martes, 6 de mayo de 2014

4.5. El manifiesto

   José Ramón Arbós, como le sugirió el director local de la caja, se entrevista con Juan Antonio Cardona para contarle el conato de contestación a la urbanización de la Marina que parece extenderse por el pueblo. El consejero de BACHSA está de acuerdo con los recelos manifestados por Badenes. Si no se atajan a tiempo los rumores y las protestas podría generarse un problema que acaso fuera difícil de parar y que, en el mejor de los supuestos, terminaría aumentando los costes de la urbanización. Algo hay que hacer. Con lo que Cardona no comulga es con la idea de organizar un acto público para disipar los temores de parte del vecindario.
- Sinceramente, José Ramón, no creo que un acto así pueda ser muy eficaz, pero a bote pronto tampoco tengo otra idea mejor. Le pasaré la papeleta a los del marketing a ver si diseñan un plan para contrarrestar esa movida. Que se ganen el sueldo.
- Pues tengo otra sugerencia para tus chicos – añade José Ramón -. A quienes primero deben de trabajar el hígado son a los del Ayuntamiento. No hay manera de convencerles de que esto, hoy por hoy, no tiene ni medio pase, pero si lo dejamos crecer puede convertirse en un morlaco con unos pitones como dos catedrales – A Arbós le gustan mucho los toros, por eso usa frecuentemente símiles taurinos
- ¿Sabes qué? El sábado cogeré el coche y me desplazaré a Senillar. A ver si entre todos encontramos la solución más eficaz a lo que hoy no es más que un nubarrón, pero que mañana puede convertirse en un tornado que se lo lleve todo por delante.

   En la reunión del sábado están Cardona, acompañado por el director de la empresa de mercadotecnia encargada del estudio de mercados para BACHSA, los representantes locales de los constructores, José Ramón Arbós y Amador Garcés y el director local de Cajaeuropa, Agustín Badenes.
- Vamos a ver – es Cardona quien abre el diálogo -, antes que nada quiero que nos contéis cuánto sepáis de esa posible protesta sobre la urbanización de la Marina y vuestras impresiones sobre la misma.
- Verás Juan Antonio – es Arbós quien primero responde -, hay que ser de pueblo para comprender cómo reacciona el personal. Este es un sitio pequeño y pasan pocas cosas, entonces cuando ocurre algo fuera de lo habitual, lo normal es que la gente hable de ello. Y no solo hablan sino que le dan mil vueltas y acaban liándolo todo.
- Más opiniones – reclama Cardona.
- Lo que ha dicho José Ramón es cierto. La gente lo examina todo del derecho y del revés y le da tantas vueltas y revueltas que al final acaban viendo gigantes donde solo hay molinos – A Badenes le gusta presumir de su cultura cervantina.
- Amador, ¿y tú qué piensas?
- Cuando Agustín, al igual que hizo con Arbós, me llamó para contarme sus temores le insistí que no tenía por qué recelar nada, que esto, como bien se ha dicho, no eran más que chismorreos de pueblo. Eso pensaba hasta esta mañana en la que he sido testigo de algo que ha hecho que cambie de parecer. Ni siquiera he tenido tiempo de contárselo a José Ramón – añade Garcés dirigiéndose a su socio como pidiéndole perdón -. Como decía, esta mañana, y para preparar la reunión, me he pasado por la sede de ARBOGAR y allí, en uno de los despachos, estaba un grupito de chicos y chicas, entre ellos mi hija Matilde y Chelo, que es la hija mayor de José Ramón. Los he…
- ¿Chelo? – interrumpe Arbós, entre sorprendido y molesto -. ¿Y qué coño hacía allí mi hija?
- Tu hija, la mía y todos los demás estaban preparando un arsenal de propaganda en contra de la urbanización de la Marina, tenían de todo: pancartas, carteles, una especie de tebeo mural; ah, y un montón de fotocopias. Lo primero que hice fue abroncar a mi hija, luego los eché a todos, no sin antes incautarme de todo el material que pude arramblar pues, en el lío que se montó, temo que parte del mismo se lo llevaron los muchachos.
- Las pancartas y las fotocopias ¿qué contenían exactamente? – quiere saber Cardona.
- Un poco de todo, pero lo más importante es el borrador de un manifiesto que están preparando.

