martes, 15 de abril de 2014

3.19. ¿Cómo me meto en este berenjenal?

   Sergio ha vuelto a la caja para concluir el trámite de concesión de la hipoteca del apartamento que quiere comprar. Ahora sí se ha acordado de llevar su última nómina para que el director de la caja le eche un vistazo.
- Con esas cifras no habrá problemas para concederte la hipoteca – le informa Badenes -. Ahora bien, te voy a ser sincero. No estoy autorizado para rebajar el interés del crédito porque los porcentajes los fija la central, pero en el resto de condiciones digamos que tengo un cierto margen de maniobra y estoy dispuesto a emplearlo en un caso como el tuyo. Ten en cuenta que para Cajaeuropa es un aval de larga vida financiera contar con clientes de tu juventud y tu futuro.
   El bancario hace una pausa como si esperase ver el efecto que sus halagos causan en el cliente. No le hacen ninguno porque Sergio está pensando que el director está presentando la negociación  de la hipoteca como si fuera la caja a quien se le hiciera el favor de aceptar su crédito. A la vista de que no hay reacción, Badenes retoma la palabra:
- Si tu problema es el plazo de amortización, esa es una cuestión negociable. Tienes veintiún años. Mucha vida por delante. Ahora ganas ya un buen jornal y tus probabilidades de ascender en la empresa son más que prometedoras, lo que equivale a que en el futuro tu salario será muy superior. ¿Qué te parece un plazo de amortización de treinta años? Mejor aún, pongamos treinta y cinco. Tendrás solamente cincuenta y seis años cuando finalices de pagar la vivienda y estarás todavía en edad de disfrutarla plenamente muchos años, junto con tu esposa e hijos, sin tener que volver a desembolsar un duro. Eso equivaldría a una cuota mensual de… - el banquero garabatea una cantidad en su bloc y se la muestra al chico.

   Sergio reprime el ramalazo de miedo que le ha sacudido el cuerpo. Está calculando mentalmente y las cifras le marean. ¿Cómo es posible que me esté metiendo en semejante berenjenal?, piensa. Él que, hasta hace cuatro días, se daba con un canto en los dientes cuando la magra paga semanal, que le daban sus padres, le duraba la semana íntegra. Cierra los ojos por un momento y vuelve a la realidad.
- Tengo más problemas señor Badenes. La promotora me pide seis millones de pesetas de entrada y solo tengo la mitad. El otro, es que voy a necesitar liquidez para amueblarlo, decorarlo, comprar los electrodomésticos que faltan; en fin, para vestir el piso como dice mi… novia – Cada vez que ha de mencionar a Lorena, el chico no sabe que apelativo darle.
- ¿Esos son todos tus problemas? Permíteme recordarte que estás en Cajaeuropa y que nuestra prioridad es el cliente y solo el cliente. Como me has caído simpático y vienes recomendado por Francisco, te voy a hacer una oferta especial  y única: te vamos a conceder un crédito adicional para que puedas hacer frente a la entrada y, además, la hipoteca tendrá un período de carencia de tres años, con la única obligación en ese tiempo de devolver únicamente la cuota de intereses. ¿Qué te parece?
- Señor Badenes, me abruma con su amabilidad. No me explico por qué la gente habla mal de los banqueros. Seguro que es porque no le conocen.
- Muy amable de tu parte. Decididamente hoy es tu día de suerte. Me he quedado con la copla de que tu novia quiere vestir el piso como Dios manda. Aquí no entran todos los días clientes como tú. Me refiero a gente tan joven, con estudios, bien educada y que saben lo que quieren. Y eso bien merece un trato especial. Pon atención a lo que te voy a decir.
   Sergio sigue expectante las explicaciones que le ofrece el director de Cajaeuropa sobre la hipoteca que ha solicitado. Son tantas y tan buenas las razones que el bancario pone encima de la mesa que al joven el comentario le sale del alma:
- Me abruma señor Badenes.
- Te voy a hacer una última propuesta para que le hagas un regalo a tu novia que estoy seguro que la encantará y que te lo agradecerá. La hipoteca, como te ha explicado la vendedora, es de treinta millones de pesetas. Pues bien, te voy a ofrecer treinta y cinco. Sí, como lo oyes, treinta y cinco – remacha el bancario al ver la carita de desconcierto que se le ha puesto al joven.

   Badenes hace una pequeña pausa para que el cliente vaya asimilando su proposición. Prosigue:
 -. ¿Qué por qué lo hago? En este pueblo hay una frase que solo se la he oído decir a las personas mayores y que me encanta. Hay gente que paga con la cara. Me precio de evaluar bien a mis clientes y tú eres de esos, de los que paga con la cara. No hay más que echarte una ojeada para comprender que eres una persona seria, responsable y de las que jamás dejará de saldar una deuda sea grande o chica. Y por otra parte, y eso es fundamental, ganas un buen salario, trabajas en una empresa solvente y tienes un gran futuro profesional por delante. El dinero que Cajaeuropa va a poner en tus manos está tan seguro como si lo depositara en el Banco de España.
- Muchas gracias, señor Badenes. Se lo digo de corazón. Pero no necesito tantos millones. Ya me va a costar sangre hacer frente al crédito de treinta, ¡con qué imagínese que sería enfrentarse a la devolución de treinta y cinco!
- Piénsalo bien, Sergio. Esta última propuesta no creas que la hago a humo de paja. Estoy pensando en tu novia más que en ti. Con esa cifra estarás en condiciones de poder deducir la cantidad que vayas a entregar por la entrada y destinarla a que tu novia pueda amueblar y decorar el piso como le pete. ¿De acuerdo? Un ruego, este trato es absolutamente confidencial. De todo esto ni una palabra. Si se corriera la voz que te he ofrecido tantas facilidades, la oficina se llenaría de clientes exigiendo las mismas condiciones. ¿Me das tu palabra?
   Sergio ni se atreve a llevarle la contraria a aquel hombre que, por momentos, parece haberse transfigurado en uno de los Reyes Magos, puesto que más que una hipoteca se diría que le está ofreciendo un saco lleno de regalos.

