viernes, 18 de marzo de 2016

10. Una tertulia de casino



   En tanto los Sacapuntas vuelven a la Comisaría General para seguir desgranando los pormenores del “Caso Inca” a su colega francés, el único testigo del mismo está entregado a su divertimento favorito: jugar al dominó en compañía de sus amigos. Tras las obligadas tomaduras de pelo a los perdedores echan su ratito de tertulia en la que se habla de todo un poco. Hoy se centran en lo que es la noticia de hace muchos días, más bien de muchas semanas: Cataluña y los devaneos secesionistas de una parte de su nuevo parlament.
- ¿Creéis que serán capaces de conseguirlo? Me refiero a si lograrán ser independientes – pregunta Álvarez.
- Por mí pueden irse a tomar viento. Me la suda que sean independientes o que se conviertan en un protectorado de Kazajistán – Grandal no se para en barras.
- Yo creo que es una barbaridad lo que están haciendo los de Junts x Sí y la CUP. Cataluña ha sido siempre parte de España y así debe seguir. En un mundo global, y donde la tendencia es ir a constituir grandes núcleos sociales, económicos y políticos, es una locura pretender volver a la Edad Media – opina Ballarín.
- Yo estoy con Amadeo. Si se independizan a las bravas, ¿dónde van a ir los catalanes fuera de todos los organismos internacionales, incluida la Unión Europea?, ¿qué van hacer cuándo quieran exportar sus productos y tengan que pasar por el aro de las aduanas europeas o, en su caso, españolas?, ¿a quién le venderían sus productos?, ¿sabéis que Cataluña exporta más a Aragón que a Francia, por poner un solo ejemplo? Lo que se proponen es una insensatez – concluye Álvarez.
- No solo una insensatez – abunda Ballarín -, también es un ataque directo a la democracia. Por eso ya hay gente que no les llama independentistas sino golpistas. Porque lo que pretenden es dar un golpe de estado. El otro día escuché una entrevista a un expresidente del Tribunal Constitucional que así lo afirmaba. Y añadía que, por mucho que los secesionistas hablen de democracia, desde el momento en que no respetan el ordenamiento jurídico dejan de ser demócratas. Porque el pilar básico de toda democracia es el respeto a la ley.
- Lo que había que hacer era mandarles a la División Acorazada Brunete y todo se acabaría en un abrir y cerrar de ojos – opina Álvarez.
- No desbarres, Luis, la Brunete ya no existe – replica Grandal.
- Bueno, pues se manda a la Legión – contrarresta Álvarez.
- Hoy has venido de lo más belicoso, eh – comenta con sorna Grandal.
   Quien no ha opinado nada hasta el momento sobre el controvertido asunto es Ponte, por eso Ballarín le anima a hablar:
- ¿Y tú qué opinas, Manolo?
   Ponte se quita las gafas, las limpia con una gamuza que lleva en la funda y se repantiga en la silla como para estar más cómodo. Se nota que le encanta que le pregunten sobre la cuestión del nacionalismo catalán.
- En este caso concreto, la verdad es que no tengo una opinión cerrada. Creo que la unión de un país debe ser como la de un matrimonio, si las cosas entre la pareja se ponen mal y están todo el día regañando mejor es que se separen. El problema es otro cuando solo un cónyuge es el que quiere separarse. Que es lo que ocurre aquí. Una parte quiere irse sin tener en cuenta los deseos de la otra, algo que es muy propio del sentir nacionalista. Hay que tener en cuenta que los nacionalismos, por su propia razón de ser, son siempre excluyentes. Un nacionalista, de donde sea, es un hombre cuya obsesión es construir fronteras, marcar límites, poner aduanas, todo para que los demás no les contaminen. Se entiende que no físicamente, sino en sus sentimientos y creencias.
- ¿Y eso cómo se compadece con que en Cataluña haya una buena parte de nacionalistas que se califican de izquierdas? – inquiere Álvarez.
