martes, 16 de septiembre de 2014

4.38. Poderoso caballero es Don Dinero


   El caso Tornasol se ha convertido en un sumario interminable. Como ocurre en otros macroprocesos, la justicia española muestra su escasa cintura y flexibilidad y, sobre manera, su penuria en medios humanos y en recursos tecnológicos. Los legajos, por una parte, y los archivos electrónicos, por otra, se acumulan en los armarios y en los obsoletos ordenadores del Juzgado Central de Instrucción nº 2 de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. El magistrado Rafael Correa, titular de dicho juzgado, lleva al mismo tiempo que el caso Tornasol otros mediáticos procesos. El juez tiene fama de ser muy trabajador, pero la acumulación de sumarios es superior a sus fuerzas. Todo ello contribuye a que la conclusión del caso se diluya en el tiempo.
   Mientras la instrucción prosigue su inacabable camino, el juez instructor, el fiscal anticorrupción, las acusaciones particulares y los abogados defensores se recriminan unos a otros de ser los autores de las filtraciones de datos del proceso, lo que genera que el caso no desaparezca de las primeras planas de los periódicos y de los informativos de radio y televisión. Lo que ocurre con los medios y su forma de tratar el caso Tornasol es un claro exponente de la politización de la prensa pues según sea la tendencia política del medio así se presenta el caso. Los que se autoproclaman progresistas apuntan a que Tornasol solo es otro síntoma más de la corrupción en que están enfangadas las fuerzas políticas de la derecha. La prensa y televisión conservadoras dan información sobre el caso, pero acompañada siempre de otras noticias alusivas a casos de corrupción de partidos de la izquierda. Y los medios sensacionalistas reparten estopa, más o menos equitativamente entre todos. De lo que se trata es que no decaiga el interés por el culebrón procesal porque, para los medios, lo primero y más importante es seguir vendiendo periódicos o sumar puntos en la cuota de pantalla. 
   Otra consecuencia del inabarcable proceso es la suerte que corren los distintos protagonistas del mismo. Para empezar, Rafael Correa ha reforzado más si cabe su papel de juez-estrella, cuando sale o entra en la sede de su juzgado siempre hay una o varias cámaras que siguen sus pasos y los reporteros intentan por todos los medios lograr sus declaraciones. El fiscal intenta emularle, pero al ser considerado como una terminal del gobierno la prensa le presta escasa atención. Las acusaciones particulares consiguen sus cinco minutos de gloria cuando logran colocar alguna de sus denuncias en un medio de prestigio. Y los abogados defensores intentan boicotear a todos los anteriores al paso que engrosan su currículum al salir una y otra vez en la tele.

   Bien diferente es la suerte que corre la legión de testigos, imputados y acusados. Los que más salen en los medios, puesto que han pasado a ser los más conocidos, son los miembros del directorio de BACHSA. Han estado en prisión preventiva, pero están a punto de ser excarcelados. Sus abogados han conseguido crear un estado de opinión contra la medida argumentando que es contraria al principio del estado de inocencia, que pena a los acusados antes de que se haya demostrado su culpabilidad y que es poco menos que imposible reparar el daño que se les cause en el supuesto de que fueran declarados inocentes. Sin embargo la justicia, a la que se representa como una matrona con los ojos vendados, les va a excarcelar no por lo que diga la opinión publicada sino porque ha expirado el plazo máximo de dos años para mantenerlos en prisión preventiva, y el magistrado Correa estima que ya no hay riesgo de fuga ni de que puedan alterar o destruir pruebas. En el transcurso de ese lapso de tiempo, la empresa BACHSA ha presentado suspensión de pagos. Tiene un enorme capital invertido en bienes raíces, sobre todo inmuebles y solares, pero acusa una notable falta de liquidez. Por el momento esa suspensión es una situación concursal temporal mientras se llega a un acuerdo, bajo supervisión judicial, entre la empresa y los acreedores sobre el modo en que se pagarán las deudas. Esa decisión ha provocado el enésimo enfrentamiento entre los miembros del consejo de administración, a los que el tiempo transcurrido en prisión ha pasado factura, ahora están en la posición del sálvese quien pueda, algo que el consejero delegado reprocha a sus socios:
- Ahora no podemos estar a ver quién sale mejor parado de esta encerrona. Aquí vamos todos en el mismo barco, por tanto o nos salvamos juntos o nos iremos todos a la mierda – Oriol Bricart no se molesta en usar un lenguaje políticamente correcto.
- Una vez que que estamos en la calle lo que hemos de hacer es intentar reflotar la empresa. Primero, porque hemos invertido en ella la mayor parte de nuestro capital. Segundo, porque vamos a necesitar mucho dinero para sufragar los gastos de un proceso que presumo que será largo y complejo – opina Juan Antonio Cardona.
- Estoy de acuerdo con Juan Antonio, y por eso me preocupan las jodidas comisiones rogatorias que el cabrón del Correa ha mandado a medio mundo. Como empiecen a detectar las cuentas que tenemos repartidas por ahí nos pueden hacer un roto del carajo – afirma contundente Íñigo Arechabaleta.
- Estoy con vosotros en todo – tercia Rodrigo Huguet -. Cualquier cosa antes de volver a la trena. Y a todo esto, ¿qué pasa con los italianos? De momento son los únicos que se han salido de rositas.
- Y esperemos que sigan así, porque como les llame el juez vamos a tener otro frente del que preocuparnos – asegura Bricart.