   Mientras está esperando a que el oficial de la caja cumplimente el montón de impresos que tendrá que firmar hace, por enésima vez, un rápido cálculo mental. El mismo ramalazo de antes le recorre el espinazo y vuelve a decirse que en menudo berenjenal se está metiendo. Al finalizar los treinta y cinco años el monto del principal más los intereses ascenderá, añadiendo los gastos notariales y registrales, a una cifra cercana a los setenta y seis millones. Con lo que devolverá el ciento veinte por ciento de la cantidad prestada. Un profe de su antiguo colegio a eso lo llamaría usura.
   El joven se siente como si estuviese en una especie de tobogán por el que se desliza hacia una meta incierta. O como si se hubiera excedido bebiendo y la borrachera le empujase a realizar acciones que estando sobrio jamás las hubiese hecho. No es capaz de racionalizar lo que le está ocurriendo y a falta de un asidero lógico al que agarrarse, lo que le sale del hondón de sus sentimientos es elevar en silencio una plegaria: Virgen del Amor Hermoso que no me falte el trabajo, porque si no, ¿cómo podré devolver ese dineral?

viernes, 11 de abril de 2014

3.18. La joya de la corona

   La sobremesa que mantuvieron constructores, políticos, lobistas y funcionarios para tratar sobre nuevos planes de recalificación de terrenos tuvo que suspenderse sin concluirla porque hubo una llamada urgente para el alcalde, se había producido un incendio en los montes cercanos y el edil consideró que debía dar prioridad a la emergencia. Unos días después retomaron la conversación donde la habían dejado: el asunto de los marjales que para los constructores supone algo así como la joya de la corona de su estrategia urbanística. El consejero delegado de BACHSA es quien toma la palabra y lo hace, como acostumbra, yendo directamente al grano:
- Lo que estábamos planteando el otro día, alcalde, es que necesitamos nuevos terrenos para seguir construyendo y hemos pensado en que una de las zonas más idóneas es la de los marjales.
   Volver a oír la palabra marjales y cambiarle la cara a Blasco es todo lo mismo. Garcés, muy atento a las reacciones del alcalde, se da inmediatamente cuenta e interviene antes de que el edil pueda decir algo de lo que luego tenga que arrepentirse y de que Bricart, con sus intemperantes planteamientos, lo eche todo a rodar.
- Si no estoy mal informado, más que de la marjalería propiamente dicha, en principio deberíamos hablar de las zonas colindantes de la Marina, ¿no es eso, Juan Antonio?
- En efecto, Amador – Cardona agradece con un gesto la percha que le ha facilitado Garcés -. Es evidente que necesitamos más suelo y que, como los del Torreón y de las demás partidas, pueda ser recalificado de manera fácil y rápida. Y, además, que esté en la misma costa o en sus proximidades. Esos terrenos todos sabemos dónde están ubicados. Sobre todo en el extremo sur del término municipal, en la partida de la Marina. Alcalde, como bien dice el amigo Amador, en principio no pensamos tocar el humedal, sino solo las zonas contiguas. Todos somos conscientes de que los marjales precisan de un tratamiento específico y, en su momento, presentaremos un proyecto que así los trate, pero ahora estamos en otras cosas.
- Como expone mi socio – remacha Bricart -, y para decirlo alto y claro, necesitamos suelo urbanizable y lo necesitamos ya.
- Hombre, es que la partida de la Marina es algo muy especial para el pueblo y no digamos los marjales…
- Javier – le corta Arbós -, ya has oído lo que acaba de decir Juan Antonio. Por ahora, los marjales ni tocarlos.

   Uno de los comensales que hasta el momento ha estado callado, el arquitecto municipal, toma la palabra:
- Si se me permite opinar, el problema del suelo desaparecería si se aprobara un Plan General de Ordenación Urbana que convirtiera todo el término municipal en suelo urbanizable – Lo que no cuenta el técnico es que la idea se la ha sugerido Badenes, el maquiavélico director de la caja.
- Gregorio, ¿eso es posible? – pregunta el alcalde dirigiéndose al funcionario.
- Naturalmente, Javier. Y no seríamos el primer municipio ni, con toda seguridad, el último que lo lleve a cabo.
- Creo que Gregorio ha encontrado el ungüento amarillo – Garcés apoya la propuesta del arquitecto, no en balde es otro de sus patrocinadores junto con Badenes -. Si transformamos todo el suelo rústico en urbanizable se acabaron los problemas en Senillar.
- Además – Arbós también echa su cuarto a espadas -, ¿para qué coño sirven hoy las fincas, acaso se saca algo de ellas? Lo sabéis igual que yo, no sacamos ni para pagar la contribución. Y sé de lo que hablo. El mejor destino de nuestros huertos es convertirlos en solares.
   La corta pero rotunda intervención de Arbós parece calar en el ánimo de los comensales, sobre todo en el del alcalde. Todos son conscientes de que el único presente a quien se puede calificar de terrateniente es a José Ramón Arbós. Y si está dispuesto a transformar sus fincas en solares por algo será. Los ricos no suelen hablar a la ligera, sobre todo cuando se trata de sus propiedades.
- ¿Entonces el Ayuntamiento qué debería hacer? – quiere saber el concejal de urbanismo.
- Pues lo mismo que hicimos con el PAI del Torreón – contesta el arquitecto municipal, y cuando se lanza a describir el procedimiento a llevar a cabo Bricart, haciendo gala tanto de sus malos modos como de su falta de tacto, le interrumpe:
- Perdona, Gregorio, pero no creo que sea el momento ni el lugar para explicarle al concejal el proceso de un PAI. Lo que importa, Armengol, es que el Ayuntamiento tiene – ante la seña que le hace Cardona, Bricart cambia de verbo -…, mejor dicho, debería tomar la resolución de aprobar la recalificación de suelo rústico a suelo urbanizable de las partidas de la Marina más alejadas del marjal. Y esa decisión tendría que adoptarla lo antes posible porque, como ha dicho antes Juan Antonio, como tengamos que parar el ritmo constructivo por falta de suelo urbanizable vamos a tener unas pérdidas que no sé si estaremos en condiciones de soportar. Y como nos vayamos de Senillar ya me dirás qué va a pasar con los ingresos del Ayuntamiento y… con todo lo demás – las últimas palabras las dice mirando directamente al alcalde.
   El alcalde no es tan lerdo como para no haber captado el mensaje.
- Claro, claro, por supuesto. La construcción no debe pararse, sería también una ruina para el pueblo. Haremos lo que haya que hacer, ¿no crees Guillem? – pregunta a su concejal.
- Naturalmente, Javier. Si los ciudadanos nos han elegido es precisamente para que velemos por sus intereses. No os preocupéis – asegura dirigiéndose a los promotores -, haremos lo necesario para que todo siga igual como hasta ahora. De eso me encargo yo. Naturalmente, bajo la supervisión del alcalde.                        

