución del caso, el tesoro provenía de su país y el vehículo que lo transportaba era francés, en cuanto al interés de Interior viene de suyo, pero lo que no entiendo son los motivos del interés de los Ministerios de Exteriores y Hacienda.
   Atienza piensa que la pregunta de Grandal es un buen reflejo de que la jubilación pasa factura, seguro que el excomisario no hubiese preguntado algo tan obvio estando en activo. De todos modos, le contesta:
- El interés de Exteriores estaba originado porque ha sido quien ha tenido que templar las gaitas con la embajada de Colombia y con el propio Gobierno colombiano. En cuanto a Hacienda, no olvides que el tesoro tiene la consideración de bien de Estado y por tanto es corresponsable de su guarda. Estas dos causas hace algún tiempo que, al parecer, han dejado de tener interés, justo después de que pidiéramos a su señoría el mandato.
- Comprendo – dice Grandal a quien ahora sí parece que le hayan convencido los argumentos de sus jóvenes colegas -. Y toda esa historia sobre originalidad o copia ¿cómo creéis que ha influido en el caso?
- Básicamente, en que han menguado las presiones que teníamos que soportar sobre la solución del caso. Ahora solo tenemos el apremio de nuestros jefes naturales, lo que es bueno por un lado y malo por otro. Bueno porque saben lo que es una investigación de este porte y malo porque nos pueden joder la hoja de servicios – explica Bernal.
- Y al final de esta historia, la realidad es que, aparte de que sean originales o réplicas, sigue habiendo un robo que solucionar y tres asesinatos que investigar – añade Atienza.
- Juan Carlos – El excomisario le devuelve a Atienza el gesto de llamarle por su nombre -, antes has dicho que el hecho de que las piezas robadas sean originales o réplicas es una cosilla sin importancia. Estoy en desacuerdo, creo que es un dato que puede ser clave en la investigación. Os explico el por qué.

martes, 20 de septiembre de 2016

63. Casi un tercer grado



   Cuando Ponte llega a la cafetería Van Gogh, y a pesar de que faltan algunos minutos para las doce, ya se encuentran allí Grandal, Atienza, Blanchard y, ¡oh sorpresa!, también está Bernal. El policía de la Judicial ha llegado a la conclusión de que no puede seguir indefinidamente eludiendo a los carcamales, como en su fuero interno sigue llamándoles. A la postre, son los que más información les están facilitando sobre el Caso Inca.
   Atienza, que cuando hay que mostrar la cara amable de la policía, es quien se convierte en el portavoz, le pide a Ponte que cuente lo que le dijo el Tío Josefo sobre los Corrochanos y le ruega que haga un esfuerzo para ser lo más literal posible, indicándole asimismo que se tome el tiempo que haga falta.
   Cuando Ponte acaba su relato en el que ha hecho el esfuerzo pedido para ser lo más literal posible, Atienza le da las gracias y abre el turno de preguntas. El primero que abre el fuego del interrogatorio es Bernal.
- Señor Ponte, ¿ratifica que el Tío Josefo le dijo que no sabía nada ni había oído hablar de que unos gitanos hubieran vendido el furgón del robo del tesoro al dueño del desguace de Humanes?
- Sí, señor - afirma Ponte, que sigue la recomendación que le ha dado Grandal de no ser prolijo en sus respuestas.
- Señor Ponte, ¿le dijo el Tío Josefo que tampoco sabía nada del robo del tesoro?
- Eso fue lo que dijo.
- Cuando el Tío Josefo le comentó que el clan de los Corrochanos hacía negocios con chinos del Polígono Cobo Calleja, ¿especificó si eran negocios de drogas? – es Bernal quien sigue protagonizando el interrogatorio.
- No, señor, dijo, y cito literalmente, que los negocios que hacían los Corrochanos eran de toda esa porquería que echa a perder a la gente joven. Y le recuerdo que eso ya lo conté antes – Ponte comienza a mosquearse de que le hagan repetir pasajes de su conversación con el patriarca de los García Reyes.