   En el ámbito político, el macroproceso también ha provocado bajas. Los partidos con afiliados incursos en el caso Tornasol no han tenido más remedio que al final tomar medidas drásticas. Durante mucho tiempo estuvieron especulando en que una cosa era estar imputado y otra muy distinta ser acusado. Así, mientras los miembros del partido solo fueron imputados, la dirección nacional, tanto del PP como del PSOE, los mantuvieron en sus filas y en sus cargos. Cuando el magistrado Correa les pasó a la condición de acusados el curso de la situación cambió radicalmente. Ambas fuerzas políticas les dieron de baja en el partido y asimismo les pidieron que renunciaran a sus cargos. Alguno se resistió, pero al final ante la falta de apoyos no tuvieron otra que abandonar escaños y canonjías. Hubo una excepción: el consejero autonómico del Territorio aceptó dimitir de la consejería, pero se negó tajantemente a dejar su escaño como diputado autonómico.
   En el ciclo de conferencias populares que el profesor Pascual Tormo está dando en Senillar, uno de los asistentes cuenta que ha escuchado en la tele lo del consejero y pregunta a Tormo el porqué del proceder del político.
- Los últimos motivos que pueda tener el ex consejero no los conozco, pero lo más probable es que quiera continuar siendo diputado porque así mantendrá la condición de aforado – contesta Pascual.
- ¿Y eso de aforado qué es? – la pregunta era previsible en un auditorio tan escasamente culto.
- Es aforada aquella persona o cargo que goza de algún fuero, privilegio o derecho en materia de jurisdicción y … - Tormo se para, se acaba de dar cuenta de que ese no es el camino para que sus pueblerinos alumnos le entiendan y cambia su explicación a un modo más coloquial -. Mientras el ex consejero sea diputado tendrá el derecho a que le juzgue el tribunal superior de justicia de la comunidad, formado por varios magistrados,  y no el juez que está entendiendo ahora del proceso, tiene ese privilegio porque es aforado.
- ¿Y eso qué supone, que ese tribunal será más benévolo? – quiere saber otro.
   Antes de que Tormo tenga ocasión de responder, interviene otro de los asistentes:
- Lo que supone eso está más claro que el agua clara, si te juzga un solo juez puedes encontrarte con un digno de los que aplica la ley a rajatabla y te puede amargar la vida, pero si te juzgan varios siempre habrá alguno o algunos a los que se pueda untar o, por lo menos que sean fácilmente bizcochables.
- Ahora lo entiendo. Poderoso caballero es Don Dinero.

viernes, 12 de septiembre de 2014

4.37. Una pareja de yonquis


   A Sergio se le acabó el paro. Los dos años de prestación a los que tenía derecho han pasado en un suspiro. Durante ese tiempo en vez de buscarse un trabajo fijo no ha hecho más que holgazanear y hacer alguna que otra chapuza: que si reparar un electrodoméstico, cambiar unos enchufes, instalar unos apliques, reponer un diferencial; en fin, pequeños arreglos con los que ha ganado unas pesetas que les han ayudado, junto con el dinero del desempleo, a malvivir y a seguir drogándose, aunque es Lorena la que más material lleva a casa para chutarse. Sergio no pregunta de dónde saca las papelinas, pero se lo barrunta, y no parece importarle demasiado. Hace tiempo que el loco amor que sentía por la joven ha dejado de ser una llama ardiente para convertirse en cenizas, queda alguna que otra brasa, pero poco más. Que siga con ella es más una cuestión de hábito y de fidelidad a un recuerdo de lo que fue su pasión que a la deprimente realidad.
   Sergio acierta en sus sospechas. Las reservas que en un tiempo tuvo Lorena sobre cambiar sexo por droga se esfumaron hace mucho. Uno de los últimos baruchos en los que curró se ha convertido en el zoco favorito para vender su cuerpo. Aunque en la cara se le empiezan a notar los estragos de la droga y los pechos se le han caído - la ley de gravedad gasta esas pesadas bromas -, todavía está de buen ver y los clientes no le faltan. Paradójicamente si algún parroquiano la llama puta se pone como una hiena, pues piensa de sí misma que no se prostituye porque no acepta que paguen sus favores con dinero, pero sí que le suministren material para chutarse.

   Tanto los padres de Lorena como casi toda la familia de Sergio los han dejado por imposibles. Solo el abuelo Andrés y los padres del joven continúan ayudándoles, aunque ni siquiera eso les resulta fácil porque la pareja únicamente quiere efectivo para comprar droga. De eso se queja el matrimonio Martín-Roca en una de sus periódicas visitas a Senillar:
- Ya no sabemos qué hacer, padre – se lamenta una desolada Lola hablando con el viejo Punchent -. El chico no quiere más que dinero y dinero.
- Y todo para gastárselo en la maldita droga – remacha Lorenzo.
- Tendríais que hacer lo que yo – sugiere el abuelo -, hace mucho que dejé de darles billetes. Les llevo comida y ni siquiera eso sirve en todas las ocasiones. Algún vecino me ha contado que más de una vez han vendido el suministro que les he llevado para comprar la puñetera heroína.
- Ya sabía yo que a la larga esa fulana nos lo iba echar a perder – se queja Lola.
- Hija, por mucho que nos duela hay que afrontar la realidad. La culpa ya no es solo de la chica, nuestro Sergio también es culpable. Y volviendo al dinero, creo que en vez de dárselo sin más sería mucho mejor gastárselo en algo o en alguien que les hiciera dejar la droga, al menos que lo intentaran. Esos chicos necesitan ayuda más que dinero – aconseja el abuelo.
- Estamos en ello, padre – replica Lola -, hemos hablado con varios médicos en Madrid y nos han aconsejado que lo mejor que podemos hacer es internarlo. Incluso nos han hablado de alguna clínica, como la de López Ibor aunque es bastante cara. Seguimos buscando.

