martes, 9 de septiembre de 2014

4.36 Escampar no escampa


   El juez Rafael Correa ha declarado el secreto del sumario del caso Tornasol, pese a ello la instrucción tiene más agujeros que un queso Emmental por los que se cuelan un chorro de datos que alimentan a la prensa que ha hecho del caso uno de sus temas estrella. En el ámbito local, la noticia de que los integrantes del actual y del anterior Ayuntamiento están presuntamente implicados en posibles sobornos incrementa las habladurías populares: que si en una caja de las oficinas municipales han encontrado no sé cuántos millones de pesetas, que si varios de los empresarios concernidos han huido al extranjero, que los concejales del equipo de gobierno se están pensado dimitir, que hay una mano negra que lo está moviendo todo, que… La imaginación popular se desborda, en buena medida es lógico ya que desde el final de la ya lejana guerra civil el pueblo no vivía unas jornadas tan controvertidas como las actuales.

   En los partidos políticos comienza una carrera cuya meta no es otra que intentar salvarse de la quema que se avecina. Los que están en el poder para mantenerlo y los que militan en la oposición para suplantar a los anteriores. Los que pueden buscan blindarse ante el temor de que se desate una caza de brujas. Aquellos que lo tienen peor son los que no están aforados ni cuentan con grandes recursos para entorpecer la investigación que el juez Correa ya ha puesto en marcha. Entre ellos están los políticos locales y los representantes de BACHSA en el pueblo. Por ese motivo José Ramón Arbós convoca una reunión en un hotel de Albalat elegido para ocultarse de los reporteros que continúan intentado entrevistarle. A la cita acuden su socio Amador Garcés, el alcalde Javier Blasco y el concejal de urbanismo Guillem Armengol. Vuelve a faltar uno de los convocados: Agustín Badenes.
- ¿Qué sabes de Agustín? – es lo primero que inquiere el alcalde.
- Sigo sin saber nada, parece como si se lo hubiese tragado la tierra – contesta Arbós -, pero lo que ahora importa es como solucionamos esta papeleta.
- Yo he hablado con un amigo que es profesor de la facultad de Derecho de Valencia – explica Armengol - y me ha dicho que antes de que el juez de Madrid me cite a declarar debería buscarme un buen abogado,
- Pues para ese consejo no hace falta ser catedrático – ironiza Arbós -. Yo ya lo tengo. Es quien nos explicó lo de la diferencia entre imputado y acusado.
- A mí – interviene Blasco – me han aconsejado lo mismo en el partido y, además, me han insistido en que no haga ninguna declaración a la prensa.
- Yo creo que nos estamos preocupando demasiado – apunta Garcés -. Tened en cuenta que en esta cacería nosotros no somos más que piezas pequeñas y no creo que se esté montando todo este pollo por unos políticos locales o por unos comisionistas de pueblo. Somos poco arroz para tanto pollo.
- Bueno – interviene otra vez Arbós -, ya oísteis el otro día a mi abogado. Aquí se trata de negarlo todo. Ah, y otra cosa: nada de entrevistas ni declaraciones a la prensa y menos a la tele. Y sobre el fondo del asunto: de momento capear buenamente el temporal y esperar a ver si escampa.

   Escampar no escampa. Al contrario, la tormenta arrecia por días y se complica en todas sus vertientes. La última noticia que se conoce del magistrado Correa es que ha mandado una comisión rogatoria a Andorra y otra a Suiza, paraísos fiscales o al menos países con una legislación laxa en el control de fondos de procedencia incierta, y dónde al parecer podrían haber evadido parte de su fortuna los miembros del consejo de BACHSA. En esta ocasión el auto pone de los nervios a los socios de la almendra central de la empresa.
- Esto se está poniendo del color de la tinta del calamar – comenta muy gráficamente Oriol Bricart.
- Cierto es. Y lo que temo es que se pueda poner peor – puntualiza Juan Antonio Cardona.
- Mientras solo nos toquen el bolsillo… - apunta Rodrigo Huguet para añadir -. A nadie nos gusta que nos saquen los cuartos, pero a lo que tengo miedo es a la cárcel, he oído historias que le ponen a uno los pelos de punta.
- A mí todo esto me preocupa, pero solo hasta cierto punto – comenta Íñigo Arechabaleta -. En esta mierda de país la justicia funciona de puta pena y además el dinero todo lo puede. Lo que realmente me encocora es no saber quién es el canario que ha cantado todo lo que publica la prensa. Le daría una buena mano de hostias y luego se lo cedería a nuestros amigos italianos para que terminaran de pasarlo por la túrmix. Por cierto, ¿dónde coño está el signore Montofarni? Hace días que no se le ve el pelo.
- Se volvió a Italia más cabreado que una mona – contesta Bricart que dirigiéndose a Cardona pregunta -. Antes has dicho que se puede poner peor, ¿a qué te refieres?
- Según nuestros abogados es casi seguro que Correa nos acuse, al menos, de blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho y tráfico de influencias. Si es así, va a dictar prisión provisional para todos nosotros.
- ¡No! – grita Huguet para añadir con evidente preocupación -. ¿Y eso no hay forma de pararlo?
- Depende del juez – responde Cardona encogiéndose de hombros.
   Los temores se confirman. El magistrado Correa dicta una resolución mediante la cual impone prisión preventiva a los consejeros de BACHSA. Para los miembros que integran el directorio de la empresa el juez decreta prisión incondicional, comunicada y sin fianza. En el auto el juez justifica dicho acto procesal estableciendo que hay fuertes indicios de culpabilidad, que puede existir riesgo de fuga y que los acusados pueden destruir pruebas necesarias para el desarrollo del proceso. Para el resto de los miembros del consejo la prisión será eludible previo pago de una fianza de cien millones de pesetas, cada uno. Además de la prisión provisional, el magistrado también ha acordado la retirada del pasaporte, la prohibición de salir de España y la obligatoriedad de presentarse ante la sala semanalmente. Si violasen cualquiera de los mandatos del auto los acusados entrarían en prisión.

