viernes, 20 de septiembre de 2013

2.8. Mirando a hurtadillas

   Mientras los miembros del directorio de BACHSA se interesan por los intríngulis de la política local de Senillar, en su casi desierta playa Sergio no para de mirar a hurtadillas a la muchacha. La descubrió al final del pasado verano y, no sabe muy bien por qué, pero le encandiló desde el primer momento; verdaderamente, más que encandilarle piensa que debería utilizar otro verbo, pero no sabe cuál. Lo que intuye es que sobran las explicaciones pues cuando la ve una especie de hormigueo le baila por el cuerpo y nota como el corazón acelera sus latidos. Evidentemente le gusta, eso está fuera de toda duda. Bastantes veces pensó acercársele y decirle algo, invitarla a un helado o sacarla a bailar en las fiestas del pueblo, mas antes de reunir el valor necesario para abordarla ya se habían terminado las vacaciones. Se volvió a Madrid maldiciéndose por ser tan tímido y no haber tenido el arrojo suficiente para acercarse a la muchacha.

   Cuando reveló los carretes de las fotos tomadas durante el verano se encontró con la inesperada y agradable sorpresa de que en una de ellas, tomada en la playa, aparecía en el fondo un grupo sentado en la arena y, ¡milagro!, una de las chicas del grupo era ella. La alegría tuvo un contrapunto amargo cuando se fijó en que parecía muy amartelada con el chico que estaba a su lado. Trabajó el cliché con el photoshop y consiguió aislar su cara aunque quedó un tanto borrosa. La ha tenido pinchada en el corcho de su habitación durante todo el curso y se la sabe de memoria: rostro ovalado, ojos de azabache, cejas perfiladas, labios prometedoramente carnosos, barbilla redondeada, todo ello enmarcado por una espléndida melena negra que en la playa solía recoger en una improvisada cola de caballo. Reconoce que no es la más bonita del mundo, pero tiene algo que le pone como no había conseguido hasta ahora ninguna de las chicas a las que ha conocido. Ni siquiera Maripili.

   No llegó a entablar relación con la muchacha, pero sí se enteró de algunas cosas preguntando discretamente a uno de sus contados conocidos del pueblo. Se llama Lorena, se apellida Vercher y es natural del pueblo. Tiene su misma edad. Trabajó en un chiringuito playero de Benialcaide, luego estuvo de aprendiza en una peluquería de Albalat del Mar, pero lo ha dejado porque quiere ser estiticién, aunque su informador no sabe si estudia para ello. Y lo que más le jeringa es que sale con un chico del pueblo, el que estaba a su lado en la foto. No ha podido enterarse si continúan o lo han dejado. Y que hay más tíos a los que no les importaría salir con ella porque está muy buena. Esto último – piensa Sergio – se lo podría haber ahorrado su informante. Le gustaría conocerla y más aún ligársela, algo que sabe que no le resultará fácil porque es consciente de que su experiencia con el sexo contrario no es que sea muy intensa. Su romance con Maripili, ahora lo sabe, no fue más que una nube pasajera.

   Este verano Sergio sigue con las mismas, se conforma con mirarla a hurtadillas pero no se atreve a más. Las miraditas de Sergio, por insistentes, no han pasado desapercibidas ni a Lorena ni a sus amigas, que le toman el pelo con el chiquilicuatre que parece comérsela con los ojos, pero que de ahí no pasa. Las muchachas, acostumbradas a las expeditivas maneras de actuar de los mozos del pueblo, gastan mil y una bromas sobre la escasa capacidad resolutiva del muchacho.
- El guayabete ese no deja de mirarte, Loren, pero ahí se le acaban los arrestos. Es más parao que un campanario – sentencia una.
- Pues a mí me mola, no me importaría ligármelo. Está de toma pan y moja – comenta otra.
- Psé. No está mal – admite la concernida -, pero es un lelo de mucho cuidado. Tiene menos reprís que un vespino. Cualquier chorbo del pueblo ya habría intentado ponerme los puntos.
- Bueno, Loren, tú es que estás acostumbrada a los arreones que te mete el Maxi y a su lado cualquiera te parecerá un corderito. Y hablando de Maxi, ¿qué sabes de él? Dónde se ha metido que hace semanas que no le veo – pregunta una tercera.
- A su empresa le salió una contrata para construir un hotel en Fuengirola y estará allí unos meses hasta que lo terminen. Estoy de él y de sus jefes hasta los ovarios, se pasa más tiempo fuera que aquí.