   Unos meses después de la comida en la que confraternizaron políticos y promotores, se publica en el Diario Oficial de la Comunitat Valenciana la información de la alternativa técnica del programa de actuación integrada correspondiente a los sectores números 7, 8, 9 y 10 de Senillar correspondientes a la partida rural de la Marina.
   En la siguiente semana de la publicación en el DOCV del PAI de la Marina,  el corresponsal en Senillar del periódico comarcal El Pregoner inicia una serie de reportajes sobre el floreciente desarrollo urbanístico en la localidad. En el primero informa de una reunión en el Ayuntamiento entre el equipo de gobierno y representantes del accionariado de Mercantil Urbanizadora de Senillar, que es el agente urbanizador. Comenta el reportero que en la sesión de trabajo, donde se estudiaron los objetivos y previsiones para la ejecución inminente del PAI de la Marina, se observaban semblantes de satisfacción.
   El reportaje recoge asimismo las palabras de Rodrigo Huguet, consejero de la empresa urbanizadora: “El nuevo proyecto inmobiliario supondrá una ingente inversión y significará un enorme impulso para la economía local. Nuestros objetivos, en cuanto se apruebe el programa de actuación integrada, son tener la inscripción de la reparcelación cuanto antes, lo que nos dará la capacidad financiera suficiente para comenzar las obras de urbanización, previa licitación de las mismas. Asimismo, tenemos la intención de que podamos tener el acta de replanteo e iniciar las obras cuanto antes”. A esta manifestación se sumaba Gaspar Moltó, director general adjunto de Cajaeuropa, afirmando que “estamos convencidos de que el proyecto de la Marina será para el pueblo de Senillar la joya de la corona, ya que convergen muchos factores naturales en este proyecto urbanístico que se va a ejecutar en primera línea de playa. El proyecto, sin duda alguna, era una aspiración de todo el pueblo, que ahora se va a hacer realidad gracias a la colaboración y el consenso de los partidos políticos de la localidad y los grupos empresariales que nos hemos involucrado en el plan”.

martes, 8 de abril de 2014

3.17. Hoy es tu día de suerte

   El ciclo que imparte Pascual Tormo finaliza, quizá por eso las preguntas surgen de todas partes. Alguien, que parece conocer bien al profesor, pregunta en plan confianzudo:
- Oye, Pascual, ¿y en el pueblo hacía falta de verdad que se urbanizara medio término municipal?
- La verdad es que había pisos para alquilar, no muchos, pero los suficientes para la exigua demanda existente – vacila un momento y añade -, aunque hay que reconocer que el urbanismo también ha traído una prosperidad que antes no se conocía.
- Luego no fueron los vecinos quienes solicitaron que se urbanizaran sus fincas – deduce Sergio.
- En efecto, la urbanización no fue una decisión de la comunidad sino del Ayuntamiento, quien resolvió lo de urbanizar por su cuenta.
- Y todo eso, Pascual, hablando en plata, ¿ha sido bueno o malo para el pueblo? – pregunta maliciosamente una señora ya madura.
   Tormo vuelve a dudar y, para no comprometerse excesivamente, opta por generalizar:
- Es complejo dar un sí o un no rotundo a ese interrogante. El urbanismo, como tantas otras actuaciones sociales, tiene dos caras contrapuestas. Lo positivo o negativo del urbanismo es una cuestión de medida y hasta de ritmo. Si se urbaniza una zona de manera racional y controlada, respetando el medio ambiente, adecuándose a las expectativas reales de que las viviendas serán habitadas y con un ritmo que no rompa el modo de vida de la comunidad preexistente tiene muchos aspectos favorables. En cambio, cuando la urbanización se realiza sin tasa ni medida, a un ritmo frenético, destrozando el entorno, sin haber hecho un estudio de la posible demanda y sin tener en cuenta a la población local sus aspectos negativos son relevantes.
- ¿Qué abunda más el primer supuesto o el segundo? – inquiere Sergio metiendo baza en el coloquio.
- En general, el segundo. No olvidéis que la construcción es, ante todo, una actividad económica y el objetivo de los constructores es conseguir el mayor beneficio posible.
- ¿Y en Senillar, ha habido más efectos buenos o malos? Lo pregunto porque antes te has ido por las ramas – insiste la misma señora de antes.
- Como en botica ha habido de todo. Ha hecho entrar en el pueblo un río impensable de dinero. El paro es prácticamente nulo. El pueblo ha crecido. En fin que es innegable que en el plano económico las consecuencias han sido positivas. En cuanto a los aspectos negativos: se ha hecho todo con demasiadas prisas, hasta parece que, en más de un caso, sin atenerse a la normativa, no se tiene demasiado respeto al medio ambiente y todavía quedan por ver otros efectos colaterales que pueden resultar dañinos.

   Sergio todavía tiene una postrera pregunta:
- Y en los planos que sueles llamar intangibles, ¿cuáles han sido las consecuencias?
- Algunas hay. La gente se ha vuelto manirrota, gasta el dinero como si éste creciera en los árboles. Los campos que no se han urbanizado se están convirtiendo en eriales, nadie quiere cultivarlos, se gana mucho más en la construcción. El entorno natural del pueblo y, sobre todo, de su costa se ha alterado profundamente, todo ocupado por bloques de apartamentos y de chalés adosados… En fin, la lista es larga, pero tampoco es cuestión de ser exhaustivos. ¿Alguna otra pregunta?
   Ante el silencio que sigue a su interpelación, Tormo retoma la palabra. No quiere terminar el ciclo sin dar, al menos, un puyazo al Ayuntamiento:
- Y para finalizar, al hablar de los efectos positivos me olvidé de uno muy interesante. No sé qué relación puede existir entre el boom de la construcción y la diosa Fortuna, pero alguna debe haber. Lo digo porque, como sabéis, últimamente la lotería ha agraciado varias veces a algunos de nuestros ediles. Ahí tenéis otro ejemplo de los beneficiosos efectos del urbanismo que, posiblemente, todavía no ha sido objeto de un concienzudo estudio.
   Una carcajada general acoge sus palabras. Los asistentes han captado la fácil ironía que encierran.

   Al día siguiente de concluir el ciclo de charlas, Sergio retorna a la caja para proseguir el trámite de solicitud de la hipoteca que necesita para el apartamento que quiere comprar. Esta vez le atiende personalmente el director de la sucursal, Agustín Badenes, pues el señor Francisco le ha llamado para recomendar a su joven empleado.
- Siéntese, por favor. Caramba, no esperaba que fuera tan joven. Podría ser perfectamente hijo mío – tras una pequeña y estudiada vacilación añade -. Si no te importa te voy a tutear, me parece un poco fuera de lugar que nos tratemos de usted. Y, antes que nada, quiero pedirte disculpas en nombre de la caja y que comprendas al oficial que te atendió el otro día. Está sobrepasado de trabajo y en ocasiones no valora adecuadamente las peticiones que se hacen – y volviendo al tono confianzudo prosigue -. Así que vienes a negociar la hipoteca de un apartamento en Los Arrayanes. Buen ojo has tenido, cuando esté terminada será una de las mejores urbanizaciones del pueblo. Supongo que has rellenado la ficha que te han dado. Lorente – llama por el intercomunicador -, pásame la ficha del señor Martín.

