viernes, 4 de septiembre de 2015

7.8. ¿Flechazo?


     Como marca la tradición, el baile lo ha abierto la reina que este año, en recompensa a la generosa aportación al evento de su familia, es Maribel Altava. Al son de un vals de Strauss interpretado por una orquestina local, la reina por una noche y el presidente de la comisión han dado unas cuantas vueltas sobre la improvisada pista. Después los demás debutantes se han apresurado a secundarles.
   Acodadas en una esquina del tablero montado sobre caballetes, que hace las veces de barra, Beatriz Villangómez y Carmen Ribes, que son las encargadas de capitanear a los chicos que ponen copas, contemplan las evoluciones de las parejas. Ambas, pese a su juventud, pertenecen al segmento femenino que ya no está en la primera fila del flirteo. Beatriz aprobó el año anterior las oposiciones al Cuerpo del Magisterio Nacional y Carmen acaba de obtener plaza de enfermera en el hospital clínico de Valencia. Han bailado con algunos amigos, pero la mayor parte del tiempo lo que han hecho ha sido fisgar y criticar a todos cuantos se han puesto a tiro, especialmente a las jovencitas debutantes.
- Por ahí va Marisa, ¿quién diablos le habrá aconsejado que se ponga semejante vestido con el caderamen que se gasta? Parece una mesa camilla, pero la que se lleva el premio a la mayor hortera de la noche es...
- Matilde Puig – completa Beatriz -. ¿Será posible que crea que ese horrible vestido le sienta bien? ¿Y por qué tantas orquídeas? Con lo bonitas que son y a ella le sientan como un par de pistolas a un santocristo.
- ¿Qué te parece cómo va la reina de la noche?
- Ni fu ni fa. Maribel juega con la ventaja de que, como tiene buen tipo, cualquier cosa que se ponga le sienta bien, pero va demasiado recargada de volantes y perifollos.
- ¿Esa no es Aurorita la Barquera? – señala Beatriz.
- La misma y, lo que son las cosas, con la fama que tiene su madre de bastorra, va vestida con bastante gusto y lleva unos zapatos monísimos. Aunque para gusto el de tu futura cuñadita, lleva un traje precioso y sabe lucirlo. Observa a tu hermano, se le cae la baba mirándola.
- Natural, está prendado de ella hasta las cachas.
- Por ahí va una que también se come a su pareja: Julita Piñol. En cambio, él no parece feliz. Y es una pena, merece serlo. Miguelito es un gran chico, pero no baila con quien quisiera. A veces pienso que el amor termina complicándolo todo.  
   Alguien llama a Carmen. Cuando vuelve, Beatriz le musita:
- Oye, hay un forastero que lleva rato sin quitarnos ojo de encima, ¿no es el nuevo veterinario? Mira con disimulo, a tu espalda y a la izquierda.
   Carmen se gira y, sin cortarse un pelo, mira en la dirección señalada.
- Sí, el mismo en carne mortal.
- ¿Cómo se llama? – quiere saber Beatriz.
- Alfonso Grau no sé qué más. Tiene buena planta, ¿verdad? Todas las casaderas del pueblo van detrás de él como gatas en celo. Le han invitado a un montón de guateques y reuniones, pero no ha aceptado ninguna. Al parecer tiene novia en Valencia.
- Lola Sales me habló de él y me dijo que me lo presentaría, ya sabes lo casamentera que es, pero hasta el momento no se presentó la ocasión. Y te doy la razón, no está nada mal el mozo.
- ¿Cómo que nada mal? Está para comérselo a bocaditos y no dejar ni la cáscara.
   Beatriz ha cruzado un par de veces su mirada con la del veterinario, cuando percibe que se dirige derechito a ellas. Cuchichea:
- Disimula, Carmen, se está acercando.
- ¿Quién se…? – antes de que Carmen pueda concluir la pregunta la interrumpe la llegada de Alfonso Grau.
- Hola, ¿cómo están señoritas? – y pasando sin más al tuteo, Grau añade -, ¿me permitís invitaros a una copa?
- ¿Por qué no? – Carmen se pone tras la barra - ¿Qué quieres tomar y, por cierto, cómo sabes que somos señoritas?
- Te contesto por orden: tomaré un cubalibre de ron. ¿Y por qué he deducido que sois señoritas? Fácil: si dos mujeres tan encantadoras como vosotras estuviesen casadas o comprometidas tendrían al lado a sus respectivos consortes o parejas vigilantes como halcones. Al menos, eso es lo que haría yo si tuviera la fortuna de ocupar ese lugar.
- ¿Seguro qué es el primer cubalibre que tomas? – pregunta Carmen con una sonrisa en los labios.
