viernes, 21 de febrero de 2014

3.4. Coche nuevo

   Sergio está como loco con su pisito pues es su primera casa, el primer hito de lo que imagina será un largo y feliz camino que recorrer en compañía de su bien amada.
- ¿Estás contenta con nuestro nidito de amor?
- No digas chorradas, Sergio, que me pones de los nervios. Que nidito de amor ni que leches. Este piso es una porquería lo mires por donde lo mires. Por eso voy a seguir el consejo de Anabelén, me ha contado que en la zona norte de el Torreón van a construir un bloque de apartamentos que parece que van a salir muy bien de precio si se compran en plano. Un día de estos cuando salga del merendero pienso acercarme donde la caseta de información y traerme propaganda.
- ¿Quieres alquilar otro apartamento? – pregunta Sergio alarmado.
- De alquilar, nada, eso queda para los pobretones. Lo que voy a mirar es para comprarlo.
- ¿Y de dónde vamos a sacar el dinero?, ¿o es que te ha tocado la lotería? – pregunta el muchacho en clave irónica.
- La pasta va a salir de nuestro trabajo, como hace cualquier pareja normal. Y si no alcanza con lo que ahora ganamos será cuestión de echar más horas extras o buscarse un segundo curro – asevera tajante la joven.

   Sergio descubre que el argumento de que no gana lo suficiente no vale para obstaculizar los proyectos inmobiliarios de su pareja. Opta por defenderse por otro flanco.
- Trabajo muchas horas y cuando llego a casa estoy bastante cascado. ¿Cómo voy a currar más tiempo?
- Eso son historias de señorito de ciudad. No trabajas tanto. Mi padre sí que curra, que casi lo hace de sol a sol. ¿O es qué me he ido a vivir con un flojeras? Piensa que a lo mejor puedo quedarme preñada y entonces tendrás que trabajar más horas, quieras que no, porque yo no podré hacerlo y habrá una boca más que alimentar.
- ¿Es que estás embarazada? – pregunta el chico con un temblor en la voz.
- No, no lo estoy, pero puedo estarlo en cualquier momento porque las pastillas esas que tomo, digan lo que digan, no creo que sean tan seguras. Y precisamente porque no estoy preñada es el momento de que tú eches los restos y consigamos tener un piso lo suficientemente espacioso para que, cuando tengamos familia, podamos montarle una habitación molona al crío –. Lorena ha descubierto que hablar de su posible maternidad pone a Sergio en un total estado de indefensión.

   El joven, ya en franca retirada, juega su última baza.
- Bueno, visto desde esa perspectiva…, pero sí me paso la mayor parte de la jornada en la obra, ¿cuándo tendremos tiempo para charlar, para planear nuestro futuro, hasta para besarnos, para acariciarnos…? – el chico todavía es renuente a mencionar explícitamente el sexo.
- Lo que me faltaba por oír. Para charlar y contarnos lo que sea ya tenemos los fines de semana, que me aburres con tanto rollo y tantas palabras finas. Y si es para echar un polvo, con unos minutos tienes más que suficiente porque sigues siendo don rápido.
   Al oír la pulla que más le escuece, Sergio sabe que ha perdido la partida. Echará todas las horas extraordinarias que hagan falta. Una vez que Lorena ha conseguido transformarle en una máquina de ganar dinero, y cuando creía que iba a retomar el plan de la compra de un nuevo apartamento, la chica le sorprende al anunciarle:
- Cariño, ahora que tenemos pasta, y antes de meternos en la compra del apartamento que eso son palabras mayores, lo que hemos de hacer es comprarnos un carro. Debemos de ser de las poquitas parejas del pueblo que no tiene.
   Lo del automóvil no se lo esperaba Sergio que, sin embargo, asiente complacido. Esta vez Lorena ha acertado de lleno. Era uno de sus más acariciados deseos: tener un coche. Ahora se va a cumplir su sueño y encima lo podrá utilizar para pasear a la mujer más maravillosa del mundo. La compra le depara al joven un nuevo disgusto. En su papel de cabeza de familia, trata de aplicar la máxima que ha visto en su casa de no gastar un céntimo más del que se gana. De acuerdo con esa filosofía que se le inculcó desde niño, Sergio acepta la compra de un coche, pero siempre que sea un vehículo de segunda mano; sabe que existen buenas ofertas y que, prácticamente, podrá pagarlo al contado. Lorena, una vez más, se pone brava.
- De segunda mano, nanay del Paraguay, chorbo. Eso es para los desgraciaos que no llegan a más. No hay nada más seguro que ir de estreno. ¿Acaso te hubieras conformado con emparejarte con una piba que ya estuviese estrenada? Pues con el carro lo mismo.

   Sergio empieza a temer los arrebatos de Lorena y opta por claudicar. Comprarán un coche nuevo. Cuando discuten sobre qué modelo comprar, la joven vuelve a sorprenderle.
- ¿Cómo que un SEAT? Esos bugas son para los que no tienen donde caerse muertos. Hay que ir de sobrao y comprar uno fardón. Al fin y al cabo, ahora estamos montados en el dólar y podemos permitirnos el lujo de tener un carro guay.
- ¿Y en qué coche habías pensado? 
- Pues no lo sé muy bien, pero ha de ser un cacharro que mole cantidad. ¿Qué te parece un descapotable? Siempre he querido tener uno, como esos que salen en las pelis americanas.
- Un deportivo nos va a costar un ojo de la cara y tampoco es que hayamos ahorrado tanto. Con el ritmo de vida que llevamos juntar toda la pasta que puede valer un coche así nos va a llevar tiempo. Ten en cuenta que, por unas causas u otras, la mayoría de los días comemos fuera de casa.
   La última frase lleva su carga de reproche. Lorena se ha revelado como un ama de casa lamentable. Tiene el apartamento desordenado y sucio y la cocina apenas la pisa, según ella cocinar es algo de las mujeres de antes, como su madre o la de Sergio. Cuando lo hace, en algún fin de semana, los platos se apilan en el fregadero cubiertos de restos. En la encimera las latas y los envases de comidas preparadas pueden amontonarse durante días. Ha de ser Sergio, quien cansado de tanto desorden y suciedad, lave la vajilla y recoja los desperdicios en un inútil esfuerzo para que la casa presente una apariencia algo más ordenada. Cada vez que realiza una de esas tareas no puede por menos que recordar a su madre, de la que afirmaban sus vecinas que en su cocina se podían comer sopas en el suelo de lo limpio que lo tenía.