   A Sergio que lo traten de señor, como lo hace ahora el untuoso bancario, o que le vean aires de casado, como ocurrió con la encantadora vendedora de la promotora, le produce una sensación extraña, como si todo aquello no fuera con él. Todavía le cuesta creer que se haya convertido en cabeza de familia.
- Veamos tus datos personales…, tus referencias bancarias…, ningún patrimonio salvo el coche… La casilla de avalistas la has dejado en blanco, ¿puedo preguntar por qué?
- Verá usted, don Agustín…
- Agustín a secas – le interrumpe el bancario - o, si prefieres, Badenes.
- Bien… señor Badenes – a Sergio aún le quedan atavismos de su formación colegial -. Los padres de mi… novia no tienen prácticamente nada y los míos por patrimonio quizá podrían avalarme, pero no me atrevo a pedirles su aval porque están disgustados conmigo desde que dejé los estudios y me puse a trabajar. Luego está mi abuelo, que es de aquí y tiene un viejo caserón y un huerto, pero tampoco creo que pueda avalarme porque la mitad de esos bienes, desde que enviudó, son de sus hijos y no quisiera meterlos en mis asuntos.
- Bueno. Dice mucho de ti que seas tan considerado con la familia y eso es un punto a tu favor. En tu caso estoy dispuesto a hacer una excepción y vamos a olvidarnos de los avalistas. Te preguntarás que por qué lo hago teniendo en cuenta que acabo de conocerte. Por una razón muy simple, pero que para mí tiene suficiente peso, porque trabajas para quien lo haces. A tu jefe en esta casa le tenemos en alta consideración y estar en su empresa para nosotros es un seguro de vida. Además, veo que ya eres capataz de segunda ¡y tan joven! Eso también dice mucho a tu favor.
- Gracias por sus amables palabras. El problema que tengo es que el piso es muy caro, sinceramente creo que demasiado, y con el plazo de veinte años que figura en el contrato para saldar la hipoteca y los intereses que suben un pico dudo que pueda afrontar las mensualidades.
- Eso no va a ser ningún problema. En Cajaeuropa tenemos un lema: díganos la cantidad mínima que puede ahorrar mensualmente y nosotros le diremos cuál será la cuota que tendrá que abonar. ¿Traes una nómina?
- Vaya, se me olvidó. Si quiere voy a buscarla y vuelvo en un momento.
- Tranquilo, no hace falta que vayas a por ella, ya me la traerás. Ahora tengo otra cita y no tengo más tiempo para ti. Te pasas por aquí mañana, o el día que te venga bien, y cerramos el acuerdo.
- Perdone, pero la vendedora me ha dicho que sólo podía retener la opción de compra del apartamento unos días – explica Sergio, no demasiado seguro de que la gestión de su patrón con la promotora haya sido efectiva.
   En la cara de Badenes florece una sonrisa. Piensa que el joven va a ser un excelente cliente: tiene un trabajo bien pagado, parece ser persona fiable y, acaba de constatarlo, es sumamente ingenuo, no sabe que lo que le ha dicho la vendedora se lo dice a todos aunque queden cien apartamentos por vender.
- No te preocupes por la vendedora. Ahora mismo voy a hablar con la oficina de  ventas y les pediré que retiren el apartamento de la relación de vendibles. Decididamente, hoy es tu día de suerte.

viernes, 4 de abril de 2014

3.16. No sé cómo lo vamos a pagar

   A Sergio el apartamento elegido por Lorena no le parece gran cosa. Piensa que es un piso como muchos otros y con una decoración realmente hortera, pero se cuida muy mucho de expresar su opinión en voz alta. Va conociendo el genio y las salidas de tono de su pareja y está dispuesto a tragar carros y carretas con tal de no enojarla. Ni siquiera se ha atrevido a comentar un par de aspectos negativos que ha detectado en la vivienda a tenor de su situación en plano. Los problemas surgen cuando entran en el capítulo económico. Al chico, que algo sabe de números, le parece una pasada que por aquel pisito tan guay y tan molón, como lo califica su chica, pidan treinta y seis millones de pesetas. Opina que es una locura pagar aquel dineral por un inmueble de poco más de setenta metros cuadrados, incluida la terraza, y ubicado en la primera planta con lo que las vistas al mar van a ser problemáticas, aunque la vendedora jura y perjura que la visión del Mediterráneo está garantizada en el contrato.

   Todas las objeciones del chico se derriten, como un copo de nieve en agosto, cuando Lorena le pone morritos y le recuerda que le había prometido que lo comprarían.
- Lo que tú quieras, mi vida, lo compramos y no se hable más. Lo que todavía no sé es cómo lo vamos a pagar.
- Mire, caballero – la vendedora no está dispuesta a que se le escape aquella venta -. Tenemos un contrato tipo, que es el que habitualmente manejamos, pero somos flexibles y procuramos adaptarnos a las necesidades y circunstancias de los clientes. En el caso de una pareja joven como ustedes a los que, permítame decirlo, se les ve tan enamorados, estamos dispuestos a facilitarles el acceso a esta vivienda aún a costa de olvidarnos de algunas de nuestras condiciones. Y le pongo dos ejemplos: uno es que la cantidad de la entrada no es imprescindible que sea la que figura en los papeles, la podemos negociar. El otro es el asunto de la hipoteca. Las cláusulas que figuran en el contrato tipo también podrían adaptarse a sus posibilidades de pago. Si necesita otras condiciones distintas, antes de cerrar la compra tendría que hablar con los del departamento de créditos de Cajaeuropa, que es la entidad que financia la promoción. Pese a la mala fama de los banqueros le aseguro que son gente encantadora y comprensiva y estoy segura de que sabrán encontrar una solución a los problemas financieros que pueda plantearles la adquisición. Eso sí, le ruego que haga la gestión lo más rápido posible porque los apartamentos que restan, entre ellos el que le gusta a su encantadora esposa, están muy solicitados y solo puedo prometerles que lo retendré cuarenta y ocho horas. Si tardan más, mucho me temo que cuando vuelvan ya esté vendido.