- No hay nacionalismos de izquierda – contesta rotundo Ponte -. Para la ideología izquierdista; es decir, para los comunistas, para los socialistas su nación es el mundo. Recordar algunas estrofas de la Internacional: arriba parias de la tierra…, el género humano es la internacional…, agrupémonos todos en la lucha final, etcétera. Toda la letra del himno trasciende cualquier tipo de frontera, algo que tanto encandila a los nacionalistas sean de donde fueren.
- Vamos a ver, Manolo, y perdona, pero no estoy de acuerdo con tus tesis – rebate Álvarez -. ¿Quieres decir que la ideología de un partido que se llama Izquierda Republicana no es la de un nacionalismo de izquierdas? Y no digamos los de la CUP que son más rojos que lo era la Pasionaria. Si esos dos partidos, que son los que sostienen al president Mas, no son de izquierdas yo soy un monje capuchino.
- Pues lo siento, Luis, pero mi respuesta sigue siendo que no. Todos esos que se autodenominan izquierdistas son, antes que nada, nacionalistas duros y puros, todos los demás adjetivos que puedan ponerse son cortinas de humo. No niego que puedan tener veleidades izquierdistas, pero en ellos prima el sentir nacionalista mucho antes que el ideario socialista o comunista. Ya expliqué antes porque sostengo que, desde un punto de vista conceptual, la idea de nacionalismo excluye la de socialismo o la de comunismo. Para un progresista el mundo se divide entre explotados y explotadores, entre proletarios y patronos. Para un nacionalista la división es entre ellos y los demás. Todos los que no sean de los de ellos los excluyen, sean obreros o capitalistas.
- Vaya, ahora resulta que tenemos en el grupo a todo un filósofo de la historia – proclama Grandal con su conocida ironía -. Lo que nos faltaba.
   Ballarín, que parece muy interesado en las ideas que expone Ponte, le anima a proseguir:
- A ver, Manolo explícanos tu concepto del nacionalismo con más detalle y me refiero al nacionalismo en general.
- Que pesaditos estáis con lo de nacionalismo. Si eso es más antiguo que las gaseosas de bolita y además ese asunto ya aburre hasta las ovejas – se lamenta Grandal que pasa de todo lo que huela a política.
- No seas plasta, Jacinto, a ti es que no te importa casi nada, pero a Luis y a mí sí que nos interesa conocer la opinión de Manolo que parece que sabe la tira sobre el tema – arguye Ballarin.
   Ponte, hinchado como un pavo real pues no es habitual que pidan su opinión, retoma su exposición:
- Nacionalistas son los que sacralizan su tierra, su raza, su lengua, su historia, su cultura... En fin, aquello que según ellos los hace distintos de los demás. Su doctrina se basa en que se consideran diferentes y, en el fondo, mejores que los demás que son todos los que no comulgan con su credo, casi sería mejor decir que no comulgan con sus sentimientos, porque el nacionalismo es más un sentimiento que un cuerpo doctrinal. Se parece más a la religión que a una concepción política. Tiene más que ver con los emociones que con las razones. Eso es lo que lo hace tan atractivo y al tiempo tan peligroso. Pretender convencer a un nacionalista con razones, con la lógica, con el sentido común es empresa tan imposible como intentar que abjuré de su fe un creyente sincero. Es un tema endiabladamente complicado. Ahora bien, he leído mucha historia y estoy absolutamente convencido de que el nacionalismo es una de las mayores lacras de la humanidad. Y no me refiero al nacionalismo catalán o al español, sino al nacionalismo sin adjetivos, al nacionalismo de todos los tiempos y latitudes.
- Oye, Manolo – inquiere Álvarez -, ¿y los catalanes que quieren ser independientes que cosa sacralizan?
- Pues una mezcla de todo: su tierra, en la que incluyen lo que llaman la Cataluña del Norte en Francia, la Franja de Poniente aragonesa y los llamados Països Catalans, sus tradiciones… , pero si tuviera que centrarme en un solo elemento…, el becerro de oro de sacralización de los secesionistas sería la lengua. Han hecho de ella una especie de fetiche, algo que está por encima de todo. De ahí su obsesión en blindarla y para preservarla eliminar toda huella posible del castellano.
