viernes, 15 de noviembre de 2013

2.24. Semana Santa del 94

    Tras tomar la decisión de independizarse, Lorena se plantea si lo que le cuenta Sergio en sus cartas será sólo un recurso que utiliza el muchacho para tratar de conquistarla o encierra algo de verdad. Piensa que será cuestión de constatarlo y para ello lo primero es dar señales de vida.
   Días después de la nochebuena Sergio recibe el mejor regalo navideño de su vida: llegan dos escritos de su amada. Sólo son unas postales en las que, con letra aniñada y ortografía incierta, Lorena le desea unas felices navidades en una y un próspero año nuevo en la otra. El contenido de las tarjetas no puede ser más anodino, pero el muchacho se agarra, como a un clavo ardiendo, a una solitaria frase que tiene un ligero viso de toque personal: te recuerdo mucho. Así es como se despide Lorena. Las tres palabras son más que suficientes para que Sergio eche su imaginación a volar y piense que la muchacha no le ha olvidado y hasta es posible que sienta algo por él. Le contesta a vuelta de correo jurándole, una vez más, que su amor se mantiene tan vivo y apasionado como cuando se le declaró en el pasado verano. La urgencia de verla se acentúa, por ello insiste ante sus padres que quiere pasar la Semana Santa en el pueblo. La excusa que esgrime es que así podrá devolverle la visita que les hizo el abuelo Andrés en Navidades. De Lorena no les ha dicho una palabra.

   La Semana Santa del noventa y cuatro se enmarca entre el veintisiete de marzo y el tres de abril, y pese a que tan tempranas fechas no son las más aptas para disfrutar de las todavía frescas aguas del Mediterráneo, Sergio parte hacia Senillar como si fuera a la más paradisíaca playa caribeña.
   En cuanto llega, casi sin tiempo de deshacer la maleta, corre en busca de Lorena. La encuentra atareada sirviendo cerveza y tapas en el costroso chiringuito en el que trabaja. La muchacha le recibe con la mejor de sus sonrisas y la más tierna de sus miradas.
- ¡Sergio, que alegría me das. Al fin, estás aquí!
- No podía estar un día más sin verte. En toda mi vida no había esperado con tanta ansia que llegaran las vacaciones de Semana Santa. Estás guapísima.
- Adulador, seguro que eso se lo dices a todas.
   La frase de Lorena hasta tiene un puntito de sorna, que el chico no es capaz de captar, sólo está en condiciones de mirar amorosamente a la joven, aun así confiesa candorosamente:
- Si te soy sincero, admito que alguna vez lo dije, pero jamás tan de corazón como ahora.
- ¿Sabes qué? Podrás pensar que como apenas he contestado a tus cartas no me he acordado mucho de ti, pero no es así. También yo te he echado mucho de menos. Lo que pasa es que lo de escribir me da mucha pereza, soy más partidaria del cara a cara. Y por eso quiero que me repitas, mirándome a los ojos, si todo lo que me ponías en tus cartas lo sientes de corazón o sólo lo decías para quedar bien. No – corta Lorena el intento de Sergio de responder a su petición -, no me contestes ahora. Todavía me quedan dos horas de curro. Cuando acabe seguiremos charlando. Chao, bonito.

   En aquel atardecer, que Sergio no olvidará jamás, Lorena le dice por primera vez que también ella siente algo más por él que una simple amistad. Que ha reflexionado mucho durante los pasados meses y sus cartas le han servido para replantearse muchas cosas de su vida. Que ha habido cartas que las ha releído una y otra vez pues ¡eran tan bonitas las cosas que le decía! Le explica que nunca ha sido partidaria de un noviazgo – es la primera vez que Lorena utiliza esa palabra - por correspondencia, por eso no ha contestado a sus cartas, además de lo perezosa que es para escribir.
- Yo creo que una relación formal, lo propio de una pareja seria, tiene que mantenerse en vivo, han de verse todos los días, han de contarse lo que han hecho, han de comentar las cosas que les pasan. En fin, lo propio de un chico y una chica que son más que amigos. En cambio lo de las cartas siempre resulta, no sé de qué manera decirlo, como frío – Lorena comienza su campaña para encauzar las relaciones hacia el campo de sus intereses.
- Siento lo mismo que tú, Lorena. Por eso estoy aquí. Lo que ocurre es que mientras no termine la carrera sólo me queda la posibilidad de escribirte.
   Lorena sonríe cariñosamente. Las aguas de la conversación van discurriendo por el canal que ella ha trazado.
- Lo entiendo, Sergio, y ahí está el problema. Mira, te hablo con el corazón en la mano. La verdad es que no me eres indiferente. No quiero engañarte, no te estoy diciendo con eso que esté enamorada de ti, pero lo cierto es que me atraes mucho, me divierto cantidad contigo y algo dentro de mí me dice que si te viese de continuo podría llegar a enamoriscarme.

   En los siguientes días, Lorena pone en marcha el plan que ha trazado. Se reduce a que el enamoramiento de Sergio llegue a un punto de no retorno. Su primera intención es entregarse y hacerle creer que ha sido el hombre al que ha ofrendado su virginidad. Piensa asimismo que si eso no surte el efecto esperado como último recurso procurará quedarse embarazada. Por mucho que el chico sea un infeliz y sus padres unos estrechos no tendrán más remedio que casarlos o, al menos, irse a vivir juntos para que lo que nazca tenga un apellido y un padre. Cuenta con lo chapados a la antigua que son los padres de Sergio y la ingenuidad del muchacho para que la jugada salga bien. Más cuando comprueba la hondura de los sentimientos del joven decide que no es necesario gastar el cartucho de la entrega. En su lugar, y en función de cómo se desarrolle la relación durante los próximos días, irá encelándole paulatinamente. Y la joven sabe cómo encandilar a un hombre.

   Lorena es consciente de que sólo tiene poco más de una semana para seducir a Sergio de tal manera que el joven quede enganchado a ella sin posibilidad de romper la atadura. Por eso, desde el primer día se muestra apasionadamente tierna y permisiva. El chico, poco habituado a intimar con mujeres, se debate entre el dilema de gozar de las caricias de la muchacha y de refrenarse para no consumar la relación. La formación moral que entre su padre, muy religioso, y su colegio le han inculcado le pone en un brete cuando la joven se abandona entre sus brazos. Besar a su amada, acariciar sus pechos, sentir su cuerpo pegado al suyo es más de lo que Sergio pudo soñar. Nunca gozó tanto, jamás se sintió tan excitado, tampoco recuerda que tuviera que masturbarse tanto para poder conciliar el sueño.