   A Lorena solo le faltaba oír eso. Insta a Sergio que al día siguiente pida unas horas libres, toda la mañana si hiciera falta, pero que por la tarde, cuando ella salga del restaurante donde ahora trabaja, han de venir sin falta a cerrar el trato del apartamento, no sea que por una de aquellas se queden sin el piso de sus sueños, dónde van a pasar el resto de sus vidas y criar a sus hijos. Como cada vez que le menciona lo de la prole, al chico se le encienden todas las señales de alarma, le promete, poniéndose muy formal, que al día siguiente solucionará sin tardanza el asuntillo de la hipoteca.
   La sucursal de Cajaeuropa en Senillar no tiene nada que ver con la que había cuando se instaló en el pueblo. Para empezar, la sede ha cambiado y ahora ocupa un céntrico y amplio bajo en el que trabajan el triple de empleados que antaño. Hasta tiene un apoderado, que se ocupa exclusivamente de los asuntos hipotecarios, y que recibe el pomposo nombre de jefe del departamento de créditos. Es quien atiende a Sergio, y que no resulta ser tan comprensivo como había asegurado la vendedora.
- Así que quieres comprar un piso en Los Arrayanes. ¿No eres muy joven para eso? – Da la impresión de que al bancario la juventud de Sergio le da mala espina. No le ve como alguien capaz de hacer frente a un crédito.
- Lo de que sea joven no tiene nada que ver con la petición de la hipoteca – contesta Sergio un tanto mosqueado por la falta de tacto que muestra el empleado.
- Bueno, bueno. La cuestión es si podrás afrontar los plazos. Veamos, ¿qué avales vas a presentar?
- Mi salario – responde Sergio tajantemente enseñando al apoderado el documento de su última nómina.
- Bien. Ganas un sueldo sustancioso, pero necesitamos algo más. ¿Tienes propiedades? – Ante el gesto negativo del joven, añade – Si fuera preciso tendrás alguien que te avale, ¿no?
- No tengo avalistas.
   El empleado duda, mira a Sergio y vuelve a pensar que es demasiado joven para concederle un crédito sin ninguna garantía.
- Me lo pones muy difícil. Tendremos que estudiar tu caso detenidamente.
- No puedo posponerlo. Necesito saberlo ya mismo.
- Las prisas no son buenas consejeras, jovencito, y más en cuestiones financieras. Como acabo de decirte, un caso como el tuyo no es fácil y tendría que consultarlo con la central. Esa gestión llevará algunos días.
- Ya le dije que no dispongo de mucho tiempo. La vendedora solo se ha comprometido a retener el apartamento cuarenta y ocho horas y eso fue ayer. Y, por favor, no me llame jovencito.
- En ese caso, lo siento. No estoy autorizado para efectuar operaciones que entrañan el riesgo que supone conceder una hipoteca sin ninguna clase de garantías y… - el empleado vacila antes de continuar – a alguien tan joven como tú. Y conste que no hay nada personal en ello. Son las normas de la caja.

   Cuando Sergio cuenta a Lorena el negativo resultado de su gestión, la joven vuelve a repetir sus lamentos y quejas. Parece que el mundo se ha confabulado contra ellos para que no puedan disfrutar del apartamento en el que tantas ilusiones han puesto. Sergio trata de consolarla. Todavía guarda un as en la manga. Hablará con el señor Francisco, trabaja con la caja y a buen seguro que conocerá a alguien que le pueda echar un cable.
- Pues claro que sí que lo conozco – es lo primero que dice su patrón - . Habérmelo dicho antes de hablar con uno de esos chupatintas que han traído de la capital. La mayoría de las operaciones las hago con la caja y, por la cuenta que les trae, te prometo que esta vez te atenderán con más respeto. Vas a volver a Cajaeuropa y no hablarás con el membrillo del departamento de créditos sino directamente con Agustín Badenes, es el director. Ahora mismo voy a llamarle para que te atienda personalmente. Y te aseguro que o dejo de llamarme Francisco o en un visto y no visto vas a tener firmados los papeles de la hipoteca. Faltaría más. Otra cuestión, por la vendedora de Los Arrayanes no te preocupes, voy a llamar al promotor y le pediré que te guarden el piso el tiempo que haga falta.

martes, 1 de abril de 2014

3.15. Meterse a redentor es problemático

   En la charla dominical de esa mañana, Pascual Tormo acaba de explicar cómo son los trámites urbanísticos.
- La tramitación, tanto de un PGOU como de un PAI, realizada por el Ayuntamiento es gratuita para los propietarios de los terrenos que, en cambio, si tienen que rascarse el bolsillo en la fase de urbanización. El proceso obliga a cada propietario a ceder una parte de su terreno al propio Ayuntamiento para que éste pueda cumplir con las necesidades de dotar a la urbanización de viales y equipamientos sociales. Los propietarios deben abonar una cantidad fija por cada metro cuadrado que les haya quedado para costear entre todos el coste de urbanizar. ¿Ha quedado claro, alguna duda?
- Pascual – comenta un asistente con pinta de jubilado y en plan confianzudo -, a mí claro me ha quedado, pero por lo que nos contó el otro día Blay en todo ese proceso puede haber mucho gato encerrado.
- No lo niego. Ahora bien, si las cosas se hacen correctamente, y con escrupuloso respeto a la normativa, los beneficiados pueden ser la mayoría de los afectados por el plan.
- Ahí está la madre del cordero – interviene otro -, si las cosas se hacen bien, pero lo que es aquí creo que se están haciendo muy mal. A mí me han contado otra gatada que ha hecho la empresa urbanizadora. Al parecer los terrenos pertenecientes a los espacios públicos como caminos, cañadas, acequias y demás pertenecen a los propietarios del territorio al que sirven; es decir, tendrían que ser de todos, pero resulta que se los ha apropiado la urbanizadora y los del Ayuntamiento se han hecho los locos. Y solo la superficie que ocupan los caminos supone miles de metros cuadrados que los promotores se meten en el bolsillo.

   Otra vez vuelven los murmullos que Tormo intenta acallar retomando su exposición, pero antes concede la palabra al tío Blay que ha levantado la mano.
- La última vez me dejé algunas cosas en el tintero para no hacerme pesado, por ejemplo no os conté lo que ha pasado con el reparto de las parcelas urbanizadas. Yo, infeliz de mí, creía que me iban a dar el trozo de mi huerto que quedaba después de lo que me habían quitado, pero qué va. Me dieron una parcela donde Cristo perdió los zapatos. Más lejos del mar y muy mal comunicada.
- Eso que cuenta el tío Blay es una muestra de la cantidad de oscuros recovecos que tiene el urbanismo – comenta Tormo -. Naturalmente, cada proceso urbanizador es una historia diferente, como es distinto el talante con el que la administración los ejecuta. Desde los consistorios que se atienen a la normativa, los menos, hasta los que actúan en función de los intereses de los promotores, los más – Llegado a este punto tiene que hacer un esfuerzo y morderse la lengua para no soltar que eso es lo que está pasando en el pueblo. Meterse a redentor siempre ha sido problemático.

   La curiosidad de Sergio le lleva a repreguntar:
- Y una vez urbanizada una zona, ¿quiénes son los que realmente se benefician de ello?
- El primer beneficiado es el Ayuntamiento. Al cambiar el concepto del impuesto de bienes inmuebles, más conocido por IBI, de rústica por el de urbana, al ser la tributación de esta última mucho más elevada obtendrá un notorio incremento en sus ingresos. Los segundos beneficiados son los propietarios de los terrenos rústicos que hayan participado en la urbanización, puesto que el valor de la parcela que les corresponda aumenta mucho de precio, dependiendo lógicamente de la demanda de solares. En tercer lugar, los constructores que, aunque sean los últimos en participar, son los que suelen arramblar con parte del león.
- Lo que acabas de explicar ¿siempre es así? Es decir, ¿cuándo se urbaniza siempre ganan todos? – inquiere interesado el joven.
- No necesariamente. Es cierto que el precio del metro cuadrado de rústica se multiplica cuando se urbaniza y que con su posterior venta se puede ganar mucho, pero esto hay que matizarlo. Si el propietario de una parcela urbanizable tiene dinero en efectivo y puede prescindir de él hasta que la venda seguramente podrá obtener un beneficio considerable. Al contrario, aquel que no disponga de efectivo e hipoteque sus bienes, para ganar posteriormente con la venta, corre el riesgo de que no pueda vender la parcela porque haya exceso de oferta o porque decaiga la demanda, entonces se encontrará con el problema de hacer frente a los gastos de la hipoteca, que quizá no pueda asumir, y correrá el riesgo añadido de que le embarguen la parcela y tenga que seguir pagando la hipoteca. Aunque he de precisar que esto no ocurre muy a menudo – al llegar aquí prefiere no entrar en más disquisiciones para no enredar peligrosamente la madeja.

