martes, 26 de abril de 2016

21. El cuarteto entra en juego



   El Confidencial del diecisiete de noviembre trae como noticia principal a cuatro columnas: Interior extrema la vigilancia en Ceuta, Melilla y los centros judíos. Francia apuesta por la “mano dura” y cierra filas con su presidente. Esta masacre de París traerá cola, piensa Ponte. No estoy muy seguro si los terroristas se saldrán con la suya o les va a salir el tiro por la culata. Claro que por lo pronto la primera victoria ha sido suya, han conseguido una propaganda brutal y según dice Jacinto, que de terrorismo sabe un rato, ese es uno de los primeros objetivos que buscan los terroristas: el de la comunicación, el de decir al mundo que están ahí y que pueden golpear cuando y donde quieran. El viejo no sigue leyendo más, la mayor parte del centro de la portada está conformado por artículos de opinión y por otras informaciones sobre los sangrientos sucesos parisinos.
- Bueno – dice en voz alta -. Me tendré que levantar. Hoy tenemos limpieza en casa de Jacinto. La verdad es que me hace ilusión lo de jugar a detectives. Quien me lo iba a decir a mis años.
   El calificativo de pocilga que Grandal aplicó a su casa se acerca bastante a la realidad. Todo está manga por hombro y el polvo se acumula en los lugares más insospechados. Lo único que hay relativamente limpio es el dormitorio y su pequeño cuarto de baño.
- La viuda de un policía que murió en un atentado etarra viene dos veces por semana a limpiar, pero esta semana ha estado pachucha y no ha podido venir – se excusa Grandal.
- No te preocupes. Esto con un cubo, la fregona y unas bayetas lo vamos a dejar como los chorros de oro – le anima Ballarín.
   Y dicho y hecho, Álvarez y Ballarín se acercan a un chino cercano, de los que antes del euro eran de todo a cien y ahora todo a sesenta céntimos, y compran los útiles necesarios para el aseo del piso. En seguida se nota quien está habituado a la limpieza de un hogar y quien no ha cogido una escoba en su vida. Ponte y Álvarez son los que se muestran más desmañados en el manejo del cubo y la fregona.
- Si me viera la pobre Purita – evoca Ponte – no me reconocería. ¡A mis años y con un plumero en la mano quitando el polvo!
- ¡Otro que tal baila! – exclama Álvarez -. El mismo asombro que el que tendría mi costilla. Es la primera vez en mi vida que cojo una fregona. Espero que no lo vayáis contando por ahí que el choteo que organizarían a nuestra costa los coñones del centro sería morrocotudo.
- Tampoco es para tanto. Yo soy de los que le echo una mano a mi mujer siempre que hace falta – confiesa Ballarín -. Y no por eso me siento minusvalorado.
- Tú dirás lo que quieras, Amadeo, pero esto del fregoteo es cosa de mujeres. Han nacido para esto, como nosotros lo hemos hecho para llevar los garbanzos a casa – sentencia Álvarez.
- Luis, eres más carca, machista y antiguo que Torrente – se burla Grandal.
- Pues yo seré carca, pero ¡anda que tú! ¿Y quién coño es Torrente?
- No me digas que no has visto ninguna peli de Torrente, el brazo tonto de la ley.
- Ah, ese Torrente. Pues, macho, me parezco tanto a él como un pirulí a un huevo de avestruz, entre otras cosas Torrente es colchonero y yo soy merengue, y él es fan de El Fary y yo lo soy de Manolo Escobar.
    El cuarteto necesita dos largas tardes para dejar la casa donde van a instalar su cuartel general en condiciones de revista. En la primera reunión, Ballarín les sorprende a todos, pues tiene cierta fama de tacaño, cuando abre su vieja cartera de cuero y saca una botella de sidra El Gaitero.
- He traído esta sidrina, como diría un guaje, para brindar por el comienzo de nuestra aventura.
   De lo primero que tratan es del calendario de reuniones y la primera piedra en la que tropiezan es la de las intocables partidas de dominó. Hay opiniones para todos los gustos. Álvarez se niega tajantemente a dejar de jugar. Ballarín no adopta una postura tan radical, pero si es partidario de mantener en lo posible el ritmo de dos tardes de dominó. A Grandal no le importaría dejar de jugar o hacerlo solo de vez en cuando. Tras un fluctuante debate, se impone la propuesta de Ponte: jugarán un día a la semana. El resto lo dedicarán a la investigación. Sobre la tarea investigadora, Grandal explica a sus amigos lo errados que están en sus planteamientos.
- Me da la impresión de que andáis un tanto equivocados. Investigar un hecho delictivo, como el robo del Museo de América, no es algo para llevarlo a cabo un par de días a la semana. Es un trabajo de todos los días y de muchas horas por jornada. Si le dedicamos un par de veces a la semana nunca conseguiremos sacar nada en limpio.
- Hombre, Jacinto, ninguno de nosotros tiene edad ni está en condiciones de dedicarse a un trabajo full-time – puntualiza Ballarín que le gusta presumir de sus conocimientos de inglés.
- Eso ya lo sé, lo que quiero que os quede bien claro es que las reuniones semanales de los cuatro pueden ser una, dos, tres o las que acordemos. Eso no es lo importante. Lo que sí es determinante es que cada uno se tendrá que responsabilizar de una determinada parcela de la investigación y dedicarle a ella todo el tiempo libre que pueda sacar a lo largo de la semana. Si no hacemos eso no llegaremos a ninguna parte… y si lo hacemos seguramente tampoco, pero al menos lo habremos intentado. En otras palabras, aunque sea una investigación de aficionados hemos de poner toda la carne en el asador o el asunto se nos escapará vivo.
- ¿Entonces qué es lo que propones? – pregunta Álvarez.
- Tengo el bosquejo del plan de trabajo en mente, pero no he perfilado aún todos los detalles. Necesito algo más de tiempo para enhebrar todos los flecos en una trama más sólida. Y para ello también necesito tener más información sobre el estado de la investigación. Ya he quedado para tomar café con un excompañero que trabajó a mis órdenes y que tiene acceso a la investigación. Voy a tratar de sonsacarle cuanto pueda sobre la investigación de los inspectores que llevan el caso a los que, por cierto, les han puesto de mote el Dúo Sacapuntas, no sé si ya os lo había comentado. Y a lo que iba, en función de lo que logre averiguar diseñaré el plan que vamos a seguir y las tareas que corresponderán a cada uno. También intentaré hacerme con la dirección de Portela, uno de mi promoción, que dirigió el grupo de Patrimonio Histórico hasta que se jubiló, y aunque es la discreción personificada trataré de tirarle de la lengua.
- Oye, Jacinto, lo de trabajar de manera individual me parece que puede resultar aburrido – opina Ponte -. Una de las virtudes que creíamos que iba a tener este proyecto es que íbamos a estar mucho más tiempo juntos, ir cada uno por su cuenta ya es lo que hacemos ahora. Además, vosotros todavía sois jóvenes, pero yo no me veo con ánimos ni fuerzas para investigar lo que sea sin el apoyo de alguno de vosotros. Por eso mi pregunta es ¿no sería mejor trabajar por parejas?
- Lo estudiaré, Manolo, y veré si es aconsejable. En cualquier caso, encontraremos una solución para que no tengas que hacer muchas tareas de manera solitaria. No te preocupes. Dadme cuarenta y ocho horas y tendré mucho más perfilado el plan de acción. De momento, Amadeo, ve completando el archivo periodístico sobre noticias del robo que ya tienes en marcha. Y tú, Luis, comienza a rastrear en internet toda la información que encuentres sobre el Tesoro Quimbaya. Nos volveremos a ver pasado mañana.
- ¿Y yo qué hago? – pregunta Ponte.
- Tú sigue paseando a tu nieto por delante del Museo de América a ver si te enteras de algo nuevo.
- Con el niño no voy a poder ir, mi hija me ha prohibido que vuelva a pasearlo por allí – explica Ponte.
 - Antes de marcharnos deberíamos volver a brindar. Una vez que Amadeo tiene un detalle no vamos a dejar mediada su botella – sugiere Álvarez.
- Propongo un brindis – dice Ponte -. Brindemos por la puesta en acción de la patrulla de jubilatas.
   El cuarteto de policías aficionados no solo ya tiene sede sino que también entra en juego, aunque Grandal continúa pensando que esas alegrías iniciales puede que no duren demasiado tiempo. De todas formas, se dice, cosas más raras se han visto.