- Bueno, señores, hasta aquí ha llegado mi paciencia. Sois más cargantes que las últimas películas de Almodóvar. Me recordáis a esos vejetes de pueblo que matan las tardes en el casino arreglando los problemas políticos del mundo mundial. Cuidaros – y dicho esto, Grandal toma las de Villadiego.

martes, 15 de marzo de 2016

09. Pues no se come tan mal en España



   La falta de tacto que ha supuesto la pregunta de Blanchard sobre si el oro de los Quimbayas era el que robaban los españoles ha encolerizado a Bernal. Atienza, que empieza a conocer a su compañero, ve como a éste se le hincha una vena en el cuello y antes de que salte el primer chispazo se adelanta, aunque decide que el galo se merece al menos una banderilla de fuego.
- Ya sabes lo que pasa con los tópicos de los países, Michel, falsos en la mayoría de ocasiones. Por ejemplo: que los españoles somos ladrones y los franceses cornudos. Digo yo que habrá compatriotas honrados y que todos los tuyos no llevan necesariamente cuernos. Aclarado esto, creo que debemos centrarnos en el caso. Como decía, en cuanto a la orfebrería sus obras eran un prodigio de estética y de finos acabados. Hasta tal punto que el nombre quimbaya se ha convertido en un término genérico para referirse a otras piezas y objetos encontrados en las zonas a que me he referido antes. La técnica que usaban para fundir el oro y lograr el grado exacto de pureza para alearlo con el cobre todavía no ha sido descubierta y sigue siendo un misterio sobre el qué arqueólogos y expertos metalúrgicos siguen discutiendo en nuestros días.
- ¿Y dónde radica el misterio de esa técnica de aleación? – pregunta Blanchard que se ha dado cuenta de lo incorrecto de su pregunta y trata de congraciarse con sus colegas.
- Pues que para lograr el nivel exacto de oro y cobre, como el que ellos consiguieron, hubiesen tenido que emplear hornos que tendrían que alcanzar los mil grados de temperatura para fundir las piezas. Y eso, con los conocimientos genéricos de las culturas precolombinas se antoja como imposible. Quizá emplearon otra tecnología distinta, pero desconocemos cual. Ahí está el misterio, uno de los muchos de esta etnia.
- ¡Vaya con los quimbayas! – exclama el francés -. Son una caja de sorpresas.
- Y uno de los objetos culminantes de su orfebrería son los famosos poporos – prosigue Atienza –. El poporo es una especie de pucherillo cuyo uso principal fue servir de recipiente en un ceremonial religioso en el que la principal sustancia usada era el mambe.
   Atienza parece dar por descontado que todo el mundo sabe lo que es el mambe y no se le ve en disposición de dar mayores explicaciones. Su compañero Bernal es la primera vez que escucha tal término, pero le importa un comino la vida de unos indios que pasaron a la historia. Blanchard está en el mismo caso, pero sigue empeñado en corregir su yerro.
- ¿Qué es el mambe?
- Es una mixtura que nace de la combinación de la hoja de coca tostada y hecha polvo con la ceniza de las hojas del yarumo. Y para evitarte otra pregunta, el yarumo o guarumbo es un árbol que se da en varias zonas de América y que vive en climas cálidos, aunque puede crecer a alturas de más de dos mil metros. Los colombianos creen que este árbol, sus frutos, hojas, corteza, etcétera, tiene tantas propiedades farmacológicas que un solo ejemplar vale por toda una farmacia. La ceniza de este árbol tiene como función liberar el alcaloide de la hoja de coca para dejar al descubierto sus propiedades. Una vez que obtenían el mambe lo combinaban con una pasta de tabaco llamada ambil. Esta mezcla era utilizada como medicina y en los rituales religiosos.