   Garcés saca de su maletín de ejecutivo un puñado de fotocopias que deja encima de la mesa. Cardona coge una y comienza a leer en voz alta:
- “Manifiesto a los ciudadanos y ciudadanas del pueblo de Senillar.
   Los jóvenes de la localidad, vuestros hijos e hijas, quieren denunciar el expolio de que se está cometiendo a nivel de nuestro amado pueblo. Ya nos han destrozado el paisaje, han arrasado nuestros campos y han alterado la paz y la tranquilidad que nos era tan querida. Ahora pretenden robarnos una parte irrenunciable de nuestra historia: la partida de la Marina y sobre todo el marjal.
   No nos oponemos a que el pueblo avance y se modernice. Por el mero echo de ser jovenes estamos a favor de todo cuanto suponga el progreso del pueblo, pues si Senillar avanza y se desarrolla nosotros vuestros hijos e hijas tambien avanzaremos y progresaremos. Estamos de acuerdo con que el progreso es bueno, pero no a cualquier precio. Lo del todo vale no es de recibo si por unas ganancias para hoy estamos destrozando la calidad de vida del mañana, de ese mañana que vais a legarnos a nosotros y nosotras.
   La juventud de Senillar no nos opusimos a que se urbanizara la zona del Torreón. Eran unas tierras que significaban poco para la economia local y para la vida de los hombres y mujeres de nuestro amado pueblo. Pero urbanizar la Marina es harina de otro costal. Es la zona en la que estan nuestros mejores campos, los más antiguos y hermosos naranjales de la comarca, las huertas más productivas y bien cultivadas de la región.
   Y no solo es la Marina, porque en base a la información que manejamos detrás de la Marina irá la marjaleria, que es el corazón de la misma y que como todo el mundo sabe después de La Albufera es uno de los umedales valencianos más importantes. Y para los hombres y mujeres, asi como para los chicos y chicas de Senillar, el marjal forma parte irrenunciable de nuestra historia, de nuestra vida. Son muchos los vecinos del pueblo que tienen un marjal, que sus antepasados crearon con sangre y sudor. Por unos cochinos millones, ¿vais a malvender vuestra propia historia, que tambien es nuestra?, ¿vais a enterrar y borrar el esfuerzo y el teson que pusieron nuestros mayores en levantar los marjales? 
   Tenéis que saber de que la juventud del pueblo dice NO a que se urbanice la Marina. NO a que se toque un solo junco de la marjaleria. NO a que la codicia de unos cuantos despedace y destruya el futuro del pueblo, NUESTRO FUTURO. Hoy no tenemos otra fuerza que la de la protesta, pero mañana seremos nosotros quienes gobernaremos el pueblo. Y NO OLVIDAREMOS a quienes cegados por una codicia insaciable pretenden dejarnos un pueblo, unos campos y una costa en la que el ormigón y el ladrillo lo hallan invadido todo.
   SENILLARENSES y SENILLARENSAS, os pedimos, os suplicamos que paréis el espolio que se está produciendo. Todavia estamos a tiempo para que entre todos y todas detengamos esa loca carrera de construir y construir a costa de cargarse nuestra historia, nuestros recuerdos, nuestros campos, nuestra forma de vida.
   ¡NO A LA URBANIZACIÓN DE LA MARINA!
   ¡NO A QUE SE TOQUE UN SOLO PALMO DE TERRENO DEL MARJAL!
   SENILLARENSES, SENILLARENSAS hoy os lo rogamos, mañana os lo exigiremos.
              JÓVENES UNIDOS POR UN SENILLAR LIBRE (JUSEL)”


   Cuando Cardona termina de leer el manifiesto un espeso silencio se abate sobre los reunidos, que muestran en sus rostros una mezcla de sentimientos que van desde el estupor a la consternación.

viernes, 2 de mayo de 2014

4.4. Entrega de llaves

   Sergio le ha contado a Lorena una versión editada de su charla con el dueño de la agencia inmobiliaria a quien ha consultado la posibilidad de vender el apartamento recién adquirido, como se le ha metido en la cabeza a la joven. Ha omitido la descripción de los defectos del apartamento y si le ha dicho, en cambio, que en opinión del agente inmobiliario apenas si iban a sacar beneficios si lo revendiesen dada la saturación del mercado. Allí se acaban las ansias mercantilistas de la muchacha. Decide que no venderán y vuelve a centrar todos sus afanes en el mobiliario y la decoración de su todavía no estrenado apartamento.

   En relación al piso, el señor Francisco tiene un detalle con el más joven de sus capataces.
- Sergio, nos han contratado para la instalación de los Arrayanes. Como me dijiste que te has comprado un piso allí, he pensado que cuando llegue el momento de instalar el tuyo te daré la oportunidad de que hagas la distribución de la instalación a tu gusto.
   A Sergio le falta tiempo para contárselo a Lorena y presumir que van a tener la mejor instalación de toda la urbanización.
- O sea que la instalación de la luz nos va a salir gratis – infiere la joven.
- No, cariño, lo que vale la instalación ya forma parte del precio total del piso. La oportunidad que nos brinda el señor Francisco es que podemos distribuir a nuestro gusto las tomas de corriente, la ubicación de los conmutadores, los enchufes para la tele; en fin, todo lo referido a la parte eléctrica. Lo que tengo que saber es dónde quieres las distintas tomas..
- Ah. Por toda la casa y hasta en la terraza. Oye, ¿podemos poner hilo musical? Ninguna de las casas de mis amigas lo tiene. Se iban a poner verdes de envidia.
- Lo del hilo musical no va a poder ser porque supondría un mayor coste y eso no creo que lo acepte el señor Francisco.
- El Francisco es un agarrado de mucho cuidado y tú un petardo.
- Tesoro, eres injusta con mi jefe. Es todo un detalle de su parte que nos deje distribuir la instalación a nuestro gusto. Me ha dicho Dimas que eso no lo había hecho nunca.
- Bueno, menos lobos que a ese rácano de tu jefe me lo conozco bien. Lo que no sabía es que se pueden cambiar las cosas del piso a gusto de cada propietario. 
- Verás, todos los apartamentos tienen idéntica instalación, pero el señor Francisco ha querido tener este detalle con nosotros. Por otra parte, casi todas las empresas aceptan realizar cambios o mejoras en las viviendas que, por supuesto, corren a cargo del comprador y que encarecen el precio final.
   Nada más decirlo, Sergio intuye que acaba de meter la pata.
- Pues me acabas de dar una idea porque hay varias cosas del apartamento que no me convencían ni mucho ni poco.
   El joven intenta remediar el desaguisado que él mismo ha provocado.
- Has de saber que no todas los cambios son factibles realizarlos. Hay muchos que dada la estructura son irrealizables y otro factor a considerar es que las empresas se aprovechan y cobran las mejoras a precio de oro.
- Ya estás a vuelta con el dichoso dinero, como siempre. Anda y que no eres roñoso a pesar del dineral que ganas un mes sí y otro también. No te preocupes, los cambios que tengo pensados no te costarán la hijuela.
   Visto que parece que la cosa no tiene remedio, Sergio trata de limitar el alcance de las reformas y lo primero que necesita es saber.
- ¿Y cuáles son las cosas que no te convencen?
- Pues mira, no me gusta el alicatado de los baños. He visto uno de Porcelanosa que quedará de lujo y que pega a modo con la grifería. Tampoco me peta el pavimento que lleva la terraza, desentona con el del resto del apartamento, habría que poner otro suelo. Y lo que más da el cante es la cocina. Parece mentira que a unos pisos tan modernos les vayan a poner una cocina de gas. Eso es del tiempo de Carolo. Ahí le iría ni que pintada una vitrocerámica. He oído decir que en cocinas es lo más de lo más.
- Bueno, lo hablaré con los de la promotora, a ver qué se puede hacer.

