martes, 14 de julio de 2015

6.6. La respuesta de Lolita



   La controversia local sobre la necesidad de la construcción de algún tipo de obra costera que resguarde el poblado de la Marina ante futuros temporales genera opiniones para todos los gustos. Uno de los hombres con más prestigio en el pueblo, Manuel Lapuerta, opina que en la controversia suscitada será Gimeno quien le gane por la mano a Vives, opinión que no es compartida por todos. Son muchos los que apuestan a favor del alcalde. Paco, que es inculto pero no tonto, no está tan seguro de ganar el envite. Es el primero en darse cuenta de que su estrella política va declinando y que si no echa un órdago la partida la va a terminar ganando su oponente. Uno de los pocos proyectos que le quedan en cartera para llevar el agua a su molino es la petición de la construcción de un puerto o, en su defecto, un refugio pesquero o una escollera en la Marina. La correspondiente solicitud ya fue enviada a Madrid hace casi un año, pero hasta el momento no se ha recibido ninguna noticia sobre la misma. Vives decide convocar una reunión de sus amigos políticos para tomar la decisión sobre qué resolver con la petición de las obras en el barrio marítimo.
- ... y tenemos que hacer algo porque de Madrid no dicen ni pío.
- Ya se sabe, las cosas de palacio van despacio.
- Cuando quieren no es así. Mismamente el Ministerio de Obras Públicas acaba de aprobar la construcción de un nuevo espigón para el puerto de Denia, y me han dicho que esa solicitud fue posterior a la nuestra – se lamenta Vives.
- Es que yo creo que no concretamos lo que queríamos. Si mal no recuerdo pedíamos la construcción de un puerto, un refugio pesquero o una escollera. Igual en Madrid se han armado un lío y no saben muy bien lo que queremos, porque no me negaréis que no es lo mismo construir un puerto que una escollera. Yo no soy ingeniero y no entiendo de construcciones, pero se me alcanza que entre esas obras las diferencias han ser grandes – apunta uno de los asistentes.
- A mí me parece que has dado en el blanco. No tendríamos que haber pedido tres cosas sino una sola. Si lo hubiésemos hecho, a lo mejor a estas horas ya nos habrían dicho que sí – remacha otro.
   Los reunidos se enzarzan en una estéril discusión sobre qué debían de haber solicitado a la administración central, hasta que Vives da un puñetazo en la mesa y trata de encauzar el debate.
- Así no vamos a ninguna parte. Lo que está hecho, hecho está. Ahora lo que tenemos que decidir es qué vamos a hacer ante la callada por respuesta que nos están dando. Lo he pensado bien y creo que tenéis razón los que opináis que deberíamos haber hecho una sola petición. La madre del cordero es saber cuál de las tres obras que solicitamos tendría que ser la que deberíamos volver a pedir. Yo tengo hecha mi composición de lugar, pero me gustaría escuchar que opináis los demás.
   Se produce una pausa en la discusión. Da la impresión de que nadie quiere recoger el guante que ha lanzado el alcalde, hasta que uno de los asistentes, un tal Nicolás, después de carraspear, toma la palabra:
- Como nadie dice ni mu, voy a deciros lo que pienso. Yo soy partidario de que deberíamos de solicitar la obra más barata de las tres, que supongo que debe de ser la escollera. Me imagino que, como se ha dicho, entre construir un puerto y una especie de muro para resguardar las casas de los temporales tiene que haber una gran diferencia de presupuesto. Aunque construyeran un puerto no creo que los pescadores que se fueron al Grao de Valencia vayan a volver y hacer una obra de ese calado tiene que costar un riñón. En cambio, si construyen un espigón o algún tipo de defensa salvaremos la Marina y esa obra puede costar, tirando por alto, unos cientos de miles de duros. Y además, si lo conseguimos, cosa que veo posible, le habremos ganado por la mano a Gimeno y Paco se habrá apuntado un tanto.
   El resto de contertulios, que habían estado silentes hasta el momento, se muestran de acuerdo con la propuesta de Nicolás, les parece una buena idea que puede salir adelante por su bajo coste.