   Cuando comienzan a visitar concesionarios resulta que, en efecto, los descapotables no están a su alcance. Y mucho menos el BMW al que le ha echado el ojo Lorena. Ha de conformarse con un Ford Fiesta, un modelo bastante más modesto de lo que aspiraba. A Sergio, en cambio, el coche le parece toda una pasada, es su primer vehículo y está como niño con zapatos nuevos. Lo han comprado a plazos. Y con la firma del montón de letras, la joven descubre el prodigio que es la compra de cualquier bien sin necesidad de dinero en metálico, como toda la vida hicieron sus mayores. Su imaginativa cabecita comienza a planear nuevas adquisiciones. Total, no hay más que firmar unos cuantos papeles y puedes pasar a ser dueño de cualquier cosa.  
   La fiebre consumista que parece haberse apoderado de Lorena no se mitiga con lo del coche. Aunque no se cansa de repetir que el piso en que viven es una mierda, como lo alquilaron desnudo habrá que vestirlo y, sobre todo, dotarlo de los electrodomésticos imprescindibles para una pareja como ellos que curran los dos y, por tanto, tienen poco tiempo para ocuparse de los quehaceres domésticos. Esa es la segunda batalla que emprende Lorena: hay que amueblar el piso para que, según dice, quede molón.

martes, 18 de febrero de 2014

3.3. Por escrito y firmado

    En su casa, Javier Blasco, presidente del PP, rumia cuanto le ha contado su conmilitón José Ramón Arbós sobre la posibilidad de dar un golpe de mano y que pueda acceder a la alcaldía por medio de un pacto de legislatura o de gobierno con los nacionalistas de izquierda. Sigue sin verlo claro por lo que, tras hablarlo con su mujer, vuelve a Villa Elvira a entrevistarse con Arbós.
- José Ramón, no estoy tan seguro, como tú crees, que los del UNES se avengan a pactar con nosotros. Armengol es más rojo que la madre que lo parió. ¿No lo crees así?
- No es cuestión de lo que yo crea o deje de creer, Javier. Haz la prueba. Ofrécele a Guillem lo que ha pedido a los sociatas, a lo que éstos le han dicho que nones,  y si fuera necesario algo más. Veremos que contesta.
- ¿Y qué dirá nuestra gente si nos aliamos con esa cuadrilla de catalanistas que reniegan de todo lo auténticamente valenciano?

   Arbós se arma de paciencia. Tendrá que poner toda la carne en el asador si quiere convencer al presidente de su partido.
- Vamos a ver, Javier, ¿tú quieres o no quieres ser alcalde?
- ¡Qué pregunta! Claro que sí.
- Pues entonces, tú mismo. Todos esos resabios pancatalanistas son propios de unos cuantos puristas anclados en los tiempos del franquismo, pero hoy en día esos no rascan bola en el partido. Los actuales dirigentes, desde que han tocado el pelo del poder, se han vuelto mucho más pragmáticos y las ensoñaciones románticas de sus primitivos planteamientos doctrinales se han atemperado mucho. Tú hazle una buena oferta a Armengol y verás cómo en vez de entonar la Muixeranga acaba cantando a tu vera lo de Per ofrenar noves glòries a Espanya.
- ¿Y qué van a decir los del comité ejecutivo regional? – inquiere reticente Blasco.
- Que digan misa si quieren. Como mucho, al principio te montarán el pollo, pero a la hora de contar los municipios que han arrebatado al PSOE, si Senillar es uno de ellos ya verás lo panchos que se pondrán y lo rápidos que serán en felicitarte. Ten en cuenta que ahora que se han instalado en la Generalidad también los nuestros se han vuelto más flexibles en lo que atañe a los pactos.
- Vas a terminar convenciéndome. Voy a convocar a la directiva para debatir los criterios a tener en cuenta en la negociación y las líneas rojas que no deberán traspasarse.
- Ni directiva, ni debate, ni líneas rojas, ni nada que pueda echar el pacto al traste. Ahora el factor tiempo es esencial. Vamos a hacer lo que te adelanté, enviaremos a Amador Garcés para que negocie con Armengol.
- Bueno, pero la directiva…
- Olvídate de la directiva. Este es, y espero que siga siendo, un partido presidencialista. Y tú eres el presidente, ¿no? Por consiguiente lo que tú hagas bien hecho está. Además, analiza el movimiento que vamos a llevar a cabo desde una doble perspectiva: si sale mal, como la negociación va a ser secreta no se enterará nadie y por tanto no habrá lugar a ningún reproche; si sale bien, nuestros amigos de la dirección te van a sacar a hombros por la puerta grande.
- Bien, me has convencido, aunque queda un pequeño pero. Sé cuánto confías en Amador, pero no lo veo como negociador. Siendo un socialista como es, ¿con qué papo va a pedirle a un tío que es medio comunista que se junte con nosotros? Creo, José Ramón, que deberías pensar en otra persona.

   Que difícil resulta a veces – piensa Arbós – ser  miembro de este partido. Les pones el pan en la boca y te lo escupen. No le queda otra que poner en marcha el plan B.
- ¿Y si te propusiera de negociador a Agustín Badenes?
- ¿Tanto te fías de Badenes?, ten en cuenta que es más escurridizo que las anguilas – otra vez aparecen los perennes recelos de Blasco.
- Ya sé que es un punto filipino, pero los constructores le tienen cogido por los huevos. En el negocio que se está cociendo la caja tiene invertidos millones y no puede permitirse el lujo de que haya un nuevo escenario político que ponga en cuestión su inversión. Eso presupone que está tan interesado o más que nosotros en que el nuevo gobierno municipal siga apostando por el plan de urbanización de la costa y con una coalición PP-UNES eso está asegurado.
- ¿Y a Badenes le vamos a dar carta blanca para la negociación?
- ¿Carta blanca?, hasta cierto punto. El objetivo será que, al mejor precio posible, consiga que el UNES se coaligue con nosotros. Así conseguirás el Ayuntamiento y, al fin, podrás llevar la vara de alcalde. Ah, y todo eso tiene que realizarse ya mismo. Como te he dicho esto es una carrera contra reloj. 

   Tras mantener una extensa charla con Arbós, y después de haber trazado entre ambos un minucioso plan, Badenes llama al secretario general del UNES. - Guillem, te anticipé que volveríamos a hablar y aquí estoy. Lo primero que te adelanto es que, aunque te pueda parecer sorprendente, hoy no estoy aquí representando a la caja sino en representación del PP. Su presidente me ha pedido que te haga una propuesta.
- Agustín, a estas alturas de la película ya no me sorprende nada. Llevo el suficiente tiempo en política como para estar curado de espantos. ¿De qué va la propuesta?
- Los populares están muy interesados en saber qué les pedirías si te propusieran un pacto para toda la legislatura.
- Nada, no les pediría nada. No me interesa un pacto de legislatura – es la tajante respuesta de Armengol.
- Reformulo la pregunta. Y si te propusieran un pacto de gobierno, ¿qué pedirías? – insiste Badenes.
   Armengol se queda mirando al bancario. Decide ser cauteloso e ir por partes.
- Quiero la concejalía de urbanismo.
- De acuerdo – es la pronta respuesta de Badenes.
- Y ser primer teniente alcalde.
- Concedido. ¿Es todo? – pregunta el bancario un tanto sorprendido por la contención que parece mostrar Armengol en sus pretensiones.
- No he terminado, Agustín. Y que no se tome ninguna decisión municipal importante sin contar con mi partido.
- Dalo por hecho – asegura el bancario.
- Y que tenga capacidad para poder meter en los servicios municipales a algunos de los míos.
- No creo que haya ningún problema. ¿Has terminado?