   Ahora toca a los políticos. El juez llama a declarar al actual alcalde y al concejal de urbanismo, así como a los que tuvieron ambos cargos en la anterior legislatura. Al parecer los indicios de los posibles delitos cometidos por los políticos locales no son tan concluyentes como los que han llevado a la cárcel a los empresarios por lo que el magistrado, tras interrogarles, les deja en libertad con cargos. Por el contrario, el juez, a petición de la fiscalía, decreta prisión provisional eludible mediante el pago de una fianza de cuarenta millones de pesetas y la retirada de su pasaporte para el consejero autonómico del Territorio por presunta falsificación de documentos públicos, entre otros el estudio medioambiental necesario para la autorización del PAI de la Marina de Senillar, y por presunto cohecho. Es la noticia que más destacan los medios porque, hasta el momento, es el político encausado de mayor relieve. En los corrillos locales, uno de los aspectos que más llama la atención de lo que se va conociendo sobre las providencias que está tomando el juez Correa son las elevadas sumas que se piden como fianza para eludir la cárcel.
- Cuarenta quilos por un consejero es mucha pasta. Hay algunos meses que no llego a ganarlo – ironiza uno de los operarios que trabaja en el tajo en la cuadrilla que dirige Dimas.
- Pues si te parece mucho cuarenta millones por un politicastro, ¿qué te parecen cien por cada uno de los mandamases de BACHSA? – arguye otro.
- ¿Y qué pasa con la pasta de la fianza, ya no vuelven a verla? – pregunta otro.
- Eso depende – contesta Dimas -. Una vez que se ha pagado la fianza, el dinero permanece en una cuenta bancaria designada por el juzgado hasta la celebración del juicio sin que nadie pueda tocarlo. Y cuando acaba el juicio el acusado puede recuperarla siempre que sea absuelto o que se den otras circunstancias que no conozco en detalle, pero que supongo que serán las que imponga el juez.
- ¿Sabéis lo que os digo? – se pregunta en plan retórico otro operario para inmediatamente darse la respuesta -. Que a esos chorizos no se les tendría que devolver ni una peseta. Dios sabe la de millones que han robado. Lo dicho, ni una puta peseta.

viernes, 5 de septiembre de 2014

4.35. Trabajo en el paro


   Dimas tira la toalla. Los reiterados incumplimientos de la cuadrilla que dirige Sergio se han convertido en algo inasumible para el buen nombre de la empresa y, sobre todo, para la cuenta de resultados. No puede hacer más de lo que ha hecho por el chico, cree que se ha convertido en un caso irremediable. No le queda otra que informar al patrón:
- Jefe, me rindo, el Estudiante no puede seguir de capataz. Lleva tiempo empinando el codo más de lo debido. Y eso no es lo peor, por lo que me cuentan fuma porros, toma pastillas, le da a la coca y, últimamente, parece que se ha enganchado a la heroína; en fin, que se mete todo lo que pilla. Muchos días llega con síntomas de estar borracho, drogado o ambas cosas. Se ha peleado con algunos de los oficiales de su grupo y con los que no es incapaz de sacarles partido. Creo que lo mejor será darle el finiquito antes de que nos ocasione problemas que puedan ser irreparables o que vayan a costarte un riñón.
- Vaya, hombre, qué lástima, con lo que prometía ese chico – se lamenta Francisco -. Ahora, si esa es tu opinión, no se hable más. Quítale el mando de la cuadrilla mañana mismo. Y me pregunto; mejor dicho, te lo pregunto: ¿podría quedarse de instalador raso? Lo digo, más que nada por no darle un disgusto a mi sobrina Verónica, ya sabes que es muy amiga de su mujer; bueno, de la chica que vive con él.
   Dimas tuerce el gesto, pero conoce demasiado bien a su patrón y da su asentimiento:
- Bueno, le pondré de oficial en otra cuadrilla, pero apostaría lo que quieras a que no va a durar mucho. Cuando estos chicos jóvenes se enganchan a las drogas duras… - El final inacabado de la frase es acompañado por un negativo movimiento de cabeza.
- Haz la prueba. Eso sí, a la primera que haga a la puta calle. Una cosa es complacer a mi sobrina y otra aguantar drogatas.

   El experimento de Sergio como oficial dura hasta el siguiente fin de semana. El lunes ni aparece por el tajo. Dimas da el correspondiente parte y Francisco no lo duda:
- Diré a la de la oficina que le prepare el finiquito. ¿Qué causas ponemos para el despido? – pregunta el patrón.
- No sé, que llega mamado o drogado la mitad de los días, que es incapaz de sacar adelante el trabajo que se le encomienda, que los lunes suele llegar tarde. Lo que te parezca más oportuno – sugiere Dimas.
- Será mejor que lo consulte con el abogado, no sea que terminemos en el juzgado de lo Social por despido improcedente, porque por los motivos que alegas igual no es fácil demostrar que el Estudiante haya incumplido su contrato. O podría alegar el abogado del sindicato que un trabajador no puede ser despedido por un problema de esa naturaleza. Esta gente de los sindicatos siempre terminan buscándote las vueltas.
- Puedes alegar que está enfermo, pues eso de la droga no deja de ser una enfermedad – propone Dimas.
- Creo que ese motivo tampoco valdría. Lo que digo, consultaré al abogado que para eso le pago y que redacte la carta de despido.