- Palabra de honor. No necesito de la ayuda del alcohol para proclamar, urbi et orbe, que acabó de descubrir las dos perlas más lindas del baile – afirma Alfonso, impostando la voz.
- ¿Tú debes de ser de ciudad, verdad? – le interpela Beatriz.
- ¡Aleluya! Ya me estaba temiendo que fueras mudita. ¿Cómo lo has descubierto?
- Porque los pueblerinos nunca vamos tan rápidos en los primeros contactos, solemos emplear un tempo más piano.
- Una señorita que, además de preciosa, sabe utilizar correctamente un italianismo puede ser cualquier cosa menos pueblerina – Una agradable sonrisa acompaña a su comentario.
   Beatriz le devuelve la sonrisa. De pronto el desangelado local parece haberse transformado en un lugar mucho más alegre.
- ¿Y qué se te ha perdido por aquí? – le interpela Carmen.
- He venido para quedar bien con mis amigos, los boticarios del lugar y, sobre todo, con mi barbero que es quién me desveló los secretos de este sarao.
- O sea, que estás aquí de mirón como nosotras – puntualiza Beatriz.
- Si he de ser sincero, tengo que decir que lo estaba. He dejado de estarlo en el momento en que os he descubierto. Si me permitís, creo que es momento de presentarme como es debido: Alfonso Grau, natural de Valencia y vecino por el momento de Senillar.
- Carmen Ribes, natural y vecina del lugar y Beatriz Villangómez, natural de Covaleda y actualmente vecina de Ademuz.
- ¿Entonces no vives aquí? – pregunta Alfonso, dirigiéndose a Beatriz, y sin poder evitar un leve tono de desilusión.
- Soy maestra y tengo la escuela en Ademuz – explica Beatriz que se apresura a puntualizar -. Mi familia sí vive aquí, por eso paso las vacaciones en el pueblo.
- En cualquier caso, me reafirmo en lo dicho: sois las más encantadoras de la fiesta.
   A Carmen no le cabe ninguna duda: aunque el joven utiliza galantemente el plural al referirse a ellas, es consciente de que toda la palabrería va dedicada a su amiga. Solo basta ver como la mira. Y decide que ha llegado el momento de hacer mutis.
- Me disculparéis, pero tengo que dejaros. Mis deberes como cantinera mayor me reclaman. Ah, una puntualización, Alfonso. Te quedas con la mujer más encantadora y, en mi opinión, la más sexy del baile que, además, da la casualidad que es mi mejor amiga. Como no te comportes con ella como un auténtico caballero me apareceré en tus sueños y los convertiré en pesadillas – Y acompaña la frase con un asomo de sonrisa.
- Tienes mi palabra de caballero que el buen nombre y la honra de esta doncella están a salvo conmigo. Si así no lo hiciera – y Alfonso levanta teatralmente su mano derecha –, que el Señor me lo demande.
   Al quedarse solos, Beatriz se apresura a comentar:
- No le hagas mucho caso a Carmen, es la ironía personificada.
- La ironía solo la saben emplear las personas inteligentes – acota Alfonso -. Y esa clase de personas suelen temer amigos que también lo son.
- Esa regla debe de tener excepciones, yo soy una de ellas.
- Los modestos también suelen ser inteligentes.
- Entonces casi no debe de haber tontos, ¿dónde se deben meter?
- Ahí – Alfonso señala la pista de baile – seguro que hay más de uno.
- Has de saber que uno de los tontos que está bailando es mi hermano pequeño.
- Tocado – admite Alfonso, sin inmutarse -, pero debo añadir que la regla que me acabo de inventar también tiene sus excepciones.
- Tienes salida para todo, deberías ser abogado. Me rindo.
- No intento derrotarte sino desplegar todos mis encantos para seducirte – Y como el verbo no le parece el más adecuado, se apresura a añadir -. Honorablemente, se entiende. Pero estoy de acuerdo contigo, basta de juegos verbales. ¿Bailamos?
   Beatriz ni tiene tiempo de aceptar la invitación cuando Alfonso ya la estrecha entre sus brazos. La circunstancial pista de baile se ha transformado, de pronto, en un paraíso para la danza. ¿Flechazo?