   En el siguiente viaje que el matrimonio Martín-Roca realiza a Senillar se encuentran con un espectáculo lamentable: Lorena presenta un cuadro agudo de síndrome de abstinencia. Sergio, que igualmente presenta síntomas de estar con el mono pero algo más atenuado, les cuenta que la joven comenzó teniendo lagrimeo, rinorrea y dolores musculares seguidos de una fuerte ansiedad y vómitos. El cuadro se ha agudizado en las últimas horas y ahora tiene las pupilas dilatadas, convulsiones y fiebre. Sergio pide a sus padres que le ayuden y deciden llevarla al hospital más cercano. En un primer y rápido examen los facultativos diagnostican síndrome de abstinencia por sustancias depresoras del sistema nervioso, probablemente por narcóticos. Mientras esperan un informe más competo y saber cómo evoluciona la joven, el padre insta a su hijo:
- Sergio, hijo mío. Ya ves cómo está Lorena y tú tampoco parece que te encuentres muy bien. No podéis seguir así. Tendríais que poneros en manos de los médicos y someteros a una cura de desintoxicación. Hemos estado preguntando y lo tenemos todo preparado para que puedas ingresar en un centro de El Patriarca.
- ¿Para que pueda ingresar?, ¿eso qué significa?, ¿qué a Lorena pensáis dejarla tirada?
- De Lorena tendrían que ocuparse sus padres, como nosotros nos ocupamos de ti – responde rápida la madre.
- Mira, mamá, sé que nuestra relación, me refiero a Lorena y a mí, ya no es la que era, pero nos seguimos necesitando. Sin ella no iré a ninguna parte.
   Pese a los razonamientos de sus padres de que lo mejor para que ambos puedan desintoxicarse es que no sigan juntos, Sergio no cede. Solo aceptará que le ingresen en un centro si también le acompaña Lorena. Admite que en alguna ocasión se le pasó por la mente dejarla, pero que hacerlo en las circunstancias actuales sería una putada y todavía le queda un fondo de…, no sabe cómo llamarlo, tras alguna vacilación lo califica como de vergüenza torera. Al final, los padres ceden.

   La pareja es ingresada en un centro de rehabilitación de toxicómanos de la red de El Patriarca ubicado en una masía abandonada, que los residentes han ido habilitando poco a poco, y que está en las estribaciones al sudeste de la sierra de Espadán. Allí se encuentran con un grupo de personas que han renunciado a las drogas, algunos hace años, otros hace mucho menos, y que intentan rehabilitarse al tiempo que colaboran en las tareas cotidianas del centro: limpieza, preparación de la comida, jardines, talleres, etc. Todo se discute en reuniones diarias y los veteranos presionan discretamente para que las normas que se aprueban se entiendan y se acepten. Precisamente las normas y una cierta disciplina son lo que más les cuesta aceptar a Sergio y a Lorena. En cambio, el hecho de que no haya objetivos en el corto plazo ni prisas para que la curación llegue cuanto antes les parece muy bien. Asimismo, aceptan con gusto el hecho de que en el centro todos los residentes se consideran iguales, independientemente de su posición en el grupo e, incluso, su actitud ante el problema que les ha llevado allí.
   El día del ingreso hubo sus más y sus menos entre el responsable del centro, antiguo toxicómano, y los padres de Sergio. La madre sigue obsesionada en que lo mejor es que la pareja no viva junta.
- ¿Y no sería mejor que cada uno hiciera la vida por su cuenta? – insiste Lola.
- Señora, eso es metafísicamente imposible por dos razones. Una, esta casa es relativamente pequeña y es imposible que no te tropieces con el resto de residentes varias veces a lo largo del día. La otra, porque nuestro objetivo final es devolver a los internos a la normalidad y para eso hay que hacer una vida normal, en este caso de pareja.
   Lola sabe perfectamente que no es correcto, en aquel lugar y en ese momento, decir lo que le bulle en la cabeza, pero su amor propio gana la partida y lo suelta:
- De pareja, claro, de pareja de yonquis.

martes, 9 de septiembre de 2014

4.36 Escampar no escampa


   El juez Rafael Correa ha declarado el secreto del sumario del caso Tornasol, pese a ello la instrucción tiene más agujeros que un queso Emmental por los que se cuelan un chorro de datos que alimentan a la prensa que ha hecho del caso uno de sus temas estrella. En el ámbito local, la noticia de que los integrantes del actual y del anterior Ayuntamiento están presuntamente implicados en posibles sobornos incrementa las habladurías populares: que si en una caja de las oficinas municipales han encontrado no sé cuántos millones de pesetas, que si varios de los empresarios concernidos han huido al extranjero, que los concejales del equipo de gobierno se están pensado dimitir, que hay una mano negra que lo está moviendo todo, que… La imaginación popular se desborda, en buena medida es lógico ya que desde el final de la ya lejana guerra civil el pueblo no vivía unas jornadas tan controvertidas como las actuales.

   En los partidos políticos comienza una carrera cuya meta no es otra que intentar salvarse de la quema que se avecina. Los que están en el poder para mantenerlo y los que militan en la oposición para suplantar a los anteriores. Los que pueden buscan blindarse ante el temor de que se desate una caza de brujas. Aquellos que lo tienen peor son los que no están aforados ni cuentan con grandes recursos para entorpecer la investigación que el juez Correa ya ha puesto en marcha. Entre ellos están los políticos locales y los representantes de BACHSA en el pueblo. Por ese motivo José Ramón Arbós convoca una reunión en un hotel de Albalat elegido para ocultarse de los reporteros que continúan intentado entrevistarle. A la cita acuden su socio Amador Garcés, el alcalde Javier Blasco y el concejal de urbanismo Guillem Armengol. Vuelve a faltar uno de los convocados: Agustín Badenes.
- ¿Qué sabes de Agustín? – es lo primero que inquiere el alcalde.
- Sigo sin saber nada, parece como si se lo hubiese tragado la tierra – contesta Arbós -, pero lo que ahora importa es como solucionamos esta papeleta.
- Yo he hablado con un amigo que es profesor de la facultad de Derecho de Valencia – explica Armengol - y me ha dicho que antes de que el juez de Madrid me cite a declarar debería buscarme un buen abogado,
- Pues para ese consejo no hace falta ser catedrático – ironiza Arbós -. Yo ya lo tengo. Es quien nos explicó lo de la diferencia entre imputado y acusado.
- A mí – interviene Blasco – me han aconsejado lo mismo en el partido y, además, me han insistido en que no haga ninguna declaración a la prensa.
- Yo creo que nos estamos preocupando demasiado – apunta Garcés -. Tened en cuenta que en esta cacería nosotros no somos más que piezas pequeñas y no creo que se esté montando todo este pollo por unos políticos locales o por unos comisionistas de pueblo. Somos poco arroz para tanto pollo.
- Bueno – interviene otra vez Arbós -, ya oísteis el otro día a mi abogado. Aquí se trata de negarlo todo. Ah, y otra cosa: nada de entrevistas ni declaraciones a la prensa y menos a la tele. Y sobre el fondo del asunto: de momento capear buenamente el temporal y esperar a ver si escampa.