- O sea, que lo que hacían era colocarse – afirma Blanchard -, al igual que hacen ahora tres de cada cuatro garçons.
   La expresión que ha usado el policía francés, propia del argot juvenil, hace sonreír a Atienza que precisa:
- No, no se colocaban. Se drogaban, sí, pero en un sentido muy diferente al actual. Para los quimbayas, como para casi todos los pueblos indígenas sudamericanos, la coca es una planta sagrada que da vida, no la quita, es una medicina que cura cuerpo y espíritu y dentro de esta concepción era como la trataban y utilizaban.
   Bernal, que empieza a conocer la pasión indigenista de su compañero, sabe que cuando Atienza se lanza a explicar lo mucho que conoce sobre las culturas precolombinas el tiempo se le pasa sin darse cuenta. Decide intervenir.
- Caballeros, es la hora de hacer un receso, como diría un sudaca, y tomarse unas birras o lo que toméis los parisinos antes del almuerzo. Por tanto, vamos a cerrar la barraca.
   Cerrar la barraca, repite el francés, ¿a qué barraca se referirá?
   Los policías españoles llevan a su colega galo a una taberna cercana a la Dirección General de la Policía donde se toman unas cañas. El francés pide un perroquet. Como el barman confiesa su ignorancia, Blanchard le explica que es una mezcla de pastís con jarabe de menta y agua. El camarero lo lamenta, lo único francés que tiene es pernod, se tendrá que conformar con ello. La pareja española ha pedido algo para acompañar las cervezas: un plato de encurtidos, unos mejillones en salsa picante y unas cazuelitas de callos a la madrileña que al gabacho le pican como demonios. El francés piensa que en asuntos de mesa sus colegas tienen mucho que aprender, pero recuerda el viejo proverbio de en Roma como los romanos y se abstiene de formular objeciones, no es cuestión de volver a meter la pata. Cuando terminan el aperitivo, Blanchard se pone en plan castizo y exclama:
- Y ahora que hemos comido, vuelta al curro. ¿No es así como lo decís? – El francés ha querido demostrar a sus colegas hispanos que también conoce términos del argot español. Lo que sus paisanos llamarían boulot.
   Atienza y Bernal no pueden por menos que sonreír ante la ingenuidad del francés.
- Lo que hemos tomado no ha sido más que para abrir boca. Comer, lo que se dice comer es lo que vamos a hacer en Casa Nicomedes – le explica Bernal.
   Blanchard no sabe si sus colegas están hablando en serio o en broma, pero enseguida lo descubre cuando llegan al restaurante del tal Nicomedes. El restorán no está nada mal para ser español, piensa el galo; es un luminoso chalé con cristaleras, tiene un cierto aire colonial y una terraza-jardín en la que, en el templado otoño madrileño, se debe estar de maravilla. Pero lo que deja touché al galo es el menú elegido por sus anfitriones, puesto que le han dicho que, dado que es su primer día, la cuenta corre a cargo de la Dirección General. De entrantes toman un tartar de salmón con mango, luego unas anchoas de Santoña con helado de tomate y twister de langostino con salsa agridulce. Como plato fuerte unos raviolis de rabo de toro con muselina trufada de patata violeta. Todo ello regado con un Somontano que lleva al francés a tomar nota de la etiqueta de la botella. Y de postre tarta de manzana con crema de Idiazábal y helado de pacharán. El francés ha de reconocer que el menú no ha estado mal, desde luego a mil  leguas del aperitivo, aunque como buen gourmet opina que los raviolis de rabo de toro no han estado a la altura del resto del almuerzo.
- Pues no se come tan mal en España – admite el galo.
- ¡Nos ha jodido mayo! – replica Bernal -. Lo que pasa es que hoy los barandas se han estirado algo más que de costumbre. Con las dietas que cobramos estos comederos los vemos solo de lejos. Ya verás, ya verás en los próximos días las cafeterías de menús baratos a las que te vamos a llevar.