   Cuando termina la Semana Santa del 94, Sergio se vuelve a Madrid montado en una especie de nube rosada. La mujer de sus sueños le corresponde. Por otro lado parte con la sensación de marcharse al destierro. Duda tener suficientes fuerzas para aguantar hasta el fin de curso sin ver a su amada. Lorena le ve partir con el casi convencimiento de que ha tejido los suficientes hilos alrededor del chico para que éste vuelva rendido a sus brazos. De momento le ha echado un poderoso anzuelo que el muchacho ha mordido sin vacilar. Durante el verano, que dispondrá de mucho más tiempo, será cuestión de darle hilo al carrete para que el pez quede atrapado de tal forma que nunca más pueda desengancharse. Tiene muy estudiado el plan a seguir y cuanto está ocurriendo en el pueblo con el desarrollo urbanístico le va a ayudar sobremanera.

   La Semana Santa del 94 ha resultado maravillosa para Sergio y enormemente prometedora para Lorena. El próximo verano será decisivo.

martes, 12 de noviembre de 2013

2.23. El final de la mascletà

   Los consejeros de BACHSA, sus muñidores locales y dos de los regidores del Ayuntamiento de Senillar vuelven a reunirse para seguir tratando el asunto de la urbanización de diversos sectores del término municipal. Quien primero interviene es Guillem Armengol, concejal de urbanismo, que en la reunión anterior apenas abrió la boca.
- Si no recuerdo mal – el edil se dirige a Juan Antonio Cardona -, ayer dijiste que sería indispensable contar con la ayuda de la corporación. Esa ayuda, ¿en qué va a consistir?
- Hombre … - Cardona trata de recordar el nombre de su interlocutor -, Guillem, como sabes muy bien, puesto que llevas urbanismo, antes de empezar a poner un ladrillo hay que tener muchas bazas amarradas. Es indispensable contar con el necesario terreno para planificar un proyecto urbanístico tan colosal como el que hemos proyectado. Y no un terreno cualquiera, ha de ser suelo urbanizable. Para ello es imprescindible y necesario el decidido apoyo del consistorio.
- A lo que dice mi socio – es Rodrigo Huguet quien habla – quiero añadir que no solamente necesitamos al Ayuntamiento para la conversión de suelo rústico en urbano, su cooperación es imprescindible para el desarrollo de todo el proyecto – y poniendo más énfasis en su tono añade -. Quiero que esto quede bien claro: no invertiremos un duro, no compraremos un palmo de tierra, ni pondremos un ladrillo sin contar con el apoyo y beneplácito de la corporación municipal. Un proyecto de la magnitud que tiene el que hoy os presentamos no es posible llevarlo a cabo sin la colaboración y el acuerdo de todos los sectores implicados. Y el Ayuntamiento y quienes lo representan son miembros de primer orden en esa implicación.
- Antes de que sigamos adelante hay una cosa que tengo que hacer presente porque algún vecino me lo ha preguntado… – el alcalde hace una breve pausa y luego prosigue -. Por el pueblo corre el rumor de que queréis construir en el marjal y eso a la gente no le gusta un pelo.

   Los constructores hacen un esfuerzo para evitar mostrar su inquietud ante la salida a la palestra del tema del humedal. No les interesa en absoluto que en estos primeros contactos salga a la luz ninguna referencia a su proyecto estrella: la construcción de un puerto interior en los terrenos del marjal. Amador Garcés se da inmediatamente cuenta del peligro potencial que encierra la pregunta de Jaume Pellicer y se apresura a intervenir antes de que se enrede la madeja del marjal:
- Jaume, no te creas ni la mitad de lo que cuentan. La gente habla por hablar, pero al final todo es humo de paja. Lo que vale es lo que hablemos aquí. Y donde en principio piensa construir BACHSA es en las zonas de secano como en la partida del Torreón que, como sabes, es la más alejada del marjal y una de las más pobres del término municipal – Garcés ha citado el sector del Torreón porque sabe que el alcalde tiene allí una finca, no porque crea que la zona les interese excesivamente a los constructores.
- Partida en la que, por cierto, tienes un olivar – puntualiza José Ramón Arbós mirando al alcalde.
- Y tú otro y bastante más grande que el mío – replica Pellicer.
- Señores – interviene Huguet -, acaban de ponerme en bandeja el mejor ejemplo de las consecuencias que acarreará el proyecto que, con su ayuda, pretendemos llevar adelante. Las dos fincas que acaban de ser mencionadas, supongo que de secano, ¿cuánto deben valer hoy en día?, tirando por lo alto unos cientos de miles de duros. Pues bien, si ese sector se recalifica como suelo urbanizable, el valor de esas fincas se multiplicará por varios dígitos. Pasarán a valer millones. Los propietarios de esos terrenos se convertirán de la noche a la mañana en millonarios sin necesidad de haber dado un palo al agua. – pontifica el empresario, que añade -. Lo dicho es uno de los muchos ejemplos de la capacidad de crear riqueza que tiene el desarrollo urbanístico.
- Y ni siquiera es necesario – abunda Cardona -, que los terrenos estén catalogados como urbanizables. Basta con que exista la presunción de su probable recalificación para que su precio se dispare. Si el proyecto cuenta con el plácet del Ayuntamiento el cuerno de la abundancia derramará bienes y fortuna sin cuento sobre Senillar. Es más, me atrevo a afirmar de manera rotunda que en toda su historia el pueblo no ha tenido, ni posiblemente tendrá, una ocasión como ésta para situarse en la primera división de las localidades turísticas de la región.
- Desde luego – admite el alcalde, que parece ir convenciéndose de la bondad del proyecto -, reconozco que sabéis vender la burra. Oye, Guillem – pregunta, dirigiéndose a su concejal de urbanismo -, ¿y tú qué opinas? Porque hasta ahora apenas si has abierto el pico.
- Reconozco que la música suena bien, pero… habrá que esperar a ver lo que dice la letra, sobre todo la pequeña. Y en todo caso, antes de dar mi opinión, tendré que trasladar la propuesta de estos señores a la directiva del partido y oír al consejo político. Supongo, que tú también tendrás que hacerlo con los tuyos – apostilla Armengol dirigiéndose al alcalde.