domingo, 24 de abril de 2016

*** Guía para seguir “El robo del Tesoro Quimbaya”




   Ha sido una lectora del blog quien me ha llamado la atención sobre algo que faltaba en la publicación de “El robo del Tesoro Quimbaya”. A diferencia de las anteriores novelas, “Apartamento con vistas al mar” y “La pertinaz sequía”, en ésta no existía una página secundaria con la guía o índice de personajes, lugares y entidades de la narración. Sencillamente, lo había olvidado. Mi memoria ya no es lo que fue.
   Reparo el olvido y hoy mismo cuelgo en el blog la citada guía. Se encuentra en la parte derecha donde pone Páginas. Si se pincha en la guía aparece la relación de personajes por orden alfabético de apellidos. Tras cada nombre hay una somera descripción de quién es cada uno.
   Asimismo, incluyo los lugares y entidades más importantes de la novela que están ordenados por la inicial de su nombre, a lo que añado una breve explicación de su situación o su función.
   Puesto que la historia se publica en forma de novela por entregas, esta guía puede resultar una eficaz herramienta para no perderse a lo largo de los distintos episodios.
   A medida que vayan surgiendo nuevos personajes los iré incluyendo en la guía.
   Espero que esta guía ayude a seguir mejor el desarrollo del relato.