   Lo que ahora tiene un tanto preocupado al francés es cómo va a poder trabajar mientras sus jugos gástricos luchan para hacerse con los nutrientes del colmado almuerzo. Bueno, piensa, me dejaré llevar y a ver como este par de…, no sabe cómo calificarlos, de excéntricos llevan la sesión de la tarde. Para justificar su posible merma de rendimiento en la segunda parte de la jornada prefiere ponerse la venda antes que la herida:
- Os confesaré algo, no sé si después de un almuerzo tan completo me quedarán arrestos esta tarde para seguir trabajando – confiesa Blanchard.
- ¿Y por qué crees que aquí se inventó la siesta? – pregunta un risueño Bernal a quien el ágape ha puesto de buen humor.

viernes, 11 de marzo de 2016

08. Oro que robaban vuestros antepasados



   A Bernal, que le ha caído mal el franchute, le alegra que pese a su dominio de la lengua desconozca los vocablos poco usuales del español. Pero no se molesta en aclararle el significado de frisar, es Atienza quien lo hace:
- Frisar quiere decir acercarse o estar próximo a algo, especialmente a una determinada edad, en este caso que estaba a punto de cumplir los cuarenta. Prosigo. Como decía, se casó con Purificación Carreño, de profesión sus labores. Tuvieron dos hijos: Clara, nacida en mil novecientos setenta y ocho y David dos años después. Hasta que nació el benjamín, la familia vivió en un piso que tenían en Sevilla la Nueva y que Manuel heredó de sus padres, luego compraron un chalé pareado en Villaviciosa de Odón. La esposa de Ponte falleció en el dos mil cinco. Unos años después vendió la vivienda de Villaviciosa y compró dos pisos en Hilarión Eslava, una calle del barrio de Gaztambide que es limítrofe con la Ciudad Universitaria. Su hija Clara, que se había casado, se quedó a vivir en uno de los pisos con su marido e hijos y Ponte en el otro, donde algún día vivirá su hijo David que está de profesor de español en Estados Unidos. En el plano profesional, el año noventa y dos fue un momento importante para Ponte puesto que su empresa de toda la vida, Hidrola, se fusionó con Iberduero para dar lugar a Iberdrola, la compañía eléctrica más importante del país. A raíz de esa fusión hubo un ere…
- Un expediente de regulación de empleo – aclara Bernal que ya se ha dado cuenta que los acrónimos del español de nuestros días tampoco son el fuerte del franchute.
– Y una oferta de prejubilaciones – prosigue Atienza - con buenas condiciones. Ponte fue uno de los que se acogió a la oferta y al año siguiente, con cincuenta nueve tacos, causó baja en la compañía y engrosó el mundo de los prejubilados. En la década siguiente, viajó bastante, tanto por España como por el mundo, en compañía de su esposa hasta el fallecimiento de ésta. Desde entonces ha llevado una vida tranquila y reglada. Tiene una asistenta que lleva con la familia hace muchos años y que se encarga de la casa y de prepararle las comidas. Por las mañanas, a primera hora, el viejo sale a comprar el pan y de paso se toma un cafelito en cualquiera de los bares cercanos. A media mañana, si hace bueno, saca a pasear a sus nietos. Precisamente en uno de esos paseos fue cuando se topó con el suceso del museo. Este año, como el nieto mayor va a la guardería, solo pasea con el pequeño. Los jueves come con unos amigos jubilados en algún restaurante del barrio y dos días a la semana, martes y jueves juegan por la tarde unas partidas de dominó en el Centro de Mayores de La Moncloa. Y poco más. Como ves, lleva una vida plana y sin mayores incidencias que los alifafes propios de una edad tan avanzada como la que tiene.
   El francés está a punto de preguntar que son alifafes, pero se contiene, lo que hace es ahondar en la imagen que se va formando del testigo:
- ¿No tiene ninguna cuenta pendiente con la justicia?, ¿tiene un expediente limpio?
- Cuenta ninguna si exceptuamos alguna multa por aparcamiento indebido, pero eso en una ciudad como Madrid le ocurre al mejor de los ciudadanos.