   Armengol duda. No sabe si por estirar demasiado la cuerda de las exigencias ésta se puede romper. Le baila en la punta de la lengua una última petición: alternarse en la alcaldía dos años cada partido. Le hace ilusión ser alcalde, ya se imagina la bomba que eso supondría para la gente de su partido, y está viendo la cara de orgullo y satisfacción de su mujer de ser la señora alcaldesa. En el último momento decide que por un solo voto es difícil obtener más. En vez de más concesiones pide otra cosa:
- Y todo cuanto acordemos por escrito y firmado.
- ¿No te sirve igual un pacto verbal entre caballeros? – pregunta Badenes a quien la última petición le ha descolocado un tanto pues es algo que ni él ni Arbós habían previsto.
- Mira, Agustín, sé que tu palabra vale tanto como un acta notarial, pero en definitiva tú no eres más que el negociador y la última palabra la tienen los fachas del PP y de esos no me fío ni un pelo.
- Si me lo permites, Guillem, dos sugerencias: una es que deberás de irte acostumbrando a no llamar fachas, al menos en público, a los que van a ser tus socios en el Ayuntamiento; la otra es que también tendrás que habituarte a ir fiándote de ellos por el mismo motivo. Dicho eso, lo de por escrito y firmado tendré que consultarlo, pero no creo que suponga un gran obstáculo. Y para concluir quiero recordar que, hace algún tiempo, te vaticiné que llegarías a ser uno de los hombres más poderosos del pueblo, pues bien, acabas de poner la primera piedra para ese empeño y para mí es una enorme satisfacción que mi modesta ayuda haya contribuido a ello.
- Lo dijo Blas, punto redondo – remacha jocosamente Armengol.

viernes, 14 de febrero de 2014

3.2. Otra vez la burra al trigo

   Sergio sigue aplicándose en el trabajo. Sus estudios de electrónica, que hasta el momento parecía que de poco le habían servido, se van revelando paulatinamente como el fundamento teórico que le proporciona una creciente madurez profesional. Pronto se hace visible que esos saberes le hacen muy superior a la mayoría de compañeros de tareas en lo tocante no sólo a conocimientos sino también a aplicaciones.
  
   En cuanto Sergio cobra su primer sueldo como oficial, la joven pareja paga un mes adelantado del piso que ha alquilado en el barrio antiguo del pueblo. No es gran cosa, pero es su casa. El mobiliario es un muestrario de enseres de segunda mano, en unos casos desechados, en otros cedidos por amigos y familiares; es el caso de la cama, que es la que tenía Lorena en su casa paterna, o del modesto frigorífico, regalo del abuelo Andrés. Se consuelan diciéndose que no es más que un primer paso y que alquilarán otro apartamento con mejor facha en cuanto aumenten sus ingresos, algo que Lorena espera que pronto ocurra según le comenta su amiga Verónica sobre lo contento que está su tío con la progresión de Sergio.

   Una vez instalados en su nueva casa, Lorena decide organizar una fiesta en el primer fin de semana en que han conseguido dar al piso una mediana apariencia hogareña. Los invitados son los amigos de Lorena de toda la vida porque Sergio sigue sin haber intimado con nadie. Se bebe más que se come. Terminan casi todos ebrios y algunos bastante colgados después de fumar un canuto tras otro e ingerir un montón de pastillas. Al día siguiente, el apartamento parece un basurero: hay cascos de botellas, restos de confeti, chafados gorros de papel, matasuegras rotos, cucuruchos de pipas y un sin fin de sorprendentes objetos, como unas bragas que Sergio descubre tiradas debajo del sofá medio desvencijado que alguien les ha regalado. Las encuentra porque al levantarse y ver el panorama ha decidido que hay que adecentar la casa. Está acostumbrado al orden y la limpieza que siempre ha reinado en el pequeño piso de su familia, donde su madre lo tiene todo como los chorros del oro.
  
   Cuando Lorena despierta, descubre a Sergio que, fregona y recogedor en mano, intenta quitar la porquería que se ha acumulado en el apartamento. Su madre le ha inculcado que la limpieza de la casa es tan importante como la del cuerpo. En cambio, la joven no se acostumbra a que Sergio trate de mantener un mínimo de pulcritud en el piso que comparten, de ahí que le pregunte de malos modos:
- ¿Pero se puede saber qué estás haciendo?
- Tratando de poner un poco de orden, que lo han dejado todo hecho un asco.
- Anda, monín, deja esa fregona que eso es cosa de mujeres. Y si quieres hacer de cocinilla prepárame un café bien cargado que tengo la olla a punto de estallar. Luego aprovecharemos la mañana para ir a la playa, que es el único día que podemos. Cuando volvamos ya lo limpiaremos.
   La pareja pasa todo el día en la playa con los amigos de ella, algunos de los cuales todavía muestran señales de la moña del día anterior. Comen en un chiringuito y, ya con el sol ocultándose, regresan al apartamento. Sergio hace el amago de retomar los útiles de limpieza, pero en cuanto ve desnudarse a Lorena se lo piensa mejor. El aseo de la casa puede esperar un día más, su erección no.                                                            

   En unos meses, Sergio ha pasado de ser ayudante de instalador a todo un electricista profesional. Es inteligente, preparado y no escurre el bulto a la hora de arrimar el hombro como el que más. A los ojos de su jefe, el señor Francisco y de Dimas el capataz, su papel se consolida cada día que pasa. De hecho le han ascendido directamente a oficial de primera. Como las construcciones siguen creciendo, Francisco opta a más contratas, necesita más personal y que éste amplíe su jornada para poder cumplir los compromisos contraídos.   
   Precisamente el trabajo es el origen de una de las primeras peleas de la pareja. Francisco ofrece a Sergio realizar horas extras que se pagan mucho mejor. El chico le agradece la oferta, al par que la rechaza. Piensa que todo el tiempo que esté de más en el tajo, es tiempo que estará de menos con Lorena. Cuando se lo cuenta, la joven se revuelve hecha una furia.
- ¿Estás majara, cómo le has dicho que no? ¿Tú sabes a cómo se pagan las horas extras?
- Mi vida, con lo que gano tenemos más que suficiente. Un profe de mi cole solía repetir que no hay que vivir para trabajar sino trabajar para vivir.
- Déjate de monsergas de colegio de curas. Hay que estar al loro y ocasiones, como las que te ha ofrecido el Francisco, hay que cogerlas al vuelo.
- Dije que no pensando en ti. Si estoy más horas fuera de casa, menos tiempo estaremos juntos.
- Mira, guapito de cara, para estar juntos tendremos todo el tiempo del mundo. Hasta nos aburriremos. Ahora lo que toca es ir adónde el Francisco, decirle que te pasaste veinte pueblos cuando rechazaste su oferta, que te lo has pensado mejor y que vas a hacer todas las horas extras que hagan falta.
- Mi amor, no te comprendo. Gano lo suficiente para vivir.
- No seas berza, Sergio. ¿Cómo quieres que te lo repita, cantando? Eso de que ganas lo suficiente es según se mire. Si vamos a conformarnos con vivir en esta mierda de piso, entonces sí, pero si queremos tener un apartamento molón y amueblado como debe de ser no te queda otra que currar más.

