domingo, 7 de diciembre de 2014

*** 4000

Esta semana el blog alcanza las 4000 páginas vistas. Digo lo de siempre: ya sé que no es una cifra espectacular, pero para un blog que solo es soporte de una novela por entregas, de un autor desconocido, tiene su pequeño mérito. Como lo tiene el que el blog haya sido visitado desde 42 países de todos los continentes, salvo África.
Larga vida a todos los internautas que nos visitan.

viernes, 5 de diciembre de 2014

1.13. Pelea de gallos



   El zorro de Benjamín Arbós ha sabido elegir bien. Dos gallos no caben en el mismo gallinero. Los rifirrafes entre el alcalde y el jefe local comenzaron casi desde su primer encuentro. Vives tiene mucho carácter, es temperamental y está acostumbrado a imponer su voluntad. Gimeno es de los que las mata callando, tiene recámara, es inteligente y, ante su asombro, está descubriendo que mandar sabe más dulce que la miel. Al principio tuvieron roces sin importancia, pero rápidamente las diferencias se han ido ahondando. Y en las últimas semanas han surgido dos factores que han agrandado el foso que comienza a separarlos. Uno, de evidente calado, es el ámbito competencial. En el ordenamiento jurídico del nuevo estado español aparecen delimitadas qué materias corresponden a los Ayuntamientos y cuáles a las jefaturas locales del Movimiento Nacional, eso en la teoría, en la realidad es otro cantar. Como el poder es vertical y dimana siempre del inmediato superior, quien se lleva el gato al agua es el líder que tenga más y mejores contactos en la cadena de mando. Esa situación fáctica es tierra abonada para las peleas entre púgiles de similar pegada y eso es lo que ocurre en Senillar. En términos absolutos, Vives tiene más entidad por historial, por su capacidad de iniciativa, por conocimiento del pueblo y de su gente, al fin y al cabo es un senillense más. Gimeno apenas si tiene historia, su capacidad está todavía por demostrar, es forastero, pero cuenta con dos bazas que no posee Vives: es más ambicioso y, a través de los Arbós, está comenzando a tejer una interesada red de amistades en la capital. El propio José Vicente se sorprende a sí mismo al comprobar con qué rapidez está adquiriendo los modales y actitudes de un líder, como si llevara mandando toda la vida. El ejercicio del poder está cambiando hasta su habitual manera de comportarse. El hombre más bien retraído y poco seguro de antaño ha dado paso a otro convertido en un torbellino social y con un aplomo insultante. A veces piensa que es como si dentro hubiese llevado a otro ser en estado potencial y que al haber encontrado el ambiente adecuado se ha desarrollado plenamente. En cualquier caso, le apasiona el giro que está tomando su vida y cómo han cambiado su escala de valores y sus expectativas sociales.

   Otro factor que alimenta la enemistad entre ambos líderes es más bien grotesco: el protocolo. Hay una sorda pelea, no tanto entre ellos sino entre sus seguidores, para ver quién es el que ocupa el puesto de honor en una procesión, quién preside una conmemoración o quién inicia o termina un acto en el que haya que pronunciar unas palabras. Los problemas protocolarios han llegado a extremos esperpénticos e incluso han salpicado a otras autoridades. Un caso elocuente ha sido la ubicación en el templo parroquial de ambas autoridades en la misa cantada de los domingos: durante algunos festivos se sentaba en el primer banco de la derecha aquél de ambos que llegaba primero. La situación degeneró en una especie de carrera bufa que llegó al extremo de que algún domingo, bien Vives, bien Gimeno llegaron a la iglesia más de media hora antes de que empezara la santa misa con tal de asegurar el puesto de preeminencia. Y todo ello ante la rechifla de muchos convecinos que hasta hacían apuestas a ver cuál de los dos se sentaría antes en el dichoso banco. El absurdo pulso acabó tras intervenir mosén Amancio que recordó a ambas autoridades que en el banco en disputa siempre se habían sentado los miembros del Ayuntamiento y en el primero de la izquierda los representantes de los demás poderes locales. A Gimeno la resolución no le hizo ni pizca de gracia, pero se calló. Benjamín le ha repetido una y otra vez que con la Iglesia lo mejor es no meterse y decir amén a lo que propone. Además, ha descubierto que la arisca, al menos con él, encargada de la Moda de Paris no va a misa de doce sino a la de las siete de mañana, que es rezada y, por tanto, mucho más corta. Se ha pasado al culto de primera hora, así puede verla, aunque Lolita sigue tratándole de forma tan fría y distante como siempre.
  