   El chico sigue mirando a las muchachas con el mayor disimulo posible, pero cada vez que lo cazan atisbándolas vuelve la cabeza inmediatamente. Se dice a sí mismo que lo de ser tan tímido no le lleva a ninguna parte, que lo que debería hacer, al menos, es sostener la mirada, pero cuando ve los ojos de las chicas fijos en él, sobre todo cuando la que le mira es Lorena, su reacción instintiva es mirar a otra parte. La pandilla de las mozas, a falta de mejor tema, comenta una y otra vez el poco empuje que tiene el forastero.
- Volviendo al parao que se te come con los ojos, yo de ti me lo ligaría porque comparado con el percal que hay por aquí éste parece Tom Cruise. Además, no te vendría mal un cambio porque el Maxi será un sietemachos, pero es más basto que unas bragas de esparto.
- Tú mucho rajar, Anabelén, pero consejos vendo que para mí no tengo. En vez de aconsejar, ¿por qué no te lo ligas? – inquiere, en un tono desdeñoso, Lorena.
- Porque no es a mí a quien no le quita ojo. Si lo hiciera le habría echado morro y a estas horas ya me lo habría llevado al huerto. Y puede ser un buen chollo. Sé más cosas de él.
- Cuenta, hija, cuenta – reclaman todas a coro.
- Me lo ha dicho mi tía Eugenia. Es nieto del señor Andrés Roca el Punchent. Una de sus hijas, Lola se llama, casó con un tío de Madrid y ese pibe es su hijo. Los padres del chico solían pasar las vacaciones en Benialcaide, pero como el año pasado su abuelo enviudó ahora las pasan con él.
- ¿Ya está, eso es todo lo que sabes del chorbo? – pregunta desdeñosamente Lorena.
- Falta lo mejor. Se llama Sergio y estudia o va a estudiar para ingeniero.
- ¡Qué chollo, un ingeniero! – exclama otra -. Oye, Loren, si a ti no te mola ese pastelito, voy a ver si le echo los tejos. Porque entre acabar trabajando en un hotel de Albalat y pillar a un ingeniero no hay color.
- Y que lo digas, Mariasun, ¡quién lo pillara! – exclama Anabelén.
- Irá para ingeniero, pero es más parao que un ninot – apostilla una desdeñosa Lorena para terminar añadiendo -. Con ese no salía yo ni aunque me lo ordenara la Guardia Civil. 

martes, 17 de septiembre de 2013

2.7. ¿Esos mirlos blancos existen?

   El consejo de administración de BACHSA ha enviado a Senillar a dos de sus directivos, Oriol Bricart y Rodrigo Huguet, acompañados por un arquitecto. La finalidad del viaje es ponerse en contacto con el director de la sucursal local de Cajaeuropa, un tal Agustín Badenes, y ver in situ la costa.
- Don Oriol, don Rodrigo, encantado, les estaba esperando – El responsable de la caja se deshace en mieles.
- Nada de don, Oriol y Rodrigo a secas – requiere Bricart -. Te presento a Manolo Toresano, arquitecto y, lo que es más importante, amigo. Espero que si terminamos trabajando en el pueblo también podamos contar con tu amistad, para nosotros cuenta más que los negocios – Y dirigiéndose al arquitecto pregunta -. Manolo, ¿por dónde empezamos?
- Creo que lo mejor será conocer la playa y el marjal.

  La playa es una franja en la que alternan la arena y los cantos rodados, de poco más de un par de kilómetros en total y con una anchura entre quince y sesenta metros. En los extremos está coronada por un pequeño cordón dunar de cantos rodados.
- Oriol, playas como ésta hay mil – es lo primero que se le ocurre a Huguet.
- Sí pero que tengan terreno disponible no tantas. Creo que tiene posibilidades, aunque verdaderamente los del departamento de marketing tendrán que hacer virguerías para darla a conocer y no resultará fácil ni barato – comenta Bricart y, dirigiéndose a su cicerone, pide -. Vamos a ver el marjal.
   Unos caminos de tierra polvorienta les llevan al marjal, una antigua albufera que ha devenido en una zona húmeda litoral separada del mar por un cordón de gravas y cantos rodados, con algunas zonas de playa arenosa.
- Este paraje, desde una perspectiva urbanística, tiene una enorme capacidad de desarrollo, Oriol. Infinitamente mucho más que la playa – opina el arquitecto y añade -. Sólo de imaginar lo que sería diseñar un puerto interior me pone.
- No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, Manolo. Previamente a gastar un duro habrá que hacer muchos números, hablar con mucha gente y estudiar todos los detalles a fondo. Badenes, ¿el marjal son campos comunales o pertenecen a particulares? – se interesa Bricart.
- Un cuarenta por ciento, aproximadamente, es propiedad municipal y el resto de particulares, casi todos gente de Senillar.