- Pues yo no estoy de acuerdo con esa propuesta – rebate de manera tajante Vives -. Os voy a explicar por qué. Si pedimos la escollera, en Madrid se van a preguntar ¿y para qué quiere esa gente un rompeolas?, ¿para salvar un centenar de casuchas que todas juntas no valen un real? En eso le doy la razón a Gimeno, sería más barato construir casas nuevas para los marineros que un dique costero. Creo que en esto no podemos ir de pobres y lo de la escollera es solo una solución para ir tirando, pero en el fondo no arregla nada. Hay que ir, como en el guiñote, a por las cuarenta y las diez de últimas.
- Entonces, ¿qué propones?
- Que nos olvidemos de la escollera, del refugio costero y de todas esas gaitas, hay que ir por el premio gordo, a por el puerto. Si conseguimos que lo construyan, imaginaos lo que puede ser para el pueblo. Dice Nicolás que los que se han ido al Grao no volverán, eso habría que verlo, pero si no vuelven esos vendrán otros porque esta zona tiene los mejores caladeros del golfo de Valencia, la prueba es que muchas de las barcas del Grao, de Gandía y de Denia vienen a pescar aquí. Si la Marina sube también prosperará Senillar, porque si hay muchas capturas podrían montarse fábricas de conservas, de harina de pescado, y que sé yo..., de otras muchas cosas que ahora no se me ocurren. Y si lo conseguimos, y todo es ponerse a ello, no es que le ganaremos a Gimeno, es que de una jodida vez nos lo cargaremos, a él y a todos los Arbós que son el verdadero peligro. Aunque a estos últimos pienso pasarles la mano por el lomo a ver cómo respiran.
   Los que unos minutos antes habían apoyado la propuesta de Nicolás se decantan ahora por la de Vives. Volverán a rehacer la documentación de la solicitud enviada al Ministerio y pedirán la construcción de un puerto.
   Cuanto se ha referido en la reunión se lo cuenta Severino Borrás a Gimeno con pelos y señales. El conocimiento inmediato de los planes del antagonista le permiten al jefe local ir siempre unos pasos por delante. En este caso, la jugada que piensa ejecutar es informar nuevamente al Gobernador Civil del proyecto del primer edil. Al poncio provincial no tiene que gustarle nada que un alcalde de tres al cuarto se permita puentearlo reiteradamente. Otro de los movimientos que también le sopla su chivato es que Paco, en una jugada tan audaz como peligrosa, piensa invitar a los Arbós a que se unan a su causa. Como esa acción puede producirse en cualquier momento, José Vicente decide anticiparse, pero antes piensa que debería consultarlo y… ¡a quién mejor que a la que pronto será su esposa! Porque ese es el hecho que ha conmocionado su presente: el que Lolita, tras muchas cábalas y vacilaciones, le haya respondido. Y en su respuesta no ha podido ser más franca.
- Quiero ser muy sincera contigo, José Vicente. Le he dado mil y una vueltas a tu proposición. Verás: me pareces una bellísima persona, encantador, ocurrente y alguien de quien una se puede fiar; vamos, lo que se dice un tío majo de verdad. Siento por ti respeto, simpatía y hasta admiración, pero hay un pero, un pero capital: no estoy enamorada de ti. Y eso es lo que me ha hecho dudar tanto. Si sabiendo esto mantienes tu propuesta, te voy a responder que sí, que acepto ser tu novia y, si tras el noviazgo todo va bien, también estoy dispuesta a ser tu esposa. Y al igual que te digo que no estoy enamorada, también quiero que sepas que, llegado el momento, seré una buena esposa, solícita, respetuosa y que siempre, siempre, te seré fiel.
   Desde los primeros días del noviazgo Gimeno intuye que no conquistará a Lolita poniéndose romántico ni siquiera siendo detallista. Lo único que a Lolita le pone y le atrae, de una manera irresistible, es la controversia política. Cuando debaten algún tema político en el que hay que posicionarse, la mujer piensa, razona, discute y casi siempre suele terminar emitiendo una opinión plena de sensatez, unas veces, de originalidad, otras, y siempre es una opinión trufada de astucia y sutileza. Piensa que, al menos, en ese plano la hace feliz. Algo es algo, porque en el terreno de los sentimientos sigue sin estar muy convencido que los de Lolita sean tan apasionados como los suyos. Bueno, se dice Gimeno, como suelen repetir los campesinos de secano: el que en julio no trilla, en agosto no agavilla. Vamos, que lo que peor le puede ocurrir es lo de otro refrán: verdes las han segado. No se ha de precipitar. Si Lolita todavía no está madura para quererle como él la quiere, habrá que tener paciencia y seguir tratándola con mucho mimo y cuidado. Ya llegará el día en que pueda segar, trillar y agavillar de una tacada. Por el momento tendrá que conformarse con verla como se excita al debatir sobre política.