   Parecía que nunca iba a llegar, pero al fin ocurrió ese momento soñado por toda persona que compra una vivienda: la entrega de llaves. Sergio, como ha visto que hacen en las películas, toma a Lorena en brazos y de esa forma entran en su nuevo hogar. La joven está radiante de gozo y él es feliz viéndola tan dichosa. La mayoría de las mejoras que ella quería están instaladas. Lorena no se cansa de recorrer el piso y, habitación tras habitación, va desgranando el mobiliario que ocupará cada espacio. Aunque la joven se lleva una pequeña desilusión, tal y como establece el contrato desde la terraza se vislumbra el mar, pero solo un trocito y siempre que se saque medio cuerpo fuera de los límites de la barandilla con el riesgo de estamparse en el jardinillo que alegra el pretencioso hall de acceso al edificio.

   Al día siguiente de la entrega de llaves, Lorena lleva a sus amigas a que vean el apartamento y a que se mueran de envidia. Ninguna de ellas tiene una casa como aquella y es más que dudoso que alguna vez lleguen a tenerla.
- Lorena, hija, que monería de piso te ha quedado – comenta Verónica.
- Pues espera a que esté todo amueblado y con todos los aparatos que vamos a comprar. Entonces sí que estará molón.
- Os ha tenido que costar un pastón. Que suertuda eres de tener un chico capaz de currar tanto y ganar la pasta que gana. Esto, desde luego, no lo hubieses logrado con el Maxi que, por cierto, acaba de volver al pueblo para trabajar en las nuevas obras – Maribel da la noticia con toda la mala intención de que es capaz porque sabe que le va a escocer a su amiga.
   Lorena hace oídos sordos al dardo de Maribel, aunque no deja de sentir un inquietante hormigueo en lo más hondo. Para sobreponerse al subidón que le ha dado, les sugiere que la acompañen a la terraza.
- Mirar que amplia es. Ya le tengo echado el ojo a un conjunto de dos tumbonas y una mesita auxiliar para amueblarla. Son de lo más chic. Ni siquiera voy a tener que ir a la playa para ponerme morena, lo podré hacer en mi propia casa.
- Desde luego, hija, tienes más suerte que el Armengol, que le ha tocado la lotería tres veces – proclama con humor Anabelén.

   Unos días después a quien le toca el turno de visitar la vivienda es a su madre, quien fiel a su maternal condición, y dado que conoce como nadie el paño con el que se viste su hija, no duda en lanzarle un aviso:
- Hija, tienes un piso precioso. Comparado con el cuchitril en el que vivíais esto es una mansión. Que tengas mucha salud para disfrutarlo. Y ahora solo falta que tengas cuidado y no hagas tonterías, que un chico como el Sergio no lo vas a volver a encontrar ni en pintura. Ya sabes por qué lo digo.
   La visita de su suegra, aunque estrictamente no lo sea, plantea a Sergio un problema de conciencia. Desde que sus padres se enfadaron con él a raíz de dejar los estudios e irse a vivir con Lorena, apenas si han vuelto a mantener contactos. Se han limitado a felicitarse las Navidades y su madre le ha llamado en su cumpleaños. Su padre ni siquiera eso. Sabe de ellos, y sus progenitores de él, a través del abuelo que es quien mantiene un frágil hilo de contacto. Ahora que va a tener una casa como Dios manda y no el antro en el que hasta la fecha han vivido, cree que es llegada la hora de intentar la reconciliación. Habla con su abuelo y le pide que tantee a sus padres y que les diga que nada le gustaría más que hacer las paces con ellos y poder enseñarles su nueva casa, la que para su pareja es el paraíso de sus sueños. 

martes, 29 de abril de 2014

4.3. De forment ni un gra

   La visita de un grupito de jóvenes para interesarse por su posicionamiento conservacionista ha dejado perplejo a Pascual Tormo, no esperaba que en el pueblo hubiese un solo colectivo que levantase la voz contra las tropelías urbanísticas que se están cometiendo y resulta que hay un grupo de chavales  que parece rebatir su creencia. Y con una curiosa particularidad: al parecer está capitaneado por una de las hijas de José Ramón Arbós, uno de los personajes locales más comprometidos con los constructores. ¿Irán en serio aquellos muchachos o alguien los está utilizando para tenderle una trampa? Piensa que no es bueno quedarse con la duda por lo que, superando su propensión a la indolencia, opta por la acción. Hace llegar al grupo el mensaje de que le gustaría volver a dialogar con ellos.

   La panda de chicos de la vez anterior, con algunas nuevas incorporaciones, le visita. Vuelve a ser Chelo Arbós quien lleva la voz cantante.
- ¿Has cambiado de opinión o nos vamos por dónde hemos venido? – es la pregunta a modo de saludo que le suelta la jovencita.
- El otro día creo que empezamos con mal pie y me gustaría retomar la conversación con otro talante, que no es precisamente el que manifiestas, Chelito – responde Tormo a la insolente pregunta de la muchacha.
- Pues llamarla Chelito, tío, no es la mejor manera de comenzar – comenta por lo bajo uno de los muchachos.
- Eso del talante, ¿va por tu parte o por la nuestra? – inquiere Chelo con un tinte cáustico en su voz.
- Por ambas partes. Si no recuerdo mal pedíais mi consejo sobre cómo encauzar la protesta contra la urbanización de la marjalería, ¿no es así?
- Correcto. Y tú saliste por la tangente diciendo que los vainas del Ayuntamiento aseguran que el marjal no se va a tocar, que solo se van a urbanizar las zonas más periféricas – le recuerda Chelo.
- Aunque no me fío demasiado de nuestros gobernantes, sigo manteniendo que no creo que se atrevan a urbanizar el humedal porque tendrían graves problemas para conseguirlo. En una operación de ese tipo intervendría no solo el Ayuntamiento, sino también la Diputación, la Consejería de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente y, hasta posiblemente, el Gobierno central. Muchos filtros que pasar.
- Sí, pero el dinero todo lo puede y la gente de la construcción lo maneja a espuertas. ¿Acaso no sabes lo que está pasando, no solamente en nuestra comunidad sino en todo el litoral mediterráneo? – plantea uno de los chicos que hasta el momento ha estado callado. Y añade -. No hay humedal ni playa ni lugar costero que se libre de la invasión del ladrillo, arrasan con todo, no se paran ante ningún obstáculo y si tropiezan con algún impedimento legal el partido político que gobierna en ese momento se apresura a allanarlo. Si no hacemos algo, lo mismo pasará en nuestro pueblo.
- Lo que dices es en gran medida cierto, pero no tiene por qué repetirse aquí. Amador Garcés que, como sabréis, está muy metido en todo ese negocio, me ha asegurado personalmente que al marjal no le tocarán ni un pelo.