   Los empresarios estiman que ya se han hecho una idea global del territorio y deciden indagar sobre otras cuestiones:
- Cambiando de tercio, nos ha dicho Moltó que te llevas bien con los del Ayuntamiento... – Huguet deja el final de la frase en el aire.
- Me llevo estupendamente con todos, con los que mandan y con los que están en la oposición, eso va con mi oficio. Un banquero no debe de cerrarse a ningún potencial cliente, así que le pongo buena cara a todo el mundo, incluso a los que no son clientes y, en especial, a los políticos.
- Si al final decidimos edificar aquí, Badenes, ¿con quién tendríamos que hablar? Me refiero a los que tengan la sartén por el mango, no a los que parece que mandan y a la hora de la verdad no son los que tienen la última palabra – precisa Bicart.
- Pues depende de vuestros planes. En este momento, el Ayuntamiento está gobernado por una coalición del PSOE y los nacionalistas de izquierdas. El alcalde se llama Jaume Pellicer, secretario general de los socialistas y entre cuyos amigos me cuento. He de añadir, para que no haya malos entendidos, que también soy amigo de Javier Blasco, que es el presidente de los populares. O sea que en este momento tendríais que negociar con los socialistas, al menos teóricamente.
- ¿Y qué pasará si en las elecciones del noventa y cinco no gana el PSOE? – quiere saber Huguet.
- Lo más probable es que gane. Los socialistas llevan varias legislaturas seguidas gobernando. Hasta la anterior habían tenido mayoría absoluta y en la actual, que empataron con los populares, firmaron un pacto de gobierno con los nacionalistas de izquierdas. Aunque en política, y más en la municipal, nunca puedes estar seguro del resultado hasta que no se abren las urnas.

   Los empresarios esperan que el bancario continúe con sus explicaciones sobre la política local y sus gerifaltes, pero se ha callado, por eso Bricart le insta:
- Antes has dicho que en este momento tendríamos que negociar con los sociatas, y has añadido que al menos teóricamente, ¿qué has querido decir con esa acotación?
- Ya veo, Oriol, que no se te escapa una – reconoce, adulador, el bancario –
Sé que vuestra empresa es una de las constructoras más importantes y está especializada en promocionar grandes proyectos, lo que supone largos plazos de gestión. Por ese motivo opino que no os interesa tratar directamente con las directivas de los partidos locales, ni con los que están gobernando ahora o con los que puedan hacerlo en el futuro. ¿Por qué?, porque las ejecutivas de los partidos son cambiantes, así como las listas de candidatos que se presentan a las elecciones. Y se puede dar el caso de que las personas con las que ahora habléis estén defenestradas en los próximos comicios. Aquí, como en toda tierra de garbanzos, el canibalismo político está a la orden del día.
- ¿Entonces con quién coño hablamos? – pregunta, desabrido, Bricart.
- Considero que sería más efectivo ir por un vía indirecta, quizá algo más lenta, pero también más segura, sobre todo a largo plazo.
- Explícate, Agustín, porque los acertijos se me dan muy mal – inquiere un tanto molesto Bricart.
- Se trataría de buscar a aquellas personas que, sin estar en las ejecutivas de ninguno de los dos partidos mayoritarios, tengan el suficiente ascendiente en ambas fuerzas políticas para llevar el agua al molino de vuestros intereses que, si no estoy mal informado, también serán los de la caja. Personas que al no aspirar a estar en los órganos de dirección o en las listas electorales no son vistas con recelo ni provocan animadversión.
- O sea, que lo que nos recomiendas es que busquemos a unos lobistas o, por decirlo en lenguaje electoral, a unos muñidores de favores políticos que estén bien posicionados con los respectivos partidos, pero no que pertenezcan a sus cuadros directivos. ¿No es eso? – precisa Huguet.
- Yo no lo hubiese resumido mejor – asevera el bancario, una vez más adulador.
- ¿Una de esas personas podrías ser tú? – inquiere maliciosamente Huguet.
- De ninguna manera. Tanto por el reglamento de régimen interior de la caja como por convicción personal, estoy al margen de los avatares políticos. Y aunque trato continuamente con los políticos jamás meto mis narices en sus asuntos.
- Entonces, ¿esos mirlos blancos existen o no?, y si existen, ¿dónde los encontraremos? - pregunta un escéptico Bricart.

viernes, 13 de septiembre de 2013

2.6. ¡Mi hijo, ingeniero!

   Ha terminado el curso 1992-93 y Sergio Martín, casi ya mayor de edad, enseña las notas finales a su padre como si la cosa no fuera con él, pero un aire de orgullo trasciende a su pose de que las calificaciones obtenidas no tienen mayor importancia.
- ¡Enhorabuena, hijo. Vaya notazas! Lola, ven, mira que calificaciones trae el chico.

   La madre baja la llama del gas y se acerca al comedor donde su marido está blandiendo el libro de calificaciones de formación profesional como si ondease un victorioso estandarte. La mujer repasa las notas, sus ojos brillan de satisfacción.
- ¡Qué orgullosa estoy de ti, hijo mío! A ver, nueve, otro nueve, ocho, aquí veo un cinco...
- Es del muermo de FOL que me tiene manía – se justifica el chico.
- ¿Y eso qué es?
- La asignatura de formación y orientación laboral.
- Y ahora, ¿qué título te corresponde con estos estudios?, ¿Ingeniero? - quiere saber la madre.
- No, mamá, el título es de técnico superior en la rama de electrónica industrial.
- Técnico – repite la mujer con cierto tonillo de desilusión.    
  