- ¿Es lo que le dijo literalmente? – insiste Bernal.
- Sí, señor, palabra por palabra – se reafirma Ponte quien añade -, la palabra droga no la mencionó en ningún momento.
- De todas formas, al decir que eran negocios de la porquería que echa a perder a la gente joven puede deducirse, sin temor a equívoco, que se refería a la droga – puntualiza Atienza.
- Recuerda, señor Ponte, si el Tío Josefo dijo en algún momento los nombres o quienes eran los chinos que se relacionaban con los Corrochanos – Bernal sigue preguntando.
- No, señor.
- Exactamente, ¿qué le contó el Tío Josefo sobre los Corrochanos?
- Pues me contó, además de lo que acabo de repetir – lo de repetir lo dice con retintín -, que los Corrochanos tienen fama de tener malas pulgas y de que en sus negocios no se paran en barras.
- ¿A qué cree que se refería al afirmar que los Corrochanos no se paran en barras en sus negocios?
- Tenía entendido que me habían llamado para que repitiera lo que me contó el Tío Josefo, no para que descifrara adivinanzas – No cabe duda de que Ponte está hasta los mismísimos de que le hayan tomado por un disco rayado, repitiéndose continuamente.
   Bernal pasa por alto la impertinente respuesta del anciano y prosigue con un interrogatorio que a Ponte le parece que debe ser de los que llaman de tercer grado.
- Ha sugerido usted que, en un primer momento, el Tío Josefo no mostró ningún interés en facilitarle el paradero de los Corrochanos, ¿lo ratifica?
- Sí, señor, me dijo que no me lo recomendaba porque son unos malajes.
- Eso hace suponer que el Tío Josefo conoce bien a los Corrochanos, ¿no lo cree así?
- Ya le he dicho que las adivinanzas no son mi fuerte – La paciencia de Ponte está menguando a marchas forzadas.
   Bernal está a punto de picar el anzuelo de la provocación de Ponte, pero Atienza le hace un gesto lo que le hace pasar por alto la impertinencia del viejo.
- Bien, creo recordar que en algún momento de la conversación salió a relucir el nombre del Tio Rafael, el patriarca del clan de los Corrochanos, ¿le contó algo más sobre él?
- Sí, señor, me dijo que su apodo era el Langó porque cojea algo del pie izquierdo, pero todo lo que me está preguntando ya lo he contado antes, no sé porque me hace repetirlo – protesta Ponte que está viendo que se acerca la hora que Clarita le indicó que se irían a Majadahonda a comer juntos y sin embargo el tercer grado al que le están sometiendo no tiene pinta de acabar.
   Bernal sigue impertérrito con sus preguntas.
- Cuando el Tío Josefo le dijo que los Corrochanos iban de aquí para allá, ¿se refirió a unos lugares concretos?
- No, señor.
- Y cuando especificó que los encontraría en la Cañada Real, ¿añadió algo más?
- No, señor – Las respuestas de Ponte son cada vez más escuetas.
- Perdone, señor Ponte – es Atienza el que habla -, creo recordar que al hablar sobre la Cañada Real nos ha contado antes que el Tío Josefo le dijo algo más.
- Ah, sí, me preguntó que si sabía dónde estaba la Cañada.
- Y que le contestó usted – vuelve ser Bernal el que ha retomado el interrogatorio.
- Que sí que lo sabía.
- Una cosa es saberlo y otra haber estado en esa zona de asentamientos ilegales, ¿ha estado usted en la Cañada?
- Sí, señor.
- ¿Puedo preguntarle con motivo de qué estuvo en la Cañada?
- Puede preguntármelo, pero no pienso decírselo. Eso no tiene nada que ver con la conversación con el Tío Josefo – Ponte se está poniendo bravo por momentos.
- Pero usted nos ha contado antes que el Tío Josefo le dijo que para estar jubilado visitaba unos sitios muy chungos, ¿no es así?
- Sí, señor.
- ¿Y por qué le dijo eso?