   Chelo, muy en su papel de lideresa, corta el diálogo:
- Mira, tío, ya está bien de palabrería. No hemos venido a que nos sueltes ningún sermón ni que pretendas vendernos la burra de la bondad de los fulanos del ladrillo y de sus perros falderos políticos. ¿Nos vas a ayudar o qué? - interroga de forma tajante.
- Me gustaría ayudaros, pero no sé de qué manera puedo hacerlo.
- Tenemos muchas ideas: montar un foro para informar a la gente, realizar una manifestación, encargar camisetas con el eslogan de “El marjal no se toca”, redactar un manifiesto de protesta que se pasará a la firma del vecindario, visitar las sedes de los partidos políticos de la oposición para pedirles su apoyo, llenar el pueblo de pancartas y carteles llamando a la protesta contra esos proyectos; en fin, que ideas no nos faltan – expone Chelo.
- Lo que sí nos falta es alguien con el suficiente peso y autoridad para dirigir y coordinar la protesta – confiesa otro de los integrantes del grupo.
- Pues habéis marrado el tiro – afirma Tormo con una sonrisa -. Mi peso no es nada del otro mundo, como púgil no pasaría de ser un peso gallo. Y en cuanto a autoridad no tengo ninguna y mucho menos capacidad de influir en la gente del Ayuntamiento, ni siquiera pertenezco a un partido político. Vuelvo a repetirlo: vuestra causa me parece noble, pero un tanto quimérica puesto que no parece que vaya a urbanizarse el humedal. 
- Compañeros – Chelo se dirige al resto del grupo -, no perdamos el tiempo. Este no es el Pascual Tormo que creíamos conocer y del que tan buena opinión teníamos – y mirando a Tormo añade -. Gracias por nada y adiós.
- Oye, ¿y tu padre está enterado de lo que estás haciendo? – pregunta Tormo dirigiéndose a Chelo.
- Mi señor padre pasa de mí y yo le pago con la misma moneda, paso de él – es la respuesta de la jovencita.

   La frustrante entrevista le deja a Pascual un amargo sabor de boca. Sabe que ha decepcionado a los jóvenes y, lo que es peor, se ha decepcionado a sí mismo. Se autojustifica pensando en que le han cogido en un mal momento, todavía no se ha repuesto de la reciente ruptura con la que creyó que era la mujer de sus sueños y anda bastante desnortado. No se encuentra con ánimos de embarcarse en una movida como la que pretenden iniciar los jóvenes que acaban de visitarle. Ponerse al frente de esos muchachos no le traerá más que problemas y no se ve con fuerza para enfrentarlos. Por otra parte, está convencido de que la protesta de los chavales no irá a ninguna parte ni van a conseguir nada positivo. Y aún en el supuesto de que les echara una mano, ¿qué conseguirían?
- Al final, de forment ni un gra – termina repitiendo en voz alta el popular aforismo valenciano que sintetiza la falta de consistencia de algo o alguien.

   El domingo siguiente a la visita del grupo de chavales, Tormo se tropieza en una calle con Sergio Martín. No se habían vuelto a ver desde la última charla del ciclo que impartió el profesor sobre el presente y el futuro del urbanismo.
- Hombre, Sergio ¿qué tal, cómo estás?
- Bien, profe, ¿y tú cómo lo llevas?
- Haciendo la vida de siempre. Mis apuntes, las clases, un ensayo que estoy escribiendo y que no sé si lo terminaré alguna vez. Pura rutina. Por cierto, tú que supongo que te mueves en los ambientes juveniles, ¿sabes algo de un conato de protesta que un grupo de estudiantes del pueblo quiere poner en marcha?
- Profe, estás hablando con un humilde electricista que curra más de diez horas diarias. No me queda tiempo para frecuentar la vida juvenil y menos la de los estudiantes del lugar. Y no, no he oído nada, pero no me has dicho de qué protestan.
- De que van a urbanizar la partida de la Marina.
- Esa sí que es buena. Los que protestan deben ser los hijos de los ricos del pueblo porque ya me dirás, ¿de qué diablos va a vivir este pueblo si no es del turismo? Solo la gente que no le da un palo al agua puede estar en contra de que se construya. Tú mismo nos explicaste los muchos beneficios que comporta el urbanismo.
- También os expliqué que cuando se realiza un urbanismo salvaje, sin ninguna clase de respeto por el medio ambiente, las consecuencias negativas superan a las positivas. Y cuando aquí comiencen a cargarse los marjales habremos llegado a esa situación.
- Que yo sepa, en el humedal no se ha puesto un solo ladrillo.
- Por ahora, pero…

domingo, 27 de abril de 2014

3000

   La pasada semana el blog alcanzó las 3000 páginas vistas. Digo lo de siempre: ya sé que no es una cifra espectacular, pero para un blog con objetivos modestos y un bloguero casi octogenario tiene su valor.  Como lo tiene el que haya sido visitado desde 42 países de todos los continentes, salvo África. Cuando en el pasado septiembre escribí que eran treinta los países desde los que se había accedido al blog, hoy a que añadir a ellos otros doce: México, Malasia, Bielorrusia, Turquía, Perú, Australia, Vietnam, Serbia, República Dominicana, Grecia, Bélgica y Singapur. Y aunque la novela “Apartamento con vistas al mar”, que es la esencia del blog, está en su fase final, espero que antes de poner el the end  sea vista por unos cuantos cientos más. 