   En lo que atañe a las formas, el alcalde y el jefe local se llevan bien y hasta se cruzan mutuos elogios. Eso en la superficie, en el fondo ambos son conscientes de que es cuestión de tiempo que uno derrote al otro, aunque por el momento las fuerzas parecen bastante parejas. Vives, como buen empresario, está demostrando ser un magnífico gestor y tener mucha iniciativa, en cambio no se le dan tan bien las relaciones públicas ni las intrigas palaciegas. Gimeno es el reverso de la moneda, no le gusta gestionar y prefiere que todo siga igual, pero aprende a marchas forzadas las artes del cabildeo y está ganando adeptos tanto en el pueblo como en la capital y además guarda un as en la manga: cada día es mejor orador. El enfrentamiento es cada vez menos disimulado. Se juegan el cetro del dominio local.
   El origen de su primer encontronazo serio es decidir la prioridad en la ejecución de dos importantes obras municipales: la instalación del agua corriente o la construcción de un grupo escolar. Vives opta por la primera, mientras Gimeno, que en principio le daba igual, se decanta por la segunda tras consultar con Benjamín Arbós. La pelea de gallos está servida.
- Es de cajón que la primera obra a ejecutar es llevar el agua a las casas – afirma el alcalde -. Ya contamos con el pozo excavado en el Calvario, de propiedad municipal, y que tiene caudal más que suficiente para abastecer a todo el pueblo. Es un escándalo que en un municipio tan rico en agua como el nuestro las mujeres tengan que seguir surtiéndose de las fuentes públicas. Si instalamos el agua potable será la primera localidad de la comarca que la tenga y eso puede atraer a más gente y quizá se instalen fábricas y comercios que den más vida y mejores posibilidades a los jóvenes de encontrar empleos fuera del trabajo del campo. Todo eso sin contar los considerables beneficios sanitarios e higiénicos que una instalación de esa clase va a reportar. La inversión es considerable, pero se podría buscar financiación en las entidades oficiales. 
- Mira, Paco – responde José Vicente -, no cuestiono la importancia que tiene la instalación del agua corriente, pero considero que no es la obra más urgente. En mi opinión – no lo cree así pero se trata más de llevar la contraria a Vives que de otra cosa - lo más urgente es la construcción de un nuevo grupo escolar. Después de la guerra, como bien sabes, ha habido un notable repunte en la tasa de natalidad y el número de críos se ha disparado, no caben en las aulas de las viejas escuelas, cuyas instalaciones son deplorables y a todas luces insuficientes. Un nuevo grupo escolar servirá no solo para escolarizar a todos los niños sino también para darles una mejor formación. Y tener una buena educación será lo que de verdad les dará las mejores posibilidades de encontrar buenos empleos.
   Lo que Gimeno no cuenta es que, además de darle en la cresta al alcalde, tiene otra motivación personal. Se ha hecho amigo de Ricardo Poveda, uno de los maestros jóvenes que llegaron al pueblo un año antes que él, y el conquense, Poveda es de Cuenca, le ha convencido de que urge levantar unas nuevas escuelas, las unitarias existentes están que se caen de viejitas. De hecho ya antes de la guerra hubo varios acuerdos municipales para erigir unas nuevas, pero por unas u otras causas las propuestas nunca llegaron a buen puerto. Ahora ha llegado el momento de llevar a cabo el antiguo proyecto.
- Construir un nuevo grupo escolar resultará muy caro y no es algo que urja – contraataca Vives.
- Bastante menos que lo del agua y además estoy convencido de que las autoridades nos prestarán su apoyo para financiar la obra. En cuanto a la urgencia es una cuestión opinable.
   Como ni el alcalde ni el jefe local se ponen de acuerdo terminan trasladando sus diferencias adónde dimana la fuente del poder de ambos. Paco pide audiencia al Gobernador Civil. José Vicente solicita ser recibido por el Jefe Provincial del Movimiento. La jugada de uno y otro es la lógica: pedir auxilio a su superior jerárquico, la única incongruencia es que ambos cargos los ocupa la misma persona.