   El chaval, sin darse por aludido ante la evidente decepción materna, termina por soltar todo cuanto quería decir a sus progenitores:
- Precisamente de eso quería hablaros, de los estudios de ingeniero. Me ha dicho don Javier, el director, que con mis notas está casi seguro de que podría sacar la selectividad, aunque para electrónica la Politécnica exige una nota de corte muy alta. Tendría la ventaja de que, en caso de empate para la adjudicación de plazas, los que tenemos un título acorde a las enseñanzas que deseamos cursar tendríamos preferencia para ingresar.
- No nos habías dicho nada de continuar estudios, hijo – se duele el padre.
- Es que ni me lo había planteado, papá. Bastante tenía con el marrón de tratar de aprobarlo todo en junio. Ha sido esta misma mañana. El jefe de estudios y el director nos han llamado a unos cuantos al despacho y nos han aconsejado presentarnos a las PAU para que, si las aprobamos, podamos pasar a la universidad.
- ¿Qué es eso de las PAU?
- Perdona, mamá. Son las pruebas de acceso a la universidad. Don Javier dice que es una oportunidad que no debemos perder y nos ha insistido mucho en que sigamos adelante.
- ¡Mi hijo, ingeniero! – exclama emocionada la madre -. Casi no me lo creo. Más de una y más de dos en el pueblo se van a poner verdes de envidia cuando se enteren. La Encarna sin ir más lejos. Mucho presumir de huertos y de pisos y de solares, pero sus chicos terminarán de destripaterrones. Y en cambio, el hijo de Lola la Punchenta va a ir a la universidad a estudiar para ingeniero ¡Nada menos! – La mujer desborda satisfacción por todos sus poros.
- Lola, no te embales que te conozco – corta el marido -. Hazme el favor de no hacer la paletada de presumir por el pueblo de que el chico es ingeniero porque se te van a reír. Lo que nos está diciendo es que sus profes opinan que podría continuar sus estudios. Nada más. ¿No es eso Sergio?
- Sí, papá. No es más que eso, una posibilidad. Que para deciros toda la verdad no la tengo nada clara. Yo pensaba ponerme a trabajar y así ganar mi propio dinero. Me gustaría comprarme un coche, hacer el interrail con varios amigos, sacarme el abono del Aleti… Por otra parte, lo de poder llegar a ingeniero también me tienta. Uno de mis compañeros de curso me ha contado que su padre trabaja en una empresa de electrónica y dice que los ingenieros ganan un montón de pasta. Y como hay pocos se colocan en seguida.
- Bueno, bueno, es una decisión que no debes de tomar a la ligera. Lo de ir a la universidad me refiero. Voy a decirte algo que nunca te comenté. A mí siempre me pesó que mi familia no pudiera darme estudios superiores porque en casa de los abuelos el dinero siempre escaseó. Me tuve que conformar con estudiar administrativo en Santa Ana y San Rafael donde aprendí todo cuanto sé – El padre hace un inciso como para ordenar sus ideas -. Por eso precisamente te matriculamos en Santa Ana cuando eras un mocoso, porque sabía por experiencia que te iban a dar una excelente formación, mucho mejor que en otros coles de postín – Hace otra pausa y retoma el hilo del discurso -. No es que nademos en la abundancia, pero creo que podríamos permitirnos pagarte la carrera de ingeniero. Ahora bien, si continuaras los estudios tendríamos que olvidarnos de ese apartamento de Albalat del Mar que tu madre está empeñada en comprar – El recadito queda claro a quién va dirigido.
- Lorenzo, haz el favor, no me cargues el mochuelo de que el apartamento sólo es cosa mía. Lo hemos hablado muchas veces. Tú tienes tanta o más ilusión que yo en tener un apartamento con vistas al mar. A mí no me importa seguir pasando las vacaciones en el piso que alquilamos en Benialcaide, como tampoco tengo ningún problema, ¡faltaría más!, en hacerlo en casa de mi padre. Y ahora me sales con que el chico no va a poder ser ingeniero porque su madre tiene el capricho de tener un apartamento en la playa. Pues sabes lo que te digo, no seré yo la que ponga el menor impedimento para que el hijo de mis entrañas llegue a lo más alto, a ingeniero o a más que eso – Lola se ha puesto brava.
- Mamá, papá, por favor, no os peleéis. Sólo estamos hablando de una mera posibilidad. Ya os he dicho que ni siquiera tengo claro si me gustaría continuar estudiando. Lo tengo que volver a hablar con don Javier, aunque ya sé lo que me va a decir: que mientras se tengan alas hay que volar. Lo que ahora me apetece es irme al pueblo, con el abuelo, y disfrutar de unas vacaciones que bien me las he ganado, aunque antes tendré que presentarme a la maldita selectividad.  
- ¡Mi hijo, ingeniero! – musita la madre, oronda de orgullo, mientras vuelve a la cocina.