   El día de paga Sergio recibe un cheque barrado con el salario estipulado como oficial electricista, y un sobre con dinero en metálico. Como le explica Irene, una más de las sobrinas del señor Francisco que hace las veces de pagadora, los billetes del sobre corresponden a las horas extras que se pagan en negro puesto que no se declaran al fisco. Sergio se lo comenta a su abuelo a quien sigue visitando con asiduidad.
- ¿No te parece abuelo que esto del dinero negro de algún modo es una especie de estafa?
- ¿Estafa, a quién? – pregunta con extrañeza el señor Andrés.
- Pues a Hacienda, a la Seguridad Social y si me apuras al resto de los ciudadanos. Es algo que debería de estar mucho más perseguido y castigado de lo que está.
- La verdad es que no lo había pensado, pero vamos a ver alma de cántaro, ¿en qué clase de mundo crees que vives? Lo que dices está muy bien y lo estaría mejor si todo el mundo cumpliera las leyes, pero en este puñetero país las leyes no las cumple nadie empezando por los que las hacen.
- Empiezo a darme cuenta de que es así, pero no por eso deja de estar mal hecho. Si todos cumpliéramos a rajatabla lo que está dispuesto en leyes y reglamentos otro gallo nos cantara.
- Seguro que la razón está de tu parte, pero así son las cosas. Lo de las horas extras pagadas en negro no es más que un pequeño ejemplo de cómo funciona el país. Como me has hecho ver, tu patrón, al no declarar esos pagos, se ahorra la correspondiente cotización a la Seguridad Social y a Hacienda. De acuerdo, pero así baja sus costes y puede ajustar más el precio de las contratas. Los constructores también rebajan sus costes y ganan más dinero por lo que pueden construir más viviendas con lo que dan trabajo a más obreros. A más casas, más trabajo, más gente ocupada y más mercancías que van y vienen con lo que el gobierno recauda más impuestos. Y sigue la bola.
- Abuelo, ¿pero se puede saber dónde estudiaste economía? – pegunta socarronamente Sergio.
- Menos coñas, hijo. Sabes muy bien que tu abuelo no pasó de la escuela del pueblo, pero he vivido mucho y algo he leído.
- De todas formas, abuelo, tus explicaciones sobre economía capitalista dejan mucho que desear y tienen muchos puntos que podría rebatir fácilmente, pero  en este momento no es eso lo que estamos debatiendo, sobre lo que quiero saber tu opinión es ¿lo del dinero negro, mejor dicho, lo de la economía sumergida te parece bien?
- Ni bien ni mal, pero si no existiera eso que llamas economía sumergida más de una familia y más de dos las iban a pasar canutas. Ahora, si te parece tan mal lo de cobrar en negro las horas extras, cosa que entiendo, lo tienes fácil: pide que te las paguen en blanco o renuncia a hacerlas.
- Abuelo, si hiciera eso lo más probable es que el señor Francisco me pusiera en la calle y, por otra parte y con toda seguridad, Lorena me sacaría los ojos.
- Pues ya sabes, hijo, otra vez la burra al trigo.

martes, 11 de febrero de 2014

Libro III. EL APOGEO.- 3.1. Cambio de tercio

   Las elecciones autonómicas y municipales del veintiocho de mayo de mil novecientos noventa y cinco han supuesto un cambio de tercio, tan espectacular como inesperado, en algunas comunidades autónomas, entre ellas la valenciana.
   El socialista Joan Lerma accedió a la presidencia de la Generalidad en el ochenta y dos y revalidó su cargo en el ochenta y siete y el noventa y uno. Se esperaba una cuarta victoria del PSPV-PSOE, aunque fuera por mayoría relativa. Para ello los socialistas contaban de antemano con los votos de los representantes de Esquerra Unida-Els Verds. Sin embargo, las urnas han arrojado unos resultados que suponen el cambio de signo político en la comunidad. El Partido Popular, liderado por Eduardo Zaplana, obtiene cuarenta y dos diputados. Al sumar a ellos los cinco conseguidos por la coalición de Unión Valenciana, que comanda González Lizondo, las fuerzas del centro derecha consiguen, por primera vez, la mayoría absoluta en el parlamento autonómico. 

   El cambio de tendencia no ha sido únicamente autonómico, en el ámbito municipal se ha producido en muchas localidades un fenómeno similar. Senillar ha sido una excepción pues se ha vuelto a repetir el mismo resultado que en el noventa y uno: los socialistas han sido los más votados, pero han obtenido el mismo número de concejales que los populares, cinco. El undécimo escaño, el que rompe el empate entre la derecha y la izquierda, ha ido a parar otra vez a los nacionalistas de izquierdas.
   Visto el resultado de las elecciones, en Senillar todos dan por descontado que los nacionalistas pactarán con los socialistas para formar gobierno, como hicieron en la anterior legislatura. Sólo hay un nubarrón que ensombrece el panorama político poselectoral: la ruptura entre el PSOE y el UNES en las semanas anteriores al veredicto de las urnas. En cualquier caso, el partido que quiera gobernar con mayoría absoluta no va a tener más remedio que pactar con el UNES; en definitiva, con el único electo nacionalista que es Guillem Armengol, su secretario general.

   Los socialistas tienen un problema inicial para tratar con Armengol, éste y Jaume Pellicer, el secretario general del PSOE, se tiraron los trastos a la cabeza a raíz de la ruptura del pacto que los unía. Cada uno ha culpado al otro de haber incumplido el acuerdo. El enfrentamiento ha sido más sonado en los medios que en la realidad pero, como tantas veces sucede, la repercusión mediática de sus enfrentamientos ha terminado por personalizarse. En un periódico comarcal ambos políticos han hecho varias declaraciones que han ido subiendo de tono hasta llegar a toda suerte de reproches y acusaciones, más o menos veladas, de malas prácticas de gobierno. Del debate político se ha pasado al plano personal, derivada a la que es fácil de llegar en los pueblos, y rápidamente ha trascendido hasta el ámbito familiar. El hermano mayor de Armengol y un cuñado de Pellicer terminan a guantazo limpio una discusión que comenzó por un quítame allá esas pajas. Por eso, Pellicer, con buen criterio, se borra de la delegación socialista que se entrevistará con los del UNES para reeditar el pacto, bien de legislatura, bien de gobierno.