   El secretario del Jefe Provincial del Movimiento es un chico joven, delgadito, con el pelo engominado y peinado a raya, luce un bigotillo como una raya, viste un traje marrón ojo de perdiz debajo de cuya chaqueta lleva camisa azul, pero lo que más resalta son las oscuras gafas que ocultan por completo su mirada.
- El camarada Asensio te recibirá en seguida – le comunica a José Vicente.
   Gimeno entra con aire decidido y, cuadrándose militarmente en medio del despacho, levanta el brazo derecho haciendo el saludo falangista al tiempo que con voz enérgica exclama: 
- Arriba España. Se presenta el camarada José Vicente Gimeno, jefe local de Senillar. A tus órdenes.

martes, 2 de diciembre de 2014

1.12. Debes respetar el vínculo



   En la iglesia parroquial se ha celebrado la función litúrgica de los nueve primeros viernes de mes, devoción que se deriva de una de las doce promesas que el Sagrado Corazón de Jesús hizo a Santa Margarita María de Alacoque y que, esencialmente, consiste en comulgar el primer viernes de cada mes durante nueve meses seguidos.  Acabada la función religiosa los fieles, casi todas mujeres y pocas de ellas jóvenes, van saliendo pausadamente del templo. Unas se quedan charlando junto a la puerta del templo y otras se marchan a casa. Camila Tena, con la unción de alguien que acaba de tomar la comunión, se desprende lentamente de la horquilla con que sujeta la mantilla y la pliega. Va camino a su hogar. De pronto, alguien la llama:
- ¡Camila!, ¿se puede saber dónde vas con tanta prisa?
- Lolita, hija, ¿dónde crees que va a ir una mujer casada? Y tú que cara eres de ver. Ya no se te ve ni en misa de doce de los domingos.
- Qué más quisiera, pero prefiero ir a la de siete. La verdad es que mosén Amancio es más bueno que el pan, pero no me negarás que es bastante pesado y las misas cantadas se hacen interminables. Bueno, cuéntame, ¿qué tal en tu nuevo estado?
- Pues bien, pero poco más puedo decirte. En cambio tú seguro que tienes mucho que contar. ¿Has pensado en lo que te propuse sobre la Sección Femenina?
- No mucho, la verdad, pero sigo sin tenerlo nada claro. Además, esta temporada   tengo mucho trabajo en la tienda. Hace mucho tiempo que no vendíamos tanto. Y luego tengo que echarle una mano a mamá que está bastante bien, pero ya no tiene el ánimo de hace unos años. Tú deberías saberlo pero, claro, como tienes criada y todavía – remarca la palabra para chincharla – no han llegado los hijos pues aún no te has enterado de lo que es ser ama de casa de verdad.
- Hija, oyéndote cualquiera diría que estoy todo el día mano sobre mano. Pues también tengo mis obligaciones, no creas.
- Si no lo dudo, pero es de cajón que no son las mismas. En el fondo, si he de serte sincera, te envidio.
- ¡Ay, Lolita!, no es oro todo lo que reluce. Todos llevamos nuestra cruz – es la contrita respuesta.

   Camila todavía no parece haber asimilado que es una mujer casada. Debería de haberse acostumbrado porque hace unos días celebró su primer aniversario, pero le cuesta hacerse a la idea. Por las mañanas, cuando despierta y ve a su marido durmiendo a su vera todavía se sobresalta y con frecuencia piensa que quizá hubiese sido más feliz con el alférez de complemento del que fue madrina de guerra, pero desde la batalla del Ebro no volvió a saber del oficial. ¡Qué desengaño! Hasta hubo momentos en que se le pasó por la cabeza profesar en una orden de clausura, pero no se atrevió a dejar sola a su madre que desde que los rojos asesinaron a su esposo no  volvió a levantar cabeza y se obsesionó con la idea de ver casada a su hija antes de morir. Además de soportar la obsesión de su madre por verla casada, Camila sufría la presión de mosén Amancio, el cura párroco del pueblo, que no perdía ocasión de martillear en el yunque de su soltería. Y que, cuando en el confesonario, la mujer le contó sus vagos deseos de profesar, tuvo que aguantar el rapapolvo que le echó el confesor:
- Camila, como eres una de mis contadas feligresas con buena formación cristiana está de más que te lo recuerde, pero tengo el deber de insistir. Sabes perfectamente que el estado natural de la mujer es el matrimonio y que la Iglesia Católica y la rediviva España necesitan madres que eduquen a sus hijos para ser mitad monjes, mitad soldados y eso solo está al alcance de mujeres tan piadosas y entregadas a la Causa como tú. Por tanto, nada de meterte monja, lo que debes de hacer es casarte y engendrar hijos para Dios y para la Patria.
  