martes, 10 de septiembre de 2013

2.5. El bonus es la clave

   En la reunión que mantienen el director general adjunto de Cajaeuropa y algunos de los miembros del consejo de BACHSA, la mención de Senillar ha supuesto toda una sorpresa para los empresarios.
- ¿Es el Senillar que está entre Albalat y Benialcaide? – pregunta Cardona.
- Que yo sepa no hay otro. Tenéis que conocerlo – afirma el banquero.
- Claro que conocemos la localidad – interviene Bricart -. Si vas por la carretera de la costa has de cruzarla forzosamente, pero dudo que ese pueblo pueda ser un filón de algo, está muerto; cuando lo atraviesas es raro que llegues a cruzarte con alguien. A veces me da la impresión de que es uno de esos poblados que salen en las películas del oeste en los que no se ve un alma por las calles – El empresario remata su comentario con una risotada.
- Es que no se trataría de construir en el pueblo sino en la costa. Tiene una pequeña playa con más guijarros que arena, pero que prácticamente es virgen. Sólo hay un pequeño núcleo de edificaciones de tres al cuarto. Y aparte de la playa, el resto del litoral que pertenece al término municipal del pueblo está más limpio que una patena.
- Será un territorio virgen, pero es absolutamente desconocido. ¿Sabes lo que costaría ponerlo en el mercado? – Cardona echa su cuarto a espadas.
- Sé que no será fácil, pero a tu pregunta contesto con otra ¿dónde encontraréis tanto terreno limítrofe con la costa que hoy por hoy se pueda comprar con una inversión ridícula al ser todavía rústico?, decidme dónde – reitera el banquero -. A ello hay que añadir que tiene una auténtica joya, una zona de marjales en el que se podría construir un puerto deportivo interior y a su alrededor una ciudad residencial, una especie de Ampuriabrava.

   Bricart que, como catalán, conoce bien el turístico paraje del golfo de Rosas, no puede contener una exclamación:
- ¡Una nueva Ampuriabrava!
- Urbanizar un humedal podría tropezar con problemas insolubles en la administración autonómica y, posiblemente, también en la estatal – Es Huguet quien atempera el entusiasmo de su consejero delegado al señalar el peligro que conlleva la destrucción de una zona pantanosa.
- ¿En tan poco valoras nuestra capacidad suasoria ante quiénes tendrían que aprobarlo? – La pregunta ha ido acompañada de un guiño malicioso de complicidad por parte del hombre de la caja.
- La planificación de una marina residencial en el litoral valenciano podría ser un excelente reclamo – admite Huguet.
- Has mencionado que contaríamos con el apoyo de la caja – recuerda Cardona.
- Por supuesto, tendrías toda la financiación que hiciera falta. Es más, nos harías un favor. La oficina que tenemos allí es una de las que tiene menos movimiento de la comarca y una forma rápida de ponerla en órbita sería que se comenzase a construir.
- Imagino que la mayor parte del terreno será rústico, ¿no? – puntualiza Huguet.
- Efectivamente, pero ya sabéis que eso tiene arreglo. Todo es cuestión de tocar las teclas oportunas y en eso sois maestros. Y si os toparais con obstáculos inesperados os echaríamos una mano. Nuestro hombre en Senillar sabe bandearse muy bien con los poderes locales.

   Mencionar a los poderes locales hace que la conversación entre en otros derroteros.
- ¿Tendremos acceso directo a los que allí cortan el bacalao? Lo digo porque ya nos ha pasado en otros sitios, que te tropiezas con un paleto que va de digno y no hay manera de que se avenga a tus requerimientos – apunta Bricart.
- No creo que haya ningún problema al respecto. Como dije, nuestro hombre está magníficamente relacionado con todos los poderes locales, los políticos y los fácticos, y os serviría de introductor de embajadores. Y luego, ¿qué os voy a contar que no sepáis? Todo es cuestión de engrasar adecuadamente las clavijas oportunas.
- Lo que has dicho de una marina residencial me parece una excelente idea, mejor quizá que construir un campo de golf o un puerto deportivo exterior que son recursos que están sobreexplotados, pero lo de edificar en el marjal, aunque lo aprueben las autoridades locales, ¿no podría embarrancar en Valencia? – insiste Huguet que no hace más que verbalizar la duda que siempre atenaza a los constructores de que los políticos pongan la proa a sus proyectos urbanísticos si no cuentan con ellos.
- Llegado el caso, y siempre que previamente hayamos conseguido un acuerdo razonable para todas las partes, de ese aspecto del proyecto nos encargaríamos nosotros. Es de conocimiento público que tenemos en nuestro consejo de administración personas muy directamente relacionadas con los poderes autonómicos. No garantizo nada a priori, pero estoy absolutamente convencido de que en el improbable supuesto de que surgiese alguna pega en el ámbito de la comunidad podríamos resolverla satisfactoriamente. Vosotros sólo tendrías que ocuparos de los mandamases locales y, en su día, del proceso de adquisición, gestión del suelo, urbanización y construcción.
- ¿Nos permites un minuto, Gaspar? – pegunta cortésmente Cardona.
- Por supuesto. Mientras cambiáis impresiones voy a pagar la cuenta.