viernes, 22 de abril de 2016

20. Les debo una y es hora de pagársela



   En la conversación que están manteniendo los cuatro jubilados para convencer a Grandal de que les lidere para investigar el robo del tesoro, Ponte, que era quien hablaba, ha hecho una pausa para beber agua lo que supone un pequeño lapso de tiempo que aprovecha Grandal para cavilar sobre como rechazar la propuesta que le están haciendo sin ofender a sus ancianos amigos, Álvarez para mordisquearse las uñas y Ballarín para tomar el relevo del decano del grupo y completar el esfuerzo común para convencer al excomisario.
- Mientras Manolo se refresca, te diré que una actividad fuera de lo acostumbrado en nuestras rutinarias vidas sería iniciar una especie de investigación paralela del suceso de marras. Y déjame que conteste algunos de tus anteriores interrogantes. ¿Qué es una propuesta descabellada? No lo niego. ¿Qué el caso lo está investigando la policía? Por supuesto, pero nosotros no queremos suplantarla, nuestra investigación sería más un juego, un entretenimiento que otra cosa. ¿Con qué equipo contarías? Aquí tienes tres ayudantes, es evidente que ninguno somos el doctor Watson, pero entusiasmo no nos falta. ¿Qué así no llegaremos muy lejos? Eso lo damos por descontado, pero nuestro objetivo no es tanto resolver el caso, sino pasárnoslo bien. Anda, Luis, sigue tú, así participamos todos.
- Sigo con las respuestas a tus preguntas – Álvarez toma el relevo de sus colegas -. ¿Cómo obtendríamos información? Para la general, hoy día está todo en internet y a Amadeo y a mí no se nos da mal navegar por la red. Para obtener información concreta sobre el caso hay que investigar y para ello tú eres imprescindible. Y no necesitamos ninguna financiación porque no vamos a ir al extranjero, lo que no consigamos desde nuestras casas lo dejaremos correr. En cuanto al apoyo informático, quizá no lo sepas, pero Amadeo y yo hicimos un curso sobre informática en el programa para mayores de la Universidad Carlos III y, como he dicho, nos bandeamos muy bien en la red.
- Jacinto, como ves, lo hemos pensado todo; bueno, casi todo – Ponte retoma la palabra -. Si te niegas a formar parte del grupo lo entenderemos y… lo sentiremos, porque sin ti somos conscientes que este plan no tiene viabilidad. Eres el único que sabe investigar, que tiene experiencia policial y que conoce cómo enfocar el asunto. Tú tienes que ser el director, el líder, quien nos guie en una materia de la que el resto solo sabemos lo que hemos leído en la literatura policíaca o en las series que dan en la tele. Tuya es la última palabra. Si dices que sí, nos darás un inmenso alegrón, si tu respuesta es negativa, no te vamos a poner mala cara, lo prometemos y, por supuesto, seguirás siendo titular de pleno derecho en el dominó.
   Grandal entrecierra los ojos como para concentrarse en la última parrafada de Ponte. Ahí los tiene, un octogenario y otros dos que van en camino, mirándole expectantes esperando su decisión. Un recuerdo de su infancia le viene a la mente: la carita ilusionada de su hermano menor cuando su padre le regaló la equipación completa del Real Madrid, que era el club de sus amores. Y vuelve a recordar que, seguramente, él pondría la misma cara de alegría cuando los Reyes Magos le trajeron su primera bici. Ahí los tiene. De pronto, no sabe si por esos recuerdos de un tiempo muy añejo o porque les ha cogido cierto cariño a sus carrozas amigos, resuelve dar un cambio insospechado a su postura, va a seguirles la corriente. Está convencido que el juego durará poco, que se cansarán en cuestión de días o quizá de semanas, pero se cansarán. También hay otro motivo que le induce a no romper la baraja, es algo que nunca ha contado a los vejetes ni piensa hacerlo. Cuando se jubiló comenzó a jugar al dominó, juego que no practicaba desde que ascendió a inspector. Al principio lo hizo en un club de policías retirados hasta que tuvo que abandonarlo tras tener varias broncas con otros socios, en la última de ellas la cosa se saldó con algo más que palabras. Terminó recalando en el casino militar, pero nunca se encontró a gusto entre los uniformados, le daba la sensación de que siempre le miraban de reojo. Un día se acercó al Centro de Mayores de Moncloa que está cerca de su domicilio a ver si encontraba partida. De entre las mesas de la sala de juego surgió una voz que pronunció su nombre:
- Grandal, Jacinto Grandal – Al pronto, al viejo, casi un anciano, que le había llamado no lo reconoció, pero en cuanto se acercó lo identificó enseguida.
- Manolo Ponte, dichosos los ojos. ¿Cuántos años hace que no nos vemos?
   Ponte le presentó a sus otros compañeros. Una de las primeras preguntas que le hicieron fue ¿te gusta jugar al dominó? Precisamente estaban a falta de un jugador para completar el necesario cuarteto del juego por parejas. Desde ese momento habían transcurrido ya más de tres años y hasta el presente, pullas de los ganadores aparte, nunca habían tenido el menor roce. Sí, les debo una y es hora de pagársela, se dice.
- Bueno, me habéis convencido. Os ayudaré, pero…
   El pero de Grandal es ahogado por las palmas del terceto. Algunos de los viejos del centro se vuelven, curiosos, a mirarlos y hay uno que les grita:
- ¿Qué pasa, alguien se ha quedado a cero?
- Os ayudaré – retoma la palabra Grandal -, pero con condiciones. Una es que no haremos nada que pueda interferir o perjudicar la labor de la gente que lleva la investigación. Otra es que si llegásemos a descubrir algún dato que la policía desconozca lo pondremos inmediatamente en su conocimiento. La tercera atañe al grupo, en el momento en que vea el menor atisbo de aburrimiento o de cansancio en cualquiera de vosotros dejaremos el juego. ¿Alguna duda?
   La respuesta de los tres entusiasmados jubilados es unánime.
- Gracias, Jacinto – Ponte sigue arrogándose el papel de portavoz del terceto -. No te arrepentirás de tu decisión.
- Bien, pues queda constituido el grupo de investigación parapolicial del Caso Inca. Y la primera cuestión que pongo sobre el tapete es que si queremos hacer las cosas medianamente bien hemos de buscar un lugar adecuado para reunirnos, esta sala vale para el dominó pero no para nuestras nuevas tareas. Luis, tú que conoces a la administración de este desguace – Así es como suele llamar Grandal al centro de mayores -, ¿sabes si nos podrían facilitar una salita aunque fuera pequeña, pero solo para nosotros?
- La gestión que planteas ya la hice con resultado negativo – contesta Álvarez, demostrando con ello que los viejos van por delante de Grandal, y añade -. La cuestión de dónde reunirnos la hemos tratado y después de estudiar varios posibles lugares como centro de reunión, llegamos a la conclusión de que tendría que ser en uno de nuestros domicilios. Y ahí siguen los problemas. Quien tiene la casa más espaciosa es Amadeo, pero su mujer ha dicho que de reunirnos allí ni soñarlo. En mi casa tenía una habitación libre bastante grande, pero desde que se separó la ocupa mi hijo José Antonio. En cuanto al apartamento de Manolo ya sabes que es minúsculo y no podríamos movernos con soltura. Amadeo ha propuesto una alternativa: que nos reunamos en el chalé que tiene en Villaviciosa de Odón, pero eso supone tener que coger los coches para desplazarnos hasta allí.
- Bueno, pues de momento, y provisionalmente mientras no encontremos algo mejor, podemos reunirnos en mi piso – ofrece Grandal -. Lo cierto es que está hecho una pocilga, pero todo será cuestión de coger la fregona y el cubo y hacer una limpieza general.
- ¿Y dónde vives? – pregunta Amadeo.
- Aquí al lado. En Benito Gutiérrez. ¿Sabes dónde está el Polideportivo de los Sagrados Corazones?, pues enfrente.
- Pues no se hable más, queda formalmente constituido el grupo parapolicial de los carrozones al que le va a tocar el honroso honor de descubrir a los mangantes que robaron el Tesoro Quimbaya. Bueno – matiza Ponte con una sonrisa burlona -, al menos que lo va a intentar.
- Manolo, eres un pico de oro. Tendrías que haberte metido a político – remacha Álvarez medio en serio, medio en broma.
- Quita, quita, que yo lo que pretendo es encontrar a unos chorizos y no formar parte de ese gremio – es la vitriólica respuesta de Ponte.