   La comida termina amigablemente con el acuerdo de que en unos días volverán a reunirse para seguir concretando detalles. Nada más acabar de marcharse los munícipes, Huguet explota.
- La leche que les han dado, pues no son retorcidos ni nada estos politicastros. Después de estar mareando la perdiz más de tres horas al final salen con que tienen que hablar con sus ejecutivas. Si han de dar su opinión todos los órganos directivos y consultivos de ambos partidos esto puede convertirse en el cuento de nunca acabar.
- Tranquilo, Rodrigo – le calma Cardona -, ya sabes cómo reaccionan la mayoría de los políticos locales. Aunque tengan la sartén por el mango en sus respectivos órganos directivos, delante de forasteros como nosotros les gusta jugar a ser más demócratas que nadie y, por tanto, proclaman que han de consultar a unos y a otros. No deja de ser más que un paripé. Seguro que o no consultan a nadie o, si lo hacen, es para que el correspondiente órgano refrende lo que ellos hayan decidido previamente. No es más que una especie de vodevil político que me recuerda aquello que se decía del Consejo Nacional del Movimiento, en el que los consejeros se reunían para escuchar las resoluciones tomadas por aquél a quien debían de aconsejar.
   Al final interviene Garcés para tranquilizar a todos:
-  Estoy de acuerdo con lo expuesto por Juan Antonio. Creo que el plan no corre ningún peligro. A Pellicer le tengo prácticamente en el bolsillo y si le queda alguna brizna de duda ya me encargaré de arrancársela. En cuanto a lo que ha dicho el concejal de consultar a la directiva, coincido con lo dicho antes, no es más que una burda triquiñuela para encarecer su voto. Él es el secretario general de su partido y el resto de la directiva baila al son que marque Armengol. Dejad en nuestras manos – y mira a Arbós que asiente – el asunto de convencer al Ayuntamiento. Lo de hoy no ha sido más que el principio de la traca, esperar a que llegue el final de la mascletà.

viernes, 8 de noviembre de 2013

2.22. Pregunta a la Maicalles

   Sergio sigue aprovechando la estancia de su abuelo para saber más cosas del pueblo y, especialmente, de Lorena y su familia, pero en las explicaciones del señor Andrés el chico no encuentra resquicio para preguntarle por lo que realmente le interesa, por lo que decide forzar la situación llevando el diálogo al molino de sus intereses.
- Abuelo, dime apellidos que sean corrientes en Senillar.
- Veamos: Arbós, Sales, Almiñana, Ribes, Sanchís, Blasco, Garcés, Pellicer, Tormo, Armengol, Vidal, Peris, Alberola, Puig, Doménech, Blanquer…
   El abuelo va desgranando apellidos de familias del pueblo sin que, para mala fortuna de Sergio, cite a los Vercher. El muchacho decide mojarse, pero  con una cierta reserva.
- El último verano conocí a un chico que me dijo que se apellidaba Vercher. ¿Conoces a esa familia?
- ¿Vercher? – El señor Andrés trata de hacer memoria -. Recuerdo a unos Vercher, pero creo que sólo tienen una hija. Los tengo muy poco tratados, al que más conozco es al padre que, si no recuerdo mal, trabaja o trabajaba en una cooperativa hortofrutícola de Benifairó de Valldigna. No es mala persona pero sin mucha sustancia. Ah, y ahora que caigo creo recordar que su mujer fue a la escuela con tu madre, aunque no eran de la misma pandilla.

   Terminada la Navidad, y ante la sorpresa y alborozo de Sergio, recibe un par de postales de Lorena. Tras una de sus muchas peleas con Maxi, la muchacha se ha acordado de su enamorado madrileño y ha decidido dar señales de vida. En cuanto ha vuelto a hacer las paces con su novio se ha olvidado del ingenuo estudiante. La reconciliación de Lorena y Maxi es efímera, se han vuelto a pelear por enésima vez, por eso al encontrárselo esperándola, a la salida de la peluquería, lo acoge con malos modos.
- ¿Qué haces tú por aquí? – pregunta una irritada Lorena.
- Hola, churri, estás más guapa que nunca. Quiero hablar contigo.
- Tú y yo lo tenemos todo hablado – le corta resentida.
- No te subas tan pronto a la parra que te puedes descalabrar, bonita de cara. Hablar no perjudica a nadie – afirma con su chulería habitual el hombre.
- Mira, Maxi, no quiero bronca, dime lo que tengas que decirme y acabemos de una vez.
- No vamos a charlar aquí en la calle. Sube a la burra y te llevo a un lugar más acogedor.
- Maxi, que te conozco y me sé de memorieta a lo que tú llamas lugares acogedores. De aquí no me muevo. Larga lo que tengas que decir o la que se larga soy yo.

   El hombre se la queda mirando como si midiera la capacidad de rechazo de la joven a su mera presencia. Piensa que será mejor soltarle cuanto antes el motivo por el que la ha estado esperando:
- Tú ganas, princesa. A mi empresa le ha salido un contrato importante en Marina d´Or. Va a ser una obra que va a durar mucho tiempo, lo que significa que podré venir poco por el pueblo. Por eso he venido a pedirte que te vengas conmigo. Voy a ganar pasta larga y podremos vivir como reyes.
   Lo que tantas veces había soñado Lorena acaba de convertirse en realidad: Maxi le pide que se vaya a vivir con él. Está en un tris de saltar a su cuello y comérselo a besos, pero se contiene. Son demasiadas las veces que le ha mentido, engañado y humillado.
- ¿Qué pasa, que la Merche no quiere irse contigo?
- Ni se me ha ocurrido pedírselo. Para mí tú eres, y seguirás siendo, la número uno.
- ¿Y cómo sé que no volverás a engañarme? – desconfía Lorena.
- No te engaño, churri. Te lo juro. O me voy contigo o me voy solo. No hay otra.
- No sé si creerte, Maxi. Me has mentido tantas veces.
- Mira, preciosa, te lo juro por lo que más quiero, que eres tú, que en mi vida no hay otra mujer más que tú – afirma rotundamente Maximino.
- Supongo que a la Merche le decías lo mismo – insiste rencorosamente Lorena.
- Te repites más que el ajo, bonita. Que no, que no hay otra. Lo de la Merche, lo admito, fue una cagada de la que estoy muy arrepentido.
- Bueno, ya hablaremos. Tengo que pensármelo. Nos vemos.

   Lorena tiene que contenerse para que no se le note demasiado que está loca de alegría. Maxi está arrepentido y ella sigue siendo la mujer de su vida. Un postrer resto de desconfianza la lleva a pensar con más detenimiento la proposición que le ha hecho el joven. Termina hecha un lío. No sabe a qué atenerse. Piensa que acaso sería oportuno pedir consejo a sus amigas, pero rápidamente desecha la idea. Son demasiado cotillas y pronto medio pueblo conocería el ofrecimiento de Maxi. Como sigue creyendo que sería bueno escuchar otra opinión hace algo que no ha vuelto a efectuar desde la adolescencia, se lo consulta a su madre. Ésta la escucha atentamente y le da su parecer:
- Sabes mejor que yo lo mujeriego que es el Maxi y la de disgustos que esa querencia te ha causado. ¿Qué pasa si en algún momento se cansa de ti y te deja tirada? ¿Qué harías entonces? ¿Volverías al pueblo para ser la comidilla de la gente? Con un hombre tan veleta y enamoradizo nunca podrás estar segura de que no se va a ir con otra. Yo, antes de dar ese paso, me lo pensaría muy mucho.
- El problema es que lo llevo pensando desde que me lo dijo y sigo sin saber qué hacer y tú no es que me ayudes mucho con lo que me dices.
- Lo siento, hija, pero te estoy hablando con el corazón en la boca. Espera, se me acaba de ocurrir algo. Como Maxi es bastante bocazas no me extrañaría que se haya jactado ante sus amigachos de que se te va a llevar. Si lo ha hecho, conozco la persona que lo puede saber. Ve y pregunta a la Maicalles.