   Los tres socios deliberan rápidamente.
- ¿Qué pensáis? – inquiere Bricart.
- En principio, creo que no perdemos nada en echar un vistazo al pueblo – opina Huguet.
- Sólo con que se pudiese construir en la mitad del terreno de que habla Moltó supondría una inversión descomunal. ¿Sabéis cuantos millones de metros cuadrados suponen ocho quilómetros de costa? – se pregunta Cardona.
- Yo tengo otra pregunta, ¿no será esto un anzuelo para que volvamos a operar con la caja? – plantea Bricart, tan desconfiado como acostumbra.
- No lo descartaría – tercia Huguet, siempre parco en palabras.
- Yo sí lo descarto – afirma Cardona con rotundidad.
- ¿Es pura intuición o tienes algo firme en qué apoyarte? – inquiere Bricart.
- Si el objetivo de esta propuesta fuera únicamente que volviéramos al redil de la caja no habría planteado su participación en el negocio. Su bonus, esa es la clave.

viernes, 6 de septiembre de 2013

2.4. Una chica sin pelos en la lengua

   A la dueña de la peluquería le basta echar una mirada a la aspirante a aprendiza para catalogarla. Tiene ante sí a la clásica chica de pueblo que quiere conseguir algo más en la vida que trabajar de camarera en un chiringuito de playa o limpiar habitaciones en un hotel para guiris. Tiene una cara pícara en la que destacan unos ojazos negros que parecen permanentemente alerta. No está mal de tipo, claro que con diecisiete o dieciocho años que debe contar siempre se tiene buena figura. Precisamente ese el problema, no el tipo sino la edad, es demasiado mayor para aprendiza. De todas formas decide darle una oportunidad, le hace falta personal de cara al verano.
- O sea que nunca has trabajado en una peluquería. ¿Y qué has hecho hasta ahora, estudiabas?
- No. Sólo hice hasta séptimo de EGB y luego me puse a trabajar de camarera en un bar de Benialcaide.
- Es decir, que no tienes el graduado escolar.
- No, únicamente el certificado de escolaridad, pero no creo que para lavar y cortar haga falta ningún título. ¿No te parece?
- No tienes pelos en la lengua, niña. Eso tendrás que corregirlo si quieres hacer carrera.

   El hombre está sentado en la moto. Cuando la chica llega a su altura se limita a tenderle el casco.
- ¿Adónde vamos hoy?
- ¿Adónde quieres qué vayamos, a rezar el rosario?
- ¿Por qué te pones tan borde por una simple pregunta?
- Porque me joden las tías que hacen preguntas cuya respuesta ya conocen.
- Eso quiere decir que vamos donde siempre.
- Estás más buena que el pan, Lorena, pero hay días que estás como atocinada, ¿tú conoces otro sitio mejor para echar un polvo sin que te molesten?
   La mirada de la joven se ha vuelto vidriosa, pero callada y sumisamente se limita a ponerse el casco. La moto arranca dejando tras sí una pequeña polvareda.

   A pesar de su reticencia inicial y ante la falta de personal, la propietaria de la peluquería decide coger a la joven.
- ¿Nombre?
- Lorena Vercher.
- ¿Edad?
- Diecisiete.
- ¿Dónde vives?
- En Senillar, soy de allí.
- Los otros datos te los preguntaré mañana. Ahora atiéndeme. De momento te voy a coger a prueba y, según cómo te portes, ya veré qué hago contigo. Vas a entrar de aprendiza, todo lo que las oficialas te manden lo harás prontito y sin rechistar. Has de venir lo más arreglada posible, repeinada y maquillada. Y lo más importante, debes bailarle el agua a las clientas y ponerles siempre buena cara aunque te suelten alguna impertinencia; ah, y las tratarás de usted y de señora fulana y señora mengana. Como me espantes a una sola clienta con esa lengua de aguarrás que tienes te pondré de patitas en la calle en ese mismo momento, eso que te quede bien claro. Ahora entra en la trastienda, encontrarás una bata azul, te la pones y barres el suelo hasta que quede más limpio que una patena. Vamos, ¿a qué esperas?