   Cuando Sergio llega el martes a la obra, Dimas le dice que está despedido y que se pase por la oficina a recoger el finiquito y la carta de despido. El joven no se enoja demasiado, en sus momentos de lucidez es consciente que eso podía pasar en cualquier momento. De todos modos, tras recoger la carta, se pasa por el sindicato a ver que dice el abogado. En opinión del laboralista las razones que motivan el despido esgrimidas por la empresa son fácilmente recurribles y le propone que lleve a su patrón a la magistratura de trabajo por despido improcedente. Sergio no lo duda un segundo, no recurrirá el despido. Es plenamente consciente de que Francisco, su patrón, siempre se ha portado bien y que es él quien ha fallado. Solo de pensar en lo que diría el bueno de Dimas si llevase la empresa a los tribunales le abochorna. El joven se ha convertido en un drogadicto, pero todavía no ha perdido la vergüenza torera. Lo que hace es buscarse un nuevo curro en otra empresa. No tiene que preguntar mucho, hay montones de obras en marcha y por consiguiente hay una fuerte demanda de mano de obra especializada. Le contratan como oficial instalador y durante casi un mes se resiste, casi heroicamente, a dejarse dominar por el alcohol y la droga. En la jornada treinta y seis sucumbe, ese día no aparece por el tajo, ni ese día ni en los dos siguientes. La baja es automática. El proceso se repite en otra empresa con parecidos resultados. No encuentra ya una tercera, la voz sobre su comportamiento se ha corrido y en su peregrinaje por las distintas oficinas de las empresas eléctricas la negativa es total. Tendrá que buscar trabajo fuera del pueblo. Es lo que le cuenta a Lorena:
- Voy a tener que buscar curro en Albalat o en Benialcaide, aquí la cosa está chunga.
- ¿Cómo que está chunga? – pregunta una sorprendida Lorena -- Con la cantidad de obras que hay en marcha tiene que haber curro a porrillo.
- Y lo hay, pero al parecer no para mí. Me he pateado todas las empresas que puedan necesitar instaladores y el resultado ha sido cero patatero.
- No sé si creérmelo, Sergio.
- Pues ve haciéndote a la idea. Parece que se ha corrido la voz que le doy al canuto y los estreñidos de los patronos no están por la labor.

   Sergio busca trabajo en Benialcaide, tiene la esperanza de que hasta allí no haya llegado su fama de enganchado. En la segunda empresa que visita le aceptan sin dudarlo. No parecen tener noticias de su mala fama y en cambio sí se muestran complacidos con la carta de recomendación que le escribió Francisco. Su primer patrono, al enterarse de que no recurría su despido y no llevaba la empresa al juzgado de lo Social, le envió un escrito de recomendación en el que enumeraba sus cualidades como oficial electricista y no aludía para nada a sus problemas con las drogas y la bebida. Dura casi trece días en su nuevo trabajo. En el segundo fin de semana, con el salario de la quincena, la pareja monta una fiesta por todo lo alto. Compran todo el caballo que el dinero les alcanza. Cuando amanece el lunes de lo que debía ser su tercera semana en el curro, Sergio no aparece por el tajo ni da señales de vida. El martes, aunque todavía le dura el subidón, se acerca a la obra dispuesto a trabajar. El capataz le remite directamente a la oficina de la empresa donde recibe la correspondiente carta de despido. Otra vez a la búsqueda de un empleo, algo que en principio parece fácil dado el gran número de edificios en construcción. El joven no encuentra trabajo. Parece que en Benialcaide las noticias circulan más aprisa que en Senillar y la condición de drogata de Sergio ha llegado a todas las empresas que contratan los montajes eléctricos de las obras. Sergio no lo duda, se traslada a Albalat dispuesto a encontrar el curro que tanto necesita, pero su fama le ha precedido. La respuesta que le dan en todos lados es siempre la misma: no. El joven se ve perdido y, como acostumbra, busca el apoyo y consuelo de su abuelo:
- No sé qué hacer, abuelo. Estoy jodido de verdad.
- Bueno, hijo, en los momentos difíciles es cuando hay que sacar el carácter. No hay que venirse abajo. Sabes que te ayudaré en lo que pueda. De todos modos aún te queda el paro.
- Coño, es verdad, abuelo, el paro. Como no había pensado en ello.
   Así es como Sergio entra en una nueva etapa de su vida: la de vivir de la prestación del desempleo. En una España en que la burbuja inmobiliaria ha producido una plétora de empleo, se está produciendo el fenómeno de que miles de jóvenes, los que más trabajadores de la construcción, se toman dos años sabáticos a cargo de los fondos públicos. Y cuando se les pregunta de en qué trabajan contestan con una antítesis o si se prefiere con una pura paradoja resumida en la frase:
- Trabajo en el paro.