   Tormo no contaba con la insaciable curiosidad, así como con la agudeza de su joven alumno para separar la paja del trigo:
- Profesor, creo que sólo has contestado la mitad de mi pregunta, has hablado de los que ganan y también de los que pueden perder, aunque no siempre, pero no has dicho nada de si, al urbanizar un terreno en un pueblo como éste, hay algunos que siempre pierden. ¿Los hay?
   Ante una formulación tan directa a Tormo no le queda otra que coger el toro por los cuernos:
- Sí, los hay. Unas veces los que pierden son personas de carne y hueso. Otras, son aspectos inmateriales o intangibles o naturales. Pondré algunos ejemplos. Personas que pierden: cuando los costes de urbanizar un territorio son tan elevados que muchos de los propietarios, como expliqué antes, no pueden costearlos, por lo que han de hipotecar sus bienes o malvenderlos para poder hacer frente a tales gastos. Otra clase de perdedores son los de aquellos propietarios que, por los motivos que fuese, no querían que se urbanizara sus propiedades y han tenido que doblegarse puesto que la norma así lo impone. Es el caso del tío Blay. En alguna medida esa normativa tiene un cierto carácter confiscatorio y eso atenta contra la libre opción de cada propietario a urbanizar o no. Naturalmente que hay perdedores, podría citar más ejemplos, pero creo que con los mencionados son suficientes. ¿Aclarado?
- Aclarado el supuesto de las personas que pierden, pero has hablado de que también pueden ser perjudicados aspectos inmateriales, intangibles o naturales. Eso no lo has explicado – insiste Sergio.
   Tormo piensa que deberá tener una conversación privada con ese chico para que no siga pasándose de listo, pero acepta el envite:
- Empecemos por los aspectos naturales. Urbanizar supone alterar profundamente el paisaje: arrancar árboles y plantas, eliminar cultivos y pastos, derruir cabañas, casetas de campo, parideras, majadas; en fin, todo cuanto los urbanizadores cataloguen como un estorbo. Y luego están otros efectos, claramente perdedores con el urbanismo. Por ejemplo: la impresión de desolación, de proyecto inconcluso que producen aquellas urbanizaciones en las que, por múltiples causas, no llegan a construirse inmuebles. Todos habéis visto alguna urbanización del tipo al que me refiero. Esos terrenos urbanizados en los que no hay más que solares sin viviendas, puntos de luz que no se encienden porque no hay nada que alumbrar, viales sin coches, aceras sin peatones, etcétera, producen una especie de profunda tristeza. Podría poner muchos más ejemplos, no lo voy a hacer por dos motivos: el primero es que lo de meterse a redentor no va conmigo y puede ser problemático, el segundo y más importante – y lo que dice a continuación lo acompaña con una sonrisa cómplice con sus alumnos - es que hemos cumplido con creces el horario. Por consiguiente, que tengáis un feliz domingo y hasta la próxima charla que, os recuerdo, será la última.

viernes, 28 de marzo de 2014

3.14. Esgarraet versus esqueixada

   Los consejeros de BACHSA se interesan por él nuevo equipo del gobierno municipal en su habitual visita semanal a Senillar.
- ¿El nuevo alcalde nos creará problemas con las recalificaciones? – pregunta Huguet.
- Ninguno. Además de correligionario es viejo amigo mío. Vamos, que me come en la mano. Hará lo que yo le diga – alardea Arbós.
- ¿Y el concejal de urbanismo? ¿Es el mismo, no?
- A ese habrá que atarlo corto. Temo que Armengol quiera aumentar su cuota de participación en las operaciones – comenta Garcés usando un lenguaje donde el eufemismo es la norma.
- En los últimos meses nos han dicho del estudio del arquitecto que en el Ayuntamiento, sin oponerse frontalmente a ningún proyecto, les plantean bastantes pegas técnicas, todas solucionables pero que suponen retrasos y por tanto costes adicionales – se queja Cardona.
- Es que el secretario y los dos técnicos también quieren un aumento de prima – les informa Garcés.
- ¿Cómo habéis pensado persuadirlos a todos para que colaboren con más entusiasmo? – quiere saber Cardona.
   Arbós y Garcés intercambian una mirada. El primero hace el gesto de dar la palabra a Amador.
- Hemos acordado que con el alcalde trate José Ramón, que para eso son compañeros de partido. De Armengol se encargará Badenes, ya lo hizo anteriormente. En cuanto a los técnicos seré yo quien les haga entrar en razón. Al final, ocurrirá lo de siempre: un tira y afloja sobre las cantidades a percibir que terminará con acuerdo. Procuraremos que sea lo menos gravoso para nuestros intereses.
- Me parece bien, pero no seáis cicateros con las primas. Una operación como ésta no puede verse comprometida por un punto arriba o abajo – puntualiza Cardona.

   Arbós no tiene problema alguno con Blasco. Rápidamente se ponen de acuerdo en el monto de lo que irá a parar a las arcas locales del partido, unas migajas, y las compensaciones que va a recibir el alcalde por sus desvelos en pro de unas recalificaciones absolutamente necesarias.
  Badenes lo tiene más crudo con Armengol. Este ya se conoce el teatrillo y no está dispuesto a vender sus prerrogativas en urbanismo por cuatro perras. La negociación es dura, pero acaban llegando a un acuerdo. A ambos les va mucho en ello. Garcés, a quien le han encargado tratar con los funcionarios y técnicos municipales, también consigue un razonable acuerdo.