- ¿Se le conocen vicios o aficiones que necesiten de mucho dinero para satisfacerlos?
- Es hombre bastante moderado en todo. Suele beber un vaso de vino en las comidas y se toma alguna que otra caña, es exfumador, no juega salvo alguna semana que echa una primitiva y en cuanto a mujeres personalmente me da la impresión que ya no se le levanta. En resumen: está más limpio que una patena – afirma Bernal.
- Entonces, ¿ninguna incidencia, nada fuera de lo corriente?
- Nada. El mayor sobresalto que habrá podido tener en los últimos años será que le hayan ahorcado el seis doble en alguna partida – comenta Bernal echándole guasa a su respuesta.
   Otra vez con el español coloquial, se dice Blanchard. Tendrá que sugerirles en algún momento que procuren utilizar la lengua normativa y no la de la calle. ¿Qué será eso de ahorcar el seis doble? Aunque la palabra partida le induce a suponer que se debe tratar de algún juego.
- Alors, ya me habéis descrito la biografía del testigo, ahora solo falta que me contéis los datos del robo que no figuran en el dossier que enviasteis a París.
- ¿A qué datos te refieres? – pregunta Bernal.
- A cuales van a ser, a los del Tesoro de los Quimbayas.
   Blanchard algo sabe del tesoro. Durante el viaje a Madrid entró en internet buscando información sobre el mismo. Después de desechar diversas webs se limitó a leer lo que la Wikipedia recogía sobre esa muestra de la cultura precolombina. Sospecha que sus colegas hispanos saben mucho más de lo que han incluido en el expediente que enviaron a Paris, por eso les pregunta sobre ello. Antes de contestar al francés, Atienza y Bernal se miran. El de la judicial se encoge de hombros y le pasa la pelota a su compañero:
- Lo del tesoro de los indios mejor te lo cuenta Juan Carlos, que de eso lo sabe todo.
   Atienza asiente e inicia su exposición, se le nota que está en su elemento.
- Antes de hablar del tesoro, te voy a dar algunas pinceladas del pueblo y la cultura que fue capaz de fabricar esa maravilla. La de los quimbayas fue una etnia que vivió en parte del territorio de lo que hoy conocemos como Colombia. Cuando llegaron los españoles estaban organizados en una suerte de federación cuyo centro principal se ubicaba en los alrededores de la actual ciudad de Chinchiná, situada en el oeste del país, y cuyo nombre, en lengua indígena significa río de oro. Los quimbayas opusieron una tenaz resistencia frente a los conquistadores españoles que, tras duras batallas, consiguieron derrotarles. No tanto por su superioridad en número de guerreros, pero sí en lo concerniente al armamento y a las tácticas militares. Tras ser vencidos, los quimbayas continuaron existiendo, pero finalmente como grupo organizado y como cultura desaparecieron hacia principios de mil setecientos.  
- ¿En qué partes del territorio colombiano dices que se asentaron? – quiere saber el galo a quien, al parecer, le gustan las precisiones.
- Sobre la localización exacta hay lagunas, lo que está más documentado es que vivieron en algunos de los actuales departamentos de Colombia, tales como Caldas, Quindío, Risaralda y el Valle del Cauca. En cuanto a su cultura lo que más se conoce de ella es la minería, fundamentalmente aurífera, y la orfebrería. Llegaron a contar con unas técnicas metalúrgicas muy avanzadas para procesar el oro, especialmente para combinar cobre con oro que no abundaba en su región. Esa combinación de oro y cobre, llamada tumbaga, la llevaban a cabo de manera que fueron capaces de dotar a las piezas que elaboraban de un brillo, durabilidad y atractivo realmente espectacular. Fueron unos verdaderos maestros en la fabricación de objetos con metales preciosos, especialmente con el oro.
- Oro que luego se lo robaban vuestros antepasados, ¿no? – pregunta el gabacho con su miajita de mala leche.