martes, 2 de septiembre de 2014

4.34. La condena del telediario

    La Fiscalía Anticorrupción pide al magistrado Correa, que instruye lo que al haberse judicializado se ha convertido en el caso Tornasol, que investigue en una pieza separada los supuestos sobresueldos que habrían cobrado de la empresa BACHSA varios de los ediles de los dos últimos consistorios del pueblo. Y que en el supuesto de apreciar indicios suficientes de la comisión de delito se dé conocimiento al órgano judicial competente.
   La aparición en escena del juez Correa dispara todas las alarmas. Son varias las personas llamadas como testigos y que salen de la Sala como imputados. En ese supuesto están todos los miembros del directorio de BACHSA, lo cual hace incrementar el temor en todos aquellos, que de una u otra forma, pueden verse implicados en un proceso que cada día que pasa presenta más aristas. Los más ágiles en reaccionar son los empresarios que se aprestan a realizar operaciones de encubrimiento y evasión de sus peculios personales. Asimismo, BACHSA inicia una operación contra reloj para convertir bienes raíces en capital que se pueda camuflar, evadir o trocear. En ese entramado los socios italianos juegan un papel destacado, aunque están muy descontentos del cariz que está tomando la situación pues sospechan que sus aliados españoles no han jugado limpio con ellos. En una tensa reunión el signore Enrico Montofarni, representante de los calabreses, así lo manifiesta:
- Noi venido a la España a fare affari, no a terminar ante los tribunales. Tengo que decir que mis representados están molto arrabbiato y que no son dispuestos a que sus investimenti se pierdan o se deprezzarsi. Haremos lo que haya que hacer. Stati avvertiti.
   A pesar de sus formas, aparentemente correctas, la intervención del letrado calabrés suena como una clara amenaza. Todos se callan, salvo el temperamental Arechabaleta:
- Mira, majo, aquí estamos para solucionar la galerna que se nos viene encima, no para aguantar sofiones y mucho menos para escuchar amenazas. Si empezamos a jodernos los unos a los otros esto acabará como el rosario de la aurora. Todos tenemos dientes y podemos morder. También quedas avisado pues.
   El consejero delegado interviene para poner paz y reconducir el diálogo, pero se le nota que las palabras del representante italiano le han hecho mella.

   La dinámica que pone en marcha el juez Correa es tan espectacular como suelo serlo en todas sus instrucciones. Comienzan en la calle Prim, sede de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, las comparecencias de testigos e imputados, entre ellos algunos políticos que son quienes más concitan el interés de la opinión pública puesto que son mucho más conocidos que los empresarios. Los políticos municipales, menos preparados que los de los gobiernos central y autonómico, mantienen una reunión con los representantes locales de BACHSA, en la que el abogado de José Ramón Arbós, el primero que ha buscado asistencia letrada, les esclarece las muchas dudas legales que asaltan a los reunidos poco duchos en cuestiones procesales. Lo primero que hace el letrado es explicarles la diferencia entre testigo e imputado:
- En principio, un testigo es una persona que tiene o puede tener información sobre un hecho delictivo, pero que no ha participado en el mismo. Puede declarar sin abogado y se diferencia del imputado en que está obligado a decir la verdad. Si no lo hace comete un delito de falso testimonio que está penado por la ley – el abogado hace una pausa y pregunta - ¿Queda claro? – ante el asentimiento general prosigue -. Cuando uno es imputado, que no es lo mismo que ser acusado, es porque el juez le atribuye de forma indiciaria la comisión de algún hecho delictivo, pero eso tiene que probarlo. La imputación no debéis interpretarla como una acusación formal, esa situación suele producirse cuando el procedimiento penal se encuentra ya mucho más avanzado. Además, el imputado puede y debe acudir a las citaciones del juez acompañado de su abogado. Incluso tiene el derecho a mentir.
- O sea, ¿qué los que han sido llamados como testigos lo tienen más mollar que los que vamos como imputados? – pregunta el concejal de urbanismo.
- No, necesariamente. Se ha dado más de un caso en el que la persona citada a declarar ha entrado en el despacho del juez como testigo y ha salido como imputado.
- ¿Y eso cómo puede ser? – inquiere el alcalde que es uno de los más preocupados.
- Eso, alcalde, se produce cuando de la declaración del testigo el juez llega a la conclusión de que se desprenden indicios de delito contra esa persona, por lo que su señoría debe interrumpir la comparecencia y cambiar la condición de testigo a la de imputado.
- ¿Y qué finalidad tiene ese cambio? – quiere saber José Ramón Arbós.
- Básicamente, con el fin de proteger el derecho de defensa. A partir de ese momento, esa persona podrá contratar a un abogado y, asimismo, podrá mentir para no declarar contra sí misma.
- Y si somos testigos y no podemos mentir, ¿qué hacemos? – plantea un atribulado Amador Garcés, presente también en la reunión.
- Lo mejor es negarse a contestar al juez. Y los que pasen de la condición de testigo a la de imputado ya tendremos ocasión más adelante para prepararles las respuestas que, en su caso, deberán dar.
- Y los que estamos imputados – quiere saber el alcalde -- ¿Podemos mentir sin que nos pase nada?
- Hay un principio procesal que establece que nadie está obligado a confesarse culpable. El juez, como he dicho antes, te imputa y cita a declarar, alcalde, porque estima que hay indicios de que has cometido algún tipo de delito, pero lo que se conoce como la carga de la prueba; es decir, demostrar fehaciente o, al menos, razonadamente que lo has cometido debe ser la justicia quien ha de probarlo. Y eso, alcalde, no es nada fácil. Por tanto, no debes estar preocupado. Hombre, mejor que no te hubiesen imputado, pero por ahora, tú, tranquilo. Además – añade el letrado -, debéis tener en cuenta algo que a la larga nos va a favorecer. El juez que nos ha tocado, el magistrado Correa, es famoso porque los medios le dan mucha cancha y él se pirra por aparecer en ellos, pero sus instrucciones no son muy sólidas, suele dejar muchos cabos sueltos. Y una instrucción endeble genera muchos portillos por donde puede ser recurrida. Por consiguiente, no preocuparos que esto acabará saliendo bien.