   Atadas y bien atadas las voluntades de todos los actores que intervienen, de uno u otro modo, en la política municipal relativa al suelo y resueltos los contados flecos que quedaban sueltos, es llegado el momento de visualizar el nuevo acuerdo para la legislatura que acaba de ponerse en marcha. A tal efecto se reúnen políticos, funcionarios, constructores y muñidores para celebrarlo. También han invitado a Agustín Badenes, pero el director de Cajaeuropa ha declinado la invitación, le parece más prudente no dejarse ver. La reunión empieza con mal pie por culpa de los malos modos de Bricart. La camarera que está sirviendo, una chica joven de buen ver, al pasar junto a él le roza involuntariamente. El consejero delegado le da un cachete en el culo.
- Como vuelva a tocarme le parto la cara – es la contundente y áspera respuesta de la joven.
- Niña, tampoco es para que te pongas así. Un culito como el tuyo bien vale una buena propina – y sacando un fajo de billetes pone uno de mil pesetas en el bolsillo del delantal de la camarera.
- El dinero se lo puede guardar para sus fulanas – dice con gesto iracundo la muchacha, pero sin devolver el billete.
   Ante el pequeño revuelo que se ha formado acude presto el maître que ordena:
- Lorena, vuelve adentro, ya me encargo de atender a los señores.
 
   Resuelto el enojoso incidente, Arbós, que adopta el papel de anfitrión aunque la cuenta la pagarán los constructores, es el primero en tomar la palabra:
- Caballeros, antes de que entremos a desollar el toro que nos ha traído aquí, creo que deberíamos pedir, así podremos seguir charlando mientras comemos – ante el asentimiento general prosigue -. ¿A alguien no le gusta el pescado? Lo digo porque he visto al entrar unas cocochas de merluza que aquí las preparan como Dios. Y para quien prefiera la carne les diré que tienen la mejor ternera de la provincia. ¿De acuerdo? Y de entrante, ¿qué os parece unos langostinos de Vinaroz? Ah y un esgarraet de bacalao que es una de las exquisiteces de nuestra cocina.
- ¿Qué es eso? – pregunta Bricart que se precia de gourmet.
- El esgarraet – explica Arbós - es un plato típico de la cocina de esta tierra. Es una especie de ensalada hecha con pimiento rojo asado, bacalao en salazón, ajos y aceite. Aquí también le suelen poner aceitunas negras. Ya veréis como os gustará, el sabor salado del bacalao contrasta con el dulzor del pimiento. Su nombre, literalmente desgarrado en castellano, indica que para prepararlo hay que desgarrar en finas tiras tanto el bacalao como el pimiento. En algunos pueblos de Castellón le suelen añadir berenjena al horno. Algunos chefs modernistas preparan una variante en la que en vez de bacalao ponen mojama, pero para mi gusto no es lo mismo.
- Se parece a la esqueixada catalana – comenta Bricart.
- De eso, nada – niega tajantemente Arbós.
- No es que se parezcan, es que es el mismo plato solo que con nombres distintos – afirma, empecinado, Bricart.
- Puedo aceptar que se parezcan, pero no es lo mismo, el pimiento le da un sabor muy diferente al que le da el tomate y que no tiene punto de comparación – puntualiza Arbós.
   Bricart está a punto de replicar, pero la mirada de Cardona lo detiene, no conviene complicar las relaciones por un quítame allá un plato regional.

   Ultimados los encargos, y mientras toman unas cervezas, los comensales entran en el motivo de la reunión.
- Como habéis comprobado, estamos cumpliendo lo prometido y la progresión de construcción en la zona del Torreón y aledañas va a un ritmo excelente – asegura Cardona -. Ello ha sido posible en buena medida por el apoyo y las facilidades que ha otorgado el Ayuntamiento. Esa acción mancomunada de las fuerzas locales y de la actividad constructora de BACHSA y sus asociados ha supuesto un río de oro para el pueblo, para muchos de sus ciudadanos y para las arcas municipales – Ni una palabra, por supuesto, de lo que ha supuesto para el bolsillo de los comensales -. Nos reconforta comprobar que el hecho de que se haya producido un cambio político no es óbice para que el nuevo equipo de gobierno siga colaborando y prestando su imprescindible apoyo en la empresa común cuyo principal objetivo es el bien del pueblo.
- La verdad es que, si somos sinceros y aquí todos nos vestimos por los pies, debemos reconocer que BACHSA, tan bien representada en esta mesa, ha supuesto que Senillar haya entrado en el camino de la modernidad y también, por qué no decirlo, de la prosperidad – Arbós se está poniendo solemne -. Por eso propongo un brindis por nuestros amigos Oriol y Juan Antonio, a los que deseo larga vida y próspera fortuna.
   Es la primera de una larga serie de libaciones. Mediada la comida y con los ánimos chispeantes, tras un intercambio de miradas con Bricart, Cardona cree llegado el momento de hincarle el diente al verdadero motivo, al menos para ellos, de aquella comida, que no es otro que comenzar a tantear el terreno respecto a sus inmediatos planes: conseguir recalificar más terreno rústico cercano al mar y, como colofón, obtener la recalificación de la joya de la costa senillarense que no es otra que la partida de los marjales.
- Como sabéis todos perfectamente, tanto en la zona del Torreón como en las contiguas el suelo está en vías de agotarse. Es verdad que hay parcelas que están aún sin edificar, el motivo es la testarudez de sus dueños que siguen empeñados en no venderlas. Lo que piden por ellas creo sinceramente que, hoy por hoy, no está a precio de mercado. Quizá algún día tengan que arrepentirse, pero allá películas. Es su problema, no el nuestro. Esto nos lleva a contemplar otros escenarios y a plantearnos otros campos de actuación. La finalidad no es otra que conseguir que el ritmo constructivo no decaiga y la noria de la actividad económica no se pare porque en cuanto hay un parón en el ciclo productivo las teorías keynesianas afirman que…
- Perdona que te corte, Juan Antonio - le interrumpe Bricart que trata de no parecer demasiado grosero -, pero das tantas vueltas y revueltas que al final no sabe uno de qué vas. Lo que queremos plantear es que necesitamos nuevos terrenos para seguir construyendo y hemos pensado en que uno de los más idóneos es el de los marjales.
   Es oír la palabra marjales y un ominoso silencio se cierne sobre la mesa hasta que Arbós en tono festivo, pero sobre todo para distender el ambiente, pregunta:
- Bueno, ¿qué os parecido el esgarraet, a que es mejor que la esqueixada?

martes, 25 de marzo de 2014

3.13. Las tribulaciones del tío Blay

   En la charla de la siguiente semana sobre el boom inmobiliario en Senillar, el profesor Tormo continúa con su exposición:
- Los cambios que se han producido en España han creado una suerte de revolución socioeconómica originada por variadas causas, pero la principal es el boom del ladrillo. Senillar es un ejemplo. Éste era el clásico pueblo de la huerta valenciana con una economía basada en la agricultura y, en una mínima parte, en los servicios. Un municipio con un pobre y rígido mercado laboral que obligaba a muchos jóvenes a salir del pueblo para conseguir un puesto de trabajo. Todo eso es historia. Al igual que en buena parte del país el auge de la construcción se ha convertido en la locomotora que tira de todo lo demás. Desde hace algún tiempo nuestro pueblo lleva camino de convertirse en un centro de vacaciones de sol y playa y para eso hacen falta apartamentos, viviendas unifamiliares, adosados, hoteles; en fin, inmuebles.