viernes, 25 de abril de 2014

4.2. Lorena quiere dar el pelotazo

   El apartamento que han comprado Lorena y Sergio todavía tardará bastante en serles entregado, sin embargo la joven piensa en él como si ya lo tuviesen en su poder. Se ha convertido en el principal tema de conversación con su chico, con sus amigas, con cualquiera con el que cruce unas palabras.
- Sergio, me tienes que acompañar a una tienda de muebles que hay en Albalat.  Me ha dicho Anabelén que tiene cosas de lo más guay. Y de paso nos acercamos a echar un vistazo a una exposición de lámparas que hay cerquita para ver si encuentro alguna que quede mona en la terraza.
- Lo que quieras, cariño.
   …..
- Sergio, tesoro, a ver si esta tarde no vuelves a las tantas como acostumbras y me puedes llevar a Gandía. Hay una fábrica de muebles que está haciendo una oferta de mobiliario para comedores que parece que es lo más de lo más.
- Mi vida, si vuelvo tarde es porque tengo que hacer muchas horas extras para poder pagar el apartamento. Por tanto, no te quejes. Y precisamente hoy no va a poder ser. Tenemos que acabar la instalación de un bloque que hay que tenerlo listo para ser entregado antes de que acabe el mes. Tendrá que ser otro día.

   Lorena se ha pateado casi todas las tiendas de muebles de Senillar y de los pueblos vecinos. Ha comparado estilos, calidades y precios, aunque para ubicar todo el mobiliario que piensa comprar tiene un pequeño problema: no acaba de entender el plano y se arma un lío con las medidas. No hay forma de que Sergio le enseñe cómo interpretar el plano que les ha facilitado la vendedora.
- Mira, churri, es fácil. Cada milímetro del plano representa un metro en la realidad. Entonces lo que has de hacer es medir las distancias en el plano y sabrás de cuanto espacio dispones en cada habitación. 
- Bueno, tú como has estudiado lo tienes chupado, pero no es tan sencillo como dices. Por ejemplo: ¿cómo puedo saber el espacio que ocuparán la cama y los demás muebles en el dormitorio?
- Coges el plano, mides la habitación a lo largo, luego a lo ancho y te saldrá el espacio del que puedes disponer para colocar la cama y el resto del mobiliario.
- Eso ya lo hice y me armé un lío que te cagas.  
   A la postre, Sergio ha tenido que elaborar un nuevo plano en el que ha ido dibujando todos los muebles, aparatos y elementos decorativos que la joven está dispuesta a meter en el piso. Son tantos que duda que todo aquello quepa en el espacio más bien ajustado del apartamento, pero no pone pegas. La ve tan feliz e ilusionada que prefiere que todo siga así. Ya llegará el momento de ocupar los metros reales y entonces algo se le ocurrirá. De momento, se contenta con que Lorena esté centrada en el montaje y decoración del apartamento lo que ha hecho que se aparte un tanto de la pandilla de sus amigos de siempre, algo que no deja de preocuparle por la deriva a la que los están llevando.

   Cuando el joven llega a casa aquella noche, Lorena lo recibe excitadísima.
- No sabes de lo que me he enterado. La hija de la Rosita, la amiga de mi madre, ha vendido el piso que había comprado donde nosotros. Le costó treinta y nueve quilos, porque está en un octavo con muy buenas vistas y, ¡fíjate que chollo!, lo ha revendido por cuarenta y uno y medio. Se ha ganado dos millones y medio en unos meses. Y eso sin que todavía nos hayan entregado las llaves.
- Sí que ha hecho un buen negocio – acepta Sergio.
- ¿Tú crees que si pusiéramos el nuestro a la venta nos darían más de lo que nos ha costado? – pregunta una excitada Lorena.
- Pues es posible – contesta Sergio por decir algo.
- ¿Solo posible?
- Mi amor, no lo sé, no puedo saberlo. Y un apartamento, como cualquier otra cosa, no vale lo que pidas por él sino lo que te ofrecen, y no sé cómo está el mercado de segunda mano.
- Nuestro piso no es de segunda mano – salta Lorena como un muelle -. Está sin estrenar.
- Bueno, pues el mercado de reventa o como se llame – responde Sergio en tono conciliador.
- Lo de revenderlo ¿por qué no lo probamos?
- ¿Lo dices en serio o es una de tus bromas?
- Con las cosas del dinero siempre hablo en serio. Si sacáramos dos o tres quilos más de los que nos ha costado, piensa que tendríamos para comprar otro apartamento y, además, el BMW que es mi sueño.
- No creo que eso sea tan fácil como crees. ¿Qué hay de cena? – pregunta Sergio dando fin al tema de la posible venta del apartamento.