- Ya he dicho por activa, pasiva y hasta por perifrástica que las adivinanzas no son mi fuerte. ¿Tienen más preguntas o van a seguir repitiendo como loros lo que ya he contado media docena de veces?
   Bernal mira a Atienza quien le hace un gesto como diciéndole: no sigas, este pozo ya no da más agua. Es el momento en que interviene Grandal porque sabe de la cita de Ponte con su familia y presiente que su amigo en cualquier momento puede enviar a hacer puñetas al trío de inspectores.
- Caballeros, como acaba de decir don Manuel estamos dando vueltas a la noria de sus recuerdos sobre su conversación con el Tío Josefo y la cosa parece que no da más de sí. Opino que si no hay nuevas preguntas tendríamos que ir dando por finalizada esta charla porque el amigo Ponte tiene un compromiso familiar y no deberíamos retenerlo más.
   Los policías aceptan la sugerencia de Grandal, pero antes de que nadie pueda decir algo más, inopinadamente es Blanchard, mudo hasta ese momento, quien toma la palabra:
- Monsieur Ponte, hay algo que no nos ha contado y que nos interesaría mucho conocer. ¿Por qué fue usted a un hospital para encontrarse con ese gitano con el que habló?
   Ponte se queda mirando al inspector francés con cara de pocos amigos y duda durante unos segundos hasta que en lugar de contestar pregunta a Atienza:
- Este señor, a quien ya he visto en anteriores encuentros, pero al que no tengo el gusto de haber sido presentado, ¿es un policía español?  
- No – contesta Atienza -. Y disculpe que no se lo hayamos presentado, es el señor Michel Blanchard, policía francés que colabora con nosotros en el esclarecimiento del Caso Inca.
- ¿Y estoy obligado a contestarle?
- Hombre, obligado de modo estrictamente formal quizá no, pero como le he dicho forma parte del grupo investigador del caso y debería responderle, al menos por cortesía.
- A la gente que mira por encima del hombro no se le debe ninguna cortesía – responde Ponte que, decididamente, ya se ha tirado al monte de la desconsideración y dirigiéndose a Blanchard le espeta –. Y para que me entienda señor franchute: no le contaré nada si no es en presencia de mi abogado.
   El inspector galo va a replicar cuando Atienza le quita la palabra de la boca antes de que la reunión se vaya definitivamente al garete.
- Señor Ponte, le agradecemos sinceramente su colaboración al tiempo que le pedimos disculpas si en algún momento nuestras preguntas le han molestado. De ninguna manera era nuestra intención. Puede marcharse cuando quiera y le reitero nuestra gratitud.
   Ponte se levanta, se cala el sombrero, hace una leve inclinación de cabeza en señal de saludo y antes de salir lanza su postrera andanada:
- Antes de irme quiero decirles algo. Hoy he roto la promesa que le hice a un amigo. Le di la palabra al Tío Josefo de que no iba a repetir lo que él me contase y he roto ese compromiso. Algo que no volverá a suceder. La próxima vez que quieran saber algo del patriarca de los García Reyes se lo preguntan ustedes. Yo no volveré a hacerlo. Estimo mucho a mis amigos y el Tío Josefo lo es, ustedes, no – y sin más, y más tieso que una vela, sale de la cafetería.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Capítulo 12. Reaparece una pista perdida.- 62. Unos tienen la fama y otros cardan la lana



   En la tarde del mismo día en que pudo charlar con el Tío Josefo, Ponte se reúne con los otros componentes del grupo de jubilados para contarles su conversación con el patriarca del clan de los García Reyes.
- Así que lo único mollar que te ha contado es que el clan de los Corrochanos hace negocios con unos chinos del polígono Cobo Calleja. Eso sí que es una auténtica sorpresa. En la policía siempre hemos creído que gitanos y chinos son como agua y aceite, imposible mezclarlos – se sorprende Grandal.
- ¿Por qué? – quiere saber Ballarín.