viernes, 10 de julio de 2015

6.5. Ser incoherente no es una opción válida



   La política nacional no es precisamente, en estos días, el debate estrella en los mentideros locales, sino el plan del alcalde sobre las obras que deberían realizarse para salvar el poblado costero de la Marina de los embates de las olas. El proyecto de que se construya un puerto en el caserío marítimo y su posible impacto en la vida local pronto es motivo de comentarios y opiniones de toda índole. Aunque en la controversia se da una paradoja: los senillenses viven más bien de espaldas al mar pese a que solo dista tres kilómetros del pueblo. De hecho, lo visitan solo en ciertas festividades a lo largo del año: el día de San Juan, el de San Pedro, cuando la Virgen del Carmen o la Asunción, y para de contar. Lo de tomar baños de mar se considera una rareza propia de los señoritos de la ciudad y son contados los que tienen afición a la pesca. Quizá por eso, a la mayoría de los vecinos lo de que se pueda construir en la mar, como suelen denominar al Mediterráneo, es algo que les resulta un tanto distante y ajeno a su vida cotidiana. En la tertulia del café de Alejandro el Pipa las opiniones parecen mayormente hostiles a la idea de construir alguna obra que resguarde la costa.
- A mí me parece que construir un puerto en la Marina supone tirar el dinero.
- Estoy de acuerdo con Blay, un puerto… ¿para qué? Si no quedan más que tres o cuatro barcas de mala muerte.
- Si lo hacen a lo mejor vienen más – apunta el optimista de turno.
- No seas iluso, ¿de dónde van a venir? ¿Tú crees que los que se fueron al Grao de Valencia o a Denia van a volver? Ni hartos de vino, vamos. Por no venir no vendrán ni los de Gandía.
- Pero si hay un puerto –insiste, terco, el optimista – podrán también atracar barcos de carga.
- ¿Barcos de carga? ¿Y qué cojones van a cargar aquí?, ¿algarrobas, almendras, naranjas, cagarrutas…? No digas chorradas. En vez de gastarse la millonada que debe costar construir un puerto mejor harían en utilizarla para traer el canal del Ebro. Eso sí que sería una riqueza para el pueblo.
- Y a todo esto, ¿qué opinan los Arbós?
- Lo que les parezca a los Arbós me da la impresión de que ya pesa poco. Yo creo que ahora la opinión importante es la de Gimeno. Ese pájaro cada día tiene más fuerza y, según me han dicho de buena fuente, en Valencia lo valoran mucho.
- Suponiendo que eso sea así, ¿alguien ha oído decir algo al de la cooperativa?
   El silencio que sigue a la pregunta parece confirmar que nadie tiene ni idea de la opinión del jefe de Falange que apunta, cada vez más, maneras de cacique.
- Ese punto es muy zorro y a buen seguro que no abrirá el pico hasta que vea de donde soplan los vientos dominantes.
- Pues yo me atrevo a anticipar que seguro que no ve con buenos ojos la idea. ¿Qué de dónde lo saco? Fácil, como el plan es de Vives estoy convencido de que no lo va a apoyar. Sería la primera vez que José Vicente coincidiera en algo con Paco.
- Por una vez, os voy a llevar la contraria, yo creo que sería buena cosa para el pueblo que se construyera un puerto.
- No digas gilipolleces. Ya lo ha dicho Blay, cualquier cosa que se haga en la mar será como tirar el dinero.
- Sin faltar, eh, que yo no me he metido con nadie. Y no me apeo del burro. Si se hace el puerto será mucho mejor que si no se hace nada. Y teniendo en cuenta que eso lo patrocina Vives, un tipo que no da puntada sin hilo, ¿vosotros creéis que no tendrá previsto qué hacer con el puerto? Amos, anda.
   En cambio, en el café de El Porvenir, que suele acoger a lo más granado de la sociedad local, las discusiones sobre el plan son apasionadas y las opiniones están más repartidas.
- ¿Y qué les parece lo del puerto? – Esteller lanza la pregunta como quien suelta un globo sonda.