   Días después Lorena vuelve a sacar el asunto de la reventa del apartamento:
- Desde que me enteré de lo que ha hecho la hija de Rosita no hago más que darle vueltas a la olla. ¿Tú sabes lo que representaría que pudiésemos sacar dos o tres quilos de más por el piso? Con la de números que sabes, ¿por qué no lo estudias?
- Mira, tesoro, las cosas no son tan simples como crees. Primero habría que encontrar un comprador que estuviese dispuesto a pagar un precio mayor del que nos costó. Luego está el problema de la subrogación de la hipoteca.
- ¿Y eso qué es?
   Sergio le explica en qué consiste la subrogación.
- … y hay un problema añadido. Como nuestra hipoteca la negocié con el director de Cajaeuropa tendría que hablar con él para ver si le mantendría las mismas condiciones al nuevo comprador.
- Pero, ¿los papeles de la hipoteca no están firmados? – inquiere una desconfiada Lorena.
- Sí, pero el director de la caja me dispensó un trato de favor y sería muy descortés por mi parte subrogar la hipoteca sin consultarle.
- Con el palabrerío fino que te gastas, seguro que convences al de la caja y a quien se te ponga por delante.
- Mi vida, no vendamos la piel del oso antes de cazarlo. Ante todo, hemos de pensar muy seriamente si estamos dispuestos a revender el apartamento.
- Si revendiéndolo vamos a ganar una pasta gansa sin mover el culo yo digo que lo hagamos. ¿Sabes cuántas birras tendría que servir para ganar dos o tres quilos?
- Piénsalo bien, amor, no nos precipitemos. Ten en cuenta que si lo vendemos tendrás que volver a patearte un montón de urbanizaciones y remirar pisos y propagandas… En fin, volver a pasar por todo lo que has pasado hasta que encuentres un apartamento que te guste.       
   La última reflexión es la que pone freno a los proyectos de la joven.
- En eso tienes razón. Sería una pesadez volver otra vez al rollo de las visitas y a escuchar los mismos discos de los vendedores. Pero ¿tú sabes lo que supone ganarse dos o tres millones por la jeta? – insiste la joven.
   Como la conversación lleva camino de convertirse en un va y viene sin sentido, Sergio opta por cortarla proponiendo algo que sabe que la contentará por el momento.
- Vamos a hacer una cosa. Deja que hable con el señor Francisco o con Dimas, que entienden la tira de tejemanejes de compraventa de pisos, y les pediré su opinión. ¿De acuerdo, churri?

   Resulta que ni el señor Francisco ni Dimas son tan expertos en el mundo de la compraventa de apartamentos como suponía Sergio, pero el primero le pone en contacto con un buen amigo suyo, un tal Rogelio, que tiene una agencia inmobiliaria y que se las sabe todas sobre el negocio.
- Mira, chico. Si fueras un cliente al uso no te hablaría así, pero como vienes de parte de Francisco, viejo amigo mío, te diré la verdad. El piso que has comprado está mal orientado, el sol de poniente le va a dar casi toda la tarde y eso lo convertirá en un horno. Si no queréis asaros tendréis que terminar poniendo aire acondicionado y eso cuesta una pasta. Aún queda otro aspecto negativo. Está en la primera planta. A pesar de lo que diga el contrato dudo que sea posible divisar el mar desde la terraza. Resultará difícil encontrar un comprador que no sé dé cuenta de esos fallos. De todos modos, si quieres, lo pongo en mi catálogo de ofertas.
   Lo que el de la agencia le acaba de explicar no ha sido ninguna novedad para Sergio, los dos defectos señalados los detectó en cuanto le echó un vistazo al plano general del edificio. No tuvo el valor de decírselo a Lorena.
- Pese a todo eso y, en el supuesto de que lo pusiésemos a la venta, ¿qué plusvalía estima que podríamos sacar?
- En el mejor de los casos, no creo que llegara al medio millón. Y descontando los gastos de papeleo y tramitación algo menos. Pongamos que entre doscientas cincuenta y trescientas mil pesetas.
- Muchas gracias, señor Rogelio. Lo pensaré y, si opto por vender, volveré.

martes, 22 de abril de 2014

LIBRO IV (y último) EL OCASO 4.1. Un germen de protesta

   A raíz de la publicación en el periódico comarcal El Pregoner de que está en marcha el proceso de aprobación del PAI de la Marina que contaría con un puerto interior, el cual, aunque no se dice explícitamente, se sobreentiende que se construiría sobre los marjales, se desata en el pueblo un torrente de opiniones encontradas. No se habla de otra cosa. Paradójicamente, nadie dijo una palabra cuando comenzó a urbanizarse la partida del Torreón y aledañas; es más, a casi todos les pareció bien que se urbanizara aquella zona, quizá porque era el territorio más pobre del término municipal. En el caso del PAI de la Marina ocurrió algo parecido en las primeras fases del proceso: ni en la etapa de información pública, ni durante el plazo de presentación de alegaciones apenas si hubo comentarios que trascendieran al común de la población.
   En cambio, ahora son muchas las voces que claman contra la urbanización de la Marina, posiblemente porque en su almendra está el humedal de la marjalería, paraje que va unido a la memoria y a las vivencias infantiles de los lugareños. Quien más quien menos de los nacidos en Senillar había ido de niño a nadar en los canales del humedal o recordaba como pescaba ranas o capturaba tortugas en las acequias existentes entre marjal y marjal.
   Sea por motivos sentimentales o por no se sabe qué, pero cada día es mayor la contestación de la calle contra el proyecto. Claro que la protesta, al menos de momento, se hace de manera netamente española: echar toda clase de pestes y reniegos contra el plan en bares, tertulias y reuniones, pero sin ir más allá. Es lo que Pascual Tormo ha bautizado como una protesta ágrafa.

   Acaso porque conoce bien el percal de que están hechos sus convecinos, el equipo de gobierno del Ayuntamiento no concede ninguna importancia a la incipiente protesta, se limita a repetir, una y otra vez, que el proyecto será una nueva y duradera mina de oro para el pueblo y que, por descontado, se urbanizará la zona, pero sin tocar los marjales. Hasta el lobby local pro-urbanismo y sus variadas terminales no le dan mayor alcance a unas quejas que casi siempre son en voz baja. De lo que sí se han ocupado los representantes locales de los constructores ha sido cortar de raíz un amago de oposición que detectaron a tiempo. Fue cuando Jaume Pellicer, que sigue siendo secretario general del PSOE local, anunció que votaría en contra en el pleno del Ayuntamiento en el que se iba a tratar del PAI. Tuvieron que recordarle que más le valía mantenerse callado o saldrían a la luz algunas de sus actuaciones en su etapa de alcalde en la anterior legislatura. La amenaza funcionó, los socialistas se limitaron a abstenerse en la votación del pleno.