   Rosario la Maicalles es un espécimen existente en todas las latitudes y épocas y que florece, especialmente, en las pequeñas comunidades y en los círculos sociales cerrados. Podría afirmarse, sin faltar un ápice a la verdad, que vive para enterarse de cuanto rumor, bulo, cotilleo, maledicencia, chisme y hasta noticia cierta corre por los mentideros del pueblo y luego, naturalmente, contarlo. De ahí su apodo valenciano, nunca calla. Y su fama, ganada a pulso, de ser una de las correveidiles más notoria del pueblo.
   Como de costumbre, la chafardera está bien informada. Le cuenta que, en efecto, Maxi ha alardeado de que se la ha vuelto a camelar y que se la va a llevar a Oropesa del Mar. Y sabe algo más que confirma las peores sospechas de Lorena: a quien primero pidió Maxi que se fuera con él fue a la Merche, pero ésta le dio calabazas. La joven se lleva un nuevo berrinche, pero también adopta una firme decisión: se acabó Maxi para siempre, que se vaya al infierno. Ni siquiera habla con él, le comunica su negativa a través de una de sus amigas. Lorena no ha bebido toda la hiel del cáliz, todavía le falta un último sorbo, el más humillante, el de tener que enterarse de algo que jamás hubiese imaginado: Maximino se va con su cuadrilla de encofradores a Marina d´Or, pero no se va solo, se lleva con él a… Mariasun. Precisamente fue la amiga que le sirvió de correo para que le dijera a Maxi que no se iba a ir con él. Una de sus amigas de siempre ha sido su sustituta en el voluble corazón del hombre. Quizá cabría decir que más que en el corazón, le ha sustituido en la cama.

   Lorena resuelve dar un giro radical a su vida y toma dos importantes decisiones. Una es olvidarse de Maxi para los restos. Otra, independizarse de su familia. Ha dejado la peluquería y trabaja, otra vez, de camarera en un chiringuito de Albalat del Mar, pero lo que gana no le da para vivir por su cuenta. Necesita encontrar alguien que le ayude y en quien pueda apoyarse en el nuevo giro que quiere dar a su vida. No tiene demasiadas opciones, lo que le lleva a releer con mayor atención algunas de las cartas que le ha enviado Sergio. El chico, que le ha jurado mil veces amor eterno, le ha contado, en algunas de sus misivas, que en cuanto gane sus primeras pesetas lo primero que hará será pedirle que se case con él. Y en el caso de que el matrimonio la echara para atrás, está dispuesto a buscar un piso para vivir juntos, aunque sabe lo mucho que ello disgustaría a sus padres. La joven se pregunta si esa afirmación sólo será un recurso que utiliza el muchacho para tratar de conquistarla o encierra algo de verdad. Decide hacer la prueba del nueve. 

martes, 5 de noviembre de 2013

2.21. Nadie da duros a cuatro pesetas

   El pueblo que Andrés el Punchent está describiendo a su nieto Sergio está a punto de sufrir un cambio radical. A Senillar, aunque tarde, ha llegado el boom inmobiliario y va a dejar de ser uno de los contados pueblos mediterráneos cuyo litoral está prácticamente virgen. Una poderosa empresa constructora, BACHSA, ha puesto los ojos en su costa tras ser empujada a ello por la caja de ahorros Cajaeuropa. Una de las primeras acciones a llevar a cabo por los empresarios es contactar con los poderes locales, fácticos y políticos.

   Agustín Badenes, el director local de la caja, es el responsable de montar la reunión para que los delegados de BACHSA, Juan Antonio Cardona y Rodrigo Huguet, tengan un primer contacto con el alcalde, Jaume Pellicer, y el concejal de urbanismo, Guillem Armengol. El hombre de la caja no asiste, prefiere que hagan de anfitriones José Ramón Arbós y Amador Garcés, que actúan como muñidores e intermediarios de los constructores. El almuerzo es espléndido y la charla distendida. Cuando llega la hora del café, las copas y los habanos es el momento que elige Cardona para poner encima de la mesa el motivo que les ha llevado allí.
- Alcalde, concejal, antes que nada quiero agradeceros que hayáis aceptado nuestra invitación. Y sin más preámbulo paso a contaros el proyecto que tenemos para vuestro pueblo. Representamos a un grupo de empresarios que tenemos la intención de convertir vuestro municipio en una meca del turismo, tanto a nivel nacional como internacional. Estamos convencidos de que, en poco más de una década, Senillar puede sobrepasar o, al menos, igualar a vuestros vecinos Benialcaide y Albalat. La riqueza y los puestos de trabajo van a crecer exponencialmente – al darse cuenta del gesto de ignorancia del concejal, Cardona decide utilizar un lenguaje más coloquial -. Se van a multiplicar por cien, que digo cien, por mil las ofertas de trabajo. Naturalmente, para conseguir esa meta no basta con realizar grandes inversiones, para lograrla es indispensable contar con la ayuda de la corporación municipal – y dirigiéndose específicamente a Pellicer añade -.Tú puedes ser el alcalde que podrá pasar a la historia local como el hombre que transformó Senillar, puesto que, de un pequeño pueblo que es hoy en día, se convertirá en un emporio del turismo que traerá fortuna, trabajo y bienestar para todos vuestros paisanos en cantidades auténticamente millonarias.