   Escampar no escampa. Al contrario, la tormenta arrecia por días y se complica en todas sus vertientes. La última noticia que se conoce del magistrado Correa es que ha mandado una comisión rogatoria a Andorra y otra a Suiza, paraísos fiscales o al menos países con una legislación laxa en el control de fondos de procedencia incierta, y dónde al parecer podrían haber evadido parte de su fortuna los miembros del consejo de BACHSA. En esta ocasión el auto pone de los nervios a los socios de la almendra central de la empresa.
- Esto se está poniendo del color de la tinta del calamar – comenta muy gráficamente Oriol Bricart.
- Cierto es. Y lo que temo es que se pueda poner peor – puntualiza Juan Antonio Cardona.
- Mientras solo nos toquen el bolsillo… - apunta Rodrigo Huguet para añadir -. A nadie nos gusta que nos saquen los cuartos, pero a lo que tengo miedo es a la cárcel, he oído historias que le ponen a uno los pelos de punta.
- A mí todo esto me preocupa, pero solo hasta cierto punto – comenta Íñigo Arechabaleta -. En esta mierda de país la justicia funciona de puta pena y además el dinero todo lo puede. Lo que realmente me encocora es no saber quién es el canario que ha cantado todo lo que publica la prensa. Le daría una buena mano de hostias y luego se lo cedería a nuestros amigos italianos para que terminaran de pasarlo por la túrmix. Por cierto, ¿dónde coño está el signore Montofarni? Hace días que no se le ve el pelo.
- Se volvió a Italia más cabreado que una mona – contesta Bricart que dirigiéndose a Cardona pregunta -. Antes has dicho que se puede poner peor, ¿a qué te refieres?
- Según nuestros abogados es casi seguro que Correa nos acuse, al menos, de blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho y tráfico de influencias. Si es así, va a dictar prisión provisional para todos nosotros.
- ¡No! – grita Huguet para añadir con evidente preocupación -. ¿Y eso no hay forma de pararlo?
- Depende del juez – responde Cardona encogiéndose de hombros.
   Los temores se confirman. El magistrado Correa dicta una resolución mediante la cual impone prisión preventiva a los consejeros de BACHSA. Para los miembros que integran el directorio de la empresa el juez decreta prisión incondicional, comunicada y sin fianza. En el auto el juez justifica dicho acto procesal estableciendo que hay fuertes indicios de culpabilidad, que puede existir riesgo de fuga y que los acusados pueden destruir pruebas necesarias para el desarrollo del proceso. Para el resto de los miembros del consejo la prisión será eludible previo pago de una fianza de cien millones de pesetas, cada uno. Además de la prisión provisional, el magistrado también ha acordado la retirada del pasaporte, la prohibición de salir de España y la obligatoriedad de presentarse ante la sala semanalmente. Si violasen cualquiera de los mandatos del auto los acusados entrarían en prisión.

   Ahora toca a los políticos. El juez llama a declarar al actual alcalde y al concejal de urbanismo, así como a los que tuvieron ambos cargos en la anterior legislatura. Al parecer los indicios de los posibles delitos cometidos por los políticos locales no son tan concluyentes como los que han llevado a la cárcel a los empresarios por lo que el magistrado, tras interrogarles, les deja en libertad con cargos. Por el contrario, el juez, a petición de la fiscalía, decreta prisión provisional eludible mediante el pago de una fianza de cuarenta millones de pesetas y la retirada de su pasaporte para el consejero autonómico del Territorio por presunta falsificación de documentos públicos, entre otros el estudio medioambiental necesario para la autorización del PAI de la Marina de Senillar, y por presunto cohecho. Es la noticia que más destacan los medios porque, hasta el momento, es el político encausado de mayor relieve. En los corrillos locales, uno de los aspectos que más llama la atención de lo que se va conociendo sobre las providencias que está tomando el juez Correa son las elevadas sumas que se piden como fianza para eludir la cárcel.
- Cuarenta quilos por un consejero es mucha pasta. Hay algunos meses que no llego a ganarlo – ironiza uno de los operarios que trabaja en el tajo en la cuadrilla que dirige Dimas.
- Pues si te parece mucho cuarenta millones por un politicastro, ¿qué te parecen cien por cada uno de los mandamases de BACHSA? – arguye otro.
- ¿Y qué pasa con la pasta de la fianza, ya no vuelven a verla? – pregunta otro.
- Eso depende – contesta Dimas -. Una vez que se ha pagado la fianza, el dinero permanece en una cuenta bancaria designada por el juzgado hasta la celebración del juicio sin que nadie pueda tocarlo. Y cuando acaba el juicio el acusado puede recuperarla siempre que sea absuelto o que se den otras circunstancias que no conozco en detalle, pero que supongo que serán las que imponga el juez.
- ¿Sabéis lo que os digo? – se pregunta en plan retórico otro operario para inmediatamente darse la respuesta -. Que a esos chorizos no se les tendría que devolver ni una peseta. Dios sabe la de millones que han robado. Lo dicho, ni una puta peseta.