martes, 1 de septiembre de 2015

7.7. Su hija podría ser la reina del baile



   El comité organizador del baile de los estudiantes es quien se encarga de filtrar y seleccionar los postulantes. En torno a ciertos nombres se libran auténticas batallas hasta que se llega a un consenso. Cuando no hay acuerdo se vota a mano alzada, pero es un hecho infrecuente, lo usual es que la comisión termine pactando. Tú apoyas a mi candidato, yo respaldo al tuyo. El baile de este año se presenta especialmente complicado. Para empezar, la constitución del comité ha sido muy laboriosa. No se han presentado voluntarios y los integrantes que lo formaron el año anterior han tenido que encargarse de todo. Al final, lo constituyen los de siempre: Beatriz Villangómez, Miguel Vinuesa, Pepín Mañes y la preside Juan Manuel Almiñana, uno de los escasos universitarios del pueblo.
   No solo ha habido problemas con los integrantes de la comisión, también está siendo complicado encontrar un sitio adecuado para el festejo. En años anteriores solían alquilar un local de la calle Sichar que se utilizaba cómo cine de verano, pero el edificio se ha vendido y tienen que buscar otra sede. La Villangómez es una de las encargadas de la búsqueda y, como en tantas ocasiones, acude a Lola Sales para que le ayude, más que a encontrar un local apropiado a que use su influencia para conseguir uno al que ya le ha echado el ojo.
- La verdad es que no hay muchos locales en el pueblo que sean adecuados para acoger el baile – apunta Lola.
- Yo pensaba en el local multiusos que tiene el Ayuntamiento – sugiere Beatriz.
- Creo que está lleno de trastos: los gigantes y cabezudos de las fiestas, las herramientas de la brigada de obras y mil cacharros más.
- Eso ya lo sé, pero nos encargaríamos de llevar todos los trastos a un pajar que nos prestarán los padres de Juanma Almiñana y tras el baile lo volveríamos a dejar todo como estaba.
- No sé, no sé si el Ayuntamiento accederá.
- Anda, Lola, como tu marido diga una sola palabra al oído del alcalde nos cederán el local sin ningún problema.
- Bueno, no te prometo nada, pero lo hablaré con José Vicente.
   La gestión no prospera porque Gimeno le argumenta a su mujer que la mayoría de la población no vería con buenos ojos que el Ayuntamiento prestara gratis et amore el local a los hijos de las familias más pudientes, que eso sería visto como una manera más de apoyar a los ricos en detrimento del resto de la población. A Lola no le convencen excesivamente los argumentos que esgrime su marido, pero acepta su punto de vista y lo traslada a Beatriz. Tras muchos descartes, al final la comisión tiene que conformarse con alquilar un almacén que, además, va a costar bastante más de lo que pagaban antes. En el transcurso de la negociación entre Paco Vives, el dueño del local elegido, y los representantes de la comisión, Juan Manuel y Beatriz, a esta última se le ocurre una idea que a lo mejor sirve para rebajar el precio del alquiler.
 - Señor Vives, hablando de otro tema: ¿ha pensado que su hija Amparín podría ser la reina del baile? La comisión tiene la potestad de coronar como reina a la debutante que considere más idónea.
- No es algo que me haya planteado y no sé si le gustaría, pero se lo puedo preguntar. ¿Y exactamente, qué hacen las reinas?
- La reina es quien preside todos los actos de la noche y entre otras prerrogativas tiene la de entrar a formar parte de la comisión, puede presentar candidatos para asistir al evento y es la que abre el baile.
- ¿Y cuánto dura ese reinado?
- Solo la noche del baile. Por cierto, en caso de que su hija acepte, espero que nos haga una rebajita.
- ¿No has pensado nunca en dedicarte al comercio, muchacha? – Vives responde con esa pregunta a la que añade -. Ganarías más dinero que de maestra. Te lo digo porque se te da bien lo de negociar y te adelanto mi respuesta: si para ser reina hay que rebajar el precio, no lo será. ¿Quedamos, pues, en lo acordado?
   Tras la marcha de los comisionados, Vives recapacita sobre el acuerdo alcanzado con los estudiantes. Después de darle muchas vueltas llega a la conclusión de que no ha hilado fino en el trato, ha sido excesivamente duro. Se ha comportado como un comerciante y no como un político. Desde que le cesaron de alcalde suele actuar así. Y piensa que es un error. Gimeno es forastero, y los forasteros pronto o tarde suelen terminar yéndose, aunque se hayan casado con alguien del pueblo. El día que se marche José Vicente, piensa, alguien tendrá que tomar las riendas del poder y ese alguien puede volver a ser él. Ha de prepararse para ese momento y por eso necesita ser más político y menos comerciante. La organización del baile puede ser un buen filón para dispensar favores. Sabe que hay familias que pierden el oremus para que inviten a sus retoños. Si alguien consiguiera, directa o indirectamente, influir en la comisión para decidir determinadas admisiones se ganaría algunos amigos. Y esa clase de favores son de los que hay que devolver. La idea aparece clara en su mente: el próximo año les rebajará el alquiler y, si fuera preciso, se lo dejará gratis.                        