- ¿Pero no iban a hacer una escollera? – Siempre hay alguien fuera de onda.
- Parece que han pedido varias soluciones, una de ellas una escollera, efectivamente, pero Vives prefiere que hagan un puerto. Lo sé de buena fuente – responde el barbero.
- Dudo mucho que se construya un puerto. Sería demasiado arroz para tan poco pollo – afirma sentencioso Grau, el veterinario.
- ¿A qué viene eso del pollo, don Alfonso? – inquiere el barbero.
- Es una forma de hablar. En este caso el pollo serían la media docena de barcas de pescadores que restan.
- Cabe suponer que si se hace no será pensando en las que ahora hay, sino en las que puedan venir – apunta Bonet, el ferroviario.
- Sigo creyendo que construir un puerto, un refugio pesquero o lo que coño sea, por pequeño que fuera, sería una inversión ruinosa. Este es un pueblo que vive del campo y lo que hay que potenciar es la agricultura. Ahí es donde hay que invertir y no en la mar – remacha uno de los agricultores presente.
- Sois todos unos antiguos – Sanchís, el boticario tercia en la discusión -. Cualquier mejora que se haga en la Marina, sea la que fuere, tiene que repercutir favorablemente en la economía local. Y que pueda haber un puerto no supondrá ninguna rémora para la agricultura, antes bien todo lo contrario. Cuantos más y mejores medios de comunicación haya más y mejores salidas tendrán las cosechas. Lo que no tengo claro es a qué juega Gimeno en todo este tinglado.
- Yo se lo diré, don José – Esteller, bajando la voz para que no le oigan en las mesas contiguas, susurra -. Una persona, y me perdonarán pero no puedo decir el nombre, me ha soplado que José Vicente está como una pantera con lo del puerto y que va a mover todos los hilos habidos y por haber para cargarse el proyeto…
- Proyecto, Martín, proyecto – le corrige el boticario.
- Bueno, como se llame, pero parece cierto que el de San Isidro está que echa los bofes.
   Esa misma noche, en la tertulia privada en torno a la radio de Lapuerta, la primera pregunta que formula Bonet al médico es sobre el debate del hipotético puerto.
- ¿Qué opina usted de lo de la Marina?
- Pienso lo mismo que ha dicho Sanchís. Yo no lo hubiese explicado mejor. Estamos ante una situación idéntica a la del desvío de la carretera. Todo cuanto sea potenciar las comunicaciones es intrínsecamente bueno para el pueblo.
- ¿Y qué le parece que Gimeno se oponga?
- Que es malo para él y dramático para el pueblo. En este país, la estrategia de la mayor parte de los políticos de campanario que padecemos consiste en oponerse por sistema a lo que propongan sus rivales. Les importa un higo si lo propuesto es bueno para la comunidad, lo que vale es cargarse las ideas de los otros. Y así nos luce el pelo. La verdad es que José Vicente me está defraudando, le hacía más generoso y con mayor visión de futuro, pero si es verdad lo que nos ha contado Esteller, que lo que le mueve es darle en el plexo solar a Paco Vives sin importarle el bien del pueblo me hace desmerecerle mucho. Con políticos así, estamos condenados a la mediocridad durante décadas pues mucho me temo que la partida la ganará Gimeno.
   La controversia sobre la bondad de la construcción de alguna clase de defensa marítima en la costa de la Marina también llega a la trastienda de la Moda de París.
- ¿Qué os parece lo que se dice de hacer un puerto en la Marina? – pregunta Consuelo.
- ¿Un puerto? Lo que me ha llegado es que si van a construir una especie de escollera para que las casas queden resguardadas de las tempestades – comenta Fina.
- Sea un puerto, una escollera o lo que fuere, creo que será algo bueno para el pueblo, pues de esa forma la Marina quedará a salvo de las olas y la playa se regenerará más rápidamente. ¿No opinas lo mismo, Lolita? – inquiere Beatriz.
    La interpelada calla. De pronto se da cuenta de que está atrapada en una pura contradicción. Es consciente de que Beatriz tiene razón: la bondad de la obra, sea de la clase que fuere, parece indiscutible, pero ella está ayudando, de alguna manera, a que no se haga nada. La falta de coherencia que esa discordancia supone le produce una honda melancolía. Tendrá que replantearse si su apoyo a los planes políticos de Gimeno debería seguir adelante o no. Como suele repetir su madre: ser incoherente no es una opción válida.