- Porque son dos etnias que más opuestas sería difícil encontrarlas. Para empezar, son dos pueblos que viven inmersos en su propio mundo. Dejando aparte los negocios o en lo referido a su trabajo, apenas si se relacionan fuera de su ámbito. ¿Vosotros habéis visto a calés participando en fiestas o actos de los payos?, ¿verdad que no?, o en todo caso muy poco, pues con los chinos tres cuartos de lo mismo.
- Ahora que dices eso, en el curso de una de mis nietas va un chinito, pues sucede que siempre que hay reunión de padres los del chino no aparecen nunca. Claro que una flor no hace primavera – se corrige de algún modo Álvarez.
- Pues no se llevarán entre ellos pero, por lo que me ha contado el Tío Josefo, parece que los Corrochanos están metidos en negocios con chinos del polígono de Fuenlabrada – replica Ponte.
- Y si esos gitanos participan en negocios con los chinos y lo que contó el chatarrero de Humanes fuera cierto, eso coloca a los Corrochanos como posibles candidatos de ser los vendedores del furgón blindado – sugiere Ballarín.
- Hay algo en esta historia que a mí no me cuadra – apunta Álvarez -. Suponiendo que lo que dijo el chatarrero fuera verdad y si chinos y gitanos tienen negocios comunes, ¿qué necesidad tenían estos últimos de vender el furgón al chatarrero?, se lo podían haber vendido directamente a los chinos, no necesitaban un intermediario para nada.
- Es una buena objeción, Luis – admite Grandal -. Y como tú, también tengo mis dudas porque en este relato hay varios puntos que mientras no los confirmemos casi toda la historia queda en el aire. Porque de momento solo contamos con suposiciones. La primera: los supuestos gitanos ¿cómo se hicieron con el furgón?, ¿lo encontraron abandonado, lo robaron, se lo compraron a alguien? La segunda: ¿es verdad que fueron unos gitanos quienes vendieron el furgón al chatarrero de Humanes? Tercera: ¿es real que el chatarrero vendió el furgón a los chinos?    
- O sea, que estamos como al principio, no sabemos nada – sintetiza Ponte cuyo rostro es todo un poema de frustración.
- Hombre, Manolo, algo más sabemos – Álvarez trata de animar a su alicaído compañero -, que hay unos gitanos que se dan el pico con unos chinos.
- ¿Y con eso que adelantamos para resolver nuestro caso? – replica Ponte, que ya habla del Caso Inca como algo propio.
- Nosotros no sé, pero a los colegas que llevan el caso les va a interesar, y mucho, esa sorprendente relación chino-gitana – apunta Grandal.
- Otra vez estamos ante la misma pregunta – plantea Ballarín -, ¿qué hacemos?
   Tres pares de ojos dirigen su mirada al que, de facto, es el jefe del grupo. Grandal responde enseguida, como si ya tuviera preparada su respuesta:
- Sinceramente, creo que esto nos supera. No tenemos medios ni estamos en condiciones de efectuar un seguimiento a unos chinos de los que solo sabemos que trabajan en el Polígono Cobo Calleja. Y algo parecido puede decirse respecto a los Corrochanos. El dato que nos ha ofrecido el Tío Josefo es algo que solo puede desentrañar y, en su caso, valorar la policía. Creo que tendremos que volver a llamar a los Sacapuntas.
- Ya estamos como siempre: unos tienen la fama y otros cardan la lana – Ballarín es quien ha echado mano del inagotable refranero español para resumir el estado de la cuestión.
- Así es la vida, Amadeo – replica Grandal -. Una cuestión: ¿quién quiere venir conmigo a la reunión con los Sacapuntas?
   El silencio es la respuesta.
- Manolo, creo que al menos tú deberías venir – pide Grandal -. Eres a quien el Tío Josefo le dio la información sobre los Corrochanos.
- Jacinto, para serte sincero – replica Ponte -, tus jóvenes colegas me repatean y aún más ese franchute que está con ellos y que siempre me mira como si fuera un ninot de falla. Además, todo cuanto me contó el Tío Josefo, ahora también lo sabes tú.