   Como no hay día en que los medios no publiquen en primera plana o en prime time alguna noticia, editorial o artículo de opinión referidos al caso Tornasol en el pueblo no se habla de otra cosa, hasta en los tajos se comentan las noticias que trae diariamente la prensa o que han visto en la tele.
- Oye, Sergio – pregunta uno de los operarios -, tú que tienes letras, ¿quieres explicarme que es eso de la condena del telediario de la que hablan los periódicos?
   Sergio no está para muchas explicaciones, precisamente hoy tiene un medio mono que le lleva por la calle de la amargura, pero ante la insistencia de su compañero de tajo se lo explica:
- Se llama condena del telediario la que sufren aquellos individuos cuyos nombres aparecen ligados a algún tipo de escándalo, como éste del caso Tornasol, porque al aparecer tanto en los medios entrando y saliendo de los juzgados parece como si ya fueran culpables.
   A la respuesta de Sergio, Dimas añade:
- Efectivamente, es así, tal y  como lo acaba de explicar el Estudiante, a lo que hay que añadir que parece que sean culpables antes de haber sido juzgados y sentenciados por ningún juez o tribunal, lo cual atenta contra lo que dice la Constitución de que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
- Y esa clase de condena, ¿en qué ley está? – quiere saber otro.
- En ninguna – vuelve a responder Dimas -. Es una pena que no está registrada en ningún código y que no la imponen los jueces sino los medios de comunicación. Una pena en la que se paga por adelantado aunque al final la justicia exculpe de los supuestos delitos a quien la ha sufrido.
- O sea, que aunque te juzguen y te declaren inocente, los periódicos y la tele ya te han jodido.
- Más o menos, así es – confirma Dimas.
- Pues sabes lo que te digo, jefe, que eso de la condena del telediario es una putada como una catedral de grande.

domingo, 31 de agosto de 2014

*** Vuelve septiembre


Se acabó agosto y llega septiembre. Eso supone el fin del período estival para muchos europeos. Aunque en general continúa luciendo un sol de justicia, los rigores veraniegos ya son más llevaderos especialmente a orillas del Mediterráneo que es donde sigo estando.
En cuanto al blog, proseguiré colgando los dos episodios semanales (martes y viernes) hasta el final de Apartamento con vistas al mar. Tengo escritas entradas hasta el día 16 y, pese a que confieso una vez más que me está costando, trataré que la novela finalice antes de octubre.

La nueva narración, La pertinaz sequía, está esperando ver la luz en internet.

jueves, 28 de agosto de 2014

4.33. Se acabaron los días de vino y rosas

   Los padres de Sergio aprovechan el fin de semana para viajar a Senillar y hablar con su hijo para ver como solucionan los problemas económicos del chico y de su pareja. Se reúnen en la casa del abuelo. Sergio prefiere que no esté presente Lorena para que no vean como la ha estropeado la droga y como el apartamento se ha convertido en un muladar.
- ¿A cuánto asciende lo que debes? – inquiere el padre.
   Sergio da la cifra de las letras de la hipoteca que están sin pagar. Puesto que es una cantidad relativamente modesta, el padre saca el talonario y firma un cheque a nombre de Sergio que lo recibe con una mezcla de gratitud y vergüenza.
- Gracias, papá. Gracias, mamá. No sabéis el peso que me quitáis de encima.
   Naturalmente, los padres quieren saber más. ¿Cómo es posible que con el sueldazo que tiene no lleguen a fin de mes? Sergio no se atreve a contarles la verdad. Habla de mala administración, de haber prestado dinero a amigos que no lo han devuelto y cuantos subterfugios se le ocurren. En su explicación algo hay que no le cuadra a la madre. Cuando el matrimonio se queda a solas Lola expresa sus sospechas:
- No sé si el chico nos lo ha contado todo, para mí que algo se guarda.
- ¿Tú crees? – pregunta el marido.
- Estoy convencida. Ya sabía que la Lorena es de las que tienen un agujero en cada mano, pero no que fuera tan manirrota hasta el extremo de que antes de que acabe el mes ya se han pulido todo el dineral que gana nuestro hijo. Tiene que haber algo más. Le he preguntado a mi padre, sin embargo no me ha dicho nada en limpio, pero como me llamo Lola la Punchenta que no me vuelvo a Madrid sin averiguar lo que pasa.
   Dicho y hecho. Lola recurre a Rosario la Maicalles quien, al principio, se hace la remolona, pero que en cuanto la Punchenta le aprieta las tuercas termina soltándolo todo. Su chico y su nuera se han convertido en unos drogatas que, según cuentan, se meten todo lo que pillan. Y no solo se gastan cuánto gana Sergio, están malvendiendo el ajuar, deben dinero a muchos amigos, se les han llevado el coche por impago y lo último que se rumorea de ellos es que tampoco pagan las letras del apartamento por lo que en cualquier momento los desahuciarán.