   A la jornada del baile se la conoce popularmente como el Día del Agua de Azahar. Los nervios de las debutantes y de sus madres están más tensos que la piel de una zambomba por lo que son capaces de tomarse cualquier mejunje que sirva para calmar su nerviosismo. Aunque los que se llevan la palma de la preocupación son aquellos que, por unas u otras causas, cierran la operación del acompañamiento horas antes del festejo. Algo así les ha pasado precisamente a los Vives. Tras crispados enfrentamientos entre el matrimonio, Paco, muy a regañadientes, ha transigido; permitirá que Amparín vaya al baile con el chico que ha elegido y su esposa se compromete a intentar que la muchacha vaya olvidándose del mozalbete en cuanto pase un tiempo. En el cambio de actitud de Vives ha pesado lo suyo la información que le dio el director del grupo escolar de que el matrimonio Villangómez ha pedido en el concurso de traslados del magisterio por el turno de consortes y es posible que les den plaza, por lo que más pronto que tarde se irán del pueblo.
   Asimismo, hay decisiones que atañen a la participación en el baile tomadas anteriormente, pero que solo se explican a última hora. Como la justificación del cambio de pareja de la niña de los Altava. La madre no se la dio en su momento a su hija, pero si se la da ahora a su marido. Le cuenta que el chico mayor de los Vinuesa invitó a la hija para que fuera al baile con él y que a la niña le agradaba la idea. Afortunadamente, la hija se lo contó antes de que la cosa se formalizara.
- Mi respuesta fue tajante: le dije que le diera las gracias al muchacho pero que ya tenía pareja. La niña se extrañó y preguntó quién era. Le contesté que todavía no lo sabía, pero que no le diera alas. Que me parecía un buen chico, pero que podía aspirar a más.
- Pues Miguelito tiene fama de ser un gran chaval y parece que es muy buen estudiante. Va para maestro y los Vinuesa no están descalzos. Podría ser un buen partido para la niña.
- Los hombres es que no os paráis a pensar. Ya sé que es un magnífico chico, que es de buena familia y que algún día será maestro. Ahí es donde está el problema.
- ¿Qué es un problema ser maestro? ¿Por qué, porque ganan poco dinero? A ese chico cuando herede no le va a faltar de nada, y a nuestra hija ni te cuento.
- Sigues sin entenderlo, Francisco. No se trata del dinero, sino de la profesión. Trabajando de maestro tendrá que buscarse un colegio privado, algo que aquí no hay, o  sacar las oposiciones al Magisterio Nacional; en uno u otro caso lo van a destinar Dios sabe adónde. Imagínate que se casara con la niña. Tendría que irse dónde fuera su marido y nos quedaríamos sin hija. Solo la veríamos de tarde en tarde. ¿Y para eso nos hemos desriñonado trabajando?, ¿para dejarle un fortunón y verla una vez cada no sé cuánto tiempo? Y si la hija vive fuera, ¿quién nos cuidará cuando seamos mayores? Quita, quita.
- En eso no había caído – masculla el marido.
- Lo que he dicho, es que no pensáis. Mientras tú no mandes otra cosa, la niña se quedará en el pueblo y se casará con alguien que no vaya a irse por esos mundos de Dios. Y si es un chico que tenga un trabajo de señor, mejor que mejor, aunque no disfrute de muchos posibles. Que los cuartos ya se los vamos a dar nosotros.
- Y a todo esto, ¿con quién va a ir?
- Con el chico mayor de Juan José Castaño. Verás, lo estuve pensando y creo que es lo mejor para Maribel. El otro día vino a verme la mujer de Castaño y estuvimos charlando un buen rato. Su chico, José Antonio, está de escribiente en el Ayuntamiento de Benialcaide. Como Juanjo sigue teniendo sus buenas influencias políticas va a intentar que le trasladen aquí y, puesto que el muchacho está preparando las oposiciones para secretario, lo mismo cuando se jubile don Nicanor puede ser su sustituto. Podría ser un buen partido para la niña – ante el gesto de sorpresa de su marido, se apresura a añadir -. Digo que podría, no que vaya a serlo. Si lo piensas reúne las condiciones de las que a veces hemos hablado: es un buen chico, parece no tener vicios, es de una familia conocida, tiene estudios y un trabajo seguro. Y lo mejor, como te he dicho, es que posiblemente terminará trabajando aquí por lo que tendríamos a la hija en casa. Ahora, si a ti no te parece bien...
   El gesto de asentimiento del marido cierra el diálogo, más bien el monólogo de la esposa. Mujeres.