   La reunión entre las delegaciones del PSOE y del UNES comienza con mal pie. Los socialistas, desde la fuerza que les da haber obtenido el mayor número de votos y la gran diferencia de concejales entre ellos y los nacionalistas, pretenden que Armengol se abstenga o se vote a sí mismo en la elección de alcalde, y ello sin hacerle en principio ninguna concesión. A lo que el electo del UNES se niega en redondo. Es consciente de que su voto vale su peso en oro. Los socialistas sacan del capazo de las componendas una segunda propuesta:
- Te proponemos un pacto de gobierno en el que tendrás la concejalía que quieras, menos la de urbanismo que ya la tenemos comprometida. ¿Te parece bien?
- Ni harto de vino – es la chulesca respuesta de Armengol, que conoce mejor que nadie que urbanismo es la joya de la corona municipal.
- A ver si esto te parece adecuado: además de una concejalía, y sigue en vigor la salvedad anterior, serás segundo teniente alcalde.
   Armengol y los suyos siguen negándose.
- ¿Y si además de la concejalía que prefieras, siempre que no sea urbanismo, pasaras a ser el primer teniente alcalde?
   El no vuelve a ser rotundo. Pellicer está muy firme en su postura, y es porque guarda un as en la manga. En una reunión a puerta cerrada Agustín Badenes, el director local de la caja, le ha convencido de que entretenga a los socialistas mientras él tratará de conseguirle un mejor acuerdo con los populares. El cabeza de los comisionados socialistas, irritado ante la rocosa postura del nacionalista, le da un ultimátum:
- Dinos que es lo que quieres, Guillem, a ver si acabamos de una puta vez.
- Quiero la concejalía de urbanismo, ser primer teniente alcalde, varios puestos a concretar en el servicio de mantenimiento para los míos y que no se tome ninguna decisión importante sin contar con mi partido.
- ¡Coño. Sólo falta que pidas ser la reina madre! – exclama el negociador socialista y añade -. Eso no es asumible. Al fin y al cabo no tienes más que un voto.
- Sí, pero es el que decanta el fiel de la balanza.
   La discusión se encalla. Ni los socialistas están dispuestos a admitir las desproporcionadas ambiciones de Armengol, ni éste da su brazo a torcer. Acuerdan que mantendrán otra reunión para intentar conseguir un acuerdo que satisfaga a ambas partes.
   
   Cuando el propio Armengol le cuenta a Badenes el negativo resultado de la reunión, a éste le falta tiempo para pasarle la información a José Ramón Arbós, quien a su vez llama a Javier Blasco, presidente local del PP, y le explica que se les presenta una oportunidad única para ganar por la mano al PSOE.
- Javier, creo que la situación se nos está poniendo a huevos. O mucho me equivoco o tienes la vara de alcalde al alcance de la mano.
- Desde luego, tú eres de los que siempre ve la botella medio llena. Explícame cómo conseguirlo.
- Acordando un pacto de gobierno con los del UNES.
- ¿Tú crees que ese buitre de Armengol querrá pactar con nosotros? – recela Blasco a lo que añade una razón -. ¿Cómo vendería a su gente un acuerdo con lo que ellos llaman la derecha cavernaria?
- Fácil. Lo presentará como el sacrificio que hace para salvaguardar los intereses de la ciudadanía. Lo que a buen seguro apellidará como un pacto por la gobernabilidad.
- ¿Serás tú quién pacte con Armengol?
- No. Enviaré a alguien que no pertenezca al partido. De esa forma si la negociación se tuerce siempre podrás afirmar, sin faltar a la verdad, que el PP no ha negociado con los del UNES.
- ¿Estás pensando en alguien en concreto?
- En Amador.
- ¿En tu socio? – se extraña Blasco -. ¿Estás seguro de que no hará alguna jugarreta siendo un sociata?
- Tranquilo. Amador tiene claro que antes priman los intereses que las ideas. En otras palabras, que la pela es la pela.
- Entonces, ¿crees que Armengol tragará?
- ¿Qué si tragará? ¿Recuerdas lo que te dije?, sólo es cuestión de que le demos una peseta más, metafóricamente hablando, de lo que le ofrezcan los rojelios.

viernes, 7 de febrero de 2014

3.48. Reconciliación

   Maribel es quien le da la buena nueva, Lorena vuelve. Al parecer la joven no ha encontrado ningún trabajo lo suficientemente interesante para quedarse en Gandía. 
- ¡Gracias a Dios! – exclama Sergio -. Ahora podré hablar con ella y disipar todos los malentendidos.
- No lo vas a tener fácil. Le he preguntado si pensaba volver contigo y su respuesta ha sido que no y que no quiere verte ni en pintura.
- No es posible, con lo que me quería – se lamenta un desolado Sergio.
   La muchacha le mira y le ve tan consternado y desvalido que le mueve a compasión. Nunca le ha contado las reales intenciones de su amiga y tampoco va a hacerlo ahora. Si piensa que es una pena que un tío tan majo se haya enamorado tan perdidamente de una arpía como Lorena. Decide ahondar más en la herida a ver si de una vez se le cae la venda de los ojos:
- Me dijo más. Que ella no puede estar con un tipo como tú. Que un tío que lo sea de verdad lo primero que ha de saber es que un hombre tiene que ganarse el pan, buscar un techo en el que cobijar a los suyos, protegerlos y cuidarlos. Y todo eso no lo consigue un aprendiz.
   Lo que le cuenta Maribel le ha escocido, por eso Sergio utiliza su tono más firme para darle un mensaje dirigido a la mujer de su vida:
- Hazme un favor, cuando veas a Lorena dile dos cosas de mi parte. La primera es que la sigo queriendo con toda mi alma. Y la segunda que le voy a demostrar que sí soy capaz de ganarme la vida, de eso y de mucho más. Ah, y que no trabajo de aprendiz sino de ayudante.

   Para convertir en realidad la declaración que ha hecho llegar a su amada, Sergio multiplica su entrega en el trabajo. Pronto se convierte en el ayudante preferido por casi todos los oficiales puesto que no sólo realiza sus cometidos específicos sino que además siempre está dispuesto a llevar a cabo parte de las tareas propias de los instaladores. A Dimas no se le ha escapado el cambio de actitud del muchacho y un día le llama.
- Estudiante, si en otras ocasiones te he echado algún que otro chorreo, ahora tengo que felicitarte porque estás arrimando el hombro a la faena como el primero. Y como obras son amores y no buenas razones, hace un par de días le dije al patrón que ya era hora de ascenderte. A partir del día uno vas a pasar a oficial de tercera con la paga correspondiente y, naturalmente, con las tareas propias de la oficialía. Que sea enhorabuena y espero que no me defraudes.
- ¡Gracias, muchas gracias, Dimas, de corazón! – es la respuesta al capataz de un emocionado Sergio -. Ten por seguro que no te voy a defraudar.