   Cardona sigue desgranando las enormes ventajas de todo tipo que el plan traerá a la localidad. Su exposición es seguida atentamente por los munícipes. Cuando termina, es Garcés el primero en tomar la palabra:
- Desde luego, sólo con que se lleve a cabo la mitad del proyecto, ese plan supondrá para el pueblo mucho más que si nos tocara el gordo de Navidad, la primitiva y una quiniela de catorce, todo junto.
- He de admitir que lo que nos has explicado suena a música celestial – confiesa el alcalde -, pero mi padre, que era casi analfabeto pero más listo que el hambre, solía decir que nadie va por ahí dando duros a cuatro pesetas.
- Y nosotros tampoco, alcalde – asevera Huguet interviniendo por primera vez -. Somos empresarios y si pretendemos llevar adelante este proyecto es para ganar dinero, no para hacer caridad. Usando tu misma frase, diré que nuestra intención es cambiar duros, al menos, a cinco cincuenta y, si es posible, a más. Cuando un empresario gana, no es el único que se beneficia, a su alrededor son legión los que también se comen una parte del pastel. Los proveedores, subcontratistas, la gente de los oficios, los trabajadores en general, las propias corporaciones municipales…, todo un mundo. Piensa sólo en los ingresos que podrá percibir el Ayuntamiento por los permisos y licencias de obras. Y no solamente eso, el IBI de los próximos años se va a disparar. Y todo ello porque por cada peseta que se invierta, unos céntimos irán a parar a las arcas municipales. Y estamos hablando de miles y miles de millones. En conclusión, si este proyecto sigue adelante, como es nuestro deseo, aquí habrá pasta para todos. Y digo bien, para todos – recalca mirando fijamente al alcalde -. Un último detalle: fijaos si el proyecto pinta bien qué nuestra principal fuente de financiación es Cajaeuropa.
- ¡Hombre, haber empezado por ahí! – exclama el alcalde -. Si la caja está metida en esto es que hay negocio seguro. Esos no dan puntada sin hilo, pues buenos son. Y quiero dejaros algo claro, no creáis que desconfío porque sí. Tengo buenos motivos para no creerme a pies juntillas todo lo que me cuentan. Por aquí ha pasado más de un forastero que ofrecía el oro y el moro y luego si te he visto no me acuerdo. Aunque reconozco que vosotros venís bien acompañados – concluye, mirando a Garcés y Arbós.
- Jaume – interviene José Ramón -, ¿tú crees que los Arbós participaríamos en un proyecto como éste si no tuviera todos los visos de ser un negocio seguro y rentable?

   Cardona, tras un intercambio de miradas con Huguet, decide poner fin por el momento a la reunión:
- Caballeros, dada la hora que es y que todavía queda mucha tela que cortar propongo que finalicemos la reunión y que mañana a una hora decente, por ejemplo las doce, retomemos el asunto – y agrega --. Si no tenéis inconveniente propongo que nos reunamos en el hotel Airesol. Ya reservé uno de los comedores privados. ¿De acuerdo?
   Cuando los constructores se quedan solos, Huguet pregunta a su socio:
- ¿Qué impresión te han producido los tipos del Ayuntamiento?
- Pues el alcalde, pese a ser maestro, más bien parece el clásico labrador de estas tierras, cazurro, desconfiado y sin excesivas luces. Lo que me lleva a suponer que Garcés se lo llevará al huerto sin mayores problemas. El otro, el concejal de urbanismo, es otro cantar. Parece ladino y retorcido. Nos puede causar problemas. Y tú, ¿qué opinas?
- Casi lo contrario. Si alguien nos puede dar algún quebradero de cabeza será el alcalde, precisamente por cazurro. En cuanto al concejal, o mucho me equivoco o va a ser pan comido. En cuanto se huela lo que podemos ofrecerle se nos pondrá de alfombra. Y si no, al tiempo.

viernes, 1 de noviembre de 2013

2.20. La reina mora no contesta

   El primer trimestre del curso 1993-94 es para Sergio un periodo en el que su estado de ánimo oscila entre la desazón y la esperanza. Como prometió, escribe una carta semanal a Lorena, a veces alguna más. Cartas llenas de cariño, ternura e ilusión. Cartas escritas con un estilo que raya entre lo cursilón y lo romántico. Cartas repletas de promesas y juramentos de amor y de vagos y utópicos proyectos para una futura vida en común.

   Nunca antes había escrito Sergio una carta de amor. El primer día que, en el silencio de su habitación, se enfrenta a la cuartilla en blanco no sabe cómo empezar, ni siquiera cómo encabezar el escrito. Prueba distintos inicios: mi amor, cariño, mi vida, Lorena mía, tesoro, mi cielo, mi amada, mujer de mis sueños… Los va desechando uno tras otro hasta que recuerda una expresión que hace años usaba su padre para llamar a su madre: reina mora. Le gusta, no es habitual ni mucho menos y a Lorena le pega. Es morena, tiene el pelo negro como el azabache y unos ojos también oscuros que, cuando le miran, tienen como un brillo pícaro que le fascina. Y así encabeza su carta y las otras muchas que la seguirán a lo largo del curso.

   Desgraciadamente para Sergio la reina mora no contesta. De ahí que la esperanza del muchacho se convierta en inquietud. Ese desasosiego le lleva a una situación que nunca antes le había ocurrido: en el primer trimestre  suspende dos parciales. La decepción que refleja la cara de su padre es tal que el joven le hace la firme promesa que no volverá a suceder. Y cumple su palabra, sigue escribiendo a Lorena, piensa en ella las veinticuatro horas del día, pero no vuelve a pinchar.
   La falta de respuesta de la reina mora lleva al muchacho a tomar la decisión de marchar al pueblo en las vacaciones de Navidad, así podrá hablar directamente con ella y saber por qué no contesta sus cartas.
- ¿Qué quieres irte al pueblo? De ninguna manera, la Navidad es para pasarla en familia y no para irse por ahí – deniega su padre rotundamente.
- Papá, no me voy a ir por ahí. Lo que quiero es irme al pueblo a pasar la Navidad con el abuelo para que no esté tan solo.
- Tu abuelo no va a estar solo. Precisamente será él quien se venga a Madrid para pasar las fiestas con nosotros. Por tanto, olvídate de ir al pueblo.

   Sergio, aunque a regañadientes, acepta la decisión paterna. Así ha sido educado, en su familia son los padres quienes deciden lo qué se va a hacer y a él, le guste o no, no le queda otra que obedecer. Pese a todo, está una temporada enfurruñado hasta que llega su abuelo con el que siempre se ha llevado muy bien. Hasta ahora, Sergio no se había preocupado por conocer aspectos, costumbres y personas del pueblo de su madre, pero ahora que tiene su corazón puesto en una muchacha de allí considera que es llegado el momento de conocer más cosas de Senillar. Su afán de saber también tiene un propósito oculto: conocer más cosas de Lorena y su familia.
- Abuelo, háblame del pueblo.
- ¿Y qué quieres saber?
- No sé… Por ejemplo, cuéntame cómo vive la gente.
- Huy, pues supongo que como en otros pueblos. Hay gente que vive bien, los que tienen posibles, otros que tienen un pasar que ni fu ni fa, como tu abuelo, y hay otras personas que lo pasan más bien mal. Sin llegar a pasar hambre, claro. En los pueblos de agricultura de regadío siempre hay algo que llevarse a la boca.
- ¿Y qué es lo que más se cultiva?