   La mujer tuerce el gesto al ver el desordenado estado de la habitación de su hija. Está todo revuelto, la cama sin hacer, un montón de ropa sucia apilada en un rincón y los cajones del armario ropero abiertos y en desorden. Se queda parada y duda si ordenarlo o dar media vuelta y dejarlo tal y como está. Así, en la duda, la encuentra la joven.
- Madre, ¿se puede saber qué haces en mi cuarto?
- Estaba la puerta abierta y he entrado a echar un vistazo – se disculpa la madre.
- Esta es mi habitación y esté la puerta abierta o cerrada da lo mismo, no tienes por qué entrar a fisgar.
- No estaba fisgando. Está todo manga por hombro, Lorena – se lamenta la madre -. ¿No te molesta vivir en medio de este desorden, que más parece un campamento de gitanos que otra cosa?
- Es mi cuarto y las cosas están como quiero que estén. Y no te metas en mi vida que yo tampoco me meto en la tuya.
- Esa no es manera de hablarle a tu madre.
- Hablo como me da la gana y como me habéis enseñado, no sé de qué te quejas.

   Las jovencitas están sentadas en uno de los bancos del paseo comiendo pipas cuyas cáscaras van formando un discontinuo tapiz en el suelo.
- ¿Y qué tal es el curro, Loren?
- Pse, no es lo que creía. De momento me estoy hinchando a barrer, limpiar y hacer recados. Todavía no he tocado una sola cabeza.
- Es que tendrías que haber ido al establecimiento de la esteticién que te dije, con ella aprenderías a maquillar, a depilar, a limpiar cutis y a un montón de cosas de lo más guay.
- Oye, ¿y pillas buenas propinas? – se interesa otra.
- Las propinas van a un bote común y las reparte la bruja de la dueña. Casi todo es para las oficialas, a mí me llega una miseria. No sé si voy a aguantar mucho en esa mierda de curro.
- Dejaros de chorradas del trabajo y mirar quien viene por ahí, el cachas del Pancho, cada día está más bueno. ¿Os imagináis qué clase de chirimbolo debe gastar?
- A mí me no importaría que me hiciera una demostración.
- Mariasun, eres una salida, siempre piensas en lo mismo.
- Lorena, no sé por qué te metes conmigo, como tú estás bien servida nos llamas salidas a las demás. No todas tenemos a un Maxi siempre dispuesto a darte un revolcón.
- Mira quien fue a hablar, como si tú no te apañaras con Facundo – mete su cuarto a espadas otra de las amigas.
- Con Facundo y con quien se tercie – remacha Lorena.

martes, 3 de septiembre de 2013

2.3. ¿El Papa es católico?

   Como temía Agustín Badenes, el  subdirector que coordina las sucursales de Cajaeuropa no ha dado señales de vida, por lo que le resulta más gratificante el hecho de que, una vez concluida la olimpiada de Barcelona, reciba una llamada de Gaspar Moltó, irá a Senillar para inspeccionar la situación del litoral.

   La primera impresión que recibe el jefe del servicio de estudios de la caja es idéntica a la imagen que guardaba en su memoria: es una playa más bien pequeña delimitada por unos cordones dunares de cantos rodados y con una modesta hilera de edificaciones. La percepción es la misma que antaño, pero ahora la ve con ojos distintos pues su experiencia  en el negocio inmobiliario y, por ende, en la conversión de terrenos rústicos en urbanos ha crecido exponencialmente.  Allí hay un importante negocio en perspectiva. Sólo falta que alguien le dé el primer empujón y ese alguien va a ser él. Hace tiempo que ha decidido pasar al área ejecutiva, que es donde se ventilan las grandes operaciones y donde se puede ganar dinero de verdad, y éste puede ser el asunto que le sirva de trampolín. Habla con su consejero delegado, le cuenta la probabilidad cierta de que en la costa senillarense existe un potencial negocio de muchos quilates, le persuade y consigue que pongan en sus manos la dirección del posible proyecto. De momento ya tiene algo ganado: lo han trasladado a la línea ejecutiva y lo han nombrado director general adjunto para las operaciones del litoral mediterráneo.

   Moltó comienza contactando con la empresa Zallera, con la que la caja ha hecho negocios en los últimos años con excelentes resultados, pero la constructora está metida de lleno en la urbanización del sector norte de Altea y hasta que no termine esa obra sus directivos no quieren acometer nuevos proyectos. Por unas u otras causas, sigue recibiendo negativas de la media docena de empresas con las que contacta. A ninguna de ellas ha llegado a darles información concreta, ni siquiera les ha mencionado Senillar. Tras los fallidos intentos decide hablar con la gente de BACHSA,  es una de las empresas promotoras y constructoras más agresiva de la zona, y con la que la caja ha hecho pingües negocios, pero que últimamente está operando más con Bancaja que con ellos. Por ese motivo no ha sido su primera opción. Piensa que si sabe venderles el producto puede ser el anzuelo que los haga volver al redil.