martes, 7 de julio de 2015

6.4. No valen las medias tintas



   Lolita explica a su madre que José Vicente se le ha declarado y que está hecha un lío, no sabe qué hacer y le pide su opinión. La señora Leo, tras escuchar la declaración de su hija de que no le ama, pero que siente un gran respeto y hasta una cierta admiración por su jefe político, es rotunda: le aconseja aceptar su petición de matrimonio. La joven se sorprende ante la categórica respuesta de su madre.
- ¿Y no sería mejor que le diera largas? – pregunta una dubitativa Lolita.
- En estos casos no valen las medias tintas, María Dolores. Él se ha portado como un caballero y tú debes de hacerlo como una dama. O aceptas su proposición o no la
aceptas, nada de marear la perdiz. Y puesto que has pedido mi opinión, acabas de oírla. Tu madre te aconseja que le digas que sí.
- Pero es que no estoy enamorada de él, mamá.
- Ya lo sé, pero él sí lo está de ti. Y un hombre que te quiere, que te respeta, que te considera y que está empeñado en desposarte, pese a que sabe que no le amas, será muy capaz de terminar conquistando, si no tu amor, si tu respeto y estima. Y ya te lo dije, eso lo tienen muy pocas mujeres que se casaron locamente enamoradas. Como hice en el pasado, y voy a hacer ahora, respetaré cualquier decisión que tomes y me tendrás siempre a tu lado pero, insisto, mi opinión es que lo aceptes.
   La charla no acaba de despejar sus dudas. Lolita comprende los temores que siente su madre por su futuro, por el día que pueda quedarse sola en una casa grande y vieja, con una tienda que también está declinando lenta pero inexorablemente. Es consciente de que su madre enfoca el problema no solo desde un punto de vista maternal sino también desde el de una mujer que ha rebasado la cincuentena.
   El último día del plazo, nada más levantarse, piensa que necesita contrastar su opinión con alguien de su edad, que pueda entender mejor sus anhelos, sus inquietudes y sus dudas. Como siempre, va en busca de su amiga Fina. Y vuelve a repetirse el proceso. 
- … y eso es lo que me dijo. Le he dado mil vueltas y lo único que he conseguido es un buen dolor de cabeza. Sigo sin saber qué hacer.
- Chica, me dejas de piedra. Así que José Vicente te ha pedido en matrimonio. Nunca me lo hubiese imaginado. Porque vaya saltos que ha dado el mozo, primero Pepita Arnau, luego Merceditas la Estanquera y ahora Lolita Sales. ¡Casi parece Barbazul!
- ¡Fina, por amor de Dios, tómatelo en serio! He venido para que me ayudes, no para que hagas bromas a mi costa. ¿Si estuvieras en mi lugar qué harías?
- Recuerdo que en una de tus muchas peleas con Rafael me preguntaste exactamente lo mismo. Varios años después volvemos a lo mismo. Ya me gustaría estar en tu lugar, bonita, pero ni mi Herminio ni mis hijos ni, posiblemente, mi suegra me iban a dejar – al ver el gesto contrariado de su amiga, Fina cambia de registro -. De acuerdo, se acabaron las bromas. Vamos a ver, cabecita loca, o yo no te conozco o tienes tanta vocación de soltera como Camila Tena de cabaretera. O sea, que lo que tienes que hacer es casarte. Ambas sabemos quién era tu príncipe azul, pero terminó convertido en rana. Este no es un príncipe, pero tampoco está tan mal.
- Pero no le amo.
- Perdona que me muestre dura, pero alguien ha de decirte las verdades del barquero. Tampoco amabas al Peloplancha y en algún momento estuviste dispuesta a emparejarte con él. Es evidente que con el boticario hubieses hecho mejor boda, pero como te conozco sé que el interés no es de las cosas que te hacen perder el sueño. Y de hombre a hombre no hay color. José Vicente no es que sea Gregory Peck, pero no está mal. ¿Qué no le quieres? Pues muy bien. No te cases con él. Siempre tienes a mano a Manolo Pitarch que lleva media vida poniéndote ojitos de cordero degollado. Mira si tienes suerte, no tienes uno sino dos pretendientes. De ninguno de los dos estás enamorada, aunque volvemos a lo mismo, entre Manolo y José Vicente no hay comparación posible. El secretario dela cooperativa da la impresión que es de los que se viste por los pies y el pobre Manolo todos sabemos que número calza. ¿Tienes algún otro pretendiente que desconozca? ¿No? Pues ya sabes, no hay más cera que la que arde.