   La postura entre los círculos locales del poder de que aquí no pasa nada tiene una excepción: Agustín Badenes. Desde su atalaya de Cajaeuropa ha olfateado que, por ahora, la protesta es un modesto riachuelo, pero si no se lo represa a tiempo puede convertirse en un impetuoso torrente. Por eso cita a su socio Arbós para hacerle partícipe de su preocupación.
- José Ramón, hay que atajar cuanto antes esas habladurías que corren por el pueblo sobre la Marina o terminaremos teniendo un disgusto. Es mucho lo  que nos jugamos en el negocio.
- Tranquilo, Agustín, mis paisanos son de los de ladrar mucho, pero morder poco. Y, si no, a las pruebas me remito. En el período de información pública apenas si hubo gente que se acercara al Ayuntamiento a preguntar sobre el PAI y ¿cuántas alegaciones hubo?, creo que tres o cuatro y de escasa entidad.
- Sigo sin estar convencido. Creo que es una mala política la del no sabe no contesta que es la que está manejando el Ayuntamiento – Badenes no da su brazo a torcer.
- Te insisto en que no te preocupes. En el Ayuntamiento solo había un peligro cierto, que la oposición montara un pollo cuando se tratara lo del PAI, pero ya nos encargamos de hacerle llegar un recado a Pellicer que, como sabes, surtió efecto. En este pueblo no protestan ni los muertos y tampoco los vivos. Aquí mucho bla, bla, bla, pero luego son de los de dame pan y llámame tonto.
- José Ramón, puedes opinar lo que quieras, pero me reafirmo en la idea de que algo tendríamos que hacer. La falta de información es lo que genera más bulos y rumores y estos no hacen más que inyectar oxígeno a la hoguera de los dimes y diretes.
   Arbós, visto el empecinamiento de Badenes, opta por ceder.
- Bueno, para que te tranquilices, así a bote pronto se me ocurre que quizá fuese suficiente con organizar un acto público al que se convocaría a la ciudadanía y en el que se le daría una información lo más detallada y visual posible, obviando por supuesto cualquier referencia a los marjales.
- Pero en un acto de ese tipo no puedes controlar a todo el personal y siempre saldrá un cantamañanas que querrá conocer lo que se vaya a hacer con los marjales en un futuro – objeta Badenes.
- Ese es un riesgo que habrá que correr, para contrarrestarlo se pueden llevar una serie de respuestas preparadas para tranquilizar al vecindario. De todas formas creo que hay que pensarlo más despacio. Mira, lo que voy a hacer es ponerme en contacto con Bricart para que la gente de BACHSA nos ayude a preparar un plan de desinformación lo más completo posible.
- Creo que es mejor que lo hables con Cardona. Cierto que Bricart es mucho más expeditivo, pero bastante menos sutil y para desinformar, como dicen los italianos, le manca fineza – apunta el bancario.

   Los temores de Badenes comienzan a ser reales. Sin que nadie pueda precisar cuándo y dónde se gestó el primer conato de rebeldía, ha comenzado a circular entre la juventud más comprometida del pueblo un grito de protesta. De momento es una queja que no tiene forma ni siquiera mucha sustancia. Los chicos, al igual que sus mayores, se limitan a parlotear pero poco más. Con la llegada del verano y la vuelta de los jóvenes que están estudiando fuera del pueblo parece que la oposición a la urbanización de la Marina comienza a consolidarse.
   Una tarde, Pascual Tormo recibe la visita de un grupito de muchachos, ninguno de los cuales debe de tener más de veinte años.
- Pascual, nos gustaría saber tu opinión sobre lo que está pasando con la Marina – plantea Chelo Arbós, que parece ser la portavoz del grupo.
- ¿Y para qué queréis saber mi opinión? – contesta un reticente Torno.
- Verás, en este pueblo no abundan las personas como tú. Eres el único profesor universitario que vive aquí y, por si no lo sabes, todos tenemos una gran opinión de ti. Nos consta que estás interesado por la preservación del medio ambiente.
- No sé de dónde habéis sacado eso, pero por si no lo sabéis no pertenezco a ninguna asociación de ecologistas.
- Lo sabemos, como también que nunca te has negado a estampar tu firma en los manifiestos en defensa de la naturaleza y de su conservación.
- Eso es cierto, pero exactamente ¿qué es lo que queréis de mí?
- Que nos aconsejes sobre cómo encauzar la protesta contra la urbanización de la marjalería.
- Según reitera la alcaldía y la concejalía de urbanismo, el marjal no se va a tocar, solo se van a urbanizar los sectores más externos – les informa Tormo.
- ¿Y tú crees lo que dicen? – pregunta irónicamente Chelo -. Primero fue el Torreón, luego los sectores contiguos, después la parte periférica de la Marina, ahora ¿cuánto crees que tardarán los constructores en poner sus garras en los marjales? De todas formas, Pascual, quédate tranquilo que esto no ha sido más que un sondeo para conocer tu opinión sobre lo que está ocurriendo. Ahora ya sabemos que eres de lo que no se mojan ni debajo de la ducha. Que te aproveche y abur.

viernes, 18 de abril de 2014

3.20. La gente sí lee el periódico

   El periódico comarcal El Pregoner sigue publicando la serie de reportajes, elaborados por su corresponsal en Senillar, sobre la aprobación del PAI de la Marina, así como las reuniones mantenidas entre el equipo de gobierno del Ayuntamiento y los representantes de las entidades que van a financiar y a llevar a cabo el proceso urbanizador.