   Lorena, que conoce al dedillo los avatares profesionales de Sergio gracias a su amiga Verónica, se replantea que es hora de hacer las paces. Con lo que el chico va a ganar como oficial sí podrán vivir, aunque sea modestamente, y alquilar un  apartamento. Es la ocasión que esperaba para independizarse de sus padres. Se hace la encontradiza y, dando la impresión de que aunque a regañadientes, acepta que el joven le diga cuanto la sigue queriendo. En cuanto la ve Sergio siente una desazón en todo el cuerpo que le enerva y dispara su testosterona, es algo superior a sus fuerzas, algo que desata oleadas de pasión que clavan sus garras en el joven y que le impiden pensar con lucidez, sólo mandan los sentimientos y el sexo.
- Lorena, mi vida, no sabes lo que he sufrido con tu ausencia. Creí que no podría soportarlo. Por unos días estuve tentado de irme a Gandía para estar cerca de ti. Fue mi abuelo quien me hizo ver que era mejor que me centrara en el trabajo para lograr una situación profesional con la que pudiera ofrecerte lo que ahora estoy en condiciones de hacer. Si me aceptas, gano lo suficiente para alquilar un piso y poder vivir juntos. No puedo seguir sin tenerte a mi lado.
   La muchacha se hace la remolona, no le dice ni que sí ni que no, en cambio le sale por dónde sabe que le causará más impacto:
- ¡Qué poco me conoces, Sergio! Únicamente me hablas de lo mucho que ganas ahora en tu trabajo, de que puedes alquilar un apartamento y bla, bla, bla. Sólo cuestiones materiales. ¿Esa es la opinión que tienes de mí? ¿Crees que sólo me interesa el dinero? Lo que ganes o dejes de ganar me lo paso por el forro. Lo único que me interesa de todo corazón es saber si me sigues queriendo.
- ¿Cómo puedes dudarlo?, sí eres mi amor, mi vida, mi razón de ser. Te quiero más que nunca. Sólo pienso en ti, en estar a tu lado, en respirar el aire que respiras, en vivir la vida que tú vivas, en ser tu pareja, tu marido si me aceptas, en ser el hombre de tu vida.

   La muchacha se hace la dura y hace penar al chico que no sabe qué decir ni qué hacer para que le crea. Después de varios días de hacerle pasar un calvario, Lorena parece ablandarse ante las tiernas y apasionadas palabras de Sergio. A ello, además de los renovados juramentos de amor del joven, ha influido poderosamente la noticia que le ha facilitado Verónica de que su tío, visto el acelerado crecimiento profesional de Sergio, está convencido de que en poco tiempo estará en condiciones de promocionarlo a oficial instalador de primera con lo que va a ganar un buen dinero.
   La reconciliación llega por su propio pie. Sergio pone el romanticismo y la emoción. Lorena el realismo y la concreción. Tienen mucho qué hacer por delante. Lo primero es buscar un sitio donde vivir.
- Mi cielo, ¿dónde te gustaría vivir?
- Me gustaría tener un apartamento con vistas al mar – responde Lorena.
- ¿Tendremos dinero para alquilar una vivienda así? – duda el chico.
- ¡Ojalá!, pero creo que no nos va a llegar. Anabelén me ha dicho que conoce un piso que se alquila en el barrio viejo, es un bajo y en cuanto al precio parece que lo podríamos pagar. No tiene mucha luz y es un poco cutre, pero es lo que hay.
   Lorena cambia de tema pues hay algo que la sigue preocupando: la familia de Sergio.
- ¿Les has contado a tus padres que vamos a vivir juntos?  
- Todavía no. Siguen enfadados conmigo, aún no han asumido que haya dejado los estudios y que me haya quedado en el pueblo. Y tú, ¿se los has dicho a los tuyos?
- Tampoco. Se lo diré el mismo día que haga el traslado de mis cosas a nuestra casa. No es que me lo vayan a impedir, pero prefiero que lo tengamos todo bien atado. De todos modos, la bronca no me la va a quitar nadie, pero no pasará de ahí. Y a tu abuelo, ¿se lo has dicho?
- Sí, se lo conté hace unos días.
- ¿Y qué te dijo?
- Que era un paso muy serio y que me lo pensara bien. Es lo que me suele decir casi siempre, pero no puso ningún reparo. Sólo añadió que tuviera en cuenta que tener un hogar propio es muy caro y que tendría que echarle muchos riñones al trabajo para salir adelante.
- No te preocupes, cariño, saldremos. Tú vales mucho y en cuanto el Francisco se dé cuenta de tu valía ya verás cómo te aumenta la paga o de te da un curro donde puedas ganar más pasta. Y yo ayudaré en lo que pueda.
- A mí me gustaría que no tuvieses que trabajar, que fueses como mi madre, un ama de casa, que bastante trabajo tienen por cierto.
- Me parece muy bien, mi vida, pero para eso tendrías que ganar bastante más. No creas que me vuelve loca lo de seguir sirviendo birras en la mierda del chiringuito, pero para llegar a fin de mes el miserable sueldo que gano más las propinillas nos vendrán ni que pintados. De todas maneras me quedo con tu copla, lo de ser solamente la señora de la casa me parece de lo más guay. A ver si algún día lo consigues.
   La deseada reconciliación supone para Sergio el inicio de una nueva etapa de su vida, de una fase de esplendor y plenitud.

martes, 4 de febrero de 2014

2.47. Las elecciones no sólo se ganan en las urnas

   El pleno de la junta directiva del PP está reunido en Villa Elvira. A su propietario, José Ramón Arbós, le encanta presumir de mansión. La reunión, cuya dirección recae teóricamente en Javier Blasco presidente local del partido, se celebra en el estudio-biblioteca del anfitrión. Los siete miembros de la ejecutiva están sentados alrededor de una mesa baja llena de botellas y bandejas de fiambre y galletitas saladas. El motivo de la junta no es otro que el mismo que ha llevado a reunirse a las demás fuerzas políticas locales: debatir sobre el resultado de los próximos comicios y los hipotéticos pactos poselectorales.
  
   Arbós, quien parece llevar la voz cantante, explica las impresiones que tiene sobre los posibles resultados electorales:
- Creo que tenemos más probabilidades que nunca de obtener un excelente resultado. Lo del váyase usted, señor González está calando. Y son muchos años de felipismo. Además, la gente empieza a estar harta de los chanchullos y choriceos en que se han visto involucrados los sociatas en los últimos tiempos y eso también podría notarse a nivel local y, quizá, hasta en el de la comunidad. En cuanto a la reunión que he mantenido con los del Bloc d´Acció Nacionalista, su presidente me aseguró que de ninguna manera pactarán con los capullos del PSOE, pero que tampoco quieren firmar un acuerdo preelectoral con nosotros porque temen que eso les restaría votos.
- Lo que yo dudo –opina uno de los asistentes – es que presentándose por su cuenta o yendo con nosotros consigan sacar algún concejal. A esos del BANS no les vota ni el Tato.
- Pues yo discrepo – afirma el presidente del partido -. Si se presentaran coaligados con nosotros siempre nos podrían aportar algún voto.
- Respetando todas las opiniones, creo que lo que planteó el BANS a José Ramón es una buena idea. Si se presentan con nosotros dejarán todo el voto nacionalista con un solo referente, los pancatalanistas del UNES. Y como no saquemos mayoría absoluta, ya os podéis imaginar lo que pasará, que los chicos de Armengol pactarán otra vez con los rojelios y nosotros volveremos a quedarnos a la luna de Valencia – sentencia otro miembro de la directiva.
- Lo que dice Vicente es cierto, al menos en parte, pero no es algo predeterminado – afirma Arbós -. Estamos dando por sentado que la gente del UNES sólo pactará con el PSOE, pero eso no tiene por qué ser así. Armengol es muy político y, algo más importante, le gusta mucho el dinero. Esos dos factores dejan un portillo abierto para poder asaltar la fortaleza del poder municipal – afirma José Ramón poniéndose pretencioso.