   Cuando Lola le refiere a su marido lo que le ha contado la Maicalles, al bueno de Lorenzo el mundo se le viene encima. Ahora entiende el porqué de los apuros económicos de su hijo.
- Ya sabía yo que esa bruja iba a llevar a la ruina a nuestro hijo. Lo supe desde el primer día que la conocí – recuerda Lola echándose a llorar desconsoladamente.
- No llores, Lola, por Dios. Mi pena es tan grande como la tuya, no me la aumentes poniéndote así. Lo que hemos de hacer es serenarnos y pensar cómo podemos ayudar a ese par de locos para reconducir la situación.
- Pues, mira – responde la mujer mientras trata de contener sus sollozos -, lo primero que tendríamos que conseguir es que el chico deje a esa golfa. Estoy convencida de que en cuanto la abandone volverá al buen camino. La Maicalles me comentó que mucha gente en el pueblo cree que ha sido ella la que lo ha metido en el mundo de la droga. Lo que tenemos que hacer es hablar con él. Bueno – Lola hace un inciso, se le acaba de ocurrir algo -, creo que será mejor que le hables solamente tú. Una charla, no entre padre e hijo sino de hombre a hombre. Inténtalo, marido, por favor.
   Lorenzo lo intenta, pero Sergio ni siquiera le deja que exponga sus argumentos, se niega tajantemente a dejar a Lorena, más ahora que es consciente de cuanto le necesita.

   Han pasado unos meses y las noticias que llegan desde Senillar de la evolución de la pareja respecto a la droga y a sus problemas económicos siguen siendo muy negativas. El agravamiento de la situación motiva un nuevo viaje al pueblo de los padres de Sergio. En la casa del abuelo Andrés se reúnen el matrimonio Martín-Roca con el resto del clan de los Punchent. Tratan entre todos de encontrar algún tipo de salida a los graves problemas que tienen Sergio y su chica. Cada uno expone su opinión, pero abundan más los lamentos que las propuestas constructivas, hasta que el hermano mayor de Lola toma la palabra:
- A ver si nos centramos. Está claro que lo de la droga es terrible, pero por lo que sé no es algo que se pueda dejar de un día para otro. Desintoxicarse lleva su tiempo. Admito que es el problema más grave, pero el más urgente es el desahucio que se les viene encima. Eso es lo primero que deberíamos solucionar. Es de cajón que o pagan los plazos hipotecarios o se quedan en la calle. Respecto a la hipoteca, Lorenzo, ¿de cuánto dinero estamos hablando?
   Cuando el padre de Sergio da la cifra, su cuñado lanza un silbido.
- Eso es mucha pasta.
- ¿Les podéis dar el dinero mensual para que paguen las letras? – pregunta la  hermana pequeña de Lola.
- De darles dinero en mano, ni se os ocurra – vuelve a intervenir el mayor de los Punchent -. Si están pillados con la droga lo que harán será gastárselo en comprarla y no en pagar las letras. La solución que se me antoja más práctica, aunque a priori pueda parecer dura, es dejar que les desahucien. Luego arrendar un piso modesto, cuyo alquiler esté dentro de vuestras posibilidades, y pagarlo vosotros directamente. Al menos, tendrán un techo donde guarecerse. Y, por supuesto, no hacer eso hasta tener la promesa solemne de que dejarán la droga. Si no se desenganchan habría que plantearse qué otros caminos tomar.
- Creo que tienes razón, cuñado – admite Lorenzo y dirigiéndose a su esposa añade -. Hoy mismo nos ponemos a buscar un piso para los chicos.
- No tengas demasiada prisa, Lorenzo. Deja que los echen a la calle y que se vean en la necesidad de pedir ayuda. Será entonces cuando la valorarán más.

   La salida propuesta por el mayor de los Punchent es aceptada por los padres de Sergio. No queda demasiado tiempo, la caja ya ha presentado la demanda ejecutiva por impago en el juzgado, acto que se le ha notificado a Sergio y se le ha dado un plazo, bien para que pague, bien para que se oponga a la demanda. En esta ocasión Sergio ni siquiera se atreve a volver a pedir dinero a sus padres. Puesto que no cumple con el requerimiento de pago, el proceso pasa a la fase de ejecución hipotecaria. El inmueble sale a subasta, como ésta queda desierta la caja se queda con la vivienda. Se le da a la pareja un plazo para que abandonen el apartamento. Puesto que no tienen donde ir continúan en la casa hasta que un mal día aparecen los funcionarios judiciales auxiliados por la policía municipal para llevar a cabo el desalojo. Se produce el drama que acompaña siempre a los desahucios. Se arremolinan los curiosos al ver a la policía, desde las terrazas de otros apartamentos de la finca los que hasta hoy eran sus vecinos se asoman para contemplar el espectáculo. Algunos de los amigos de Lorena, a quien le ha dado un ataque de nervios agravado por el principio de mono que sufre pues hace días que no se inyecta, han venido a echarles una mano para llevarse la ropa y los objetos y enseres que se puedan salvar. Sergio ha de pasar por el trago de tener que pedirle a su abuelo que los acoja en su casa. El viejo Punchent cumple lo acordado con su hija Lola:
- Hijo, ya sabes que mi casa también es la tuya, pero solo podré acogerte por poco tiempo hasta que encuentres otro acomodo. Tus tíos, que son copropietarios, así me lo han hecho saber.