   El abuelo se queda mirando a su nieto con aire de sorpresa.
- Pero qué preguntas haces, hijo. Llevas yendo al pueblo desde que eras un crío ¿y no sabes qué se planta en los campos?
- Sé que hay naranjos, más de una vez me has llevado a tu huerto. También sé que hay almendros, viña, olivos…
- Y algarrobos, aunque cada día quedan menos, frutales y, sobre todo tierra campa donde se planta hortalizas y verduras entre otros cultivos. Antes, la mayor parte del término se regaba con norias, luego se pusieron motores y el campo se llenó de regueros y sifones por donde llegaba el agua. Todo eso está desapareciendo y muy rápido. ¿Por qué? Porque la agricultura no recibe ayuda del gobierno, porque se han encarecido los abonos, el agua de riego, los insecticidas y sobre todo la mano de obra. Y como las fincas que hay son casi todas muy pequeñas no resulta económico meter en ellas un tractor o una cosechadora. Hay que hacerlo todo a mano y eso es la ruina para los labradores.
- Has hablado de insecticidas, ¿qué tienen que ver con los campos?
- Hijito, cómo se nota que has crecido en la ciudad. No puedes imaginarte la cantidad de plagas que atacan a plantas y árboles. Si muchos cultivos no los fumigaran no se recogería nada. Te voy a poner un ejemplo. Mi huerto, que algún día será de tu madre y de tus tíos, sufre como los demás la invasión de un montón de plagas: cochinillas, pulgones, moscas, minadores, ácaros, arañas, caracoles y Dios sabe cuántos bichos más. Tienes que fumigar los naranjos para que todos esos animalejos no los ataquen. Por si faltaba algo para completar el cuadro cada equis años aparece una nueva plaga que, hasta que los que estudian a los bichejos que la producen no descubren cómo contrarrestarla, te jeringa el arbolado.
   El señor Andrés no tiene tiempo para contarle más cosas del pueblo al nieto, su hija les interrumpe para anunciar que la comida está en la mesa.
- Luego te cuento más.

   Abuelo y nieto han vuelto a retomar la charla que interrumpió la madre de Sergio. El señor Andrés termina de contar lo de las plagas y sus consecuencias y vuelve a insistir en que la agricultura está arruinada:
- … la consecuencia de todo eso es que son muchos los propietarios que tienen sus fincas abandonadas como es el caso de tu abuelo. Otro resultado es que desde hace ya bastantes años la gente joven se ha desentendido de la tierra y se ha ido a trabajar a las fábricas, al comercio, o a donde sea. Cualquier cosa menos el campo.
- ¿Por eso se fue mamá?
- Fui yo quien la aconsejó que se fuera. En el pueblo no tenía ningún porvenir, salvo acabar de camarera en algún hotel de Albalat o de asistenta de alguna familia acomodada.
- ¿Y la mamá por qué no estudió?
- Porque para hacer una carrera tenía que irse a Valencia y en casa siempre andábamos justos de perras. A mí ya me hubiera gustado que ella o alguno de sus hermanos hubiesen estudiado, pero entre la falta de posibles y que a ninguno de ellos les gustaba demasiado los libros… - El abuelo deja el final de la frase en el aire para retomar su exposición en otra dirección -. Tú eres el primer Punchent que tienes estudios, que vas a tener un título y estoy muy orgulloso de ello. ¿Y sabes por qué has podido estudiar?
- ¿Por qué, abuelo?
- Pues, entre otras cosas, porque tienes la suerte de vivir en la ciudad. Si vivieses en Senillar te hubiera resultado mucho más difícil. Por eso le has de dar las gracias diariamente a tu madre porque no se quedó en el pueblo.
- Bueno, a mamá, a papá y también a ti – apostilla el chico mirando cariñosamente a su abuelo.
- ¿A mí, por qué?
- Hace un momento que acabas de contarme que fuiste tú quien aconsejó a mamá que se fuera del pueblo. Si no hubiese sido por ese consejo no habría conocido a papá y yo no estaría en este mundo. Por tanto, también a ti tengo que darte las gracias. Y además por ser un abuelo tan, tan… - Sergio no encuentra el adjetivo adecuado y acaba diciendo en voz baja -, tan cojonudo. Y no le cuentes a tu hija lo que acabo de decir porque me va a echar un chorreo – Y acompaña la frase con un cómplice guiño.

   Sergio se entretiene con su abuelo, pero sin olvidar un momento la inquietud que le lleva a mal traer. La reina mora sigue sin responder. Algo tendrá que hacer, ¿pero qué?

martes, 29 de octubre de 2013

2.19. Nos vamos a forrar

   Los dirigentes de BACHSA resuelven aceptar la propuesta del director local de Cajaeuropa de que José Ramón Arbós y Amador Garcés sean los representantes oficiosos de la empresa en Senillar. Bricart y Cardona vuelven al pueblo para entrevistarse con ellos, pero antes visitan a Badenes.
- Estamos de acuerdo con tu sugerencia. ¿Cuándo podemos charlar con esa pareja?
- Ahora mismo, si queréis. Sé dónde encontrarles. Mientras os tomáis algo en la cafetería de la esquina voy a llamarles.

   Badenes llama primero a Arbós, está en Valencia y no volverá hasta media tarde. Le hace un somero resumen del motivo de la reunión y le insiste en que, en principio, no es imprescindible su asistencia, que ya se encarga él de velar por sus intereses. Le mantendrá informado. Llama a Garcés y le insta a que se acerque inmediatamente.
- Están los promotores esperándonos en la cafetería de la Rubia. En principio les he convencido de que ARBOGAR sea su referente local. Ahora te toca a ti rematar la faena. He llamado a José Ramón, que está en Valencia, le he dicho que no es necesario que venga, que ya le informaremos. En cuanto a nuestro acuerdo privado sigue en pie, por descontado.

   Tras presentar a Garcés, Badenes excusa la ausencia de Arbós. La impresión que causa Amador en los constructores es positiva. Parece ser tal como lo ha pintado Badenes: un individuo cauto, que escucha más que habla, que sabe cuál es su sitio y qué se espera de él. Rápidamente llegan a un acuerdo a falta de concretar un puñado de flecos y firmar el correspondiente contrato. La primera operación consistirá en que ARBOGAR monte un equipo de agentes de la propiedad, a ser posible de la localidad, que se dedicarán a comprar fincas rústicas que respondan a una serie de parámetros: que estén ubicadas cerca de la costa, que tengan fácil acceso y cuanto más grandes sean mejor. Al mismo tiempo, tendrán que maniobrar ante el Ayuntamiento para conseguir que se modifique el Plan General de Ordenación Urbana y lo que ahora es suelo rústico recalificarlo como urbano.