   Arbós no termina de redondear su argumentación con lo que consigue que el resto de conmilitones se queden mirándole esperando a que concluya su exposición. Como no lo hace, Blasco le insta:
- Remata la faena, José Ramón, y no nos dejes con la miel en los labios. ¿De qué coño de portillo hablas?
- Veréis, le he dado muchas vueltas a la posibilidad de que nuestro presidente – Arbós habla para todos, pero a quién mira es a Blasco – coja la vara de la alcaldía. Los socialistas llevan demasiados años montados en el machito y creo que ha llegado el momento de enviarlos a la oposición. Lo ideal sería que sacáramos mayoría absoluta, pero si no ganamos en las urnas, podemos hacerlo en los despachos. Parece que hay bastante consenso en que la gente del BANS va a tener difícil sacar algún escaño, en cambio es probable que los del UNES obtengan uno o dos concejales. Sostengo que no debemos cerrarnos a pactar con ellos, si fuera preciso. Todo el mundo tiene un precio y sería cuestión de saber cuál es el de los uneros. Y si me apuráis, concretaré más. Se trata de saber cuánto nos costará comprar a Armengol. Ahí está la llave para que Javier pueda ser el próximo alcalde de Senillar – sentencia José Ramón.
- Esos son más de izquierdas que Santiago Carrillo – asegura Blasco -. No creo que quieran pactar con nosotros aunque les diéramos todas las mamandurrias posibles y alguna más.
- No pongas la mano en el fuego, Javier, que te la puedes quemar – replica Arbós -. Repito que todo el mundo tiene un precio y Armengol y su gente no son la excepción a la regla. Lo que propongo es que me autoricéis, llegado el caso, a negociar con los del UNES, a ver qué piden y si estaremos en situación de poder dárselo. Los resultados de una negociación de ese porte pueden dar frutos inesperados.
- Frutos no sé si daría, pero de lo que sí estoy convencido es que si esa negociación se hiciera pública muchos de los nuestros no nos lo perdonarían – afirma Blasco de manera rotunda.
- Hombre, Javier, ya puedes imaginarte que no voy a hablar con Armengol en el casino tomando una copa. La negociación sería secreta y por persona interpuesta. Por otra parte ellos, por motivos obvios, tendrán tanto o más interés que nosotros en que se no sepa nada. Y en el peor de los casos, si algo se filtrara siempre podríamos negarlo.
- Bueno, ¿qué os parece la propuesta de José Ramón? – pregunta Blasco mirando al resto de compañeros.
   Tras breve conciliábulo, se llega al acuerdo de mandatar a Arbós para que, en función del resultado electoral, inicie conversaciones con los del UNES de manera absolutamente reservada y mejor aún a través de algún intermediario.

   Días después se hace pública la noticia de la ruptura del pacto de gobierno entre los nacionalistas de izquierda y los socialistas. El suceso ha sonado a campanas de gloria en el PP, más aún después de oír a su correligionario más ilustre.
- Compañeros, no diréis que no soy un tío de palabra. Os dije que maniobraría para influir en los del UNES y ya veis el resultado: han dejado a los capullos del PSOE compuestos y sin novia – se ufana Arbós, atribuyéndose el mérito de la rotura del pacto, a lo que añade -. Y esto no es más que el principio de la traca.
- Eres la rehostia, José Ramón, ¿cómo lo conseguiste?
- Manitas que tiene uno – alardea Arbós.
- Bueno, una cosa es que el UNES haya partido pajitas con los sociatas y otra muy distinta es que accedan a formar gobierno con nosotros si la cosa se pusiera a tiro – Blasco trata de rebajar la euforia de su tropa, aunque personalmente es quien tiene más motivos para estar como unas castañuelas.
- Totalmente de acuerdo, Javier – admite Arbós -, pero principio requieren las cosas. De momento ya tenemos a Armengol en la oposición y los rojelios se han quedado en minoría. Podría ser un anticipo de lo que pudiera ocurrir en la próxima legislatura.
- No sé de qué tengo más ganas, si de gobernar o de ver a los sociatas en los bancos de la oposición – confiesa uno de los asistentes.
- Más ganas que yo no creo que tengas – reconoce el presidente -, pero desalojar a los rojelios del Ayuntamiento no va a ser una empresa fácil, porque eso de que los nacionalistas acepten pactar con nosotros no lo tengo nada claro. Recordad que siempre que tienen ocasión nos arrean unos palos que tiembla el Cristo.
- Razón no te falta, Javier, pero ese problema tiene una solución relativamente fácil – contra argumenta Arbós – y es que le demos a Armengol una peseta de más de lo que vaya a darle el PSOE. ¿Acaso es necesario que os recuerde que las elecciones no sólo se ganan en las urnas?

viernes, 31 de enero de 2014

2.46. Un profe al que seducir

   El señor Andrés el Punchent formula una pegunta a su nieto que le descoloca:
- ¿Te gustaría dar clases particulares?
- ¿Clases particulares?, ¿yo?, ¿de qué, a quién, cuándo?
- Hijo, una de las cosas que más me repatea de la gente con estudios es que si les haces una pregunta en vez de contestar te responden con más preguntas. Y tú eres un buen ejemplo. ¡Pues no eres nadie preguntando! – Se ríe el anciano -, pero creo que tengo respuestas para casi todas. Verás, Rosario la Maicalles me ha contado que una de las familias más ricas del pueblo, los Arbós, está buscando un profesor de matemáticas para una de sus hijas, creo que su nombre es Consuelo aunque todos la llaman Chelo, que estudia bachillerato. Parece que la muchacha no es lo que se dice muy buena estudiante y suspendió esa asignatura. Por eso su madre está tratando de encontrar alguien que le enseñe en plan particular.
- Abuelo no soy profesor de matemáticas y además ya tengo trabajo. Puedes creértelo o no, pero después de currar ocho o nueve horas me quedan pocas ganas de hacer algo más que no sea descansar.
- Los fines de semana los tienes libres, podías dedicar parte de ese tiempo a enseñar algo de lo mucho que sabes a esa chiquita. Por un lado ganarías un dinerillo curioso, pero eso es lo de menos, lo mejor es que te serviría para refrescar tus conocimientos. Dado que, por ahora, has dejado los libros puede ser una forma estupenda de que no te oxides demasiado.