   La pérdida del apartamento de sus sueños supone un tremendo palo para Sergio, y para Lorena significa un golpe devastador. Sergio se vuelve a tragar el orgullo y, otra vez, pide ayuda a sus padres que se apresuran a socorrerlos, no sin antes exigir de su hijo la promesa de que dejarán la droga. Los padres alquilan un viejo y pequeño piso ubicado en uno de los barrios más antiguos y pobres del pueblo, pero que tiene un alquiler asumible, y lo ceden a la pareja.
   Sergio fue sincero cuando prometió a sus padres que iban a intentar desengancharse de la heroína, pero la promesa apenas duró días. En cuanto Lorena comenzó a notar los primeros síntomas del síndrome de abstinencia, el joven supo que sería incapaz de mantener la promesa.
- Tendrías que salir – pide la mujer con voz quebrada – a ver si encuentras algo de material. Estoy que no me tengo, pero antes de irte hazme un café igual me pone a tono.
- Churri – contesta Sergio mirando con pena a su demacrada pareja -, no queda café y en cuanto a lo de pillar algo lo tenemos chungo. Me temo que se acabaron los días de vino y rosas.

domingo, 24 de agosto de 2014

*** El rey ha muerto, viva el rey


Ese es el grito que se empleaba como expresión ritual en la sucesión de algunas monarquías europeas. Lo traigo a colación porque en este blog también está a punto de producirse un hecho sucesorio y que, a imitación del lema monárquico, podríamos traducir como: La novela ha muerto, viva la novela.
¿A cuento de qué viene esto? Pues porque “Apartamento con vistas al mar” termina en septiembre, aún no sé la fecha exacta, pero en todo caso acaba en dicho mes.
¿Y por qué lo de viva la novela?, porque comienzo otra. Se titula “La pertinaz sequía” y tiene una temática distinta y distante de “Apartamento”. Ambas narraciones solo tienen un punto en común: se desarrollan en el mismo entorno, Senillar, pero con sesenta años de diferencia.
En el nuevo relato no hay empresarios corruptores ni políticos corrompidos, tampoco hay bancarios cuasi mafiosos ni intermediarios que juegan con dos barajas. No aparecen jóvenes que se endiosaron con el boom inmobiliario y fueron destrozados por la posterior crisis y las drogas.
Es una novela centrada esencialmente en las personas, en hombres y mujeres corrientes, en sus amistades y desencuentros, sus amores y desengaños, sus sueños y decepciones. Y todo ello en un entorno muy peculiar. ¿Cuál?, hablaremos del mismo en el próximo post.

jueves, 21 de agosto de 2014

4.32. Comienza la operación Tornasol

   En la denuncia presentada sobre presuntas irregularidades en el proceso urbanizador de Senillar la acusación es por defraudaciones y maquinaciones para alterar el precio de las cosas con grave perjuicio patrimonial para un número indeterminado de empresas e individuos particulares. La denuncia también recoge la existencia de presuntas infracciones de especial trascendencia al ser cometidas por funcionarios públicos en el ejercicio de sus cargos.
   A la vista de todo lo anterior, la denuncia es admitida a trámite por la Fiscalía Anticorrupción que asume la investigación. Los primeros indicios apuntan a graves delitos tales como blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho y tráfico de influencias. La tercera entrega de documentos publicados por el diario El Mundo complica mucho más la situación procesal, puesto que parece confirmar la implicación en la presunta trama delictiva de una serie de funcionarios públicos y de políticos de distintos lugares del país.

   La primera reacción de los diversos personajes que, de un modo u otro, pueden estar afectados por las investigaciones de la Fiscalía es muy variada. Los empresarios parecen más preocupados por el recurso contencioso-administrativo presentado por los ecologistas que, aún sin haber sido resuelto, ha conseguido parar por el momento las obras en la Marina.
- ¿Qué recorrido puede tener esa investigación? ¿Lo has hablado ya con los de la asesoría jurídica? – pregunta el consejero delegado de BACHSA a su socio Juan Antonio Cardona.
- Por ahora, el resultado es incierto. Dicen los letrados que dependerá mucho del fiscal que se encargue de la instrucción y de los indicios que encuentre – responde Cardona.
- En Italia pasa lo mismo – afirma il signore Montofarni, quien añade - I giudici sono corrotti.
- ¿Y crees qué pueden encontrar indicios inculpatorios? – inquiere Huguet.
- No creo, salvo que haya por ahí algún majara que esté dispuesto a incriminarse – puntualiza Cardona.
- Pero lo cierto es que hemos untado a un montón de gente, entre otros a los del Ministerio, las Consellerías de Medio Ambiente y Territorio y a los del Ayuntamiento, el actual y el anterior – reconoce candorosamente Huguet.
- Amigo Rodrigo, si a todos los colegas que andan metidos en la construcción, y que han tenido que engrasar a los políticos para recalificar terrenos u obtener con rapidez permisos de obras, les hubiesen investigado, el gremio de constructores estaría en cuadro, quedarían cuatro mal contados en todo el país pues – pontifica Arechabaleta echando mano de su peculiar ironía.