   Garcés interrumpe la exposición que están haciendo los constructores con una información que desconocen:
- Senillar no tiene PGOU.
- ¡Vaya, eso si que es toda una novedad! Debe de ser uno de los contados pueblos de la comarca que no cuenta con un Plan de Ordenación Urbana. ¿Y a qué se debe esa rareza? - indaga Cardona.
- Hace muchos años - explica Garcés - se intentó elaborar un PGOU, pero el Ayuntamiento fue incapaz de aprobarlo. Desde aquellos días el urbanismo funciona en Senillar con las Normas Subsidiarias de 1987.
- Bueno, eso tiene una parte buena y otra mala – opina Cardona -. Trataremos de sacar partido de lo que sea más aprovechable de la normativa del 87, pero para llevar adelante nuestros proyectos, que son a largo plazo, tendréis que ponerles las pilas a vuestros regidores y convencerles de que es de todo punto imprescindible que Senillar apruebe su Plan.
- Tendremos que ser muy persuasivos – apostilla Garcés en un comentario que más parece una reflexión para sí que para sus interlocutores.
- No creo que os resulte tan complicado. Te voy a dar algunos argumentos para que vayas soltándolos en la trastienda del Ayuntamiento y allí donde se cuezan los guisos del poder local. Uno, muy retórico pero efectivo, es plantear preguntas del siguiente tenor: ¿por qué Senillar perdió el tren del desarrollo?, ¿por qué los municipios vecinos han crecido tanto y nuestro pueblo lleva toda la vida estancado?, ¿por qué se han hecho ricos los habitantes de Albalat y Benialcaide mientras aquí nos contentamos con que nuestras muchachas se desplacen a ambas localidades para hacer de asistentas? Y de esa guisa podéis plantear un montón de preguntas cuya respuesta es la misma. Porque no tenemos un modelo de desarrollo, porque no tenemos terrenos donde ubicar zonas industriales o residenciales. Cuando tengamos un Plan habremos puesto a nuestro pueblo en las vías del crecimiento. El PGOU es vital para el desarrollo del pueblo y para asegurar el futuro de nuestros hijos.
- Y a todo esto, Amador, ¿qué pasa con tu socio en ARBOGAR?, ¿va a estar de acuerdo con lo tratado? Lo digo porque si va a poner el menor reparo, mejor será que te olvides de esa empresa, en la que en definitiva eres minoritario, y que montes otra por tu cuenta – sugiere Bricart siempre desconfiado.
- No os preocupéis, por parte de Arbós os garantizo que no habrá una sola pega, de eso me ocupo yo. Y... si la hubiera, que no creo, tendría en cuenta tu sugerencia – Es la respuesta de Garcés.

   Después de la fructífera entrevista con los consejeros de BACHSA, Badenes y Garcés se felicitan por el resultado obtenido.
- Me parece, Amador, que hoy es el inicio de la mejor etapa de tu vida, al menos en el aspecto profesional. Si este proyecto sale medianamente bien te vas a forrar.
- Bueno, bueno, menos lobos. Por el momento, no hay más que palabras, aunque reconozco que suenan francamente bien. Lo de que me voy a forrar habrá que verlo y, si es así, tendrás que decir que lo haremos ambos y encima tú sin invertir una peseta. Por cierto, lo último que ha dicho Bricart me da qué pensar, eso de independizarme me tienta.
- No creo que sea buena idea, Amador. Sé que eres perfectamente capaz de llevar este negocio tú solito, pero piensa que resta poco tiempo para las elecciones. ¿Qué pasará si tu partido, por una de aquellas carambolas que a veces se da en la política, queda en la oposición? La respuesta la conoces mejor que yo, Javier Blasco no te puede ver ni en pintura, no sólo él sino muchos otros del PP. Tu capacidad de maniobra será muy limitada. Llegado ese momento, el concurso de Arbós será imprescindible. No sólo le necesitamos  para esa posible, aunque no probable, contingencia, también es indispensable para impresionar favorablemente a mucha gente. No tengo que recordarte el peso que tiene el apellido Arbós en el pueblo.
- Sí, posiblemente tengas razón. Y puestos en esa vía en cuanto llegue a casa voy a llamar a José Ramón para contarle el asunto.
- Sí, claro…, aunque pensándolo mejor creo que será más eficaz que no le digas nada por teléfono. Ya sabes cómo es tu socio, no se distingue precisamente por saber escuchar. Opino que lo mejor será reunirnos en cuanto vuelva de Valencia. Entre los dos, y hablando cara a cara, estoy seguro de que le convenceremos fácilmente y no pondrá ningún reparo.

   Apenas llega a su oficina, es Badenes quien se apresura a llamar a Arbós:
- José Ramón, acabo de despedir a los constructores y me complace decirte que tengo excelentes noticias para ti. En la conversación también ha estado Garcés y hemos quedado en reunirnos contigo en cuanto llegues. Ahora bien, creo que es imprescindible que, antes de la reunión a tres bandas, hablemos ambos en petit comité. Algunas de las cosas que quiero contarte estimo que es mejor que no las sepa tu socio. Ya conoces a Garcés, es un buen tipo y más listo que el hambre, pero siempre quiere acapararlo todo. Además, hemos de dar los últimos toques a nuestra propia empresa, ha llegado la hora de que comencemos a comprar fincas.
- Entonces, ¿ha llegado la hora?
- Ha llegado y nos vamos a forrar, José Ramón, nos vamos a forrar.


viernes, 25 de octubre de 2013

2.18. Le voy a dar carrete

   Sergio no puede quitarse a Lorena de la cabeza. Sus sentimientos hacia la muchacha se desbordan como un torrente. Cuando hace un recuento de sus cualidades la lista le sale cada vez más grande: guapa, salada, desenvuelta, recatada, hasta sabe escuchar y todo ello envuelto en un cuerpazo que da mareos por las curvas que atesora. Y cuando a ello añade el hecho de que no le deja propasarse lo más mínimo, ni siquiera ha conseguido besarla pese a que lo ha intentado, llega a la conclusión de que está ante una mujer de bandera. No puede dejar escaparla, no se ve con fuerzas para pasar otro curso como el anterior. No quiere sufrir más, le tiene que confesar lo que siente por ella, que está locamente enamorado.

   Antes de que haya terminado la semana, Sergio ha reunido el valor suficiente para declararse y pedirle que sea su novia. La muchacha le escucha atentamente, pero le para los pies.
- No seas loco, Sergio. ¿Cómo dices que me quieres si sólo hace unas semanas que nos conocemos? Ha de pasar mucho más tiempo para estar seguro de que se quiere a alguien. Claro, igual has pensado que, como soy de pueblo, puedo ser un ligue fácil para pasar el verano. Pues te equivocas de medio a medio. Claro que me gusta divertirme y pasármelo bien, pero en el fondo soy una chica seria, y si alguien se me acerca espero que venga con buenas intenciones y no para pasar el rato. Si buscas a alguien para entretenerte durante las vacaciones, quédate con Mariasun o con alguna parecida. Conmigo o vienes por derecho o te puedes largar con viento fresco.
   Si algo le faltaba al muchacho para considerar a la joven un dechado de virtudes, la declaración de Lorena ha terminado por convencerle de que está ante una mujer como hay pocas. Su incipiente enamoramiento se transforma en pasión. Y así se lo declara a la joven una y otra vez. Él también es un chico serio y nada más lejos de su intención que tener un simple romance veraniego con ella. Le pide que sea su novia, no para pasar el rato sino para siempre. Que en cuanto termine la carrera, lo primero que hará será buscar trabajo y nada más lo tenga la pedirá en matrimonio. La joven parece complacida con las buenas intenciones del muchacho y le promete que se lo pensará.