- No sé por qué vengo a contarte mis problemas, Fina. A veces me da la impresión de que en lugar de ayudarme me los restriegas por la cara.
- No, Lolita, no. Estás equivocada. Me confundes con Consuelo. Yo te quiero bien, creo que no hace falta que te lo diga. ¿Desde cuándo somos amigas? Desde que íbamos a la clase de los cagones de doña Julia, ¿te acuerdas? Has sido la mejor de mis amigas y me gustaría que lo siguieras siendo, pero alguien ha de decirte las verdades. ¿Te ves llevando una vida cómo la que llevo?, ¿te gustaría?, ¿crees que a mí me gusta? Tú no estás hecha para una vida así de aperreada, trabajo en la casa, trabajo en el campo… Tú necesitas un hombre de la clase del boticario o del de la cooperativa.
- Sí, pero el amor…
- Mira, bonita de cara, creo que ya va siendo hora de que entierres los fantasmas del pasado y dejes de comportarte como aquella niñata que mojaba las bragas cada vez que Rafa le daba un beso. ¿Es necesario que te recuerde que un día de estos vas a cumplir veinticinco tacos? Hazte un favor: olvídate de una puñetera vez de tus sueños de adolescente y pórtate como lo que eres, como una mujer hecha y derecha. Y no tires a la basura la que puede ser tu última oportunidad. Sé realista, no tienes tantas opciones, y la que ahora se te presenta la puedes considerar como un regalo del cielo. ¿Sabes qué? me voy a comprar, para tu boda, el vestido más caro que encuentre en Valencia, a ver si a mi suegra le da un patatús. Porque espero que me invites.   
   Mientras Lolita se debate entre una y mil dudas para decidir qué contestar a la declaración de José Vicente, en el café de El Porvenir, hoy toca hablar de política. Todos los periódicos que llegan al pueblo recogen en primera plana y con gran alarde tipográfico la aprobación por las Cortes de la Ley de Sucesión. España recobra su condición de Monarquía como forma de estado y la ley prevé que en unos meses se llevará a cabo un referéndum para que pueda ser votado por el pueblo.
- Entonces, ¿van a volver los Borbones? – pregunta alguien.
- Eso habrá que verlo – contesta un escéptico.
- Pues si España vuelve a ser una monarquía, tendrá que haber un rey, ¿o no?
- Yo creo que estamos mejor con Franco, porque los reyes ¿para qué coño sirven? Os lo diré – prosigue Sanchís sin esperar a que alguien le rebata -, solo valen para figurar y para rodearse de gente de título que nunca hicieron nada. Franco, al menos, ha ganado la guerra y nos ha librado de los comunistas.
   Se entabla una discusión sobre qué será mejor: si la monarquía, la república o el régimen franquista, al que nadie parece saber definir con exactitud. Al final, llegan a la conclusión de que más vale malo conocido que bueno por conocer.
   Esa misma noche, Bonet pregunta a Lapuerta su opinión sobre la hipotética vuelta de la monarquía. El médico sí parece que lo tenga claro:
- Por lo que he leído, la Ley convierte a España en una monarquía, pero no dice nada concreto sobre la restauración monárquica.
- ¿Entonces…?
- Estoy convencido de que las pretensiones de Franco son, pura y simplemente, convertir su dictadura en vitalicia, pero como éstas no están bien vistas en el resto del mundo lo que intenta, con una jugada de cierta habilidad política, es disfrazar su régimen personalista con el manto de la Monarquía.
- Eso del régimen personalista, ¿qué significa exactamente? – quiere saber Bonet.
- Un régimen personalista es un eufemismo de dictadura. Y no me seas vago – se apresura a añadir el médico – y no me preguntes que es un eufemismo, búscalo en el diccionario. Y volviendo a tu pregunta inicial, España podrá ser una monarquía, pero Franco seguirá siendo el Caudillo por la gracia de Dios y respondiendo únicamente ante él y ante la historia.
- Yo no diría que es Caudillo por la gracia de Dios, sino porque Dios es un gracioso – apostilla el ferroviario haciéndose eco de un popular chascarrillo.