viernes, 5 de septiembre de 2014

4.35. Trabajo en el paro


   Dimas tira la toalla. Los reiterados incumplimientos de la cuadrilla que dirige Sergio se han convertido en algo inasumible para el buen nombre de la empresa y, sobre todo, para la cuenta de resultados. No puede hacer más de lo que ha hecho por el chico, cree que se ha convertido en un caso irremediable. No le queda otra que informar al patrón:
- Jefe, me rindo, el Estudiante no puede seguir de capataz. Lleva tiempo empinando el codo más de lo debido. Y eso no es lo peor, por lo que me cuentan fuma porros, toma pastillas, le da a la coca y, últimamente, parece que se ha enganchado a la heroína; en fin, que se mete todo lo que pilla. Muchos días llega con síntomas de estar borracho, drogado o ambas cosas. Se ha peleado con algunos de los oficiales de su grupo y con los que no es incapaz de sacarles partido. Creo que lo mejor será darle el finiquito antes de que nos ocasione problemas que puedan ser irreparables o que vayan a costarte un riñón.
- Vaya, hombre, qué lástima, con lo que prometía ese chico – se lamenta Francisco -. Ahora, si esa es tu opinión, no se hable más. Quítale el mando de la cuadrilla mañana mismo. Y me pregunto; mejor dicho, te lo pregunto: ¿podría quedarse de instalador raso? Lo digo, más que nada por no darle un disgusto a mi sobrina Verónica, ya sabes que es muy amiga de su mujer; bueno, de la chica que vive con él.
   Dimas tuerce el gesto, pero conoce demasiado bien a su patrón y da su asentimiento:
- Bueno, le pondré de oficial en otra cuadrilla, pero apostaría lo que quieras a que no va a durar mucho. Cuando estos chicos jóvenes se enganchan a las drogas duras… - El final inacabado de la frase es acompañado por un negativo movimiento de cabeza.
- Haz la prueba. Eso sí, a la primera que haga a la puta calle. Una cosa es complacer a mi sobrina y otra aguantar drogatas.

   El experimento de Sergio como oficial dura hasta el siguiente fin de semana. El lunes ni aparece por el tajo. Dimas da el correspondiente parte y Francisco no lo duda:
- Diré a la de la oficina que le prepare el finiquito. ¿Qué causas ponemos para el despido? – pregunta el patrón.
- No sé, que llega mamado o drogado la mitad de los días, que es incapaz de sacar adelante el trabajo que se le encomienda, que los lunes suele llegar tarde. Lo que te parezca más oportuno – sugiere Dimas.
- Será mejor que lo consulte con el abogado, no sea que terminemos en el juzgado de lo Social por despido improcedente, porque por los motivos que alegas igual no es fácil demostrar que el Estudiante haya incumplido su contrato. O podría alegar el abogado del sindicato que un trabajador no puede ser despedido por un problema de esa naturaleza. Esta gente de los sindicatos siempre terminan buscándote las vueltas.
- Puedes alegar que está enfermo, pues eso de la droga no deja de ser una enfermedad – propone Dimas.
- Creo que ese motivo tampoco valdría. Lo que digo, consultaré al abogado que para eso le pago y que redacte la carta de despido.

   Cuando Sergio llega el martes a la obra, Dimas le dice que está despedido y que se pase por la oficina a recoger el finiquito y la carta de despido. El joven no se enoja demasiado, en sus momentos de lucidez es consciente que eso podía pasar en cualquier momento. De todos modos, tras recoger la carta, se pasa por el sindicato a ver que dice el abogado. En opinión del laboralista las razones que motivan el despido esgrimidas por la empresa son fácilmente recurribles y le propone que lleve a su patrón a la magistratura de trabajo por despido improcedente. Sergio no lo duda un segundo, no recurrirá el despido. Es plenamente consciente de que Francisco, su patrón, siempre se ha portado bien y que es él quien ha fallado. Solo de pensar en lo que diría el bueno de Dimas si llevase la empresa a los tribunales le abochorna. El joven se ha convertido en un drogadicto, pero todavía no ha perdido la vergüenza torera. Lo que hace es buscarse un nuevo curro en otra empresa. No tiene que preguntar mucho, hay montones de obras en marcha y por consiguiente hay una fuerte demanda de mano de obra especializada. Le contratan como oficial instalador y durante casi un mes se resiste, casi heroicamente, a dejarse dominar por el alcohol y la droga. En la jornada treinta y seis sucumbe, ese día no aparece por el tajo, ni ese día ni en los dos siguientes. La baja es automática. El proceso se repite en otra empresa con parecidos resultados. No encuentra ya una tercera, la voz sobre su comportamiento se ha corrido y en su peregrinaje por las distintas oficinas de las empresas eléctricas la negativa es total. Tendrá que buscar trabajo fuera del pueblo. Es lo que le cuenta a Lorena:
- Voy a tener que buscar curro en Albalat o en Benialcaide, aquí la cosa está chunga.
- ¿Cómo que está chunga? – pregunta una sorprendida Lorena -- Con la cantidad de obras que hay en marcha tiene que haber curro a porrillo.
- Y lo hay, pero al parecer no para mí. Me he pateado todas las empresas que puedan necesitar instaladores y el resultado ha sido cero patatero.
- No sé si creérmelo, Sergio.
- Pues ve haciéndote a la idea. Parece que se ha corrido la voz que le doy al canuto y los estreñidos de los patronos no están por la labor.

   Sergio busca trabajo en Benialcaide, tiene la esperanza de que hasta allí no haya llegado su fama de enganchado. En la segunda empresa que visita le aceptan sin dudarlo. No parecen tener noticias de su mala fama y en cambio sí se muestran complacidos con la carta de recomendación que le escribió Francisco. Su primer patrono, al enterarse de que no recurría su despido y no llevaba la empresa al juzgado de lo Social, le envió un escrito de recomendación en el que enumeraba sus cualidades como oficial electricista y no aludía para nada a sus problemas con las drogas y la bebida. Dura casi trece días en su nuevo trabajo. En el segundo fin de semana, con el salario de la quincena, la pareja monta una fiesta por todo lo alto. Compran todo el caballo que el dinero les alcanza. Cuando amanece el lunes de lo que debía ser su tercera semana en el curro, Sergio no aparece por el tajo ni da señales de vida. El martes, aunque todavía le dura el subidón, se acerca a la obra dispuesto a trabajar. El capataz le remite directamente a la oficina de la empresa donde recibe la correspondiente carta de despido. Otra vez a la búsqueda de un empleo, algo que en principio parece fácil dado el gran número de edificios en construcción. El joven no encuentra trabajo. Parece que en Benialcaide las noticias circulan más aprisa que en Senillar y la condición de drogata de Sergio ha llegado a todas las empresas que contratan los montajes eléctricos de las obras. Sergio no lo duda, se traslada a Albalat dispuesto a encontrar el curro que tanto necesita, pero su fama le ha precedido. La respuesta que le dan en todos lados es siempre la misma: no. El joven se ve perdido y, como acostumbra, busca el apoyo y consuelo de su abuelo:
- No sé qué hacer, abuelo. Estoy jodido de verdad.
- Bueno, hijo, en los momentos difíciles es cuando hay que sacar el carácter. No hay que venirse abajo. Sabes que te ayudaré en lo que pueda. De todos modos aún te queda el paro.
- Coño, es verdad, abuelo, el paro. Como no había pensado en ello.
   Así es como Sergio entra en una nueva etapa de su vida: la de vivir de la prestación del desempleo. En una España en que la burbuja inmobiliaria ha producido una plétora de empleo, se está produciendo el fenómeno de que miles de jóvenes, los que más trabajadores de la construcción, se toman dos años sabáticos a cargo de los fondos públicos. Y cuando se les pregunta de en qué trabajan contestan con una antítesis o si se prefiere con una pura paradoja resumida en la frase:
- Trabajo en el paro.