- No lo creas, Manolo – replica Grandal -. Es posible que ellos te hagan preguntas que quizá te hagan rememorar frases o aspectos de la entrevista con el patriarca que hayas podido olvidar. Incluso yo, al repetir lo que tú nos has contado, puedo olvidarme de algo. En la policía tenemos una máxima: mejor el original que la copia. Y en este caso es obvio quien es el original.
   Ante los argumentos de Grandal y aunque a regañadientes, Ponte accede a reunirse con los inspectores que llevan el Caso Inca. En cuanto Grandal llama a Atienza y le comunica que tiene una nueva información que quizá, solo quizá, pueda afectar al robo del Tesoro Quimbaya, el inspector de Patrimonio le insta a que le adelante el contenido de la información. Tras hacerle  el relato de todo lo que contó el Tío Josefo, Atienza le pide que han de reunirse para que puedan oírlo sus dos compañeros del caso. Y, por supuesto, es imprescindible la asistencia de Manuel Ponte.
- Mañana sin falta nos reuniremos. A las nueve os esperamos en Patrimonio.
- Juan Carlos, mañana es sábado y Ponte los fines de semana está muy ocupado con sus nietos.
   Atienza, que no es lerdo, caza al vuelo la puntualización del excomisario y rápidamente rectifica:
- Lo comprendo. Hagamos una cosa, que sea Ponte quien fije el lugar y la hora que le va mejor. En cuanto lo sepas me llamas o mejor me pones un WhatsApp.
   Algo más tarde, el WhatsApp que recibe Juan Carlos Atienza dice: Sábado Cafetería Van Gogh 12 h.
   La mañana del sábado, 16 de enero, Ponte enciende el ordenador, pese a su desapego de todo lo que huela a política tiene interés en saber cómo van las negociaciones para conformar el nuevo gobierno. La portada de El País lleva como titular principal: Los aliados de Podemos amenazan con dejar el grupo. ¡Caray!, exclama Ponte, todavía no han empezado su andadura política y ya se están tirando los trastos a la cabeza. Y eran los que decían que venían a regenerar la política. Debajo otro titular dice: Los líderes regionales del PSOE rechazan las cesiones a los separatistas. Es lo suyo, piensa Ponte, al fin y al cabo la última letra de su sigla partidista es la e, que se supone de España. No pueden estar de acuerdo con los que quieren romper el país. En la única fotografía de la portada aparece Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, el pie reza: Trump supera los obstáculos. Estos yanquis son muy suyos, se dice Ponte, lo malo es que si eligen a un fulano como ese quienes vamos a pagar los platos que rompa vamos a ser los demás. Hay otro titular: El Rey acelera las consultas para evitar un vacío de poder. Bueno, piensa, creo que en Bélgica  han llegado a estar sin gobierno casi un año y el país no lo notó demasiado y en el caso de los italianos ni te cuento. A ver si aquí pasa lo mismo. Y con ello da por acabado su repaso diario a los medios.
   Cuando abre el armario ropero piensa que tendrá que ponerse algo más presentable que de ordinario. A las doce tiene una cita con los polis del Caso Inca y no es cuestión ir de cualquier manera. Está dudando sobre que corbata ponerse cuando oye abrir la puerta del piso. Solo puede ser su hija, pues los fines de semana Felisa, su asistenta, libra.
- Papá, buenos días. ¿Has dormido bien? – pregunta Clara mientras le planta un par de besos a su padre -. Verás, teníamos plan con los Belsa, pero acaba de parir la cuñada de Cristina y se han ido a la Quirón a verla. ¿Te viene bien invitarnos a comer?, ¿sí?, estupendo. Habíamos pensado ir al Foster's Hollywood de Majadahonda, a los niños les encanta. ¿Te parece bien a las dos?
- Me parece estupendo, pero tengo una cita con unos amigos en Van Gogh a las doce. Si veo que la reunión se retrasa te llamaré y podéis iros vosotros, yo me reuniré más tarde. No creo que me demore mucho.
   Estos inútiles de polis son capaces de tocarte los huevos hasta los sábados, se dice Ponte, pensando en la cita que tiene con los Sacapuntas.