   Los políticos también están, aparentemente, tranquilos, salvo los del ámbito municipal que, quizá por su falta de experiencia en las lides judiciales, sienten un cierto temor ante la intervención de la justicia. Los implicados locales en el proceso urbanizador mantienen una reunión para intercambiar informaciones.
Falta uno de los convocados: Agustín Badenes. Es por quien primero preguntan los asistentes:
- ¿Y Agustín, por qué no está? – inquiere Amador Garcés.
- No sé nada de él – responde José Ramón Arbós -- No he podido ponerme en contacto. No contesta al móvil y su esposa dice que no sabe nada ni quiere saberlo. En cuanto a sus compañeros de Cajaeuropa solo me han informado que la caja le ha dado una baja temporal y no saben más. En todo caso, con Badenes o sin él aquí de lo que se trata es de ver como salimos de ésta.
- A mí no me llega la camisa al cuerpo – confiesa atribulado el alcalde.
- Tranqui, Javier – le anima su correligionario Arbós -, en este puñetero país si hay algo que no funciona son los tribunales. Ya lo dijo aquél que fue alcalde de Jerez, que la justicia es un cachondeo – Lo que no cuenta Arbós, ni siquiera lo ha hecho a su socio Garcés, es que, siguiendo el consejo de su familia, ha abierto cuentas bancarias, tanto en Andorra como en Suiza, donde ha puesto a buen recaudo gran parte de su fortuna.
- Pues yo no las tengo todas conmigo – asegura el concejal de urbanismo -. De momento lo de la Marina está parado y eso se nota. En mi restaurante estamos sirviendo menos de la mitad de los menús que hace unas semanas. Mucho cachondeo con la justicia, pero a quienes nos están tocando los huevos es a nosotros.
- Que se metan los tribunales por el medio nunca es bueno. Recordad la maldición de la gitana: pleitos tengas y los ganes – afirma Garcés.

   La seguridad de que parecen hacer gala los constructores se desvanece como un azucarillo en un vaso de agua, al tiempo que los iniciales temores de los ediles se confirman. Ya en la primera fase de la instrucción, la Fiscalía descubre indicios de que no se trata de una acción individual, aislada de un funcionario determinado, sino que se trata de un grupo organizado que produce o puede producir grave perjuicio patrimonial, tanto a una generalidad de personas como a empresas y a la Hacienda Pública. Y no solo en la Comunidad Valenciana y comunidades limítrofes, sino en otros ámbitos del territorio nacional. Por ello, la Fiscalía Anticorrupción pasa el caso a la Audiencia Nacional, dándole cuenta de las actuaciones ya practicadas.
   Admitido el caso por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, por el sistema de reparto, y no deja de ser una sospechosa coincidencia, el expediente es adjudicado al Juzgado Central de Instrucción nº 2, encomendado al magistrado Rafael Correa, uno de los jueces estrella que brilla con luz propia en dicho tribunal y que es más conocido por su continua aparición en los medios que por la solidez de sus instrucciones.

   Definitivamente parece que el melón está abierto y que se abrirá todavía más. Las actuaciones judiciales se precipitan. Al parecer, la Fiscalía cuenta con un misterioso testigo, cuya identidad protege celosamente, que está proporcionando un torrente de nueva y candente información. Como consecuencia de ello, la Policía Nacional se persona en la sede de BACHSA y registra sus oficinas en una operación abierta por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF). Al día siguiente, el mismo equipo policial registra las dependencias del Ayuntamiento de Senillar por su probable implicación en el caso. También se registran varias empresas de la localidad. Según informan los medios parece que los registros se están centrando en el área de urbanismo.
   Naturalmente, el registro efectuado por la policía, tanto en las oficinas de BACHSA como en las dependencias del Ayuntamiento de Senillar y en algunas empresas locales, provoca un alud de informaciones, bulos, exageraciones, medias verdades… El caso está en boca de todos. Los periódicos lo convierten en noticia de primera plana y los informativos, tanto televisivos como radiofónicos,  ofrecen toda clase de programas en los que mezclan la información con la opinión, el dato riguroso con el comentario a vuela micrófono sobre la suerte que pueden correr los presuntos implicados en lo que ya es un escándalo mediático, urbanístico, político y lleva también visos de serlo judicial. 

   En un pueblo como Senillar, en el que de ordinario ocurren escasos sucesos, un acontecimiento del fuste de la operación policial ordenada por la Audiencia Nacional sobre la, todavía, supuesta trama de corrupción se convierte en la diana a la que disparan todos los chafarderos locales y hasta los que no lo son.   En el tajo donde curra Sergio naturalmente también se chismorrea sobre el caso. De hecho, más que en otros sectores pues, aunque son ajenos al caso,  sus efectos les pueden alcanzar de lleno.
- Estudiante, tú que tienes letras, al follón del choriceo de las recalificaciones y que lleva ese juez que sale tanto en la tele, ¿por qué le han puesto el nombre de Tornasol? – quiere saber uno de los peones.
   Sergio, por toda respuesta, se encoge de hombros y niega con la cabeza. No está para muchas historias, lleva varios días sin pillar una mala papelina y está descompuesto. Es Dimas quien da cumplida respuesta:
- Cuando la policía comienza una investigación de cierto calado suele ponerle un nombre que, necesariamente, no es preciso que guarde alguna relación con lo que investiga. En este caso le han puesto operación Tornasol. ¿Por qué? Vaya a usted a saber, habría que preguntarlo a los maderos – sentencia.
   Lo que el capataz jefe desconoce es que la denominación no es tan fortuita como podría creerse, guarda alguna relación, aunque circunstancial, con los hechos que se investigan, pues al parecer en un hotel del mismo nombre fue donde el desconocido informante, cuya identidad sigue sin ser facilitada, comenzó a proporcionar a la UDEF las informaciones más reveladoras.