martes, 2 de septiembre de 2014

4.34. La condena del telediario

    La Fiscalía Anticorrupción pide al magistrado Correa, que instruye lo que al haberse judicializado se ha convertido en el caso Tornasol, que investigue en una pieza separada los supuestos sobresueldos que habrían cobrado de la empresa BACHSA varios de los ediles de los dos últimos consistorios del pueblo. Y que en el supuesto de apreciar indicios suficientes de la comisión de delito se dé conocimiento al órgano judicial competente.
   La aparición en escena del juez Correa dispara todas las alarmas. Son varias las personas llamadas como testigos y que salen de la Sala como imputados. En ese supuesto están todos los miembros del directorio de BACHSA, lo cual hace incrementar el temor en todos aquellos, que de una u otra forma, pueden verse implicados en un proceso que cada día que pasa presenta más aristas. Los más ágiles en reaccionar son los empresarios que se aprestan a realizar operaciones de encubrimiento y evasión de sus peculios personales. Asimismo, BACHSA inicia una operación contra reloj para convertir bienes raíces en capital que se pueda camuflar, evadir o trocear. En ese entramado los socios italianos juegan un papel destacado, aunque están muy descontentos del cariz que está tomando la situación pues sospechan que sus aliados españoles no han jugado limpio con ellos. En una tensa reunión el signore Enrico Montofarni, representante de los calabreses, así lo manifiesta:
- Noi venido a la España a fare affari, no a terminar ante los tribunales. Tengo que decir que mis representados están molto arrabbiato y que no son dispuestos a que sus investimenti se pierdan o se deprezzarsi. Haremos lo que haya que hacer. Stati avvertiti.
   A pesar de sus formas, aparentemente correctas, la intervención del letrado calabrés suena como una clara amenaza. Todos se callan, salvo el temperamental Arechabaleta:
- Mira, majo, aquí estamos para solucionar la galerna que se nos viene encima, no para aguantar sofiones y mucho menos para escuchar amenazas. Si empezamos a jodernos los unos a los otros esto acabará como el rosario de la aurora. Todos tenemos dientes y podemos morder. También quedas avisado pues.
   El consejero delegado interviene para poner paz y reconducir el diálogo, pero se le nota que las palabras del representante italiano le han hecho mella.

   La dinámica que pone en marcha el juez Correa es tan espectacular como suelo serlo en todas sus instrucciones. Comienzan en la calle Prim, sede de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, las comparecencias de testigos e imputados, entre ellos algunos políticos que son quienes más concitan el interés de la opinión pública puesto que son mucho más conocidos que los empresarios. Los políticos municipales, menos preparados que los de los gobiernos central y autonómico, mantienen una reunión con los representantes locales de BACHSA, en la que el abogado de José Ramón Arbós, el primero que ha buscado asistencia letrada, les esclarece las muchas dudas legales que asaltan a los reunidos poco duchos en cuestiones procesales. Lo primero que hace el letrado es explicarles la diferencia entre testigo e imputado:
- En principio, un testigo es una persona que tiene o puede tener información sobre un hecho delictivo, pero que no ha participado en el mismo. Puede declarar sin abogado y se diferencia del imputado en que está obligado a decir la verdad. Si no lo hace comete un delito de falso testimonio que está penado por la ley – el abogado hace una pausa y pregunta - ¿Queda claro? – ante el asentimiento general prosigue -. Cuando uno es imputado, que no es lo mismo que ser acusado, es porque el juez le atribuye de forma indiciaria la comisión de algún hecho delictivo, pero eso tiene que probarlo. La imputación no debéis interpretarla como una acusación formal, esa situación suele producirse cuando el procedimiento penal se encuentra ya mucho más avanzado. Además, el imputado puede y debe acudir a las citaciones del juez acompañado de su abogado. Incluso tiene el derecho a mentir.
- O sea, ¿qué los que han sido llamados como testigos lo tienen más mollar que los que vamos como imputados? – pregunta el concejal de urbanismo.
- No, necesariamente. Se ha dado más de un caso en el que la persona citada a declarar ha entrado en el despacho del juez como testigo y ha salido como imputado.
- ¿Y eso cómo puede ser? – inquiere el alcalde que es uno de los más preocupados.
- Eso, alcalde, se produce cuando de la declaración del testigo el juez llega a la conclusión de que se desprenden indicios de delito contra esa persona, por lo que su señoría debe interrumpir la comparecencia y cambiar la condición de testigo a la de imputado.
- ¿Y qué finalidad tiene ese cambio? – quiere saber José Ramón Arbós.
- Básicamente, con el fin de proteger el derecho de defensa. A partir de ese momento, esa persona podrá contratar a un abogado y, asimismo, podrá mentir para no declarar contra sí misma.
- Y si somos testigos y no podemos mentir, ¿qué hacemos? – plantea un atribulado Amador Garcés, presente también en la reunión.
- Lo mejor es negarse a contestar al juez. Y los que pasen de la condición de testigo a la de imputado ya tendremos ocasión más adelante para prepararles las respuestas que, en su caso, deberán dar.
- Y los que estamos imputados – quiere saber el alcalde -- ¿Podemos mentir sin que nos pase nada?
- Hay un principio procesal que establece que nadie está obligado a confesarse culpable. El juez, como he dicho antes, te imputa y cita a declarar, alcalde, porque estima que hay indicios de que has cometido algún tipo de delito, pero lo que se conoce como la carga de la prueba; es decir, demostrar fehaciente o, al menos, razonadamente que lo has cometido debe ser la justicia quien ha de probarlo. Y eso, alcalde, no es nada fácil. Por tanto, no debes estar preocupado. Hombre, mejor que no te hubiesen imputado, pero por ahora, tú, tranquilo. Además – añade el letrado -, debéis tener en cuenta algo que a la larga nos va a favorecer. El juez que nos ha tocado, el magistrado Correa, es famoso porque los medios le dan mucha cancha y él se pirra por aparecer en ellos, pero sus instrucciones no son muy sólidas, suele dejar muchos cabos sueltos. Y una instrucción endeble genera muchos portillos por donde puede ser recurrida. Por consiguiente, no preocuparos que esto acabará saliendo bien.