   Moltó concierta una reunión con el directorio de BACHSA.  A la invitación del banquero asisten los pesos pesados del consejo de administración de la compañía: Oriol Bricart, Juan Antonio Cardona y Rodrigo Huguet. Sólo falta Íñigo Arechabaleta  que es a quien primero citan sus socios:
- Íñigo te ruega que lo excuses. Acaba de fallecer su suegro y ha tenido que desplazarse a Bilbao.
   Tras un almuerzo espléndido, una vez encendidos los Cohibas y paladeado el licor que cada uno ha escogido, el banquero entra en faena.
- Bueno, contadme, ¿cómo va la última promoción de Benialcaide?
- Viento en popa, tenemos más de un sesenta por ciento vendido y según las estimaciones del jefe de ventas a mediados del próximo año se habrá liquidado toda la promoción – Quien contesta es Bricart.
- ¿Y cuál es el siguiente proyecto que pensáis acometer?
- Todavía no lo hemos decidido porque tenemos un problema. Ya no queda suelo que esté razonablemente cerca del mar o, en el peor de los casos, que sean terrenos sin grandes pendientes. Construir en la falda de esos cerros encarece la obra notablemente y eso se nota en el margen bruto de explotación, como en la caja sabéis muy bien. Estamos buscando nuevo suelo porque la comarca está al límite de sus posibilidades. Y encima los precios de los solares se han puesto por las nubes – se lamenta Huguet. 
- Precisamente, de eso quería hablaros, de posible suelo urbanizable.

   Es oír suelo urbanizable y casi se puede ver como las antenas mentales de los empresarios se despliegan en toda su extensión. El cambio de actitud muestra claramente que el tema les interesa sobremanera.
- Tengo una información – prosigue el banquero - que considero extremadamente interesante y quiero que seáis los primeros en conocerla. Confío asimismo que sabréis valorarla como prueba incontestable de la consideración que nos merecéis… - hace una pausa para poner en valor lo que va a decir a continuación -. Se podría planificar una promoción urbanística que dejaría en mantillas a todo cuanto se ha edificado en la comarca, que digo en la comarca, en la región en los últimos diez años. Porque no se trata de unos terrenos sin más, sería la urbanización global de unos ocho kilómetros de costa que a fecha de hoy están disponibles.
- Nos estás poniendo los dientes largos. Danos más detalles – pide Cardona.
- Antes de entrar en pormenores quiero dejar sentada una premisa. El proyecto, que como os digo puede ser una mina de oro, se llevará adelante con la financiación de Cajaeuropa o no habrá proyecto. Lo digo porque últimamente nos habéis puesto los cuernos con la competencia. De hecho, mi consejero delegado no era nada partidario de esta cita, he tenido que forzarle para conseguir su plácet – alardea el banquero.
- Hombre, Gaspar, ni lo pongas en duda. Siempre hemos hecho excelentes negocios y no veo por qué ahora no va a ser así – apunta Huguet.
- No lo pongo en duda, pero es mejor dejarlo todo claro desde el principio – precisa Moltó.
- Por supuesto, Gaspar, por supuesto – asegura Bricart.
- Y dejarlo todo claro supone que, antes de entrar en detalles, hemos de hablar del bonus – puntualiza el banquero.

   Es hablar de bonus y un inesperado silencio se adueña de la reunión. Los directivos de BACHSA se miran entre sí como si no tuvieran claro quien contesta a Moltó. Al final, es Bricart quien pregunta:
- ¿Al hablar de bonus te refieres a la caja o a ti?
- Oriol, eso es como preguntar si el Papa es católico – responde con sorna Moltó.
- Gaspar – Ahora el interviniente es Cardona -, no creo que vaya a haber ningún problema en primar adecuadamente tu actuación siempre que se cumplan los objetivos que se planifiquen.
- Secundo lo que acaba de afirmar Juan Antonio – asegura Huguet -, pero estamos hablando en el vacío. Todavía no nos has facilitado ningún dato sobre ese presunto filón.
- Si tengo vuestra palabra sobre mi participación… - El banquero interrumpe su exposición para mirar a los empresarios quienes asienten, luego prosigue -, me basta. Os cuento, se trata de Senillar, allí hay, usando la misma expresión de Rodrigo, un filón sin explotar en forma de mucho terreno virgen pegadito al mar.
- ¿Has dicho Senillar? – pregunta sorprendido Bricart.

domingo, 1 de septiembre de 2013

VOLVIÓ SEPTIEMBRE

Se fue agosto, volvió septiembre, y el blog retorna a su ritmo habitual, dos entregas semanales: martes y viernes.
Acabamos el Libro I de la novela, Los despojos, y comenzamos el II, El origen. En él narraremos como eran y qué vida llevaban los personajes de la novela antes de la eclosión del boom del ladrillo.      
Novelaremos las maniobras, los intereses y las intrigas que llevaron a urbanizar una costa que, hasta ese momento, era virgen.
Relataremos, asimismo, como la codicia hace venales a los políticos y más ricos de lo que ya eran a los corruptores.