   El corresponsal local del noticiero ha conseguido la primicia de las manifestaciones de algunos de los intervinientes en dichas reuniones. Uno de los entrevistados es Íñigo Arechabaleta, consejero delegado de la Mercantil Urbanizadora de Senillar, que es el agente urbanizador.
 - Señor Arechabaleta, como representante de la empresa urbanizadora, ¿qué tiene que decir a nuestros lectores sobre el resultado de las reuniones mantenidas con el gobierno municipal?
- Lo más importante es que, una vez aprobado el PAI, se acometerán las obras de urbanización y servicios urbanísticos, lo que, en su segunda fase, se podrá simultanear con la edificación de apartamentos y chalés adosados. Y así hasta llegar a la última etapa con la implantación de zonas terciarias, sobre todo de plazas hoteleras y de servicios pues.
- ¿Por qué van a esperar al final para la construcción de hoteles cuando Senillar carece de ellos? ¿No sería más lógico comenzar precisamente por la edificación de plazas hoteleras?
- Vayamos por partes pues. Uno de nuestros principales objetivos es, en efecto, la creación de hoteles para potenciar el turismo que junto con la construcción se convertirán en los más firmes pilares de la economía del municipio. A ese objetivo no renunciamos en absoluto, ahora bien la economía impone sus particulares ritmos y plazos y en función de ellos es por lo que vamos a edificar primero bloques de apartamentos.
   Al informador parece no terminar de convencerle la explicación del empresario e insiste:
- Comprendo sus argumentos, pero aquellos veraneantes o visitantes de estancias cortas, de menos de una semana, al no encontrar aquí plazas hoteleras terminarán recalando en los pueblos vecinos que sí las tienen.
- Acepto que eso pueda ocurrir al principio, pero debe tener en cuenta que nos enfrentamos a un reto descomunal, y es nada más y nada menos que ubicar a Senillar en el mapa de los destinos turísticos donde hasta hoy brilla por su ausencia. Por eso hemos de comenzar por construir viviendas que atraigan a veraneantes y turistas con estancias más prolongadas para ocuparnos después de los de estadías más cortas o de los que prefieren pasar sus vacaciones en un hotel pues.

   Días después el corresponsal entrevista al alcalde de Senillar, el señor Javier Blasco.
- Alcalde, ¿hasta qué punto es importante para el pueblo la urbanización de la Marina?
- La urbanización de la Marina pasará a ser nuestro proyecto estrella porque, como muy bien han dicho los representantes de la empresa urbanizadora, representa el futuro económico de nuestro pueblo. El hecho de que entidades como Cajaeuropa, MUCSA y la constructora BACHSA estén detrás de este plan es para nosotros el aval de que las obras se culminarán de manera satisfactoria para todos.
- Hasta ahora todas las urbanizaciones construidas en el Torreón y sectores aledaños han sido de apartamentos y de chalés adosados, ¿se van a construir en el nuevo PAI de la Marina hoteles y zonas de servicios?
- Esa es una pregunta que tendría que formular a los constructores para tener respuestas más concretas, pero por la información que tengo puedo adelantarle que sí, que está contemplada la edificación de plazas hoteleras, así como de grandes establecimientos comerciales y de ocio. El nuevo PAI va a tener unos equipamientos mucho más completos que todo lo que se ha construido hasta ahora.
- ¿Quiere añadir algo más?
- Solamente esto: hoy puedo afirmar con satisfacción que el futuro de nuestros hijos y de nuestro pueblo es mucho más esperanzador que nunca. Ante nosotros se despliega una época de bonanza social y económica como nuestros mayores no pudieron soñar jamás. Que sean mis últimas palabras para agradecer a mi partido el apoyo prestado al proyecto en todas las instancias.

   En la tercera entrega de los reportajes sobre la urbanización de la Marina de Senillar, el corresponsal de El Pregoner conversa con el concejal de urbanismo, señor Guillem Armengol.
- Concejal, ¿cuál es su opinión del acuerdo que han rubricado con la mercantil urbanizadora MUCSA?
- Reiterando las declaraciones del alcalde a este mismo medio, considero que este proyecto es esencial no solo para la economía del pueblo sino también para toda la comarca. Como se ha dicho, será una fuente de riqueza, de trabajo y de bienestar para todos los senillarenses, por eso en mi partido, en UNES, no hemos dudado un momento en apoyarlo y potenciarlo.
- ¿Quiere añadir algo más?
- Quiero destacar algo importante, en Senillar hemos llegado más tarde al desarrollo urbanístico y turístico que los pueblos vecinos, eso significa que hemos de esforzarnos mucho más en urbanizar todo lo posible para tratar de reducir la brecha que todavía nos separa de ellos. Esa tardanza también tiene un lado positivo: hemos aprendido de los errores que han cometido otros y no pensamos limitarnos en brindar un turismo de sol y playa de baja condición, nuestra intención es ofrecer un equipamiento turístico de alta calidad. Por eso no vamos a limitarnos a construir viviendas y hoteles, tenemos la ambición de que nuestra costa tenga muchos mejores equipamientos.
- ¿Eso significa que no van a limitarse a ofrecer un turismo de sol y playa?
- Por supuesto, para el turismo de ese tipo hay un exceso de oferta, nosotros tenemos la intención de ir un paso más allá.
- ¿Podría explicarnos mejor a qué quiere referirse al hablar de ir un paso más allá?
- En este momento no estoy autorizado para añadir nada más. Lo siento.
   El informador terminaba su crónica con la siguiente coda: este corresponsal, bebiendo en fuentes generalmente bien informadas, está en situación de avanzar como primicia que se está estudiando la posibilidad de construir una nueva y mayor urbanización en la Marina que, probablemente, contaría con un puerto interior. La jugada es arriesgada pero original, en vez de desecar el humedal, como han hecho en otras localidades, lo transformarán en un puerto deportivo, lo que hará de Senillar uno de los destinos turísticos más atractivo de toda la región.

   En el pueblo, salvo los funcionarios del Ayuntamiento, nadie lee el Diario Oficial de la Generalidad Valenciana, pero la gente si hojea el periódico comarcal pues suele informar de la mayoría de chismorreos y de las menudas incidencias de la vida local. La noticia de la creación del Programa de Actuación Integrada de la Marina, que hace tiempo que rodaba por los mentideros locales, alcanza carta de naturaleza tras aparecer en los medios. El nacimiento del nuevo PAI se convierte automáticamente en el tema principal, casi único, de todos los corrillos, tertulias y reuniones de los vecinos de Senillar.