   Como no hay día en que los medios no publiquen en primera plana o en prime time alguna noticia, editorial o artículo de opinión referidos al caso Tornasol en el pueblo no se habla de otra cosa, hasta en los tajos se comentan las noticias que trae diariamente la prensa o que han visto en la tele.
- Oye, Sergio – pregunta uno de los operarios -, tú que tienes letras, ¿quieres explicarme que es eso de la condena del telediario de la que hablan los periódicos?
   Sergio no está para muchas explicaciones, precisamente hoy tiene un medio mono que le lleva por la calle de la amargura, pero ante la insistencia de su compañero de tajo se lo explica:
- Se llama condena del telediario la que sufren aquellos individuos cuyos nombres aparecen ligados a algún tipo de escándalo, como éste del caso Tornasol, porque al aparecer tanto en los medios entrando y saliendo de los juzgados parece como si ya fueran culpables.
   A la respuesta de Sergio, Dimas añade:
- Efectivamente, es así, tal y  como lo acaba de explicar el Estudiante, a lo que hay que añadir que parece que sean culpables antes de haber sido juzgados y sentenciados por ningún juez o tribunal, lo cual atenta contra lo que dice la Constitución de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
- Y esa clase de condena, ¿en qué ley está? – quiere saber otro.
- En ninguna – vuelve a responder Dimas -. Es una pena que no está registrada en ningún código y que no la imponen los jueces sino los medios de comunicación. Una pena en la que se paga por adelantado aunque al final la justicia exculpe de los supuestos delitos a quien la ha sufrido.
- O sea, que aunque te juzguen y te declaren inocente, los periódicos y la tele ya te han jodido.
- Más o menos, así es – confirma Dimas.
- Pues sabes lo que te digo, jefe, que eso de la condena del telediario es una putada como una catedral de grande.

domingo, 31 de agosto de 2014

*** Vuelve septiembre


Se acabó agosto y llega septiembre. Eso supone el fin del período estival para muchos europeos. Aunque en general continúa luciendo un sol de justicia, los rigores veraniegos ya son más llevaderos especialmente a orillas del Mediterráneo que es donde sigo estando.
En cuanto al blog, proseguiré colgando los dos episodios semanales (martes y viernes) hasta el final de Apartamento con vistas al mar. Tengo escritas entradas hasta el día 16 y, pese a que confieso una vez más que me está costando, trataré que la novela finalice antes de octubre.

La nueva narración, La pertinaz sequía, está esperando ver la luz en internet.

jueves, 28 de agosto de 2014

4.33. Se acabaron los días de vino y rosas

   Los padres de Sergio aprovechan el fin de semana para viajar a Senillar y hablar con su hijo para ver como solucionan los problemas económicos del chico y de su pareja. Se reúnen en la casa del abuelo. Sergio prefiere que no esté presente Lorena para que no vean como la ha estropeado la droga y como el apartamento se ha convertido en un muladar.
- ¿A cuánto asciende lo que debes? – inquiere el padre.
   Sergio da la cifra de las letras de la hipoteca que están sin pagar. Puesto que es una cantidad relativamente modesta, el padre saca el talonario y firma un cheque a nombre de Sergio que lo recibe con una mezcla de gratitud y vergüenza.
- Gracias, papá. Gracias, mamá. No sabéis el peso que me quitáis de encima.
   Naturalmente, los padres quieren saber más. ¿Cómo es posible que con el sueldazo que tiene no lleguen a fin de mes? Sergio no se atreve a contarles la verdad. Habla de mala administración, de haber prestado dinero a amigos que no lo han devuelto y cuantos subterfugios se le ocurren. En su explicación algo hay que no le cuadra a la madre. Cuando el matrimonio se queda a solas Lola expresa sus sospechas:
- No sé si el chico nos lo ha contado todo, para mí que algo se guarda.
- ¿Tú crees? – pregunta el marido.
- Estoy convencida. Ya sabía que la Lorena es de las que tienen un agujero en cada mano, pero no que fuera tan manirrota hasta el extremo de que antes de que acabe el mes ya se han pulido todo el dineral que gana nuestro hijo. Tiene que haber algo más. Le he preguntado a mi padre, sin embargo no me ha dicho nada en limpio, pero como me llamo Lola la Punchenta que no me vuelvo a Madrid sin averiguar lo que pasa.
   Dicho y hecho. Lola recurre a Rosario la Maicalles quien, al principio, se hace la remolona, pero que en cuanto la Punchenta le aprieta las tuercas termina soltándolo todo. Su chico y su nuera se han convertido en unos drogatas que, según cuentan, se meten todo lo que pillan. Y no solo se gastan cuánto gana Sergio, están malvendiendo el ajuar, deben dinero a muchos amigos, se les han llevado el coche por impago y lo último que se rumorea de ellos es que tampoco pagan las letras del apartamento por lo que en cualquier momento los desahuciarán.