   Aprovechando que el conferenciante hace una pausa para beber, uno de los asistentes, un viejo con gafas como culos de botella, interviene:
- A mí lo que me gustaría saber es qué efectos producirá en el pueblo tanta construcción.
- ¿Efectos que producirá? Ya se están produciendo. El paisaje está cambiando, donde había huertos ahora hay edificios. El pueblo casi ha duplicado su población. De una sucursal bancaria se ha pasado a cinco. Donde no había una sola agencia inmobiliaria se ha superado la docena. La oferta de puestos de trabajo se ha incrementado, algo que es bueno, aunque el trabajo adolece de los defectos propios del sector turístico. Resumiendo, Senillar ha pasado de ser una sociedad rural a una semiurbana, de vivir de una economía agraria a otra basada en la construcción y el turismo, de tener un suelo rural a otro urbanizable… Y luego están las consecuencias que podríamos denominar intangibles: son muchos los jóvenes que dejaron los estudios para trabajar en la construcción, el dinero corre generosamente, la gente gasta sin tino y se endeuda alegremente… y una larga retahíla de efectos que harían la explicación interminable. ¿Alguna duda?
   Lo que formula Sergio no es una duda sino una pregunta que escapa a los contenidos del ciclo:
- Y en ese boom inmobiliario ¿cómo puede influir la victoria del PP en las recientes elecciones generales?
- Bueno… - Tormo vacila, no esperaba la pregunta -, eso está fuera del contenido de las charlas, pero de todas formas te contesto: no lo sé. Indudablemente, el hecho de que en los próximos cuatro años rija el país un gobierno conservador cambiará el discurso político, pero me da en la nariz que respecto a la política urbanística las cosas seguirán como están e incluso es posible que se incrementen. El ladrillo es un señor muy poderoso y los políticos, sean del PSOE o del PP, le rinden pleitesía.

   En la siguiente charla, casi antes de que Tormo tenga ocasión de entrar en faena, Sergio le plantea la primera pregunta:
- Me gustaría que nos explicaras – al principio hablaba al conferenciante de usted, atavismo de su formación, pero el profesor insistió en que le tuteara - como se lleva a cabo el proceso de conversión de terreno rústico en urbanizable.
- Bueno, no soy un experto en temas urbanísticos, pero algo sé. Imaginemos dos escenarios distintos. El primero, una localidad en la que se han agotado los solares y hacen falta viviendas. El segundo, otra en la que, pese a que no se necesitan nuevas viviendas, el Ayuntamiento resuelve, consultando o no a sus ciudadanos, impulsar la construcción inmobiliaria. Si ambos casos se dieran en nuestra región, el consistorio podría servirse de una norma de la Generalitat del noventa cuatro que regula el proceso urbanístico. La corporación municipal, ante la demanda en un caso y la decisión política en el otro, escoge una zona rústica; es decir, un sector compuesto generalmente por campos de regadío, de secano, eriales, etcétera, y la convierte en zona urbana. Una vez seleccionados los terrenos se expone toda la información relativa a los mismos para su aprobación por el Ayuntamiento. A ese proceso se le conoce como Plan General de Ordenación Urbana, más conocido por sus siglas PGOU. Transcurrida la etapa de información, los plazos de presentación de alegaciones y demás requisitos, si todo está de acuerdo a derecho, se aprueba el proyecto y se procede a la realización de un PAI. Aunque tampoco es necesario que haya un PGOU para que se apruebe un PAI.

   Esta vez, en lugar de Sergio, es otro asistente el que se anima a preguntar:
- ¿Qué es eso del PAI?
- Significa Plan de Actuación Integrada. En síntesis, es la planificación de los terrenos que se van a urbanizar. Todos los terrenos existentes, salvo aquello que pueda estar protegido, desaparecen como propiedades diferenciadas y se unifican en un solo lote, para que me entendáis en una sola finca, con el fin de redistribuirlo. Entonces la superficie unificada se distribuye en parcelas separadas por viales.
- De eso del PAI, que nos está explicando el Pascual, os podía contar yo un sucedido que es como para mear y no echar gota – dice un vejete.
- Anda, Blay, cuéntanoslo – le anima un compañero sentado a su vera.
- Me tendría que dar permiso el Pascual – puntualiza el viejo, muy circunspecto, dirigiéndose a Tormo.
- Adelante con su historia tío Blay – le anima Pascual.
- Más que historia es un rosario de tribulaciones – precisa el tío Blay -. Pues veréis, mi cuñado Fernando me dijo un día que en la partida del Bordar, donde tenía un huertecillo en el que mataba las mañanas, iban a construir una urbanización y que me expropiarían la finca que heredé de mis padres, que en paz descansen. No le hice mucho caso porque es muy dado a la cháchara, pero cuando empecé a ver gente que iba midiendo y tomando nota de los lindes me lo repensé. Fui al Ayuntamiento y me dijeron que, en efecto, se había aprobado un PAI para aquel sector.
- Pero, tío Blay, al ser usted uno de los afectados tendrían que haberle consultado antes, en la fase de redacción técnica del plan – le interrumpe Tormo.
- Algo parecido les dije, que por qué no me habían informado antes. Su respuesta fue que lo del PAI se había puesto a exposición pública en el Ayuntamiento y que el plazo para reclamar había pasado. ¡Cómo si uno no tuviera otra cosa que hacer que ir a ver el tablón de anuncios! Pero hay más, han tasado la finca por debajo de su valor real. Por otra parte, y según los que saben de esto, la empresa urbanizadora ha presentado un presupuesto como si fuera a urbanizar en medio de la Plaza Mayor. Un presupuesto tan exagerado supone que la cuota de urbanización para cada propietario va a ser muy alta, tanto que muchos no vamos a poder pagarla.

   Sorprendentemente quien pregunta, dirigiéndose a Tormo, es una de las pocas mujeres asistentes:
- ¿Se ha de pagar mucho? De eso de la cuota de urbanización, digo.
- A priori es complicado dar una cifra pues depende de las dificultades que haya en la zona – Tormo sabe que entra en un terreno resbaladizo y opta por no dar cifras concretas -. A más obstáculos para urbanizar más habrá que pagar. A propósito, antes se me olvidó decir que una vez finalizadas esas fases se procede a distribuir las parcelas en función de los metros que aportó cada propietario en su día.
- Esa es otra – añade el tío Blay, quien se va calentando a medida que explica lo sucedido -. De cada parcela edificable, la empresa que urbaniza se ha quedado casi la mitad, o sea que además de dejarme sin huerto encima el terreno urbanizado que me devuelven es mucho más pequeño que antes.
   Son muchos los asistentes que acompañan las últimas palabras del tío Blay con comentarios reprobatorios sobre la manera en que se ha producido el proceso urbanizador que ha castigado a su convecino. Visto que aquello no hay quien lo pare, Tormo decide dar por finalizada la sesión.