   Cuando Lorena les cuenta a sus amigas la declaración de Sergio, la rechifla es general.
- Vaya pardillo, desde luego es tonto de baba – Es el primer comentario que se le ocurre a Maribel.
- ¿De verdad te ha dicho que quiere casarse contigo? Ese chorbo no es más tonto porque no entrena. ¡Menudo membrillo el madrileñito! – se mofa Anabelén.
- Yo creía que los de la capital eran más espabilados, pero veo que son más lelos que los del pueblo – comenta Verónica medio entre risas.
- ¿Le contaste lo tuyo con Maxi? – inquiere Mariasun con interés.
- Maxi está muerto y enterrado.
   Lorena miente. Ha sido incapaz de contar a las amigas su secreto más recóndito. Cada vez que se cruza con su ex novio, que indefectiblemente lleva agarrada por la cintura a su última conquista, siente que un ramalazo recorre su cuerpo, no sabría decir si es por celos, rabia o despecho. Todavía sueña con él y en lo más hondo del pozo de sus sentimientos sabe que anida la loca ilusión de que algún día Maxi vuelva a llamar a su puerta.
- ¿Ya te lo has tirado? – Las preguntas  más procaces siempre suelen partir de Mariasun.
- ¿A ese cenutrio? Creo que si le enseñara una teta le daría un pasmo y no te digo nada si me viera el chumino, se caería redondo al suelo. Estoy segura de que ese lelo no ha tocado pelo en su puta vida.

   Las carcajadas se generalizan en el corro, hasta que Anabelén formula la pregunta del millón:
- ¿Y qué piensas hacer con el niñato?
   A Lorena la pregunta le ha sorprendido. En ese momento se da cuenta de que en ningún momento se lo ha planteado. Durante unos segundos el guirigay se silencia y todas las miradas se vuelven hacia la protagonista. La joven da una respuesta que sorprende a sus amigas:
- ¿Que qué voy a hacer? Pues te digo Anabelén que si me lo hubieses preguntado hace un par de días te habría contestado que me había cansado de ese paleto de ciudad, pero he cambiado de opinión. Esta mañana, antes de levantarme, he estado pensando en mi vida y el futuro que me espera.
   Lorena vuelve a mentir. Su cambio de opinión es porque se ha enterado de que Maxi no va a estar en el pueblo durante lo que queda de verano pues su empresa anda muy atrasada con la obra del hotel de Fuengirola.
- No has contestado a mi pregunta, claro que si no quieres hacerlo, pues tú misma – apostilla Anabelén con retintín.
- Te contesto, maja. He decidido que le voy a dar carrete a ese pasmarote y me voy a divertir todo lo que pueda. O sea, que mucho cuidadito con lo que largáis delante del cebollino, no sea que terminéis metiendo la gamba. Yo me encargaré de que la mayor parte de rondas y de las entradas a los festejos de agosto corran a cargo de ese membrillo.

   Sergio se convierte en el pagano de la mayoría de convites, bailes y festejos que en lo que resta de verano se suceden en el pueblo. Aunque el muchacho ha recibido una gratificación extra de sus padres y de su abuelo llega un momento en que se le agotan los fondos. Afortunadamente para él eso ocurre el último día de las fiestas patronales. Cuando el chico confiesa a Lorena, un tanto abochornado, que no le queda una sola peseta, la muchacha está tentada de largarle. Realmente, aunque él la considera y la trata como su novia, ella aún no le ha dicho que lo acepta. Al final, se apiada del chico al que algo de cariño ha cogido porque es tierno como el pan y más dulce que un merengue y le dice que no se preocupe, que todo el mundo sabe que los estudiantes siempre están a la última pregunta y que él no iba a ser la excepción. Que se han acabado los continuos convites a las gorronas de sus amigas y que seguirán yendo a la playa, que eso todavía es gratis.          

   Y los últimos días del verano van discurriendo. Sergio cada día más enamorado, si ello es posible. Lorena continúa dejándose querer y riéndose del muchacho a sus espaldas cuando les cuenta a las amigas los apuros que le hace pasar. La joven se dio cuenta desde el primer día que el chico está pez en lo que atañe al sexo. Lo que provoca que, más de una vez, caiga en la tentación de excitarle y ponerle de los nervios, pero curiosamente no le ha dejado que se propase ni un tanto así. Un día que él hizo un vergonzante asomo de acariciarle los pechos, se dio el gustazo de darle un bofetón, algo que jamás había hecho. Le dejó marcados en la cara los cinco dedos. Aquella bofetada fue, para Sergio, la confirmación de que estaba ante un espécimen raro: una mujer seria, cabal y virtuosa.
   Antes de acabar Sergio las vacaciones, le ha prometido mil veces que le escribirá todos los días. Lorena le dice que de ninguna manera. No puede perder tanto tiempo en escribir, debe emplearlo en sus estudios. Con una carta al mes se da por satisfecha. Le oculta que no tiene la más mínima intención de contestar ninguna. Él se marcha un tanto frustrado porque no ha logrado que ella le diga que acepta ser su novia. Por una vez, la muchacha ha jugado limpio. Le explica que es demasiado joven para adquirir un compromiso tan serio y que tiene que seguir pensándolo. Que le espera el próximo verano y que quizá entonces pueda darle una respuesta definitiva.

   Pocos días después de la partida de Sergio, al salir Lorena de la peluquería de Albalat, en la que ha reemprendido el aprendizaje del oficio, hay alguien esperándole subido en un aparatoso quad. Con los ojos brillantes y el corazón desbocado se acerca adónde el motero que ni se ha  despojado del casco.
- Hola Maxi. Creí que no te volvería a ver el pelo. ¿Dónde has estado metido?
   Él no se molesta en contestarle, se limita a hacer un gesto y ella, sumisamente sube al quad y se acomoda junto a la fornida espalda del hombre. No hay diálogo hasta que ella pregunta:
- ¿Dónde me llevas?, ¿qué vamos a hacer?
- A la Marina que por allí no hay nadie y ¿qué vamos a hacer?, te voy echar un polvo que no olvidarás jamás.