   El problema de la soltería de Camila siempre radicó que en el pueblo no había buenos partidos o los que lo eran, contados, jamás se fijaron en ella, cuyos encantos nunca fueron nada del otro mundo. Su casorio vino por donde menos podía imaginar, del incierto mundo de los retornados del bando perdedor. Severino Borrás era uno de ellos. Antes de la guerra, su madre y él malvivían de lo que sacaban de un pequeño huerto y de las pocas pesetas que le pagaban por llevar las cuentas de un par de almazaras. Durante la contienda estuvo de escribiente en uno de los campamentos que las Brigadas Internacionales instalaron en Albacete y, al parecer, allí perfeccionó lo de hacer sus buenos números. Estuvo en un campo de concentración hasta que su madre reunió los avales necesarios para sacarlo. Al volver al pueblo, sin oficio ni beneficio, todos se asombraron al ver cuánto había cambiado Severino, de hombre que no pisaba la iglesia pasó a ser un auténtico beato, no había función religiosa que no contara con su presencia y era de los contados varones de misa y comunión diaria. Mosén Amancio lo tomó bajo su protección y la suerte de Severino cambió de repente. En aquella España del nacionalcatolicismo el favor de un sacerdote, y más tan combativo como el párroco, contaba mucho. Prueba de ello fue que en cuanto el mosén se enteró de que se iba a producir una vacante en las oficinas municipales le faltó tiempo para plantarse ante el alcalde y, sin cortarse un pelo, espetarle:
- Paco, sé de buena tinta que tenéis que cubrir una vacante de administrativo. Pues bien, quiero decirte que la persona más preparada que hay en el pueblo para ese puesto es Severino Borrás. No solo sabe de números y tiene buena letra, además es hombre cabal, honrado, cumplidor y buen cristiano.
   Paco Vives, que todavía no le había tomado bien el pulso al funcionamiento del Ayuntamiento, intentó inútilmente echar balones fuera pero al final se plegó al empuje y resolución del párroco. Tenía bien claro que con la Iglesia no se juega.
   Severino se convirtió en escribiente del Ayuntamiento, donde según don Nicanor, el secretario, podría hacer carrera y terminar siendo primer oficial. A Camila le parecía poquita cosa, pero entre el cura y su madre le convencieron de que era un buen hombre, sin vicios, muy piadoso y que contaba con un sueldo fijo. Resultado de todo ello es que ahí lo tiene, durmiendo a su lado.

   En el tiempo que lleva casada, Camila ha descubierto que la vida conyugal es mucho menos excitante de lo que imaginó. Va a misa de siete, luego le pone el desayuno a su marido, tarea que nunca delega en la criada, hace la compra, vigila la preparación de la comida… y así pasan las mañanas, una tras otra, con desesperante monotonía. Las tardes son más tediosas aún: cose algo, un tanto de tapadillo prepara ropita para el bebé que supone que algún día tendrá. La mejor hora es la del rosario porque siempre encuentra a alguna conocida con la que pegar la hebra y el premio gordo es cuando una de sus contadas amigas va a visitarla y la charla se prolonga hasta que la visitante se tiene que marchar. Las amigas y mosén Amancio son las personas con las que más habla, porque su madre ha envejecido increíblemente y hasta hay momentos en que parece que se le va la cabeza, y con su marido los diálogos son escasos y breves. Severino, además de su trabajo en el Ayuntamiento, lleva la contabilidad de dos comerciantes y de una almazara razón por la cual llega a casa a las tantas y, lógicamente, cansado. El matrimonio cena, reza el rosario en familia y se acuesta. Y así pasan los días.
   Hasta el débito conyugal, como el párroco gusta llamarlo, ha resultado ser decepcionante. Su nulo conocimiento de todo lo concerniente al sexo no había sido óbice para que su fantasía se desbocara e imaginara delicadas caricias y placeres, quizá pecaminosos, pero deliciosamente excitantes. La realidad ha sido muy diferente, nunca ha llegado a tener el orgasmo ese del que hablan, comienza a creer que debe ser un cuento chino, como tantos otros que circulan alrededor del sexo. Por otra parte,  su marido ha resultado ser más gazmoño que ella y poco ducho en artes amatorias. Las breves cópulas no le producen ninguna satisfacción y un año después del himeneo sus ayuntamientos semanales han pasado a ser más un desagradable deber que otra cosa.
Hasta le ha pasado por la cabeza reducirlos a uno al mes, pero en la obligada consulta, confesonario por medio, mosén Amancio ha sido tajante:
- De eso nada, hija. Te recuerdo que una de las obligaciones de toda esposa cristiana es atender los deberes del vínculo y ese es uno de ellos. Cuando no goces del ayuntamiento con tu esposo, piensa en lo que debieron de sufrir las primeras vírgenes cristianas cuando eran violadas por los legionarios romanos y ofrece tu sacrificio a la Santísima Virgen María.
- Pero, padre…
   El sacerdote la interrumpe: 
- Ni padre, ni pamplinas. Debes respetar el vínculo y eso no admite discusión. Además, ¿cómo si no vas a ser madre?