   Cuando Lola le refiere a su marido lo que le ha contado la Maicalles, al bueno de Lorenzo el mundo se le viene encima. Ahora entiende el porqué de los apuros económicos de su hijo.
- Ya sabía yo que esa bruja iba a llevar a la ruina a nuestro hijo. Lo supe desde el primer día que la conocí – recuerda Lola echándose a llorar desconsoladamente.
- No llores, Lola, por Dios. Mi pena es tan grande como la tuya, no me la aumentes poniéndote así. Lo que hemos de hacer es serenarnos y pensar cómo podemos ayudar a ese par de locos para reconducir la situación.
- Pues, mira – responde la mujer mientras trata de contener sus sollozos -, lo primero que tendríamos que conseguir es que el chico deje a esa golfa. Estoy convencida de que en cuanto la abandone volverá al buen camino. La Maicalles me comentó que mucha gente en el pueblo cree que ha sido ella la que lo ha metido en el mundo de la droga. Lo que tenemos que hacer es hablar con él. Bueno – Lola hace un inciso, se le acaba de ocurrir algo -, creo que será mejor que le hables solamente tú. Una charla, no entre padre e hijo sino de hombre a hombre. Inténtalo, marido, por favor.
   Lorenzo lo intenta, pero Sergio ni siquiera le deja que exponga sus argumentos, se niega tajantemente a dejar a Lorena, más ahora que es consciente de cuanto le necesita.

   Han pasado unos meses y las noticias que llegan desde Senillar de la evolución de la pareja respecto a la droga y a sus problemas económicos siguen siendo muy negativas. El agravamiento de la situación motiva un nuevo viaje al pueblo de los padres de Sergio. En la casa del abuelo Andrés se reúnen el matrimonio Martín-Roca con el resto del clan de los Punchent. Tratan entre todos de encontrar algún tipo de salida a los graves problemas que tienen Sergio y su chica. Cada uno expone su opinión, pero abundan más los lamentos que las propuestas constructivas, hasta que el hermano mayor de Lola toma la palabra:
- A ver si nos centramos. Está claro que lo de la droga es terrible, pero por lo que sé no es algo que se pueda dejar de un día para otro. Desintoxicarse lleva su tiempo. Admito que es el problema más grave, pero el más urgente es el desahucio que se les viene encima. Eso es lo primero que deberíamos solucionar. Es de cajón que o pagan los plazos hipotecarios o se quedan en la calle. Respecto a la hipoteca, Lorenzo, ¿de cuánto dinero estamos hablando?
   Cuando el padre de Sergio da la cifra, su cuñado lanza un silbido.
- Eso es mucha pasta.
- ¿Les podéis dar el dinero mensual para que paguen las letras? – pregunta la  hermana pequeña de Lola.
- De darles dinero en mano, ni se os ocurra – vuelve a intervenir el mayor de los Punchent -. Si están pillados con la droga lo que harán será gastárselo en comprarla y no en pagar las letras. La solución que se me antoja más práctica, aunque a priori pueda parecer dura, es dejar que les desahucien. Luego arrendar un piso modesto, cuyo alquiler esté dentro de vuestras posibilidades, y pagarlo vosotros directamente. Al menos, tendrán un techo donde guarecerse. Y, por supuesto, no hacer eso hasta tener la promesa solemne de que dejarán la droga. Si no se desenganchan habría que plantearse qué otros caminos tomar.
- Creo que tienes razón, cuñado – admite Lorenzo y dirigiéndose a su esposa añade -. Hoy mismo nos ponemos a buscar un piso para los chicos.
- No tengas demasiada prisa, Lorenzo. Deja que los echen a la calle y que se vean en la necesidad de pedir ayuda. Será entonces cuando la valorarán más.

   La salida propuesta por el mayor de los Punchent es aceptada por los padres de Sergio. No queda demasiado tiempo, la caja ya ha presentado la demanda ejecutiva por impago en el juzgado, acto que se le ha notificado a Sergio y se le ha dado un plazo, bien para que pague, bien para que se oponga a la demanda. En esta ocasión Sergio ni siquiera se atreve a volver a pedir dinero a sus padres. Puesto que no cumple con el requerimiento de pago, el proceso pasa a la fase de ejecución hipotecaria. El inmueble sale a subasta, como ésta queda desierta la caja se queda con la vivienda. Se le da a la pareja un plazo para que abandonen el apartamento. Puesto que no tienen donde ir continúan en la casa hasta que un mal día aparecen los funcionarios judiciales auxiliados por la policía municipal para llevar a cabo el desalojo. Se produce el drama que acompaña siempre a los desahucios. Se arremolinan los curiosos al ver a la policía, desde las terrazas de otros apartamentos de la finca los que hasta hoy eran sus vecinos se asoman para contemplar el espectáculo. Algunos de los amigos de Lorena, a quien le ha dado un ataque de nervios agravado por el principio de mono que sufre pues hace días que no se inyecta, han venido a echarles una mano para llevarse la ropa y los objetos y enseres que se puedan salvar. Sergio ha de pasar por el trago de tener que pedirle a su abuelo que los acoja en su casa. El viejo Punchent cumple lo acordado con su hija Lola:
- Hijo, ya sabes que mi casa también es la tuya, pero solo podré acogerte por poco tiempo hasta que encuentres otro acomodo. Tus tíos, que son copropietarios, así me lo han hecho saber.

   La pérdida del apartamento de sus sueños supone un tremendo palo para Sergio, y para Lorena significa un golpe devastador. Sergio se vuelve a tragar el orgullo y, otra vez, pide ayuda a sus padres que se apresuran a socorrerlos, no sin antes exigir de su hijo la promesa de que dejarán la droga. Los padres alquilan un viejo y pequeño piso ubicado en uno de los barrios más antiguos y pobres del pueblo, pero que tiene un alquiler asumible, y lo ceden a la pareja.
   Sergio fue sincero cuando prometió a sus padres que iban a intentar desengancharse de la heroína, pero la promesa apenas duró días. En cuanto Lorena comenzó a notar los primeros síntomas del síndrome de abstinencia, el joven supo que sería incapaz de mantener la promesa.
- Tendrías que salir – pide la mujer con voz quebrada – a ver si encuentras algo de material. Estoy que no me tengo, pero antes de irte hazme un café igual me pone a tono.
- Churri – contesta Sergio mirando con pena a su demacrada pareja -, no queda café y en cuanto a lo de pillar algo lo tenemos chungo. Me temo que se acabaron los días de vino y rosas.