   El abuelo Punchent ha terminado convenciendo a su nieto y por medio de la Maicalles hace llegar a los Arbós que Sergio Martín, estudiante de ingeniería, estaría encantado de dar clases de matemáticas a la niña. Cuando Elvira Arbós, en realidad se apellida Hernández pero le gusta que la llamen por el apellido de su marido, se entera de qué familia procede el posible profesor de su hija se coge un enfado monumental con la correveidile que es quien le ha ido con la noticia.
- ¿Otra vez me quieres colocar al hijo de la Punchenta?, ¿pero qué os pasa con ese donnadie?
- Elvira, yo no pretendo colocar al hijo de Lola – la Maicalles se hace la ofendida - . Que recuerde es la primera vez que te hablo de ese chico. Y los Punchent no dieron el primer paso, fui yo quien habló con el señor Andrés. Tendrías que estarme agradecida por haber encontrado el profesor que buscas para tu hija. Te aseguro que es un chico muy formal y juicioso, no es ningún chisgarabís.
   Elvira recapacita, tiene razón la chismosa, quien le habló del hijo de la Punchenta no fue ella sino la alcahueta de Julieta la Rajolera.
- Perdona, Rosario, tienes razón, es que llevo unos días muy suelta de los nervios. A ver, explícame lo de ese chico con detalle.
   Rosario le describe todas las virtudes que, según ella, adornan al nieto de Andrés el Punchent:
- …¿y dónde vas a encontrar en el pueblo uno que estudia para ingeniero?, con la de matemáticas que tiene que saber.
- Y si estudia para ingeniero, ¿qué hace en el pueblo en mitad del curso, cómo no está en Madrid? – la pregunta de Elvira rebosa lógica y suspicacia.
- Porque está de novio con la chica de los Vercher y de momento ha colgado los libros para estar cerca de ella.
   Este último dato es el que al final decide a Elvira a aceptar al chico. Si el chaval está encoñado con la descocada hija de los Vercher no hay peligro de que intente ser algo más que el profesor de matemáticas de su niña.

   Chelo Arbós está peleándose con su madre. No es una escena muy habitual puesto que se llevan razonablemente bien, con quien la primogénita de la casa se lleva a matar es con su padre, pero afortunadamente para ella el carroza, como le llama a sus espaldas, no suele meterse en los asuntos domésticos.
- Mamá, no necesito ningún profesor particular. ¿Qué he suspendido las mates?, ¿y qué? Más de la mitad de la clase cateó y seguro que a ninguno le han puesto un profe en casa. Cómo se enteren los colegas del instituto el cachondeo puede ser fino. Ni lo sueñes, vamos.
- Claro que lo necesitas. Y es culpa tuya. Si no te hubieses emperrado en irte del colegio del Sagrado Corazón y marcharte al instituto seguro que no hubieses suspendido. Como vuelvas a catear otro año tu padre te mata, peor aún ha dicho que te va a meter en un internado, conque tú misma.
- Al fósil del carroza sólo se le ocurren salidas de cuando reinaba Carolo. Y menos mal que lo de la inquisición ya se acabó, que si no me mandaba a la hoguera.
- ¡Chelo, no hables así de tu padre! Piensa que sólo quiere lo mejor para ti.
- Querrá lo mejor, pero como lo disimula.
   A pesar de sus protestas, la amenaza del internado es más que suficiente para que Chelo, aunque a regañadientes, acepte lo del profesor particular.

   En las primeras clases la relación entre el novato docente y la díscola estudiante es fría, distante y poco satisfactoria. Él no sabe muy bien cómo explicar a su ocasional alumna las nociones matemáticas y, en más de una ocasión, se arma un lío. A ella le importan un higo los conceptos, los teoremas y las demostraciones. Sergio ha aprendido con rapidez de sus propios errores pedagógicos y también ha descubierto que una de las cualidades más eficaces para enseñar es la paciencia. A ella se encomienda y termina dando resultado.
- Oye, profe, esto es la tercera vez que me lo explicas. Te repites más que un tartaja. ¿No te aburre ser tan pesadito?, a mí un montón – declara una displicente Chelo.
- Ya sé que te lo había explicado y no, no me aburre. Y te amenazo – lo dice con una sonrisa – que te lo explicaré otras cien veces como sigas haciendo mal los ejercicios que te pongo. Otra cosa en la que también me repito: te he dicho mil veces que no me llames profe, mi nombre es Sergio y así me llaman todos. Si no te gusta mi nombre puedes llamarme Martín que es mi apellido, pero como continúes llamándome profesor me voy a dirigir a ti como señorita Arbós – la sonrisa vuelve a acompañar a sus palabras.
- ¡Ay, no, por Dios, señorita Arbós, no! Cómo lleguen a enterarse mis colegas el cachondeo puede ser de despelote.

   Burla burlando la relación entre profesor y alumna va limando sus aristas y termina siendo francamente buena. Sólo hay una laguna para Chelo, aunque Sergio sólo es poco más de tres años mayor que ella le trata como si fuera una niñata, algo que reconcome a la muchacha. Y decide darle una lección, le va a seducir y le mostrará que de niña nada de nada. No se anda por las ramas y no planea una trama seductora excesivamente sutil, se limita a desabrocharse los suficientes botones de la blusa hasta dejar entrever el sujetador de blonda con efecto balconette que gusta lucir, pese a que su madre le ha prohibido que se lo ponga hasta que sea mayor de edad.
   Sergio se apercibe inmediatamente de lo que pretende la muchacha: ponerle nervioso mostrándole el prometedor valle que discurre entre los dos erectos promontorios que son la mejor prueba de la insultante juventud de su propietaria. Opta por hacerse el sueco ante lo que considera una chiquillada. Como él parece no darse por enterado, Chelo eleva la apuesta, se arrodilla encima de la silla y se inclina sobre la mesa camilla para ver mejor el folio en el que Sergio está trazando un gráfico, pero lo que realmente hace es mostrar una espléndida panorámica de su incitante busto. Momento en el que entra Elvira que de vez en cuando pasa por la salita para echar un vistazo. La escena que ve, aparentemente más tórrida de lo que realmente es, la escandaliza.
- Chelo, siéntate como Dios manda y haz el favor de abrocharte esa blusa inmediatamente.

  Ese día acaba el trayecto de Sergio como profesor particular. Al menos, ha conseguido varios logros. Ganarse la definitiva ojeriza de la señora de Arbós, que poco menos que lo considera un corruptor de menores, constatar que sus conocimientos matemáticos no se han oxidado, convencerse de que la docencia no es lo suyo y ganar unas pesetillas que nunca vienen mal. Hay otro logro que desconoce porque le es ajeno, también se ha ganado la simpatía y el respeto de Chelo Arbós y quizá algo más que la muchacha aún no sabe definir. Una buena cosecha de éxitos para un profesor de fortuna y al que intentaron seducir.